La Persistencia de la Memoria

La Persistencia de la Memoria
Salvador Dalí

sábado, 17 de diciembre de 2016

Del cuerpo objetivado al cuerpo esfumado: desacoples, deslizamientos y mutaciones en los presupuestos sobre el cuerpo propios del discurso eugenésico argentino del siglo XX.

Por José A. Gómez Di Vincenzo
Publicado en Avatares Filosóficos Nª 3 2016
Resumen (entre 200 y 300 palabras):

La historia de la corriente eugenésica argentina recupera una serie de intentos de intervención sobre la reproducción y el control de la población en los que las intervenciones sobre los cuerpos jugaban un rol destacado como herramienta de prescripción de roles o para la definición del rumbo que debía tomar el desarrollo de la especie. En efecto, a lo largo del siglo pasado tenemos sendas tentativas por implementar medidas eugénicas, prescribir roles sociales o formar una conciencia eugénica en la población; ensayos frustrados o fallidos habida cuenta de que nunca se logró implementar un programa que instrumentara tecnologías sociales de corte eugenésico por sobre la totalidad de la ciudadanía.
Aún así dicha historia permite dar cuenta del modo en que la comunidad científica construye un discurso influido por el contexto de época. Resulta interesante pensar cómo los presupuestos e ideas acerca del cuerpo van enhebrándose y desarrollándose junto a un conjunto de prácticas de medicalización o tecnologías de intervención a nivel poblacional; cómo la circulación de significados y su metamorfosis en el tiempo, impregnan los discursos filosóficos, políticos, médicos y pedagógicos y cómo un piso ideológico da sustento a las propuestas eugénicas.
En este trabajo se reflexionará sobre la vinculación entre medicina, política, eugenesia, analizando los supuestos y representaciones acerca de los cuerpos presentes en el discurso eugenésico a partir de la década del 30 hasta la del 70 del siglo XX.

Palabras clave

Eugenesia, biotipología, psicotecnia, humanogogía, supuestos corporales.

Abstract

The history of eugenics in Argentina stream gets a series of attempts to intervene on reproduction and social control in which interventions bodies played a prominent role as a tool or prescribing roles in defining the direction to be taken developing the species. Indeed, over the last century have attempted to implement eugenic paths measures prescribed social roles or form a eugenic consciousness in the population, frustrated or failed tests given that never managed to implement a program to instrument social eugenics cutting technologies over the entire citizenry.
Yet this history can account for the way in which the scientific community constructs a discourse influenced by the context of time. It is interesting to think how budgets and ideas about the body strung together next to a set of practices or technologies medicalization intervention at the population level, how the circulation of meanings and its metamorphosis over time, permeate philosophical discourses, political, medical and teaching and how an ideological floor sustains eugenic proposals.
This paper will reflect on the link between medicine, politics, eugenics, analyzing assumptions and representations of those present at the eugenic discourse from the 30s to the 70 bodies of the twentieth century.

Keywords

Eugenics , biotypology , psicotecnia , humanogogía , body assumptions.

Un rodeo previo a modo de introducción: hay cuerpos antes que construcciones simbólicas.

De un tiempo a esta parte, las problemáticas referidas a cuestiones relacionadas con el cuerpo han cobrado un fuerte impulso siendo tratadas en una serie de trabajos publicados en diferentes espacios institucionales, dando lugar a una avalancha de debates en torno al estatus ontológico y/o epistémico del cuerpo, su historia o sus representaciones socioculturales. Como sostiene Ortega coincidiendo con Tamborino (2002) hay tras el lingüístico, algo así como un nuevo giro dominando la escena, el “giro corporal”. Hablar del cuerpo se ha convertido en un lugar común en diferentes campos disciplinares del quehacer intelectual. (Ortega, 2010:17)
Al formidable cúmulo de saberes sobre el cuerpo, se añade una serie de estudios realizados en los ámbitos de la historia de la ciencia, la filosofía de la ciencia, o más concretamente, trabajos insertos dentro del marco conformado por esa pléyade de disciplinas que constituyen los Estudios acerca de la Ciencia, Tecnología y Sociedad. En efecto, tangencialmente a las problemáticas sobre el cuerpo y en relación al poder y la medicalización como estrategia biopolítica, desde hace ya más de una década, un grupo de investigadores ha estado estudiando un conjunto de conocimientos e ideas propias de un séquito de intelectuales que militaron en las instituciones eugenésicas argentinas.[1]
Como suele suceder también en otros parajes, ocurre asimismo en nuestras pampas, un fenómeno transversal a toda clase de investigaciones en las que el análisis del cuerpo y el poder juegan un rol central. Sendos espacios disciplinares, se han sobrepoblado de investigaciones realizadas bajo la lupa teórica foucaultiana.[2]
Es preciso reconocer que, en buena medida, la historia de la reflexión de los cuerpos en ciertos ámbitos puede leerse siguiendo los avatares en la recepción del pensamiento de Foucault. Del interés por el disciplinamiento se fue deslizando, vía viraje lingüístico, a un análisis centrado en el discurso, llegando al paroxismo total con los estudios de género y los aportes de los estudios feministas donde se concebía al cuerpo como una construcción discursiva.[3] (Ortega, 2010)
Las investigaciones sobre la naturalización y medicalización de las relaciones sociales o el rol del programa eugenésico por estas latitudes no evaden por completo esta coyuntura. También aquí pululan los denominados constructivistas aunque no exentos del asedio de los llamados esencialistas o materialistas en sus diferentes versiones. Y la disputa intelectual aun sin saldar parece reafirmar el dicho: ni vencedores, ni vencidos.
Como quiera que sea, este trabajo tampoco tiene como objetivo saldar la discusión. Sin embargo, es justo reconocer que hay una toma de posición propia que orienta el enfoque de todo el programa de investigación dentro del cual se inscribe la temática tratada aquí. Se defiende a lo largo de nuestro trabajo, una perspectiva desde la que se contempla la dimensión encarnada del cuerpo, la experiencia vivida del cuerpo, un cuerpo material sin creer por eso estar cayendo en el esencialismo, fisicalismo o reduccionismo anátomo-fisiológico. Coincidiendo con Ortega  consideramos que una perspectiva cercana a la fenomenología y el pragmatismo permite una mejor toma de posición ética y epistemológica frente al constructivismo que funciona como base de sustento para proyectos biotecnológicos, cyborglogías y posthumanismos, mientras reproduce la metafísica dualista que pretende criticar. Se afirma aquí, la simultaneidad y congenialidad de las experiencias del yo y del mundo, el vínculo intencional con el medio y la indisolubilidad del cuerpo y el mundo. Se entiende que lo mental y lo físico no son entidades metafísicas diferentes sino manifestaciones del cuerpo en distintos ámbitos o contextos. Así, sujeto-objeto, mente-cuerpo, pensamiento-cosa son distinciones de carácter funcional fijadas con fines pragmáticos sin existencia en la experiencia como propone el dualismo clásico. Dicho en otros términos, existe una diferencia fenoménica más no ontológica, esa que considera al cuerpo y la mente como dos entidades metafísicas diferenciadas. [4](Ortega, 2010)
Ian Hacking también mostró en su famoso The social construction of what?, la dificultad de mantener tesis constructivistas. Además de afirmar que todo constructivismo no puede ser otra cosa que social, este intelectual sostiene que en relación al cuerpo, no se sabe bien qué es lo construido: si es el cuerpo, la idea de cuerpo o las instituciones. Lo que ocurre es que no se establece distinción clara entre la idea de un objeto y el objeto mismo. Las posiciones más extremas, sostiene Hacking, caen en una suerte de idealismo lingüístico afirmando que sólo existe aquello de lo que se habla o escribe. (Hacking, 1999)
Que el cuerpo en sí mismo, en su dimensión fenomenológica, su materialidad y su experiencia sean construidos es lo que se cuestiona aquí. Se acepta que lo que se dice del cuerpo puede ser una construcción social de algún tipo pero no que el cuerpo en su materialidad lo sea. Nos apartamos de posiciones constructivistas a la Butler desde donde se afirma que el cuerpo en su materialidad resulta como efecto del discurso y no es anterior a él, que dicha materialidad es un efecto del poder. (Butler, 1990); (Butler, 1993) Una cosa es la construcción social del género o el sexo (nadie discute que haya allí una construcción) otra muy diferente la del cuerpo en su materialidad.
Hay que apuntar, como lo hace Ortega, que las posiciones más extremas del constructivismo vienen de la mano de los estudios post-foucaultianos y que en la obra del mismo Foucault, la cuestión se suaviza o se torna ambigua hacia los 80. En el pensamiento del francés, de todas maneras, la experiencia vivida del cuerpo queda oculta tras el velo de su estudio enfáticamente apuntado a las prácticas de disciplinamiento y control. (Ortega, 2010) Las relaciones de saber y poder transforman al cuerpo en objetos de conocimiento. Como sostienen Lorenz o antes Outram, lo que hay son símbolos, metáforas para el ejercicio de poder sin dar lugar a una reflexión acerca de los límites o acerca de hasta qué punto éstas suministran experiencias vívidas a los propietarios de los cuerpos que las padecen. (Lorenz, 2000); (Outram, 1989)
Foucault se mantiene en silencio a la hora de manifestarnos algo concreto acerca de lo que los cuerpos sienten. En sus aportes teóricos, los cuerpos disciplinados parecen no sentir miedo, dolor, vergüenza, angustia, ansiedad, humillación. Es una visión descarnada de la corporalidad que resuena junto con la preponderancia que el mismo Foucault destaca de la mirada, la óptica, la visión en la época moderna frente a lo táctil propio de la punición clásica.

