La Persistencia de la Memoria

La Persistencia de la Memoria
Salvador Dalí

martes, 2 de diciembre de 2014

Libertinaje mediático y espontaneidad hipervinculada

Por José A. Gómez Di Vincenzo

La preocupación por la espontaneidad que obsesiona al espectro variopinto de opinólogos multimediáticos y que cobra elevado tono cuando transcurre esta altura del año no es una novedad histórica. De cierto modo, la encontramos presente en los debates que se dan al interior del socialismo desde fines del siglo XIX. La pregunta sería si puede darse un viraje político por la sola e instantánea inclinación de las masas hacia cierto conjunto de ideas y prácticas revolucionarias o dichos colectivos necesitan ser pastoreados.
Hacia la segunda mitad del siglo XIX, algunos simplificadores de las ideas de Marx pensaban que el Estado es tan solo una especie de cáscara o caparazón que reviste a la sociedad civil y expresa los intereses de las clases dominantes. Mientras no se den las condiciones materiales los sujetos enajenados del capitalismo elegirían democráticamente reproductores conscientes del capital aparentemente ya no tan enajenados sino dispuestos a complotar para domesticar y doblegar proletarios. Sistema capitalista igual Estado capitalista. Estado especular reflejo de las relaciones sociales. Proletarios enajenados sin conciencia de clase que o bien debían ser pastoreados mediante la luz de la ilustración o bien había que esperar que las condiciones materiales hiciesen posible la debacle del capitalismo para que esté caiga y las masas automáticamente luego de instalado el socialismo hicieran click y cambiaran el registro instantáneamente.
Como consecuencia de una ultra ontologización del Estado y desde un enfoque paranoico proclive a ver complots por todos lados, se creía que él era el único capaz de arbitrar los medios para la reproducción del capitalismo, gracias a la coacción y articulando los instrumentos para proteger los intereses de la clase burguesa. Entonces estos intelectuales a la coacción de tipo económico que es propia del sistema agregaban una consciente que surgía de los funcionarios del capital. La reseta surgía casi automáticamente: había que derrumbar el Estado burgués, tomarlo e instalar el socialista.
La teoría del derrumbe del capitalismo, sostenida desde una lectura mecanicista de El Capital, en particular, a través de la influencia en el funcionamiento del capitalismo de la ley de la caída tendencial de la tasa de ganancia, hacía pensar que, tarde o temprano, se darían las condiciones materiales para dar el golpe revolucionario. Las conciencias de los proletarios, reflejos mecánicos de las condiciones materiales, harían click en su momento y, espontáneamente, una masa de sujetos estaría dispuesta a resonar con las ideas socialistas y avanzar sobre el Estado capitalista, para tomar el poder, hacer la revolución. No es este el lugar para analizar en detalle este tipo de razonamientos. Es honesto decir que muchos se opusieron a esta mirada en su momento. Y sabido es, gracias a los aportes de Gramsci y otros intelectuales de la corriente marxista, que la cuestión es mucho más compleja, que la hegemonía, la dirección intelectual moral impuesta por las clases dominantes, el consenso, actúa para la reproducción del capital, no sólo mediante las transformaciones estructurales objetivas que se introducen en el modo de producción, la reproducción misma de dicho modo, sino principalmente, desde los aspectos subjetivos, la cultura, las ideas, la cosmovisión hegemonizando a las clases subalternas.
Como sea, es interesante analizar qué subyace en la idea de espontaneidad de las masas independientemente que ésta venga por izquierda o por derecha. En efecto, por lo que se ve, la idea de una política que se abstrae de la praxis y baja como una orden desde el más allá, no se encuentra históricamente solo en la izquierda sino también en muchos liberales y conservadores de derecha. En rigor la idea de una política entendida como pastoreo de masas desde el Estado o desde una vanguardia cruza el espectro político de derecha a izquierda. Dicha práctica pastoril mostraré que luego se traduce a través de una sensación culposa que después debe disfrazarse de espontaneidad. Por más que la espontaneidad sea considerada una abstracción con escasa posibilidad de darse en lo concreto particular resulta conveniente ver qué concepciones se esconden detrás del supuesto reclamo de dicha espontaneidad. Porque supuestamente por esta época se convoca a salir espontáneamente a cacerolear o a delinquir saqueando (hago una distinción entre el saqueo delictivo del que va a robar y el pasible de ser justificado saqueo del que no tiene nada y va por la supervivencia), lo cual es una contradicción; se pide que se vaya de tal o cual forma y hasta se solicita ingenuamente en los medios que las masas vayan a la marcha, otra vez, espontáneamente.
