La Persistencia de la Memoria

La Persistencia de la Memoria
Salvador Dalí

viernes, 4 de abril de 2014

El arte de vivir (enajenado)

Por José Antonio Gómez Di Vincenzo

Haciéndose el boludo, mirando para otro lado, evitando reflexionar acerca de la ignominia propia de la explotación capitalista, consumiendo, acumulando, liberando tensiones, reduciendo en lo posible el consumo de psicofármacos, en una orgía individualista, en un sálvese quien pueda, sin negar los placeres del cuerpo consumidor de bienes que no sirven para nada, más que para sedar, listos para ir a pisar cabezas en la empresa, en la jungla de cemento.

Orgía de proposiciones sin sentido en una masa perezosa, liviana, sin densidad, sin proyectos comunes, cuya única confluencia radica en el estar viviendo presos de los mismos fetiches, las mismas mentiras. Que sufren angustia por vivir una vida de sonámbulos.

Conjunto de carnes que decantan sin peso, presos del miedo, que sólo pueden llenarse si sienten que todo el tiempo se están llenando, consumiendo. Figuras unidimensionales, espectros de hombres y mujeres buscando pagar por la salvación lo menos posible.

Meditar, dejarse llevar, tomar agua mineral, comer yogurt descremado, ir a defecar todos los días, regularizarse, sentirse liviano, activos, proactivos. Individuos cosificados en la danza de los objetos, objetos ellos mismos de trepanación, que paran a meditar para purificarse.

Que gran parte de la humanidad terminara viviendo como una tropa de sonámbulos era el temor de sujetos que abrían los ojos para abofetear, al menos por un momento, desde una profunda capacidad reflexiva en pleno siglo XIX, a quienes consideraban debían afrontar el rol de liberadores de los hombres, los redentores proletarios. Hoy, lejos temporalmente, cerca conceptualmente de los magistrales aportes de Marx o de las fascinantes anticipaciones literarias, nos estremece el grado de desarrollo de un capitalismo que hace de las personas simples objetos, mercancías a la mano, un sistema que borra la subjetividad, la capacidad de transformación. La flecha lanzada al futuro por esos intelectuales preocupados por la posible decadencia, activos en una lucha por evitarla, atraviesa el siglo XX sobrevolando las mutaciones radicales en la forma de pautar el proceso de trabajo. Transformaciones del propio capitalismo en su puja por sobrevivir.

Lejos de caer por su propio peso, el sistema ha demostrado una extraordinaria capacidad por recomponerse, rearticular sus componentes para seguir reproduciendo el capital y la ignominia. Y las luchas por derribar el sistema deben aggiornarse, complejizarse. Ya no alcanza con tomar el palacio de invierno. En el frenesí de la debacle, los sonámbulos no ven las esencias. Y entonces, lo esencial se pierde en la maraña de los hechos objetivos no objetivados. El estandarte humanista, iluminista con su rosario de citas textuales y su paideia catequística no logra desarticular el sentido común funcional a la reproducción del sistema.

Hace falta pensar nuevas herramientas para emprender una lucha contrahegemónica. Herramientas que permitan articular dialécticamente lo que pasa en las consciencias y lo que ocurre con las fuerzas objetivas que motorizan dichas formas de pensar. Romper ese hacer de cuenta que está todo bien, ese no confrontar, ese negar todo conflicto, ese pensar que la paz se logra por la mera invocación, que no hay costos. Valores tan acomodables y negociables que se ajustan a cualquier necesidad. Desprestigio de la política, burla a la praxis, negación de la vida humana.

Los sonámbulos hoy se horrorizan frente a la avanzada zombi. ¿Qué representan esos zombis que pululan en las series de televisión o en las películas? Tal vez, a los ya no proletarios del mundo unidos sino a los lumpen muertos en vida que vienen por todo, sin discurso, sin emoción, sin otra lógica que la mera necesidad de arrasar y devorar.


No hay comentarios: