La Persistencia de la Memoria

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Salvador Dalí

sábado, 15 de noviembre de 2014

Educación y medicalización: la impronta de la biopedagogía pendeana en el discurso de la Asociación Argentina de Biotipología, Eugenesia y Medicina Social (1930 – 1943)

Por José A. Gómez Di Vincenzo

Resumen de ponencia presentada en el III Coloquio Latinoamericano de Biopolítica organizado por la UNIPE, septiembre de 2011.

A partir del siglo XIX no serán la filosofía, la religión o el mito quienes tengan la responsabilidad de llevar a cabo la tarea de legitimar el orden social y fundamentar la política sino la ciencia, que aportará elementos fundamentales para la elaboración de discursos político-sociales y la implementación de prácticas de control social. Dichos discursos comienzan a adquirir cierto sesgo ideológico, a partir de una lectura particular de la teoría darwiniana. Desde entonces, algunos intelectuales pretendieron fundamentar y legitimar científicamente la economía expansiva de la Inglaterra del siglo XIX. Empieza a sostenerse que los triunfadores son los mejores individuos o grupos sociales. Una explicación naturalizada de las relaciones sociales contribuiría a anular o, por lo menos a debilitar, el problema ético generado por las contradicciones existentes entre los ideales proclamados por los sectores dominantes de la población y la explotación a la que eran sometidos diversos grupos sociales. El darwinismo triunfó, en principio, más como una perspectiva sociológica que como una teoría biológica.

El determinismo biológico, básicamente, consiste en afirmar que las normas de conducta compartidas por los miembros de una sociedad pero también, las diferencias socioculturales y económicas que existen entre grupos humanos o clases sociales, derivan de un conjunto de condiciones heredadas o innatas. La sociedad, su estructura y las relaciones que en ella se dan, entonces, serían un reflejo de la biología; y el rol sociocultural y económico de los sujetos, un reflejo de su constitución biológica.

Tenemos, entonces, una naturalización de las relaciones sociales, operada mediante la apelación a un discurso elaborado a partir del uso de metáforas tomadas de la biología. Al mismo tiempo, dicha naturalización adquiere la forma de medicalización masiva de la sociedad, pues es la medicina la que comienza a jugar un rol central a la hora de indagar sobre los cuerpos los motivos de las patologías sociales o los desvíos morales, espirituales o psíquicos del sujeto que llevan a dichas patologías. El proceso de medicalización puede comprobarse en la progresiva extensión de aquellos ámbitos en los que el médico tiene algo que decir, en los que juegan un papel destacado categorías tales como lo normal y patológico, junto con una sostenida demanda al Estado para obtener la legitimación para implementar ciertas tecnologías sociales de las que daré cuenta a continuación.
Efectivamente, entre los discursos que pretenden saldar la distancia entre lo biológico y lo sociocultural, comienza a tomar fuerza el propio del movimiento eugenésico, caracterizado por una serie de presupuestos, aspiraciones y valores muy extendidos en su época.

En esta ponencia me concentraré en un recorte del período denominado “eugenesia clásica” que comienza en 1911, año en que se funda en Londres la primera Sociedad Eugenésica cuyo primer presidente fue uno de los hijos de Darwin –Leonard- y que en 1912, organizó el primer Congreso Eugénico Internacional y termina alrededor de la Segunda Guerra Mundial. Se trata del período de apogeo en el cual, prácticamente, todos los países occidentales formaron instituciones eugenésicas que, a su vez, constituyeron asociaciones internacionales de largas y profusas ramificaciones, que realizaron una enorme cantidad de reuniones científicas en todo el mundo y adquirieron enorme capacidad de influencia en la implementación de políticas públicas. Todas las publicaciones biológicas y médicas especializadas recogían propuestas, textos, estudios y referencias a los progresos en la materia.

La eugenesia como es sabido plantea llevar a cabo una reproducción diferencial y básicamente consiste en promover la reproducción de los individuos o grupos de individuos considerados mejores e inhibir la reproducción de los considerados peores.

