La Persistencia de la Memoria

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Salvador Dalí

jueves, 1 de enero de 2015

Del iusnaturalismo moderno y los llamados contractualistas. Presentación

Por José Antonio Gómez Di VincenzoAntes de avanzar en la temática que nos proponemos abordar bien cabría emprender  una contextualización de la cuestión, cosa de no perder de vista que toda filosofía por más abstracta que parezca, responde a necesidades prácticas de legitimación de cierto estado de cosas. Para no irnos por las vaporosas nubes abstractas de las ideas que pretenden instalarse como la verdad revelada, para no pensar que el iusnaturalismo de los modernos vino en un plato volador o emanó del aliento misterioso de un ángel caído permítanos el lector una entrada dedicada toda ella a la presentación del tema para retomar en futuras y sucesivas entregas actum per actum la dramática cuestión.

El desarrollo del capitalismo requirió: a) la constitución de nuevas relaciones de trabajo basadas en la propiedad privada de los medios de producción y el trabajo asalariado (proceso que se llevó a cabo mediante la acumulación originaria, en la que los trabajadores fueron separados de los medios de producción y liberados de todas las formas de dependencia personal); b) la construcción de un nuevo sistema político, que asegurara la hegemonía de la burguesía en la sociedad.

Este último proceso se verificó tanto en el ámbito de la política práctica como en el de la teoría política. En este sentido, la praxis política de los siglos XVII-XIX estuvo marcada por el ciclo de las revoluciones burguesas (el exponente clásico es la Revolución Francesa de 1789-94) en el cual, la burguesía desplazó del poder político a las antiguas clases dominantes. En el ámbito de la filosofía política de la modernidad, irrumpen una serie de ideas cuyo objetivo es dar nuevo fundamento a lo político. Las mismas pueden ser agrupadas en lo que se conoce genéricamente como iusnaturalismo moderno. Estas nuevas ideas se nutren de los aportes de las tradiciones filosóficas modernas y elaboran distintas concepciones de teoría política y social. El iusnaturalismo moderno surge como variante del clásico; es decir, de aquellas doctrinas que se construyen sobre la base de afirmar la existencia de un derecho natural.

En términos de Bobbio el iusnaturalismo consiste en:

“... la revitalización, desarrollo y difusión que la antigua y recurrente idea de derecho natural experimentó durante la edad moderna, en el período comprendido entre comienzos del siglo XVII y finales del XVIII”’. (Bobbio, 1985: 90)

En general, las propuestas modernas, al igual que las clásicas, toman como fundamento para la construcción de lo político concepciones muy precisas acerca de la naturaleza humana. En todas las propuestas iusnaturalistas tenemos postulada una naturaleza humana que funciona como axioma a partir del cual se construye lo político. No sólo existen diferencias con respecto a la noción clásica, sino también hacia el interior del mismo conjunto de propuestas. De este modo, cada exponente del iusnaturalismo expresará una formulación distinta de la naturaleza humana. No obstante esto, todas las teorías iusnaturalistas de la modernidad coinciden en basar sus argumentos en tres conceptos centrales: a) el estado de naturaleza como punto de partida de todo desarrollo, b) la sociedad civil como punto de llegada; c) el contrato social como instrumento por el cual se produce el pasaje del primero al segundo. Cada uno de estos estados (el estado de naturaleza y la sociedad civil) son excluyentes. Siempre el estado de naturaleza representa una situación que, en sí, se encuentra en desventaja con respecto al estado civil. Por lo tanto, es necesario un pacto que permita el pasaje de un estado a otro. Paradójicamente, el estado de naturaleza constituye, al mismo tiempo, el estado a abandonar y el referente a partir del cual, se extraen las nociones que indican y vuelven inteligible la forma de organización política.

Para el iusnaturalismo, existen dos órdenes jurídicos distintos: a) el derecho natural, que debe ser conocido mediante una indagación racional de la esencia humana, y b) el derecho positivo, que está representado por los códigos escritos por los hombres. Estos últimos no pueden ser incompatibles con el derecho natural.

