La Persistencia de la Memoria

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Salvador Dalí

sábado, 15 de noviembre de 2014

Educación y medicalización: la impronta de la biopedagogía pendeana en el discurso de la Asociación Argentina de Biotipología, Eugenesia y Medicina Social (1930 – 1943)

Por José A. Gómez Di Vincenzo

Resumen de ponencia presentada en el III Coloquio Latinoamericano de Biopolítica organizado por la UNIPE, septiembre de 2011.

A partir del siglo XIX no serán la filosofía, la religión o el mito quienes tengan la responsabilidad de llevar a cabo la tarea de legitimar el orden social y fundamentar la política sino la ciencia, que aportará elementos fundamentales para la elaboración de discursos político-sociales y la implementación de prácticas de control social. Dichos discursos comienzan a adquirir cierto sesgo ideológico, a partir de una lectura particular de la teoría darwiniana. Desde entonces, algunos intelectuales pretendieron fundamentar y legitimar científicamente la economía expansiva de la Inglaterra del siglo XIX. Empieza a sostenerse que los triunfadores son los mejores individuos o grupos sociales. Una explicación naturalizada de las relaciones sociales contribuiría a anular o, por lo menos a debilitar, el problema ético generado por las contradicciones existentes entre los ideales proclamados por los sectores dominantes de la población y la explotación a la que eran sometidos diversos grupos sociales. El darwinismo triunfó, en principio, más como una perspectiva sociológica que como una teoría biológica.

El determinismo biológico, básicamente, consiste en afirmar que las normas de conducta compartidas por los miembros de una sociedad pero también, las diferencias socioculturales y económicas que existen entre grupos humanos o clases sociales, derivan de un conjunto de condiciones heredadas o innatas. La sociedad, su estructura y las relaciones que en ella se dan, entonces, serían un reflejo de la biología; y el rol sociocultural y económico de los sujetos, un reflejo de su constitución biológica.

Tenemos, entonces, una naturalización de las relaciones sociales, operada mediante la apelación a un discurso elaborado a partir del uso de metáforas tomadas de la biología. Al mismo tiempo, dicha naturalización adquiere la forma de medicalización masiva de la sociedad, pues es la medicina la que comienza a jugar un rol central a la hora de indagar sobre los cuerpos los motivos de las patologías sociales o los desvíos morales, espirituales o psíquicos del sujeto que llevan a dichas patologías. El proceso de medicalización puede comprobarse en la progresiva extensión de aquellos ámbitos en los que el médico tiene algo que decir, en los que juegan un papel destacado categorías tales como lo normal y patológico, junto con una sostenida demanda al Estado para obtener la legitimación para implementar ciertas tecnologías sociales de las que daré cuenta a continuación.
Efectivamente, entre los discursos que pretenden saldar la distancia entre lo biológico y lo sociocultural, comienza a tomar fuerza el propio del movimiento eugenésico, caracterizado por una serie de presupuestos, aspiraciones y valores muy extendidos en su época.

En esta ponencia me concentraré en un recorte del período denominado “eugenesia clásica” que comienza en 1911, año en que se funda en Londres la primera Sociedad Eugenésica cuyo primer presidente fue uno de los hijos de Darwin –Leonard- y que en 1912, organizó el primer Congreso Eugénico Internacional y termina alrededor de la Segunda Guerra Mundial. Se trata del período de apogeo en el cual, prácticamente, todos los países occidentales formaron instituciones eugenésicas que, a su vez, constituyeron asociaciones internacionales de largas y profusas ramificaciones, que realizaron una enorme cantidad de reuniones científicas en todo el mundo y adquirieron enorme capacidad de influencia en la implementación de políticas públicas. Todas las publicaciones biológicas y médicas especializadas recogían propuestas, textos, estudios y referencias a los progresos en la materia.

La eugenesia como es sabido plantea llevar a cabo una reproducción diferencial y básicamente consiste en promover la reproducción de los individuos o grupos de individuos considerados mejores e inhibir la reproducción de los considerados peores.

En la Argentina, durante el periodo que trabajo aquí, el programa eugenésico se instrumenta a partir de la implementación de ciertas tecnologías sociales como, por ejemplo, la utilización de fichas biotipológicas para el relevamiento de diversos datos, la tipificación de individuos y posterior, ejecución de otras medidas eugénicas o asignación de roles sociales.
En efecto, durante los años 30 y principios de los 40 del siglo pasado tenemos plasmadas, principalmente en el discurso de la Asociación Argentina de Biotipología, Eugenesia y Medicina Social toda una serie de conceptualizaciones tendientes a fundamentar la aplicación concreta del fichado biotipológico, destacándose la relación entre biotipología y educación.

Existe, empero, una problemática que sobrevuela el imaginario eugenésico de la época. En el discurso teórico existe una fuerte tensión dada por la necesidad de homogeneización cultural de la población, sostenida por argumentos aportados desde la filosofía, la política y específicamente, desde la educación - mediante la aplicación de la Ley 1420- y la necesidad de formación y diversificación, dado el requerimiento de la economía por cubrir distintos puestos laborales, sostenida por argumentos provenientes del ámbito de la biotipología y la psicotécnica.

En rigor la tensión homogeneidad-diversidad se monta sobre otra: desigualdad-diversidad. Esta confusión categorial, visto desde el costado analítico, resultó muy exitosa en la práctica para legitimar y reproducir ciertos discursos.