En la Argentina, durante el periodo que trabajo aquí, el programa eugenésico se instrumenta a partir de la implementación de ciertas tecnologías sociales como, por ejemplo, la utilización de fichas biotipológicas para el relevamiento de diversos datos, la tipificación de individuos y posterior, ejecución de otras medidas eugénicas o asignación de roles sociales.
En efecto, durante los años 30 y principios de los 40 del siglo pasado tenemos plasmadas, principalmente en el discurso de la Asociación Argentina de Biotipología, Eugenesia y Medicina Social toda una serie de conceptualizaciones tendientes a fundamentar la aplicación concreta del fichado biotipológico, destacándose la relación entre biotipología y educación.

Existe, empero, una problemática que sobrevuela el imaginario eugenésico de la época. En el discurso teórico existe una fuerte tensión dada por la necesidad de homogeneización cultural de la población, sostenida por argumentos aportados desde la filosofía, la política y específicamente, desde la educación - mediante la aplicación de la Ley 1420- y la necesidad de formación y diversificación, dado el requerimiento de la economía por cubrir distintos puestos laborales, sostenida por argumentos provenientes del ámbito de la biotipología y la psicotécnica.

En rigor la tensión homogeneidad-diversidad se monta sobre otra: desigualdad-diversidad. Esta confusión categorial, visto desde el costado analítico, resultó muy exitosa en la práctica para legitimar y reproducir ciertos discursos.

Lo cierto es que esta tensión entre homogeneización y diversificación pretende resolverse teórica y prácticamente desde la medicalización promoviendo la aplicación de prácticas eugenésicas entre las cuales se destacó el fichado biotipológico y la biopedagogía.

Desde la biotipología, se sostiene que es posible establecer una clasificación de los seres humanos a partir de determinadas características corporales, anatómicas, manifestaciones de orden hormonal, humoral, factores genéticos, ambientales y aspectos neuropsicológicos y que existe una relación entre el biotipo obtenido y ciertos rasgos temperamentales, aptitudinales y morales del sujeto. En la evaluación biotipológica, el médico realiza un fichado recabando una serie de datos biométricos, clínicos y psicológicos con el fin de determinar el biotipo del sujeto e inferir las características temperamentales específicas, cualidades morales y aptitudinales que corresponden al dicho biotipo, evaluando las posibilidades del sujeto, por ejemplo, para el cumplimiento de determinados roles sociales u ocupacionales.

Para llevar a cabo esta tarea, se solicitaba la respuesta a 298 preguntas a las que se agregaban, en el caso de los anormales psíquicos, otras 60. La ficha se divide en distintas secciones cada una de ellas destinadas a relevar una serie de datos empíricos a partir de los cuales, caracterizar al alumno. Todas estas preguntas y el excesivo nivel de detalle dan cuenta del grado de control que se pretende por parte del especialista médico. En este sentido es posible destacar que la implementación de la ficha biotipológica escolar y otros estudios de estas características como, por ejemplo, la ficha eugenésica se realizaban según dispositivos de control y vigilancia exhaustivos bajo la atenta mirada del médico, el docente y el inspector escolar y que dichas prácticas otorgaban poder de discriminación a estos actores.

Como sea, la necesidad de convencer a la comunidad acerca de las virtudes de la ejecución de fichados biotipológicos, no sólo como diagnóstico para la implementar medidas eugenésicas sino también, para relevar datos acerca del estado de salud de la población y tomar medidas sanitarias, es una de las principales tareas de la AABEMS. La escuela ocupará un lugar central en la propuesta, convirtiéndose en la plataforma desde la cual biotipificar a la población. Pero además, la asociación contaba con una herramienta de intervención pedagógica específicamente diseñada por el biotipólogo: la biopedagogía.

Nicola Pende, fundador de la biotipología, sostenía que dicha disciplina aplicada a la pedagogía tenía la función de “adaptar una educación y una instrucción a las necesidades particulares e individuales de acuerdo con la fase biológica y psicológica de desarrollo en que se encuentra el alumno”. Por otra parte, sostenía que había que “aplicar una educación física y moral y una instrucción diferencial a aquellos sujetos que, desde el punto de vista somático o espiritual, presentan retardos o precocidades” para “corregir y normalizar (…) los errores y las desviaciones del desarrollo físico y espiritual” y a partir de aquí “seleccionar y orientar (…) descartar lo más pronto posible a los adolescentes ineptos para ciertas carreras escolares”.

