La Persistencia de la Memoria

La Persistencia de la Memoria
Salvador Dalí

viernes, 2 de octubre de 2015

Apuntes introductorios a la lectura de Los Presupuestos metafísicos de la ciencia moderna de Edwin Burtt: algo más que un filósofo político, Hobbes y la naturaleza



Por José Antonio Gómez Di Vincenzo

La entrada de Wikipedia sobre Thomas Hobbes (1588 -  1679) dice que el hombre “fue un filósofo inglés cuya obra Leviatán (1651) influyó de manera importante en el desarrollo de la filosofía política occidental. Es el teórico por excelencia del absolutismo político.” Cito la entrada de la wiki por ser una de las más consultadas en la web por alumnos y profesores ávidos de data. Resulta frecuente encontrar como aquí otras referencias bibliográficas o biográficas en las que el escocés es presentado en principio como el filósofo político padre del iusnaturalismo moderno y solo después como matemático o filósofo natural. Es verdad, su modelo hobbesiano rompe con el clásico al presentar en el Leviathan un modelo de legitimación del orden a través de una forma de fundamento político racional. Debemos mucho a Hobbes en ese rubro. Pero aquí lo que se pretende es reforzar el otro aspecto de su obra, sus aportes a la revolución científica como crítico feroz del dualismo cartesiano y sus contribuciones a la reflexión sobre la causalidad.

Hobbes llegó a notar de grande en la geometría una interesante herramienta de análisis y reflexión. Sus estudios comenzaron llegados los cuarenta años movidos por la necesidad de encuadrar todos los revolucionarios conocimientos disparados por la astronomía moderna.  Movilizado por este interés visitó a Galileo de quien afirma fue aquel pensador que lo impulsó a mantener firme y explorar a fondo su idea de que la adecuada explicación de los fenómenos hay que buscarla en el cuerpo y el movimiento.

Si bien puede argumentarse que Hobbes siguió siendo un escolástico en su física, que permaneció atado a muchos de los conceptos medievales en filosofía natural, que a pesar de luchar contra el dualismo la res cogitans se le cuela por la ventana al final como resabio de sus arguementaciones, no es menos cierto que su influencia crítica elevó el estándar de la época, haciendo que muchas de las mentes jóvenes del siglo XVII tuviesen que renovar esfuerzos para superar sus objeciones. Es conocida, se ha trabajado arduamente en este blog, la discusión que el escocés mantiene con Boyle  (1627 - 1691) acerca de la existencia del vacío, a raíz de los trabajos que venían llevándose a cabo en el Colegio Invisible.[1]

Tras el estudio de la obra de Descartes (1596 – 1650), básicamente las Meditaciones, Hobbes elaboró una serie de objeciones concentrándose básicamente en el dualismo cartesiano. Para el pensador escocés, el pensamiento es actividad, una clase de movimiento, movimientos de un organismo animal, movimiento de los órganos corporales. En esto, Hobbes se desprende de la escolástica medieval y de todo vestigio de cualidades etéreas. El estudio del pensamiento pues debe emprenderse a partir del estudio del movimiento. Ese algo que se mueve es algo corporal, debe ser pensado pues como cuerpo. Hobbes pone ejemplos muy ilustrativos para la cuestión: sostiene que no puede pensarse el caminar independientemente de quien camina, el salto del que salta. Así, el pensar deber reflexionarse junto con el que piensa.

Para el inglés, la idea es siempre una imagen y una imagen es de algo que tiene características corporales. Las imágenes son siempre de objetos, cosas individuales. En este aspecto, Hobbes es un típico nominalista, para él las cosas individuales son las únicas que tienen existencia real. De aquí su negación de las esencias y/o naturalezas universales. Un ejemplo da vida al razonamiento nominalista hobbesiano. El filósofo sostiene que el triángulo que tenemos en la mente surge del triángulo que hemos visto o de uno que hemos construido en la mente a partir de los que hemos contemplado en la naturaleza. La naturaleza del triángulo no es eterna, él desaparece cuando el hombre muere. La esencia sin la existencia es una ficción de nuestra mente. No hay justificación posible para un dualismo metafísico.

Hobbes sabe que debe dar sustento racional a sus argumentaciones, que tiene que explicar cómo es posible que el pensamiento sea movimiento de cosas corpóreas. Por eso encara todo un análisis detallado de la mente y escribe su Tratado de la naturaleza humana, un texto sumamente importante por la influencia que tiene en la metafísica de Newton.

Para Hobbes, las imágenes son experiencias sensibles, fantasmas que nacen de un conflicto de los movimientos que se producen en el cuerpo humano. Los movimientos de los cuerpos chocan con los del cuerpo que percibe.

Entonces las cualidades secundarias no están en el objeto por más que esto parezca ser así sino en el cuerpo de quién percibe. Burtt muestra en sus Fundamentos metafísicos de la ciencia moderna muy claramente el argumento hobbesiano citándolo de la fuente original:

Según Hobbes, todas las cualidades sensibles parecen exteriores porque “hay en todo órgano, a causa de su movimiento natural e interior, alguna resistencia o reacción contra el movimiento que se propaga del objeto a la parte más recóndita del órgano. En el mismo órgano hay también un conato opuesto al conato que precede del objeto. Por eso cuando ese conato interior es la última acción en el acto del sentido, nace un fantasma o idea de la reacción por pequeña que sea su duración, lo cual a causa de que el conato es ahora exterior aparece siemrpe como algo situado afuera del órgano.” Pág. 142

La pregunta entonces es: ¿cómo sostener que lo mismo no ocurre con las cualidades primarias? Todo un problema. Hobbes sale del brete diferenciando el espacio de la extensión geométrica.
El espacio para el inglés es un fantasma de una cosa que existe fuera de nosotros. La extensión es una característica esencial del cuerpo. Fuera de nosotros hay cuerpos extensos en movimiento produciendo fantasmas interiores e incluyendo esa exterioridad de los fantasmas que constituye el espacio.

La misma línea argumental sirve para explicar el tiempo. En Hobbes, éste también es un fantasma dado por la diferencia del antes y el después en el movimiento. Sólo hay presente en la naturaleza. El pasado existe en la memoria, el futuro no existe para nada, es mera ficción. Desde esta perspectiva, Hobbes argumenta que en la naturaleza solamente hay movimiento, no hay tiempo.

El nominalismo y materialismo presentes en el pensamiento hobbesiano derivan en una forma de concebir la causalidad opuesta al principio medieval del bien supremo en la causalidad final. Incluso hay una marcada diferencia con la perspectiva galileana en la que las fuerzas grandes y ocultas eran las causas primeras o últimas de los efectos en la naturaleza. Según el inglés no puede haber nada oculto, la única causa del movimiento es la contigüidad de otros cuerpos en movimiento. Es esto lo que lleva a Hobbes a negar la existencia de vacío. No hay pues poderes ocultos. Todo lo que existe en un cuerpo particular, todo lo que ocurre es un movimiento particular.



[1] Explorar en http://contraelmetodo.blogspot.com.ar/2011/02/notas-acerca-de-el-leviathan-y-la-bomba.html

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