La Persistencia de la Memoria

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Salvador Dalí

viernes, 14 de agosto de 2015

Imbricaciones entre ciencias, tecnologías biomédicas y tecnologías sociales: el tándem biotipología y psicotecnia en Argentina (1930 – 1943)


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Por José Antonio Gómez Di Vincenzo

Antes de empezar: En esta oportunidad dejaremos para retomar más adelante el trabajo sobre el texto de Burtt  con el objeto de acercar al lector una aproximación al tandem biotipología, eugenesia y ciencia y tecnología biomédica en Argentina, un excelente ejemplo de imbricación entre ciencia, tecnología y política. Esperamos actúe de disparador para que aquellos lectores interesados se animen a profundizar en el tema.

1. Introducción


Una serie de investigadores se han ocupado de estudiar minuciosamente todo un cuerpo de conocimientos y propuestas eugenésicas enarboladas por personalidades de las ciencias y la política, especialmente reproducidas y reforzadas desde las instituciones eugenésicas del país.[1] Son conocidas entonces, las tecnologías sociales planteadas por la literatura eugenésica argentina con el objeto de resolver la tensión entre homogeneización y diversificación de la población desde la medicalización de las relaciones sociales (por ejemplo: certificado médico prenupcial; esterilización de individuos o grupos; aborto eugenésico). Entre estas tecnologías sociales se destacó en la década del 30 del siglo pasado, y gracias a la impronta de la Asociación Argentina de Biotipología, Eugenesia y Medicina Social (en adelante, AABEMS), el fichado biotipológico de la población. (Gómez Di Vincenzo, 2013)

Si bien, la propuesta nunca pudo institucionalizarse como política pública, ella se constituye como un excelente ejemplo de las relaciones e intercambios de significados que existen entre un marco conceptual que pretende tornarse hegemónico en el campo de las ciencias biomédicas, las tecnologías que se diseñan para el diagnóstico a partir de dicho marco y su rol como tecnología social cuando se trata de intervenir en la sociedad para prescribir roles en función de los requerimientos económicos.

Nuestro propósito será describir y reflexionar sobre el rol de un conjunto de tecnologías de diagnóstico concebidas para la realización de fichados biotipológicos; una serie de artefactos, de tipos especiales de instrumentos y herramientas de medición y también, una serie de procesos diseñados para cuantificar y clasificar a los sujetos.[2]

Siguiendo a Lawler (2008), puede sostenerse que los artefactos son un tipo de herramienta especialmente diseñada que permite mostrar sus propiedades instrumentales logrando a su vez, producir en los seres humanos la creencia de que ha sido construida para cumplir un propósito determinado. Esta creencia actúa como base de sustentación para la producción de análisis emanados desde una mirada instrumentalista y neutralista acerca del desarrollo tecnológico. Según estos enfoques, la tecnología en sí misma no es ni buena ni mala. La evaluación ética o política del uso de los artefactos o herramientas debería realizarse entonces, observando sólo los fines que se procuran alcanzar con los medios tecnológicos.

Ahora bien, no creemos que sea necesario restar valor al análisis crítico de los fines que procura alcanzar tal o cual tecnología pero sostenemos que resulta fundamental complejizar el análisis e ir más allá de la capa instrumental del desarrollo tecnológico, introduciendo, también, el estudio crítico de los valores y creencias que nutren las prácticas y empapan el proceso de diseño técnico. Feenberg (1991) ha introducido el concepto de “código técnico” para mostrar cómo la racionalidad técnica está penetrada por valores ocultos que con el devenir del desarrollo tecnológico se naturalizan. El autor propone indagar dentro del código para sacar a la luz las ideas, los sentidos y valores que subyacen en las decisiones técnicas y que se articulan con los valores técnicos propiamente dichos.

Desde un enfoque contextual y relacional, considerando que la tecnología no es neutral, que no se encuentra sólo en sus productos tecnológicos, ni es sólo una forma de conocimiento con estatus propio sino que en ella existe un conjunto de relaciones que los humanos establecemos con los artefactos y que incluye un complejo entramado de procesos y transferencias de significados, tanto a nivel teórico como en la práctica, mostraremos cómo en el artefacto pueden encontrarse una serie de significados propios de los propósitos característicos del imaginario eugenésico de la época.

Desde esta perspectiva en relación a la técnica podremos ampliar la mirada sobre el desarrollo tecnológico en el campo de las ciencias biomédicas y su rol dentro del programa eugenésico argentino, incluyéndolo en un contexto más amplio, el de las relaciones sociales.

