La Persistencia de la Memoria

La Persistencia de la Memoria
Salvador Dalí

martes, 15 de diciembre de 2015

Silencio y hasta siempre

Por José Antonio Gómez Di Vincenzo

La Era del Globo Amarillento y la denominada Revolución del Amor marcan el comienzo de una nueva etapa en la política de estas pambas argentas. En Argentina se abre un nuevo ciclo político sesgado por una nueva alianza neoliberal neoconservadora. Pero que más que nunca antes se presenta vacía de contenido, con escasa densidad teórica.

No hay categorías de análisis en los discursos, puros espejismos. Se pasa de un tema a otro. Se surca la contrariedad sin ruborizarse. El actor Ronald Reagan queda lejos aún con toda su puesta en escena hollywoodense, ni que decir aquel caudillo de amplias y enormes patillas que bajaba de los llanos para presidir la argentina de los noventa.

A los ojos del público comprometido, políticamente formado, lo que deviene es un eslalon de burradas y lugares comunes, legitimaciones y pasadas por alto de las más ramplonas expresiones del sentido común dominante. El esfuerzo no consiste en la interpretación de la letra en los discursos. Todo se ha corrido de eje. Hay que mirar detrás de los bailecitos en el balcón histórico de la Casa Rosada, escuchar más allá de los chistontos en pleno acto protocolar; porque mientras, las acciones se apilan pasando por arriba todo lo que alguna vez se llamó república e instituciones. El desafío es hacer el esfuerzo por armar el rompecabezas que se troquela tras bambalinas. Pero cuando se comienza a transitar el camino de la interpretación es demasiado tarde para lágrimas.

Aunque sólo así pueda verse que todo es más de lo mismo remixado. Política conservadora en estado puro. Sólo que disfrazada de puro cambio. Cambio que nunca fue significado de progreso. Nunca designo por sí mismo un paso a un estado mejor de vida. No. Cambio por el cambio mismo. Ni me animo a utilizar una palabra tan cara al pensamiento del siglo pasado como mutación. Cambio que leyó el ciudadano común para su entorno como una salida, un escape a ese fantasma que nunca pudo dotar de densidad, el espectro K que vertían los canales de tv y diarios afines a los intereses de las corporaciones a las alcantarillas craneanas de los descerebrados y lobotomizados victimarios del poder mediático.

Las tramas de los poderes corporativos ya no enhebran en las lógicas que conocíamos. La modernidad tardía trajo consigo no tanto el fin de la historia sino un salto adelante en el modo de las clases dominantes por fundar la legitimación de su propuesta. En eso llevan años de ventaja metodológica. Siempre lograron hacer que el dominado adopte como propia la ideología de los dominantes. Y esa es siempre la misma historia en diferentes tonalidades pero con el mismo fin.
Lobotomizados en el siglo XXI, andamos más enajenados que nunca. Y todo lo que una vez pensamos que sería posible gracias a una educación contrahegemónica debe reconsiderarse. Desde la izquierda hablábamos de educar al proletariado como el pedagogo Sarmiento planteó alguna vez y desde otro lugar, educar al soberano. Pero mientras hacíamos un esfuerzo tremendo por traducir El Capital al lenguaje popular y llevar el Manifiesto Comunista a las fábricas, los culos y tetas mediáticos atraían más que nunca la atención de los proletarios fundidos de tanto doblarse la espalda en la fábrica. Cada vez menos lugar para la lógica de la lectura y la crítica. Cada vez más, para la distracción.

Y sí. El Ángel de Benjamin miraba la historia hecha pedazos. Hoy no queda lugar para mirar ninguna ruina. Ya no más ruinas. Ya no más miradas. Sólo deseo. El fluir de la corriente del deseo. Con los Rolling Stones buscábamos satisfacción y no la podíamos encontrar. Pero todavía allá por los sesenta del siglo pasado lo intentábamos. Y tal vez, aunque no todo el mundo era nuestro, queríamos cambiarlo. La búsqueda hoy es frenética, y es de una satisfacción del deseo de tener nunca todo sino partes yuxtapuestas, pedacitos de todo siempre incompletos e insatisfactorios. Consumir, sin satisfacción como meta. El registro de la satisfacción quedó reducido a una miríada sólo para producir mayor deseo de consumir.

En este orden, el pensamiento crítico queda cada vez más oculto. Y así como las cavernas resguardaron a los cavernícolas de las fieras y el frío, los libros en los sótanos nos brindan cobijo a aquellos que quedamos desfasados en el pensar en una sociedad donde cada vez se piensa menos.

Es por esto que nos llamamos al silencio. No un silencio como sinónimo de acallamiento. Silencio como espacio de reflexión, reconfiguración de la estrategia y la táctica. Silencio para pensar.

Este blog que nació en la época en la que florecía el pensar político nuevamente quiso ser un espacio de reflexión sobre ciencia y tecnología, quiso serlo para muchas cosas. Pero básicamente desde un presupuesto: que la reflexión en lo que sea tiene un fundamento político, y es para la transformación de lo dado. Quisimos hace de este terreno un lugar para sembrar aportes para discutir ideas sobre ciencia y tecnología y de allí elaborar una política sobre ciencia y tecnología para el hoy.

Pero ahora este blog se llama a la pausa y queda stand by. Para que se piense en silencio. Convocamos al silencio de los que saben hacer una pausa. El más atroz de los silencios. El que anticipa la hecatombe.

Hasta la victoria siempre.

lunes, 30 de noviembre de 2015

Lobotomía y cambio



Por José Antonio Gómez Di Vincenzo

Martin Heidegger no vio, no llegó a ver el impacto de los medios de comunicación en la conformación de subjetividades. Pero habló del uno, del tipo interpretado, el tipo que piensa lo que otro piensa por él. Es ese que reproduce el runrún de los medios. Vos le preguntás qué opina sobre tal o cual cosa y te dice lo mismo que la radio, la tele o el clarinete o 678. Sí. Ojo que hay unos en todos lados, los hay de CAMBIEMOS pero también, tenemos nuestros unos progresistas acartonados, lo cual es todo un drama para quienes vamos por la justicia social y la consolidación de las políticas de ampliación de derecho.

Pero bueno, volvamos al uno. El que no piensa por él mismo sino que piensa otro en su lugar para que el reproduzca lo pensado. ¿Cómo es que ocurre esto? Hay varias formas de encarar el asunto. En la obra de Heidegger mismo podemos hallar respuestas. Otro gran pensador postuló la enajenación en que vivía el sujeto dada la forma que adquirían las relaciones de producción en el capitalismo, fue Marx. Otros como Nietzsche o Freud y más cerca Lacán, o los genios de la Escuela de Frankfurt estudiaron todas las cuestiones referidas al funcionamiento de la ideología. Pero como decíamos, ninguno llegó a ver que los medios de comunicación jugarían un rol tan hegemónico en su reproducción durante el siglo XXI. Ni siquiera el gran Althusser de la “Ideología y los aparatos ideológicos del Estado”. Y Mcluhan que rosó el tema con aquello del “medio es el mensaje” y vio que nuestras herramientas nos forman mientras nos ayudan a transformar nuestro mundo, nunca advirtió que nos convertiríamos en idiotas o zombies reproductores de mensajes que no entendemos (ni necesitamos comprender), que son de otros, que son funcionales a los intereses de otros.

Tal vez uno de los pensadores contemporáneos que más cerca esté dando en la tecla es Noam Chomsky. El crítico estadounidense postuló las diez principales estrategias mediáticas para la manipulación. El lector puede consultarlas en Gramscimanía, el blog amigo, clickeando enhttp://www.gramscimania.info.ve/…/noam-chomsky-y-las-10-est…. Crear problemas y ofrecer soluciones; pensarnos mejor de lo que nos pensamos a nosotros mismos; apelar a la emotividad; hablarnos como nenes de jardín de infantes; etc., son las formas de lograr entrarnos.

Sin embargo, hay una tesis común a casi todos estos intelectuales. Ellos creen que la salida consiste en el pensar, en reactivar la potencia de la reflexión. Y bueno, qué otra cosa podíamos esperar de tipos que se la pasan interpelando lo dado. El problema es evidente: ¿Cómo romper con la reproducción del sentido común siendo que los medios son tan potentes? ¿Cómo desarticular la lógica del discurso periodístico, fiel reproductor del sentido común más ramplón? ¿Desde dónde? ¿Es al estilo de una pedagogía, de una formación doctrinaria? ¿Es mediante formatos como el de 678[1]? ¿O por medio de las misas en las unidades básicas? Son preguntas que me carcomen habida cuenta de que tras más de una década de batalla cultural se ha entregado el país a la derecha más dura, se lo ha puesto en manos de la política virtual y marketinera, la de los espejitos de colores, sonrisas y globitos amarillos, de la que no propone nada desde la densidad.

Por estas pampas, se suele creer, desde una mirada bastante simplona y lineal, muy atada a formas clásicas de ver el mundo, propias del sentido común, que eso pasa porque los medios tienen cierto propiedad mágica, porque ellos son capaces de llenarte como si vos estuvieras vacío, porque manejan una economía en la que sustancias informativas se encajan en las mentes como si fuesen sacos a llenar. En filosofía hablamos de metafísica porque solemos tratar de ser precisos con el uso de los términos. Acá podemos dejar de lado todo ese formalismo y decir que esto responde a formas de ver y ordenar el mundo. Sustancias, esencias, cosas aisladas que se juntan con cosas, objetos que entran en otros que los acogen por todos lados. No vemos relaciones.

Quien esto escribe, no por genialidad propia sino por la enseñanza de muchos grandes maestros, duda. Cree que la cosa es mucho más compleja. Que los medios funcionan siguiendo otras lógicas. El problema es el tipo de relaciones que se establecen en un mundo como el que nos toca vivir. Los medios reproducen ciertas lógicas de relación que son funcionales al statu quo, lógicas que transitan en paralelo a las que establecemos en el día a día para reproducir nuestra subsistencia en esta fase del capitalismo, capitalismo tardío, postindustrial, modernidad líquida o como quiera que se llame. Ellos lo hacen por la guita, lo hacen así porque así les sale. Por supuesto, hay conspiradores también. Magnetto es uno, está claro. Pero su influjo no sería tal si no hubiera un estilo, un forma de entramar relaciones en las que las subjetividades se tornen permeables a un discurso del punto a punto, el nodo, el espacio informativo aislado, todo lo contrario a la lógica de un pensamiento que totaliza, que entabla relaciones complejas conceptualizando y entramando las categorías, desde una lógica en la que las cosas son en un punto tal como son dada una serie de relaciones con otras cosas que a su vez dependen de relaciones.

