La Persistencia de la Memoria

La Persistencia de la Memoria
Salvador Dalí

lunes, 15 de diciembre de 2014

Hobbes, Boyle, el vacío y los debates hacia la segunda mitad del siglo XVI



Por José Antonio Gómez Di Vincenzo

La década del 60 del siglo XVII tiene una relevancia fundamental dentro de ese extenso período conocido como Revolución Científica. En efecto, en dicha década se da una serie de hechos fundacionales que se constituyen en un punto de no retorno en muchos sentidos.  A partir de entonces comenzarán a difundirse una serie de logros claves para la ciencia, esos que permitieron, entre otras cosas, los formidables avances tecnológicos que posibilitaron la Revolución Industrial.

Más allá de la invención y diseño de novedosos artilugios técnicos y tal vez aún más importante que el estudio de dichos avances, desde el punto de vista filosófico, es interesante destacar que estos años marcaron la consolidación de una serie de presupuestos que actuaron como base a partir de la cual dichas invenciones se hicieron posibles. Sólo para señalar algunas cuestiones importantes, tenemos el triunfo del mecanicismo, la matematización de la naturaleza y la valorización de la práctica experimental.

Como quiera que sea, lo importante es destacar que en el tránsito de la edad media y el renacimiento a la modernidad, lo que tenemos no es sólo la aparición de nuevas leyes y teorías, de nuevos y fantásticos inventos y logros tecnológicos sino también, un profundo cambio en la cosmovisión - o forma de ver el cosmos- y de concebir el lugar que ocupan en él los objetos y los seres humanos. Pero además, y en este punto me gustaría concentrarme un poco más, tenemos la aparición de nuevas formas de concebir y fundamentar el modo en que construimos conocimiento. En este sentido, las disputas con el pensamiento escolástico en torno a la teoría del conocimiento ocuparán un rol central para legitimar los nuevos saberes construidos; saberes que en la mayoría de los casos contradecían lo estipulado desde el dogma o lo sostenido por los filósofos clásicos cercanos a la Iglesia.

Ahora bien, el triunfo de los intelectuales modernos a la hora de construir nuevos mecanismos para la construcción de conocimientos genuino no se dieron desde una posición homogénea o sin que haya disidencias aún hacia dentro de la comunidad de filósofos y pensadores a quienes puede caberle el adjetivo de modernos. En otras palabras, todos los intelectuales modernos se oponían en bloque al pensamiento escolástico medieval pero no todos pensaban lo mismo en cuanto a ciertos detalles. A continuación veremos un caso más que representativo de las disputas que existían aún entre quienes compartían la mirada mecanicista. Se trata de las discusiones que se dieron entre Robert Boyle (1627 – 1691) y Thomas Hobbes (1588 – 1679) en torno a los experimentos llevados a cabo por el primero con la famosa máquina de vacío, una bomba que extraía el aire de un botellón de vidrio mediante un sofisticado mecanismo. Estos experimentos comenzaron a realizarse a partir de - y a la vez impulsaron- una serie de acuerdos dados dentro de un grupo de investigadores en el modo en que debe construirse conocimiento científico legítimo reunidos en el, por el mismísimo Boyle, denominado Colegio Invisible, dadas las condiciones informales de los encuentros. La disputa entre Boyle y Hobbes constituye no sólo un excelente ejemplo de debate dentro del mecanicismo sino también, una muestra de cómo la ciencia se construye en un contexto social específico que de algún modo condiciona las posiciones de los sujetos. Trataré de resumir en pocas líneas las posiciones de los contendientes confiando en que el lector interesado se responsabilizará por indagar un poco más en detalles que por una cuestión de espacio dejaré en el tintero.

Muy sintéticamente, puede decirse que Boyle pasó a la historia como un acérrimo defensor de la práctica experimental sistemática. Hobbes, por su parte, asumió el rol de oponente buscando impugnar los enunciados de Boyle y sus interpretaciones de los hechos apelando a poderosos argumentos para explicar por qué el programa del experimentador inglés no permitía la construcción de un conocimiento legítimo en filosofía natural. Para Boyle, el conocimiento genuino en filosofía natural surgía gracias al experimento. Dicho conocimiento se fundamentaba por los hechos que el experimento producía. En este sentido, los experimentos realizados con la bomba de vacío eran paradigmáticos. La solución experimental era para Boyle y sus colegas experimentadores del Colegio Invisible efectiva, adecuada y segura. Se establecía una frontera crucial alrededor de las prácticas experimentales desarrolladas como una nueva forma de vida en la que el disenso era seguro, fértil y más que necesario para la construcción de conocimiento. A diferencia, el disenso que violaba las fronteras establecidas por la vía del acuerdo previo entre los miembros del grupo era considerado fatal y claramente rechazado. La producción experimental llevaba implícita una aceptación de acuerdos, convenciones sociales y discursivas, todo consistía en un gran trabajo que dependía de un determinado modo de organización social. Hobbes no estaba para nada de acuerdo con esto. Para él, los procedimientos propuestos por Boyle jamás permitirían llegar al grado de certeza que la filosofía natural busca para su conocimiento. La empresa experimentalista era considerada por Hobbes como inválida desde el punto de vista filosófico. La aceptación al programa propuesto por Boyle para la filosofía natural implicaba según Hobbes la paralela aceptación de un determinado modo de organización social el cual para el autor de El Leviathan era, lisa y llanamente, inadmisible. Esto último es importante puesto que se relaciona con su posición política. En efecto, para un filósofo que escribe todo un fundamento teórico del estado absolutista (de eso se trata El Leviathan) no había espacio para aceptar el disenso. Fue así que Hobbes argumentó que la frontera que Boyle proponía más que asegurar un orden conllevaba al desorden. Para él, el orden podía ser asegurado manteniendo un lenguaje filosófico adecuado y no descartando un lenguaje metafísico apropiado. Esta última cuestión tiene que ver con el hecho de que Boyle se reusaba a ponderar las cuestiones metafísicas que aparecían particularmente cuando se hablaba de vacío. Es preciso tener en cuenta que su existencia o no dividía a los filósofos naturales desde la antigüedad. Según Hobbes, un vacío definido del modo en que Boyle lo definía (espacio carente de toda sustancia corporal) no podía existir en la naturaleza y tampoco, podía producirse en el espacio experimental a través de ningún mecanismo o bomba. En síntesis, según Hobbes, la máquina no era capaz de producir vacío porque el vacío no existe o no puede existir en la naturaleza. Para Hobbes, era fundamental poner fin a la división entre materia y espíritu propia de la filosofía medieval. Si aceptamos la existencia de vacío, desde la mirada de Hobbes, entonces también deberíamos aceptar la existencia de una substancia incorporal. Así, los filósofos medievales podían hablar de “formas sustanciales”, “esencias separadas”, de “alma” y “espíritu”. Básicamente, el problema para Hobbes consistía en que estas categorías habían permitido afirmar una moral independiente y la autonomía política de la Iglesia. Las doctrinas propagadas por estos intelectuales para sostener esta suerte de autonomía, según Hobbes, provenían directamente del empleo de la noción de esencias separadas. Así, lo que surge es un problema político. El mismo estaría dado por el hecho de que la realidad dividida dispara lealtades también divididas, llevando a los hombres a equivocarse respecto a cuál es o debería ser su verdadero soberano.

Tras una serie de reuniones científicas celebradas a lo largo de 1660 quedó constituida la  Royal Society en el Gresham College de Londres de la que Boyle fue un asiduo participante. Más tarde, en 1963, el rey Carlos II otorga sus armas a la sociedad y es nombrado miembro fundador quedando entonces formalmente fundada la Royal Society of London for Improving Natural Knowledge (Sociedad Real para el Avance de la Ciencia Natural). Su lema Nullius in verba (En palabras de nadie), tomado de una  frase de Horacio en Epístolas, I, 14, hace referencia a la necesidad de obtener evidencias empíricas para el avance del conocimiento en lugar de apelar al criterio de autoridad propio de la filosofía escolástica. Boyle fue nombrado Presidente de la sociedad en 1880. Sin embargo, no acepto por estar en contra de la obligación de brindar juramento para ser investido en el cargo. Sea como fuere la cuestión, lo cierto es que junto con los modernos, Boyle más que ninguno de ellos había triunfado, pasando a la historia como uno de los principales artífices en la fundación de la ciencia moderna. Thomas Hobbes, el genio que escribiera El Leviathan para fundamentar la monarquía absoluta y legitimar el orden social propio de la Inglaterra de la Restauración y que presentara en tamaña obra todo una ontología mecanicista, tuvo que contentarse con ocupar históricamente el lugar de filósofo político. Hobbes resultó vencido en la contienda y fue borrado de los anales de las investigaciones en mecánica por la historiografía estándar de la ciencia a pesar de ser uno de los más destacados representantes del mecanicismo del siglo XVII.

