La Persistencia de la Memoria

La Persistencia de la Memoria
Salvador Dalí

sábado, 17 de junio de 2017

El docente como protagonista del cambio: ¿Cómo pensar y llevar a la práctica un proyecto transformador?

 Por José A. Gómez Di Vincenzo


El presente artículo busca, humildemente, plasmar en palabras una serie de ideas, pensamientos, charlas, intercambios de opinión y debates que se fueron dando entre compañeros y compañeras pedagogos en distintos encuentros llevados a cabo diversos encuentros y que conforman la base sobre la cual, podemos comenzar a pensar y debatir la construcción colectiva de un proyecto educativo transformador.
No es nuestra intención volcar aquí una serie de recetas magistrales que nos permitan superar todas nuestras problemáticas. Tampoco esperamos formular lineamientos, cursos de acción, discursos verborrágicos o expresiones de deseo con escaso fundamento en la realidad.
Creemos que no existen soluciones mágicas ni automáticas a los problemas y estamos convencidos de que no hay nadie mejor que nosotros, los docentes, para trabajar en la construcción de un proyecto que se convierta en un instrumento transformador y en una herramienta que permita mejorar nuestras prácticas pedagógicas posibilitando intercambios y debates. Si lo hacemos desde una postura crítica y tenemos en cuenta la práctica cotidiana y el contexto como punto de partida, la dialéctica pensamiento acción, podremos avanzar recorriendo un camino que nos aleje de las ilusiones ingenuas que suelen pulular en el campo pedagógico.
Un proyecto pedagógico es mucho más que un hermoso pedazo de papel o una lámina colgada en la dirección de la escuela. De nada sirve si no se lleva a la práctica y si está práctica no es transformadora de las circunstancias. Buscamos plasmar en un documento aquellos sueños que queremos volver realidad, aquellos caminos que pretendemos recorrer para alcanzar nuestros ideales. Pero como dice el poeta: “se hace camino al andar”.
Entendemos que un proyecto, justamente, debe hacerse yendo y viniendo, del pensamiento a la acción y de la acción a la reflexión; recorriendo un camino de ida y vuelta permanente. La idea es que el proyecto nos permita no sólo superar los problemas cotidianos sino ir más lejos, posibilitando la construcción de un mundo mejor para nuestros alumnos y alumnas, para todos. Al mismo tiempo, la construcción del proyecto nos permitirá reflexionar sobre nuestra identidad como distrito y reforzará aquellos elementos que nos unen como comunidad permitiéndonos elaborar un entramado de significados que nos permitan ir más allá del aislamiento y el autismo institucional.
El presente artículo se articula a partir de la presentación de cinco ejes para el debate. En cada uno de estos ejes, se desarrolla lo que entendemos es un estado de la cuestión, problemáticas o situaciones que surgen del contexto en el cual, se inscribe nuestra tarea pedagógica. Procuraremos graficar con experiencias visibles cada una de estas cuestiones. Bajo ningún punto de vista, debe entenderse que la cuestión se agota aquí. Seguramente, a partir de la charla y el intercambio, podremos incluir en la discusión, otras temas que por ahora, se nos escapan. ¡Sería genial que así sea!
Luego de exponer estas cuestiones y para no quedarnos inmóviles en la mera catarsis, incluiremos una serie de preguntas problematizadoras a partir de las cuales, iniciar el intercambio de ideas que nos lleve a la formulación de propuestas superadoras de las circunstancias descriptas y nuevas preguntas para seguir pensando.
Este documento pretende ser sólo un marco en el que, estén contenidas una serie de problemáticas que no podemos dejar de tener en cuenta a la hora de planificar nuestras futuras intervenciones pedagógicas desde un proyecto a nivel distrital.
Los invitamos a construir una alternativa transformadora que nos identifique como comunidad comprometida con la escuela pública, como maestros y maestras convencidos de que la educación ocupa un lugar central en la construcción de un futuro mejor para todos.

Ejes articuladores




·          La educación como hecho político.
·          Los alumnos y alumnas como partícipes activos en la construcción de conocimientos.
·          La lectura del contexto y la construcción de subjetividades.
·          Las culturas institucionales y los proyectos colectivos.
·          Nuestro rol como docentes transformadores.