El pensar por uno mismo es difícil. No viene como un software en cajita, no se consigue en la góndola. Se aprende a pensar pensando. Nunca reproduciendo. Aquí está claro, coincido en que la herramienta para romper con la interpretación de los medios funcionales a las corporaciones es interpelar. Pero el problema es que eso no lo logra de un día para el otro cualquiera. Se requiere todo una política educativa que lleva años para lograr que la gente empiece a pensar por sí misma y diferentes estrategias contraculturales a las que se están utilizando. A mi modo de ver hay dos frentes con los que debe lidiar un programa transformador en este sentido:

- El primero, el de la lucha contra el discurso de los medios en sí mismo. Acá de nada sirve mostrar que Clarín miente, hay que mostrar cómo lo hace, desde dónde, por qué medios e para favorecer qué intereses. Al sujeto interpretado no hay otra información contradictoria a la que vierte el pasquín que lo convenza. El cree en el diario, punto. Es un dogma. Cree y san se acabó. No va por la lógica del reemplazo de una cosa por otra. El estilo de los 678 comenzó como un buen intento por poner en tela de juicio, por interpelar las lógicas e intereses del grupo Clarín o La Nación. Luego derivó en el más de lo mismo de la reificación, reproducción o simplificación del discurso oficial. Eso cae mal, está probado, suena soberbio, no le gusta al interpretado. Un grupete de genios iluminados, inteligencias a lo Cintia García, no logrará penetrar el dogma. Tampoco sirve que una runfla de intelectuales lúcidos venga a traer la luz del saber al lego. Eso también es molesto para la tilinguería por más pose de tipos comunes que adopten los universitarios.

- El segundo va más a largo plazo y se relaciona con las políticas y planes educativos. La educación que tenemos es más reproductiva, conformista, chata y lejana a la producción de pensamiento que la que teníamos en los acartonados años de la 1420 de Educación Común. El docente mismo reproduce lo que le dicen, está interpretado. Se trata de hacer como sí desde una ingenuidad tremenda en la que llenar papeles es más importante que el pensar.

El problema en todos los casos mencionados radica en que se sigue la lógica de la cosa, del objeto que en sí mismo sana, el saber como sanador, el conocimiento en sí como herramienta para el cambio. De nuevo, no es la cosa sino la relación que se establece con la cosa. No es el mensaje sino su modo de construcción, su gramática o lógica de articulación. No es la información sino el pensar.

Por supuesto, el lector puede acordarse ahora de todos mis antepasados, puede retrucar que me dediqué a criticar sin aportar nada. Todo bien, en gran medida tiene razón. Pero bueno, dos cosas a mi favor:

- Uno. El pensar ordena, distingue, plantea problemas para luego, buscar soluciones. Empecé por esta parte, por los primeros esbozos de problemas en esta etapa inicial del cambio.

- Dos. No hay espacio para largarse a formular soluciones que en rigor, ni siquiera se me ocurren por el momento.

Volviendo al sentido común y su reproducción de los modos de ver el mundo clásicos. Ahí, lo bello siempre es bueno, lo blanco es hermoso y es virtuoso. En la tele es más probable que un rubio se destaque por bello que por su inteligencia. Será por eso que no abundan en los programas donde se dice que se piensa conductores gordos y feos. Los lindos de la tele casi siempre van bien linealmente a los temas. Son los que instalan que los medios no pueden ser capaces de tanto, que el kirchnerismo les atribuyó demasiado poder y miles de etc. La gente compra y cree. Los interpretados danzan su tonada. Pero si raspamos un poco, algo es común en estos discursos como en aquellos otros que se plantan desde el plan contracultural nac y pop. En todos lados se trata de creer. Lo único que te queda es la fe y la confianza.

No seamos ingénuos, la chatura viene por los dos lados. Creencia, fe, confianza, esperanza. Cosas tan intangibles como las almas bellas de los dioses blancos de la tv o la prístina gracia de los intelectuales de carta abierta. ¿No será hora de desempolvar aquellos ideales de los viejos revolucionarios del siglo XVIII o XIX, aquellos que creían que la razón era la herramienta para romper con la opresión y la ignominia? Peligroso. ¿No habrá que correr ese riesgo? ¿No será preferible un pueblo de revolucionarios a uno de chatos reproductores lobotomizados del pensamiento de derecha?

Lanzada esta la piedra. Nunca me propuse cerrar. Queda abierta la discusión y el debate. Que se piense.



[1] 678 es un programa de televisión que se emite por canal 7, la tv pública del Estado. Se presenta como  un espacio de reflexión periodística sobre el modo en que los medios representan la realidad. Informes especiales con material de archivo, invitados y debates que ofrecen una mirada diferente sobre la política, la economía y la sociedad. Así funcionó en la primera etapa. Luego la coyuntura fue cambiando y el programa derivó, a mi entender, en una sobredeterminación de ciertos discursos y en la reproducción del relato oficial sin que medie autocrítica.

viernes, 13 de noviembre de 2015

La libertad en el rizoma y el voto CAMBIEMOS

La libertad en el rizoma y el voto CAMBIEMOS
Por José Antonio Gómez Di Vincenzo

Nota: este blog abandona por el momento la temática que frecuenta para dedicar esta entrada a la coyuntura política. El trance lo requiere. 

