La Persistencia de la Memoria

La Persistencia de la Memoria
Salvador Dalí

domingo, 13 de abril de 2014

Apuntes introductorios a ¿Qué es la Ilustración? de Kant



Por José Antonio Gómez Di Vincenzo

El ensayo con el que Kant intenta dar una respuesta sistemática, completa y con profundos alcances a la pregunta por la Ilustración, Beantwortung der Frage: Was ist Aufklärung?, es en rigor un texto de 1784 publicado en el periódico alemán Berlinische Monatschrift. [1] En el mismo diario, Johann Friedrich Zöllner, un clérigo protestante, había formulado la pregunta por la ilustración sosteniendo que debía ser respondida urgentemente antes de que empiece a ilustrarse al pueblo.

La pregunta del clérigo no es inocente. Ella surge en el contexto de las luchas que se están llevando a cabo en Prusia por vencer los vestigios del Antiguo Régimen. Liberales prusianos se interrogaban entonces si era necesario mantener vigentes antiguas instituciones religiosas. En un ensayo publicado en 1783, Johann Erich Biester se preguntaba concretamente si es conveniente que la alianza matrimonial se legitime adicionalmente por la religión.

Kant escribe su ensayo con dos propósitos muy definidos: dar una respuesta sistemática a la pregunta por la ilustración y acercar al lector una síntesis clara del pensamiento hegemónico de la burguesía del período. El texto no es sólo una entrada enciclopédica a la cuestión sino también, un sistemático planteo de una serie de cuestiones políticas y éticas.

Hay presentes en el trabajo una serie de categorías que dominarán la escena intelectual a finales del siglo XVIII y durante el siglo XX: razón, voluntad, libertad, progreso. Faltaría agregar fraternidad, igualdad y el combo estaría completo.

La razón es sin duda la protagonista de la reflexión. Como sostiene Marcuse en la Introducción de su ya antológico y de culto Razón y Revolución, la filosofía de la Ilustración toma a la razón como una fuerza histórica objetiva que luego de ser liberada de las cadenas del despotismo, hará de la tierra un lugar de progreso y felicidad. En virtud de su poder, ella triufará frente la irracionalidad de la sociedad feudal y derrocará a los opresores.

La cuestión de la voluntad es traída a colación de entrada por el autor al plantear que las ataduras a las que el hombre se encuentra sometido no son producto de su falta de inteligencia sino de su incapacidad de servirse de ella. Para servirse de la inteligencia, el sujeto debe tener la voluntad de dar el paso hacia la construcción racional de nuevos argumentos. Dar el paso para transformar el mundo debe coligarse con otro paso fundamental: librarse de los tutores, los dogmas, dejar la comodidad del que es arriado como ganado y pensar por uno mismo. “¡Sapere aude! ¡Ten el valor de servirte de tu propia razón!: he aquí el tema de la ilustración”. (Kant, 2009: 249)

La relación simbiótica entre el tutor y el tutelado que Kant describe como cómoda y que puede graficarse tanto evocando la figura del cura, del libro o del médico debe romperse no sólo voluntariamente sino también, a partir de la libertad. Libertad de hacer uso de la razón para avanzar hacia la autodeterminación, la autonomía.

Existe en el texto una tensión entre la libertad y la voluntad del pensar por sí mismo, su dispersión en la totalidad de los sujetos que constituyen la sociedad, y la necesidad de homogeneizar en ciertos valores y cultura común para evitar la lucha de todos contra todos. Kant encuentra una salida postulando la diferencia entre el uso público de la razón y el uso privado de la razón junto con la limitación de la libertad.

“Entiendo por uso público aquel que, en calidad de maestro, se puede hacer de su propia razón antes el gran público de lectores. Por uso privado entiendo el que ese mismo personaje puede hacer en su calidad de funcionario.” (Kant, 2009: 250)

Dicho sin vueltas, se da rienda suelta a toda la libertad para razonar y postular los cambios que se quieran introducir dentro de las leyes o lo instituido pero siempre en el marco de una libertad regulada por la ley. La contradicción salta a la vista: consiste en que se pide libertad para razonar pero se debe regular siempre su uso para evitar el caos. “…¡razonad todo lo que queráis y sobre todo lo que queráis, pero obedeced!” (Kant, 2009 254)