En el modelo iusnaturalista, lo político surge con posterioridad al pacto o contrato social que inaugura la sociedad civil. Lo político (por extensión tambié1n lo social) es un artificio. Esto significa que, por un lado, se impugna lo existente en estado natural, pero también, al mismo tiempo, lo político que surge del sometimiento de todas las instituciones al juicio humano tiene un carácter provisorio y modificable. Lejos de legitimar lo existente, el iusnaturalismo moderno lo impugna manifestando y exigiendo lo que debería ser según el tribunal inapelable de la razón. En la Modernidad adquiere su expresión más acabada la idea de voluntad, es decir, es el consentimiento de los hombres libres e iguales el que emerge como nueva forma de legitimación de la soberanía. Esto es un correlato de la tendencia de las tradiciones de pensamiento modernas a poner al sujeto en el centro de la escena.

El carácter artificial que adquiere lo social en el iusnaturalismo marca una ruptura con la tradición clásica, para la cual lo social era indisoluble de lo humano. Dicho en otros términos, para los filósofos clásicos (y bajo este término agrupamos tanto a la filosofía griega y romana como a la filosofía medieval) era imposible concebir un estado de naturaleza en el que los seres humanos no vivieran en sociedad. En palabras de Aristóteles:

“…está claro que la ciudad es una de las cosas naturales y que el hombre es, por naturaleza, un animal cívico. Y el enemigo de la sociedad ciudadana es, por naturaleza y no por casualidad, o bien un ser inferior o más que un hombre.” (Aristóteles, 1986: 43).

Ahora bien, de la manera en que se definan las condiciones del estado de naturaleza y del modo peculiar en que se exprese la definición de esencia humana dependerán el tipo de características que deba adquirir la sociedad civil.

Una de las notas características del iusnaturalismo moderno es el hecho de elevar “la razón” - entendida dentro del paradigma matemático y la lógica causal moderna en contraposición al modelo teleológico aristotélico- al rango de instrumento central a la hora de formular toda teoría política.

Otra diferencia del modelo moderno con respecto al modelo clásico está dada por la distinción entre lo público y lo privado. En el modelo clásico tradicionalista y organicista (en el sentido de que lo natural y la norma van de la mano y están justificadas por la tradición), el todo marca el ritmo de las partes y éstas revelan su sentido en función de aquél; en otras palabras, lo que hoy llamamos privado coincidía con lo público. En el iusnaturalismo moderno, en cambio, lo privado y lo público adquieren otro sentido. En el nuevo esquema, lo real es lo individual, el estado un artificio. Lo individual actúa como punto central a partir del cual fundar y fundamentar lo público. Siguiendo un esquema argumental inaugurado por el nominalismo[1], los pensadores modernos sostendrán que así como desde el punto de vista metafísico lo universal es sólo una construcción instrumental para designar lo único real que es sólo lo individual, de igual modo en la filosofía política moderna lo importante es la decisión individual a partir de la cual se construye artificialmente el todo, lo universal, el Estado y lo público.






[1] El nominalismo es una postura filosófica crítica del platonismo, desarrollada durante la Edad Media.  Su principales exponentes fueron Roscelino de Compiègne (1050-1121?) y Guillermo de Ockham (1280?-1349). Es el nominalismo el que introduce la idea de que los universales son instrumentos conceptuales sin referente ontológico. Para los nominalistas los universales tienen realidad lógica pero no ontológica. En este sentido sostendrán que "Los conceptos abstractos son nombres para cosas individuales. No hay realidad que corresponda a conceptos abstractos". La separación entre lo propio de la voluntad y lo propio de la razón está ligada a la desvalorización de los universales. Es una concepción intrumentalista de la razón según la cual el calificativo de real le cabe solamente a lo individual. El nominalismo constituye un rompimiento con el pensamiento medieval, plasmada en la pregunta: ¿la legitimidad de la ley deriva de que es reflejo de un orden objetivo o por el contrario de que proviene de la voluntad soberana? Los antiguos responderían que la legitimidad proviene de un orden natural. Por su parte, el papel de la voluntad como instancia fundante de lo político se dará con el iusnaturalismo moderno.

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