Todo parece indicar el tendremos un 23N bien calentito. Febo asomaría con toda su fuerza calentando la atmósfera hasta superar casi seguro los treinta y pico del termómetro, si es que no llueve. Al menos eso aseguran las presentables pitonisas del clima, esos que a diferencia de los zodiacales pronosticadores, aparecen en destacados espacios de diarios e internet o bajo las luces del escenario mediático y no ocultos al final del pasquín, en las sombras.
Mientras, amigos y colegas despachan opiniones de lo más altisonantes acerca de cómo encarar el análisis del evento que tendrá lugar el domingo de balotaje. Para algunos académicos cercanos a este escriba ni vale la pena calentarse, tras el 22N no pasaría nada, gane quien gane, se viene otra vuelta de tuerca política funcional a la burguesía, más capitalismo. No habría que darle importancia a la cosa pues ganarán los que siempre ganan en la Argentina: los burgueses. O los que antes tenían posibilidad de acudir a la corporación militar para cambiar de gobierno y enderezar la política económica hacia andariveles más acordes con sus intereses de clase que ahora tienen un Durán Barba y un PRO más domesticados pero no menos virulentos; o los que vienen manejando la administración que desde la óptica de estos amigos son lo mismo con matices. Para otros, se trata de evento vital en el que se juega todo un combo de cambios profundos expuestos con más o menos fundamento. Así, individuos frustrados de diverso pelaje, enardecidos por el odio, alterados ingenuos, arriados por un pequeño grupo de cipayos y operadores de la corporación mediático-económica, definirán las cosas hundiendo al kirchnerismo definitivamente sin darse cuenta que al hacerlo se estarían cavando su propia tumba.
Distante de todas las múltiples posiciones analíticas, este escriba ahora prefiere elucubrar nuevas conjeturas y aportar elementos para el estudio del evento, yendo por el lado de la comprensión de cómo operan en la reproducción de ciertas prácticas las representaciones y las acciones llevadas a cabo en el contexto de un mundo que va perdiendo densidad. Un mundo etéreo, virtual, que fluye hacia ninguna parte, que se difumina como el rizoma, aleatoriamente, sin un sentido determinado o determinable. Un mundo nuevo con el que deben convivir quienes todavía están insertos en el denso espacio de la praxis, en el que hay metas, jerarquías, procesos objetivos, intersubjetividad, significados comunes y compromisos asumidos.
Me interesa pensar cómo es que la convocatoria al voto CAMBIEMOS tiene un éxito posible, cómo logra un piso, cierta sustentación aportada por un colectivo de individuos. En particular, como se lo consigue simplemente apelando al marketing, sin mencionar una sola propuesta ni ningún fundamento política para llevarla a cabo, que la gente cambie. Más allá de las conspiraciones (que las hay, las hay) me preocupa más entender por qué hay gente en cuya subjetividad prende la semilla del cambio, así sin que medie reflexión alguna, por el solo hecho de que algunos tocan la tonada que los penetra, esa que cual interpretara el flautista de Hamelin, los lleva como marchosos a las boletas macristas. Varias hipótesis.
La más contundente, creo, es que esto pasa porque no hay partido que de forma política densa y metadiscursiva a lo que se plantea desde lo múltiple y porque además eso no importa. O porque ese partido ya no es político sino virtual y reproduce las lógicas del periodismo mediático, donde cada cosa es efímera, donde todo fluye y deviene, mientras lo denso se oculta tras el telón y se corporiza en el intento del grupo económico por incrementar al infinito las ganancias. Y porque todo es propio de un mundo en el que la dialéctica producción, acumulación, intercambio y consumo promueve la construcción de subjetividades líquidas, frágiles, livianas, poco propensas al análisis y la síntesis formal, imposibilitadas por ver la totalidad.
Hay algo interesante que puede plantearse también como tesis o punto de partida para el pensar. A diferencia de los posicionamiento políticos y sociales clásicos, en las que un colectivo de sujetos con padecimientos o intereses particulares se une tras objetivar la síntesis de las causas de sus pesares, entendiendo que todos responden a una lógica, a un proceso, a una política x y clama por el reemplazo de dicho modelo por algo distinto, siendo lo que hace que lo particular confluya en una cosa, en un colectivo, algo concreto, denso, objetivo y siendo lo nuevo también algo denso, concreto y objetivo; a deferencia de todo eso, decía, la campaña CAMBIEMOS para el 22N se agota en las particularidades, siendo lo que aglutina esa multiplicidad de particularismos, por un lado, un espejismo, una fantasmagoría, por el otro. El espejismo que consiste en creer que hay dictadura K allí donde hay un gobierno dramáticamente consolidado. La fantasmagoría de una dictadura eterna que ya no es posible porque precisamente quien debe reproducirse en el poder se va o es un fantasma. La fantasmagoría, también, del fantasma en la máquina, la presencia metafísica que da sentido a todos los cuerpos confluyendo maquinalmente en la protesta del voto bronca, voto castigo como un ritual sin saber que detrás de escena hay un genio maligno a quien son funcionales. Marcha de la bronca hacia las urnas que, como dijo la señora cacerola en mano hace unos años ante la interpelación del por qué, “y no sé por qué más…” dando cuenta de una adición infinita de motivos sin nada que los ancle, sin análisis de causas. Todo pre digerido, todo interpretado.
Dos mundos, planteaba más arriba, tal vez más si se ponderan las mediaciones. Uno en el que la libertad se traduce en el consumo compulsivo de objetos cada vez menos densos, que o bien se difuminan en lo virtual o bien se descartan en poco tiempo, perdiéndose en una dimensión donde ya no hay un valor de uso fuertemente anclado en la necesidad de la experiencia concreta cruzado por la densidad de lo humano experiencial. Libertad liviana, libertad sin compromisos, sin saberse miembro de una sociedad, sin responsabilidad social. Nada queda, por citar un ejemplo, de aquellos viejos juguetes, esos que costaba conseguir sangre sudor y lágrimas, esos latosos, duros, pesados que duraban. Todos los chiches nuevos vuelan por el aire como histéricos para hacerse añicos, para no durar, por más que los fanáticos de Toy Story clamemos por otra visión del juego y de los juguetes.
Mientras sumergidos en ese mundo débil, los danzantes bailan al ritmo del marketing, poco más de 150 compañías monopolizan el mercado mundial. La irracionalidad del capitalismo desentona con una lógica cada vez más férrea, esa que posibilita el ajuste entre la producción estúpida y el consumo bobo, esa que encuentra la forma de reajustar la relación dialéctica de las categorías para su propia reproducción, para el incremento de la ganancia a costa de lo que sea. Y tras bambalinas, la presencia del fantasma, paradójicamente densa, penetrante, tramando ardides y articulando las prácticas de las marionetas. Hegemonía e ideología son sus herramientas.
Y el resultado, cada vez menos vínculos humanos en un mundo hipervinculado. Nadie es capaz de ver que detrás del celular que se compró hay centenares de personas involucradas en un proceso de producción al que fueron a poner su cuerpo, su dignidad, porque no les quedaba otra. En el ritual consumista, el comprador cree que logró alcanzar una meta, por cierto efímera, gracias a su mérito personalismo, individual.
El consumidor medio no ve a nadie, solo un vendedor que está allí para brindarle un servicio. No ve fábricas, no ve sufrimiento, no ve una naturaleza arrasada, no ve un cuerpo sufriente en una línea de montaje cada vez menos densa. Y no sólo la línea de montaje va deshumanizándose y deshumanizando en varios sentidos (deshumaniza al obrero convirtiéndolo en una máquina, se deshumaniza en tanto cada vez son menos los hombres que la operan y más los autómatas mecánicos, deshumaniza sus sentidos pues está allí por arte de magia), la naturaleza va desnaturalizándose también, objetivándose, convirtiéndose en algo que está allí, por fuera de los hombres, algo a la mano, una fuente de recursos a arrasar.
El otro se volatiliza como los sentidos se difuminan en la red. Correr de un local al otro del shopping porque tañe una campana que oferta las rebajas en artículos de los más variados. No importa planificar la compra. Interesa estar en el no lugar y consumir. Consumir es existir. Para los menos inquietos, la compra on line. Todo a la mano a pesar de la virtualidad. El mercado mismo se disuelve. Ya no hay góndolas, no hay clasificación, no hay jerarquías de bienes ni consumos. Ya no hay un almacenero a quién contarle una historia tomando un trago mientras se sigue la lista de compras, están en vías de extinción. Ventanas virtuales que se abren y cierran a gran velocidad, en un devenir hacia ninguna parte, ancladas solo en la lógica del consumo, vienen a dar sentido a un nuevo tiempo que se yuxtapone al otro tiempo, el del ciclo vital.
Y en medio de la lógica consumista, esa sensación de fluir eterno que se impregna en las prácticas cotidianas del ser enchufado a la información carente de jerarquización, clasificación va penetrando la política. La risotada heraclítea resuena desde el más allá mientras todo fluye. No hay lugar para la síntesis formal ni para una visión totalizadora. El fluir es fluir de cuadros sin película. Y en ese devenir se privilegia el impulso por sobre la razón, el cuerpo deseante antes que el cuerpo que padece, el cuerpo listo para ser penetrado por la cosa antes que el que transforma la cosa.
Enajenados, los consumidores aturdidos se expresan en la particularidad citando un rosario de problemas, todos “mi problema”. Su mi es el posesivo más intrascendente que puede existir a la vez que es el más anclado a un punto. Y si bien muchos mi son parecidos, muchos tienen que ver con temas como la imposibilidad de compara dólares o el problema de la seguridad, ninguno logra ir más allá de sus propias narices. Mi consumo negado, mi consumo de protesta, mi problema. Un vos surge como interpelador radial emanando desde un centro, el ámbito desde donde se convoca. Y muchos mi se encuentran en ese vos que jamás logrará ser un nosotros, pero que tiene muy fuertemente construido el otros, los negros, los infames seguidores de K, los vagos que viven del plan, etc.
El culto del yo, el culto del mí, yo y mi mérito todopoderoso; yo y mi libertad para hacer lo que quiero negada por una banda de otros que quieren imponer algo avasallante por sobre mi yo, el bien común, la cosa pública, el bienestar general, el Estado.
El 22N será interesante porque representará la exacerbación de un modo de expresión ahora novedoso. Como sea, gane quien gane, resulta interesante pensar como se conforma el colectivo de la bronca y el cambio, como se nutre de subjetividades que se agregan a los golpistas de siempre, gente caliente por cuestiones particulares que da cuerpo a la movida, muchos que no saben por qué.

Tal vez sea otra muestra del más de lo mismo a que nos tiene acostumbrados la lógica de la clase media y su alianza con la dominante cuando la distinción peligra. Tal vez a eso debamos agregar algo distinto. Esto sólo pretendía ser una provocación para la reflexión. Y por ahora es eso y nada más.

domingo, 1 de noviembre de 2015

Apuntes introductorios a la lectura de Los Presupuestos metafísicos de la ciencia moderna de Edwin Burtt: el otro Isaac.


Isaac Barrow.jpg

Por José Antonio Gómez Di Vincenzo

Isaac Barrow (1630 – 1677) no es, al menos para la vulgata, la estrella más rutilante en el cosmos académico del siglo XVII. Es el otro Isaac, el olvidado en los manuales escolares, en las revistas de divulgación o de historia de la ciencia. Sin embargo, es seguro que puesto a lado de cualquiera de los grandes pensadores de todas las épocas su figura no tiene nada que envidiarle al promedio. Isaac Barrow es otro de los gigantes sobre cuyos hombros se paró Newton.
Barrow es otro de los exalumnos del Trinity College que con el tiempo cerró filas con el pensamiento moderno, lanzando por la borda todo el bagaje escolástico  medieval. Pasó por las aulas enseñando matemática, tanto en el Trinity como en el Gresham College. Tuvo como pupilo al Isaac famoso, quien se asegura es el único matemático inglés capaz de superarlo: Newton, claro.
Pero el tiempo pone todo en su lugar, al menos en aquellos ámbitos donde la historia de las ciencias no es la historia de unos pocos genios iluminados que dan en el clavo sino la de una comunidad de hombres inmersos en claros oscuros, debates, intercambios, tensiones y lastres.
Barrow, junto con otros como Henry More (1614 -  1687), influyó en el pensamiento metafísico de Newton. Sus trabajos en matemática, espacio y tiempo tienen profundas repercusiones en ese campo. En sus obras, Barrow se despacha con profundas teorizaciones sobre el método matemático, el tiempo y el espacio. 
El matemático inglés sostiene que el objeto de la ciencia es la cantidad considerada en las formas puras o combinadas. Una línea puede ser estudiada puramente desde la geometría o tomada como un distancia entre dos cuerpos materiales o como una trayectoria tal como lo hace la astronomía o la mecánica.
Isaac Barrow insiste que es un error considerar que el matemático trata con objetos ideales opuestos a los sensibles, mantiene una firmeza considerable que la ciencia se debe ocupar de las cosas, analizando los fenómenos a los que tilda de inteligibles. Lo es porque responde a una continuidad cuantitativa. Por eso la física es matemática.
La salsa moderna se cocina también en la hoya de Barrow. Matematización, análisis cuantitativo, condimentos fundamentales de la ciencia moderna. Al igual que sus contemporáneos ingleses, plantea que todo lo existente debe ser considerado como extenso.
El método matemático parte de la consideración de la disciplina como una forma de hacer aparecer en la mente ideas claras y distintas con nombres apropiados e invariables. La investigación parte del a priori para elaborar conclusiones verdaderas. Se trata de algunos axiomas irrefutables y familiares. Las hipótesis que deben surgir conforme a la razón también se establecen a priori.
Barrow enumera ocho razones específicas para afirmar la certeza de la geometría:

Claridad de conceptos
Definiciones inequívocas
La certidumbre intuitiva
La verdad universal de los axiomas
La posibilidad y facilidad con que se pueden imaginar postulados e hipótesis
Pequeño número de axiomas
Claridad en la generación de magnitudes
Orden sencillo de demostraciones
El hecho de que los matemáticos pasen por alto lo que no conocen prefiriendo reconocer la ignorancia a afirmar sin una buena base.