Para cumplir nuestro objetivo, se analizarán fuentes documentales diversas: Anales de Biotipología, el Tratado de Biotipología, publicación de ponencias en congresos, entrevistas y artículos que recogen la temática. Se pretende contrastar entre sí los argumentos esgrimidos desde el interior de los espacios institucionales y los provenientes de distintos espacios del ámbito académico.

2. Eugenesia, biotipología y orden social: un poco de historia.

La apelación a la ciencia como conocimiento objetivo, a salvo de cualquier contaminación de tipo ideológico, vino a fundamentar el discurso político elaborado con el fin de legitimar un orden social. La fuerte influencia en el mundo académico de la teoría darwiniana de la evolución, la teoría celular, la antropología y el éxito de la física newtoniana marcaron una fuerte impronta en las ciencias sociales. (Palma, 2001) Es en este contexto que irrumpen en escena una serie de definiciones de la esencia humana elaboradas a partir de una lectura particular de la teoría darwiniana de la evolución. El determinismo biológico, específicamente, vino a afirmar que tanto las normas de conducta compartidas como las diferencias sociales y económicas que existen entre los miembros de una sociedad determinada derivan de ciertas condiciones heredadas o innatas que las relaciones sociales no hacen más que reflejar. (Gould, 1988) Específicamente, en las sociedades modernas, la medicalización de las relaciones sociales pretende anular -o al menos debilitar- el conflicto generado por la tensión existente entre la igualdad legal, que es propia del modelo contractualista, y las desigualdades que surgen a partir de las características específicas que adopta la estructura socioeconómica. Entre los discursos teóricos que contribuyeron para la naturalización y concretamente, a la medicalización de las relaciones sociales, tenemos el propio del movimiento eugenésico. Como es sabido, la eugenesia consiste, básicamente, en promover la reproducción de los individuos o grupos de individuos considerados mejores e inhibir la reproducción de los considerados peores, mediante la aplicación de una batería de tecnologías sociales. (Palma, 2002)

La eugenesia se transformó en un movimiento internacional, contando con una gran cantidad de adeptos - médicos, abogados, militares, educadores, científicos sociales, políticos y sacerdotes- que promovieron la legalización de mecanismos racionales, para contrarrestar los efectos y las amenazas del igualitarismo democrático. La eugenesia, en definitiva, constituyó un entramado de ciencia, tecnología y política extendido en Occidente, sobre todo durante la primera mitad del siglo XX.

Es muy difícil establecer una periodización precisa y unívoca.[3] A grandes rasgos, puede distinguirse un primer momento preparatorio, de desarrollo conceptual y de creciente consenso científico/médico, político e ideológico, que se extiende desde las primeras formulaciones de Galton, en la década del ’60 del siglo XIX, hasta los primeros años del siglo XX. Un segundo período, que podría denominarse “Eugenesia Clásica”, que comienza en 1911, año en que se funda en Londres la primera Sociedad Eugenésica cuyo primer presidente fue uno de los hijos de Darwin –Leonard- y que en 1912, organizó el primer Congreso Eugénico Internacional y termina alrededor de la Segunda Guerra Mundial. Se trata del período de apogeo en el cual, prácticamente, todos los países occidentales fundaron instituciones eugenésicas que, a su vez, constituyeron asociaciones internacionales de largas y profusas ramificaciones, que realizaron una enorme cantidad de reuniones científicas en todo el mundo y adquirieron enorme capacidad de influencia en la implementación de políticas públicas. Todas las publicaciones biológicas y médicas especializadas recogían propuestas, textos, estudios y referencias a los progresos en la materia. Luego de la Segunda Guerra Mundial, el movimiento eugenésico se fue debilitando, en buena medida, como resultado de las atrocidades cometidas por el nazismo, y fue derivando en propuestas más restringidas a cuestiones médico/sanitarias (sobre todo profilaxis del embarazo y cuidados del bebé y del niño pequeño, condiciones higiénicas de la vivienda). (Gómez Di Vincenzo, 2013)

Siempre siguiendo a Gómez Di Vincenzo (2013), puede afirmarse que la década del 30 es una fase destacada en el desarrollo del movimiento eugenésico argentino, definida por una fuerte conexión entre los saberes provenientes de la biotipología, la eugenesia y la medicina social. Es en este periodo cuando se hallan fluidos intercambios no sólo entre estas tres disciplinas citadas sino también, entre ellas y el contexto social y político. Y es en este lapso cuando una serie de tecnologías biomédicas juegan un rol central para la indagación en los cuerpos y el diagnóstico de roles sociales. Aparatos e instrumentos que como veremos más adelante son diseñados bajo la atenta mirada del biotipólogo con el objeto de cumplir los fines propios del movimiento eugenésico en el país.

