La Persistencia de la Memoria

La Persistencia de la Memoria
Salvador Dalí

lunes, 30 de noviembre de 2015

Lobotomía y cambio



Por José Antonio Gómez Di Vincenzo

Martin Heidegger no vio, no llegó a ver el impacto de los medios de comunicación en la conformación de subjetividades. Pero habló del uno, del tipo interpretado, el tipo que piensa lo que otro piensa por él. Es ese que reproduce el runrún de los medios. Vos le preguntás qué opina sobre tal o cual cosa y te dice lo mismo que la radio, la tele o el clarinete o 678. Sí. Ojo que hay unos en todos lados, los hay de CAMBIEMOS pero también, tenemos nuestros unos progresistas acartonados, lo cual es todo un drama para quienes vamos por la justicia social y la consolidación de las políticas de ampliación de derecho.

Pero bueno, volvamos al uno. El que no piensa por él mismo sino que piensa otro en su lugar para que el reproduzca lo pensado. ¿Cómo es que ocurre esto? Hay varias formas de encarar el asunto. En la obra de Heidegger mismo podemos hallar respuestas. Otro gran pensador postuló la enajenación en que vivía el sujeto dada la forma que adquirían las relaciones de producción en el capitalismo, fue Marx. Otros como Nietzsche o Freud y más cerca Lacán, o los genios de la Escuela de Frankfurt estudiaron todas las cuestiones referidas al funcionamiento de la ideología. Pero como decíamos, ninguno llegó a ver que los medios de comunicación jugarían un rol tan hegemónico en su reproducción durante el siglo XXI. Ni siquiera el gran Althusser de la “Ideología y los aparatos ideológicos del Estado”. Y Mcluhan que rosó el tema con aquello del “medio es el mensaje” y vio que nuestras herramientas nos forman mientras nos ayudan a transformar nuestro mundo, nunca advirtió que nos convertiríamos en idiotas o zombies reproductores de mensajes que no entendemos (ni necesitamos comprender), que son de otros, que son funcionales a los intereses de otros.

Tal vez uno de los pensadores contemporáneos que más cerca esté dando en la tecla es Noam Chomsky. El crítico estadounidense postuló las diez principales estrategias mediáticas para la manipulación. El lector puede consultarlas en Gramscimanía, el blog amigo, clickeando enhttp://www.gramscimania.info.ve/…/noam-chomsky-y-las-10-est…. Crear problemas y ofrecer soluciones; pensarnos mejor de lo que nos pensamos a nosotros mismos; apelar a la emotividad; hablarnos como nenes de jardín de infantes; etc., son las formas de lograr entrarnos.

Sin embargo, hay una tesis común a casi todos estos intelectuales. Ellos creen que la salida consiste en el pensar, en reactivar la potencia de la reflexión. Y bueno, qué otra cosa podíamos esperar de tipos que se la pasan interpelando lo dado. El problema es evidente: ¿Cómo romper con la reproducción del sentido común siendo que los medios son tan potentes? ¿Cómo desarticular la lógica del discurso periodístico, fiel reproductor del sentido común más ramplón? ¿Desde dónde? ¿Es al estilo de una pedagogía, de una formación doctrinaria? ¿Es mediante formatos como el de 678[1]? ¿O por medio de las misas en las unidades básicas? Son preguntas que me carcomen habida cuenta de que tras más de una década de batalla cultural se ha entregado el país a la derecha más dura, se lo ha puesto en manos de la política virtual y marketinera, la de los espejitos de colores, sonrisas y globitos amarillos, de la que no propone nada desde la densidad.

Por estas pampas, se suele creer, desde una mirada bastante simplona y lineal, muy atada a formas clásicas de ver el mundo, propias del sentido común, que eso pasa porque los medios tienen cierto propiedad mágica, porque ellos son capaces de llenarte como si vos estuvieras vacío, porque manejan una economía en la que sustancias informativas se encajan en las mentes como si fuesen sacos a llenar. En filosofía hablamos de metafísica porque solemos tratar de ser precisos con el uso de los términos. Acá podemos dejar de lado todo ese formalismo y decir que esto responde a formas de ver y ordenar el mundo. Sustancias, esencias, cosas aisladas que se juntan con cosas, objetos que entran en otros que los acogen por todos lados. No vemos relaciones.

Quien esto escribe, no por genialidad propia sino por la enseñanza de muchos grandes maestros, duda. Cree que la cosa es mucho más compleja. Que los medios funcionan siguiendo otras lógicas. El problema es el tipo de relaciones que se establecen en un mundo como el que nos toca vivir. Los medios reproducen ciertas lógicas de relación que son funcionales al statu quo, lógicas que transitan en paralelo a las que establecemos en el día a día para reproducir nuestra subsistencia en esta fase del capitalismo, capitalismo tardío, postindustrial, modernidad líquida o como quiera que se llame. Ellos lo hacen por la guita, lo hacen así porque así les sale. Por supuesto, hay conspiradores también. Magnetto es uno, está claro. Pero su influjo no sería tal si no hubiera un estilo, un forma de entramar relaciones en las que las subjetividades se tornen permeables a un discurso del punto a punto, el nodo, el espacio informativo aislado, todo lo contrario a la lógica de un pensamiento que totaliza, que entabla relaciones complejas conceptualizando y entramando las categorías, desde una lógica en la que las cosas son en un punto tal como son dada una serie de relaciones con otras cosas que a su vez dependen de relaciones.

El pensar por uno mismo es difícil. No viene como un software en cajita, no se consigue en la góndola. Se aprende a pensar pensando. Nunca reproduciendo. Aquí está claro, coincido en que la herramienta para romper con la interpretación de los medios funcionales a las corporaciones es interpelar. Pero el problema es que eso no lo logra de un día para el otro cualquiera. Se requiere todo una política educativa que lleva años para lograr que la gente empiece a pensar por sí misma y diferentes estrategias contraculturales a las que se están utilizando. A mi modo de ver hay dos frentes con los que debe lidiar un programa transformador en este sentido:

- El primero, el de la lucha contra el discurso de los medios en sí mismo. Acá de nada sirve mostrar que Clarín miente, hay que mostrar cómo lo hace, desde dónde, por qué medios e para favorecer qué intereses. Al sujeto interpretado no hay otra información contradictoria a la que vierte el pasquín que lo convenza. El cree en el diario, punto. Es un dogma. Cree y san se acabó. No va por la lógica del reemplazo de una cosa por otra. El estilo de los 678 comenzó como un buen intento por poner en tela de juicio, por interpelar las lógicas e intereses del grupo Clarín o La Nación. Luego derivó en el más de lo mismo de la reificación, reproducción o simplificación del discurso oficial. Eso cae mal, está probado, suena soberbio, no le gusta al interpretado. Un grupete de genios iluminados, inteligencias a lo Cintia García, no logrará penetrar el dogma. Tampoco sirve que una runfla de intelectuales lúcidos venga a traer la luz del saber al lego. Eso también es molesto para la tilinguería por más pose de tipos comunes que adopten los universitarios.

- El segundo va más a largo plazo y se relaciona con las políticas y planes educativos. La educación que tenemos es más reproductiva, conformista, chata y lejana a la producción de pensamiento que la que teníamos en los acartonados años de la 1420 de Educación Común. El docente mismo reproduce lo que le dicen, está interpretado. Se trata de hacer como sí desde una ingenuidad tremenda en la que llenar papeles es más importante que el pensar.

El problema en todos los casos mencionados radica en que se sigue la lógica de la cosa, del objeto que en sí mismo sana, el saber como sanador, el conocimiento en sí como herramienta para el cambio. De nuevo, no es la cosa sino la relación que se establece con la cosa. No es el mensaje sino su modo de construcción, su gramática o lógica de articulación. No es la información sino el pensar.

Por supuesto, el lector puede acordarse ahora de todos mis antepasados, puede retrucar que me dediqué a criticar sin aportar nada. Todo bien, en gran medida tiene razón. Pero bueno, dos cosas a mi favor:

- Uno. El pensar ordena, distingue, plantea problemas para luego, buscar soluciones. Empecé por esta parte, por los primeros esbozos de problemas en esta etapa inicial del cambio.

