La Persistencia de la Memoria

La Persistencia de la Memoria
Salvador Dalí

jueves, 16 de octubre de 2014

Biotipología y medicina del deporte.

Por José Antonio Gómez Di Vincenzo.
Centro Babini. Escuela de Humanidades. UNSAM

Ponencia presentada en 2012. UNTREF VI Jornadas de la Historia de la Ciencia Argentina.

Consideraciones previas

Diversos estudios historiográficos últimamente han venido ocupándose de analizar un conjunto de saberes e ideas que surcaron las élites intelectuales y políticas autóctonas y las instituciones eugenésicas del país. Existen importantes y abundantes aportes que tratan la problemática desde diferentes lugares. No se puede dejar de reconocer una deuda con Palma (2002), Miranda y Vallejo (2005) o Vallejo y Miranda (2007), sólo por nombrar los desarrollos más destacados en Argentina.[1]

Son conocidas, entonces, las tecnologías sociales y médicas propuestas por la literatura eugenésica con el objeto de resolver, teórica y prácticamente, la tensión entre homogeneización y diversificación de la población desde la medicalización de las relaciones sociales (por ejemplo: certificado médico prenupcial; control diferencial de la concepción; esterilización de individuos o grupos; aborto eugenésico, control de la inmigración). Entre estas tecnologías sociales sobresalió, especialmente en la década del 30 del siglo pasado y gracias a la impronta de la Asociación Argentina de Biotipología, Eugenesia y Medicina Social (en adelante, AABEMS), el fichado biotipológico de la población. (Palma y Gómez Di Vincenzo, 2011)

La biotipología constituye un área especial de investigación que se diferencia de las doctrinas constitucionalistas clásicas por prestar especial atención al estudio de los biotipos somáticos y psíquicos humanos apelando a otros principios y métodos de investigación, extendiendo las aplicaciones prácticas respecto a dichas doctrinas pero tomando también a aquellos estudios como referentes valiosos. Pende (1947)

La corriente biotipológica mundial encuentra su inspiración en la italiana, específicamente, en los trabajos llevados a cabo por el Dr. Nicola Pende en el Instituto Biotipológico Ortogenético de Génova. La influencia del Dr. Pende en la AABEMS es sumamente importante, siendo uno de los adherentes extranjeros que más aportes realizara como corresponsal.

Las más caras metas del ideario eugenista cobran, entre los años 1930 y 1943, un impulso formidable: nunca como antes - y tampoco después- llegarán a adquirir la fuerza que caracterizaron dicha época, el grado de influencia en ciertos sectores y penetración en instituciones públicas. Por demás, es en esta fase histórica, cuando más fuertemente se encuentra imbricado el discurso eugenésico con la práctica médica.

Si bien, como sostienen Palma y Gómez Di Vincenzo (2011), la propuesta de biotipificar a la población nunca pudo institucionalizarse como política pública, más allá de una serie de pruebas o experiencias efímeras, dada una serie de contradicciones, discrepancias, críticas y desacuerdos al interior mismo de la AABEMS y provenientes de distintos sectores del contexto social, en el período abunda una serie de artículos publicados en revistas especializadas en los cuales, se ven plasmados los esfuerzos de eugenistas - pero especialmente de biotipólogos- por explicar a la comunidad médica y a la sociedad toda la importancia y los alcances de la disciplina como instrumento ligado a las prácticas médicas en distintos ámbitos.

El objetivo de este trabajo es indagar entre las distintas propuestas de implementación biotipológica los matices, tensiones y particularidades del discurso biotipológico presentes en uno de los campos en los que los médicos biotipólogos también tenían algo que decir, la medicina del deporte.

La tesis es que allí pueden encontrarse zonas grises, intersticios donde los enunciados biotipológicos pueden cobrar (no sin ciertos cuestionamientos más bien de índole técnico-instrumental) más fuerza y verosimilitud. Esto podría resultar claro si en la evaluación nos ceñimos pura y exclusivamente a llevar a cabo un análisis centrado estrictamente en el anticipo o la predicción de buenos rendimientos deportivos de alta competencia.

Para cumplir con el propósito planteado, se analizarán fuentes documentales diversas: básicamente artículos y ponencias publicadas en los Anales de Biotipología, el Tratado de Biotipología Humana.