La educación como hecho político


Mucho se ha hecho a lo largo de los períodos dictatoriales por demonizar la práctica política y mucho han contribuido los discursos neoliberales y neoconservadoras de los ’90 por desprestigiar el compromiso político buscando alejar al ciudadano de la cosa pública para dejar en manos de unos pocos la toma de decisión sobre aquellos asuntos que involucran al conjunto de la sociedad.
Se trata aquí de recuperar el sentido de la política como acción transformadora para el logro del bien común, como elemento a partir del cual, cambiar aquellas cuestiones que merecen ser cambiadas y como responsabilidad de todos los ciudadanos comprometidos con la sociedad. Del “que se vayan todos” debemos pasar al “involucrémonos todos”.
En este sentido, la escuela pública se convierte en un lugar privilegiado para la construcción de una nueva ciudadanía y de nuevas formas de entender la política. Pero además, en dicha construcción la práctica pedagógica se juega como una práctica política en el sentido más amplio y humanístico del término puesto que es a partir de la construcción de conocimiento que el sujeto puede hacerse partícipe del mundo obteniendo las herramientas que le posibilitarán hacer una lectura crítica de la realidad y pensar en acciones transformadoras para luego llevarlas a cabo.
No obstante, cabe señalar que la educación es un hecho político si parte de una buena lectura del contexto para entender qué debe cambiar, cómo, por qué y para qué. En este sentido, es fundamental recuperar los fines, los objetivos o metas a dónde se quiere llegar. Este fin último no puede ser otro que el bien común de todos los ciudadanos. El recorrido a realizarse debe ir de la teoría a la práctica y de la acción a la reflexión evaluando resultados y proponiendo ajustes permanentes en las prácticas.
Para que esto se dé, entendemos que es fundamental cambiar la forma de pensar. Pero además, si esto se da seguramente cambiará nuestra forma de pensar y de ver la realidad. Es fundamental que como docentes retomemos un proceso dialéctico de pensamiento y acción que nos lleve al cambio. Pero nada de esto es posible si no cambiamos nuestro pensar y entendemos que somos protagonistas y que es necesario desnaturalizar lo dado y crear alternativas de cambio.
Cabría aquí formular las siguientes preguntas como para seguir charlando: ¿Cómo es ser ciudadano hoy?¿Cómo y quiénes construyen ciudadanía actualmente? ¿Cómo hacer que la democracia se revitalice y crezca desde la escuela? ¿Cómo podemos formar ciudadanos responsables y concientes de que vivir en democracia no sólo implica tener derechos y libertades sino también ejercerlos con responsabilidad cumpliendo con los deberes del ciudadano? ¿Cómo podemos democratizar nuestras prácticas en la escuela?
Los alumnos y las alumnas como partícipes activos en la construcción de conocimientos



Desde hace mucho tiempo, pedagogos como Freire nos enseñan a considerar a nuestros alumnos y alumnas como sujetos pensantes y protagonistas en la construcción de conocimientos. Estos niños y niñas, hoy más que nunca, traen a la escuela un sin número de experiencias y saberes en sus mochilas. Conocimientos, muchas veces, desordenados, desjerarquizados; otras tantas, geniales, precisos y hasta en ocasiones: creativos e innovadores.
Sin embargo, es frecuente vernos a nosotros mismos trabajando como dadores del saber, fuente inagotable de conocimiento que llena al sujeto considerado como un saco vacío. Sin darnos cuenta (o sí, lo cual sería más grave) llevamos adelante prácticas desprovistas de sentido en las cuales, nuestros alumnos y alumnas son homogeneizados mediante ejercicios rutinarios en los que, copian y pegan, ilustran, dejan dos o tres renglones para repetir lo mismo una y otra vez sin saber por qué hacen lo que hacen. Nadie se los explica. Es así y punto... Muy lejos está la posibilidad de que los niños y niñas puedan cuestionar o tener herramientas que les permitan problematizar.
Consideramos que es hora de empezar a cuestionarnos algunas prácticas y cambiar nuestro pensamiento con respecto a los sujetos a quienes pretendemos formar. Es hora de que los chicos y chicas participen activamente en la elaboración y evaluación de proyectos. Ellos y ellas seguramente lo harán desde sus saberes y se sentirán halagados por ser tenidos en cuenta. Además, estamos convencidos de que llevarán adelante estos proyectos muy entusiasmados y serán los primeros en exigirnos cumplirlos. Pensamos que puede convertirse en una experiencia valiosa el hecho de que evaluemos nuestro trabajo junto con los chicos y las chicas que concurren a nuestras escuelas.
Sería positivo preguntarnos sobre qué lugar estamos dando a los niños y niñas en la construcción de proyectos y evaluación de los mismos. ¿Charlamos con ellos y ellas, negociamos significados, los hacemos protagonistas de la construcción de conocimientos? ¿Creemos en esto de que los chicos y chicas tienen saberes previos, interpretan la realidad y pueden transformar sus formas de ver las cosas? ¿Partimos de lo que los alumnos y alumnas saber? ¿Cómo evaluamos sus saberes previos? ¿Los tomamos como punto de partida? ¿O sencillamente los negamos y bloqueamos toda posibilidad de construcción a partir del cuestionamiento y la resignificación? ¿Tenemos en cuenta que los chicos y chicas son sujetos que piensan, sienten y tienen todo el derecho del mundo de equivocarse en el proceso de construcción de conocimientos?



