La Persistencia de la Memoria

La Persistencia de la Memoria
Salvador Dalí

lunes, 24 de marzo de 2014

La lucha por la defensa de los derechos humanos como praxis permanente

Por José Antonio Gómez Di Vincenzo

Desde la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la Asamblea General de las Naciones Unidas de diciembre de 1948, hasta nuestros días, la cuestión de los derechos humanos ha provocado un sinnúmero de debates teóricos. Mucha tinta ha corrido para señalar su naturaleza, su fundamentación. Mucho se ha luchado por mostrar una serie de problemas vinculados con la distancia que existe entre la loable, y a veces tristemente escolástica, intensión de garantizar tales derechos y la escasa capacidad concreta por alcanzar su cumplimiento de parte de los Estados cuando están limitados en su acción por las corporaciones económico-financieras. Todo esto unido a las sistemáticas y recurrentes violaciones en las que suelen caer los principales defensores de los valores occidentales cuando irrumpen en el mundo violando la soberanía de las naciones y produciendo genocidios en defensa de intereses económicos.

El, en buena hora, consolidado éxito de las políticas tendientes a la defensa de los derechos humanos y el juicio y castigo a quienes los violaron sistemáticamente en la dictadura, logrados a partir del 2003 en nuestro país, podría hacernos pensar que nada nuevo puede decirse sobre el tema y lo que es peor, nada novedoso puede hacerse, más que repetir ciertas estrategias consolidadas y reconocidas como efectivas, para sancionar las violaciones de los derechos humanos, para honrar la memoria de quienes dieron sus vidas por las causas populares y evitar futuros desastres.

Sin embargo, el éxito actual en la condena de la opresión y la violencia de los 70 no necesariamente garantiza la desarticulación de ciertas prácticas llevadas a cabo por acción y hoy, básicamente, por omisión, o bien fundamentadas teóricamente, tanto por un enemigo agazapado que busca borrar el pasado y legitimar prácticas violatorias en el contexto actual, como por actores que ni siquiera se dan cuenta cómo al pedir por la concreción de ciertas políticas, estarían clamando, en consonancia, la violación de ciertos derechos humanos. El pseudo debate por la reforma del código penal enarbolado por la runfla opositora al gobierno nacional ha puesto de manifiesto un conjunto de expresiones que rozan el discurso fachistoide.
En efecto, que tengamos sendas declaraciones de derechos no está posibilitando neutralizar aquellas prácticas en las que el Estado, ya sea por omisión o por limitaciones externas de orden corporativo impuestas a su acción, no hace cumplir los derechos humanos o, lisa y llanamente, cuando las corporaciones económico-financieras con sus secuaces operan para destituir los gobiernos en América Latina que se resisten a claudicar ante sus demandas. Aquí tenemos el motivo central para continuar la discusión y emprender acciones para continuar la lucha.
La ritualización de las prácticas y su naturalización tal vez sean los principales enemigos a combatir para quienes se saben defensores de las causas populares y de los derechos del hombre. Y que muchos actores clamen por la violación de los derechos (por ejemplo, al pedir por la pena de muerte) es funcional a otros secuaces que se aprovechan de ese tipo de prácticas incorporadas a la acción como mecanismo para replicar sus fines a nivel macro político.
Por todo lo expuesto sigamos luchando por el nunca más dictadura militar, represión, tortura y violaciones de los derechos humanos y nunca más procesos destituyentes, presiones de los poderes corporativos y limitaciones al poder de los trabajadores y el pueblo. Porque la lucha por los derechos humanos y la memoria no puede escindirse de la lucha contra la ignominia de un sistema capitalista que reproduce pobres a escala mundial.

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