- Dos. No hay espacio para largarse a formular soluciones que en rigor, ni siquiera se me ocurren por el momento.

Volviendo al sentido común y su reproducción de los modos de ver el mundo clásicos. Ahí, lo bello siempre es bueno, lo blanco es hermoso y es virtuoso. En la tele es más probable que un rubio se destaque por bello que por su inteligencia. Será por eso que no abundan en los programas donde se dice que se piensa conductores gordos y feos. Los lindos de la tele casi siempre van bien linealmente a los temas. Son los que instalan que los medios no pueden ser capaces de tanto, que el kirchnerismo les atribuyó demasiado poder y miles de etc. La gente compra y cree. Los interpretados danzan su tonada. Pero si raspamos un poco, algo es común en estos discursos como en aquellos otros que se plantan desde el plan contracultural nac y pop. En todos lados se trata de creer. Lo único que te queda es la fe y la confianza.

No seamos ingénuos, la chatura viene por los dos lados. Creencia, fe, confianza, esperanza. Cosas tan intangibles como las almas bellas de los dioses blancos de la tv o la prístina gracia de los intelectuales de carta abierta. ¿No será hora de desempolvar aquellos ideales de los viejos revolucionarios del siglo XVIII o XIX, aquellos que creían que la razón era la herramienta para romper con la opresión y la ignominia? Peligroso. ¿No habrá que correr ese riesgo? ¿No será preferible un pueblo de revolucionarios a uno de chatos reproductores lobotomizados del pensamiento de derecha?

Lanzada esta la piedra. Nunca me propuse cerrar. Queda abierta la discusión y el debate. Que se piense.



[1] 678 es un programa de televisión que se emite por canal 7, la tv pública del Estado. Se presenta como  un espacio de reflexión periodística sobre el modo en que los medios representan la realidad. Informes especiales con material de archivo, invitados y debates que ofrecen una mirada diferente sobre la política, la economía y la sociedad. Así funcionó en la primera etapa. Luego la coyuntura fue cambiando y el programa derivó, a mi entender, en una sobredeterminación de ciertos discursos y en la reproducción del relato oficial sin que medie autocrítica.

viernes, 13 de noviembre de 2015

La libertad en el rizoma y el voto CAMBIEMOS

La libertad en el rizoma y el voto CAMBIEMOS
Por José Antonio Gómez Di Vincenzo

Nota: este blog abandona por el momento la temática que frecuenta para dedicar esta entrada a la coyuntura política. El trance lo requiere. 

Todo parece indicar el tendremos un 23N bien calentito. Febo asomaría con toda su fuerza calentando la atmósfera hasta superar casi seguro los treinta y pico del termómetro, si es que no llueve. Al menos eso aseguran las presentables pitonisas del clima, esos que a diferencia de los zodiacales pronosticadores, aparecen en destacados espacios de diarios e internet o bajo las luces del escenario mediático y no ocultos al final del pasquín, en las sombras.
Mientras, amigos y colegas despachan opiniones de lo más altisonantes acerca de cómo encarar el análisis del evento que tendrá lugar el domingo de balotaje. Para algunos académicos cercanos a este escriba ni vale la pena calentarse, tras el 22N no pasaría nada, gane quien gane, se viene otra vuelta de tuerca política funcional a la burguesía, más capitalismo. No habría que darle importancia a la cosa pues ganarán los que siempre ganan en la Argentina: los burgueses. O los que antes tenían posibilidad de acudir a la corporación militar para cambiar de gobierno y enderezar la política económica hacia andariveles más acordes con sus intereses de clase que ahora tienen un Durán Barba y un PRO más domesticados pero no menos virulentos; o los que vienen manejando la administración que desde la óptica de estos amigos son lo mismo con matices. Para otros, se trata de evento vital en el que se juega todo un combo de cambios profundos expuestos con más o menos fundamento. Así, individuos frustrados de diverso pelaje, enardecidos por el odio, alterados ingenuos, arriados por un pequeño grupo de cipayos y operadores de la corporación mediático-económica, definirán las cosas hundiendo al kirchnerismo definitivamente sin darse cuenta que al hacerlo se estarían cavando su propia tumba.
Distante de todas las múltiples posiciones analíticas, este escriba ahora prefiere elucubrar nuevas conjeturas y aportar elementos para el estudio del evento, yendo por el lado de la comprensión de cómo operan en la reproducción de ciertas prácticas las representaciones y las acciones llevadas a cabo en el contexto de un mundo que va perdiendo densidad. Un mundo etéreo, virtual, que fluye hacia ninguna parte, que se difumina como el rizoma, aleatoriamente, sin un sentido determinado o determinable. Un mundo nuevo con el que deben convivir quienes todavía están insertos en el denso espacio de la praxis, en el que hay metas, jerarquías, procesos objetivos, intersubjetividad, significados comunes y compromisos asumidos.
Me interesa pensar cómo es que la convocatoria al voto CAMBIEMOS tiene un éxito posible, cómo logra un piso, cierta sustentación aportada por un colectivo de individuos. En particular, como se lo consigue simplemente apelando al marketing, sin mencionar una sola propuesta ni ningún fundamento política para llevarla a cabo, que la gente cambie. Más allá de las conspiraciones (que las hay, las hay) me preocupa más entender por qué hay gente en cuya subjetividad prende la semilla del cambio, así sin que medie reflexión alguna, por el solo hecho de que algunos tocan la tonada que los penetra, esa que cual interpretara el flautista de Hamelin, los lleva como marchosos a las boletas macristas. Varias hipótesis.
La más contundente, creo, es que esto pasa porque no hay partido que de forma política densa y metadiscursiva a lo que se plantea desde lo múltiple y porque además eso no importa. O porque ese partido ya no es político sino virtual y reproduce las lógicas del periodismo mediático, donde cada cosa es efímera, donde todo fluye y deviene, mientras lo denso se oculta tras el telón y se corporiza en el intento del grupo económico por incrementar al infinito las ganancias. Y porque todo es propio de un mundo en el que la dialéctica producción, acumulación, intercambio y consumo promueve la construcción de subjetividades líquidas, frágiles, livianas, poco propensas al análisis y la síntesis formal, imposibilitadas por ver la totalidad.
Hay algo interesante que puede plantearse también como tesis o punto de partida para el pensar. A diferencia de los posicionamiento políticos y sociales clásicos, en las que un colectivo de sujetos con padecimientos o intereses particulares se une tras objetivar la síntesis de las causas de sus pesares, entendiendo que todos responden a una lógica, a un proceso, a una política x y clama por el reemplazo de dicho modelo por algo distinto, siendo lo que hace que lo particular confluya en una cosa, en un colectivo, algo concreto, denso, objetivo y siendo lo nuevo también algo denso, concreto y objetivo; a deferencia de todo eso, decía, la campaña CAMBIEMOS para el 22N se agota en las particularidades, siendo lo que aglutina esa multiplicidad de particularismos, por un lado, un espejismo, una fantasmagoría, por el otro. El espejismo que consiste en creer que hay dictadura K allí donde hay un gobierno dramáticamente consolidado. La fantasmagoría de una dictadura eterna que ya no es posible porque precisamente quien debe reproducirse en el poder se va o es un fantasma. La fantasmagoría, también, del fantasma en la máquina, la presencia metafísica que da sentido a todos los cuerpos confluyendo maquinalmente en la protesta del voto bronca, voto castigo como un ritual sin saber que detrás de escena hay un genio maligno a quien son funcionales. Marcha de la bronca hacia las urnas que, como dijo la señora cacerola en mano hace unos años ante la interpelación del por qué, “y no sé por qué más…” dando cuenta de una adición infinita de motivos sin nada que los ancle, sin análisis de causas. Todo pre digerido, todo interpretado.
Dos mundos, planteaba más arriba, tal vez más si se ponderan las mediaciones. Uno en el que la libertad se traduce en el consumo compulsivo de objetos cada vez menos densos, que o bien se difuminan en lo virtual o bien se descartan en poco tiempo, perdiéndose en una dimensión donde ya no hay un valor de uso fuertemente anclado en la necesidad de la experiencia concreta cruzado por la densidad de lo humano experiencial. Libertad liviana, libertad sin compromisos, sin saberse miembro de una sociedad, sin responsabilidad social. Nada queda, por citar un ejemplo, de aquellos viejos juguetes, esos que costaba conseguir sangre sudor y lágrimas, esos latosos, duros, pesados que duraban. Todos los chiches nuevos vuelan por el aire como histéricos para hacerse añicos, para no durar, por más que los fanáticos de Toy Story clamemos por otra visión del juego y de los juguetes.
Mientras sumergidos en ese mundo débil, los danzantes bailan al ritmo del marketing, poco más de 150 compañías monopolizan el mercado mundial. La irracionalidad del capitalismo desentona con una lógica cada vez más férrea, esa que posibilita el ajuste entre la producción estúpida y el consumo bobo, esa que encuentra la forma de reajustar la relación dialéctica de las categorías para su propia reproducción, para el incremento de la ganancia a costa de lo que sea. Y tras bambalinas, la presencia del fantasma, paradójicamente densa, penetrante, tramando ardides y articulando las prácticas de las marionetas. Hegemonía e ideología son sus herramientas.
Y el resultado, cada vez menos vínculos humanos en un mundo hipervinculado. Nadie es capaz de ver que detrás del celular que se compró hay centenares de personas involucradas en un proceso de producción al que fueron a poner su cuerpo, su dignidad, porque no les quedaba otra. En el ritual consumista, el comprador cree que logró alcanzar una meta, por cierto efímera, gracias a su mérito personalismo, individual.
El consumidor medio no ve a nadie, solo un vendedor que está allí para brindarle un servicio. No ve fábricas, no ve sufrimiento, no ve una naturaleza arrasada, no ve un cuerpo sufriente en una línea de montaje cada vez menos densa. Y no sólo la línea de montaje va deshumanizándose y deshumanizando en varios sentidos (deshumaniza al obrero convirtiéndolo en una máquina, se deshumaniza en tanto cada vez son menos los hombres que la operan y más los autómatas mecánicos, deshumaniza sus sentidos pues está allí por arte de magia), la naturaleza va desnaturalizándose también, objetivándose, convirtiéndose en algo que está allí, por fuera de los hombres, algo a la mano, una fuente de recursos a arrasar.
El otro se volatiliza como los sentidos se difuminan en la red. Correr de un local al otro del shopping porque tañe una campana que oferta las rebajas en artículos de los más variados. No importa planificar la compra. Interesa estar en el no lugar y consumir. Consumir es existir. Para los menos inquietos, la compra on line. Todo a la mano a pesar de la virtualidad. El mercado mismo se disuelve. Ya no hay góndolas, no hay clasificación, no hay jerarquías de bienes ni consumos. Ya no hay un almacenero a quién contarle una historia tomando un trago mientras se sigue la lista de compras, están en vías de extinción. Ventanas virtuales que se abren y cierran a gran velocidad, en un devenir hacia ninguna parte, ancladas solo en la lógica del consumo, vienen a dar sentido a un nuevo tiempo que se yuxtapone al otro tiempo, el del ciclo vital.
Y en medio de la lógica consumista, esa sensación de fluir eterno que se impregna en las prácticas cotidianas del ser enchufado a la información carente de jerarquización, clasificación va penetrando la política. La risotada heraclítea resuena desde el más allá mientras todo fluye. No hay lugar para la síntesis formal ni para una visión totalizadora. El fluir es fluir de cuadros sin película. Y en ese devenir se privilegia el impulso por sobre la razón, el cuerpo deseante antes que el cuerpo que padece, el cuerpo listo para ser penetrado por la cosa antes que el que transforma la cosa.
Enajenados, los consumidores aturdidos se expresan en la particularidad citando un rosario de problemas, todos “mi problema”. Su mi es el posesivo más intrascendente que puede existir a la vez que es el más anclado a un punto. Y si bien muchos mi son parecidos, muchos tienen que ver con temas como la imposibilidad de compara dólares o el problema de la seguridad, ninguno logra ir más allá de sus propias narices. Mi consumo negado, mi consumo de protesta, mi problema. Un vos surge como interpelador radial emanando desde un centro, el ámbito desde donde se convoca. Y muchos mi se encuentran en ese vos que jamás logrará ser un nosotros, pero que tiene muy fuertemente construido el otros, los negros, los infames seguidores de K, los vagos que viven del plan, etc.
El culto del yo, el culto del mí, yo y mi mérito todopoderoso; yo y mi libertad para hacer lo que quiero negada por una banda de otros que quieren imponer algo avasallante por sobre mi yo, el bien común, la cosa pública, el bienestar general, el Estado.
El 22N será interesante porque representará la exacerbación de un modo de expresión ahora novedoso. Como sea, gane quien gane, resulta interesante pensar como se conforma el colectivo de la bronca y el cambio, como se nutre de subjetividades que se agregan a los golpistas de siempre, gente caliente por cuestiones particulares que da cuerpo a la movida, muchos que no saben por qué.

Tal vez sea otra muestra del más de lo mismo a que nos tiene acostumbrados la lógica de la clase media y su alianza con la dominante cuando la distinción peligra. Tal vez a eso debamos agregar algo distinto. Esto sólo pretendía ser una provocación para la reflexión. Y por ahora es eso y nada más.

domingo, 1 de noviembre de 2015

Apuntes introductorios a la lectura de Los Presupuestos metafísicos de la ciencia moderna de Edwin Burtt: el otro Isaac.


Isaac Barrow.jpg

Por José Antonio Gómez Di Vincenzo

Isaac Barrow (1630 – 1677) no es, al menos para la vulgata, la estrella más rutilante en el cosmos académico del siglo XVII. Es el otro Isaac, el olvidado en los manuales escolares, en las revistas de divulgación o de historia de la ciencia. Sin embargo, es seguro que puesto a lado de cualquiera de los grandes pensadores de todas las épocas su figura no tiene nada que envidiarle al promedio. Isaac Barrow es otro de los gigantes sobre cuyos hombros se paró Newton.
Barrow es otro de los exalumnos del Trinity College que con el tiempo cerró filas con el pensamiento moderno, lanzando por la borda todo el bagaje escolástico  medieval. Pasó por las aulas enseñando matemática, tanto en el Trinity como en el Gresham College. Tuvo como pupilo al Isaac famoso, quien se asegura es el único matemático inglés capaz de superarlo: Newton, claro.
Pero el tiempo pone todo en su lugar, al menos en aquellos ámbitos donde la historia de las ciencias no es la historia de unos pocos genios iluminados que dan en el clavo sino la de una comunidad de hombres inmersos en claros oscuros, debates, intercambios, tensiones y lastres.
Barrow, junto con otros como Henry More (1614 -  1687), influyó en el pensamiento metafísico de Newton. Sus trabajos en matemática, espacio y tiempo tienen profundas repercusiones en ese campo. En sus obras, Barrow se despacha con profundas teorizaciones sobre el método matemático, el tiempo y el espacio. 
El matemático inglés sostiene que el objeto de la ciencia es la cantidad considerada en las formas puras o combinadas. Una línea puede ser estudiada puramente desde la geometría o tomada como un distancia entre dos cuerpos materiales o como una trayectoria tal como lo hace la astronomía o la mecánica.
Isaac Barrow insiste que es un error considerar que el matemático trata con objetos ideales opuestos a los sensibles, mantiene una firmeza considerable que la ciencia se debe ocupar de las cosas, analizando los fenómenos a los que tilda de inteligibles. Lo es porque responde a una continuidad cuantitativa. Por eso la física es matemática.
La salsa moderna se cocina también en la hoya de Barrow. Matematización, análisis cuantitativo, condimentos fundamentales de la ciencia moderna. Al igual que sus contemporáneos ingleses, plantea que todo lo existente debe ser considerado como extenso.
El método matemático parte de la consideración de la disciplina como una forma de hacer aparecer en la mente ideas claras y distintas con nombres apropiados e invariables. La investigación parte del a priori para elaborar conclusiones verdaderas. Se trata de algunos axiomas irrefutables y familiares. Las hipótesis que deben surgir conforme a la razón también se establecen a priori.
Barrow enumera ocho razones específicas para afirmar la certeza de la geometría:

Claridad de conceptos
Definiciones inequívocas
La certidumbre intuitiva
La verdad universal de los axiomas
La posibilidad y facilidad con que se pueden imaginar postulados e hipótesis
Pequeño número de axiomas
Claridad en la generación de magnitudes
Orden sencillo de demostraciones
El hecho de que los matemáticos pasen por alto lo que no conocen prefiriendo reconocer la ignorancia a afirmar sin una buena base.