La biotipología, constituye un área especial de investigación que se diferencia de las doctrinas constitucionalistas clásicas por prestar especial atención al estudio de los biotipos somáticos y psíquicos humanos apelando a otros principios y método de investigación, extendiendo las aplicaciones prácticas respecto a dichas doctrinas pero tomando también a aquellos estudios como referentes valiosos. Desde la biotipología, se sostiene que es posible establecer una clasificación de los seres humanos a partir de determinadas características corporales, anatómicas, manifestaciones de orden hormonal, humoral, factores genéticos, ambientales y aspectos neuropsicológicos y que existe una relación entre el biotipo obtenido y ciertos rasgos temperamentales, aptitudinales y morales del sujeto. En la evaluación biotipológica, el médico realiza un fichado recabando una serie de datos biométricos, clínicos y psicológicos con el fin de determinar el biotipo del sujeto e inferir las características temperamentales específicas, cualidades morales y aptitudes que corresponden al dicho biotipo, evaluando las posibilidades del sujeto, por ejemplo, para el cumplimiento de determinados roles u ocupaciones prácticas. (Gómez Di Vincenzo, 2013)

La corriente biotipológica argentina encuentra su inspiración en la italiana; específicamente, en los trabajos del Dr. Nicola Pende[4] llevados a cabo en el Instituto Biotipológico Ortogenético de Génova, siendo sus principales discípulos y representantes en nuestro país, el Dr. Arturo Rossi y el Dr. Octavio López. La influencia del Dr. Pende en la AABEMS es sumamente importante siendo este médico italiano, uno de los adherentes extranjeros que más aportes realizara como corresponsal a la divulgación de la biotipología en los Anales, principal órgano de difusión de la AABEMS. Pero es, sin duda, el Dr. Rossi, aquel biotipólogo que con más ferbor, toma la posta de su maestro para impulsar en Argentina la aplicación de la biotipología y la ficha biotipológica como tecnología social para la práctica eugenésica diseñando y haciendo construir para tal fin diversos dispositivos, instrumentos y artefactos tecnológicos concebidos a partir del marco teórico aportado por la biotipología misma y la psicotécnica.

3. Psicotecnia y biotipología

La psicotecnia, básicamente, incluye el estudio y la implementación de una batería de test cuyo objeto es indagar ciertas aptitudes psicológicas especiales del individuo y averiguar lo que lo caracteriza desde el punto de vista psicológico con respecto a los demás. Dentro de diversos campos (la educación, la selección y la orientación profesional, la medicina del deporte, la criminología) la biotipología cumple un rol central en cuanto a la implementación de fichados a partir de los cuales, relevar aptitudes y establecer diagnósticos y prescripciones, tomando datos aportados por los test diseñados según prescripciones emanadas del campo de la psicotecnia.

El Dr. Arturo Rossi, inspirado por su maestro el Dr. Pende, aporta sus conocimientos biotipológicos para establecer la vinculación de los test psicotécnicos con la medicina constitucional de corte biotipológico y para difundir en los Anales la importancia de la implementación de los estudios biotipológicos en diversos campos de aplicación. Desde la perspectiva del Dr. Rossi, la ficha biotipológica elaborada con los sólidos aportes de la psicotecnia se constituye en una herramienta de diagnóstico central a partir de la cual, llevar a cabo la práctica eugenésica y la prescripción de roles sociales. La psicotecnia debe complementarse con la biotipología para llevar a cabo, por ejemplo, tareas de selección de personal y, fundamentalmente, las de orientación profesional en el campo de la educación.