Las  particularidades de la determinación cuando de deporte se trata.

El determinismo biológico, básicamente, consiste en afirmar que las normas de conducta compartidas por los miembros de una sociedad pero también, las diferencias socioculturales y económicas que existen entre grupos humanos o clases sociales, derivan de un conjunto de condiciones heredadas o innatas. La sociedad, su estructura y las relaciones que en ella se dan, entonces, serían un reflejo de la biología; y el rol sociocultural y económico de los sujetos, un reflejo de su constitución biológica. Gould (1988)

El determinismo biológico ha adoptado distintas formulaciones a través de los últimos dos siglos de historia pero básicamente, existe una característica común en todas ellas que consiste en sostener que hay señales en el cuerpo que marcan la condiciones básicas de los individuos. Con la impronta de la ciencia moderna y el positivismo decimonónico estas señales pueden y deben ser detectadas y medidas y a su vez, permiten establecer una relación con determinados aspectos del sujeto.[2] Palma (2002)

Sea cual fuera la cuestión, lo cierto es que bajo el determinismo biológico pueden rastrearse un grupo de teorías muy heterogéneo, surgidas desde principios del siglo XIX como la craneometría, la antropología criminal, la frenología y otras. Gould (1988)

La biotipología es tal vez una de las formas más refinadas del determinismo biológico del siglo XX. Argumentalmente se sostiene que es posible establecer una clasificación de los seres humanos a partir de determinadas características corporales, anatómicas, manifestaciones de orden hormonal, humoral, factores genéticos, ambientales y aspectos neuropsicológicos y que existe una relación entre el biotipo obtenido y ciertos rasgos temperamentales, aptitudinales y morales del sujeto. En la evaluación biotipológica, el médico realiza un fichado recabando una serie de datos biométricos, clínicos y psicológicos con el fin de determinar el biotipo del sujeto e inferir las características temperamentales específicas, cualidades morales y aptitudes que corresponden al dicho biotipo, evaluando las posibilidades del sujeto, por ejemplo, para el cumplimiento de determinados roles u ocupaciones prácticas. (Pende, 1947)

Como sostiene Palma (2002), la gran dificultad que se presenta en toda forma de  determinismo biológico está dada por el hecho de que no pueda establecerse en forma terminante ni su verdad, ni su falsedad. Es un discurso que se coloca en una suerte de espacio indefinido donde confluyen, tanto cuestiones biológicas y como culturales. Por otra parte, nunca termina de quedar claro qué significa que lo biológico determina lo social o cómo se da esta determinación.

Como quiera que sea, resulta interesante rescatar que por el hecho de ubicarse en ese espacio fronterizo entre las cuestiones puramente biológicas y las culturales es posible establecer distinciones meta-teóricas en relación a los alcances epistemológicos, axiológicos, éticos y pragmáticos del discurso biotipológico. Esto dependerá del grado de corrimiento hacia uno u otro extremo (biológico o cultural) que presenten los argumentos que sustentan y fundamentan los propósitos y propuestas según los distintos ámbitos de incumbencia.

Dicho de otro modo, en el caso de la biotipología, el punto de partida siempre es biológico y médico, pero el de llegada depende del alcance de las propuestas (si son a priori o definitivas) y puede ir desde la mejora del rendimiento deportivo, la evaluación de estrategias y terapias ortopédicas y de rehabilitación hasta la prescripción de roles sociales desde la medicina laboral y la pedagogía o hasta cuestiones éticas y legales, gracias a la criminología. La tesis que se sostiene aquí, como se ha anticipado, es que los análisis epistémicos y las valoraciones éticas dependerán del punto de llegada, del espacio donde el discurso biotipológico pretenda instalarse como alternativa médica para lograr propósitos específicos.

Dicho de otro modo, no es lo mismo pretender anticipar rendimientos deportivos que alcances educativos, una moral o roles sociales en general. Se verá aquí que cuando la biotipología intenta situarse, puntualmente, como un saber para mejorar el rendimiento deportivo ésta se ubica más cerca de las cuestiones biológicas, constitucionales y orgánicas; mientras que cuando desde el discurso biotipológico se busca establecer diagnósticos y una prescripción de roles sociales dentro del programa eugenésico, el relato se recuesta más hacia el otro extremo, el socio-cultural.

