La Persistencia de la Memoria

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Salvador Dalí

miércoles, 1 de junio de 2016

Apuntes introductorios a la discusión sobre el estatus de las ciencias sociales en el S. XX


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Por José A. Gómez Di Vincenzo

Introducción

El presente apunte tiene como propósito presentar al lector los tópicos y aspectos relevantes abordados en los debates llevados a cabo durante el siglo pasado en torno al estatus, las condiciones de posibilidad, la legitimidad del conocimiento de lo social; en otros términos, qué condiciones deberían darse para que una forma de teorizar sobre los fenómenos sociales pueda ser considerado ciencia, si hay o no ciencias sociales y cuál es el alcance de ese conocimiento.

En un primer apartado, resumiré (retomando el tránsito histórico), el derrotero de las principales tradiciones a modo de cuadro o mapeo con la sola intención de que el lector pueda apropiarse del escenario a través de ciertos puntos cardinales. Luego, plantearé las que entiendo constituyen las principales tensiones presentes a lo largo de todos los debates. Finalmente, retomaré la modalidad de esquema para presentar nuevamente un cuadro de situación.

El lector debe tener siempre presente que dichas discusiones nacen en el contexto de una reflexión signada por un quiebre, por la necesidad de emprender un camino que marque una distinción para dar estatus específico a las ciencias sociales y diferenciarlas de las naturales.

En efecto, desde su nacimiento, las denominadas ciencias sociales vienen trayendo como lastre la marca de las ciencias naturales, sus métodos y procedimientos como garantes de cientificidad. Era bajo el supuesto de la reproducción de dichas prácticas que las ciencias sociales podrían asegurar el rigor científico de sus explicaciones. Precisamente, de lo que se trataba era de explicar el fenómeno social del mismo modo que las ciencias naturales daban cuenta de los fenómenos de la naturaleza. Método, procedimientos de justificación, estructuras racionales, todo debía importarse de un  espacio al otro sin más. ¡Y cómo podría haber sido de otra manera? Las ciencias naturales habían demostrado poder llevar a la humanidad a logros impensados gracias a los aportes teóricos que permitieron la revolución industrial, el acceso a conocimientos que permitían realizar transformaciones extraordinarias en el mundo.

Fue este el supuesto que dominó la escena a lo largo buena parte del siglo XX. La concepción estándar naturalista, o concepción heredada en términos del filósofo de la ciencia Hilary Putman (n. 1926), representada por el empirismo lógico y racionalismo crítico dominaron la escena imponiendo sus cánones metodológicos y estatutos formales como modelos más acabados  y potentes para acceder científicamente a la realidad.

Así como dentro de la tradición anglosajona, la década del 60 enmarcó una ruptura con el surgimiento de muchos miembros de la corriente y un retomar y poner en la mira todo una serie de debates que venían dándose desde la década del 20 profundizándolos y ampliándolos desde las denominadas epistemologías naturalizadas, en lo que hace a la reflexión sobre la cientificidad de las teorías sociales, también aquí tenemos una reacción comprensivista opuesta a la concepción heredada que al concentrarse en los ejes o núcleos centrales de los problemas logró desplazar a la concepción estándar de su posición hegemónica.

En efecto, a partir de entonces, las denominadas filosofías comprensivistas y  otras miradas han reclamado un lugar fundamental no sólo en la reflexión sino también a la hora de aportar métodos o técnicas para la construcción de un conocimiento legítimo de lo social.

Se da entonces un desplazamiento desde la explicación a la comprensión. La comprensión de los significados de las acciones ya postulada por Max Weber (1864 – 1920) en el siglo XIX es retomada y profundizada gracias al aporte de la corriente fenomenológica, el pragmatismo, de la obra de Martin Heidegger (1889 – 1976) pero también del denominado segundo Wittgenstein (1889- 1951). Trabajos como los de Alfred Schütz (1899 – 1959), Winch (1926 – 1997), Peter Berger (n. 1929) y Thomas Luckman (n. 1927) abrieron todo un nuevo panorama en la filosofía de las ciencias sociales.

Las tensiones y la oposición naturalismo- reacción antinaturalista

a) Continuidad-ruptura (onto-metodológica); monismo-dualismo metodológico; reduccionismo o emergentismo: En líneas generales, y tal como habíamos señalado, desde la génesis de los estudios sociales, el principal desafío a sortear es el de establecer si hay continuidad o ruptura en la relación entre las ciencias naturales y sociales. Esto implica antes que nada, pensar si hay forma de establecer continuidades entre lo natural y lo social desde el punto de vista ontológico. Dicho en otros términos, si determinados niveles de organización del mundo pueden presuponer la organización de niveles inferiores. Luego, si esto es así entonces es posible fijar una reducción. El punto de vista reduccionista supone que los fenómenos, procesos o sucesos sociales pueden explicarse en términos de niveles más inferiores de la organización del mundo yendo a buscar estos elementos en la naturaleza física o biológica. En este sentido, el todo social sería igual a la suma de sus partes individuales.

Si hay continuidad, entonces nada hay de específico en las ciencias sociales, ni objeto, ni método. Adoptar una postura continuista nos lleva además de asumir un posicionamiento reduccionista tanto en el sentido ontológico también al monismo metodológico. Si vamos por la vía rupturista sostendremos que la realidad social es distinta de la natural, que es valorativa, simbólica, lingüística, histórica, que el todo es más que la suma de las partes (emergentismo) y que por lo tanto ella debe abordarse desde metodologías de investigación diferentes a las empleadas por las ciencias naturales. Para la posición emergentista cada nivel de organización del mundo introduce verdaderas novedades, particularidades que hacen imposible la reducción. El ejemplo clásico es el de la molécula de agua cuyos componentes (hidrógeno y oxígeno) tienen la cualidad de avivar el fuego mientras la molécula en su conjunto lo apaga.

Desde la posición naturalista se pensaba que la ciencia moderna debía construir conocimientos para explicar la realidad yendo por un camino metodológico claramente delimitado. Desde esta perspectiva mientras más se apelara a la matematización de la realidad, a la cuantificación de los objetos científicos más asegurado estaría el estatus científico de los conocimientos obtenidos. La herencia moderna se traducía desde la mirada del empirismo clásico, del positivismo y en el siglo XX del empirismo lógico y el racionalismo crítica en la fijación de un método como garante de la construcción de conocimiento legítimamente científico.

En cuanto a los conocimientos de lo social, los fenómenos debían homologarse por la vía reductiva a los del mundo físico. Lo social debe ser abordado estableciendo hechos empíricos verificables y luego estableciendo las regularidades que permitan elaborar tanto explicaciones como predicciones. Las explicaciones consideradas científicas cumplen con la forma de leyes generales.

b: Objetivismo-subjetivismo; Universalismo-relativismo: con el recurso del método y el lenguaje transparente ligado a la matematización y axiomatización de las teorías la concepción naturalista ligada a la concepción heredada en epistemología anglosajona aseguraba la objetividad del conocimiento, su no contaminación de ideología, subjetivismo, psicologismo o historicismo.

En  la vereda opuesta, el comprensivismo y todas sus variantes consideran que la subjetividad o influencia del sujeto es fundamental en la construcción de conocimiento. Entonces, el sujeto no puede ubicarse aislado de los procesos de los cuales forma parte, no puede ver la realidad social como el científico natural observa sus objetos de estudio en el portaobjeto del microscopio o por la lente del telescopio.

El comprensivismo se aparta de la explicación nomológica de lo social. Apela a la comprensión de los significados o sentidos de la acción social. Más que explicar de lo que se trata es de comprender. Esto porque, como dijimos, entre lo natural y lo social hay una ruptura. El conocimiento de lo social surge como comprensión, como desocultamiento de significados, como una búsqueda por alcanzar la subjetividad, establecer una empatía con el sujeto social.
Está claro que desde una mirada naturalista todo esto tiene un intenso aroma a subjetivismo, relativismo y psicologismo. ¿Qué queda de objetividad en el conocimiento de lo social si ya no se trata de aislar fenómenos verificables empíricamente, de buscar leyes universales para conocer la norma? ¿No sería esto entender las ciencias sociales como una ética práctica o peor una mera especulación de carácter metafísico? Si esto es así la balanza se vuelca a la filosofía y ya no tenemos nada específicamente científico en el conocimiento de lo social.

Durante el siglo XX, las posturas comprensivistas buscarán escapar a esta crítica siendo clave la influencia del giro lingüístico[1] en este recorrido. Gracias a la influencia de la hermenéutica plantearán que de lo que se trata es de estudiar las condiciones de posibilidades históricas y lingüísticas a las que está sometida toda comprensión. Entonces del sujeto como clave en el comprensivismo clásico del siglo XIX pásanos al lenguaje como eje central.

Como quiera que sea, el comprensivismo en cualquiera de sus variantes asume que siempre habrá en la construcción de conocimiento científico influencia de los subjetivo, incluso en las ciencias naturales.

