La Persistencia de la Memoria

La Persistencia de la Memoria
Salvador Dalí

domingo, 13 de septiembre de 2015

Apuntes introductorios a la lectura de Los Presupuestos metafísicos de la ciencia moderna de Edwin Burtt: la realidad en Galileo.



Por José Antonio Gómez Di Vincenzo

En la presente entrada nos despediremos de Galileo  analizando cómo hay en su obra un rediseño fundamental del modo de ver el mundo.

Hay que tener presente que en los científicos modernos tenemos una reconceptualización de la causalidad. Aun así, entre los exponentes de la Revolución Científica del S. XVI y el S. XVII existen diferentes matices. Galileo es un gigante sobre el cual se paran no sólo Newton sino también Descartes, Liebniz y demás.

En Kepler, por ejemplo, la causa de los efectos observados es la belleza matemática y la armonía del mundo. Se trata de una traducción particular de la causa formal escolástica.  Es conocida la crítica que Galileo formuló al astrónomo alemán cuando este explica la influencia de la Luna sobre las mareas apelando a cualidades ocultas. El italiano toma otro rumbo, tal vez un poco impulsado por la necesidad de dar respuesta a una serie de cuestiones que no formaban parte de la agenda del alemán.
En efecto, al estudiar el movimiento acelerado debe introducir la dinámica, no contentarse con el estudio de la cinemática. De aquí, la importancia del estudio de las fuerzas. Esto implica realizar un rodeo previo al estudio de las causas en términos de fuerzas operantes y pensar el lugar del hombre en la naturaleza, la diferencia entre cualidades primarias y secundarias y una noción científica de dios.

Nuevamente aparece aquí el tema de la diferencia entre la medieval explicación del porqué y la moderna búsqueda del cómo. Para aquellos la causalidad final iba de la mano de propósitos y utilidades, es decir, teleología y jerarquía teológica. El mundo creado por dios era útil para el hombre, el propósito de los hombres y sus actividades, religarse con dios. La causalidad final queda de lado en la óptica galileana, desplazada por la pregunta cómo.

Es clave tener presente esta cuestión. En el tránsito de Képler a Galileo hay un último desplazamiento fundamental: del porqué al cómo, cambio de la pregunta. El cómo del italiano iba de la mano de la consideración no jerárquica de la naturaleza, cambios de elementos materiales que pueden matematizarse.

El problema para Galileo es entonces, una vez desplazado el modelo aristotélico, qué hacer con dios. Borrarlo de un plumazo era ir demasiado lejos. El astrónomo italiano hace aquí una pirueta invirtiendo la mirada peripatética. Dios ahora es causa, creador de los átomos materiales, dios inventor, dios mecánico.

En resumen, para la filosofía medieval,  había una naturaleza esencialmente cualitativa para la utilidad del hombre y para que éste se ligara a dios. Para Galileo, dios mecánico creador de los átomos, una naturaleza esencialmente matemática con existencia independiente del hombre.

Galileo introduce la distinción entre causas primarias o últimas concebidas como fuerzas, y las secundarias, como movimientos de los átomos. Las segundas sirven para hacer resaltar las primeras. La gravedad es un ejemplo de las causas primarias.

Ahora bien, Galileo corría un riesgo. La pregunta por la naturaleza de las causas primarias podría traer toda la metafísica medieval de nuevo al sistema. Sin embargo, el italiano se corre definitivamente del esquema escolástico y se planta en una suerte de agnosticismo dejando todo aquello sin responder. Galileo afirmará que no conocemos la naturaleza esencial de la fuerza, solamente sus efectos cuantitativos. En su crítica al uso de cualidades ocultas por parte de Képler, el italiano afirma que es mejor decir no lo sé a invocar extravagantes figuras.


Es así que Galileo pasa a la historia como aquel gran héroe de la ciencia moderna, aquél que deja de lado los presupuestos medievales para legar a los descartes y newton posteriores todo un conjunto de explicaciones que sirven de base para la construcción de la mecánica moderna.

martes, 1 de septiembre de 2015

Apuntes introductorios a la lectura de Los Presupuestos metafísicos de la ciencia moderna de Edwin Burtt: el movimiento, el espacio y el tiempo en Galileo.