En efecto, si se tiene en cuenta el rol que jugaba la apelación al deporte como forma de legitimación de las políticas (más bien, biopolíticas) que hacían del cuerpo del ciudadano un exponente de la fortaleza y salud de la nación o partían del ordenamiento de los cuerpos para la delimitación de los roles sociales, entonces los supuestos progresos médicos para la obtención de altos rendimientos quedan circunscriptos dentro de las representaciones, universos simbólicos y propuestas más caras al ideario biotipológico y eugenésico del período estudiado, “prevenir los males existentes, evitando las consecuencias funestas para la sociedad y para la especie” y “depurar la raza”. Castex (1933a), p. 2. Entonces, es allí donde la cuestión se complejiza y de la reflexión surgen todos los inconvenientes ligados a los presupuestos metafísicos, epistemológicos y metodológicos (sin contar las éticas) que le caben a las propuestas eugenésicas.[3]

En busca del atleta ideal

Como se ha dicho, la biotipología tiene también la palabra a la hora de estudiar las características que distinguen a un sujeto como potencial buen deportista. El estudio médico de los principales aspectos inherentes al desarrollo de ciertas cualidades constitucionales que posibilitarían un mejor desempeño atlético ya se practicaba desde antes del trabajo de Pende. En efecto, tanto el famoso psiquiatra alemán Krestchner como morfologista francés Mac Auliffe habían identificado un tipo humano muscular (biotipo desde el punto de vista de Pende) o hábito atlético, caracterizado por el desarrollo de la masa muscular. Pende critica esta clasificación y sostiene que no existe un biotipo de tales características que pueda separarse de las dos categorías morfológicas fundamentales: las de longilíneo y brevilíneo. Pende (1934b) Para el biotipólogo italiano,

Tanto en una como en otra,  de estas arquitecturas de la fábrica humana, pueden injertarse, por así decirlo, el genio muscular, que conduce al ideal atlético. Y hoy todos admiten la existencia de campeones longilíneos y campeones brevilíneos; lo que deriva directamente de la distinción por mí hecha en morfología constitucionalista de un biotipo longilíneo esténico y de un biotipo logilíneo asténico (el leptosómico de los alemanes) y un biotipo brevilíneo esténico y un biotipo brevilíneo asténico (el pícnico de los alemanes). Pende (1934b), p. 11.[4]

Para el doctor Pende, solamente los longilíneos o brevilíneos esténicos pueden convertirse en buenos atletas. No obstante, Pende aclara que no se trata simplemente de desarrollo de masa muscular sino de las cualidades fisiológicas de dichos músculos “en perfecta coordinación funcional con todos aquellos otros aparatos que intervienen en la acción motriz.” Pende (1934), p. 11. Nicola Pende es coherente aquí con su concepción biotipológica de la medicina constitucional en la que no sólo son importantes los aspectos morfológicos sino también, el funcionamiento del “aparato circulatorio, neuroendócrino y el sistema nervioso central”. Pende (1934b), p. 11.

Pende advierte que en el campo de la educación física y de las prácticas deportivas en general, la aplicación de la biotipología preventiva de gimnastas y atletas y el examen médico, fundamentalmente, pueden aportar una sólida base científica a partir de la cual, superar la “unilateralidad, superficialidad y apresuramiento de investigación” propia de “los estudios puramente morfológicos o psicológicos” que dominaban la naciente medicina del deporte a principios del siglo XX. Pende (1947), p. 432.

El biotipólogo italiano se lamentaba a fines de la década del 40 de que, por buscar altos rendimientos a corto plazo, a menudo en el deporte de competición, se perdía de vista la ortogénesis del individuo. Desde su punto de vista, la falta de prevención lleva al deportista al desgaste precoz y en consecuencia, a la falta de armonía del biotipo corpóreo y psíquico y a la patología.

Es verdad que los campeones modernos pueden ser necesarios desde el punto de vista del orgullo nacional como símbolo de la robustez física de un pueblo; pero lo es igualmente que los campeones, lo mismo que los genios de la inteligencia, pagan las victorias olímpicas y el amor a sí mismos y a la patria con el desgaste precoz de su salud. El atletismo campeonista, prolongado durante años, llega hasta los límites de la patología, aumentando aquella inarmonía del biotipo corpóreo (y también psíquico) que es producto del exceso de desarrollo muscular y de fuerzas musculares de algunos segmentos del cuerpo, inarmonía constitucional que, tarde o temprano, se transforma en germen de enfermedad. Pende (1947), p. 435.