Los principios nacen de los objetos sensibles que son los llevan a la razón a enhebrar los objetos y demostraciones geométricas. La razón percibe estimulada por los sentidos que las figuras geométricas están allí, existen en el mundo. Son como la estatua que vive en el bloque amorfo de mármol. La matemática se fundamenta entonces a partir de la inducción. Su validez universal se basa en que sus principios han sido verificados permanentemente.
Según Barrow, se conoce lo que se expresa numéricamente en relación a una medida definida y conocida considerada como unidad. Sólo por los números pueden reducirse a cantidades de las cosas a medidas.
Las sustancias y esencias de la escolástica quedan atrás en el pensamiento de Barrow para dar pie a la reflexión sobre el espacio y el tiempo.  Sin embargo, su interés religioso se mantiene. Sostiene que toda demostración supone la existencia de dios.
Descartes, como es sabido, había tratado el asunto del espacio instalando un dualismo. Vio en el espacio una sustancia material y adjudicó al mundo inmaterial del pensamiento todo lo que podría tener tratamiento geométrico. Barrow, que era un teólogo, notó de entrada el peligro de este tipo de pensamiento y se avocó a saldar el dualismo que el francés había instalado. El espacio no podía ser independiente de la deidad.
El espacio y el tiempo en Barrow (también en More) se consideran como existentes reales y absolutos pero con un todo distinto al que le da Hobbes. El espacio y el tiempo así tomados son la omnipresencia y duración eternas de dios. Pero el matemático inglés se interesa por la ciencia positiva. Y desde este punto de vista considera que el espacio y el tiempo expresan simplemente potencialidad de magnitud y duración.
El espacio para Barrow no puede tener una existencia real independiente de dios. Por otro lado es contrario a las escrituras considerar a la materia como infinitamente extensa. El espacio es la superabundancia de la presencia y poder divinos. Dios puede crear mundos más allá de este, extender la materia más allá de él. No puede considerarse al espacio como existente real en sí mismo, él debe ser tomado como mera potencia pura y simple, una capacidad, posición o interposición de una magnitud.
Barrow se preguntaba si había habido tiempo antes de la creación y si este fluye más allá de los límites del mundo. Su respuesta no tarda en llegar y sintoniza con su idea de espacio. Argumenta que así como hubo espacio antes de la creación de este mundo, un espacio coexistente con dios, también el tiempo era y es más allá del mundo. Como antes del mundo había seres que podían existir continuamente, ángeles o dios mismo, ahora las cosas pueden existir más allá del mundo y gozar de permanencia. El tiempo no es una existencia real sino una capacidad.
En síntesis, coincidiendo con More, Barrow va a sostener que considerados como existencias reales y absolutas el espacio y el tiempo no son más que la omnipresencia y la duración eternas de dios. Pero al interesarse en la ciencia positiva, este filósofo no le atribuye existencia real en sí, sino expresan simplemente potencialidad de la magnitud y duración. Como sea, Barrow era religioso. Jamás olvidó que la existencia de dios trascendente  infinito y siempre vivo implicaba un espacio y un tiempo. Tanto como More, Barrow creía que el espacio y el tiempo no podían aparecer como independientes de la deidad.
Así como el espacio llegó a convertirse con los ingleses del siglo XVII en una sustancia infinita que existe por sí misma (salvo por su relación con dios) dejando de ser un accidente de las cosas o relativo a las magnitudes, el tiempo dejó de ser considerado como la medida del movimiento y paso a ser algo misterioso, que fluye eternamente con un curso matemático siempre igual. En esto los filósofos de la naturaleza ingleses fueron claros exponentes de la modernidad. El mundo de la naturaleza se despojaba de sustancias que tienen relaciones teleológicas y cualitativas y se transforma en el reino de los cuerpos que se mueven mecánicamente en el espacio y en el tiempo.


sábado, 17 de octubre de 2015

Apuntes introductorios a la lectura de Los Presupuestos metafísicos de la ciencia moderna de Edwin Burtt: algo más que un filósofo político: Henry More, el platónico de Cambridge.



Por José Antonio Gómez Di Vincenzo

Continuamos con el desarrollo de estos apuntes incursionando en la obra de los ingleses del siglo XVII, otros contemporáneos de Descartes, que aportaron al debate sobre el espacio, el tiempo y la causalidad, influenciando luego a los grandes científicos de la Royal Society.

Henry More (1614 - 1687) se dejó influenciar por el neoplatonismo mientras desarrollaba sus trabajos en Cambridge. Es conocida su creencia en una cuarta dimensión espacial en la que habita la espiritualidad. Spissitude es el término que designa la magnitud de un cuerpo en esta cuarta dimensión. Veamos.

More representó el costado más espiritual del movimiento de Cambridge, objetando el pensamiento de Hobbes y su rechazo del alma. Para este filósofo, el alma es tan real como el organismo.

Pero More se  hallaba en una permanente contradicción. Tanto para él como para el Hobbes las cosas no pueden existir sin la extensión.  La cosa sin extensión es un punto matemático. No hay punto medio, se es o no se es. Como los cuerpos existen, ellos deben existir en la extensión. Pero esto mismo es lo que aleja al filósofo de la posición de Hobbes puesto que el escocés atribuye la extensión a la materia como su cualidad esencial. No habría lugar para el espíritu.

El espíritu, según More, es también extenso. Sus otras cualidades son diferentes a las del resto de la materia. El espíritu es libremente penetrante, es capaz de penetrar y producir movimiento, puede contraerse y dilatarse, ocupar mayor o menor espacio. El alma se localiza en el cuarto ventrículo del cerebro. Es allí donde se da la percepción, la imaginación, el razonamiento. Pero ella puede dilatarse ocupando todo el cuerpo y yendo más allá como los “efluvios espirituales”.

Es este tipo de creencia la que lleva a More a sostener la existencia de una cuarta dimensión espiritual denominada condensación esencial o esencial spissitudes.

More creía que los fenómenos del mundo no pueden explicarse apelando sólo a cuestiones materiales o mecánicamente sino que debe verse que necesita de lo incorpóreo espiritual. El inglés creía que así como había una sustancia incorpórea en los seres humanos, también la había pero mayor en la naturaleza. Observaba que si bien las causas inmediatas y suficientes pueden describirse mecánicamente, la razón última de por qué las partes del universo están en movimiento debe abordarse apelando a otro tipo de explicaciones. Había movimientos como los que se producían por el magnetismo que no podían ser reducidos mecánicamente ni explicarse materialmente. Se preguntaba cómo era posible explicar los hechos de la gravitación a través de principios mecánicos.

More sostiene que siguiendo los principios mecánicos expuestos por Hobbes o por Descartes en sus respectivas mecánicas, las piedras lanzadas en caída libre nunca viajarían en línea recta hacia la tierra.  Según este filósofo inglés, la gravedad repugna las leyes mecánicas. Sostenía que debía haber algo más, algo así como un “espíritu de la naturaleza”.

La creencia de More roza la idea de fuerza expresada en la famosa saga de la Guerra de las Galaxias. Se trata de un principio hilárquico vital que penetra la materia y cuyos poderes se expresan en los fenómenos físicos. Una forma de ver muy común en la Baja Edad Media y muy presente en pensadores como Képler.

Para More, este orden que lo penetra todo y brinda armonía a la naturaleza explica la existencia de una sustancia incorpórea superior a dicho espíritu del mundo. Es una sustancia espiritual y racional que realiza los fines. El filósofo está seguro de la existencia de dios, un creador sabio y gobernador del universo cuyo medio para lograr sus propósitos es este incorpóreo inferior denominado el espíritu de la naturaleza.

A diferencia de Descartes, para quien el espacio y la materia eran la misma cosa porque un cuerpo es una porción limitada de extensión, More se acerca a Hobbes que diferencia espacio y extensión sosteniendo también que la materia puede ser aniquilada sin que el espacio necesariamente quede eliminado. Es espacio sería un sustrato inmóvil e ilimitado en contraste del cual todos los movimientos pueden ser mensurados. Hay un espacio absoluto, homogéneo e invariable. Pero ese espacio es real y no un fantasma. Aquí se aparta de Hobbes.

Este espacio absoluto, en la concepción moriana, debe tener una existencia real, debe distinguirse de la materia, no tiene características corpóreas salvo la extensión. En More, dios y el espacio no son más que uno, simple, inmóvil, eterno, perfecto, independiente, existente por sí mismo, subsistente por sí mismo, incorruptible, necesario, inmenso, increado, ilimitado, inabarcable omnipresente, incorpóreo, penetrante y abrazante de todas las cosas, ser esencial, actual, pura actualidad.


Desde aquí, More junto a otros espíritus religiosos pudieron adaptar todas las investigaciones científicas sobre el espacio a la filosofía aristotélica de la forma pura y la absoluta actualidad. 

viernes, 2 de octubre de 2015

Apuntes introductorios a la lectura de Los Presupuestos metafísicos de la ciencia moderna de Edwin Burtt: algo más que un filósofo político, Hobbes y la naturaleza



Por José Antonio Gómez Di Vincenzo

La entrada de Wikipedia sobre Thomas Hobbes (1588 -  1679) dice que el hombre “fue un filósofo inglés cuya obra Leviatán (1651) influyó de manera importante en el desarrollo de la filosofía política occidental. Es el teórico por excelencia del absolutismo político.” Cito la entrada de la wiki por ser una de las más consultadas en la web por alumnos y profesores ávidos de data. Resulta frecuente encontrar como aquí otras referencias bibliográficas o biográficas en las que el escocés es presentado en principio como el filósofo político padre del iusnaturalismo moderno y solo después como matemático o filósofo natural. Es verdad, su modelo hobbesiano rompe con el clásico al presentar en el Leviathan un modelo de legitimación del orden a través de una forma de fundamento político racional. Debemos mucho a Hobbes en ese rubro. Pero aquí lo que se pretende es reforzar el otro aspecto de su obra, sus aportes a la revolución científica como crítico feroz del dualismo cartesiano y sus contribuciones a la reflexión sobre la causalidad.

Hobbes llegó a notar de grande en la geometría una interesante herramienta de análisis y reflexión. Sus estudios comenzaron llegados los cuarenta años movidos por la necesidad de encuadrar todos los revolucionarios conocimientos disparados por la astronomía moderna.  Movilizado por este interés visitó a Galileo de quien afirma fue aquel pensador que lo impulsó a mantener firme y explorar a fondo su idea de que la adecuada explicación de los fenómenos hay que buscarla en el cuerpo y el movimiento.

Si bien puede argumentarse que Hobbes siguió siendo un escolástico en su física, que permaneció atado a muchos de los conceptos medievales en filosofía natural, que a pesar de luchar contra el dualismo la res cogitans se le cuela por la ventana al final como resabio de sus arguementaciones, no es menos cierto que su influencia crítica elevó el estándar de la época, haciendo que muchas de las mentes jóvenes del siglo XVII tuviesen que renovar esfuerzos para superar sus objeciones. Es conocida, se ha trabajado arduamente en este blog, la discusión que el escocés mantiene con Boyle  (1627 - 1691) acerca de la existencia del vacío, a raíz de los trabajos que venían llevándose a cabo en el Colegio Invisible.[1]

Tras el estudio de la obra de Descartes (1596 – 1650), básicamente las Meditaciones, Hobbes elaboró una serie de objeciones concentrándose básicamente en el dualismo cartesiano. Para el pensador escocés, el pensamiento es actividad, una clase de movimiento, movimientos de un organismo animal, movimiento de los órganos corporales. En esto, Hobbes se desprende de la escolástica medieval y de todo vestigio de cualidades etéreas. El estudio del pensamiento pues debe emprenderse a partir del estudio del movimiento. Ese algo que se mueve es algo corporal, debe ser pensado pues como cuerpo. Hobbes pone ejemplos muy ilustrativos para la cuestión: sostiene que no puede pensarse el caminar independientemente de quien camina, el salto del que salta. Así, el pensar deber reflexionarse junto con el que piensa.