El principal dispositivo propuesto por Pende para llevar adelante todas las posibles aplicaciones de la biotipología en la educación era la libreta biotipológica ortogenética individual y obligatoria. Dicha libreta constituye la principal fuente de inspiración para la construcción de la ficha biotipológica escolar que el Dr. Arturo Rossi, principal exponente de la disciplina en Argentina, impulsará junto a la AABEMS para ser aplicada en el ámbito local.

Como sea, la pretensión de solucionar la tensión homogeneización-diversificación mediante el fichado biotipológico, vía aplicación de tecnologías asociadas a la práctica eugenésica, definiendo a priori el futuro rol del sujeto tipificado, nunca pudo institucionalizarse como política pública, dada una serie de tensiones, discrepancias, críticas, desacuerdos al interior mismo de la asociación y provenientes de distintos sectores del contexto social y de la comunidad científica misma. Dicho de otro modo, la historia de la eugenesia en Argentina y su asociación con la biotipología es la historia de un rotundo fracaso.

Del fracaso pueden rescatarse, de todos modos, un conjunto de significados presentes en las prácticas, que permiten dar cuenta una serie de imbricaciones entre la práctica científica, la educación y la biopolítica. Fue desde este tipo de intervenciones que a partir de la diversidad biológica se intentó fundamentar la desigualdad. Y fue así que en la escuela de delantales blancos (una clara señal de igualación), algunos pensaron cómo clasificar al alumnado a partir de las diferencias biotipológicas que dicho delantal ayudaba a disimular.

La paradoja es que en la escuela argentina, en muchos casos y con el correr de los años, la tan mentada igualdad se ha hipostasiado y estereotipado, desconociéndose en gran medida la diversidad. Queda entonces alterada la problemática. Mientras que los biotipólogos hurgaban en las diferencias biológicas para legitimar un orden social para nada igualitario, hoy, el desafío para la educación pública consiste en la imperiosa tarea de promover la igualdad brindando las mismas oportunidades a un universo diverso, ajustando las prácticas a las necesidades propias de cada caso. En otras palabras, la escuela debe contemplar la diversidad ya no como el biotipólogo para legitimar la desigualdad sino para promover la igualdad.

Para ampliar el lector puede consultar Gómez Di Vincenzo, J., (2013): Biotipificar al soberano. Buenos Aires: Rhesis. Capítulo 6: El biotipo del alumno. 


sábado, 1 de noviembre de 2014

Medir, clasificar y prescribir roles sociales: el control social en el discurso de la Asociación Argentina de Biotipología, Eugenesia y Medicina Social, 1932-1943.

Dr. José Antonio Gómez Di Vincenzo. Centro Babini. UNSAM

Consideraciones previas

La búsqueda de una esencia humana universal cuyo correlato sería la organización social tiene una larga historia en Occidente. Tanto desde la filosofía, como más recientemente desde las ciencias, se ha intentado fundamentar o impugnar el orden social a partir de la defensa de una -supuesta, imaginaria, o biológica - naturaleza humana. (Palma, 2001)

La apelación a la ciencia como conocimiento objetivo, a salvo de cualquier contaminación de tipo ideológico, vino a legitimar, desde hace dos siglos, el discurso político elaborado con el fin de fundamentar o impugnar un orden específico. La fuerte influencia en el mundo académico de la teoría darwiniana de la evolución, la teoría celular, la antropología y el éxito de la física newtoniana marcaron una fuerte impronta en las ciencias sociales. Es en este contexto que irrumpen en escena una serie de definiciones de la esencia humana elaboradas a partir de una lectura particular de la teoría darwiniana de la evolución. El determinismo biológico vino a afirmar que tanto las normas de conducta compartidas como las diferencias sociales y económicas que existen entre los miembros de una sociedad determinada derivan de ciertas condiciones heredadas o innatas que las relaciones sociales no hacen más que reflejar. (Gould, 1988) La naturalización de las relaciones sociales anularía -o por lo menos debilitaría- el conflicto generado por la tensión existente entre la igualdad legal, que es propia del modelo contractualista moderno, y las desigualdades que surgen a partir de las características específicas que adopta la estructura socioeconómica. (Palma, 2002)