Hay un muy gráfico ejemplo de cómo funciona el argumento kantiano en el texto: “El ciudadano no se puede negar a contribuir con los impuestos que le corresponden; y hasta una crítica indiscreta de esos impuestos, cuando tiene que pagarlos; puede ser castigada por escandalosa (pues podría provocar la resistencia general). Pero ese mismo sujeto actúa sin perjuicio de su deber de ciudadano si, en calidad de experto, expresa públicamente su pensamiento sobre la inadecuación o injusticia de las gabelas”. (Kant, 2009: 251) 

Dicho en criollo: primero pague después quéjese. Y si quiere cambiar las normas impositivas podrá hacerlo si se ilustra y llega a ser titular de la agencia de ingresos públicos. Pero la ilustración no es consiste en dejarse llevar por cualquier camino, no implica desbandarse hacia un precipicio. 

Las posibilidades de cambio quedan restringidas sólo a aquellos ciudadanos que tienen el capital económico y cultural que les posibilite llegar a esos espacios institucionales, capaces, libres, voluntariosos y buenos burgueses. Meritocracia y progreso individual. No hay aquí ninguna intención de plantear una consciencia de clase y valores comunes dentro del marco de una lucha común por trastocar el orden que pretende instaurarse como superador del Antiguo Régimen.

El ensayo da rienda suelta a la batalla contra el dogma o contra toda posición que se cristalice y evite el progreso, la innovación y el recorrido hacia un mundo racionalizado según los estándares de la modernidad y sus protagonistas burgueses. Progreso que no debe frenarse para poder ir hacia una sociedad ilustrada.

Kant va a diferenciar dos épocas: “época ilustrada” de “época de ilustración2. Va a sostener que no es contemporáneo de la primera sino de la segunda, una fase de la historia donde “todavía falta mucho para que, tal como están las cosas y considerados los hombres en conjunto, se hallen en situación, ni tan siquiera en disposición de servirse con seguridad y provecho de su propia razón en materia de religión. Pero ahora es cuando se les ha abierto el campo para trabajar libremente en este empeño, y percibimos inequívocas señales de que van disminuyendo poco a poco los obstáculos a la ilustración general o superación, por los hombres, de su merecida tutela.” (Kant, 2009: 253) Las flores son para Federico II de Prusia quien defendía las ideas de la ilustración.

Quedan varias cuestiones en el tintero. Por cuestiones de espacio no las resolveremos aquí. Solamente nos gustaría tratar un punto más. Hay en el texto una serie planteos y cuestiones que muchos filósofos tratarán a lo largo del siglo XX. Una de ellas es la cuestión del poder y su relación con el saber. Kant plantea la idea de que revolucionar lo dado y conquistar el poder instaurando un nuevo gobierno no sería más que cambiar de tutor. Debe  haber una verdadera liberación. Dicha liberación debe librarse en el plano individual, cada sujeto debe dejar de estar sujetado por el poder. Pero nuevamente se plantea el problema de la dispersión, la falta de cohesión y el todos contra todos.

“Mediante una revolución acaso se logre derrocar el despotismo personal y acabar con la opresión económica o política, pero nunca se consigue la verdadera reforma de la manera de pensar; sino que, nuevos prejuicios, en lugar de los antiguos, servirán de riendas p ara conducir al gran tropel.” (Kant, 2009: 250)

Si no hay radicales cambios en la forma de pensar de cada uno de los ciudadanos, una revolución no es más que un cambio de tutor. Pero como se pregunta Marcuse en el ya citado inicio de Razón y Revolución: ¿Ofrece la estructura individual del razonamiento leyes y conceptos generales que puedan constituir normas universales de racionalidad? ¿ Es posible construir un orden racional universal sobre la autonomía del individuo? Al indagar desde el punto de vista epistemológico el modo de dar una respuesta afirmativa a estas preguntas, la Ilustración y más precisamente el Idealismo Alemán apuntaba hacia un principio unificador que fuera capaz de mantener intactos los ideales básicos del individualismo liberal capitalista sin convertirse en víctima de sus antagonismos. Y sin embargo... ¿Puede hacerse una revolución de muchos individuos separados? ¿Puede haber cambio individual sin cambio social? ¿Quién es el  protagonista del cambio social? ¿Cómo un cambio social puede promover cambios a nivel de lo individual? En general... ¿Puede haber sentidos trascendentes a las prácticas? Todos apasionantes problemas que, por ejemplo, intelectuales del siglo XX intentarán responder de la mano de autores marxistas como Lukács, Gramsci, Poulantzas o el postmarxismo de Laclau entre otros tantos.