Para el inglés, la idea es siempre una imagen y una imagen es de algo que tiene características corporales. Las imágenes son siempre de objetos, cosas individuales. En este aspecto, Hobbes es un típico nominalista, para él las cosas individuales son las únicas que tienen existencia real. De aquí su negación de las esencias y/o naturalezas universales. Un ejemplo da vida al razonamiento nominalista hobbesiano. El filósofo sostiene que el triángulo que tenemos en la mente surge del triángulo que hemos visto o de uno que hemos construido en la mente a partir de los que hemos contemplado en la naturaleza. La naturaleza del triángulo no es eterna, él desaparece cuando el hombre muere. La esencia sin la existencia es una ficción de nuestra mente. No hay justificación posible para un dualismo metafísico.

Hobbes sabe que debe dar sustento racional a sus argumentaciones, que tiene que explicar cómo es posible que el pensamiento sea movimiento de cosas corpóreas. Por eso encara todo un análisis detallado de la mente y escribe su Tratado de la naturaleza humana, un texto sumamente importante por la influencia que tiene en la metafísica de Newton.

Para Hobbes, las imágenes son experiencias sensibles, fantasmas que nacen de un conflicto de los movimientos que se producen en el cuerpo humano. Los movimientos de los cuerpos chocan con los del cuerpo que percibe.

Entonces las cualidades secundarias no están en el objeto por más que esto parezca ser así sino en el cuerpo de quién percibe. Burtt muestra en sus Fundamentos metafísicos de la ciencia moderna muy claramente el argumento hobbesiano citándolo de la fuente original:

Según Hobbes, todas las cualidades sensibles parecen exteriores porque “hay en todo órgano, a causa de su movimiento natural e interior, alguna resistencia o reacción contra el movimiento que se propaga del objeto a la parte más recóndita del órgano. En el mismo órgano hay también un conato opuesto al conato que precede del objeto. Por eso cuando ese conato interior es la última acción en el acto del sentido, nace un fantasma o idea de la reacción por pequeña que sea su duración, lo cual a causa de que el conato es ahora exterior aparece siemrpe como algo situado afuera del órgano.” Pág. 142

La pregunta entonces es: ¿cómo sostener que lo mismo no ocurre con las cualidades primarias? Todo un problema. Hobbes sale del brete diferenciando el espacio de la extensión geométrica.
El espacio para el inglés es un fantasma de una cosa que existe fuera de nosotros. La extensión es una característica esencial del cuerpo. Fuera de nosotros hay cuerpos extensos en movimiento produciendo fantasmas interiores e incluyendo esa exterioridad de los fantasmas que constituye el espacio.

La misma línea argumental sirve para explicar el tiempo. En Hobbes, éste también es un fantasma dado por la diferencia del antes y el después en el movimiento. Sólo hay presente en la naturaleza. El pasado existe en la memoria, el futuro no existe para nada, es mera ficción. Desde esta perspectiva, Hobbes argumenta que en la naturaleza solamente hay movimiento, no hay tiempo.

El nominalismo y materialismo presentes en el pensamiento hobbesiano derivan en una forma de concebir la causalidad opuesta al principio medieval del bien supremo en la causalidad final. Incluso hay una marcada diferencia con la perspectiva galileana en la que las fuerzas grandes y ocultas eran las causas primeras o últimas de los efectos en la naturaleza. Según el inglés no puede haber nada oculto, la única causa del movimiento es la contigüidad de otros cuerpos en movimiento. Es esto lo que lleva a Hobbes a negar la existencia de vacío. No hay pues poderes ocultos. Todo lo que existe en un cuerpo particular, todo lo que ocurre es un movimiento particular.



[1] Explorar en http://contraelmetodo.blogspot.com.ar/2011/02/notas-acerca-de-el-leviathan-y-la-bomba.html

domingo, 13 de septiembre de 2015

Apuntes introductorios a la lectura de Los Presupuestos metafísicos de la ciencia moderna de Edwin Burtt: la realidad en Galileo.



Por José Antonio Gómez Di Vincenzo

En la presente entrada nos despediremos de Galileo  analizando cómo hay en su obra un rediseño fundamental del modo de ver el mundo.

Hay que tener presente que en los científicos modernos tenemos una reconceptualización de la causalidad. Aun así, entre los exponentes de la Revolución Científica del S. XVI y el S. XVII existen diferentes matices. Galileo es un gigante sobre el cual se paran no sólo Newton sino también Descartes, Liebniz y demás.

En Kepler, por ejemplo, la causa de los efectos observados es la belleza matemática y la armonía del mundo. Se trata de una traducción particular de la causa formal escolástica.  Es conocida la crítica que Galileo formuló al astrónomo alemán cuando este explica la influencia de la Luna sobre las mareas apelando a cualidades ocultas. El italiano toma otro rumbo, tal vez un poco impulsado por la necesidad de dar respuesta a una serie de cuestiones que no formaban parte de la agenda del alemán.
En efecto, al estudiar el movimiento acelerado debe introducir la dinámica, no contentarse con el estudio de la cinemática. De aquí, la importancia del estudio de las fuerzas. Esto implica realizar un rodeo previo al estudio de las causas en términos de fuerzas operantes y pensar el lugar del hombre en la naturaleza, la diferencia entre cualidades primarias y secundarias y una noción científica de dios.

Nuevamente aparece aquí el tema de la diferencia entre la medieval explicación del porqué y la moderna búsqueda del cómo. Para aquellos la causalidad final iba de la mano de propósitos y utilidades, es decir, teleología y jerarquía teológica. El mundo creado por dios era útil para el hombre, el propósito de los hombres y sus actividades, religarse con dios. La causalidad final queda de lado en la óptica galileana, desplazada por la pregunta cómo.

Es clave tener presente esta cuestión. En el tránsito de Képler a Galileo hay un último desplazamiento fundamental: del porqué al cómo, cambio de la pregunta. El cómo del italiano iba de la mano de la consideración no jerárquica de la naturaleza, cambios de elementos materiales que pueden matematizarse.

El problema para Galileo es entonces, una vez desplazado el modelo aristotélico, qué hacer con dios. Borrarlo de un plumazo era ir demasiado lejos. El astrónomo italiano hace aquí una pirueta invirtiendo la mirada peripatética. Dios ahora es causa, creador de los átomos materiales, dios inventor, dios mecánico.

En resumen, para la filosofía medieval,  había una naturaleza esencialmente cualitativa para la utilidad del hombre y para que éste se ligara a dios. Para Galileo, dios mecánico creador de los átomos, una naturaleza esencialmente matemática con existencia independiente del hombre.

Galileo introduce la distinción entre causas primarias o últimas concebidas como fuerzas, y las secundarias, como movimientos de los átomos. Las segundas sirven para hacer resaltar las primeras. La gravedad es un ejemplo de las causas primarias.

Ahora bien, Galileo corría un riesgo. La pregunta por la naturaleza de las causas primarias podría traer toda la metafísica medieval de nuevo al sistema. Sin embargo, el italiano se corre definitivamente del esquema escolástico y se planta en una suerte de agnosticismo dejando todo aquello sin responder. Galileo afirmará que no conocemos la naturaleza esencial de la fuerza, solamente sus efectos cuantitativos. En su crítica al uso de cualidades ocultas por parte de Képler, el italiano afirma que es mejor decir no lo sé a invocar extravagantes figuras.


Es así que Galileo pasa a la historia como aquel gran héroe de la ciencia moderna, aquél que deja de lado los presupuestos medievales para legar a los descartes y newton posteriores todo un conjunto de explicaciones que sirven de base para la construcción de la mecánica moderna.

martes, 1 de septiembre de 2015

Apuntes introductorios a la lectura de Los Presupuestos metafísicos de la ciencia moderna de Edwin Burtt: el movimiento, el espacio y el tiempo en Galileo.



Por José Antonio Gómez Di Vincenzo

En este apartado Burtt va a analizar aquellos aspectos de la filosofía del astrónomo italiano que lo diferencian de sus predecesores inmediatos. Es su trabajo con el movimiento de los cuerpos sobre la faz de la Tierra lo que agrega una serie de tópicos importantes a su filosofía de la naturaleza.

Galileo abandona definitivamente la apelación a causas finales para el desarrollo de sus explicaciones. La herencia aristotélica es dejada de lado, de los por qué pasamos a un cómo se produce el movimiento como pregunta disparadora. En efecto, ya no se utilizan términos como acción, pasión, fin, lugar natural, causa eficiente. Ya no se prestará atención a las cualidades y las sustancias para pasar a la matematización del movimiento de los cuerpos y el estudio del cómo.

Efectivamente, el gran paso de Galileo consistió en el abandono de la teleología para analizar más que las finalidades los procesos mismos. Según Burtt, el método galileano esencialmente dio un paso hacia el método moderno con “la percepción intuitiva de un grupo de hechos, de elementos tales que, combinados cuantitativamente, produzcan los hechos observados”. Pág. 98

Galileo tuvo que redefinir la matemática para apartarse de la idealista escolástica con el objeto de dar cuenta de los movimientos terrenales. Para ello tomó del uso común términos como fuerza, resistencia, movimiento, velocidad y aceleración y les dio un sentido matemático, para que puedan actuar en formulaciones matemáticas junto con categorías como líneas, ángulos, curvas, etc. En síntesis, el italiano redefinió las matemáticas para ajustarlas a su nueva mecánica.

Ahora bien, el estudio del cómo  del movimiento lo lleva a tener que pensar también los conceptos de espacio y tiempo. En definitiva, de la escasa importancia que la Escolástica y la física aristotélica daban al espacio y el tiempo no sólo dejaba la indagación de lado sino que resolvía la cuestión alejándose de su matematización como sí hacía el platonismo y  el pitagorismo. Galileo y los modernos pasan a pensar en los objetos y sus relaciones como esencialmente matemáticas, una transición lenta pero notablemente influida por el renacimiento del neoplatinismo.

En la metafísica de Galileo, espacio y tiempo son categorías centrales. “El mundo real es el mundo de los cuerpos en movimiento que puede ser analizado matemáticamente, y esto significa que el mundo real es el mundo de los cuerpos que se mueven en el espacio y en el tiempo. Pág. 100

La tradición antigua ligaba el tiempo a las categorías de potencia y acto. De este modo, el estagirita analizaba el cambio. “Este método de análisis permite establecer de manera notable una continuidad lógica entre la transformación de la bellota en roble o del roble en mesa y la unión con Dios en el éxtasis religioso en el cual el hombre, supremo en la jerarquía de la materia informada, se pone en bienaventurado contacto con  la Forma Pura o Realidad Absoluta”. Pág. 100

Con Galileo desterramos al hombre de la naturaleza, ya no antropomormizamos el mundo, no hay ni memoria ni voluntad en el universo. El tiempo se nos presenta como un continuo mensurable. Sólo el presente existe como línea divisoria entre el pasado que se desvaneció y el futuro incognoscible. El tiempo deja de ser algo vivido. En síntesis, el tiempo pasa a ser duración matemática mensurable.