La lectura del contexto y la construcción de subjetividades




Es importante tener en cuenta cómo se están dando los procesos de subjetivación y la socialización de estos chicos y chicas en el contexto actual. Vivimos inmersos en un contexto social en el que estos procesos se hayan dominados por los medios masivos de comunicación y las nuevas tecnologías de la información. Por supuesto, estos medios son manejados desde los intereses empresariales y la lógica del mercado. Poco importa qué pasa con el consumidor como sujeto a nivel de la construcción de conocimientos y valores en tanto consuma.
La escuela hoy comparte una relación muy asimétrica con los medios la socialización y subjetivación de los jóvenes. En este sentido, creemos que hemos perdido el espacio central que teníamos hasta hace unas décadas. Este no es un tema menor puesto que no se trata de negar la realidad. El afuera está allí y aunque pretendamos cerrar la puerta de la escuela, entrará de algún modo u otro. Entendemos que no se trata de negar los medios tecnológicos sino de ver cómo los utilizamos sin resignar nuestro proyecto pedagógico y la formación de seres humanos críticos, reflexivos y capaces de trazar planes y concretarlos para transformar este mundo en un lugar más digno para todos.
Hoy, un chico es capaz de realizar múltiples tareas en su computadora gracias al manejo de un sistema operativo que permite escribir un mail, ver fotos, chatear y escuchar música. ¡Todo al mismo tiempo! Las actividades que realizan cotidianamente nuestros alumnos y alumnas están muy lejos de las prácticas secuenciadas que proponemos en las escuelas en las cuales, todo se hace en espacios curriculares fuertemente enmarcados y tiempos rígidos. Para estos niños y niñas acostumbrados a surfear en la internet o hacer zapping en la televisión, habituados a consumir dosis de información desjerarquizada y muchas veces con escaso sentido, ¡qué lejos estamos! o ¡qué incomprensibles pueden llegar a ser cuestiones tales como: dejen dos renglones, subrayen con azul, ahora todos a trabajar, calquen el dibujo, forren sus carpetas todos con el mismo color en papel araña azul, etc! Estos sujetos necesitan, hoy más que nunca, una escuela que les brinde elementos para poder realizar una lectura crítica de los medios, que les brinde herramientas para jerarquizar la información para así, poder separar la paja del trigo.
Pero muchas veces, también, nuestros alumnos y alumnas no tienen computadoras o televisores, mucho menos dvd o mp3. En este caso, somos nosotros quienes tenemos la obligación de mostrarles esas herramientas como tales, como elementos a nuestro servicio, como medios para la construcción de conocimientos y el disfrute y no como fines en sí mismos. Estos niños y niñas necesitan más que nadie de un espacio que los incluya y les abra las puertas hacia nuevos mundos posibles.
Para seguir pensando estas cuestiones sería interesante preguntarnos:
¿Cómo hacer para que nuestras propuestas tengan sentido para chicos y chicas que parecen estar en otra frecuencia? ¿Cómo debiéramos pensar el espacio aúlico y la segmentación temporal en la escuela? ¿Cómo hacer para que todos seamos iguales desde nuestras diferencias? ¿Cómo hacer para que nuestros alumnos y alumnas valoren el saber y le otorguen sentido? ¿Cómo crear espacios para el diálogo con el otro? ¿Cómo fomentar la escucha atenta y el respeto por la opinión del semejante? ¿Cómo utilizar los medios de comunicación y la internet para que sean funcionales a nuestro proyecto pedagógico?

 

 

 

