La Persistencia de la Memoria

La Persistencia de la Memoria
Salvador Dalí

lunes, 30 de noviembre de 2015

Lobotomía y cambio



Por José Antonio Gómez Di Vincenzo

Martin Heidegger no vio, no llegó a ver el impacto de los medios de comunicación en la conformación de subjetividades. Pero habló del uno, del tipo interpretado, el tipo que piensa lo que otro piensa por él. Es ese que reproduce el runrún de los medios. Vos le preguntás qué opina sobre tal o cual cosa y te dice lo mismo que la radio, la tele o el clarinete o 678. Sí. Ojo que hay unos en todos lados, los hay de CAMBIEMOS pero también, tenemos nuestros unos progresistas acartonados, lo cual es todo un drama para quienes vamos por la justicia social y la consolidación de las políticas de ampliación de derecho.

Pero bueno, volvamos al uno. El que no piensa por él mismo sino que piensa otro en su lugar para que el reproduzca lo pensado. ¿Cómo es que ocurre esto? Hay varias formas de encarar el asunto. En la obra de Heidegger mismo podemos hallar respuestas. Otro gran pensador postuló la enajenación en que vivía el sujeto dada la forma que adquirían las relaciones de producción en el capitalismo, fue Marx. Otros como Nietzsche o Freud y más cerca Lacán, o los genios de la Escuela de Frankfurt estudiaron todas las cuestiones referidas al funcionamiento de la ideología. Pero como decíamos, ninguno llegó a ver que los medios de comunicación jugarían un rol tan hegemónico en su reproducción durante el siglo XXI. Ni siquiera el gran Althusser de la “Ideología y los aparatos ideológicos del Estado”. Y Mcluhan que rosó el tema con aquello del “medio es el mensaje” y vio que nuestras herramientas nos forman mientras nos ayudan a transformar nuestro mundo, nunca advirtió que nos convertiríamos en idiotas o zombies reproductores de mensajes que no entendemos (ni necesitamos comprender), que son de otros, que son funcionales a los intereses de otros.

Tal vez uno de los pensadores contemporáneos que más cerca esté dando en la tecla es Noam Chomsky. El crítico estadounidense postuló las diez principales estrategias mediáticas para la manipulación. El lector puede consultarlas en Gramscimanía, el blog amigo, clickeando enhttp://www.gramscimania.info.ve/…/noam-chomsky-y-las-10-est…. Crear problemas y ofrecer soluciones; pensarnos mejor de lo que nos pensamos a nosotros mismos; apelar a la emotividad; hablarnos como nenes de jardín de infantes; etc., son las formas de lograr entrarnos.

Sin embargo, hay una tesis común a casi todos estos intelectuales. Ellos creen que la salida consiste en el pensar, en reactivar la potencia de la reflexión. Y bueno, qué otra cosa podíamos esperar de tipos que se la pasan interpelando lo dado. El problema es evidente: ¿Cómo romper con la reproducción del sentido común siendo que los medios son tan potentes? ¿Cómo desarticular la lógica del discurso periodístico, fiel reproductor del sentido común más ramplón? ¿Desde dónde? ¿Es al estilo de una pedagogía, de una formación doctrinaria? ¿Es mediante formatos como el de 678[1]? ¿O por medio de las misas en las unidades básicas? Son preguntas que me carcomen habida cuenta de que tras más de una década de batalla cultural se ha entregado el país a la derecha más dura, se lo ha puesto en manos de la política virtual y marketinera, la de los espejitos de colores, sonrisas y globitos amarillos, de la que no propone nada desde la densidad.

Por estas pampas, se suele creer, desde una mirada bastante simplona y lineal, muy atada a formas clásicas de ver el mundo, propias del sentido común, que eso pasa porque los medios tienen cierto propiedad mágica, porque ellos son capaces de llenarte como si vos estuvieras vacío, porque manejan una economía en la que sustancias informativas se encajan en las mentes como si fuesen sacos a llenar. En filosofía hablamos de metafísica porque solemos tratar de ser precisos con el uso de los términos. Acá podemos dejar de lado todo ese formalismo y decir que esto responde a formas de ver y ordenar el mundo. Sustancias, esencias, cosas aisladas que se juntan con cosas, objetos que entran en otros que los acogen por todos lados. No vemos relaciones.

Quien esto escribe, no por genialidad propia sino por la enseñanza de muchos grandes maestros, duda. Cree que la cosa es mucho más compleja. Que los medios funcionan siguiendo otras lógicas. El problema es el tipo de relaciones que se establecen en un mundo como el que nos toca vivir. Los medios reproducen ciertas lógicas de relación que son funcionales al statu quo, lógicas que transitan en paralelo a las que establecemos en el día a día para reproducir nuestra subsistencia en esta fase del capitalismo, capitalismo tardío, postindustrial, modernidad líquida o como quiera que se llame. Ellos lo hacen por la guita, lo hacen así porque así les sale. Por supuesto, hay conspiradores también. Magnetto es uno, está claro. Pero su influjo no sería tal si no hubiera un estilo, un forma de entramar relaciones en las que las subjetividades se tornen permeables a un discurso del punto a punto, el nodo, el espacio informativo aislado, todo lo contrario a la lógica de un pensamiento que totaliza, que entabla relaciones complejas conceptualizando y entramando las categorías, desde una lógica en la que las cosas son en un punto tal como son dada una serie de relaciones con otras cosas que a su vez dependen de relaciones.