De este modo, el tiempo en Galileo nutre la concepción mecanicista de que los acontecimientos futuros pueden ser predichos con exactitud. El hombre queda entonces sometido a la necesidad mecánica.


En cuanto al espacio, Galileo analizaba los hechos en términos de distancia considerando relevante su lugar en el estudio del movimiento. Con esto se diferenciaba de los escolásticos para los cuales la cuestión era meramente accidental. El mundo de la naturaleza paso en los albores de la modernidad de finito a infinito, una de las transformaciones más importantes para el desarrollo de la física moderna.

viernes, 14 de agosto de 2015

Imbricaciones entre ciencias, tecnologías biomédicas y tecnologías sociales: el tándem biotipología y psicotecnia en Argentina (1930 – 1943)


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Por José Antonio Gómez Di Vincenzo

Antes de empezar: En esta oportunidad dejaremos para retomar más adelante el trabajo sobre el texto de Burtt  con el objeto de acercar al lector una aproximación al tandem biotipología, eugenesia y ciencia y tecnología biomédica en Argentina, un excelente ejemplo de imbricación entre ciencia, tecnología y política. Esperamos actúe de disparador para que aquellos lectores interesados se animen a profundizar en el tema.

1. Introducción


Una serie de investigadores se han ocupado de estudiar minuciosamente todo un cuerpo de conocimientos y propuestas eugenésicas enarboladas por personalidades de las ciencias y la política, especialmente reproducidas y reforzadas desde las instituciones eugenésicas del país.[1] Son conocidas entonces, las tecnologías sociales planteadas por la literatura eugenésica argentina con el objeto de resolver la tensión entre homogeneización y diversificación de la población desde la medicalización de las relaciones sociales (por ejemplo: certificado médico prenupcial; esterilización de individuos o grupos; aborto eugenésico). Entre estas tecnologías sociales se destacó en la década del 30 del siglo pasado, y gracias a la impronta de la Asociación Argentina de Biotipología, Eugenesia y Medicina Social (en adelante, AABEMS), el fichado biotipológico de la población. (Gómez Di Vincenzo, 2013)

Si bien, la propuesta nunca pudo institucionalizarse como política pública, ella se constituye como un excelente ejemplo de las relaciones e intercambios de significados que existen entre un marco conceptual que pretende tornarse hegemónico en el campo de las ciencias biomédicas, las tecnologías que se diseñan para el diagnóstico a partir de dicho marco y su rol como tecnología social cuando se trata de intervenir en la sociedad para prescribir roles en función de los requerimientos económicos.

Nuestro propósito será describir y reflexionar sobre el rol de un conjunto de tecnologías de diagnóstico concebidas para la realización de fichados biotipológicos; una serie de artefactos, de tipos especiales de instrumentos y herramientas de medición y también, una serie de procesos diseñados para cuantificar y clasificar a los sujetos.[2]

Siguiendo a Lawler (2008), puede sostenerse que los artefactos son un tipo de herramienta especialmente diseñada que permite mostrar sus propiedades instrumentales logrando a su vez, producir en los seres humanos la creencia de que ha sido construida para cumplir un propósito determinado. Esta creencia actúa como base de sustentación para la producción de análisis emanados desde una mirada instrumentalista y neutralista acerca del desarrollo tecnológico. Según estos enfoques, la tecnología en sí misma no es ni buena ni mala. La evaluación ética o política del uso de los artefactos o herramientas debería realizarse entonces, observando sólo los fines que se procuran alcanzar con los medios tecnológicos.

Ahora bien, no creemos que sea necesario restar valor al análisis crítico de los fines que procura alcanzar tal o cual tecnología pero sostenemos que resulta fundamental complejizar el análisis e ir más allá de la capa instrumental del desarrollo tecnológico, introduciendo, también, el estudio crítico de los valores y creencias que nutren las prácticas y empapan el proceso de diseño técnico. Feenberg (1991) ha introducido el concepto de “código técnico” para mostrar cómo la racionalidad técnica está penetrada por valores ocultos que con el devenir del desarrollo tecnológico se naturalizan. El autor propone indagar dentro del código para sacar a la luz las ideas, los sentidos y valores que subyacen en las decisiones técnicas y que se articulan con los valores técnicos propiamente dichos.

Desde un enfoque contextual y relacional, considerando que la tecnología no es neutral, que no se encuentra sólo en sus productos tecnológicos, ni es sólo una forma de conocimiento con estatus propio sino que en ella existe un conjunto de relaciones que los humanos establecemos con los artefactos y que incluye un complejo entramado de procesos y transferencias de significados, tanto a nivel teórico como en la práctica, mostraremos cómo en el artefacto pueden encontrarse una serie de significados propios de los propósitos característicos del imaginario eugenésico de la época.

Desde esta perspectiva en relación a la técnica podremos ampliar la mirada sobre el desarrollo tecnológico en el campo de las ciencias biomédicas y su rol dentro del programa eugenésico argentino, incluyéndolo en un contexto más amplio, el de las relaciones sociales.

Para cumplir nuestro objetivo, se analizarán fuentes documentales diversas: Anales de Biotipología, el Tratado de Biotipología, publicación de ponencias en congresos, entrevistas y artículos que recogen la temática. Se pretende contrastar entre sí los argumentos esgrimidos desde el interior de los espacios institucionales y los provenientes de distintos espacios del ámbito académico.

2. Eugenesia, biotipología y orden social: un poco de historia.

La apelación a la ciencia como conocimiento objetivo, a salvo de cualquier contaminación de tipo ideológico, vino a fundamentar el discurso político elaborado con el fin de legitimar un orden social. La fuerte influencia en el mundo académico de la teoría darwiniana de la evolución, la teoría celular, la antropología y el éxito de la física newtoniana marcaron una fuerte impronta en las ciencias sociales. (Palma, 2001) Es en este contexto que irrumpen en escena una serie de definiciones de la esencia humana elaboradas a partir de una lectura particular de la teoría darwiniana de la evolución. El determinismo biológico, específicamente, vino a afirmar que tanto las normas de conducta compartidas como las diferencias sociales y económicas que existen entre los miembros de una sociedad determinada derivan de ciertas condiciones heredadas o innatas que las relaciones sociales no hacen más que reflejar. (Gould, 1988) Específicamente, en las sociedades modernas, la medicalización de las relaciones sociales pretende anular -o al menos debilitar- el conflicto generado por la tensión existente entre la igualdad legal, que es propia del modelo contractualista, y las desigualdades que surgen a partir de las características específicas que adopta la estructura socioeconómica. Entre los discursos teóricos que contribuyeron para la naturalización y concretamente, a la medicalización de las relaciones sociales, tenemos el propio del movimiento eugenésico. Como es sabido, la eugenesia consiste, básicamente, en promover la reproducción de los individuos o grupos de individuos considerados mejores e inhibir la reproducción de los considerados peores, mediante la aplicación de una batería de tecnologías sociales. (Palma, 2002)

La eugenesia se transformó en un movimiento internacional, contando con una gran cantidad de adeptos - médicos, abogados, militares, educadores, científicos sociales, políticos y sacerdotes- que promovieron la legalización de mecanismos racionales, para contrarrestar los efectos y las amenazas del igualitarismo democrático. La eugenesia, en definitiva, constituyó un entramado de ciencia, tecnología y política extendido en Occidente, sobre todo durante la primera mitad del siglo XX.

Es muy difícil establecer una periodización precisa y unívoca.[3] A grandes rasgos, puede distinguirse un primer momento preparatorio, de desarrollo conceptual y de creciente consenso científico/médico, político e ideológico, que se extiende desde las primeras formulaciones de Galton, en la década del ’60 del siglo XIX, hasta los primeros años del siglo XX. Un segundo período, que podría denominarse “Eugenesia Clásica”, que comienza en 1911, año en que se funda en Londres la primera Sociedad Eugenésica cuyo primer presidente fue uno de los hijos de Darwin –Leonard- y que en 1912, organizó el primer Congreso Eugénico Internacional y termina alrededor de la Segunda Guerra Mundial. Se trata del período de apogeo en el cual, prácticamente, todos los países occidentales fundaron instituciones eugenésicas que, a su vez, constituyeron asociaciones internacionales de largas y profusas ramificaciones, que realizaron una enorme cantidad de reuniones científicas en todo el mundo y adquirieron enorme capacidad de influencia en la implementación de políticas públicas. Todas las publicaciones biológicas y médicas especializadas recogían propuestas, textos, estudios y referencias a los progresos en la materia. Luego de la Segunda Guerra Mundial, el movimiento eugenésico se fue debilitando, en buena medida, como resultado de las atrocidades cometidas por el nazismo, y fue derivando en propuestas más restringidas a cuestiones médico/sanitarias (sobre todo profilaxis del embarazo y cuidados del bebé y del niño pequeño, condiciones higiénicas de la vivienda). (Gómez Di Vincenzo, 2013)

Siempre siguiendo a Gómez Di Vincenzo (2013), puede afirmarse que la década del 30 es una fase destacada en el desarrollo del movimiento eugenésico argentino, definida por una fuerte conexión entre los saberes provenientes de la biotipología, la eugenesia y la medicina social. Es en este periodo cuando se hallan fluidos intercambios no sólo entre estas tres disciplinas citadas sino también, entre ellas y el contexto social y político. Y es en este lapso cuando una serie de tecnologías biomédicas juegan un rol central para la indagación en los cuerpos y el diagnóstico de roles sociales. Aparatos e instrumentos que como veremos más adelante son diseñados bajo la atenta mirada del biotipólogo con el objeto de cumplir los fines propios del movimiento eugenésico en el país.