Desde esta perspectiva, la eugenesia - que consiste básicamente en promover la reproducción de los individuos o grupos considerados mejores e inhibir la de los considerados peores- y la biotipología – que sostiene que es posible establecer una clasificación de los seres humanos a partir de determinadas características corporales, anatómicas, manifestaciones de orden hormonal, humoral, factores genéticos, ambientales y aspectos neuropsicológicos y que existe una relación entre el biotipo obtenido y ciertos rasgos temperamentales, aptitudinales y morales del sujeto- se constituyeron como disciplinas científicas desde las cuales, se fundamentaron prácticas políticas tendientes a legitimar las desigualdades sociales desde la diversidad biológica.

En el presente trabajo, se amalizará cómo, la Asociación Argentina de Biotipología, Eugenesia y Medicina social (en adelante, AABEMS), mediante una fuerte campaña de difusión de sus ideas, pretendió demostrar que era posible resolver el conflicto dado por la tensión entre desigualdad y diversidad, mediante la aplicación de un programa eugenésico que incluyera, como una de las tantas tecnologías asociadas, la confección de fichas biotipológicas de alumnos y trabajadores.

El esfuerzo de los eugenistas argentinos por otorgar un papel preponderante a la confección de fichas biotipológicas de alumnos y trabajadores se inscribe en algunos de los principales rasgos de la mentalidad eugenésica argentina. El principal propósito de dicha tarea era elaborar un diagnóstico preciso a partir del cual, poner en marcha las tecnologías asociadas, delinear las acciones pedagógicas acordes a las cualidades relevadas y prescribir roles laborales en función de las aptitudes demostradas.

La Asociación Argentina de Biotipología, Eugenesia y Medicina Social

La AABEMS fue fundada en 1932 en Buenos Aires por un grupo de médicos y ciudadanos preocupados por difundir los desarrollos teóricos de las tres disciplinas que le dan nombre a la institución e interesaros por promover la aplicación de las tecnologías asociadas al programa eugenésico en la Argentina.

Entre los principales objetivos de la AABEMS se encontraba la realización de investigaciones en el campo de la medicina constitucional para determinar los biotipos de la población argentina y obtener de este modo, un diagnóstico a partir del cual, llevar a cabo un programa eugenésico que permitiera “depurar la raza”. Además, sus integrantes se proponían, entre otras cuestiones, crear organismos e instituciones para contribuir a la solución de problemas propios del campo educativo, los problemas sanitarios, la educación dietética y la medicina laboral. Desde la mirada del Dr. Mariano Castex, primer presidente de la asociación, entre los principales propósitos de la asociación, se planteaba la necesidad de “formar la conciencia eugenésica de las clases dirigentes de la sociedad y de todos los tramos sociales”. Castex proponía hacerlo “infiltrando en las Universidades, colegios, hogares y clases laboriosas, los postulados de la eugenia, en su rol modelador de la raza del porvenir”. (Castex, 1933a: 2)

En definitiva, se trataba de lograr que la sociedad en su conjunto – pero fundamentalmente la clase dirigente- tome conciencia acerca de la importancia de plasmar sus propuestas eugenésicas en políticas públicas.

La ficha biotipológica como tecnología social asociada a la práctica eugenésica

Una de las tecnologías asociadas a la eugenesia y tal vez, la principal herramienta para llevar a cabo un diagnóstico previo a la puesta en marcha de otras tecnologías asociadas a la eugenesia fue la ficha biotipológica. La ficha tenía distintas aplicaciones: desde la selección de personal y la orientación profesional, hasta la clasificación de alumnos en las escuelas. La ficha biotipológica se constituía, desde esta perspectiva, en una de las herramientas que permitirían llevar a la práctica los objetivos planteados desde la fundación de la asociación; esto es: “proyectar la arquitectura estructural de una obra nacional de Eugenesia práctica y científica” para “reformar las bases fundamentales de nuestra sociedad embrionaria en su primera faz de evolución cultural”. (Castex, 1933a: 2) 