El pensar por uno mismo es difícil. No viene como un software en cajita, no se consigue en la góndola. Se aprende a pensar pensando. Nunca reproduciendo. Aquí está claro, coincido en que la herramienta para romper con la interpretación de los medios funcionales a las corporaciones es interpelar. Pero el problema es que eso no lo logra de un día para el otro cualquiera. Se requiere todo una política educativa que lleva años para lograr que la gente empiece a pensar por sí misma y diferentes estrategias contraculturales a las que se están utilizando. A mi modo de ver hay dos frentes con los que debe lidiar un programa transformador en este sentido:

- El primero, el de la lucha contra el discurso de los medios en sí mismo. Acá de nada sirve mostrar que Clarín miente, hay que mostrar cómo lo hace, desde dónde, por qué medios e para favorecer qué intereses. Al sujeto interpretado no hay otra información contradictoria a la que vierte el pasquín que lo convenza. El cree en el diario, punto. Es un dogma. Cree y san se acabó. No va por la lógica del reemplazo de una cosa por otra. El estilo de los 678 comenzó como un buen intento por poner en tela de juicio, por interpelar las lógicas e intereses del grupo Clarín o La Nación. Luego derivó en el más de lo mismo de la reificación, reproducción o simplificación del discurso oficial. Eso cae mal, está probado, suena soberbio, no le gusta al interpretado. Un grupete de genios iluminados, inteligencias a lo Cintia García, no logrará penetrar el dogma. Tampoco sirve que una runfla de intelectuales lúcidos venga a traer la luz del saber al lego. Eso también es molesto para la tilinguería por más pose de tipos comunes que adopten los universitarios.

- El segundo va más a largo plazo y se relaciona con las políticas y planes educativos. La educación que tenemos es más reproductiva, conformista, chata y lejana a la producción de pensamiento que la que teníamos en los acartonados años de la 1420 de Educación Común. El docente mismo reproduce lo que le dicen, está interpretado. Se trata de hacer como sí desde una ingenuidad tremenda en la que llenar papeles es más importante que el pensar.

El problema en todos los casos mencionados radica en que se sigue la lógica de la cosa, del objeto que en sí mismo sana, el saber como sanador, el conocimiento en sí como herramienta para el cambio. De nuevo, no es la cosa sino la relación que se establece con la cosa. No es el mensaje sino su modo de construcción, su gramática o lógica de articulación. No es la información sino el pensar.

Por supuesto, el lector puede acordarse ahora de todos mis antepasados, puede retrucar que me dediqué a criticar sin aportar nada. Todo bien, en gran medida tiene razón. Pero bueno, dos cosas a mi favor:

- Uno. El pensar ordena, distingue, plantea problemas para luego, buscar soluciones. Empecé por esta parte, por los primeros esbozos de problemas en esta etapa inicial del cambio.

- Dos. No hay espacio para largarse a formular soluciones que en rigor, ni siquiera se me ocurren por el momento.

Volviendo al sentido común y su reproducción de los modos de ver el mundo clásicos. Ahí, lo bello siempre es bueno, lo blanco es hermoso y es virtuoso. En la tele es más probable que un rubio se destaque por bello que por su inteligencia. Será por eso que no abundan en los programas donde se dice que se piensa conductores gordos y feos. Los lindos de la tele casi siempre van bien linealmente a los temas. Son los que instalan que los medios no pueden ser capaces de tanto, que el kirchnerismo les atribuyó demasiado poder y miles de etc. La gente compra y cree. Los interpretados danzan su tonada. Pero si raspamos un poco, algo es común en estos discursos como en aquellos otros que se plantan desde el plan contracultural nac y pop. En todos lados se trata de creer. Lo único que te queda es la fe y la confianza.

No seamos ingénuos, la chatura viene por los dos lados. Creencia, fe, confianza, esperanza. Cosas tan intangibles como las almas bellas de los dioses blancos de la tv o la prístina gracia de los intelectuales de carta abierta. ¿No será hora de desempolvar aquellos ideales de los viejos revolucionarios del siglo XVIII o XIX, aquellos que creían que la razón era la herramienta para romper con la opresión y la ignominia? Peligroso. ¿No habrá que correr ese riesgo? ¿No será preferible un pueblo de revolucionarios a uno de chatos reproductores lobotomizados del pensamiento de derecha?

Lanzada esta la piedra. Nunca me propuse cerrar. Queda abierta la discusión y el debate. Que se piense.



[1] 678 es un programa de televisión que se emite por canal 7, la tv pública del Estado. Se presenta como  un espacio de reflexión periodística sobre el modo en que los medios representan la realidad. Informes especiales con material de archivo, invitados y debates que ofrecen una mirada diferente sobre la política, la economía y la sociedad. Así funcionó en la primera etapa. Luego la coyuntura fue cambiando y el programa derivó, a mi entender, en una sobredeterminación de ciertos discursos y en la reproducción del relato oficial sin que medie autocrítica.

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