Por José Antonio Gómez Di Vincenzo

En este apartado Burtt va a analizar aquellos aspectos de la filosofía del astrónomo italiano que lo diferencian de sus predecesores inmediatos. Es su trabajo con el movimiento de los cuerpos sobre la faz de la Tierra lo que agrega una serie de tópicos importantes a su filosofía de la naturaleza.

Galileo abandona definitivamente la apelación a causas finales para el desarrollo de sus explicaciones. La herencia aristotélica es dejada de lado, de los por qué pasamos a un cómo se produce el movimiento como pregunta disparadora. En efecto, ya no se utilizan términos como acción, pasión, fin, lugar natural, causa eficiente. Ya no se prestará atención a las cualidades y las sustancias para pasar a la matematización del movimiento de los cuerpos y el estudio del cómo.

Efectivamente, el gran paso de Galileo consistió en el abandono de la teleología para analizar más que las finalidades los procesos mismos. Según Burtt, el método galileano esencialmente dio un paso hacia el método moderno con “la percepción intuitiva de un grupo de hechos, de elementos tales que, combinados cuantitativamente, produzcan los hechos observados”. Pág. 98

Galileo tuvo que redefinir la matemática para apartarse de la idealista escolástica con el objeto de dar cuenta de los movimientos terrenales. Para ello tomó del uso común términos como fuerza, resistencia, movimiento, velocidad y aceleración y les dio un sentido matemático, para que puedan actuar en formulaciones matemáticas junto con categorías como líneas, ángulos, curvas, etc. En síntesis, el italiano redefinió las matemáticas para ajustarlas a su nueva mecánica.

Ahora bien, el estudio del cómo  del movimiento lo lleva a tener que pensar también los conceptos de espacio y tiempo. En definitiva, de la escasa importancia que la Escolástica y la física aristotélica daban al espacio y el tiempo no sólo dejaba la indagación de lado sino que resolvía la cuestión alejándose de su matematización como sí hacía el platonismo y  el pitagorismo. Galileo y los modernos pasan a pensar en los objetos y sus relaciones como esencialmente matemáticas, una transición lenta pero notablemente influida por el renacimiento del neoplatinismo.

En la metafísica de Galileo, espacio y tiempo son categorías centrales. “El mundo real es el mundo de los cuerpos en movimiento que puede ser analizado matemáticamente, y esto significa que el mundo real es el mundo de los cuerpos que se mueven en el espacio y en el tiempo. Pág. 100

La tradición antigua ligaba el tiempo a las categorías de potencia y acto. De este modo, el estagirita analizaba el cambio. “Este método de análisis permite establecer de manera notable una continuidad lógica entre la transformación de la bellota en roble o del roble en mesa y la unión con Dios en el éxtasis religioso en el cual el hombre, supremo en la jerarquía de la materia informada, se pone en bienaventurado contacto con  la Forma Pura o Realidad Absoluta”. Pág. 100

Con Galileo desterramos al hombre de la naturaleza, ya no antropomormizamos el mundo, no hay ni memoria ni voluntad en el universo. El tiempo se nos presenta como un continuo mensurable. Sólo el presente existe como línea divisoria entre el pasado que se desvaneció y el futuro incognoscible. El tiempo deja de ser algo vivido. En síntesis, el tiempo pasa a ser duración matemática mensurable.

De este modo, el tiempo en Galileo nutre la concepción mecanicista de que los acontecimientos futuros pueden ser predichos con exactitud. El hombre queda entonces sometido a la necesidad mecánica.


En cuanto al espacio, Galileo analizaba los hechos en términos de distancia considerando relevante su lugar en el estudio del movimiento. Con esto se diferenciaba de los escolásticos para los cuales la cuestión era meramente accidental. El mundo de la naturaleza paso en los albores de la modernidad de finito a infinito, una de las transformaciones más importantes para el desarrollo de la física moderna.