Para profundizar sobre estos interesantes temas puede consultarse El Leviathan y la bomba de vacío, el famoso trabajo de Shapin y Schaffer publicado por la editorial de la UNQUI. Dicho texto ocupa un lugar destacado dentro de lo que conocemos como Estudios sociales acerca de la ciencia y la tecnología. Su aporte es fundamental tanto para la filosofía y la historia de las ciencias como para las ciencias políticas o la filosofía política.


martes, 2 de diciembre de 2014

Libertinaje mediático y espontaneidad hipervinculada

Por José A. Gómez Di Vincenzo

La preocupación por la espontaneidad que obsesiona al espectro variopinto de opinólogos multimediáticos y que cobra elevado tono cuando transcurre esta altura del año no es una novedad histórica. De cierto modo, la encontramos presente en los debates que se dan al interior del socialismo desde fines del siglo XIX. La pregunta sería si puede darse un viraje político por la sola e instantánea inclinación de las masas hacia cierto conjunto de ideas y prácticas revolucionarias o dichos colectivos necesitan ser pastoreados.
Hacia la segunda mitad del siglo XIX, algunos simplificadores de las ideas de Marx pensaban que el Estado es tan solo una especie de cáscara o caparazón que reviste a la sociedad civil y expresa los intereses de las clases dominantes. Mientras no se den las condiciones materiales los sujetos enajenados del capitalismo elegirían democráticamente reproductores conscientes del capital aparentemente ya no tan enajenados sino dispuestos a complotar para domesticar y doblegar proletarios. Sistema capitalista igual Estado capitalista. Estado especular reflejo de las relaciones sociales. Proletarios enajenados sin conciencia de clase que o bien debían ser pastoreados mediante la luz de la ilustración o bien había que esperar que las condiciones materiales hiciesen posible la debacle del capitalismo para que esté caiga y las masas automáticamente luego de instalado el socialismo hicieran click y cambiaran el registro instantáneamente.
Como consecuencia de una ultra ontologización del Estado y desde un enfoque paranoico proclive a ver complots por todos lados, se creía que él era el único capaz de arbitrar los medios para la reproducción del capitalismo, gracias a la coacción y articulando los instrumentos para proteger los intereses de la clase burguesa. Entonces estos intelectuales a la coacción de tipo económico que es propia del sistema agregaban una consciente que surgía de los funcionarios del capital. La reseta surgía casi automáticamente: había que derrumbar el Estado burgués, tomarlo e instalar el socialista.
La teoría del derrumbe del capitalismo, sostenida desde una lectura mecanicista de El Capital, en particular, a través de la influencia en el funcionamiento del capitalismo de la ley de la caída tendencial de la tasa de ganancia, hacía pensar que, tarde o temprano, se darían las condiciones materiales para dar el golpe revolucionario. Las conciencias de los proletarios, reflejos mecánicos de las condiciones materiales, harían click en su momento y, espontáneamente, una masa de sujetos estaría dispuesta a resonar con las ideas socialistas y avanzar sobre el Estado capitalista, para tomar el poder, hacer la revolución. No es este el lugar para analizar en detalle este tipo de razonamientos. Es honesto decir que muchos se opusieron a esta mirada en su momento. Y sabido es, gracias a los aportes de Gramsci y otros intelectuales de la corriente marxista, que la cuestión es mucho más compleja, que la hegemonía, la dirección intelectual moral impuesta por las clases dominantes, el consenso, actúa para la reproducción del capital, no sólo mediante las transformaciones estructurales objetivas que se introducen en el modo de producción, la reproducción misma de dicho modo, sino principalmente, desde los aspectos subjetivos, la cultura, las ideas, la cosmovisión hegemonizando a las clases subalternas.
Como sea, es interesante analizar qué subyace en la idea de espontaneidad de las masas independientemente que ésta venga por izquierda o por derecha. En efecto, por lo que se ve, la idea de una política que se abstrae de la praxis y baja como una orden desde el más allá, no se encuentra históricamente solo en la izquierda sino también en muchos liberales y conservadores de derecha. En rigor la idea de una política entendida como pastoreo de masas desde el Estado o desde una vanguardia cruza el espectro político de derecha a izquierda. Dicha práctica pastoril mostraré que luego se traduce a través de una sensación culposa que después debe disfrazarse de espontaneidad. Por más que la espontaneidad sea considerada una abstracción con escasa posibilidad de darse en lo concreto particular resulta conveniente ver qué concepciones se esconden detrás del supuesto reclamo de dicha espontaneidad. Porque supuestamente por esta época se convoca a salir espontáneamente a cacerolear o a delinquir saqueando (hago una distinción entre el saqueo delictivo del que va a robar y el pasible de ser justificado saqueo del que no tiene nada y va por la supervivencia), lo cual es una contradicción; se pide que se vaya de tal o cual forma y hasta se solicita ingenuamente en los medios que las masas vayan a la marcha, otra vez, espontáneamente.
Lo que tenemos es, otra vez, la idea de una política que emana desde arriba o desde un sujeto que se encuentra por fuera de las masas. Si esta política es considerada corrupta, es mala palabra, debe evitarse, anularse. De allí, la idea de espontaneidad. Lo espontáneo se da sin mediación, surge de abajo. Algo hace que un colectivo de sujetos anónimos individuales resuene al mismo tiempo. Entonces, sin que nadie organice, casi como en un acto místico, todos se ponen de acuerdo y las cacerolas resuenan al mismo son. ¿Qué pasa después? ¿Con qué se hace frente a lo dado? ¿Cómo sigue la historia? Tal cuestión es un dato menor para quien cree que la espontaneidad por sí misma es condición suficiente para la praxis política.
Ahora bien, la idea de espontaneidad en la historia argentina reciente no surge de espontaneidad alguna. Tienen un propósito: ocultar los verdaderos objetivos políticos que se esconden detrás de la convocatoria. Lo que quienes se ocultan tras el rizomático espejismo del hipervínculo deben ocultar es su propia acción política desde arriba. Es como en el caso del ladrón que juzga según su condición. Saben que ellos mismos caen en una lógica en la que la política se hace desde una posición jerárquica por fuera.
La lógica de funcionamiento en la red, la fuerza del hipervínculo y la estructura rizomática del medio, esa aparente ausencia de jerarquías, estimula la imaginación y hace creer que nadie está por detrás de la matriz mediática. Entonces, la cosa es funcional a quienes actúan como reproductores acríticos del mensaje. Desde una liviandad y falta de compromiso, sentados tras las máquinas como abstraídos de sí, los sujetos enajenados repiten como loros barbaridades de todo pelaje creyendo que lo hacen espontáneamente.
Este escriba no va a negar que exista una política domesticadora y pastoral, genéricamente hablando, en la que un desde el poder se arrea al ciudadano. El tema es que precisamente esa es la forma de hacer política que hacen quienes arengan tras los multimedios y esa es la forma de hacer política que está negando (en sentido dialéctico) la praxis propia de quienes se han comprometido con el proyecto nacional y popular.
Es interesante analizar el modo en el que se utiliza la herramienta tecnológica en uno y otro caso, cómo y desde dónde se construyen los significados. Dejo al lector la inquietud de ver las diferencias entre un mensaje que se articula desde un pequeño número de sitios y es replicado asépticamente en red por sujetos con escasa hora de vuelo en el barro de la historia signados por sus poco razonadas o analizadas impresiones de la situación y el que se construye en un diálogo dialéctico con la realidad histórica que trascienden lo particular.
Porque además del grupo de individuos aislados que en el colectivo conforman la masa de enajenados en la danza mística existe otro colectivo de sujetos comprometidos de distintos pelajes pero todos mirando la historia desde la izquierda, intentando convencer a los ciudadanos acerca de la importancia de las políticas que tienden al bien común y a transformar las condiciones estructurales para ir hacia una sociedad más justa. Y el sujeto en este colectivo es el sujeto de la praxis, el que no absorbe acríticamente un producto predigerido sino que se siente y es partícipe activo en la construcción del proyecto colectivo.
Ahora bien, toda la tinta descargada aquí no alcanza para saldar la cuestión de fondo, esa que quedará como pregunta sin responder una vez más: ¿es posible ir hacia otro estado de cosas por la mera dinámica misma de las cosas o siempre es necesaria una instancia de abstracción? ¿Puede el desenvolvimiento de lo particular, el despliegue de los acontecimientos por sí mismo ir hacia un fin previsto (el topos al que se quiere llegar) sin una idea que fije los pasos para llegar a tal finalidad prefijada)? ¿Qué o quienes fijan dicha finalidad, cómo lo hacen, con quienes y mediante qué recursos para que la cosa se mueva hacia allí?
Habrá que pensar.




sábado, 15 de noviembre de 2014

Educación y medicalización: la impronta de la biopedagogía pendeana en el discurso de la Asociación Argentina de Biotipología, Eugenesia y Medicina Social (1930 – 1943)

Por José A. Gómez Di Vincenzo

Resumen de ponencia presentada en el III Coloquio Latinoamericano de Biopolítica organizado por la UNIPE, septiembre de 2011.

A partir del siglo XIX no serán la filosofía, la religión o el mito quienes tengan la responsabilidad de llevar a cabo la tarea de legitimar el orden social y fundamentar la política sino la ciencia, que aportará elementos fundamentales para la elaboración de discursos político-sociales y la implementación de prácticas de control social. Dichos discursos comienzan a adquirir cierto sesgo ideológico, a partir de una lectura particular de la teoría darwiniana. Desde entonces, algunos intelectuales pretendieron fundamentar y legitimar científicamente la economía expansiva de la Inglaterra del siglo XIX. Empieza a sostenerse que los triunfadores son los mejores individuos o grupos sociales. Una explicación naturalizada de las relaciones sociales contribuiría a anular o, por lo menos a debilitar, el problema ético generado por las contradicciones existentes entre los ideales proclamados por los sectores dominantes de la población y la explotación a la que eran sometidos diversos grupos sociales. El darwinismo triunfó, en principio, más como una perspectiva sociológica que como una teoría biológica.

El determinismo biológico, básicamente, consiste en afirmar que las normas de conducta compartidas por los miembros de una sociedad pero también, las diferencias socioculturales y económicas que existen entre grupos humanos o clases sociales, derivan de un conjunto de condiciones heredadas o innatas. La sociedad, su estructura y las relaciones que en ella se dan, entonces, serían un reflejo de la biología; y el rol sociocultural y económico de los sujetos, un reflejo de su constitución biológica.

Tenemos, entonces, una naturalización de las relaciones sociales, operada mediante la apelación a un discurso elaborado a partir del uso de metáforas tomadas de la biología. Al mismo tiempo, dicha naturalización adquiere la forma de medicalización masiva de la sociedad, pues es la medicina la que comienza a jugar un rol central a la hora de indagar sobre los cuerpos los motivos de las patologías sociales o los desvíos morales, espirituales o psíquicos del sujeto que llevan a dichas patologías. El proceso de medicalización puede comprobarse en la progresiva extensión de aquellos ámbitos en los que el médico tiene algo que decir, en los que juegan un papel destacado categorías tales como lo normal y patológico, junto con una sostenida demanda al Estado para obtener la legitimación para implementar ciertas tecnologías sociales de las que daré cuenta a continuación.
Efectivamente, entre los discursos que pretenden saldar la distancia entre lo biológico y lo sociocultural, comienza a tomar fuerza el propio del movimiento eugenésico, caracterizado por una serie de presupuestos, aspiraciones y valores muy extendidos en su época.

En esta ponencia me concentraré en un recorte del período denominado “eugenesia clásica” que comienza en 1911, año en que se funda en Londres la primera Sociedad Eugenésica cuyo primer presidente fue uno de los hijos de Darwin –Leonard- y que en 1912, organizó el primer Congreso Eugénico Internacional y termina alrededor de la Segunda Guerra Mundial. Se trata del período de apogeo en el cual, prácticamente, todos los países occidentales formaron instituciones eugenésicas que, a su vez, constituyeron asociaciones internacionales de largas y profusas ramificaciones, que realizaron una enorme cantidad de reuniones científicas en todo el mundo y adquirieron enorme capacidad de influencia en la implementación de políticas públicas. Todas las publicaciones biológicas y médicas especializadas recogían propuestas, textos, estudios y referencias a los progresos en la materia.

La eugenesia como es sabido plantea llevar a cabo una reproducción diferencial y básicamente consiste en promover la reproducción de los individuos o grupos de individuos considerados mejores e inhibir la reproducción de los considerados peores.

En la Argentina, durante el periodo que trabajo aquí, el programa eugenésico se instrumenta a partir de la implementación de ciertas tecnologías sociales como, por ejemplo, la utilización de fichas biotipológicas para el relevamiento de diversos datos, la tipificación de individuos y posterior, ejecución de otras medidas eugénicas o asignación de roles sociales.
En efecto, durante los años 30 y principios de los 40 del siglo pasado tenemos plasmadas, principalmente en el discurso de la Asociación Argentina de Biotipología, Eugenesia y Medicina Social toda una serie de conceptualizaciones tendientes a fundamentar la aplicación concreta del fichado biotipológico, destacándose la relación entre biotipología y educación.

Existe, empero, una problemática que sobrevuela el imaginario eugenésico de la época. En el discurso teórico existe una fuerte tensión dada por la necesidad de homogeneización cultural de la población, sostenida por argumentos aportados desde la filosofía, la política y específicamente, desde la educación - mediante la aplicación de la Ley 1420- y la necesidad de formación y diversificación, dado el requerimiento de la economía por cubrir distintos puestos laborales, sostenida por argumentos provenientes del ámbito de la biotipología y la psicotécnica.

En rigor la tensión homogeneidad-diversidad se monta sobre otra: desigualdad-diversidad. Esta confusión categorial, visto desde el costado analítico, resultó muy exitosa en la práctica para legitimar y reproducir ciertos discursos.

Lo cierto es que esta tensión entre homogeneización y diversificación pretende resolverse teórica y prácticamente desde la medicalización promoviendo la aplicación de prácticas eugenésicas entre las cuales se destacó el fichado biotipológico y la biopedagogía.

Desde la biotipología, se sostiene que es posible establecer una clasificación de los seres humanos a partir de determinadas características corporales, anatómicas, manifestaciones de orden hormonal, humoral, factores genéticos, ambientales y aspectos neuropsicológicos y que existe una relación entre el biotipo obtenido y ciertos rasgos temperamentales, aptitudinales y morales del sujeto. En la evaluación biotipológica, el médico realiza un fichado recabando una serie de datos biométricos, clínicos y psicológicos con el fin de determinar el biotipo del sujeto e inferir las características temperamentales específicas, cualidades morales y aptitudinales que corresponden al dicho biotipo, evaluando las posibilidades del sujeto, por ejemplo, para el cumplimiento de determinados roles sociales u ocupacionales.

Para llevar a cabo esta tarea, se solicitaba la respuesta a 298 preguntas a las que se agregaban, en el caso de los anormales psíquicos, otras 60. La ficha se divide en distintas secciones cada una de ellas destinadas a relevar una serie de datos empíricos a partir de los cuales, caracterizar al alumno. Todas estas preguntas y el excesivo nivel de detalle dan cuenta del grado de control que se pretende por parte del especialista médico. En este sentido es posible destacar que la implementación de la ficha biotipológica escolar y otros estudios de estas características como, por ejemplo, la ficha eugenésica se realizaban según dispositivos de control y vigilancia exhaustivos bajo la atenta mirada del médico, el docente y el inspector escolar y que dichas prácticas otorgaban poder de discriminación a estos actores.

Como sea, la necesidad de convencer a la comunidad acerca de las virtudes de la ejecución de fichados biotipológicos, no sólo como diagnóstico para la implementar medidas eugenésicas sino también, para relevar datos acerca del estado de salud de la población y tomar medidas sanitarias, es una de las principales tareas de la AABEMS. La escuela ocupará un lugar central en la propuesta, convirtiéndose en la plataforma desde la cual biotipificar a la población. Pero además, la asociación contaba con una herramienta de intervención pedagógica específicamente diseñada por el biotipólogo: la biopedagogía.