Anales de la AABEMS (en adelante, Anales) fue el medio oficial de difusión de la institución. Su primer número vio la luz el 1 de abril de 1933. En esta publicación, exponían sus puntos de vista los más destacados miembros de la asociación junto con otros importantes intelectuales alineados con el pensamiento del movimiento eugenésico argentino. Por sus páginas, pasaron importantes miembros de la comunidad médica, educadores y políticos quienes encontraron un espacio para exponer sus ideas y transformar sus propuestas en mecanismos concretos de diagnóstico y control social. Entre ellos encontramos muchos de los apellidos ilustres con los que hoy nombramos calles, hospitales públicos e instituciones educativas. [1]

La AABEMS buscó, muy insistentemente, mediante la publicación de artículos en los Anales, programas radiales, conferencias y entrevistas en distintos ámbitos instalar su discurso en la comunidad y en los ámbitos de gestión. Tal vez, la apuesta más fuerte de la asociación haya sido la confección de fichas biotipológicas; siendo esta, una de las propuestas que ocupara la mayor parte de los artículos relacionados con las aplicaciones de la Biotipología en el campo pedagógico y laboral. [2]

El valor asignado por parte de los representantes de la asociación a la divulgación y concientización de la comunidad puede comprenderse mejor si tenemos en cuenta el análisis y evaluación que realizara el Dr. Arturo Rossi, tal vez el más importante representante de la corriente biotipológica argentina, con motivo de celebrarse el primer aniversario de Anales. En el número 21 de la revista, ocupando el cargo de director de la asociación, publica una nota en la que da cuenta de los importantes pasos dados desde los comienzos de la AABEMS con el propósito del logro de los objetivos planteados desde su fundación, otorgándole un lugar central a la revista en la consecución de dichos fines. Además de analizar lo realizado hasta entonces, en dicho artículo, se expone una descripción de los pasos a seguir. Rossi cita la evaluación del Dr. Nicolás Lozano, presidente de la asociación, acerca del rol cumplido por la institución hasta ese momento y su desarrollo futuro:

“… terminada su necesaria faz de organización y de preparación, recién ahora está en condiciones de dar sus primeros frutos en el campo de la medicina, de la educación y de la sociología, y yo creo que no ha de tardar mucho tiempo para que el lema que nos une: “POR LA SUPERACIÓN DE LA VIDA HUMANA”, pierda hasta el último vestigio de su concepción teórica y doctrinaria, para convertirse en realidad tangible y sentida y para que de nuestra labor surja fortalecida la salud física, espiritual y moral de aquel mismo pueblo, que en la epopeya de Mayo diera su primer grito de Libertad y que en nuestros días, quiere y exige de sus mejores hijos, la tutela de sus más caros ideales, que se concretan en el plan de acción que nos hemos trazado, y que fatalmente deberá ser cumplido en su totalidad, aunque, como es natural, para ello deba ser menester la acción conjunta y armónica del tiempo y de los hombres. Pues, solamente así, conseguiremos que nuestros hijos y nuestros nietos, no nos tilden en el mañana de grave culpa de indiferencia, que les haga decir, volviéndose hacia nuestra generación, que no supimos aprovechar de las avanzadas conquistas de la ciencia de la hora presente, y que, cuando debimos hacerlo, nos encogimos de hombros, dejando para un mañana indefinido, lo que debe ser para todo hombre de ciencia, para todo ciudadano honrado, y para todo corazón noble y generoso, un sagrado deber.” (Lozano citado por Rossi, 1934: 2)

Resulta interesante destacar el lugar que ocupan en los argumentos de la asociación la fe que sus miembros depositaban en los avances de la ciencia en general y de la medicina en particular, puestos a funcionar como sustento del desarrollo y el progreso de la sociedad, el sentido del deber y el compromiso con la construcción de la sociedad futura a partir de los principios e ideales propios de la institución.

En muchos artículos publicados en la revista, audiciones radiales y congresos, los representantes de la AABEMS se presentan a sí mismos como un grupo de estudiosos avanzados o científicos responsables, sumamente ilustrados y actualizados en todo lo que tiene que ver con los nuevos paradigmas científicos. Se ven a sí mismos como a cargo de una tarea “apostólica” cuya consigna sería convencer al mundo que gracias a la capacidad intelectual que detentan, estarían no sólo en condiciones de evaluar cabalmente hacia dónde debe ir el desarrollo social sino también, de imponer el camino a seguir para llegar a dicho fin.[3]

Los miembros de la AABEMS pensaban que sólo con la ciencia y desde la ciencia sería posible avanzar hacia el futuro y que implementando los descubrimientos de la biotipología y la eugenesia sería posible evitar la degradación social y progresar hacia una sociedad mejor.