(…) la verdadera psicotécnica, no puede a mi entender separarse del todo de los métodos que (…) describo como de psicología aplicada a la edad escolar, razón por la cual, considero que la psicotécnica es completamente inseparable de las ficha biotipológica, ortogénica escolar, y que ambas son, indesglosables de la educación integral de la juventud. (Rossi, 1934: 15)

Rossi se interiorizó también de los alcances de la biotipología en el campo de la medicina laboral en su estancia en Italia. Es en el Instituto Biotipológico Ortogenético de Génova donde estudió psicotécnia bajo la dirección de la Dra. Tamburri y del Prof. Vidoni. (Gómez Di Vincenzo 2013)

En un artículo publicado en Anales el 1 de septiembre de 1933, Rossi cita textualmente la opinión de la Dra. Tamburri acerca del rol de la biotipología en el campo de la medicina del trabajo. Según la doctora, “de todo individuo se deberían conocer las cualidades positivas y negativas, sea en el campo somático como en el psíquico”. Ambos exámenes deben tenerse en cuanta y realizarse al mismo tiempo puesto que “el deficiente psíquico no puede adaptarse a todos los trabajos, aun cuando se lo permitieran sus energías físicas y viceversa”. (Rossi, 1933b: 11)

Según Rossi, de sus aprendizajes del Dr. Pende, puede extraerse la conclusión de que es gracias al examen biotipológico que puede estudiarse al ser humano y su orientación profesional, mientras al mismo tiempo, “realizar el doble fenómeno:1º De adaptar las varias profesiones a los varios individuos” y “2º los varios individuos a las varias profesiones”. (Rossi, 1933: 11)

La mención al tratamiento que Pende da a la biotipología en su relación con la orientación profesional da cuenta de la rigurosa tarea de optimización de los recursos humanos en la que se encontraba inmersa la AABEMS por entonces. Aquí la orientación profesional no se entiende como una forma de asesoramiento que permita al sujeto distinguir entre todas las posibles profesiones, una que se ajuste a su vocación, sino más bien, como la adaptación del individuo a la tarea más acorde según sus aptitudes físicas y psíquicas. La orientación y selección profesional adquieren en el discurso del Dr. Rossi, un significado particular. Según el biotipólogo argentino, el fenómeno de adaptar las varias profesiones a los varios individuos corresponde con la orientación profesional, mientras que adaptar los individuos a las profesiones con la selección. (Rossi, 1933b)

4. Los artefactos utilizados para evaluar el biotipo

El Prof. Ugo Pizzoli, un destacado representante de la escuela italiana en medicina laboral[5], diseñó un complejo conjunto de pruebas y aparatos, con la finalidad de relevar datos psicotécnicos, para la confección de una ficha psicotécnica lo más exhaustiva posible. Esta ficha tenía debía brindar datos importantes, para la educación y la orientación profesional y consejos útiles, para la selección de personal y la práctica laboral. Ella articulaba cuatro tipos distintos de estudios: estesiométricos, cinesiométricos, dinamométricos y un examen de la inteligencia maniobradora.[6]

El mismo Rossi (1933b) expone en los Anales de Biotipología cómo funciona y cuál es el propósito de cada uno de ellos: el examen estesiométrico se centra en el examen de la agudeza visual, auditiva, táctil, el sentido muscular, olor y gusto. Por su parte, el estudio cinesiométrico busca relevar datos sobre el movimiento y sus rasgos tanto cuantitativos como cualitativos. El examen dinamométrico cuantificaba la fuerza y indagaba la cualidad de su aplicación, mientras que el examen de la inteligencia maniobral, averiguaba la capacidad de atención y memoria de movimientos, el tipo de imaginación, el poder de adaptación a los cambios, el índice de voluntad o resistencia al trabajo, curiosidad, orden y limpieza, humor, conducta y capacidad de rendimiento y autocontrol.

Todos estos estudios formaban parte de la ficha psicotécnica que complementaba a la biotipológica. Los artefactos tecnológicos diseñados por Pizzoli para llevar a cabo los estudios psicotécnicos pretendían lograr cierto grado de funcionalidad y comodidad, procurando obtener el mayor número de datos posibles, mediante el empleo de una sola unidad. (Gómez Di Vincenzo, 2013)

Todas ellas importantes además, para la elaboración de fichados cuyo fin no era otro que el de prescribir roles futuros. Rossi enfatiza que un artefacto de estos podía relevar “la perspicacia”, “el ingenio”, “el sentido del tiempo”, “el sentido geométrico”, “el sentido muscular”, “la memoria visual” junto a las “capacidades gráficas”. (Rossi, 1933c: 11) Estas capacidades gráficas se estudiaban mediante la utilización de un escritorio vidriado insertado en el cuerpo mismo del artefacto debajo del cual, se colocaba un dibujo. Una luz, que se prendía y apagaba según el criterio de quien estuviera tomando la prueba, permitía medir el tiempo de exposición del sujeto frente a la traza, su memoria visual y su capacidad de reproducción de la muestra.