Nicola Pende, fundador de la biotipología, sostenía que dicha disciplina aplicada a la pedagogía tenía la función de “adaptar una educación y una instrucción a las necesidades particulares e individuales de acuerdo con la fase biológica y psicológica de desarrollo en que se encuentra el alumno”. Por otra parte, sostenía que había que “aplicar una educación física y moral y una instrucción diferencial a aquellos sujetos que, desde el punto de vista somático o espiritual, presentan retardos o precocidades” para “corregir y normalizar (…) los errores y las desviaciones del desarrollo físico y espiritual” y a partir de aquí “seleccionar y orientar (…) descartar lo más pronto posible a los adolescentes ineptos para ciertas carreras escolares”.

El principal dispositivo propuesto por Pende para llevar adelante todas las posibles aplicaciones de la biotipología en la educación era la libreta biotipológica ortogenética individual y obligatoria. Dicha libreta constituye la principal fuente de inspiración para la construcción de la ficha biotipológica escolar que el Dr. Arturo Rossi, principal exponente de la disciplina en Argentina, impulsará junto a la AABEMS para ser aplicada en el ámbito local.

Como sea, la pretensión de solucionar la tensión homogeneización-diversificación mediante el fichado biotipológico, vía aplicación de tecnologías asociadas a la práctica eugenésica, definiendo a priori el futuro rol del sujeto tipificado, nunca pudo institucionalizarse como política pública, dada una serie de tensiones, discrepancias, críticas, desacuerdos al interior mismo de la asociación y provenientes de distintos sectores del contexto social y de la comunidad científica misma. Dicho de otro modo, la historia de la eugenesia en Argentina y su asociación con la biotipología es la historia de un rotundo fracaso.

Del fracaso pueden rescatarse, de todos modos, un conjunto de significados presentes en las prácticas, que permiten dar cuenta una serie de imbricaciones entre la práctica científica, la educación y la biopolítica. Fue desde este tipo de intervenciones que a partir de la diversidad biológica se intentó fundamentar la desigualdad. Y fue así que en la escuela de delantales blancos (una clara señal de igualación), algunos pensaron cómo clasificar al alumnado a partir de las diferencias biotipológicas que dicho delantal ayudaba a disimular.

La paradoja es que en la escuela argentina, en muchos casos y con el correr de los años, la tan mentada igualdad se ha hipostasiado y estereotipado, desconociéndose en gran medida la diversidad. Queda entonces alterada la problemática. Mientras que los biotipólogos hurgaban en las diferencias biológicas para legitimar un orden social para nada igualitario, hoy, el desafío para la educación pública consiste en la imperiosa tarea de promover la igualdad brindando las mismas oportunidades a un universo diverso, ajustando las prácticas a las necesidades propias de cada caso. En otras palabras, la escuela debe contemplar la diversidad ya no como el biotipólogo para legitimar la desigualdad sino para promover la igualdad.

Para ampliar el lector puede consultar Gómez Di Vincenzo, J., (2013): Biotipificar al soberano. Buenos Aires: Rhesis. Capítulo 6: El biotipo del alumno. 


sábado, 1 de noviembre de 2014

Medir, clasificar y prescribir roles sociales: el control social en el discurso de la Asociación Argentina de Biotipología, Eugenesia y Medicina Social, 1932-1943.

Dr. José Antonio Gómez Di Vincenzo. Centro Babini. UNSAM

Consideraciones previas

La búsqueda de una esencia humana universal cuyo correlato sería la organización social tiene una larga historia en Occidente. Tanto desde la filosofía, como más recientemente desde las ciencias, se ha intentado fundamentar o impugnar el orden social a partir de la defensa de una -supuesta, imaginaria, o biológica - naturaleza humana. (Palma, 2001)

La apelación a la ciencia como conocimiento objetivo, a salvo de cualquier contaminación de tipo ideológico, vino a legitimar, desde hace dos siglos, el discurso político elaborado con el fin de fundamentar o impugnar un orden específico. La fuerte influencia en el mundo académico de la teoría darwiniana de la evolución, la teoría celular, la antropología y el éxito de la física newtoniana marcaron una fuerte impronta en las ciencias sociales. Es en este contexto que irrumpen en escena una serie de definiciones de la esencia humana elaboradas a partir de una lectura particular de la teoría darwiniana de la evolución. El determinismo biológico vino a afirmar que tanto las normas de conducta compartidas como las diferencias sociales y económicas que existen entre los miembros de una sociedad determinada derivan de ciertas condiciones heredadas o innatas que las relaciones sociales no hacen más que reflejar. (Gould, 1988) La naturalización de las relaciones sociales anularía -o por lo menos debilitaría- el conflicto generado por la tensión existente entre la igualdad legal, que es propia del modelo contractualista moderno, y las desigualdades que surgen a partir de las características específicas que adopta la estructura socioeconómica. (Palma, 2002)

Desde esta perspectiva, la eugenesia - que consiste básicamente en promover la reproducción de los individuos o grupos considerados mejores e inhibir la de los considerados peores- y la biotipología – que sostiene que es posible establecer una clasificación de los seres humanos a partir de determinadas características corporales, anatómicas, manifestaciones de orden hormonal, humoral, factores genéticos, ambientales y aspectos neuropsicológicos y que existe una relación entre el biotipo obtenido y ciertos rasgos temperamentales, aptitudinales y morales del sujeto- se constituyeron como disciplinas científicas desde las cuales, se fundamentaron prácticas políticas tendientes a legitimar las desigualdades sociales desde la diversidad biológica.

En el presente trabajo, se amalizará cómo, la Asociación Argentina de Biotipología, Eugenesia y Medicina social (en adelante, AABEMS), mediante una fuerte campaña de difusión de sus ideas, pretendió demostrar que era posible resolver el conflicto dado por la tensión entre desigualdad y diversidad, mediante la aplicación de un programa eugenésico que incluyera, como una de las tantas tecnologías asociadas, la confección de fichas biotipológicas de alumnos y trabajadores.

El esfuerzo de los eugenistas argentinos por otorgar un papel preponderante a la confección de fichas biotipológicas de alumnos y trabajadores se inscribe en algunos de los principales rasgos de la mentalidad eugenésica argentina. El principal propósito de dicha tarea era elaborar un diagnóstico preciso a partir del cual, poner en marcha las tecnologías asociadas, delinear las acciones pedagógicas acordes a las cualidades relevadas y prescribir roles laborales en función de las aptitudes demostradas.

La Asociación Argentina de Biotipología, Eugenesia y Medicina Social

La AABEMS fue fundada en 1932 en Buenos Aires por un grupo de médicos y ciudadanos preocupados por difundir los desarrollos teóricos de las tres disciplinas que le dan nombre a la institución e interesaros por promover la aplicación de las tecnologías asociadas al programa eugenésico en la Argentina.

Entre los principales objetivos de la AABEMS se encontraba la realización de investigaciones en el campo de la medicina constitucional para determinar los biotipos de la población argentina y obtener de este modo, un diagnóstico a partir del cual, llevar a cabo un programa eugenésico que permitiera “depurar la raza”. Además, sus integrantes se proponían, entre otras cuestiones, crear organismos e instituciones para contribuir a la solución de problemas propios del campo educativo, los problemas sanitarios, la educación dietética y la medicina laboral. Desde la mirada del Dr. Mariano Castex, primer presidente de la asociación, entre los principales propósitos de la asociación, se planteaba la necesidad de “formar la conciencia eugenésica de las clases dirigentes de la sociedad y de todos los tramos sociales”. Castex proponía hacerlo “infiltrando en las Universidades, colegios, hogares y clases laboriosas, los postulados de la eugenia, en su rol modelador de la raza del porvenir”. (Castex, 1933a: 2)

En definitiva, se trataba de lograr que la sociedad en su conjunto – pero fundamentalmente la clase dirigente- tome conciencia acerca de la importancia de plasmar sus propuestas eugenésicas en políticas públicas.