Lo que tenemos es, otra vez, la idea de una política que emana desde arriba o desde un sujeto que se encuentra por fuera de las masas. Si esta política es considerada corrupta, es mala palabra, debe evitarse, anularse. De allí, la idea de espontaneidad. Lo espontáneo se da sin mediación, surge de abajo. Algo hace que un colectivo de sujetos anónimos individuales resuene al mismo tiempo. Entonces, sin que nadie organice, casi como en un acto místico, todos se ponen de acuerdo y las cacerolas resuenan al mismo son. ¿Qué pasa después? ¿Con qué se hace frente a lo dado? ¿Cómo sigue la historia? Tal cuestión es un dato menor para quien cree que la espontaneidad por sí misma es condición suficiente para la praxis política.
Ahora bien, la idea de espontaneidad en la historia argentina reciente no surge de espontaneidad alguna. Tienen un propósito: ocultar los verdaderos objetivos políticos que se esconden detrás de la convocatoria. Lo que quienes se ocultan tras el rizomático espejismo del hipervínculo deben ocultar es su propia acción política desde arriba. Es como en el caso del ladrón que juzga según su condición. Saben que ellos mismos caen en una lógica en la que la política se hace desde una posición jerárquica por fuera.
La lógica de funcionamiento en la red, la fuerza del hipervínculo y la estructura rizomática del medio, esa aparente ausencia de jerarquías, estimula la imaginación y hace creer que nadie está por detrás de la matriz mediática. Entonces, la cosa es funcional a quienes actúan como reproductores acríticos del mensaje. Desde una liviandad y falta de compromiso, sentados tras las máquinas como abstraídos de sí, los sujetos enajenados repiten como loros barbaridades de todo pelaje creyendo que lo hacen espontáneamente.
Este escriba no va a negar que exista una política domesticadora y pastoral, genéricamente hablando, en la que un desde el poder se arrea al ciudadano. El tema es que precisamente esa es la forma de hacer política que hacen quienes arengan tras los multimedios y esa es la forma de hacer política que está negando (en sentido dialéctico) la praxis propia de quienes se han comprometido con el proyecto nacional y popular.
Es interesante analizar el modo en el que se utiliza la herramienta tecnológica en uno y otro caso, cómo y desde dónde se construyen los significados. Dejo al lector la inquietud de ver las diferencias entre un mensaje que se articula desde un pequeño número de sitios y es replicado asépticamente en red por sujetos con escasa hora de vuelo en el barro de la historia signados por sus poco razonadas o analizadas impresiones de la situación y el que se construye en un diálogo dialéctico con la realidad histórica que trascienden lo particular.
Porque además del grupo de individuos aislados que en el colectivo conforman la masa de enajenados en la danza mística existe otro colectivo de sujetos comprometidos de distintos pelajes pero todos mirando la historia desde la izquierda, intentando convencer a los ciudadanos acerca de la importancia de las políticas que tienden al bien común y a transformar las condiciones estructurales para ir hacia una sociedad más justa. Y el sujeto en este colectivo es el sujeto de la praxis, el que no absorbe acríticamente un producto predigerido sino que se siente y es partícipe activo en la construcción del proyecto colectivo.
Ahora bien, toda la tinta descargada aquí no alcanza para saldar la cuestión de fondo, esa que quedará como pregunta sin responder una vez más: ¿es posible ir hacia otro estado de cosas por la mera dinámica misma de las cosas o siempre es necesaria una instancia de abstracción? ¿Puede el desenvolvimiento de lo particular, el despliegue de los acontecimientos por sí mismo ir hacia un fin previsto (el topos al que se quiere llegar) sin una idea que fije los pasos para llegar a tal finalidad prefijada)? ¿Qué o quienes fijan dicha finalidad, cómo lo hacen, con quienes y mediante qué recursos para que la cosa se mueva hacia allí?
Habrá que pensar.




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