Los principios nacen de los objetos sensibles que son los llevan a la razón a enhebrar los objetos y demostraciones geométricas. La razón percibe estimulada por los sentidos que las figuras geométricas están allí, existen en el mundo. Son como la estatua que vive en el bloque amorfo de mármol. La matemática se fundamenta entonces a partir de la inducción. Su validez universal se basa en que sus principios han sido verificados permanentemente.
Según Barrow, se conoce lo que se expresa numéricamente en relación a una medida definida y conocida considerada como unidad. Sólo por los números pueden reducirse a cantidades de las cosas a medidas.
Las sustancias y esencias de la escolástica quedan atrás en el pensamiento de Barrow para dar pie a la reflexión sobre el espacio y el tiempo.  Sin embargo, su interés religioso se mantiene. Sostiene que toda demostración supone la existencia de dios.
Descartes, como es sabido, había tratado el asunto del espacio instalando un dualismo. Vio en el espacio una sustancia material y adjudicó al mundo inmaterial del pensamiento todo lo que podría tener tratamiento geométrico. Barrow, que era un teólogo, notó de entrada el peligro de este tipo de pensamiento y se avocó a saldar el dualismo que el francés había instalado. El espacio no podía ser independiente de la deidad.
El espacio y el tiempo en Barrow (también en More) se consideran como existentes reales y absolutos pero con un todo distinto al que le da Hobbes. El espacio y el tiempo así tomados son la omnipresencia y duración eternas de dios. Pero el matemático inglés se interesa por la ciencia positiva. Y desde este punto de vista considera que el espacio y el tiempo expresan simplemente potencialidad de magnitud y duración.
El espacio para Barrow no puede tener una existencia real independiente de dios. Por otro lado es contrario a las escrituras considerar a la materia como infinitamente extensa. El espacio es la superabundancia de la presencia y poder divinos. Dios puede crear mundos más allá de este, extender la materia más allá de él. No puede considerarse al espacio como existente real en sí mismo, él debe ser tomado como mera potencia pura y simple, una capacidad, posición o interposición de una magnitud.
Barrow se preguntaba si había habido tiempo antes de la creación y si este fluye más allá de los límites del mundo. Su respuesta no tarda en llegar y sintoniza con su idea de espacio. Argumenta que así como hubo espacio antes de la creación de este mundo, un espacio coexistente con dios, también el tiempo era y es más allá del mundo. Como antes del mundo había seres que podían existir continuamente, ángeles o dios mismo, ahora las cosas pueden existir más allá del mundo y gozar de permanencia. El tiempo no es una existencia real sino una capacidad.
En síntesis, coincidiendo con More, Barrow va a sostener que considerados como existencias reales y absolutas el espacio y el tiempo no son más que la omnipresencia y la duración eternas de dios. Pero al interesarse en la ciencia positiva, este filósofo no le atribuye existencia real en sí, sino expresan simplemente potencialidad de la magnitud y duración. Como sea, Barrow era religioso. Jamás olvidó que la existencia de dios trascendente  infinito y siempre vivo implicaba un espacio y un tiempo. Tanto como More, Barrow creía que el espacio y el tiempo no podían aparecer como independientes de la deidad.
Así como el espacio llegó a convertirse con los ingleses del siglo XVII en una sustancia infinita que existe por sí misma (salvo por su relación con dios) dejando de ser un accidente de las cosas o relativo a las magnitudes, el tiempo dejó de ser considerado como la medida del movimiento y paso a ser algo misterioso, que fluye eternamente con un curso matemático siempre igual. En esto los filósofos de la naturaleza ingleses fueron claros exponentes de la modernidad. El mundo de la naturaleza se despojaba de sustancias que tienen relaciones teleológicas y cualitativas y se transforma en el reino de los cuerpos que se mueven mecánicamente en el espacio y en el tiempo.