La ficha biotipológica como tecnología social asociada a la práctica eugenésica

Una de las tecnologías asociadas a la eugenesia y tal vez, la principal herramienta para llevar a cabo un diagnóstico previo a la puesta en marcha de otras tecnologías asociadas a la eugenesia fue la ficha biotipológica. La ficha tenía distintas aplicaciones: desde la selección de personal y la orientación profesional, hasta la clasificación de alumnos en las escuelas. La ficha biotipológica se constituía, desde esta perspectiva, en una de las herramientas que permitirían llevar a la práctica los objetivos planteados desde la fundación de la asociación; esto es: “proyectar la arquitectura estructural de una obra nacional de Eugenesia práctica y científica” para “reformar las bases fundamentales de nuestra sociedad embrionaria en su primera faz de evolución cultural”. (Castex, 1933a: 2) 

Anales de la AABEMS (en adelante, Anales) fue el medio oficial de difusión de la institución. Su primer número vio la luz el 1 de abril de 1933. En esta publicación, exponían sus puntos de vista los más destacados miembros de la asociación junto con otros importantes intelectuales alineados con el pensamiento del movimiento eugenésico argentino. Por sus páginas, pasaron importantes miembros de la comunidad médica, educadores y políticos quienes encontraron un espacio para exponer sus ideas y transformar sus propuestas en mecanismos concretos de diagnóstico y control social. Entre ellos encontramos muchos de los apellidos ilustres con los que hoy nombramos calles, hospitales públicos e instituciones educativas. [1]

La AABEMS buscó, muy insistentemente, mediante la publicación de artículos en los Anales, programas radiales, conferencias y entrevistas en distintos ámbitos instalar su discurso en la comunidad y en los ámbitos de gestión. Tal vez, la apuesta más fuerte de la asociación haya sido la confección de fichas biotipológicas; siendo esta, una de las propuestas que ocupara la mayor parte de los artículos relacionados con las aplicaciones de la Biotipología en el campo pedagógico y laboral. [2]

El valor asignado por parte de los representantes de la asociación a la divulgación y concientización de la comunidad puede comprenderse mejor si tenemos en cuenta el análisis y evaluación que realizara el Dr. Arturo Rossi, tal vez el más importante representante de la corriente biotipológica argentina, con motivo de celebrarse el primer aniversario de Anales. En el número 21 de la revista, ocupando el cargo de director de la asociación, publica una nota en la que da cuenta de los importantes pasos dados desde los comienzos de la AABEMS con el propósito del logro de los objetivos planteados desde su fundación, otorgándole un lugar central a la revista en la consecución de dichos fines. Además de analizar lo realizado hasta entonces, en dicho artículo, se expone una descripción de los pasos a seguir. Rossi cita la evaluación del Dr. Nicolás Lozano, presidente de la asociación, acerca del rol cumplido por la institución hasta ese momento y su desarrollo futuro:

“… terminada su necesaria faz de organización y de preparación, recién ahora está en condiciones de dar sus primeros frutos en el campo de la medicina, de la educación y de la sociología, y yo creo que no ha de tardar mucho tiempo para que el lema que nos une: “POR LA SUPERACIÓN DE LA VIDA HUMANA”, pierda hasta el último vestigio de su concepción teórica y doctrinaria, para convertirse en realidad tangible y sentida y para que de nuestra labor surja fortalecida la salud física, espiritual y moral de aquel mismo pueblo, que en la epopeya de Mayo diera su primer grito de Libertad y que en nuestros días, quiere y exige de sus mejores hijos, la tutela de sus más caros ideales, que se concretan en el plan de acción que nos hemos trazado, y que fatalmente deberá ser cumplido en su totalidad, aunque, como es natural, para ello deba ser menester la acción conjunta y armónica del tiempo y de los hombres. Pues, solamente así, conseguiremos que nuestros hijos y nuestros nietos, no nos tilden en el mañana de grave culpa de indiferencia, que les haga decir, volviéndose hacia nuestra generación, que no supimos aprovechar de las avanzadas conquistas de la ciencia de la hora presente, y que, cuando debimos hacerlo, nos encogimos de hombros, dejando para un mañana indefinido, lo que debe ser para todo hombre de ciencia, para todo ciudadano honrado, y para todo corazón noble y generoso, un sagrado deber.” (Lozano citado por Rossi, 1934: 2)

Resulta interesante destacar el lugar que ocupan en los argumentos de la asociación la fe que sus miembros depositaban en los avances de la ciencia en general y de la medicina en particular, puestos a funcionar como sustento del desarrollo y el progreso de la sociedad, el sentido del deber y el compromiso con la construcción de la sociedad futura a partir de los principios e ideales propios de la institución.

En muchos artículos publicados en la revista, audiciones radiales y congresos, los representantes de la AABEMS se presentan a sí mismos como un grupo de estudiosos avanzados o científicos responsables, sumamente ilustrados y actualizados en todo lo que tiene que ver con los nuevos paradigmas científicos. Se ven a sí mismos como a cargo de una tarea “apostólica” cuya consigna sería convencer al mundo que gracias a la capacidad intelectual que detentan, estarían no sólo en condiciones de evaluar cabalmente hacia dónde debe ir el desarrollo social sino también, de imponer el camino a seguir para llegar a dicho fin.[3]

Los miembros de la AABEMS pensaban que sólo con la ciencia y desde la ciencia sería posible avanzar hacia el futuro y que implementando los descubrimientos de la biotipología y la eugenesia sería posible evitar la degradación social y progresar hacia una sociedad mejor.

Sin embargo, en el discurso de la asociación, existe una contradicción entre un cientificismo de corte positivista autóctono, el liberalismo, la creencia de un progreso sostenido por los avances científicos y un conservadurismo que se expresa en cuestiones tales como la reproducción de los valores tradicionales, etc. Esta mixtura hace que el programa político de la AABEMS adquiera características particulares: mientras desde una mirada progresista, los médicos de la asociación apelan a la ciencia y al progreso tecnológico para fundamentar el recorrido hacia una mejor sociedad, basado en las tecnologías sociales asociadas a la eugenesia, el planteo de dicha meta y su concepción de sociedad reproduce el orden establecido concordando con la postura conservadora. Al mismo tiempo, como sugiere Palma (2008), una gran contradicción transita la historia de la asociación de la que dan cuenta muchos de los trabajos publicados en Anales y que está dada por el marcado optimismo que surge de la fe en el progreso y el pesimismo que se instala como consecuencia de la creencia en que la sociedad se está degenerando.

Como quiera que sea, para la divulgación de estos ideales y de estos avances en la biotipología, la eugenesia y la medicina social, la asociación contó con los Anales que desde la mirada de Rossi, al cumplir un año de su edición, ha permitido resignificar la percepción de la comunidad médica con respecto a la postura de la AABEMS.

“Es muy interesante observar la evolución del orden psicológico que experimentara el cuerpo médico argentino, determinada por la lectura de nuestra revista, que a mi entender, puede sintetizarse así: al principio, desorientación y escepticismo, luego verdadera avidez por conocer los secretos de la medicina constitucional, y en la actualidad, imperiosa necesidad de profundizar los mismos, para poder deducir aplicaciones de nuestro nuevo género científico, en el campo de la medicina diaria. Es que nuestros colegas se han inmediatamente percatado de que en la hora en que vivimos, la ciencia médica atraviesa un período de intensa y proficua evolución, y que dicha evolución está dada por la doctrina constitucionalística; de ahí que el interés considerable que despierta la lectura de nuestras páginas, no es más que la necesaria y lógica consecuencia, que experimenta todo médico que tenga verdadero espíritu vocacional por su arte, y que se sintetiza por la imperiosa necesidad de renovarse, pues tanto en medicina como en sociología, el que hoy no se renueva está fatalmente condenado a desaparecer. La renovación se impone, porque ella es el fruto de la larga y sapiente labor de los mejores maestros que en el campo médico y en el campo social han sabido encontrar finalmente la verdadera vía que ha de conducirnos al progreso gradual de la especie humana, en su doble e indesglozable faz: biológico-social.” (Rossi, 1934: 2)

La cita es extensa pero permite dar cuenta de algunas cuestiones que nos parecen importantes. En principio, el lugar que ocupaba la publicación de los Anales entre los propósitos de la asociación en tanto medio de difusión y concientización de la sociedad acerca del valor de las prácticas eugenésicas; pero además, tal como se expresa en la cita, la idea de que los nuevos descubrimientos en medicina constitucional o los más modernos aportes de la Biotipología superaban ampliamente los anteriores estudios médicos. Existe, en el discurso de Rossi, una mirada muy particular sobre el progreso científico que considera que la historia de la ciencia transcurre en forma lineal y recorre un permanente camino de superación que permite transitar progresivamente el camino hacia una sociedad más evolucionada, siempre entendiendo este grado de evolución mayor que se postula como meta desde la ideología propia de la asociación. Pero también, tenemos en el discurso del Dr. Rossi, muy claramente expresada, la idea de que la medicina ha logrado un avance significativo al encontrar la manera de vincular lo constitucional con lo psíquico y lo social. Este cambio de perspectiva, su difusión en la sociedad, su entendimiento por parte del resto de la comunidad médica y de los responsables de la gestión de políticas públicas, resultaba fundamental para la asociación puesto que permitiría avanzar en la puesta en práctica de las propuestas eugenésicas para la construcción de lo que sus miembros entendían sería una sociedad más evolucionada basada en el progreso social de la especie humana.