Para evitar estos excesos, Pende propone que es preferible un poliatleta que un atleta inarmónico puesto que el primero representa el ideal de belleza y verdadera robustez frente al otro (...) que es inarmónico a causa del desarrollo exagerado de los músculos y de una parte del cuerpo. Pende (1947), p. 435.

Desde la perspectiva del Dr. Pende, es preferible entonces el desarrollo integral del atleta que exigir rendimientos inmediatos.

Es preciso tener en cuenta que era una preocupación de los gobiernos totalitarios de la época que sus atletas se destaquen en las competencias internacionales como uno más de los sendos mecanismos de propaganda con los cuales se sostenía el régimen. Particularmente, en el período de entre guerras, etapa que coincide con la que se estudia aquí, el deporte se utilizará como elemento de prestigio entre las naciones, como instrumento de propaganda y como índice de la vitalidad de los países. Teja (2002)

Pende no deja de estar de acuerdo con la importancia que para el Estado fascista italiano tenía el hecho de que sus deportistas se destacasen en las competencias pero amplía y profundiza la mirada, siendo coherente con su postura integral acerca de la medicina constitucionalista y la eugenesia. Según el biotipólogo italiano, “el criterio unitario, correlativo, psicosomático de la biotipología, es el único que hoy debe guiar al educador físico y al médico de los deportistas”. Pende (1947), p. 432.
Sea como sea la cuestión, desde la biotipología aplicada al deporte, es preciso comprender que “no se trata sólo de educar y ejercitar un sistema muscular injertado sobre un cuerpo” sino que debe tenerse una mirada integral puesto que para la realización de cualquier práctica de alta competencia “se emplean músculos, corazón y cerebro en su unidad vital, en sus correlaciones recíprocas, diferentes de un individuo a otro individuo”. Pende (1947), p. 432

En este sentido, desde la postura pendeana, el médico o el entrenador no debían desviarse del principio de ortogénesis armónica del gimnasta o deportista forzando los tiempos con el objeto de lograr desarrollos parciales e inarmónicos.

Conclusiones

Hemos podido aproximarnos a la biotipología como una de las formas más complejas de determinismo biológico y a sus pretensiones de consolidarse como un saber médico capaz de delinear estrategias para el logro de rendimientos deportivos de excelencia.

Se ha podido constatar que si bien la impronta biotipológica siempre tiene una fuerte vinculación con el todo social resultando muy evidente, por ejemplo, el compromiso de Pende, con el Estado fascista tal como sostienen Miranda Vallejo (2005); existía además en él, una preocupación por la mejora de la salud del deportista y su rendimiento en competencia. No puede soslayarse la novedad que el discurso pendeano introduce a nivel teórico-práctico teniendo en cuenta que la época la relación de la medicina y el deporte estaba en pañales.

En las prácticas deportivas de alta competencia se juegan destrezas y habilidades directamente relacionadas con las características constitucionales del deportista. En este sentido, la biotipología tenía, a priori, teóricamente, mucho que aportar para delinear no sólo ámbitos de desarrollo a través de la biotipología auxológica (aquella que velaba por el buen direccionamiento del crecimiento[5]) sino también, estrategias de entrenamiento, dietas y cuidados de la salud funcionales a cada una de las prácticas deportivas y acordes al biotipo del atleta.

Resulta evidente que quien constitucionalmente no cuenta con ciertas condiciones particulares no podrá desarrollar ciertas prácticas deportivas y quién sí tiene ciertas condiciones logrará mejores resultados si cumple con una dieta y un entrenamiento apropiados.