¿Y si los cuerpos se oponen? ¿Y si en lugar de un saber-poder hay saberes en pugna por poder?

Sepa el lector disculpar el largo rodeo anterior que no tiene otro propósito que desmarcar este trayecto de la influencia del constructivismo social o evitar su acecho ya sea en sus versiones más radicales ligadas a una ontología negativa o en sus adaptaciones ambiguas. En este trabajo se analizarán una serie de representaciones y presupuestos sobre el cuerpo a partir de las cuales se planifica la práctica eugénica y no se dirá una palabra acerca de las supuestas construcciones corporales. Sostenemos que hay saberes que toman al cuerpo como objeto de estudio y que parten de supuestos metafísicos acerca de lo que dichos cuerpos son o cómo funcionan. Pero hay cuerpos antes que saberes del cuerpo.
Podemos conjeturar que los cuerpos que se querían moldear desde el saber médico opusieron “resistencia” a las prácticas de biotipificación a las que se los pretendía someter y que lo hicieron a partir de una comprensión pre-reflexiva. Porque en rigor, dichas experiencias nunca pasaron de ser meras pruebas, nunca pudieron institucionalizarse y sufrieron sendas críticas aún de parte de actores afines o comprometidos con el programa eugenésico. En otro lugar hemos mostrado cómo desde diferentes espacios institucionales y congresos pedagógicos se discutió la posibilidad y pertinencia de la aplicación de fichados biotipológicos en las escuelas. La propuesta fue muy criticada, por poner un caso, por pedagogos ilustres del período como Carolina Tobar García o Martha Salotti. En líneas generales, se manifestaba claramente la imposibilidad técnica y práctica de implementar dicho fichado en los establecimientos educativos. Concretamente, las intelectuales aludidas afirmaban que someter a un número importante de niños al estudio biotipológico demandaba un tiempo considerable, que la confección de la ficha biotipológica escolar requería de una actitud sumisa de parte del niño estudiado, difícil de sostener en el tiempo y que para que eso pudiese darse se necesitaría la presencia de un “ejército de médicos” en las escuelas acompañando al personal docente. (Gómez Di Vincenzo, 2013)[5]  
Por otro lado, y esto ocupará nuestra mayor atención, mostraremos que, en rigor, el programa eugenésico se nutrió de diferentes discursos sobre el cuerpo, cada uno construido a partir de presupuestos diferentes; saberes en plural que no actuaron monolíticamente sino en tándem y que en determinado momento colisionaron, se desacoplaron y anularon uno a otro.
Restaría pues, ciñéndonos a lo que nuestro caso aporta, poco sustento para seguir sosteniendo posiciones radicales, pasivas e instrumentales del cuerpo desde las que para nada podría luego reclamarse esa famosa resistencia (por la que algunas posturas tanto pugnan) a un individuo que resulta indemne a los dispositivos de poder y disciplinamiento. Para tal resistencia (en rigor preferimos aquí decir acción) debemos pensar en el cuerpo fenoménico, una visión del ser humano como un ser creativo que acciona sobre el ambiente. Toda acción es acción corporal. Y a juzgar por lo expresado en diferentes espacios por distintos protagonistas enrolados en la corriente eugenésica local, puede inferirse que fue la colisión de intereses y la obstinación o intransigencia de algunos actores, lo que motivó el fracaso del programa.
Por supuesto, esto no implica negar que el saber que efectivamente resulta de una construcción sobre los cuerpos, el de la medicina en este caso, se articule como legitimador de ciertas prácticas, que haya habido actuando allí lo que se denomina espíritu de época y todo una melange de cuestiones ideológicas. Pero lo cierto es que, como lo demuestra la historia del programa eugenésico local, estas interacciones fueron poco efectivas a la hora de plasmar en la práctica los procedimientos concretos para transitar hacia el mejoramiento de la especie.
Como podremos constatar, no hubo éxito cuando dentro del programa eugenésico se encontraron más abroquelados los saberes biomédicos y las perspectivas eugenistas. Pero menos aún, cuando la biotipología languidece y se retira de escena para dar lugar a una eugenesia signada por la evaporación del cuerpo, la eugenesia integral quirosiana.
Este trabajo se centra en el análisis de las representaciones corporales presentes en el discurso eugenésico durante el período clásico en nuestro país y en su declinación tras la década del 40. Básicamente, tomaremos el trayecto que transcurre de la década del 30, un período clave signado por una fuerte hegemonía en el discurso eugenésico del tándem biotipología-psicotecnia y una fuerte impronta de la retórica eugénica enarbolada primordialmente desde la Asociación Argentina de Biotipología, Eugenesia y Medicina Social (en adelante, AABEMS), donde más estrechos son los vínculos del la eugenesia con el discurso médico, a la década del 70, con la definitiva volatilización del programa y su progresiva pérdida de anclaje en las prácticas médicas o más radicales y el predominio discursivo de la Sociedad Argentina de Eugenesia (en adelante, SAE). Este tránsito se caracteriza, entre otras cosas, por una ruptura en relación a la representación corporal: la que se desliza del cuerpo objetivado-anclado como presupuesto básico en una práctica cuyo fin era prescribir roles funcionales a las demandas económicas del sistema capitalista en su etapa industrial, al cuerpo negado-evaporado, supuesto que diluye la faceta más densa de aquella prescripción y busca instalar lo que puede denominarse una paideia eugénica. Un quiebre que marca el paso de la eugenesia signada por la biotipología pendeana en clave Arturo Rossi, característica de los años 30, a la eugenesia integral de Bernaldo de Quirós post 45, hegemónica en los 50 y su humanogogía, característica de los 70.