Pero el diseño no sólo muestra un interés por la funcionalidad y economía de espacio sino además, como sostiene Broncano (2008), un conjunto de relaciones que los sujetos establecemos con los artefactos, impregnado éste de un complejo entramado de procesos y transferencias de significados, que nos permiten entrever cómo en el artefacto mismo puede reflejar sentidos y propósitos característicos del imaginario eugenésico de la época. En efecto, en los diseñados para el fichado psicotécnico y biotipológico encontramos dispositivos útiles para relevar distintas aptitudes cuyo fin es diagnosticar futuros roles sociales.

Uno de los principales artefactos empleados en la prescripción de roles laborales, por ejemplo, es el polidinamocinesiómetro. Rossi estudió su funcionamiento mientras llevaba a cabo su residencia en el Instituto Biotipológico Ortogenético de Génova. El polidinamocinesiómetro fue diseñado Pizzoli, quien se desempeñara en la prestigiosa Universidad de Bolonia. El aparato fue elaborado con el doble objeto de estudiar tanto la cantidad como la cualidad del tipo de fuerza y del movimiento en el sujeto examinado. Mediante su utilización, se trataba de indagar acerca del tipo dinámico de cada biotipo humano.

Rossi (1933a) describe el artefacto y explica su funcionamiento y propósitos. Contaba con un tablero repleto de aparatos de relojería que incluía cronómetros, dinamómetros y demás instrumentos para cuantificar el movimiento. Según Rossi, ellos posibilitaban evaluar matemáticamente tanto el movimiento como el tipo de fuerza empleado para desarrollarlo por los distintos músculos del cuerpo. Con este aparato se llevaba a cabo el examen de fuerza, el cual conformaba sólo una parte del examen psicotécnico integral. Éste constaba de cinco pruebas más que complementaban el examen del tipo de fuerza, en las cuales se indagaba sobre cantidad y cualidad de la misma, en distintos miembros o partes anatómicas y otra serie de pruebas para estudiar el movimiento. Con los datos obtenidos se elaboraban gráficas para emprender un análisis pormenorizado.
Este no era el único aparato ideado por el Prof. Pizzoli para medir movimientos y fuerzas y que el estudio de los mismos no se circunscribía sólo al campo de la medicina laboral. Existían otros diseñados con el objeto de medir fuerzas y movimientos para ser empleados en el ámbito de la medicina del deporte. Uno de ellos se llamaba boxedinamómetro. Su meta era registrar el número de trompadas que un boxeador realiza sobre una almohadilla de impacto, permitiendo relevar no sólo su número y frecuencia sino también, la potencia, intensidad y duración de los mismos.[7]

En los artefactos puede comprobarse, entonces, la densidad y el alcance de los estudios biotipológicos y psicotécnicos en el campo de la medicina laboral para la prescripción de roles sociales. Como sostiene Rossi: “permitiéndonos al propio tiempo vislumbrar la enorme importancia que tiene la Biotipología en sus aplicaciones prácticas en todos los campos de la actividad humana”. (Rossi, 1933ª: 14)

Existe una serie de aparatos utilizados para medir la sensibilidad que se nutren del aporte de la psicología experimental[8], la psicotecnia y los estudios llevados a cabo en el Instituto de Biotipología y Ortogénesis de Génova. Su fin era obtener datos relacionados con el sentido del olfato y del gusto, táctil, el muscular, sentido bárico activo y pasivo, sentido técnico y dolorífico, agudeza visual y auditiva.

Una vez más se trata de implementar una tecnología con la que se pretende indagar un conjunto de datos empíricos mediante la utilización de unos cuantos aparatos y herramientas específicos distribuidos en un solo mueble dividido en seis compartimentos tres por lado. De un lado, se encontraban los instrumentos necesarios para medir el sentido muscular, bárico, de la vista, del gusto y del olfato mientras que en el lado opuesto, se hallaban los que se necesitaban para obtener datos referidos a las sensibilidades térmica, dolorífica, táctil y acústica.