Sin embargo, en el discurso de la asociación, existe una contradicción entre un cientificismo de corte positivista autóctono, el liberalismo, la creencia de un progreso sostenido por los avances científicos y un conservadurismo que se expresa en cuestiones tales como la reproducción de los valores tradicionales, etc. Esta mixtura hace que el programa político de la AABEMS adquiera características particulares: mientras desde una mirada progresista, los médicos de la asociación apelan a la ciencia y al progreso tecnológico para fundamentar el recorrido hacia una mejor sociedad, basado en las tecnologías sociales asociadas a la eugenesia, el planteo de dicha meta y su concepción de sociedad reproduce el orden establecido concordando con la postura conservadora. Al mismo tiempo, como sugiere Palma (2008), una gran contradicción transita la historia de la asociación de la que dan cuenta muchos de los trabajos publicados en Anales y que está dada por el marcado optimismo que surge de la fe en el progreso y el pesimismo que se instala como consecuencia de la creencia en que la sociedad se está degenerando.

Como quiera que sea, para la divulgación de estos ideales y de estos avances en la biotipología, la eugenesia y la medicina social, la asociación contó con los Anales que desde la mirada de Rossi, al cumplir un año de su edición, ha permitido resignificar la percepción de la comunidad médica con respecto a la postura de la AABEMS.

“Es muy interesante observar la evolución del orden psicológico que experimentara el cuerpo médico argentino, determinada por la lectura de nuestra revista, que a mi entender, puede sintetizarse así: al principio, desorientación y escepticismo, luego verdadera avidez por conocer los secretos de la medicina constitucional, y en la actualidad, imperiosa necesidad de profundizar los mismos, para poder deducir aplicaciones de nuestro nuevo género científico, en el campo de la medicina diaria. Es que nuestros colegas se han inmediatamente percatado de que en la hora en que vivimos, la ciencia médica atraviesa un período de intensa y proficua evolución, y que dicha evolución está dada por la doctrina constitucionalística; de ahí que el interés considerable que despierta la lectura de nuestras páginas, no es más que la necesaria y lógica consecuencia, que experimenta todo médico que tenga verdadero espíritu vocacional por su arte, y que se sintetiza por la imperiosa necesidad de renovarse, pues tanto en medicina como en sociología, el que hoy no se renueva está fatalmente condenado a desaparecer. La renovación se impone, porque ella es el fruto de la larga y sapiente labor de los mejores maestros que en el campo médico y en el campo social han sabido encontrar finalmente la verdadera vía que ha de conducirnos al progreso gradual de la especie humana, en su doble e indesglozable faz: biológico-social.” (Rossi, 1934: 2)

La cita es extensa pero permite dar cuenta de algunas cuestiones que nos parecen importantes. En principio, el lugar que ocupaba la publicación de los Anales entre los propósitos de la asociación en tanto medio de difusión y concientización de la sociedad acerca del valor de las prácticas eugenésicas; pero además, tal como se expresa en la cita, la idea de que los nuevos descubrimientos en medicina constitucional o los más modernos aportes de la Biotipología superaban ampliamente los anteriores estudios médicos. Existe, en el discurso de Rossi, una mirada muy particular sobre el progreso científico que considera que la historia de la ciencia transcurre en forma lineal y recorre un permanente camino de superación que permite transitar progresivamente el camino hacia una sociedad más evolucionada, siempre entendiendo este grado de evolución mayor que se postula como meta desde la ideología propia de la asociación. Pero también, tenemos en el discurso del Dr. Rossi, muy claramente expresada, la idea de que la medicina ha logrado un avance significativo al encontrar la manera de vincular lo constitucional con lo psíquico y lo social. Este cambio de perspectiva, su difusión en la sociedad, su entendimiento por parte del resto de la comunidad médica y de los responsables de la gestión de políticas públicas, resultaba fundamental para la asociación puesto que permitiría avanzar en la puesta en práctica de las propuestas eugenésicas para la construcción de lo que sus miembros entendían sería una sociedad más evolucionada basada en el progreso social de la especie humana.