La eugenesia y sus espacios institucionales en la Argentina

Hasta aquí se ha utilizado un tanto indiscriminadamente ciertas categorías conceptuales que sería bueno explicar y contextualizar. Debemos decir algunas palabras acerca del desarrollo de la eugenesia, exponer de qué se trata ella, cómo interactúa con otras disciplinas dentro del programa eugenésico y cuáles fueron los espacios institucionales que le dieron impulso.
Hacia finales del siglo XIX, pero sobre todo durante la primera mitad del siglo XX y diluyéndose progresivamente en el transcurso de la segunda mitad, existe en el discurso de la elite intelectual autóctona una fuerte tensión, dada por la necesidad de homogeneización cultural de la población, sostenida por argumentos aportados desde la filosofía, la política y, específicamente, desde la educación –mediante la aplicación de la Ley 1420– y la necesidad de formación y diversificación de los trabajadores, debido al necesidad de la economía de cubrir distintos puestos laborales y sostenida por argumentos provenientes del ámbito de las ciencias, en particular, la medicina y la psicología experimental, plasmados en la confección de fichas biotipológicas, estudios psicotécnicos y test psicológicos. La idea era que esta tensión entre homogeneización y diversificación podría resolverse teórica y prácticamente, desde la medicalización de las relaciones sociales, promoviendo la aplicación de prácticas eugenésicas, entre las cuales se destacó el fichado biotipológico de la población y su articulación con el empleo de test psicotécnicos. Está solución es la que se irá diluyendo y perdiendo fuerza hacia la segunda mitad del siglo cuando dentro del programa eugenésico vaya perdiendo fuerza la impronta médica y cobrando mayor injerencia la eugenesia integral y la humanogogía, una suerte de paidología eugénica con supuestos distintos en relación al cuerpo. Retomaremos este punto más adelante pero antes, veamos qué es la eugenesia y cómo se expande por el mundo desde su nacimiento en el siglo XIX. (Gómez Di Vincenzo, 2013)
La eugenesia consiste en promover o inhibir la reproducción de los individuos o de los grupos de individuos considerados mejores o peores respectivamente por medio de la implementación de una serie de tecnologías sociales como el certificado médico prenupcial, fichado eugenésico, control de la natalidad, restricciones a la inmigración,  el aborto eugenésico, castración, esterilización, control de la natalidad, etc. (Palma, 2002)
La historia de la eugenesia moderna comienza en la segunda mitad del siglo XIX. A grandes rasgos, puede distinguirse un primer momento preparatorio, de desarrollo conceptual y de creciente consenso científico/médico, político e ideológico, que se extiende desde las primeras formulaciones de Galton en la década del ’60 del siglo XIX, hasta los primeros años del siglo XX. Un segundo período, que podría denominarse “Eugenesia Clásica”, que comienza en 1911, año en que se funda en Londres la primera Sociedad Eugenésica cuyo primer presidente fue uno de los hijos de Darwin –Leonard– y que en 1912, organizó el primer Congreso Eugénico Internacional y que finaliza alrededor de la Segunda Guerra Mundial. Se trata del período de apogeo en el cual prácticamente todos los países occidentales fundaron instituciones eugenésicas que, a su vez, constituyeron asociaciones internacionales de largas y profusas ramificaciones, que realizaron una enorme cantidad de reuniones científicas en todo el mundo y adquirieron enorme capacidad de influencia en la implementación de políticas públicas. Todas las publicaciones biológicas y médicas especializadas recogían propuestas, textos, estudios y referencias a los progresos en la materia. Luego de la Segunda Guerra Mundial, el movimiento eugenésico se fue debilitando, en cierta medida como resultado de las atrocidades cometidas por el nazismo, y fue derivando en propuestas más restringidas a cuestiones médico/sanitarias o pedagógicas.
En nuestro país hubo distintas instituciones eugenésicas desparramadas con algunos solapamientos a lo largo del siglo XX:
Museo Social Argentino  (1911)
Sociedad Eugénica Argentina (1918)
Liga Argentina de Profilaxis Social (1921)
Asociación Argentina de Biotipología, Eugenesia y Medicina Social (1932)
Sociedad Argentina de Eugenesia (1945)
Colegio de Eugenistas Humanólogos (1985)
Como señalábamos más arriba, este trabajo se centra básicamente en el estudio de los presupuestos y representaciones sobre el cuerpo presentes en el discurso eugenésico en el tránsito de la década del 30 a las del 50. Básicamente entonces, estaremos centrando nuestra atención en los presupuestos sobre el cuerpo presentes en la mirada de dos intelectuales destacados que incentivaron la proliferación de saberes eugenésicos desde dos espacios institucionales relevantes, la AABEMS y la SAE. Nos referimos al Dr. Arturo Rossi y su eugenesia en clave biotipológica y al abogado Bernaldo de Quirós y su eugenesia integral luego devenida en humanología.
La AABEMS fue  fundada en el año 1932 en Buenos Aires, Argentina. Su sede original se encontraba en la calle Alsina 1027 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Según Vallejo y Miranda, funcionó autónomamente hasta 1943, año en que fue absorbida por la Secretaría de Salud Pública de la Nación. Entre una de sus actividades se encontraba la realización de investigaciones en el área de la medicina constitucional para determinar los biotipos étnicos de la población argentina y obtener, de este modo, un diagnóstico que permitiera llevar a cabo un programa eugenésico a través de la medicina social con una fuerte impronta de la biotipología. La AABEMS se proponía, entre otras cuestiones, crear organismos e instituciones para contribuir a la solución de problemas propios del campo educativo aceitando la relación entre la pedagogía y la biotipología o la educación integral sobre bases biotipológicas, la orientación vocacional, selección de personal y la medicina laboral. (Vallejo & Miranda, 2005)
La asociación retomaba el camino emprendido algunos años antes por Víctor Delfino en la Sociedad Eugénica Argentina, cuya corta vida institucional se había diluido eclipsada por el Museo Social Argentino. Delfino participó activamente en la AABEMS, junto con el Dr. Mariano Castex, quien fuera su primer presidente. Los Drs. Alberto Peralta Ramos y Bonorino Udaondo ocuparon en ella importantes cargos y presidieron junto a Castex, en diferentes períodos, la Academia Nacional de Medicina. La lista de socios incluyó, también, entre otros intelectuales destacados, al Ingeniero Belisario Moreno y a los pedagogos progresistas Prof. Víctor Mercante, Ernesto Nelson junto al conservador Julio Picarel.[6] Junto a ellos se destacaba el aporte de Arturo Rossi, principal referente de la biotipología argentina, discípulo de su creador, el endocrinólogo italiano Nicola Pende. Rossi dirigió los Anales, principal órgano de difusión de la AABEMS, publicando una gran cantidad de artículos sobre la biotipología y sus diversas aplicaciones.
Carlos Bernaldo de Quirós, por su parte, también desempeñó cargos en la AABEMS pero se distanción hacia fines de la década del 30 por tener sendas diferencias con  Rossi y su mirada constitucionalista y biologicista. Quirós fundó el 4 de agosto de 1945 la Sociedad Argentina de Eugenesia, institución que contó con el apoyo político y económico del Poder Ejecutivo, mediante el decreto N 32.737. Sus fines eran acentuar, organizar y centralizar los estudios, investigaciones y acción social en torno a la eugenesia biológica, jurídica, económica, psicopedagógica, etc.; formar una conciencia eugénica integral, privada y pública; profundizar el conocimiento científico de las leyes que rigen la herencia, descendencia, crecimiento y evolución del individuo; establecer la talla media aritmética y caracteres del biotipo argentino; promover el mejoramiento y perfeccionamiento de la población nacional y de las generaciones futuras; procurar la adecuación de las costumbres y de las normas legales a las enseñanzas de la Eugenesia y gestionar la implantación de la enseñanza de la Eugenesia en los establecimientos educacionales y la creación de cátedras en las universidades e institutos de enseñanza superior. [7]