Las culturas institucionales y los proyectos colectivos




Cada una de nuestras escuelas tiene o debiera tener una cultura institucional que le es propia. Un modo de ver el mundo y de comprender la realidad. Un modo de hacer y de transformar sus prácticas para el logro de sus fines. Esto es sumamente positivo porque otorga sentido a nuestras experiencias dentro de la institución. Por otro lado, nos permite sentir que la escuela es nuestra, involucrarnos, comprometernos con nuestros proyectos, sentirnos en un espacio ameno donde no hay gritos ni faltas de respeto. Un espacio construido por nosotros mismos, donde todos somos iguales, donde la vida cultural cobra vida.
No obstante, queremos detenernos en un aspecto que consideramos central y que tiene que ver con que nuestras escuelas se hayan insertas en un sistema público y por lo tanto, están gestionadas y administradas por un gobierno central del cual, depende cada distrito. Desde el centro se trazan las políticas y lo lineamientos curriculares que dan sentido a las prácticas llevadas a cabo en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. La cuestión es que la identidad de cada una de nuestras escuelas no debiera implicar la fragmentación y el aislamiento. En este sentido, es central pensarnos como integrantes de una comunidad más amplia que nos otorga identidad, nos define como miembros integrantes de un espacio. El barrio, el distrito, la ciudad, el país y la región con el mundo como horizonte se relacionan hoy con mayor fluidez que nunca. Lo global entra a la escuela por la pantalla de la computadora con todos los significados que esto implica. Hoy no podemos cometer la torpeza de aislarnos pero tampoco, podemos abrirnos despojándonos de lo nuestro.
Sería interesante pensar cuáles son las cuestiones que identifican la cultura de nuestra escuela en particular. ¿Hay un discurso sobre esa identidad en la que sus miembros se reconocen? ¿Quién elabora estos discursos? ¿Somos nosotros los protagonistas o vienen de otro lado? ¿Este discurso es estático o dinámico? ¿Qué significa ser una escuela del DE 16? ¿Qué cuestiones debieran darnos identidad y unidad como distrito? ¿Cómo evaluar proyectos y trabajos en la escuela cuando estamos insertos en un sistema que no evalúa o hace como sí evaluara? En los proyectos escolares, ¿se da participación a los alumnos y alumnas? ¿Se considera el proyecto como un proceso en permanente cambio y resignificación?



Nuestro rol como docentes transformadores




Existen tantas razones para ser docentes como compañeros y compañeras trabajando en las escuelas. Cada uno desde su experiencia y recorriendo su biografía podrá encontrar un buen número de argumentos para justificar su elección. Cuando trabajamos revivimos mucho de lo que “mamamos” como alumnos y alumnas en nuestras vidas de estudiantes. Esto actúa como una base, una matriz que puede dificultar nuestra posibilidad de reflexión y cambio si no hacemos una permanente reflexión sobre nuestras prácticas que nos permita cambiar aquellos que nos parece que se puede reformular y mejorar.
Estamos convencidos que la mejor manera de realizar esta reflexión es hacerlo con otros compañeros y compañeras mediante el intercambio de opinión y el debate. Creemos, por otro lado, que nada de lo que hasta aquí hemos expuesto podría concretarse en la práctica si no se da en nosotros un cambio de mentalidad. Debemos pasar de una idea de sujeto que ejecuta lo que otro prescribe desde su concepción a la de un docente que piensa y lleva a la práctica sus propios proyectos dialogando e intercambiando ideas a partir de las propuestas curriculares pero sobre todo teniendo en cuenta el contexto y fundamentalmente, a sus alumnos y alumnas.
Entre otras cosas, pensamos que no es capaz de enseñar con profundidad aquel sujeto que no es capaz de aprender de sus pares y alumnos y alumnas. En este sentido, debemos ser los primeros en estar informados, llevar libros a las aulas, ser capaces anticipar problemas y proponer estrategias de resolución.
Como trabajadores tenemos derechos y obligaciones y debemos hacer valer los primeros cumpliendo comprometidamente nuestros deberes. Pero además y esto creemos que es de suma importancia, debemos llevar a cabo nuestra tarea con humildad. Nuestra labor se basa en el convencimiento y la participación con el otro considerándolo como ser humano con todos sus derechos y en el sentido más profundo del término. 
Nosotros tenemos que repensarnos como trabajadores de la educación definiendo nuestro rol en la escuela pero también en la sociedad. Tenemos que ser los primeros en problematizar, en debatir, en poner en consideración los temas, en abrir el diálogo, en estar informados, en leer y estudiar. En síntesis, los primeros para dar el ejemplo, para que nuestros alumnos y alumnas se sientan orgullosos de seguir teniéndonos como referentes.
Para seguir pensando tendríamos que formularnos las siguientes preguntas:
Fundamentalmente, ¿por qué somos docentes? ¿Por qué enseñar? ¿Para qué? ¿Qué es más valioso, lucirnos egoístamente o el aprendizaje de nuestros chicos y chicas? ¿Se puede ser maestro sin saber aprender? ¿Podemos criticar las novedades y modas que inundan temas como la didáctica y el currículum? ¿Tenemos elementos para argumentar a favor o en contra de determinadas prácticas?¿Cómo entablar una relación que parta del reconocimiento del otro y de uno mismo como sujetos de derechos y de obligaciones? ¿En qué basamos nuestra autoridad pedagógica? ¿Somos líderes naturales o impuestos? ¿cómo hacemos para atenuar el malestar docente? ¿Repensamos nuestras prácticas para que nuestro trabajo sea más sano? ¿Pedimos concejos a nuestros compañeros y compañeras para intercambiar estrategias? ¿Cómo habilitar un espacio en la escuela para que se pueda convivir sin violencia?




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