Conceptualmente, lo que se busca es establecer una media de rendimiento por debajo de la cual, el individuo es calificado como insuficiente; siendo en consecuencia considerado poco apto para llevar a cabo un trabajo en el cual, el sentido estudiado sea fundamental para rendir eficientemente.
Un ejemplo curioso consiste en la prueba destinada a relevar datos acerca de la sensibilidad dolorosa. Rossi la se explaya de la siguiente manera:

Se recurre para esto a una corriente eléctrica alternada a baja frecuencia, regulable por medio de un campo electromagnético, y se invita al sujeto que tome con ambas manos los dos reóforos [Electrodos]. De la mayor o menor duración de la resistencia juzgamos el grado mayor o menor de la sensibilidad al dolor y a la corriente eléctrica. Esta investigación se impone para la selección de electricistas. (Rossi, 1933c: 11)

La prueba resulta por demás “sádica” o “perversa”. La asimétrica relación que se da entre quien toma el examen, el profesional de guardapolvo blanco poseedor del saber, y el sujeto examinado, unidos al grado de crueldad a que la misma pudiere llegar hace de ella todo un tema de estudio que ameritaría un abordaje detallado. Pero más allá de estas interesantes cuestiones éticas, sociológicas que no tenemos espacio de abordar aquí, resulta al menos interesante destacar el supuesto que subyace en la prueba. En efecto, los biotipólogos conjeturan que para ser electricista, el obrero debe estar preparado para sufrir descargas eléctricas soportándolas hasta cierto grado. La prevención de accidentes, aquí, no se concibe desde la implementación de dispositivos de seguridad o dispositivos que aíslen o pongan al individuo para así resguardarlo. Por el contrario, siguiendo los presupuestos que sostienen teóricamente la biotipología, la atención se centra en el sujeto más que en el estudio del contexto que puede lastimarlo o enfermarlo. No se trata de evaluar la forma de controlar dicho ambiente, mediante procedimiento preventivos o normas de seguridad industrial sino de adaptar al sujeto al ámbito de trabajo o ubicar allí a quien de muestras de estar apto. En consecuencia, es el sujeto quien debe resistir y/o adaptarse, quien debe poner el cuerpo.

En definitiva, entre otras cuestiones, cuando la biotipología era puesta al servicio de la selección y orientación profesional apelando a la psicotecnia laboral, estudiaba, por ejemplo el tipo de fuerza y el tipo de movimiento que eran cualidades fundamentales para el desempeño laboral según los requerimientos de la industria. Para desarrollar estas exploraciones e indagaciones, los biotipólogos utilizaban máquinas diseñadas para el relevamiento de datos psicotécnicos que nutridas con los valores que impregnaron la visión eugenésica en el período citado encontraron nuevas finalidades en el instituto biotipolótico. Hallamos aquí un claro ejemplo de cómo los fines para los cuales se diseña un medio tecnológico nunca son tan lineales y unidireccionales. El desarrollo de tecnologías puede adquirir diferentes rumbos cuando enfocadas desde un nuevo marco impregnado de representaciones y valores (en el caso que analizamos, los del movimiento eugenésico influenciado por el discurso biotipológico) se nutre de nuevos sentidos y encuentra diferentes aplicaciones.

5. Conclusiones

A lo largo de nuestro recorrido hemos podido aproximarnos teóricamente a la biotipología y ubicarla como una de las formas más complejas de determinismo biológico; como así también, hemos logrado dar cuenta de sus pretensiones de consolidarse como un saber médico, capaz de delinear estrategias para el ordenamiento de la sociedad vía prescripción de roles a partir de ciertas aptitudes, características psicológicas y perfiles morales determinados biológicamente sirviendo de herramienta de diagnóstico para las prácticas eugenésicas.

Hemos visto que dentro de las tecnologías sociales coligadas al programa eugenésico ocupa un lugar privilegiado la ficha biotipológica. Ficha que se confeccionaba gracias a una serie de estudios multidisciplinarios, entre los cuales jugaban un rol importante la psicotecnia y los artefactos analíticos que permitían rastrear en los cuerpos, las señales, datos, que iban a conformar la herramienta empírica a partir de la cual biotipificar al sujeto.

El análisis del rol que los artefactos concebidos desde la tecnología biomédica jugaban en el diseño de una tecnología social desde un enfoque relacional permite poner en evidencia un conjunto de interacciones entre el contexto social, político y económico, el imaginario científico de la época y las prácticas propias de la comunidad científica en el período estudiado. Al mismo tiempo, es posible poner en evidencia cómo dichas racionalidades y prácticas científicas y tecnológicas lejos de ubicarse en una posición autónoma o neutral, se encuentran sesgadas por los propósitos de la comunidad médica, al mismo tiempo que se impregnan ellas mismas del una determinada cosmovisión e imaginarios.