Permítasenos realizar aquí una breve digresión para dar cuenta del poder de influencia de la asociación sobre la clase dirigente argentina. En un artículo publicado en el número 86 correspondiente a los meses de junio y julio de 1939 de Anales con el objetivo de presentar las conclusiones adoptadas en las llamadas Jornadas Biotipológicas en Función de la Asistencia Social, la dirección de la asociación expone un informe en el que describe en detalle los resultados de una interesante entrevista mantenida con el Presidente de la Nación Dr. Roberto Ortiz. Dicha entrevista tuvo el objeto de hacer entrega al Presidente del “memorial sobre las conclusiones adoptadas durante las jornadas Biotipológicas en función de la Asistencia Social realizadas a fines de 1938 y organizadas por la AABEMS. La dirección de la asociación expuso en la nota su “mejor impresión, por el conocimiento que demostró poseer el Dr. Ortiz de la obra que esta Insitución ha realizado y sigue realizando en el campo de la Asistencia Social. Los representantes de la AABEMS no dudaban que el programa presentado al Sr. Presidente sería aprobado. A pesar de todo, la fuerza de la AABEMS fue perdiéndose a medida que muchos de sus miembros fallecían o se comprometían más fuertemente con sus propias áreas de investigación. Así, los últimos números de Anales, básicamente, eran sostenidos por el trabajo de su director, el Dr. Arturo Rossi, quien básicamente firma la mayoría de los artículos publicados allí. Es así que en 1943, la AABEMS fue absorbida por la Secretaría de Salud Pública.

Conclusiones

A partir de la sanción de la igualdad humana operada en la modernidad - al menos desde el discurso de la filosofía política- la justificación de la desigualdad social tomando como punto de partida la diversidad, comenzó a ser un tema biológico y biomédico, principalmente, a partir del siglo XIX. Manifestaciones científicas como la craneometría, la frenología, la antropología criminal, la medición de la inteligencia mediante los test de Cociente Intelectual y la eugenesia constituyen claros ejemplos, no sólo de determinismo biológico sino también y por sobre todo, de intentos de medir y sancionar científicamente la desigualdad - una cuestión social y política- a partir de la diversidad - una cuestión biológica-.

La confección de fichas biotipológicas no fue solamente un discurso en el que, se expresaba la ideología de algunos grupos interesados por mantener o reproducir el statu quo apelando al discurso eugenésico sino una práctica académica, basada en el estatus científico, que reproducía el mito de la objetividad de las ciencias apuntando, entre otras cuestiones, a tornar más eficiente el control de las masas.

Los miembros de la AABEMS, invocando el prestigio de la ciencia como conocimiento objetivo, a salvo de cualquier corrupción provocada por intereses sociales y políticos, han legitimado un discurso para nada neutral y, en algunos casos, han logrado plasmar sus teorías en acciones concretas. En efecto, la biotipología intentó contribuir a saldar la tensión entre desigualdad y diversidad y anular los conflictos sociales surgidos a partir de las características propias de la estructura económica mediante una apelación a ciertas características esenciales del ser humano definidas desde el discurso biomédico. El control y la tipificación de la población mediante el intento de aplicación de fichas biotipológicas desempeñó una función central a la hora de relevar aptitudes, delinear una acción pedagógica acorde a las cualidades mostradas por el alumno y a la vez, prescribir roles laborales y determinados lugares en la jerarquía social a partir de los datos obtenidos.

Sin embargo, cabe señalar que la historia del movimiento eugenésico y su maridaje con la biotipología en Argentina es la historia de un rotundo fracaso. Un rotundo fracaso que comenzó siendo presentado - si el historiador pone el oído sólo del lado de la campana que tañe los sones de la AABEMS- como una gran promesa de progreso, como la solución a las penurias sociales y a la “degradación de la raza”. Pero, que no logró institucionalizar por ley el uso de la ficha biotipológica en todo el país, ni pudo construirse el grandilocuente edificio en el que funcionaría el Instituto de Biotipología, émulo del Instituto de Génova. Anales que comenzó contando con artículos de los más variados (no sólo se publicaban allí trabajos sobre biotipología sino también, se editaban sobre nipiología, nutrición, higiene mental, psicotécnia, psicopedagogía, etc.), finalizó siendo sostenido sólo por Rossi con sus publicaciones sobre biotipología, meras repeticiones de su tratado. Conflictos, tensiones, intereses encontrados y distintos puntos de vista sobre la cuestión, aún dentro de la comunidad de eugenistas, hicieron que el proyecto fuera languideciendo hasta perderse definitivamente en los pliegues del tiempo.

Bibliografía

Castex, M., (1933a): “A la prensa en general.” En Anales de Biotipología, Eugenesia y Medicina Social. Año 1 N 1 pp. 2. Buenos Aires.
Gould, S., (1988): La falsa medida del hombre. Buenos Aires, Ediciones Orbis.
Molinari, A., (1934): “La Biotipología”. En Anales de Biotipología, Eugenesia y Medicina Social.  Año 2 N 32  p. 19. Buenos Aires.
Palma, H. (2001): Conexiones. “Ciencia, política y orden social.” Proyecto Editorial. Buenos Aires.
                 (2002): “Gobernar es seleccionar”. Buenos Aires, Baudino Ediciones.
          (2008): “Las dialécticas diversidad/desigualdad y decadencia/ progreso como fundamento biopolítico en el pensamiento eugenésico (argentino)” en Marianne Wiesebron; Raymond Buve; Neeske Ruitenbeek (eds.) Actas del XV Congreso Internacional de Ahila “1808-2008: Crisis y Problemas en el Mundo Atlántico” Universidad de Leiden, Radio Nederland, Holanda, 26-29 de agosto de 2008.
Pende, N., (1947): Tratado de Biotipología Humana Individual y Social. Salvat Editores, Barcelona.
Rossi, A., (1933): “La ficha biotipológica escolar. Sus fundamentos.” En Anales de Biotipología, Eugenesia y Medicina Social.  Año 1 N 1  pp. 14-16. Buenos Aires.
                   (1934): “Los Anales de Biotipología, Eugenesia y Medicina Social en su primer aniversario.” En Anales de Biotipología, Eugenesia y Medicina Social.  Año 2 N 21  pp. 2-3. Buenos Aires.
                   (1936): “La Ficha Biotipológica Ortogenética Escolar.” En Anales de Biotipología, Eugenesia y Medicina Social.  Año 3 N 60  pp. 3-7. Buenos Aires.



[1]  Por ejemplo: Mariano Castex quien estuviera al frente de la cátedra de Clínica Neurológica de la Facultad de Medicina de la UBA y publicara un significativo número de trabajos en distintas áreas; Carlos Bonorino Udaondo considerado el precursor de la gastroenterología en Argentina, el Hospital Nacional de la especialidad lleva su nombre; Alberto Peralta Ramos, quien dirigiera el Hospital Rivadavia y se desempeñara como tocólogo; Gonzalo Bosch, uno de los más importantes alienistas argentinos; Enrique Romero Brest, reconocido impulsor de la Educación Física; Víctor Mercante, que fuera designado Inspector General de Enseñanza Secundaria, Normal y Especial del Ministerio de Justicia e Instrucción Pública de la Nación en 1910 y se desempeñara en otros importantes cargos en la gestión educativa; Pablo Pizzurno, quien fuera tal vez uno de los principales referentes pedagógicos de la época; Nicola Pende, principal corresponsal extranjero en Anales cuyos estudios en Biotipología, llevados a cabo en el Instituto Biotipológico Ortogenético de Génova, influenciaron fuertemente a sus principales discípulos y representantes en nuestro país, los Drs. Arturo Rossi y Octavio López y otros.

[2] El modelo de ficha biotipológica es presentado por el Dr. Rossi en el número 60 de la revista Anales, correspondiente a los meses de febrero-marzo de 1936, con el objeto de ilustrar al lector sobre los alcances de la misma y sus principales características. Para llevar a cabo esta tarea, se solicitaba la respuesta a 298 cuestiones a las que se agregaban en el caso de los anormales psíquicos otras 60.
[3] Sin embargo, no encontramos en Anales ninguna referencia a la Teoría Sintética, ni a los trabajos en Genética que se estaban llevando a cabo por entonces, etc.

jueves, 16 de octubre de 2014

Biotipología y medicina del deporte.