La biotipología del cuerpo objetivado-anclado

Desde la biotipología, se sostiene que es posible establecer una clasificación de los seres humanos a partir de determinadas características corporales, anatómicas, manifestaciones de orden hormonal, humoral, factores genéticos, ambientales y aspectos neuropsicológicos y que existe una relación entre el biotipo obtenido y ciertos rasgos temperamentales, aptitudinales y morales del sujeto. En la evaluación biotipológica, el médico realiza un fichado recabando una serie de datos biométricos, clínicos y psicológicos con el fin de determinar el biotipo del sujeto e inferir las características temperamentales específicas, cualidades morales y aptitudinales que corresponden al dicho biotipo, evaluando las posibilidades del sujeto, por ejemplo, para el cumplimiento de determinados roles u ocupaciones prácticas. (Gómez Di Vincenzo, 2013)
Las clasificaciones biotipológicas o biotipos se establecen a partir de un trabajo de investigación empírico. Los biotipólogos relevaban ciertas características propias de un número de sujetos y comunes a todos ellos para luego, apelando a la estadística, establecer un tipo medio. Estas características del sujeto, por lo general, se expresan como datos biométricos junto a otros factores hereditarios, hormonales y neuropsíquicos. A partir de todos estos datos, se clasificaba también al individuo según el biotipo que definía su individualidad personal, actual y potencial, lo que él es y cómo será en el futuro. Se inferían a partir de aquí, a la sazón, las cualidades de comportamiento, carácter o rasgos psicológicos propios de dicho sujeto. Desde esta perspectiva, concretamente, se clasificaba a los seres humanos según un conjunto de biotipos cuyas características surgen a partir de una compleja mezcla de factores aparentemente neutrales. (Pende, 1947)
Para llevar a cabo estas indagaciones se elaboraba un fichado y se solicitaba la respuesta a 298 ítems a los que se agregaban, en el caso de los anormales psíquicos, otros 60. La ficha biotipológica se dividía en distintas secciones destinadas a relevar una serie de datos empíricos a partir de los cuales caracterizar al alumno articulando distintos tipos de datos clínicos y psicológicos.[8]
La psicotécnica, por otra parte, consiste en el estudio de los problemas psíquicos inherentes al trabajo con el objeto de realizar una adecuada orientación profesional o selección de personal. Incluye el estudio y la implementación de una batería de test cuyo objeto es indagar ciertas aptitudes psicológicas especiales del individuo y averiguar lo que lo caracteriza desde el punto de vista psicológico con respecto a los demás.
Psicotecnia y biotipología actuaban en sociedad dando sustento teórico a la elaboración de fichas eugénicas con el fin de elaborar diagnósticos precisos ya sea para la prescripción de roles sociales, ya para planificar medidas de corte eugenista e implementar las tecnologías sociales. Entre estos fichados se destacó el biotipológico para alumnos y trabajadores y más concretamente, la ficha biotipológica escolar, cuyo diseño ocupó horas de labor intelectual y un lugar destacado en la obra de la AABEMS dada la atención que la institución dedicaba a la escuela.
En efecto, desde el organismo resultaba indispensable tener un diagnóstico de la totalidad de la población para la prescripción y toma de medidas eugénicas. Ella podía abarcarse con una considerable economía de tiempo y esfuerzo si se la sometía al fichado mientras estaba en la escuela. La ley 1420 de Educación Común hacía obligatoria la escolaridad hasta cuarto grado y aseguraba que todos los niños se encontraran en la escuela, por lo que instalar la ficha biotipológica escolar como política pública y hacer obligatorio su uso en las escuelas brindaba una oportunidad única para obtener datos del universo de la población.
El maridaje biotipología-psicotecnia, como decíamos arriba, actuó fundamentalmente como herramienta de diagnóstico para la intervención sobre los cuerpos durante la década del 30 ya sea para la prescripción de roles sociales, ya para pautar las medidas eugénicas necesarias para encauzar el desarrollo de la especie. La AABEMS funcionó como espacio catalizador de todo una serie de propuestas para biotipificar a la población. Se promovía desde allí en diferentes espacios institucionales, la realización de fichados biotipológicos a alumnos y trabajadores con el objeto de obtener datos concretos para diseñar las políticas que universalicen las propuestas eugénicas.
La propuesta de la AABEMS nunca pudo institucionalizarse como política pública, más allá de una serie de experiencias perecederas dada una serie de contradicciones, discrepancias, críticas y desacuerdos al interior mismo de la asociación y provenientes del contexto social. Sin embargo, la historia del fracaso nos permite relevar una serie de interacciones entre ciencia, tecnología y sociedad y a la vez, dilucidar cómo se imbrican representaciones y presupuestos sobre los cuerpos provenientes básicamente del discurso biotipológico.
En la obra de Arturo Rossi, el principal referente de la corriente biotipológica en la Argentina, discípulo del creador de la disciplina, el italiano Nicola Pende, existe una posición ambigua en relación al cuerpo. Ciertamente, Rossi no puede escapar de ciertos presupuestos a la hora de elaborar sus conceptualizaciones sobre la relación que existe entre lo constitucional y lo aptitudinal, moral o procesos psíquicos. Presupuestos de diversos niveles (ontológicos, epistemológicos) que se expresan en metáforas y dan cuenta de las tensiones que nutren su discurrir discursivo. Por momentos, Rossi defiende a ultranza la continuidad entre el cuerpo y la mente, entre el orden constitucional y la moral o lo aptitudinal, partiendo de una postura fuertemente hereditarista, matizada sólo levemente por la aceptación de ciertas influencias ambientales pero que necesariamente, deberían producir cambios a nivel anatomo-fisiológico para que su visión teñida de mecanismo tenga éxito.
El biotipólogo define al individuo como “personalidad integral somato-psíquica”. Siendo la biotipología un refinamiento de la medicina constitucional, Rossi, siguiendo a Pende, considera clave definir constitución como:

 La resultante morfológica, fisiológica y psicológica, variable de individuo a individuo, de las propiedades de todos los elementos celulares y humorales del organismo, y su combinación en un tipo especial de fábrica corporal, en un especial estado celular que tiene su equilibrio propio y rendimiento funcional, y una determinada capacidad de adaptación y manera de reaccionar a los estímulos del ambiente. (Rossi, 1933:12)

Ahora bien, asumir una posición tan caracterizada por el determinismo hacía imposible establecer políticas de encauzamiento de los desvíos. Esto constituía todo un problema si la mayoría de la población se presentaba muy lejana a la norma, al normotipo ideal que se postulaba como punto de referencia en el esquema biotipológico. ¿Cómo progresar en una nación de inferiores destinados a los trabajadores manuales?
Por otro lado, por aquel entonces, los debates giraban en torno a las posibilidades de actuar eugénicamente sólo prescribiendo roles a partir de lo que ya está dado, el biotipo, o hacerlo encausando las desviaciones que dicho tipo planteaba vía educación e influencias del medio.[9]
Al participar en congresos pedagógicos (se reproducían como hongos en aquella época dada las presiones de los grupos católicos y conservadores por derogar la ley 1420), Rossi enfrentaba actores que enarbolaban sendas críticas al monismo metafísico y al determinismo biológico, cayendo una y otra vez en una suerte de peripecias retóricas para sostener en rigor que la mente, el espíritu es también importante, que debe tenerse en cuenta su educación o que es lo que debe mantenerse puro para que no se deteriore y degenere el cuerpo. Veamos qué decía el buen doctor en un congreso realizado por la Confederación Argentina de Maestros y Profesores Católicos en Santa Fe:

Es menester no olvidarse que el ser humano no es exclusivamente una personalidad biológica […] el individuo no es solamente materia sino fundamentalmente espíritu y por lo tanto la Biotipología tal como nosotros la practicamos tiende, no solamente a acercarse a la vida biológica del ser, sino también a su vida espiritual para corregir las desviaciones que en uno o en otro sentido caracterizan cada personalidad individual. (Rossi, 1940:110-111)

Y más adelante,

Nosotros llamamos biopedagogía metodológica, al problema de la educación integral de la juventud, y a nuestro entender, ella se vale de la pura biotipología como orientación fundamental de bonificación humana, desglosándose esta última en sus aspectos fundamentales el puramente biológico, que en este caso se identifica con la medicina preventiva, y el puramente psicológico, identificado a su vez con la educación del carácter y de la inteligencia. (Rossi, 1940:107-108)

La cuestión sigue un tanto confusa puesto que nunca se sabe si esa capacidad de modificación que posee el ambiente o la educación actúan sobre la mente o el espíritu del individuo para sólo producir encausamientos aptitudinales sin relación con lo corporal, lo que constituye todo un problema para la episteme biotipológica, o si luego de actuar sobre la mente, también modifican lo fisiológico o morfológico. En definitiva, una cuestión queda siempre sin definir ni explicar: cómo se constituiría o cuál sería el puente que uniría la mente y el cuerpo.
En rigor, en Pende, a diferencia de Rossi donde todo es más confuso, la biopedagogía era una pedagogía estrictamente en clave biológica. Para tal biotipo tal tipo de pedagogía, tales canales de educación. (Pende, 1947)
En síntesis, sosteniendo la continuidad discursivamente para hacer valer epistémicamente sus intervenciones biotipológicas sobre los cuerpos, Rossi cae en el dualismo metafísico una y otra vez puesto que no puede dar cuenta de cómo se da en la práctica la interdependencia entre ambas facetas fenoménicas del individuo.
Sea como sea la cuestión, el cuerpo ocupa un lugar destacado en el discurso biotipológico. Gran parte de la ficha biotipológica apuntaba a indagar índices constitucionales como medidas biométricas, variables endocrinológicas o datos clínicos. El cuerpo, su objetivación y análisis, su moldeo por parte del educador supuestamente inspirado en la biotipología siempre se consideraban, desde el discurso de los actores eugenistas claro, el punto de partida para la indagación y la definición de las prácticas biopedagógicas o eugénicas.
La ciencia de los biotipos logró cautivar la atención de bastas personalidades del quehacer eugenésico del periodo. Mariano Castex, Bonorino Udaondo, Pizurno, Garraham, Alfredo Palacios, Víctor Mercante figuran entre los más destacados intelectuales que se dejaron penetrar por el discurso pendeano de la mano de Arturo Rossi y sus acólitos locales.
Si bien desde una AABEMS nutrida por estos influyentes intelectuales nunca se logró universalizar la propuesta, cuestión fundamental para que un programa eugenésico tenga éxito, sí se consiguió promover el debate entre las elites y llevar a cabo ciertas efímeras pero representativas experiencias en escuelas. (Gomez Di Vincenzo, 2013)
En efecto, en 1933, los eugenistas lograron el dictado de un decreto firmado por la Dirección de Escuelas de la Provincia de Buenos Aires, mediante el cual, se puso en práctica, a modo de prueba, la confección de una ficha biotipológica en dos escuelas de la provincia: la Nº 1 de San Isidro y la Nº 66 de La Plata. Este dato nos sirve para mostrar otra de las cuestiones que anticipáramos más arriba. La experiencia nunca pudo darse por concluida debido a la resistencia de docentes y alumnos. Como mostramos en otro lugar[10], el discurso teórico, el saber sobre el cuerpo no era homogéneo habiendo discusiones entre psicopedagogos, psicólogos experimentalistas y biotipólogos acerca de cómo implementar las prácticas. Concretamente, de la mano de Tobar García, militante eugenista y fundadora de la educación especial en nuestro país, llegaban críticas en relación a los presupuestos epistemológicos que sustentaban el accionar biotipolótico y vinculadas con el tipo de herramientas a utilizar para la indagación.
La psicopedagogía parte del supuesto de que en todos los sujetos los aparatos psíquicos son idénticos y funcionan de la misma manera dado que se desarrollan a partir de una base biológica que es la misma en todos los seres humanos. Según Talak y García, el conocimiento psicológico de los niños y adolescentes con el fin de mejorar las prácticas educativas no tenía como propósito destacar las diferencias individuales sino más bien el colectivo estudiantil. A diferencia de las aplicaciones de test planificadas por Galton, en las que se destacaban las diferencias específicas de los individuos respecto a una población, Mercante y sus discípulos locales, siguiendo a Hall, se basaba en la recolección de información llevada a cabo por docentes de grandes o pequeñas poblaciones infantiles estableciendo una media. (Talak & García, 2004)
La biotipología pendeana opera en sentido contrario. Sostiene que los individuos actúan según ciertas características específicas al biotipo individual no siendo posible encontrar un sujeto igual a otro en lo referente al plano orgánico funcional ni psíquico. El sujeto individual es el punto de partida para todo diagnóstico e intervención y no una media obtenida aritméticamente. Dichas acciones pedagógicas se ajustarán a sus necesidades y/o cualidades individuales, siendo desde esta perspectiva más importante el individuo que el grupo en su conjunto.
La Dra. Tobar García, además de fundamentar teóricamente sus dudas acerca del estatus científico de la biotipología y la ficha, argumentó en un congreso pedagógico llevado a cabo en la Provincia de San Luis en 1936 que “la adopción de la ficha significaría convertir a los niños en un cobayo de la India” y que la confección de dicha ficha presentaría una serie de inconvenientes dados por su extensión, la excesiva cantidad de aparatos que debía llevarse a las escuelas para su confección y el “ejército de médicos” que debían abocarse a la tarea (Anales, 60, 1936:18). La Dra. sostuvo irónicamente que,