6. Bibliografía

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Vallejo, G., y Miranda, M., (2007): Políticas del cuerpo. Estrategias de normalización del individuo y la sociedad, Buenos Aires, Siglo XXI.[1] Se destacan Palma (2002), Miranda & Vallejo (2005), Vallejo & Miranda (2007), Miranda & Vallejo (2013) sólo por nombrar los desarrollos más destacados en Argentina. En las últimas décadas han aparecido también numerosos estudios sobre el movimiento eugenésico en distintos países. Véase, entre otros: Álvarez Peláez (1985, 1988, 1999); Chorover (1979); Glick, Th., Puig-Samper, M. & Ruiz, R. (edit) (2001); Kevles (1995); Romeo Casabona (edit.) (1999); Stepan (1991) o Suárez & López Guazo (2005).
[2] En el presente trabajo retomamos el estudio de los artefactos utilizados para el relevamiento de datos y la confección de fichados biotipológicos expuesto en Gómez Di Vincenzo (2013) incorporando al análisis el marco teórico aportado desde autores del campo de la filosofía de la tecnología.
[3] Existen varias maneras de trazar una diferenciación destacando las fases de desarrollo del movimiento eugenésico. A propósito puede consultarse Kevles, C., (1995), In the name of eugenics, Cambridge: Harvard University Press.; Miranda, M., (2003): “La antorcha de Cupido: eugenesia, biopolítica y eugamia en Argentina, 1930 – 1970”, Asclepio, Vol. LV, Fasc. 2, Madrid pp 231 – 255 o Soutullo, D., (1999), “El concepto de eugenesia y su evolución”, en Romeo Casabona, C. (ed.): La eugenesia hoy. Bilbao y Granada: Cátedra de Derecho y Genoma Humano y Editorial Comares, pp. 29 – 63.
[4] El Dr, Nicola Pende nació en 1880 en la comuna de Noicattaro, Bari, Italia. Se destacó en medicina como uno de los más importantes integrantes de la Escuela Italiana de Endocrinología y Patología constitucional. Fue a lo largo de su carrera el principal impulsor de la Biotipología en la península y uno de los artífices de la fundación de la universidad Mussolini de Bari en la cual, ejerció el rol de rector. Más tarde fundó en la Universidad de Génova el Instituto de Biotipológico Ortogenético. En 1930, el Dr. Pende es invitado a dar un ciclo de conferencias en nuestro país. Es así que entra en contacto con Rossi, López y Boccia. Entre sus principales trabajos encontramos un “Tratado de Biotipología Huamana” publicado por Salvat Editores traducido al español por los Drs. Donato Boccia y Arturo Rossi. En 1970 falleció a la edad de noventa años.
[5] Muchos de estos artefactos, además de ser utilizados para la evaluación psicotécnica y el fichado biotipológico de los trabajadores, se empleaban para la realización de fichas biotipológicas en general incluyendo el fichado de alumnos en las escuelas.
[6] Por una cuestión de espacio tomaremos para su descripción y análisis sólo algunos de los más significativos aparatos inventados por psicotécnicos y biotipólogos. Para ampliar puede consultarse Gómez Di Vincenzo (2013)
[7] Para ampliar sobre las vinculaciones entre biotipología y medicina del deporte puede consultarse Gómez Di Vincenzo (2013).
[8] Por entonces, se denominaba "psicología experimental" a todos aquellos estudios que permitieran un abordaje controlado de la experiencia con el objeto de construir conocimientos en el campo de la psicología. La necesidad de reconocimiento académico del carácter científico de la psicología llevó a los investigadores a privilegiar discursos y prácticas cercanas al naturalismo poniendo un fuete énfasis en la investigación de laboratorio. Como ejemplos podemos citar: observaciones clínicas que apuntaban a revelar ciertas patologías como variaciones producidas por la naturaleza; investigaciones en el campo de la psicopedagogía; observaciones de cambios de conducta y comparación con el comportamiento animal; investigaciones psicofisiológicas y medición de tiempos de reacción; estudios comparativos del desarrollo onto y filogenético. En nuestro país, esta etapa coincide con la fundación de los primeros laboratorios de psicología experimental. Entre los primeros en llevar a cabo este tipo de investigaciones y fundar institucionalmente la psicología de corte positivista encontramos a Víctor Mercante y Rodolfo Senet en la UNLP y a José Ingenieros y Horacio Piñero en la UBA. Ellos lucharon por fundamentar científicamente un saber cuyo objeto no era sólo el saber mismo sino también la intervención racional para ordenar, encauzar u organizar la sociedad. Para ampliar puede consultarse Klappenbach, H., (2005), “Historia de la orientación profesional en Argentina.”, Orientac. soc. Vol.5, pp. 37 - 48. Ene./dic. 2005.

martes, 4 de agosto de 2015

Notas tangenciales a los apuntes sobre los fundamentos metafísicos de la ciencia moderna: El oso Ursus y el sistema de Tycho.