Permítasenos realizar aquí una breve digresión para dar cuenta del poder de influencia de la asociación sobre la clase dirigente argentina. En un artículo publicado en el número 86 correspondiente a los meses de junio y julio de 1939 de Anales con el objetivo de presentar las conclusiones adoptadas en las llamadas Jornadas Biotipológicas en Función de la Asistencia Social, la dirección de la asociación expone un informe en el que describe en detalle los resultados de una interesante entrevista mantenida con el Presidente de la Nación Dr. Roberto Ortiz. Dicha entrevista tuvo el objeto de hacer entrega al Presidente del “memorial sobre las conclusiones adoptadas durante las jornadas Biotipológicas en función de la Asistencia Social realizadas a fines de 1938 y organizadas por la AABEMS. La dirección de la asociación expuso en la nota su “mejor impresión, por el conocimiento que demostró poseer el Dr. Ortiz de la obra que esta Insitución ha realizado y sigue realizando en el campo de la Asistencia Social. Los representantes de la AABEMS no dudaban que el programa presentado al Sr. Presidente sería aprobado. A pesar de todo, la fuerza de la AABEMS fue perdiéndose a medida que muchos de sus miembros fallecían o se comprometían más fuertemente con sus propias áreas de investigación. Así, los últimos números de Anales, básicamente, eran sostenidos por el trabajo de su director, el Dr. Arturo Rossi, quien básicamente firma la mayoría de los artículos publicados allí. Es así que en 1943, la AABEMS fue absorbida por la Secretaría de Salud Pública.

Conclusiones

A partir de la sanción de la igualdad humana operada en la modernidad - al menos desde el discurso de la filosofía política- la justificación de la desigualdad social tomando como punto de partida la diversidad, comenzó a ser un tema biológico y biomédico, principalmente, a partir del siglo XIX. Manifestaciones científicas como la craneometría, la frenología, la antropología criminal, la medición de la inteligencia mediante los test de Cociente Intelectual y la eugenesia constituyen claros ejemplos, no sólo de determinismo biológico sino también y por sobre todo, de intentos de medir y sancionar científicamente la desigualdad - una cuestión social y política- a partir de la diversidad - una cuestión biológica-.

La confección de fichas biotipológicas no fue solamente un discurso en el que, se expresaba la ideología de algunos grupos interesados por mantener o reproducir el statu quo apelando al discurso eugenésico sino una práctica académica, basada en el estatus científico, que reproducía el mito de la objetividad de las ciencias apuntando, entre otras cuestiones, a tornar más eficiente el control de las masas.

Los miembros de la AABEMS, invocando el prestigio de la ciencia como conocimiento objetivo, a salvo de cualquier corrupción provocada por intereses sociales y políticos, han legitimado un discurso para nada neutral y, en algunos casos, han logrado plasmar sus teorías en acciones concretas. En efecto, la biotipología intentó contribuir a saldar la tensión entre desigualdad y diversidad y anular los conflictos sociales surgidos a partir de las características propias de la estructura económica mediante una apelación a ciertas características esenciales del ser humano definidas desde el discurso biomédico. El control y la tipificación de la población mediante el intento de aplicación de fichas biotipológicas desempeñó una función central a la hora de relevar aptitudes, delinear una acción pedagógica acorde a las cualidades mostradas por el alumno y a la vez, prescribir roles laborales y determinados lugares en la jerarquía social a partir de los datos obtenidos.

Sin embargo, cabe señalar que la historia del movimiento eugenésico y su maridaje con la biotipología en Argentina es la historia de un rotundo fracaso. Un rotundo fracaso que comenzó siendo presentado - si el historiador pone el oído sólo del lado de la campana que tañe los sones de la AABEMS- como una gran promesa de progreso, como la solución a las penurias sociales y a la “degradación de la raza”. Pero, que no logró institucionalizar por ley el uso de la ficha biotipológica en todo el país, ni pudo construirse el grandilocuente edificio en el que funcionaría el Instituto de Biotipología, émulo del Instituto de Génova. Anales que comenzó contando con artículos de los más variados (no sólo se publicaban allí trabajos sobre biotipología sino también, se editaban sobre nipiología, nutrición, higiene mental, psicotécnia, psicopedagogía, etc.), finalizó siendo sostenido sólo por Rossi con sus publicaciones sobre biotipología, meras repeticiones de su tratado. Conflictos, tensiones, intereses encontrados y distintos puntos de vista sobre la cuestión, aún dentro de la comunidad de eugenistas, hicieron que el proyecto fuera languideciendo hasta perderse definitivamente en los pliegues del tiempo.

