La Persistencia de la Memoria

La Persistencia de la Memoria
Salvador Dalí

martes, 15 de diciembre de 2015

Silencio y hasta siempre

Por José Antonio Gómez Di Vincenzo

La Era del Globo Amarillento y la denominada Revolución del Amor marcan el comienzo de una nueva etapa en la política de estas pambas argentas. En Argentina se abre un nuevo ciclo político sesgado por una nueva alianza neoliberal neoconservadora. Pero que más que nunca antes se presenta vacía de contenido, con escasa densidad teórica.

No hay categorías de análisis en los discursos, puros espejismos. Se pasa de un tema a otro. Se surca la contrariedad sin ruborizarse. El actor Ronald Reagan queda lejos aún con toda su puesta en escena hollywoodense, ni que decir aquel caudillo de amplias y enormes patillas que bajaba de los llanos para presidir la argentina de los noventa.

A los ojos del público comprometido, políticamente formado, lo que deviene es un eslalon de burradas y lugares comunes, legitimaciones y pasadas por alto de las más ramplonas expresiones del sentido común dominante. El esfuerzo no consiste en la interpretación de la letra en los discursos. Todo se ha corrido de eje. Hay que mirar detrás de los bailecitos en el balcón histórico de la Casa Rosada, escuchar más allá de los chistontos en pleno acto protocolar; porque mientras, las acciones se apilan pasando por arriba todo lo que alguna vez se llamó república e instituciones. El desafío es hacer el esfuerzo por armar el rompecabezas que se troquela tras bambalinas. Pero cuando se comienza a transitar el camino de la interpretación es demasiado tarde para lágrimas.

Aunque sólo así pueda verse que todo es más de lo mismo remixado. Política conservadora en estado puro. Sólo que disfrazada de puro cambio. Cambio que nunca fue significado de progreso. Nunca designo por sí mismo un paso a un estado mejor de vida. No. Cambio por el cambio mismo. Ni me animo a utilizar una palabra tan cara al pensamiento del siglo pasado como mutación. Cambio que leyó el ciudadano común para su entorno como una salida, un escape a ese fantasma que nunca pudo dotar de densidad, el espectro K que vertían los canales de tv y diarios afines a los intereses de las corporaciones a las alcantarillas craneanas de los descerebrados y lobotomizados victimarios del poder mediático.

Las tramas de los poderes corporativos ya no enhebran en las lógicas que conocíamos. La modernidad tardía trajo consigo no tanto el fin de la historia sino un salto adelante en el modo de las clases dominantes por fundar la legitimación de su propuesta. En eso llevan años de ventaja metodológica. Siempre lograron hacer que el dominado adopte como propia la ideología de los dominantes. Y esa es siempre la misma historia en diferentes tonalidades pero con el mismo fin.
Lobotomizados en el siglo XXI, andamos más enajenados que nunca. Y todo lo que una vez pensamos que sería posible gracias a una educación contrahegemónica debe reconsiderarse. Desde la izquierda hablábamos de educar al proletariado como el pedagogo Sarmiento planteó alguna vez y desde otro lugar, educar al soberano. Pero mientras hacíamos un esfuerzo tremendo por traducir El Capital al lenguaje popular y llevar el Manifiesto Comunista a las fábricas, los culos y tetas mediáticos atraían más que nunca la atención de los proletarios fundidos de tanto doblarse la espalda en la fábrica. Cada vez menos lugar para la lógica de la lectura y la crítica. Cada vez más, para la distracción.

Y sí. El Ángel de Benjamin miraba la historia hecha pedazos. Hoy no queda lugar para mirar ninguna ruina. Ya no más ruinas. Ya no más miradas. Sólo deseo. El fluir de la corriente del deseo. Con los Rolling Stones buscábamos satisfacción y no la podíamos encontrar. Pero todavía allá por los sesenta del siglo pasado lo intentábamos. Y tal vez, aunque no todo el mundo era nuestro, queríamos cambiarlo. La búsqueda hoy es frenética, y es de una satisfacción del deseo de tener nunca todo sino partes yuxtapuestas, pedacitos de todo siempre incompletos e insatisfactorios. Consumir, sin satisfacción como meta. El registro de la satisfacción quedó reducido a una miríada sólo para producir mayor deseo de consumir.

En este orden, el pensamiento crítico queda cada vez más oculto. Y así como las cavernas resguardaron a los cavernícolas de las fieras y el frío, los libros en los sótanos nos brindan cobijo a aquellos que quedamos desfasados en el pensar en una sociedad donde cada vez se piensa menos.

Es por esto que nos llamamos al silencio. No un silencio como sinónimo de acallamiento. Silencio como espacio de reflexión, reconfiguración de la estrategia y la táctica. Silencio para pensar.

Este blog que nació en la época en la que florecía el pensar político nuevamente quiso ser un espacio de reflexión sobre ciencia y tecnología, quiso serlo para muchas cosas. Pero básicamente desde un presupuesto: que la reflexión en lo que sea tiene un fundamento político, y es para la transformación de lo dado. Quisimos hace de este terreno un lugar para sembrar aportes para discutir ideas sobre ciencia y tecnología y de allí elaborar una política sobre ciencia y tecnología para el hoy.

Pero ahora este blog se llama a la pausa y queda stand by. Para que se piense en silencio. Convocamos al silencio de los que saben hacer una pausa. El más atroz de los silencios. El que anticipa la hecatombe.

Hasta la victoria siempre.