Por José Antonio Gómez Di Vincenzo

Este escriba viene emprendiendo un esfuerzo por acercar al lector un poco más que una síntesis de aquel fantástico libro de Edwin Burtt, Los fundamentos metafísicos de la ciencia moderna. En su afán por ir un poco más allá que la mera exposición de contenido se ha topado con la necesidad de tratar temas tangenciales, importantes o imprescindibles para sacarle mayor jugo a la excelente obra del filósofo devenido historiador de la ciencia norteamericano.

Hemos visto en nuestro encuentro anterior cómo Képler echa mano y luego resignifica ciertos adelantos geométricos antiguos para ajustarlos a sus fines. En esta ocasión nos concentraremos en la exposición de lo que podríamos considerar un hecho lateral pero con interesantes notas filosóficas y ciertas curiosidades desopilantes del proceso que se inicia con la publicación de De revolutionibus orbium coelestium, la revolución científica de los siglos XVI y XVII. Se trata de la aparición de modelos explicativos del funcionamiento del sistema solar que si bien rompen con Ptolomeo, en algunos aspectos, no pueden correrse del geocentrismo.

El más famoso de estos sistemas es el geoheliocéntrico de Tycho Brahe. En este modelo la Tierra se halla detenida en el centro, no rota. Alrededor de ella giran la Luna y el Sol. Las órbitas del Sol y de Marte se cruzan. Todos los planetas menos la Tierra giran alrededor del astro rey.


Modelo geoheliocéntrico de Tycho Brahe                                                         

Muy bien, hasta ahí todo claro. Tycho elabora un modelo explicativo que no rompe con la tradición pero que de alguna manera salva mejor los fenómenos. Pero hay algo más, un drama paralelo, desopilante. Veammos.

Nicolaus Reimers Baer (1551 - 1600), conocido también como Reimarus Ursus, fue astrónomo y matemático. Sus investigaciones se desarrollaron bajo la tutela de Rudolf II (1552 – 1612) emperador del Sacro Imperio Romano Germánico entre 1576 y 1612, conocido por su interés por las ciencias (ocultas o no) y su apoyo a las investigaciones. Ursus había publicado un texto sobre agrimensura, bastante interesante por cierto, que había atraído la atención de los intelectuales del momento. Tal vez esto lo llevo a entrar al servicio de un noble danés, Erik Lange. 

Lange junto a Ursus visitaron a Tycho Brahe en Uraniborg. Parece que el encuentro fue todo un festín desastroso.

Cuatro años después de dicha reunión, Ursus publicó Fundamentos de Astronomía y en él su propio modelo del sistema solar. Básicamente se trataba, salvo por detalles menores, del mismo modelo geoheliocéntrico que Tycho Brahe venía trabajando en secreto.

Como el sistema de Tycho, proponía una solución intermedia a la puja entre el universo tradicional y el copernicano. Dejaba tranquilos a todos aquellos intelectuales incapaces de afrontar una lucha sin cuartel contra el dogma y sus representantes pero que al mismo tiempo deseaban salvar los fenómenos de la manera más precisa.

En rigor, el denominado sistema de Tycho supuestamente copiado por Ursus fue formulado previamente un ignoto desconocido, Helisaeus Roeslin. Y la verdad es que no hay pruebas convincentes de que Ursus haya robado el modelo de Tycho.


Modelo geoheliocéntrico de Ursus

Como quiera que sea, a diferencia del sistema geoheliocentrico de Tycho en el que la Tierra no gira y las órbitas de Marte y el Sol se cruzan, en el de Roslin y Ursus, la Tierra tenía una rotación diaria y no había cruce entre las órbitas del Sol y Marte. De este modo, se evitaba sacar la conclusión de Tycho con respecto a la órbita de Marte; esto es: que no existen esferas celestes, sólidos que no pueden interpenetrarse. No obstante y a pesar de esto, en la ilustración Reimers, las órbitas de Mercurio y Venus sí cruzan la órbita de Marte. Y, de hecho, también se cruzan la órbita de Júpiter.


Fue Kepler quien descubrió que Tycho había postulado intersección de Marte y de la órbita solar debido a un error en sus cálculos de paralaje. Encontró que las observaciones de Tycho mostraron poca o ninguna paralaje de Marte, lo que implica que se encontraba más lejos que el Sol en la oposición.