La biotipología, constituye un área especial de investigación que se diferencia de las doctrinas constitucionalistas clásicas por prestar especial atención al estudio de los biotipos somáticos y psíquicos humanos apelando a otros principios y método de investigación, extendiendo las aplicaciones prácticas respecto a dichas doctrinas pero tomando también a aquellos estudios como referentes valiosos. Desde la biotipología, se sostiene que es posible establecer una clasificación de los seres humanos a partir de determinadas características corporales, anatómicas, manifestaciones de orden hormonal, humoral, factores genéticos, ambientales y aspectos neuropsicológicos y que existe una relación entre el biotipo obtenido y ciertos rasgos temperamentales, aptitudinales y morales del sujeto. En la evaluación biotipológica, el médico realiza un fichado recabando una serie de datos biométricos, clínicos y psicológicos con el fin de determinar el biotipo del sujeto e inferir las características temperamentales específicas, cualidades morales y aptitudes que corresponden al dicho biotipo, evaluando las posibilidades del sujeto, por ejemplo, para el cumplimiento de determinados roles u ocupaciones prácticas. (Gómez Di Vincenzo, 2013)

La corriente biotipológica argentina encuentra su inspiración en la italiana; específicamente, en los trabajos del Dr. Nicola Pende[4] llevados a cabo en el Instituto Biotipológico Ortogenético de Génova, siendo sus principales discípulos y representantes en nuestro país, el Dr. Arturo Rossi y el Dr. Octavio López. La influencia del Dr. Pende en la AABEMS es sumamente importante siendo este médico italiano, uno de los adherentes extranjeros que más aportes realizara como corresponsal a la divulgación de la biotipología en los Anales, principal órgano de difusión de la AABEMS. Pero es, sin duda, el Dr. Rossi, aquel biotipólogo que con más ferbor, toma la posta de su maestro para impulsar en Argentina la aplicación de la biotipología y la ficha biotipológica como tecnología social para la práctica eugenésica diseñando y haciendo construir para tal fin diversos dispositivos, instrumentos y artefactos tecnológicos concebidos a partir del marco teórico aportado por la biotipología misma y la psicotécnica.

3. Psicotecnia y biotipología

La psicotecnia, básicamente, incluye el estudio y la implementación de una batería de test cuyo objeto es indagar ciertas aptitudes psicológicas especiales del individuo y averiguar lo que lo caracteriza desde el punto de vista psicológico con respecto a los demás. Dentro de diversos campos (la educación, la selección y la orientación profesional, la medicina del deporte, la criminología) la biotipología cumple un rol central en cuanto a la implementación de fichados a partir de los cuales, relevar aptitudes y establecer diagnósticos y prescripciones, tomando datos aportados por los test diseñados según prescripciones emanadas del campo de la psicotecnia.

El Dr. Arturo Rossi, inspirado por su maestro el Dr. Pende, aporta sus conocimientos biotipológicos para establecer la vinculación de los test psicotécnicos con la medicina constitucional de corte biotipológico y para difundir en los Anales la importancia de la implementación de los estudios biotipológicos en diversos campos de aplicación. Desde la perspectiva del Dr. Rossi, la ficha biotipológica elaborada con los sólidos aportes de la psicotecnia se constituye en una herramienta de diagnóstico central a partir de la cual, llevar a cabo la práctica eugenésica y la prescripción de roles sociales. La psicotecnia debe complementarse con la biotipología para llevar a cabo, por ejemplo, tareas de selección de personal y, fundamentalmente, las de orientación profesional en el campo de la educación.

(…) la verdadera psicotécnica, no puede a mi entender separarse del todo de los métodos que (…) describo como de psicología aplicada a la edad escolar, razón por la cual, considero que la psicotécnica es completamente inseparable de las ficha biotipológica, ortogénica escolar, y que ambas son, indesglosables de la educación integral de la juventud. (Rossi, 1934: 15)

Rossi se interiorizó también de los alcances de la biotipología en el campo de la medicina laboral en su estancia en Italia. Es en el Instituto Biotipológico Ortogenético de Génova donde estudió psicotécnia bajo la dirección de la Dra. Tamburri y del Prof. Vidoni. (Gómez Di Vincenzo 2013)

En un artículo publicado en Anales el 1 de septiembre de 1933, Rossi cita textualmente la opinión de la Dra. Tamburri acerca del rol de la biotipología en el campo de la medicina del trabajo. Según la doctora, “de todo individuo se deberían conocer las cualidades positivas y negativas, sea en el campo somático como en el psíquico”. Ambos exámenes deben tenerse en cuanta y realizarse al mismo tiempo puesto que “el deficiente psíquico no puede adaptarse a todos los trabajos, aun cuando se lo permitieran sus energías físicas y viceversa”. (Rossi, 1933b: 11)

Según Rossi, de sus aprendizajes del Dr. Pende, puede extraerse la conclusión de que es gracias al examen biotipológico que puede estudiarse al ser humano y su orientación profesional, mientras al mismo tiempo, “realizar el doble fenómeno:1º De adaptar las varias profesiones a los varios individuos” y “2º los varios individuos a las varias profesiones”. (Rossi, 1933: 11)

La mención al tratamiento que Pende da a la biotipología en su relación con la orientación profesional da cuenta de la rigurosa tarea de optimización de los recursos humanos en la que se encontraba inmersa la AABEMS por entonces. Aquí la orientación profesional no se entiende como una forma de asesoramiento que permita al sujeto distinguir entre todas las posibles profesiones, una que se ajuste a su vocación, sino más bien, como la adaptación del individuo a la tarea más acorde según sus aptitudes físicas y psíquicas. La orientación y selección profesional adquieren en el discurso del Dr. Rossi, un significado particular. Según el biotipólogo argentino, el fenómeno de adaptar las varias profesiones a los varios individuos corresponde con la orientación profesional, mientras que adaptar los individuos a las profesiones con la selección. (Rossi, 1933b)

4. Los artefactos utilizados para evaluar el biotipo

El Prof. Ugo Pizzoli, un destacado representante de la escuela italiana en medicina laboral[5], diseñó un complejo conjunto de pruebas y aparatos, con la finalidad de relevar datos psicotécnicos, para la confección de una ficha psicotécnica lo más exhaustiva posible. Esta ficha tenía debía brindar datos importantes, para la educación y la orientación profesional y consejos útiles, para la selección de personal y la práctica laboral. Ella articulaba cuatro tipos distintos de estudios: estesiométricos, cinesiométricos, dinamométricos y un examen de la inteligencia maniobradora.[6]

El mismo Rossi (1933b) expone en los Anales de Biotipología cómo funciona y cuál es el propósito de cada uno de ellos: el examen estesiométrico se centra en el examen de la agudeza visual, auditiva, táctil, el sentido muscular, olor y gusto. Por su parte, el estudio cinesiométrico busca relevar datos sobre el movimiento y sus rasgos tanto cuantitativos como cualitativos. El examen dinamométrico cuantificaba la fuerza y indagaba la cualidad de su aplicación, mientras que el examen de la inteligencia maniobral, averiguaba la capacidad de atención y memoria de movimientos, el tipo de imaginación, el poder de adaptación a los cambios, el índice de voluntad o resistencia al trabajo, curiosidad, orden y limpieza, humor, conducta y capacidad de rendimiento y autocontrol.

Todos estos estudios formaban parte de la ficha psicotécnica que complementaba a la biotipológica. Los artefactos tecnológicos diseñados por Pizzoli para llevar a cabo los estudios psicotécnicos pretendían lograr cierto grado de funcionalidad y comodidad, procurando obtener el mayor número de datos posibles, mediante el empleo de una sola unidad. (Gómez Di Vincenzo, 2013)

Todas ellas importantes además, para la elaboración de fichados cuyo fin no era otro que el de prescribir roles futuros. Rossi enfatiza que un artefacto de estos podía relevar “la perspicacia”, “el ingenio”, “el sentido del tiempo”, “el sentido geométrico”, “el sentido muscular”, “la memoria visual” junto a las “capacidades gráficas”. (Rossi, 1933c: 11) Estas capacidades gráficas se estudiaban mediante la utilización de un escritorio vidriado insertado en el cuerpo mismo del artefacto debajo del cual, se colocaba un dibujo. Una luz, que se prendía y apagaba según el criterio de quien estuviera tomando la prueba, permitía medir el tiempo de exposición del sujeto frente a la traza, su memoria visual y su capacidad de reproducción de la muestra.

Pero el diseño no sólo muestra un interés por la funcionalidad y economía de espacio sino además, como sostiene Broncano (2008), un conjunto de relaciones que los sujetos establecemos con los artefactos, impregnado éste de un complejo entramado de procesos y transferencias de significados, que nos permiten entrever cómo en el artefacto mismo puede reflejar sentidos y propósitos característicos del imaginario eugenésico de la época. En efecto, en los diseñados para el fichado psicotécnico y biotipológico encontramos dispositivos útiles para relevar distintas aptitudes cuyo fin es diagnosticar futuros roles sociales.

Uno de los principales artefactos empleados en la prescripción de roles laborales, por ejemplo, es el polidinamocinesiómetro. Rossi estudió su funcionamiento mientras llevaba a cabo su residencia en el Instituto Biotipológico Ortogenético de Génova. El polidinamocinesiómetro fue diseñado Pizzoli, quien se desempeñara en la prestigiosa Universidad de Bolonia. El aparato fue elaborado con el doble objeto de estudiar tanto la cantidad como la cualidad del tipo de fuerza y del movimiento en el sujeto examinado. Mediante su utilización, se trataba de indagar acerca del tipo dinámico de cada biotipo humano.

Rossi (1933a) describe el artefacto y explica su funcionamiento y propósitos. Contaba con un tablero repleto de aparatos de relojería que incluía cronómetros, dinamómetros y demás instrumentos para cuantificar el movimiento. Según Rossi, ellos posibilitaban evaluar matemáticamente tanto el movimiento como el tipo de fuerza empleado para desarrollarlo por los distintos músculos del cuerpo. Con este aparato se llevaba a cabo el examen de fuerza, el cual conformaba sólo una parte del examen psicotécnico integral. Éste constaba de cinco pruebas más que complementaban el examen del tipo de fuerza, en las cuales se indagaba sobre cantidad y cualidad de la misma, en distintos miembros o partes anatómicas y otra serie de pruebas para estudiar el movimiento. Con los datos obtenidos se elaboraban gráficas para emprender un análisis pormenorizado.
Este no era el único aparato ideado por el Prof. Pizzoli para medir movimientos y fuerzas y que el estudio de los mismos no se circunscribía sólo al campo de la medicina laboral. Existían otros diseñados con el objeto de medir fuerzas y movimientos para ser empleados en el ámbito de la medicina del deporte. Uno de ellos se llamaba boxedinamómetro. Su meta era registrar el número de trompadas que un boxeador realiza sobre una almohadilla de impacto, permitiendo relevar no sólo su número y frecuencia sino también, la potencia, intensidad y duración de los mismos.[7]

En los artefactos puede comprobarse, entonces, la densidad y el alcance de los estudios biotipológicos y psicotécnicos en el campo de la medicina laboral para la prescripción de roles sociales. Como sostiene Rossi: “permitiéndonos al propio tiempo vislumbrar la enorme importancia que tiene la Biotipología en sus aplicaciones prácticas en todos los campos de la actividad humana”. (Rossi, 1933ª: 14)

Existe una serie de aparatos utilizados para medir la sensibilidad que se nutren del aporte de la psicología experimental[8], la psicotecnia y los estudios llevados a cabo en el Instituto de Biotipología y Ortogénesis de Génova. Su fin era obtener datos relacionados con el sentido del olfato y del gusto, táctil, el muscular, sentido bárico activo y pasivo, sentido técnico y dolorífico, agudeza visual y auditiva.