Ahora bien, es conocido el caso de Asafa Powell (n. 1982), el atleta jamaicano, uno de los más rápidos del mundo. Powell era el velocista que ostentaba la marca mundial en la categoría de los 100 metros llanos, conseguida en Rieti, Italia, con 9,74 s, en 2007. Existe una particularidad constitucional que le permite una mayor destreza para la carrera, un arranque más explosivo en los primeros metros y dar pasos más largos: el psoas mayor, uno de los músculos que se necesitan para correr más velozmente es el más grande jamás visto por los médicos deportólogos en un atleta. Paradójicamente, a pesar de ello, una serie de cuestiones de índole psicológica le impiden ganar el oro olímpico y destacarse en carreras frente a sus principales oponentes. [6] Esto prueba que si bien el relevamiento de datos constitucionales a priori puede ser relevante para anticipar resultados deportivos, en competencia juegan otros factores acerca de los cuales es muy difícil establecer juicios definitivos, dados los sinuosos y oscuros parajes metafísicos que deben recorrerse para establecer un puente lineal y sin interrupción entre lo orgánico y lo psicológico.

Por otra parte, como hemos visto junto a Teja (2002), no puede perderse de vista el lugar que ocupaba la apelación al deporte como forma de legitimación de las políticas del período (no sólo fascistas o totalitarias), las mismas que hacían del cuerpo del ciudadano una muestra evidente del grado de desarrollo de la nación, utilizando los rendimientos en competencias como propaganda. Es allí donde la cuestión se complejiza y de la reflexión surgen todos los inconvenientes ligados a los presupuestos metafísicos, epistemológicos y metodológicos (sin contar las cuestiones éticas) que le caben a las propuestas eugenésicas ahondando aún más las dificultades a la hora de predecir resultados y fundamentar sus argumentos.

Del modo que fuese la cuestión, lo cierto es que la biotipología se ubica en un punto muy sutil cuando desea anticipar resultados deportivos; sobretodo, cuando los juicios buscan anticiparse desde un a priori a las experiencias concretas. Teniendo esto en cuenta es posible inferir - o al menos conjeturar- que es allí donde la disciplina pudo haber tenido éxito como propuesta a la hora de pronosticar roles y una puerta de entrada al mundo del deporte anticipando muchos de los estudios propios del campo de la deportología contemporánea.

Bibligrafía

Álvarez Peláez, R. (1985), Sir Francis Galton, padre de la eugenesia, Madrid: C.S.I.C.
Álvarez Peláez, R., (1988), Herencia y Eugenesia. Francis Galton. Madrid: Alianza Editorial.
Castex, M., (1933a), “A la prensa en general.”, Anales. Biotipología, Eugenesia y Medicina Social. Nº 1, p. 2.
Chorover, S. L., (1985), Del génesis al genocidio, Buenos Aires: Editorial Orbis S.A.
Glick, Th; Puig-Samper, M. y Ruiz, R. (edit), (2001), The Reception of Darwinism in the Iberian World. Spain, Spanish America and Brazil, Dordrecht: Kluwer Academic Publishers. 
Gómez Di Vincenzo, J., (2011), “Biotipología y educación en el discurso de la Asociación Argentina de Biotipología, Eugenesia y Medicina Social” en Revista ECEyM, Nº2, http://www.humanidadesdigital.unsam.edu.ar/experimental/numero2/index.htm
Gould, S., (1988), La falsa medida del hombre, Buenos Aires: Ediciones Orbis.
Miranda, M., Vallejo, G., (2005), Darwinismo social y eugenesia en el mundo latino, Buenos Aires: Siglo XXI.
Palma, H., Gómez Di Vincenzo J., (2009), “Biotipología, eugenesia y orden social en la Argentina de 1930 a 1943”, Eä Revista de Humanidades Médicas & Estudios Sociales de la Ciencia y la Tecnología. Puesto en línea el 1 de diciembre 2009. Sitio de Internet: http://www.ea-journal.com/es/numeros-anteriores/58/169-biotipologia-eugenesia-y-orden-social-en-la-argentina-de-1930-a-1943. pp. 1 – 21.
Pende, N., (1947), Tratado de Biotipología Humana Individual y Social, Barcelona: Salvat Editores.
                (1934b), “Biotipología y Atletismo”, Anales. Biotipología, Eugenesia y Medicina Social. Nº 29, pp. 11 - 13.
Romeo Casabona, C. M., (edit.) (1999), La eugenesia hoy, Bilbao-Granada: Edit. Comares.
Teja, A., (2002), “Deporte y relaciones internacionales durante el fascismo en Italia”, en
Vallejo, G., Miranda, M., (2007), Políticas del cuerpo. Estrategias de normalización del individuo y la sociedad, Buenos Aires: Siglo XXI.
Stepan, N., (1991), The hour of eugenics: race, gender, and nation in Latin American, Ithaca: Cornell University Press.
Suárez, L., López Guazo, L. (2005), Eugenesia y racismo en México, México D. F.: Universidad Autónoma de México.