Lo cierto es que esta tensión entre homogeneización y diversificación pretende resolverse teórica y prácticamente desde la medicalización promoviendo la aplicación de prácticas eugenésicas entre las cuales se destacó el fichado biotipológico y la biopedagogía.

Desde la biotipología, se sostiene que es posible establecer una clasificación de los seres humanos a partir de determinadas características corporales, anatómicas, manifestaciones de orden hormonal, humoral, factores genéticos, ambientales y aspectos neuropsicológicos y que existe una relación entre el biotipo obtenido y ciertos rasgos temperamentales, aptitudinales y morales del sujeto. En la evaluación biotipológica, el médico realiza un fichado recabando una serie de datos biométricos, clínicos y psicológicos con el fin de determinar el biotipo del sujeto e inferir las características temperamentales específicas, cualidades morales y aptitudinales que corresponden al dicho biotipo, evaluando las posibilidades del sujeto, por ejemplo, para el cumplimiento de determinados roles sociales u ocupacionales.

Para llevar a cabo esta tarea, se solicitaba la respuesta a 298 preguntas a las que se agregaban, en el caso de los anormales psíquicos, otras 60. La ficha se divide en distintas secciones cada una de ellas destinadas a relevar una serie de datos empíricos a partir de los cuales, caracterizar al alumno. Todas estas preguntas y el excesivo nivel de detalle dan cuenta del grado de control que se pretende por parte del especialista médico. En este sentido es posible destacar que la implementación de la ficha biotipológica escolar y otros estudios de estas características como, por ejemplo, la ficha eugenésica se realizaban según dispositivos de control y vigilancia exhaustivos bajo la atenta mirada del médico, el docente y el inspector escolar y que dichas prácticas otorgaban poder de discriminación a estos actores.

Como sea, la necesidad de convencer a la comunidad acerca de las virtudes de la ejecución de fichados biotipológicos, no sólo como diagnóstico para la implementar medidas eugenésicas sino también, para relevar datos acerca del estado de salud de la población y tomar medidas sanitarias, es una de las principales tareas de la AABEMS. La escuela ocupará un lugar central en la propuesta, convirtiéndose en la plataforma desde la cual biotipificar a la población. Pero además, la asociación contaba con una herramienta de intervención pedagógica específicamente diseñada por el biotipólogo: la biopedagogía.

Nicola Pende, fundador de la biotipología, sostenía que dicha disciplina aplicada a la pedagogía tenía la función de “adaptar una educación y una instrucción a las necesidades particulares e individuales de acuerdo con la fase biológica y psicológica de desarrollo en que se encuentra el alumno”. Por otra parte, sostenía que había que “aplicar una educación física y moral y una instrucción diferencial a aquellos sujetos que, desde el punto de vista somático o espiritual, presentan retardos o precocidades” para “corregir y normalizar (…) los errores y las desviaciones del desarrollo físico y espiritual” y a partir de aquí “seleccionar y orientar (…) descartar lo más pronto posible a los adolescentes ineptos para ciertas carreras escolares”.

El principal dispositivo propuesto por Pende para llevar adelante todas las posibles aplicaciones de la biotipología en la educación era la libreta biotipológica ortogenética individual y obligatoria. Dicha libreta constituye la principal fuente de inspiración para la construcción de la ficha biotipológica escolar que el Dr. Arturo Rossi, principal exponente de la disciplina en Argentina, impulsará junto a la AABEMS para ser aplicada en el ámbito local.

Como sea, la pretensión de solucionar la tensión homogeneización-diversificación mediante el fichado biotipológico, vía aplicación de tecnologías asociadas a la práctica eugenésica, definiendo a priori el futuro rol del sujeto tipificado, nunca pudo institucionalizarse como política pública, dada una serie de tensiones, discrepancias, críticas, desacuerdos al interior mismo de la asociación y provenientes de distintos sectores del contexto social y de la comunidad científica misma. Dicho de otro modo, la historia de la eugenesia en Argentina y su asociación con la biotipología es la historia de un rotundo fracaso.

Del fracaso pueden rescatarse, de todos modos, un conjunto de significados presentes en las prácticas, que permiten dar cuenta una serie de imbricaciones entre la práctica científica, la educación y la biopolítica. Fue desde este tipo de intervenciones que a partir de la diversidad biológica se intentó fundamentar la desigualdad. Y fue así que en la escuela de delantales blancos (una clara señal de igualación), algunos pensaron cómo clasificar al alumnado a partir de las diferencias biotipológicas que dicho delantal ayudaba a disimular.

La paradoja es que en la escuela argentina, en muchos casos y con el correr de los años, la tan mentada igualdad se ha hipostasiado y estereotipado, desconociéndose en gran medida la diversidad. Queda entonces alterada la problemática. Mientras que los biotipólogos hurgaban en las diferencias biológicas para legitimar un orden social para nada igualitario, hoy, el desafío para la educación pública consiste en la imperiosa tarea de promover la igualdad brindando las mismas oportunidades a un universo diverso, ajustando las prácticas a las necesidades propias de cada caso. En otras palabras, la escuela debe contemplar la diversidad ya no como el biotipólogo para legitimar la desigualdad sino para promover la igualdad.

Para ampliar el lector puede consultar Gómez Di Vincenzo, J., (2013): Biotipificar al soberano. Buenos Aires: Rhesis. Capítulo 6: El biotipo del alumno. 


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