la vida del niño no sería suficiente para llenar esa ficha a conciencia, que la escuela no podía ponerse al servicio de la Biotipología porque si accedemos a esa petición corremos el riesgo de tener que hacer lo mismo cualquier día con corporaciones científicas, industriales, artísticas o de zapateros que nos pidan una ficha para hacer trajes, sombreros, o zapatos para el nuevo biotipo. (Anales, 60, 1936:18)

Junto a otros actores destacados de la pedagogía nacional Tobar García sostenía que prácticamente sería imposible sostener una serie de indagaciones que demandaban de los niños y sus docentes una “dedicación especial”.


La eugenesia integral y la humanogogía del cuerpo negado-volatilizado

Ocurre algo particular con el discurso eugenésico argentino post década del 40 y es que dicho discurso comienza progresivamente a desacoplarse de la medicina y la biología. En efecto, esa ligazón tan fuerte entre lo biológico-constitucional, lo médico y las tecnologías sociales ligadas al programa eugenésico, que es propia del discurso hegemonizado por los biotipólogos del 30, comienza a debilitarse cuando el abogado Carlos Bernaldo de Quirós toma la palabra y empieza a clausurar teóricamente el relato, mientras la AABEMS se diluye y es absorbida por la Secretaría de Salud de la Nación. Progresivamente, su discurso va desplazando la centralidad de lo biológico, lo médico, lo psicotécnico hacia la periferia o el olvido. Las ciencias médicas, la genética, en rigor, las ciencias en general pasan de ser consideradas por Quirós, en el mejor de los casos, disciplinas auxiliares de su eugenesia integral o su humanogogía, a ser criticadas por brindar soluciones parciales o por ocultar la verdadera esencia del hombre.
Mientras en la década del 30, por ejemplo, las ciencias biomédicas o la psicología experimental aportaban un piso epistemológico fuerte desde donde sostener las tecnologías sociales ligadas al programa eugenésico, lentamente durante la década del 40, pero fundamentalmente tras los años 50, el cambio de posición respecto a lo biológico y constitucional, que es propio del discurso quierosiano, hace que la cuestión del estatus epistémico de la eugenesia se torne muy compleja.
El problema, o más bien, uno de los problemas centrales que el legista Bernaldo de Quirós intenta resolver, consiste en fundamentar racionalmente un nuevo orden social, un orden no “cosista”, uno que no se encuentre amenazado por el desorden, la irracionalidad surgida de la revolución industrial y el desarrollo capitalista; en definitiva, el orden propio de una sociedad heredera del humanismo clásico, del iluminismo y del positivismo. Pero a diferencia de intelectuales como Comte o Durkheim, quienes confiarán en los avances de las ciencias naturales o de un filósofo como Rousseau, que defendía las hipótesis de un pacto o contrato social basado en la metáfora ordenadora moderna e iluminista del mundo natural y social, Quirós plantea un catecismo secular fundante de una segunda naturaleza bondadosa, moralmente recta, valiosa, no cosificante, que vuelva a inscribir a la sociedad en un orden natural no desocultado por las ciencias a las que consideraba parciales sino por una eugenesia positiva integral.
Es por esta reinscripción en lo natural que se da el empleo de metáforas biológicas darwinianas y lamarkianas desde una visión sesgada de la evolución para alcanzar la verdadera naturaleza humana gracias a la eugenesia integral. Puede constatarse que con el correr de los años esas metáforas irán quedando en el olvido y se convertirán en residuos o fósiles en su obra, dando paso a un discurso que se eleva hacia las vaporosas nubes de las ideas, la humanogogía.
Lo natural es equiparado en el discurso eugenista quirosiano a lo bueno, lo positivo y lo normal; lo artificial, la segunda naturaleza obra del hombre socializado, con lo anormal, lo anómico, “cosista”, degradado, negativo y condenable. Esta invocación a categorías como “cosa” o “cosista”, que dan cuenta de una oposición con lo no vital o natural, es ideal para dar sentido a un discurso liberal reformista, que pone al individuo sobre el Estado, y al mismo tiempo, un discurso conservador que procura recuperar los valores tradicionales, pero sin efectuar rupturas revolucionarias.
La cara liberal y progresista del discurso quirosiano propio de “La degradación cosista del Hombre”, publicada en 1957, durante el primer año de funcionamiento de la UMSA, donde el legista dirigía la Licenciatura en Eugenesia Integral, muestra respeto por los derechos humanos, por las libertades individuales, por la democracia, la no discriminación del diferente, el rescate del aborigen y el pluralismo; su cara conservadora, una moral paleolítica. En el texto una categoría hegemoniza el discurso: eugenismo integral. Allí se define la eugenesia integral como la ciencia.

que enseña a conocer y preservar la raíz de la vida (herencia), los desarrollos físicos, mentales y espirituales en el proceso vital, evolutivo del hombre y la mujer y el cultivo orgánico (humanista) de sus facultades innatas, considerando la pareja cósmica como célula moral, sexual y social. (Quirós 1957: 13)

