La Persistencia de la Memoria

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Salvador Dalí

sábado, 16 de mayo de 2015

Apuntes introductorios a la lectura de Los Presupuestos metafísicos de la ciencia moderna de Edwin Burtt: la introducción (bis).

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Por José Antonio Gómez Di Vincenzo

Como anticipara en nuestro encuentro anterior, Burtt explicará la clave del problema histórico en la segunda parte de su introducción. Sostendrá con fuerza que dicha clave está dada por los fundamentos metafísicos de la ciencia moderna, marcando una distancia fenomenal respecto a las posiciones hegemónicas en la filosofía de la ciencia de la época.

Nuevamente insistirá en que filosofía e historia de la ciencia deben ir de la mano, esclareciendo una los aportes de la otra.

Cuando uno aborda las obras de los grandes filósofos modernos (Kant, Fichte, Hegel, Hume, Berkeley) encuentra allí “el esfuerzo de restablecer al hombre con sus altas pretensiones espirituales en un puesto de importancia dentro del esquema cósmico”. Pág 22
Resulta paradógico: los modernos intentando volver a situar al hombre en el lugar que ocupaba en el Medioevo.

Burtt nos dice que a pesar de sus esfuerzos resultaba difícil para los intelectuales la tarea de convencer a la humanidad que ideas contrarias al naturalismo podían volver a instalarse en los espíritus. El problema podría ser respondido dada “la patética característica naturaleza humana, que permite fácilmente que el hombre piense de sí mismo con más elevación de lo que debiera.” Pág. 23

Sin embargo, el autor va a esgrimir otra posible solución, argumentará que existe un cambio fundamental en la terminología utilizada para dar respuesta a los problemas metafísicos en el tránsito de la Edad Media a la Modernidad. En vez de tratar las cosas en términos de sustancia, accidente, causalidad, esencia, idea, materia, forma, potencia y acto, los modernos se refieren a ellas hablando de fuerzas, movimientos, energía, masa en el espacio y el tiempo. Todas estas últimas entidades modernas pobre importancia tenían para los pensadores medievales, para quienes variaciones espacio-temporales eran meros accidentes y no características centrales a ser tenidas en cuenta para explicar los fenómenos. Por el contrario, el tiempo es materia de análisis en Hume, Kant, Hegel quienes continuaron sus estudios especulativos ontológicos cambiando la terminología.

El filósofo norteamericano, a continuación, planteará que los desarrollos científicos que tienen lugar en los albores del siglo XX, años antes de escribir su obra, obligan a elaborar nuevas especulaciones en cuanto al carácter de la ciencia y sus métodos. Hay una mezcla de optimismo y escepticismo. No olvidemos aquello de las geometrías no euclideanas y el desbaratamiento del espacio absoluto, más el impacto de la Teoría de la Relatividad y todas esas cosas. La física con la que habíamos hecho la Revolución Industrial y transformado el mundo se caía a pedazos; pero a la vez, la ciencia demostraba su capacidad de autocorrección.

Filósofos contemporáneos a Burtt intentan volver su mirada sobre el método y el carácter de la ciencia a fin de saldar el aparente estado de incertidumbre generado por esta tensión entre el optimismo y el escepticismo reinante. El problema de los alemanes e ingleses inmersos en esta tarea, según nuestro autor, es que emprenden sus elucubraciones apelando a las mismas categorías heredadas sin advertir que ellas forman parte de un problema mayor. Para Burtt lo que debe hacerse es “trabar contacto con el problema más amplio (…) y seguir críticamente el uso primitivo y el desarrollo de estos términos científicos en la época moderna”. Pág 26 En otras palabras, para el filósofo norteamericano, una filosofía de la ciencia que busque describir e interpretar el estado de la ciencia contemporánea debe remontarse al estudio histórico de las categorías modernas, tal como se presentaban en su primera formulación precisa y determinante.

Por ejemplo: sería importante preguntarse cómo y por qué ocurrió que los hombres comenzaron a pensar el universo en término de átomos en vez de seguir apelando a las categorías escolásticas.

En síntesis, Burtt propone algo sumamente innovador para la época: un estudio histórico de la filosofía de los comienzos de la ciencia moderna, en particular de la metafísica detrás de la mecánica clásica newtoniana. En sus propios términos:

“… debemos captar el esencial contraste de toda la visión del mundo moderno y la del pensamiento anterior, y utilizar este contraste calramente concebido como una pista que nos isrva de guía para elegir cada una de nuestras significativas presuposiciones modernas, a fin de estimarlas y criticarlas a la luz de su desarrollo histórico.” Pág  27

Emprender el análisis expuesto en el párrafo anterior es importante si tenemos en cuenta que todas las ciencias surgidas o desarrolladas en el esplendor del siglo XIX tomaron como referencia la mecánica clásica y su postulado de que todas las explicaciones válidas siempre deben formularse en términos de pequeñas unidades elementales en relaciones regularmente cambiantes y, en ciertos casos también, que la causalidad última se encuentra en el movimiento de los átomos.

En efecto, gracias al aporte de Newton, todos los problemas se veían entonces desde una nueva perspectiva. El inglés dotó a términos extremadamente vagos de una precisión brutal. Masa, fuerza eran en su obra categorías muy bien precisadas gracias a la matemática. Su mecánica y sus trabajos en el campo de las matemáticas constituyen el ideal de cientificidad para la época y su impronta penetra los siglos posteriores a la publicación de los Principia

Pero hubo un aporte newtoniano aún más extraordinario. Dice Burtt:

“Al tratar estos conceptos últimos [tiempo, espacio, movimiento] junto con sus cualidades primarias y secundarias, su noción de la naturaleza del universo físico y de su relación con el conocimiento humano (…) al representar decididamente los postulados últimos de la nueva ciencia y su airoso método tal como él los entendía, Newton se constituía en filósofo más que en hombre de ciencia (…) presentaba los fundamentos metafísicos del progreso matemático del espíritu.” Pág. 31

Ciertamente, hay en los Principia una capa de positivismo extremo cubriendo toda una batería de presupuestos metafísicos que el físico inglés buscó eludir. Cuestión que filósofos posteriores o contemporáneos esquivaron y tomando como objeto de reflexión sin duda a sus hazañas científicas. Hay referencias a la obra de Newton en Hume, Kant lo estudió apasionadamente, Hegel lo criticó. Pero la metafísica quedó como un residuo sin analizar.

La apuesta de Burtt es entonces sumergirse en la filosofía de los primeros tiempos de la ciencia moderna localizando sus supuestos fundamentales y siguiendo su rastro hasta los Principia donde su formulación metafísica encuentra su esplendor. Y todo para comprender con claridad el pensamiento moderno.

En la próxima nos sumergiremos directamente en el primer capítulo del libro.

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