Por José Antonio Gómez Di Vincenzo.
Centro Babini. Escuela de Humanidades. UNSAM

Ponencia presentada en 2012. UNTREF VI Jornadas de la Historia de la Ciencia Argentina.

Consideraciones previas

Diversos estudios historiográficos últimamente han venido ocupándose de analizar un conjunto de saberes e ideas que surcaron las élites intelectuales y políticas autóctonas y las instituciones eugenésicas del país. Existen importantes y abundantes aportes que tratan la problemática desde diferentes lugares. No se puede dejar de reconocer una deuda con Palma (2002), Miranda y Vallejo (2005) o Vallejo y Miranda (2007), sólo por nombrar los desarrollos más destacados en Argentina.[1]

Son conocidas, entonces, las tecnologías sociales y médicas propuestas por la literatura eugenésica con el objeto de resolver, teórica y prácticamente, la tensión entre homogeneización y diversificación de la población desde la medicalización de las relaciones sociales (por ejemplo: certificado médico prenupcial; control diferencial de la concepción; esterilización de individuos o grupos; aborto eugenésico, control de la inmigración). Entre estas tecnologías sociales sobresalió, especialmente en la década del 30 del siglo pasado y gracias a la impronta de la Asociación Argentina de Biotipología, Eugenesia y Medicina Social (en adelante, AABEMS), el fichado biotipológico de la población. (Palma y Gómez Di Vincenzo, 2011)

La biotipología constituye un área especial de investigación que se diferencia de las doctrinas constitucionalistas clásicas por prestar especial atención al estudio de los biotipos somáticos y psíquicos humanos apelando a otros principios y métodos de investigación, extendiendo las aplicaciones prácticas respecto a dichas doctrinas pero tomando también a aquellos estudios como referentes valiosos. Pende (1947)

La corriente biotipológica mundial encuentra su inspiración en la italiana, específicamente, en los trabajos llevados a cabo por el Dr. Nicola Pende en el Instituto Biotipológico Ortogenético de Génova. La influencia del Dr. Pende en la AABEMS es sumamente importante, siendo uno de los adherentes extranjeros que más aportes realizara como corresponsal.

Las más caras metas del ideario eugenista cobran, entre los años 1930 y 1943, un impulso formidable: nunca como antes - y tampoco después- llegarán a adquirir la fuerza que caracterizaron dicha época, el grado de influencia en ciertos sectores y penetración en instituciones públicas. Por demás, es en esta fase histórica, cuando más fuertemente se encuentra imbricado el discurso eugenésico con la práctica médica.

Si bien, como sostienen Palma y Gómez Di Vincenzo (2011), la propuesta de biotipificar a la población nunca pudo institucionalizarse como política pública, más allá de una serie de pruebas o experiencias efímeras, dada una serie de contradicciones, discrepancias, críticas y desacuerdos al interior mismo de la AABEMS y provenientes de distintos sectores del contexto social, en el período abunda una serie de artículos publicados en revistas especializadas en los cuales, se ven plasmados los esfuerzos de eugenistas - pero especialmente de biotipólogos- por explicar a la comunidad médica y a la sociedad toda la importancia y los alcances de la disciplina como instrumento ligado a las prácticas médicas en distintos ámbitos.

El objetivo de este trabajo es indagar entre las distintas propuestas de implementación biotipológica los matices, tensiones y particularidades del discurso biotipológico presentes en uno de los campos en los que los médicos biotipólogos también tenían algo que decir, la medicina del deporte.

La tesis es que allí pueden encontrarse zonas grises, intersticios donde los enunciados biotipológicos pueden cobrar (no sin ciertos cuestionamientos más bien de índole técnico-instrumental) más fuerza y verosimilitud. Esto podría resultar claro si en la evaluación nos ceñimos pura y exclusivamente a llevar a cabo un análisis centrado estrictamente en el anticipo o la predicción de buenos rendimientos deportivos de alta competencia.

Para cumplir con el propósito planteado, se analizarán fuentes documentales diversas: básicamente artículos y ponencias publicadas en los Anales de Biotipología, el Tratado de Biotipología Humana.

Las  particularidades de la determinación cuando de deporte se trata.

El determinismo biológico, básicamente, consiste en afirmar que las normas de conducta compartidas por los miembros de una sociedad pero también, las diferencias socioculturales y económicas que existen entre grupos humanos o clases sociales, derivan de un conjunto de condiciones heredadas o innatas. La sociedad, su estructura y las relaciones que en ella se dan, entonces, serían un reflejo de la biología; y el rol sociocultural y económico de los sujetos, un reflejo de su constitución biológica. Gould (1988)

El determinismo biológico ha adoptado distintas formulaciones a través de los últimos dos siglos de historia pero básicamente, existe una característica común en todas ellas que consiste en sostener que hay señales en el cuerpo que marcan la condiciones básicas de los individuos. Con la impronta de la ciencia moderna y el positivismo decimonónico estas señales pueden y deben ser detectadas y medidas y a su vez, permiten establecer una relación con determinados aspectos del sujeto.[2] Palma (2002)

Sea cual fuera la cuestión, lo cierto es que bajo el determinismo biológico pueden rastrearse un grupo de teorías muy heterogéneo, surgidas desde principios del siglo XIX como la craneometría, la antropología criminal, la frenología y otras. Gould (1988)

La biotipología es tal vez una de las formas más refinadas del determinismo biológico del siglo XX. Argumentalmente se sostiene que es posible establecer una clasificación de los seres humanos a partir de determinadas características corporales, anatómicas, manifestaciones de orden hormonal, humoral, factores genéticos, ambientales y aspectos neuropsicológicos y que existe una relación entre el biotipo obtenido y ciertos rasgos temperamentales, aptitudinales y morales del sujeto. En la evaluación biotipológica, el médico realiza un fichado recabando una serie de datos biométricos, clínicos y psicológicos con el fin de determinar el biotipo del sujeto e inferir las características temperamentales específicas, cualidades morales y aptitudes que corresponden al dicho biotipo, evaluando las posibilidades del sujeto, por ejemplo, para el cumplimiento de determinados roles u ocupaciones prácticas. (Pende, 1947)

Como sostiene Palma (2002), la gran dificultad que se presenta en toda forma de  determinismo biológico está dada por el hecho de que no pueda establecerse en forma terminante ni su verdad, ni su falsedad. Es un discurso que se coloca en una suerte de espacio indefinido donde confluyen, tanto cuestiones biológicas y como culturales. Por otra parte, nunca termina de quedar claro qué significa que lo biológico determina lo social o cómo se da esta determinación.

Como quiera que sea, resulta interesante rescatar que por el hecho de ubicarse en ese espacio fronterizo entre las cuestiones puramente biológicas y las culturales es posible establecer distinciones meta-teóricas en relación a los alcances epistemológicos, axiológicos, éticos y pragmáticos del discurso biotipológico. Esto dependerá del grado de corrimiento hacia uno u otro extremo (biológico o cultural) que presenten los argumentos que sustentan y fundamentan los propósitos y propuestas según los distintos ámbitos de incumbencia.

Dicho de otro modo, en el caso de la biotipología, el punto de partida siempre es biológico y médico, pero el de llegada depende del alcance de las propuestas (si son a priori o definitivas) y puede ir desde la mejora del rendimiento deportivo, la evaluación de estrategias y terapias ortopédicas y de rehabilitación hasta la prescripción de roles sociales desde la medicina laboral y la pedagogía o hasta cuestiones éticas y legales, gracias a la criminología. La tesis que se sostiene aquí, como se ha anticipado, es que los análisis epistémicos y las valoraciones éticas dependerán del punto de llegada, del espacio donde el discurso biotipológico pretenda instalarse como alternativa médica para lograr propósitos específicos.

Dicho de otro modo, no es lo mismo pretender anticipar rendimientos deportivos que alcances educativos, una moral o roles sociales en general. Se verá aquí que cuando la biotipología intenta situarse, puntualmente, como un saber para mejorar el rendimiento deportivo ésta se ubica más cerca de las cuestiones biológicas, constitucionales y orgánicas; mientras que cuando desde el discurso biotipológico se busca establecer diagnósticos y una prescripción de roles sociales dentro del programa eugenésico, el relato se recuesta más hacia el otro extremo, el socio-cultural.