[1] En las últimas décadas han aparecido también numerosos estudios sobre el movimiento eugenésico en distintos países. Véase, entre otros: Álvarez Peláez (1985, 1988, 1999); Chorover (1979); Glick, Th., Puig-Samper, M. y Ruiz, R. (edit) (2001); Kevles (1995); Romeo Casabona (edit.) (1999); Stepan (1991) o Suárez y López Guazo (2005).
[2] En principio, bajo estas premisas, surgieron desde formas bastante burdas de detección de marcas en el cuerpo desde las que se relevaban datos anatómicos como la medida del ángulo facial, del foramen magnum, el volumen y peso del cerebro, el cociente intelectual, etc. Con el tiempo, las cosas fueron complejizándose.
[3] Para ampliar, ver Palma y Gómez Di Vincenzo (2011).
[4] Resaltado en el original.
[5] Para ampliar consultar Gómez Di Vincenzo, J., “Biotipología y educación en el discurso de la Asociación Argentina de Biotipología, Eugenesia y Medicina Social” en Revista ECEyM, Nº2, http://www.humanidadesdigital.unsam.edu.ar/experimental/numero2/index.htm
[6] Datos obtenidos del documental “Asafa Powell” dirigido por Wally Langul, National Film Board of Canada Para profundizar puede consultarse on line en http://www.youtube.com/watch?v=oe5DJ3BdUx0

jueves, 2 de octubre de 2014

De cucarachas, ratas, lagartijas y urracas

Por José Antonio Gómez Di Vincenzo

A pesar de que la evolución sea amiga de la complejidad es preciso siempre tener en cuenta que por un carril paralelo transita sigilosamente el azar. Acechante, obliga a los justos a tener precaución, a medir siempre las consecuencias de los actos, a mirar atrás para ir hacia adelante, a ponderar el contexto, para ajustar la praxis, si lo que se quiere es progresar, estar mejor que antes, si lo que se desea es un mundo humanizado.

En la fauna salvaje, quienes cuentan con ventajas, sobreviven y dejan descendencia. Otros, menos afortunados, perecen. La caída de un meteorito (necesariamente tiene que ser un objeto más contundente que un satélite yanqui obsoleto) puede aniquilar un gran porcentaje de especies. Los bichos y las plantas no piensan, no tienen conciencia, no se proyectan hacia el mundo, son pura naturaleza. Otros más afortunados pueden hacer historia, pueden leer el mundo y transformarlo. Les dicen, injustamente, hombres porque también son mujeres. Hombres y mujeres hacen cosas para mejorar sus condiciones de vida. Y eso que hacen lo hacen en sociedad. Se piensa y se hace, se piensa para hacer, pensando se hace. Praxis y política, dos maravillosas actividades del hombre y de la mujer.

En el reino de la política, hoy, ya nos son siempre los vivos quienes se salvan. Afortunadamente algo cambió aunque más no se un poquito. Y el cambio vino a surgir como una eclosión dialéctica entre los significados que provenían de incipientes prácticas discursivas transformadoras emanadas desde ciertos espacios y su resonancia en una juventud que vibraba al ritmo del “con la política vamos a transformar las cosas” y se la creía. Muchos hombres y mujeres comienzan a creer en el cambio.  Tal vez conceptualmente sin saber tanto hacia dónde, pero cambio al fin. Otros tantos, sonámbulos, zombies, se arrastran sugiriendo mediante la repetición de ese autóctono mantra que dice “son todos iguales”, que la democracia está en peligro, etc.

En rigor, ese latiguillo o mantra está vacío de contenido concreto, es una fantasmagoría, un espectro creado por quienes temen quedarse sin… ¿Laburo? Es un invento desesperado que pretende instalar al fabulador en el lugar del defensor del derecho y la libertad. Presos de su propia inoperancia, de su probada incapacidad por generar propuestas con adhesión, estas alimañas viajan descarriadas por la historia sin darse cuenta que en un carril paralelo, los cambios asechan, obligan a leer y comprender para dónde va la cosa y a jugar dialécticamente con el devenir, para marcar rumbos. Tras estos disfraces de alimañas se esconden sujetos de poca monta, actores del individualismo amarrete que antes de tejer un discurso transformador desde una opción distinta a la que expresa el gobierno prefieren agitar fantasmas para salvarse.