Mapeo de la cuestión

A la posición estándar de la concepción heredada de las  teorías en lo que se refiere a la reflexión sobre las ciencias sociales se opone entonces el comprensivismo en sus distintas versiones. La vertiente fenomenológica de Schütz retomada y profundizada por Berger y Luckmann en su clásico La construcción social de la realidad de 1966, matizada por el aporte del interaccionismo simbólico y el pragmatismo a la George Mead (1863 – 1931), que termina de fundamentar una de las formas de constructivismo social más hegemónica hoy día en las ciencias sociales; la corriente hermenéutica gadameriana que abreva en las aguas de la filosofía heideggeriana y la vertiente interpretativa de Peter Winch anclada en la obra de Ludwig Wittgenstein en sus Investigaciones Filosóficas de 1953 y trabajos posteriores. Habría que agregar la postura construccionista a la Keneth Gergen (n. 1935) y sus aportes en psicología social, la idea de que para comprender la experiencia debemos tener en cuenta las formas de interacción humana. Ellas son el núcleo inteligible que crean los artefactos sociales que promueven la comprensión que podemos tener cada uno de nosotros de nuestra propia experiencia en la comunidad. Todas estas posiciones se alojan en el “más acá” de la comprensión de los significados o intenciones de las acciones.

Existe todo una serie de trabajos inaugurados por las teorías críticas y la influencia del marxismo que renuevan críticamente, también en las décadas del 60 y 70, los enfoques acerca de la cientificidad y propósitos de las ciencias sociales. Los aportes de los pensadores de la Escuela de Frankfurt, Jürgen Habermas (n. 1929),  Anthony Giddens (n. 1938) y otros vienen a mostrar que más que de comprender de lo que se trata es de ir “más allá” de la interpretación de los significados o de lo que los sujetos hacen sino de explicar aquellos aspectos de los fenómenos que no están al alcance de la comprensión de los individuos enajenados. El objetivo de las ciencias sociales es proporcionar elementos que permitan transformar el mundo y la emancipación social. Por otra parte, hay considerar los aportes realizados a las ciencias sociales desde Francia por autores como Pierre Bourdie (1930 – 2002) que también influenciado por el marxismo elabora su constructivismo estructuralista y nos muestra que existen construcciones y fenómenos que escapan al control de los sujetos que los practican o llevan adelante y que contribuyen a la reproducción del statu quo.

Al mismo tiempo tenemos presentes en la actualidad diversos desafíos teóricos planteados ya desde fines del siglo pasado a partir de ciertas lecturas de la obra de Michell Foucault (1926 – 1984) al estilo de Judith Butler (n. 1956) y otros, y  lanzados desde diversos movimientos como el feminismo, la teoría queer[2] y el multiculturalismo a la posibilidad y legitimidad teórico-política de una forma de construcción de conocimiento universalista o totalizante. Aparecen así trabajos de carácter deconstructivo y desmistificador de toda clasificación social.

Bibliografìa consultada y sugerida:

Hempel, C., (2005), La explicación científica. Estudios sobre la filosofía de la ciencia. Barcelona: Paidós. (Capítulo 9. La función de las leyes generales de la historia)
Nagel, E., (2006), La estructura de la ciencia. Barcelona: Paidós. (Capítulo 13. Problemas metodológicos de las ciencias sociales)
Schütz, A., (1974) “Formación de conceptos y teorías en ciencias sociales”, en El problema de la realidad social. Buenos Aires: Amorrortu.
Weber, M., (1998), Economía y Sociedad. México D. F.: Fondo de Cultura Económica. (Conceptos sociológicos fundamentales: Concepto de la sociología y del "significado" en la acción social;  Fundamentos metodológicos; Concepto de la acción Social)
Winch, P., (1972), Ciencia social y Filosofía. Buenos Aires: Amorrortu. (Capítulo 1. Fundamentos Filosóficos)
Gadamer, H., (1984), Verdad y Método. Salamanca: Sígueme. (Capítulo 9. La historicidad de la comprensión como principio hermenéutico)
Giddens, A., (1998), La constitución de la sociedad. Buenos Aires: Amorrortu. (Bases para la teoría de la estructuración)






[1] El lenguaje como horizonte, locus de entendimiento del sentido, de los procesos histórico-sociales. La comprensión o interpretación de los sentidos se da por la vía del lenguaje. El lenguaje está en los documentos, en la tradición oral. Puede ser sometido a juicios y evaluaciones intersubjetivos.
[2] La teoría en rigor está conformada por un grupo de ideas acerca del género y las sexualidad de los seres humanos. Se sostiene que el género de las personas, las identidades sexuales o las orientaciones se dan como resultado de una construcción social que es ficticia o modélica. Por lo tanto no habría ni condicionamientos ni determinaciones esenciales o biológicas descriptos como formas de naturaleza humana que permitan definir las orientaciones o identidades sexuales. La teoría queer descarta de plano la clasificación de los individuos en categorías universales y fijas. Los roles son construcciones sociales. Todas las identidades sexuales son anómalas (queer) incluyendo la heterosexualidad.

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