Se trata de un enfoque eugenésico anclado en lo individual que según expresa el mismo Bernaldo de Quirós:

rechaza la aplicación de todo método negativo, toda medida coercitiva para reducir la capacidad reproductiva de los disgénicos y antisociales, como la esterilización, el aborto, la reclusión, o las restricciones matrimoniales, porque pueden obtenerse mejores resultados por los procedimientos positivos de prevención, terapéutica y profilaxis integral; niega, asimismo, toda filiación eugénica a los métodos eutanásicos, y se opone a cualquier clase de choque con los sentimientos de libertad, de religión, o que perjudique a la Nación, a la Paz y a la Humanidad.  (Quirós 1957: 36)

Así, la coerción da lugar a una selección que se lleva a cabo desde la decisión individual y gracias a todo una paidología eugenésica que apuesta a la toma de consciencia de las limitaciones y la responsabilidad social de los individuos. El cuerpo como objeto de indagación o de intervención queda, cuanto menos, limitado a un residuo que el individuo debe cargar, lo importante es su mente. Hacia la década del 70, Quirós publica su La Humanogogía (Principio Cósmico y Humano del Ser del Hombre). Allí, va a sostener que “el neologismo humanogógico significa accionar éticamente, rever vivientemente y a fondo nuestra interioridad profunda”. (Quirós 1970: 13)
En rigor, lo que tenemos en la obra de Bernaldo de Quirós, aún sin que él sea consciente de ello, es una lenta renuncia a las ciencias, en particular las que toman el cuerpo como objeto, un progresivo derrape hacia un cambalache de posicionamientos filosóficos ramplones, por cierto muy livianos, no sin un amplio margen para las incoherencias; diatribas mechadas con argumentos que rosan, y por cierto anticipan, el discurso new age. En concreto, considerar la humanogogía y en general el discurso eugenésico integral quirosiano como científico nos parece llevar las cosas demasiado lejos. Aún cuando sea cierto que éste pretende legitimarse todo el tiempo como tal.
Aún así, hay una interesante historia de imbricaciones, nexos, flirteos y desatinos que rosan todo el tiempo a las ciencias, a los modos autóctonos de producir conocimiento y a la forma en que dichos relatos aspiran a posicionarse políticamente para influir sobre los modos de control social.
En manos de Bernaldo de Quirós, la eugenesia deriva hacia un discurso delirante con escasas posibilidades de ser anclado en prácticas concretas entre otras cuestiones, básicamente porque Quirós diluye el cuerpo. Por eso y porque el legista se oponía firmemente a las prácticas enarboladas desde la biotipología, mucho menos tenemos en su propuesta un punto de apoyo que active la posibilidad de influir en la reproducción diferenciada de la población mediante tecnologías sociales aplicables en el terreno de las ciencias biomédicas.
El legado quirosiano que recoge el Colegio de Eugenistas y Humanólogos de Buenos Aires en la década del 80, la más joven de las instituciones eugenésicas argentinas, es un legado estéril. Su posicionamiento en relación a la problemática eugenésica culmina siendo una expresión de buenos deseos matizada con la nostalgia de un pasado que nunca volverá.
Quiros termina borrando el cuerpo y haciendo de la eugenesia un catesismo pseudo-humanista, sus discípulos de los 80, directamente ni asumen que haya una problemática en relación a los cuerpos o que deba operarse sobre ellos, haciendo de la eugenesia una simple cuestión de principios, cultura y buena educación.
Como otros adherentes al discurso eugenista (Alfredo Palacios por citar sólo a uno de sus más caros amigos), Bernaldo de Quirós se había acercado a la AABEMS en los años treinta, acordando en algunos puntos esenciales con el resto de sus integrantes y tentado por promover desde allí, la eugenesia tal como él mismo la concebía. La institución que por cierto aglutinaba visiones contrapuestas, servía de base institucional otorgando densidad a los discursos. En una entrevista realizada en Buenos Aires el 23 de noviembre de 2010, el Lic. Rafael Álvaro Puig, ex alumno y adjunto de cátedra de Carlos Bernaldo de Quirós, egresado de la carrera de Eugenesia y Humanismo Integral de la Universidad del Museo Social, heredero de la biblioteca y las epístolas del maestro y Presidente del Colegio de Eugenistas Humanólogos desde 1985, sostiene que Bernaldo de Quirós no dejaba de hacer explicitas sus diferencias con Rossi en sus clases y conferencias. No compartía la mirada del biotipólogo en lo que hace a ciertos núcleos centrales de la investigación eugenésica ni estaba de acuerdo en cuanto al modo de llevar a cabo el programa eugenésico; aunque sí adhería a los lineamientos generales de la AABEMS, reconociendo los aportes de la biotipología sólo como herramienta de diagnóstico para el tratamiento de enfermedades (como por ejemplo, la tuberculosis) o para pautar medidas sanitaristas y de cuidado de la población. Quirós argumentaba que la biotipología, como otras ciencias humanas, “ocultan la esencia del hombre más de lo que la iluminan”, con su exacerbación del funcionamiento constitucional y su determinismo impiden todo accionar desde el ambiente y por eso no pueden compararse con su eugenesia integral y su humanogogía capaces de “hacernos conocer, comprender y realizar el universo humano en todos sus aspectos, relaciones y fines”. (Quirós, 1970: 65)
Su posición se alejaba de la mirada de Rossi, muy ligada a la aplicación radical de tecnologías asociadas con prácticas de eugenesia. Por otra parte, su liberalismo político (aunque matizado con ciertas dosis de conservadurismo) chocaba con la simpatía por el totalitarismo que era propia del biotipólogo. Estas diferencias terminaron por ser cruciales a la hora de decidir su permanencia en la AABEMS.
Lo cierto es que con el correr de los años Quirós fue tomando distancia del discurso médico constitucional considerando al cuerpo sólo como un instrumento para la buena reproducción y ahondando en una suerte de catecismo secular, una paidología eugenésica que apuesta a la toma de consciencia de las limitaciones en cada caso y la responsabilidad social. Al contrario de las ciencias que “actúan ‘sin alma’ y en razón de sus particulares problemas, es decir, alienan o desvían, en vez de humanizar lo humano, de servir lo humanogógico”, Quirós propone poner su conocimiento “al servicio del hombre y del humanismo eugenésico integral (psico pedagógico y social), del verdadero ser “el ser interior”. (Quirós, 1970: 15)[11]
Desde la perspectiva quirosiana, de lo que se trata es de educar y cultivar la mente, recuperar el “ser esencial del hombre”. Para lograr su “desarrollo armónico” debe “preparar auténticamente su ser interior, que sirve de paradigma a los demás” y “para ello tiene potenciales maravillosos y un alma pensante”. (Quirós, 1970: 13) En pocas palabras, atender la mente prioritariamente antes que cuerpo.
Una nota característica de esta suerte de cruzada por la responsabilidad eugénica propia de la eugenesia quirosiana también presente en sus discípulos es pues, su olvido del cuerpo deseante, del cuerpo carnal concupiscente, y su desplazamiento al puro pensar. Desplazamiento que el mismo intelectual vive en carne propia y deja impregnado todo su discurso.

