La Persistencia de la Memoria

La Persistencia de la Memoria
Salvador Dalí

domingo, 14 de septiembre de 2014

Apuntes introductorios a la lectura de La Individuación a la luz de las nociones de forma y de información de Gilbert Simondon. Primera parte.



Por José Antonio Gómez Di Vincenzo

Muchos son los intelectuales americanos que se dejaron llevar por la inspiradora influencia de Gilles Deleuze (1925 – 1995). Una influencia que se ha extiendido hoy a muchos de sus discípulos, empapando con sus aportes un sinnúmero de trabajos en diferentes áreas de investigación.

No cabe duda de que la impronta de la filosofía francesa ha marcado y orientado significativamente la investigación en la región. Sin embargo, en ella siempre aparecen como figuras hegemónicas los denominados estructuralistas o postestructuralistas y con menos frecuencia lamentablemente, algún marxista crítico, existencialista o fenomenólogo.

No obstante, este estudiante e investigador se pregunta si muchos de los eruditos americanos están al tanto de que hubo una figura intelectual capaz, no sólo influenciar sino también, tal vez, de eclipsar al mismísimo Deleuze. Me refiero a Gilber Simondon (1924 – 1989).

Simondon es problablemente uno de los filósofos más revolucionarios del siglo XX. En su trabajo quedan disueltas las relaciones entre pensamiento y acción, las diferencias entre ciencias naturales y ciencias del espíritu, discontinuidad entre los diferentes niveles en que puede estructurarse la naturaleza y la tensión entre lo natural y lo artificial. El francés introduce, también, una nueva concepción del devenir que se distancia, y desde mi punto de vista, supera la dialéctica tanto en su versión hegeliana como en su vuelta de tuerca marxista.

Con Simondon, pierden sentido categorías como interdisciplinaridad o multidisciplinaridad o esa suerte de invento propio de las universidades actuales mediante el cual se pretende el encuentro entre científicos y filósofos de los que siempre sale como resultado un diálogo de sordos. Desde la mirada de Simondon, ciencia y filosofía no se explican ni se deben una a la otra. Por el contrario, desde su enfoque, la ciencia moderna debe enfrentarse con la de los presocráticos por habitar el mismo espacio. Con este precedimiento, retoma, resignifica y profundiza la idea de una filosofía natural.

Simondon presenta La individuación como tesis en los años cincuenta, específicamente en 1958. Una de las categorías principales de su trabajo, al mismo nivel que la concepción de individuación, es la idea de información. Para el filósofo francés, lejos de la inmaterialidad con la que era abordada por parte de la ciencia y la técnica contemporánea, ésta es organizadora y reúne a los seres vivos, los humanos, la sociedad y lo artificial dentro de un mismo espacio.

El pensamiento simondoniano se aleja del hilemorfismo (hýle: materia y morphos: forma) aristotélico puesto que deja de lado la idea de que la técnica consiste en dar forma a una materia inerte con una determinada finalidad puesta por el hombre. Para Simondon, in-formar es una operación que se da tanto en la naturaleza como en el plano artificial sin necesidad de una conciencia o actividad humana. Tal fin puesto desde un espacio exterior al cambio es una ficción. Se habre así la puerta a una nueva forma de concebir lo humano, un humanismo alejado del moderno junto con una nueva manera de enfocar el devenir.

Simondon introduce con su pensamiento una serie de problemas interesantes como la dificultad que representa mantener a rajatabla la distinción tajante entre individuo y medio ambiente. Para el más que discontinuidad hay continuidades.

Por otra parte, el filósofo francés cuestiona la gnoseología moderna cartesiana del pensar como partiendo de un cogito que asegura la radicalidad del sujeto y su buena voluntad. Cuestiona la idea de representación porque sostiene que no hay nada que volver a presentar. Según este intelectual, pensar va a ser estar atento al devenir para el cual no hay imagen. Así, el pensamiento será genuino no porque reproduce una verdad sino porque es fiel al devenir, no porque capta el movimiento objetivamente sino porque lo hace como participación en lo que el mundo es. Participación en un mundo que es no en el mundo que necesitamos que sea como sugiere la modernnidad y su hijo predilecto el positivismo sino devenir mismo.

Sin embargo, esta concepción del pensar no debe ser entendida como un mero fluir al estilo postmoderno. Simondon no quiere caer en el relativismo a ultranza. Lo que tenemos en su trabajo es un intento por fundir pensamiento y acción. Pero no al estilo marxiano de la praxis, donde todavía se encuantra muy fuerte la metafísica moderna. Para Simondon, colocarse en algún instante por fuera del devenir para describirlo es perder lo característico del devenir y tratar de que este vaya hacia una idea. Pero el devenir no puede ser devenir pensante. De lo que se trata es de instalar un pensamiento del deveir, la individuación. Liberado de una imposición del estilo de una autoimagen del mundo, el pensamiento se vuelve contemporáneo a su propio desenvolvimiento.

Para ir culminando este apunte, diré que como consecuencia de lo antes expuesto, en Simondon, también existe un contrapunto con la idea de una ética que depende de prescripciones universales válidas para todo sujeto. Lo sujetos nunca son los mismos, nunca son meros particulares. No hay nada universal que pueda imponerse como regla de conducta. Desde su punto de vista, si bien los valores trascienden, esta trascendencia no vale para todo momento y lugar, no es eterna ni se cristaliza en la ley sino que está sujeta a un devenir permantente, para dejar abierta la acción a la contingencia, a lo inprevisto. La búsqueda de una moral al estilo kantiano, de una norma absoluta conduce a la moral de la sabiduría como separación del mundo imitando la eternidad y lo universal en el interior del devenir mismo de la historia.


Nos quedaremos por el momento con estos primeros esbozos de la obra del gran filósofo de bajo perfil francés. Más adelante, en un siguiente apunte iremos adentrandonos en su fantástico aporte al pensamiento occidental desarrollando más a fondo la idea de individuación.

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