Otros como Foucault, abordaron la cuestión desde otros enfoques teóricos. El intelectual galo publicó un ensayo sobre el trabajo de Kant, dándole el mismo nombre.[2] En este trabajo, el francés refleja el estatus contemporáneo de la ilustración, llegando a la conclusión de que la ilustración es un proceso que sigue en pié.




[1] Boletín mensual de Berlín 

[2] "¿Qu'est-ce que les Lumières?"

viernes, 4 de abril de 2014

El arte de vivir (enajenado)

Por José Antonio Gómez Di Vincenzo

Haciéndose el boludo, mirando para otro lado, evitando reflexionar acerca de la ignominia propia de la explotación capitalista, consumiendo, acumulando, liberando tensiones, reduciendo en lo posible el consumo de psicofármacos, en una orgía individualista, en un sálvese quien pueda, sin negar los placeres del cuerpo consumidor de bienes que no sirven para nada, más que para sedar, listos para ir a pisar cabezas en la empresa, en la jungla de cemento.

Orgía de proposiciones sin sentido en una masa perezosa, liviana, sin densidad, sin proyectos comunes, cuya única confluencia radica en el estar viviendo presos de los mismos fetiches, las mismas mentiras. Que sufren angustia por vivir una vida de sonámbulos.

Conjunto de carnes que decantan sin peso, presos del miedo, que sólo pueden llenarse si sienten que todo el tiempo se están llenando, consumiendo. Figuras unidimensionales, espectros de hombres y mujeres buscando pagar por la salvación lo menos posible.

Meditar, dejarse llevar, tomar agua mineral, comer yogurt descremado, ir a defecar todos los días, regularizarse, sentirse liviano, activos, proactivos. Individuos cosificados en la danza de los objetos, objetos ellos mismos de trepanación, que paran a meditar para purificarse.

Que gran parte de la humanidad terminara viviendo como una tropa de sonámbulos era el temor de sujetos que abrían los ojos para abofetear, al menos por un momento, desde una profunda capacidad reflexiva en pleno siglo XIX, a quienes consideraban debían afrontar el rol de liberadores de los hombres, los redentores proletarios. Hoy, lejos temporalmente, cerca conceptualmente de los magistrales aportes de Marx o de las fascinantes anticipaciones literarias, nos estremece el grado de desarrollo de un capitalismo que hace de las personas simples objetos, mercancías a la mano, un sistema que borra la subjetividad, la capacidad de transformación. La flecha lanzada al futuro por esos intelectuales preocupados por la posible decadencia, activos en una lucha por evitarla, atraviesa el siglo XX sobrevolando las mutaciones radicales en la forma de pautar el proceso de trabajo. Transformaciones del propio capitalismo en su puja por sobrevivir.

Lejos de caer por su propio peso, el sistema ha demostrado una extraordinaria capacidad por recomponerse, rearticular sus componentes para seguir reproduciendo el capital y la ignominia. Y las luchas por derribar el sistema deben aggiornarse, complejizarse. Ya no alcanza con tomar el palacio de invierno. En el frenesí de la debacle, los sonámbulos no ven las esencias. Y entonces, lo esencial se pierde en la maraña de los hechos objetivos no objetivados. El estandarte humanista, iluminista con su rosario de citas textuales y su paideia catequística no logra desarticular el sentido común funcional a la reproducción del sistema.

Hace falta pensar nuevas herramientas para emprender una lucha contrahegemónica. Herramientas que permitan articular dialécticamente lo que pasa en las consciencias y lo que ocurre con las fuerzas objetivas que motorizan dichas formas de pensar. Romper ese hacer de cuenta que está todo bien, ese no confrontar, ese negar todo conflicto, ese pensar que la paz se logra por la mera invocación, que no hay costos. Valores tan acomodables y negociables que se ajustan a cualquier necesidad. Desprestigio de la política, burla a la praxis, negación de la vida humana.

Los sonámbulos hoy se horrorizan frente a la avanzada zombi. ¿Qué representan esos zombis que pululan en las series de televisión o en las películas? Tal vez, a los ya no proletarios del mundo unidos sino a los lumpen muertos en vida que vienen por todo, sin discurso, sin emoción, sin otra lógica que la mera necesidad de arrasar y devorar.