Sutil pero extraordinariamente abismal es la diferencia que existe entre ese mantra repetido por cucarachas y algunas ratas y ese que comienza a ser el slogan de una juventud comprometida que machaca: “con la política vamos a transformar el mundo”. Uno podría preguntar: ¿Por qué cosas más vienen los que creen en que con la política se puede cambiar el mundo? La mala noticia para la cucaracha, la rata y la lagartija cae como un martillo. Porque ese “vienen por más” se comienza a llenar de un contenido ya no espectral sino concreto. Los que vienen por más, vienen por todo, por todo un mundo injusto que debe transformarse, un mundo donde las alimañas ocupan un lugar poco importante.

Las alimañas son varias. Estudiémoslas…

Las cucarachas sólo salen a la luz en la oscuridad. Cuando la luz ilumina la historia se esconden y buscan convencer a otras alimañas de que por ahora, nada puede hacerse, que como no hay oposición hay que dejar que todo fluya para que el gobierno se caiga por sus propias contradicciones. Un juicio en el que subyace un desprecio por la capacidad intelectual de quienes siguen y apoyan las políticas transformadoras, critican las que se quedan a medio camino y tienen claro que la oposición a un proyecto progresista no se encarna en unos cuantos títeres, en una colección de cucarachas, ratas y lagartijas sino que dicho poder está tras bambalinas, moviendo los hilos de las titiritezcas alimañas y tiene el nombre y apellido de las corporaciones.

Por su parte, las ratas andan a hurtadillas, buscando al menos quedarse con un trocito de queso. Plantean que hay que hacer fuerte la oposición en el congreso. ¡Una cantidad de votos por favor! Llanto, lamento que ahora busca reactualizarse para al menos ir a ocupar un lugar en el espacio del Congreso Nacional. Las ratitas enarbolan latiguillos republicanos de poca monta, adjudicándose el rol de defensoras de la democracia sin ver que no existe nada más puro que la voluntad popular de elegir con el voto popular que las ratas inmundas se guarden de decir estupideces y procuren pasar una temporada reflexionando en sus respectivas alcantarillas.

En el zoológico político local tenemos también a las siempre escurridizas lagartijas. Estas infatigables lobistas se encuentran siempre propensas a jugar a favor de los intereses foráneos, a seducir y dejarse llevar por el capital y la cultura extranjera que por luchar por la independencia. Las lagartijas vienen sobreviviendo en su nicho ecológico desde los albores de la nación. Siempre están. Hoy juegan a favor de los intereses de quienes por su propio derrumbe buscan salvarse tramando un nuevo saqueo a países como el nuestro. Una rareza poco frecuente en el reino animal las distingue. Les cortás la cola y vuelve a crecer.

Por último están las urracas. Estas infatigables parlanchinas, no conformes por haber recibido de la madre naturaleza el don del habla, siempre se muestran frustradas por el hecho de que tan maravilloso don no fue acompañado por la inteligencia. Las urracas, en fin, no paran de hablar. Y hablan como cucarachas, como ratas y como lagartijas siempre tramando algo, siempre mintiendo.

Muchas alimañas, muchas características, un fin común: sobrevivir. Quienes cuenten con ventajas sobrevivirán y dejarán descendencia. Otros menos afortunados, perecerán. En el mundo de los hombres, la inteligencia es un plus no menor. Permite leer que pasa en el carril de la historia, operar en la contingencia. Cuando el político no toma el toro por las astas, cuando el pueblo no quiere ver, el mundo puede convertirse en el palacio de las cucarachas, ratas y lagartijas. Y lamentablemente para estas alimañas no existe príncipe azul. No hay beso que las convierta en princesas. Siempre serán cucarachas, ratas y lagartijas. Podremos haber caído en la trampa una vez, pudimos creer que una rata era un príncipe. Ya no… Algo cambió al ritmo del “creemos que con la política podemos transformar el mundo”.