Bibliografía

Castex, M., (1933a): “A la prensa en general.” En Anales de Biotipología, Eugenesia y Medicina Social. Año 1 N 1 pp. 2. Buenos Aires.
Gould, S., (1988): La falsa medida del hombre. Buenos Aires, Ediciones Orbis.
Molinari, A., (1934): “La Biotipología”. En Anales de Biotipología, Eugenesia y Medicina Social.  Año 2 N 32  p. 19. Buenos Aires.
Palma, H. (2001): Conexiones. “Ciencia, política y orden social.” Proyecto Editorial. Buenos Aires.
                 (2002): “Gobernar es seleccionar”. Buenos Aires, Baudino Ediciones.
          (2008): “Las dialécticas diversidad/desigualdad y decadencia/ progreso como fundamento biopolítico en el pensamiento eugenésico (argentino)” en Marianne Wiesebron; Raymond Buve; Neeske Ruitenbeek (eds.) Actas del XV Congreso Internacional de Ahila “1808-2008: Crisis y Problemas en el Mundo Atlántico” Universidad de Leiden, Radio Nederland, Holanda, 26-29 de agosto de 2008.
Pende, N., (1947): Tratado de Biotipología Humana Individual y Social. Salvat Editores, Barcelona.
Rossi, A., (1933): “La ficha biotipológica escolar. Sus fundamentos.” En Anales de Biotipología, Eugenesia y Medicina Social.  Año 1 N 1  pp. 14-16. Buenos Aires.
                   (1934): “Los Anales de Biotipología, Eugenesia y Medicina Social en su primer aniversario.” En Anales de Biotipología, Eugenesia y Medicina Social.  Año 2 N 21  pp. 2-3. Buenos Aires.
                   (1936): “La Ficha Biotipológica Ortogenética Escolar.” En Anales de Biotipología, Eugenesia y Medicina Social.  Año 3 N 60  pp. 3-7. Buenos Aires.



[1]  Por ejemplo: Mariano Castex quien estuviera al frente de la cátedra de Clínica Neurológica de la Facultad de Medicina de la UBA y publicara un significativo número de trabajos en distintas áreas; Carlos Bonorino Udaondo considerado el precursor de la gastroenterología en Argentina, el Hospital Nacional de la especialidad lleva su nombre; Alberto Peralta Ramos, quien dirigiera el Hospital Rivadavia y se desempeñara como tocólogo; Gonzalo Bosch, uno de los más importantes alienistas argentinos; Enrique Romero Brest, reconocido impulsor de la Educación Física; Víctor Mercante, que fuera designado Inspector General de Enseñanza Secundaria, Normal y Especial del Ministerio de Justicia e Instrucción Pública de la Nación en 1910 y se desempeñara en otros importantes cargos en la gestión educativa; Pablo Pizzurno, quien fuera tal vez uno de los principales referentes pedagógicos de la época; Nicola Pende, principal corresponsal extranjero en Anales cuyos estudios en Biotipología, llevados a cabo en el Instituto Biotipológico Ortogenético de Génova, influenciaron fuertemente a sus principales discípulos y representantes en nuestro país, los Drs. Arturo Rossi y Octavio López y otros.

[2] El modelo de ficha biotipológica es presentado por el Dr. Rossi en el número 60 de la revista Anales, correspondiente a los meses de febrero-marzo de 1936, con el objeto de ilustrar al lector sobre los alcances de la misma y sus principales características. Para llevar a cabo esta tarea, se solicitaba la respuesta a 298 cuestiones a las que se agregaban en el caso de los anormales psíquicos otras 60.
[3] Sin embargo, no encontramos en Anales ninguna referencia a la Teoría Sintética, ni a los trabajos en Genética que se estaban llevando a cabo por entonces, etc.