Conclusión

A lo largo de nuestro recorrido hemos podido transitar parte de la historia de la eugenesia argentina y su imbricación con la biotipología y la psicotecnia para ubicarla como una de las formas más complejas de determinismo biológico. Así también, hemos mencionado sus pretensiones de consolidarse como alternativa para el progreso de la especie, vía la universalización de ciertas políticas nutridas de un conjunto de saberes, capaces de delinear estrategias para el ordenamiento de la sociedad por medio de la prescripción de roles a partir de ciertas aptitudes, características psicológicas y perfiles morales determinados biológicamente. Los cuerpos desde esta perspectiva debían ser tomados como objeto de estudio para su tipificación para ser anclados a un rol funcional a las demandas propias de la economía capitalista en su etapa industrial. Constatamos luego, cómo la eugenesia deviene en una suerte de catecismo secular de la mano de Bernaldo de Quirós que diluye el cuerpo y aspira a la buena eugenie. Pudimos observar en consecuencia, cómo la historia del movimiento eugenésico argentino contiene en su desarrollo una ruptura clara en relación a la forma de concebir el cuerpo.
En efecto, más que un continuo, una suerte de complot totalitario que se teje a lo largo del siglo XX (tal como sugiere gran parte de la historiografía autóctona sobre la materia), puede afirmarse que lo que tenemos es una intrincada lucha de posicionamientos, acoples y desacoples, rupturas y acuerdos teóricos básicos, siempre matizados por el deseo de imponer ciertas miradas y hegemonizar el campo que, en gran medida, esclerosaron y neutralizaron las fuerzas llevando al fracaso de las propuestas. Las representaciones y supuestos sobre el cuerpo atestiguan tal ruptura y permiten dar cuenta de la dinámica de desplazamientos inherentes al propio desenvolvimiento de las prácticas.
A partir de lo expuesto, puede afirmarse entonces que más que un saber monolítico (la eugenesia o la medicina puesta al servicio de la naturalización de las relaciones sociales) lo que encontramos es una multiplicidad de disciplinas en pugna por el poder. Así la pérdida de fuerzas junto con las resistencias externas ha dado lugar al cuestionamiento de una visión tan optimista en relación a los efectos constructivistas del lenguaje, el avasallamiento de las disciplinas del cuerpo y el poder coactivo de las instituciones eugenésicas.
Entonces, cada vez nos aferramos más a la idea de que el lenguaje no fabrica el cuerpo sino que es el cuerpo quien aporta metáforas para la construcción o modelaje del lenguaje y las estructuras racionales que utilizamos para comprender el mundo. Estas metáforas pueden variar de disciplina en disciplina articulando diferentes presupuestos ontológicos y epistemológicos. Y como sostiene Ortega, los dispositivos y saberes no modelan los cuerpos sin antes ser modelados por individuos a partir de sus propios esquemas corporales siendo los invariantes (postura erecta y vertical, asimetría de los movimientos orientados hacia delante o atrás) y los esquemas corporales (fuerza, debilidad, control de procesos fisiológicos) fundamentales. En definitiva, hay cuerpos antes que disciplinas sobre los cuerpos. (Ortega, 2010)
Por otra parte, como afirmábamos, ese saber no se articula con el poder en forma monolítica y singular. Más que saber, y esto es muy visible si se toma el caso del programa eugenésico, lo que tenemos son saberes en plural en constante lucha y mutación en el tiempo. Saberes que pugnan por hegemonizar el campo y darle al programa el tinte y la forma de articulación con la práctica política que consideran más eficiente para concretar sus fines. En este sentido, si bien el saber puede instalarse como prescriptor de prácticas desde relaciones de poder, también las luchas internas pueden arbitrar rearticulaciones, neutralizaciones y efectos de retraimiento en los programas. A lo largo de la historia de la eugenesia en nuestro país se ve claramente que no hay un solo saber-poder sobre el cuerpo hay distintas epistemologías y ontologías y presupuestos imbricados en las disciplinas del cuerpo que, en la lucha por hegemonizar el campo, disipan las posibilidades de universalizar las prácticas y dan pie a la acción opositora de los cuerpos.

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[1] Se destacan (Palma, 2002), (Miranda & Vallejo, 2005), (Vallejo & Miranda, 2007), (Miranda & Vallejo, 2013) sólo por nombrar los desarrollos más destacados en Argentina. En las últimas décadas han aparecido también numerosos estudios sobre el movimiento eugenésico en distintos países. Véase, entre otros: (Álvarez Peláez, 1985, 1988, 1999); (Chorover, 1979); (Glick, Th., Puig-Samper, M. & Ruiz, R. edits. (2001); (Kevles, 1995); (Romeo Casabona edit., 1999); (Stepan, 1991) o (Suárez & López Guazo, 2005).
[2] El lector puede aproximarse a las tesis del intelectual francés yendo directamente a las fuentes consultado, por ejemplo, (Foucault, 2002; 2006; 2008 o 2009).
[3] La influencia de Foucault es muy fuerte en las teorías constructivistas propias de las tesis feministas y constituyen un muy buen ejemplo de lo que señalamos aquí. Se destacan, sobretodo, las reflexiones sobre el cuerpo realizadas por (Butler, 1990).
[4] Se siguen básicamente los aportes de (Husserl, 1952), (Merleau – Ponty, 1987), (Strauss, 1978), (Todes, 2001), (James, 1952) y (Dewey, 1989).
[5] Habría que rastrear más a fondo las reacciones de los pedagogos y alumnos presentes en las escuelas donde estas experiencias o “prueba piloto” tuvieron lugar. Los argumentos de Tobar García y Salotti junto con otros expresados por protagonistas de la época en forma oral actúan como indicios que nos permiten conjeturar que en la práctica fueron los alumnos desde su comprensión pre-reflexiva quienes se opusieron con sus cuerpos inquietos, poco permeables a ser sometidos a pruebas psicotécnicas que exigen un alto grado de precisión y demandan predisposición de parte del sujeto estudiado.
[6] Para ampliar el lector puede consultar (Gómez Di Vincenzo, 2013).
[7] Una descripción más extensa de las instituciones eugenésicas citadas puede encontrarse en (Vallejo & Miranda, 2005:145-192).
[8] Para más detalle el lector puede consultar (Gómez Di Vincenzo, 2013).
[9] La tensión entre posiciones ambientalistas y hereditaristas, posiciones intermedias más o menos reaccionarias atraviesan toda la historia del movimiento eugenésico. Para un abordaje más pormenorizado, el lector puede consultar Gómez Di Vincenzo (2013).
[10] Ver Gómez Di Vincenzo (2013).
[11] Cursivas en el original.


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