Una vez más se trata de implementar una tecnología con la que se pretende indagar un conjunto de datos empíricos mediante la utilización de unos cuantos aparatos y herramientas específicos distribuidos en un solo mueble dividido en seis compartimentos tres por lado. De un lado, se encontraban los instrumentos necesarios para medir el sentido muscular, bárico, de la vista, del gusto y del olfato mientras que en el lado opuesto, se hallaban los que se necesitaban para obtener datos referidos a las sensibilidades térmica, dolorífica, táctil y acústica.

Conceptualmente, lo que se busca es establecer una media de rendimiento por debajo de la cual, el individuo es calificado como insuficiente; siendo en consecuencia considerado poco apto para llevar a cabo un trabajo en el cual, el sentido estudiado sea fundamental para rendir eficientemente.
Un ejemplo curioso consiste en la prueba destinada a relevar datos acerca de la sensibilidad dolorosa. Rossi la se explaya de la siguiente manera:

Se recurre para esto a una corriente eléctrica alternada a baja frecuencia, regulable por medio de un campo electromagnético, y se invita al sujeto que tome con ambas manos los dos reóforos [Electrodos]. De la mayor o menor duración de la resistencia juzgamos el grado mayor o menor de la sensibilidad al dolor y a la corriente eléctrica. Esta investigación se impone para la selección de electricistas. (Rossi, 1933c: 11)

La prueba resulta por demás “sádica” o “perversa”. La asimétrica relación que se da entre quien toma el examen, el profesional de guardapolvo blanco poseedor del saber, y el sujeto examinado, unidos al grado de crueldad a que la misma pudiere llegar hace de ella todo un tema de estudio que ameritaría un abordaje detallado. Pero más allá de estas interesantes cuestiones éticas, sociológicas que no tenemos espacio de abordar aquí, resulta al menos interesante destacar el supuesto que subyace en la prueba. En efecto, los biotipólogos conjeturan que para ser electricista, el obrero debe estar preparado para sufrir descargas eléctricas soportándolas hasta cierto grado. La prevención de accidentes, aquí, no se concibe desde la implementación de dispositivos de seguridad o dispositivos que aíslen o pongan al individuo para así resguardarlo. Por el contrario, siguiendo los presupuestos que sostienen teóricamente la biotipología, la atención se centra en el sujeto más que en el estudio del contexto que puede lastimarlo o enfermarlo. No se trata de evaluar la forma de controlar dicho ambiente, mediante procedimiento preventivos o normas de seguridad industrial sino de adaptar al sujeto al ámbito de trabajo o ubicar allí a quien de muestras de estar apto. En consecuencia, es el sujeto quien debe resistir y/o adaptarse, quien debe poner el cuerpo.

En definitiva, entre otras cuestiones, cuando la biotipología era puesta al servicio de la selección y orientación profesional apelando a la psicotecnia laboral, estudiaba, por ejemplo el tipo de fuerza y el tipo de movimiento que eran cualidades fundamentales para el desempeño laboral según los requerimientos de la industria. Para desarrollar estas exploraciones e indagaciones, los biotipólogos utilizaban máquinas diseñadas para el relevamiento de datos psicotécnicos que nutridas con los valores que impregnaron la visión eugenésica en el período citado encontraron nuevas finalidades en el instituto biotipolótico. Hallamos aquí un claro ejemplo de cómo los fines para los cuales se diseña un medio tecnológico nunca son tan lineales y unidireccionales. El desarrollo de tecnologías puede adquirir diferentes rumbos cuando enfocadas desde un nuevo marco impregnado de representaciones y valores (en el caso que analizamos, los del movimiento eugenésico influenciado por el discurso biotipológico) se nutre de nuevos sentidos y encuentra diferentes aplicaciones.

5. Conclusiones

A lo largo de nuestro recorrido hemos podido aproximarnos teóricamente a la biotipología y ubicarla como una de las formas más complejas de determinismo biológico; como así también, hemos logrado dar cuenta de sus pretensiones de consolidarse como un saber médico, capaz de delinear estrategias para el ordenamiento de la sociedad vía prescripción de roles a partir de ciertas aptitudes, características psicológicas y perfiles morales determinados biológicamente sirviendo de herramienta de diagnóstico para las prácticas eugenésicas.

Hemos visto que dentro de las tecnologías sociales coligadas al programa eugenésico ocupa un lugar privilegiado la ficha biotipológica. Ficha que se confeccionaba gracias a una serie de estudios multidisciplinarios, entre los cuales jugaban un rol importante la psicotecnia y los artefactos analíticos que permitían rastrear en los cuerpos, las señales, datos, que iban a conformar la herramienta empírica a partir de la cual biotipificar al sujeto.

El análisis del rol que los artefactos concebidos desde la tecnología biomédica jugaban en el diseño de una tecnología social desde un enfoque relacional permite poner en evidencia un conjunto de interacciones entre el contexto social, político y económico, el imaginario científico de la época y las prácticas propias de la comunidad científica en el período estudiado. Al mismo tiempo, es posible poner en evidencia cómo dichas racionalidades y prácticas científicas y tecnológicas lejos de ubicarse en una posición autónoma o neutral, se encuentran sesgadas por los propósitos de la comunidad médica, al mismo tiempo que se impregnan ellas mismas del una determinada cosmovisión e imaginarios.

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Vallejo, G., y Miranda, M., (2007): Políticas del cuerpo. Estrategias de normalización del individuo y la sociedad, Buenos Aires, Siglo XXI.[1] Se destacan Palma (2002), Miranda & Vallejo (2005), Vallejo & Miranda (2007), Miranda & Vallejo (2013) sólo por nombrar los desarrollos más destacados en Argentina. En las últimas décadas han aparecido también numerosos estudios sobre el movimiento eugenésico en distintos países. Véase, entre otros: Álvarez Peláez (1985, 1988, 1999); Chorover (1979); Glick, Th., Puig-Samper, M. & Ruiz, R. (edit) (2001); Kevles (1995); Romeo Casabona (edit.) (1999); Stepan (1991) o Suárez & López Guazo (2005).
[2] En el presente trabajo retomamos el estudio de los artefactos utilizados para el relevamiento de datos y la confección de fichados biotipológicos expuesto en Gómez Di Vincenzo (2013) incorporando al análisis el marco teórico aportado desde autores del campo de la filosofía de la tecnología.
[3] Existen varias maneras de trazar una diferenciación destacando las fases de desarrollo del movimiento eugenésico. A propósito puede consultarse Kevles, C., (1995), In the name of eugenics, Cambridge: Harvard University Press.; Miranda, M., (2003): “La antorcha de Cupido: eugenesia, biopolítica y eugamia en Argentina, 1930 – 1970”, Asclepio, Vol. LV, Fasc. 2, Madrid pp 231 – 255 o Soutullo, D., (1999), “El concepto de eugenesia y su evolución”, en Romeo Casabona, C. (ed.): La eugenesia hoy. Bilbao y Granada: Cátedra de Derecho y Genoma Humano y Editorial Comares, pp. 29 – 63.
[4] El Dr, Nicola Pende nació en 1880 en la comuna de Noicattaro, Bari, Italia. Se destacó en medicina como uno de los más importantes integrantes de la Escuela Italiana de Endocrinología y Patología constitucional. Fue a lo largo de su carrera el principal impulsor de la Biotipología en la península y uno de los artífices de la fundación de la universidad Mussolini de Bari en la cual, ejerció el rol de rector. Más tarde fundó en la Universidad de Génova el Instituto de Biotipológico Ortogenético. En 1930, el Dr. Pende es invitado a dar un ciclo de conferencias en nuestro país. Es así que entra en contacto con Rossi, López y Boccia. Entre sus principales trabajos encontramos un “Tratado de Biotipología Huamana” publicado por Salvat Editores traducido al español por los Drs. Donato Boccia y Arturo Rossi. En 1970 falleció a la edad de noventa años.
[5] Muchos de estos artefactos, además de ser utilizados para la evaluación psicotécnica y el fichado biotipológico de los trabajadores, se empleaban para la realización de fichas biotipológicas en general incluyendo el fichado de alumnos en las escuelas.
[6] Por una cuestión de espacio tomaremos para su descripción y análisis sólo algunos de los más significativos aparatos inventados por psicotécnicos y biotipólogos. Para ampliar puede consultarse Gómez Di Vincenzo (2013)
[7] Para ampliar sobre las vinculaciones entre biotipología y medicina del deporte puede consultarse Gómez Di Vincenzo (2013).
[8] Por entonces, se denominaba "psicología experimental" a todos aquellos estudios que permitieran un abordaje controlado de la experiencia con el objeto de construir conocimientos en el campo de la psicología. La necesidad de reconocimiento académico del carácter científico de la psicología llevó a los investigadores a privilegiar discursos y prácticas cercanas al naturalismo poniendo un fuete énfasis en la investigación de laboratorio. Como ejemplos podemos citar: observaciones clínicas que apuntaban a revelar ciertas patologías como variaciones producidas por la naturaleza; investigaciones en el campo de la psicopedagogía; observaciones de cambios de conducta y comparación con el comportamiento animal; investigaciones psicofisiológicas y medición de tiempos de reacción; estudios comparativos del desarrollo onto y filogenético. En nuestro país, esta etapa coincide con la fundación de los primeros laboratorios de psicología experimental. Entre los primeros en llevar a cabo este tipo de investigaciones y fundar institucionalmente la psicología de corte positivista encontramos a Víctor Mercante y Rodolfo Senet en la UNLP y a José Ingenieros y Horacio Piñero en la UBA. Ellos lucharon por fundamentar científicamente un saber cuyo objeto no era sólo el saber mismo sino también la intervención racional para ordenar, encauzar u organizar la sociedad. Para ampliar puede consultarse Klappenbach, H., (2005), “Historia de la orientación profesional en Argentina.”, Orientac. soc. Vol.5, pp. 37 - 48. Ene./dic. 2005.