En efecto, si se tiene en cuenta el rol que jugaba la apelación al deporte como forma de legitimación de las políticas (más bien, biopolíticas) que hacían del cuerpo del ciudadano un exponente de la fortaleza y salud de la nación o partían del ordenamiento de los cuerpos para la delimitación de los roles sociales, entonces los supuestos progresos médicos para la obtención de altos rendimientos quedan circunscriptos dentro de las representaciones, universos simbólicos y propuestas más caras al ideario biotipológico y eugenésico del período estudiado, “prevenir los males existentes, evitando las consecuencias funestas para la sociedad y para la especie” y “depurar la raza”. Castex (1933a), p. 2. Entonces, es allí donde la cuestión se complejiza y de la reflexión surgen todos los inconvenientes ligados a los presupuestos metafísicos, epistemológicos y metodológicos (sin contar las éticas) que le caben a las propuestas eugenésicas.[3]

En busca del atleta ideal

Como se ha dicho, la biotipología tiene también la palabra a la hora de estudiar las características que distinguen a un sujeto como potencial buen deportista. El estudio médico de los principales aspectos inherentes al desarrollo de ciertas cualidades constitucionales que posibilitarían un mejor desempeño atlético ya se practicaba desde antes del trabajo de Pende. En efecto, tanto el famoso psiquiatra alemán Krestchner como morfologista francés Mac Auliffe habían identificado un tipo humano muscular (biotipo desde el punto de vista de Pende) o hábito atlético, caracterizado por el desarrollo de la masa muscular. Pende critica esta clasificación y sostiene que no existe un biotipo de tales características que pueda separarse de las dos categorías morfológicas fundamentales: las de longilíneo y brevilíneo. Pende (1934b) Para el biotipólogo italiano,

Tanto en una como en otra,  de estas arquitecturas de la fábrica humana, pueden injertarse, por así decirlo, el genio muscular, que conduce al ideal atlético. Y hoy todos admiten la existencia de campeones longilíneos y campeones brevilíneos; lo que deriva directamente de la distinción por mí hecha en morfología constitucionalista de un biotipo longilíneo esténico y de un biotipo logilíneo asténico (el leptosómico de los alemanes) y un biotipo brevilíneo esténico y un biotipo brevilíneo asténico (el pícnico de los alemanes). Pende (1934b), p. 11.[4]

Para el doctor Pende, solamente los longilíneos o brevilíneos esténicos pueden convertirse en buenos atletas. No obstante, Pende aclara que no se trata simplemente de desarrollo de masa muscular sino de las cualidades fisiológicas de dichos músculos “en perfecta coordinación funcional con todos aquellos otros aparatos que intervienen en la acción motriz.” Pende (1934), p. 11. Nicola Pende es coherente aquí con su concepción biotipológica de la medicina constitucional en la que no sólo son importantes los aspectos morfológicos sino también, el funcionamiento del “aparato circulatorio, neuroendócrino y el sistema nervioso central”. Pende (1934b), p. 11.

Pende advierte que en el campo de la educación física y de las prácticas deportivas en general, la aplicación de la biotipología preventiva de gimnastas y atletas y el examen médico, fundamentalmente, pueden aportar una sólida base científica a partir de la cual, superar la “unilateralidad, superficialidad y apresuramiento de investigación” propia de “los estudios puramente morfológicos o psicológicos” que dominaban la naciente medicina del deporte a principios del siglo XX. Pende (1947), p. 432.

El biotipólogo italiano se lamentaba a fines de la década del 40 de que, por buscar altos rendimientos a corto plazo, a menudo en el deporte de competición, se perdía de vista la ortogénesis del individuo. Desde su punto de vista, la falta de prevención lleva al deportista al desgaste precoz y en consecuencia, a la falta de armonía del biotipo corpóreo y psíquico y a la patología.

Es verdad que los campeones modernos pueden ser necesarios desde el punto de vista del orgullo nacional como símbolo de la robustez física de un pueblo; pero lo es igualmente que los campeones, lo mismo que los genios de la inteligencia, pagan las victorias olímpicas y el amor a sí mismos y a la patria con el desgaste precoz de su salud. El atletismo campeonista, prolongado durante años, llega hasta los límites de la patología, aumentando aquella inarmonía del biotipo corpóreo (y también psíquico) que es producto del exceso de desarrollo muscular y de fuerzas musculares de algunos segmentos del cuerpo, inarmonía constitucional que, tarde o temprano, se transforma en germen de enfermedad. Pende (1947), p. 435.

Para evitar estos excesos, Pende propone que es preferible un poliatleta que un atleta inarmónico puesto que el primero representa el ideal de belleza y verdadera robustez frente al otro (...) que es inarmónico a causa del desarrollo exagerado de los músculos y de una parte del cuerpo. Pende (1947), p. 435.

Desde la perspectiva del Dr. Pende, es preferible entonces el desarrollo integral del atleta que exigir rendimientos inmediatos.

Es preciso tener en cuenta que era una preocupación de los gobiernos totalitarios de la época que sus atletas se destaquen en las competencias internacionales como uno más de los sendos mecanismos de propaganda con los cuales se sostenía el régimen. Particularmente, en el período de entre guerras, etapa que coincide con la que se estudia aquí, el deporte se utilizará como elemento de prestigio entre las naciones, como instrumento de propaganda y como índice de la vitalidad de los países. Teja (2002)

Pende no deja de estar de acuerdo con la importancia que para el Estado fascista italiano tenía el hecho de que sus deportistas se destacasen en las competencias pero amplía y profundiza la mirada, siendo coherente con su postura integral acerca de la medicina constitucionalista y la eugenesia. Según el biotipólogo italiano, “el criterio unitario, correlativo, psicosomático de la biotipología, es el único que hoy debe guiar al educador físico y al médico de los deportistas”. Pende (1947), p. 432.
Sea como sea la cuestión, desde la biotipología aplicada al deporte, es preciso comprender que “no se trata sólo de educar y ejercitar un sistema muscular injertado sobre un cuerpo” sino que debe tenerse una mirada integral puesto que para la realización de cualquier práctica de alta competencia “se emplean músculos, corazón y cerebro en su unidad vital, en sus correlaciones recíprocas, diferentes de un individuo a otro individuo”. Pende (1947), p. 432

En este sentido, desde la postura pendeana, el médico o el entrenador no debían desviarse del principio de ortogénesis armónica del gimnasta o deportista forzando los tiempos con el objeto de lograr desarrollos parciales e inarmónicos.

Conclusiones

Hemos podido aproximarnos a la biotipología como una de las formas más complejas de determinismo biológico y a sus pretensiones de consolidarse como un saber médico capaz de delinear estrategias para el logro de rendimientos deportivos de excelencia.

Se ha podido constatar que si bien la impronta biotipológica siempre tiene una fuerte vinculación con el todo social resultando muy evidente, por ejemplo, el compromiso de Pende, con el Estado fascista tal como sostienen Miranda Vallejo (2005); existía además en él, una preocupación por la mejora de la salud del deportista y su rendimiento en competencia. No puede soslayarse la novedad que el discurso pendeano introduce a nivel teórico-práctico teniendo en cuenta que la época la relación de la medicina y el deporte estaba en pañales.

En las prácticas deportivas de alta competencia se juegan destrezas y habilidades directamente relacionadas con las características constitucionales del deportista. En este sentido, la biotipología tenía, a priori, teóricamente, mucho que aportar para delinear no sólo ámbitos de desarrollo a través de la biotipología auxológica (aquella que velaba por el buen direccionamiento del crecimiento[5]) sino también, estrategias de entrenamiento, dietas y cuidados de la salud funcionales a cada una de las prácticas deportivas y acordes al biotipo del atleta.

Resulta evidente que quien constitucionalmente no cuenta con ciertas condiciones particulares no podrá desarrollar ciertas prácticas deportivas y quién sí tiene ciertas condiciones logrará mejores resultados si cumple con una dieta y un entrenamiento apropiados.

Ahora bien, es conocido el caso de Asafa Powell (n. 1982), el atleta jamaicano, uno de los más rápidos del mundo. Powell era el velocista que ostentaba la marca mundial en la categoría de los 100 metros llanos, conseguida en Rieti, Italia, con 9,74 s, en 2007. Existe una particularidad constitucional que le permite una mayor destreza para la carrera, un arranque más explosivo en los primeros metros y dar pasos más largos: el psoas mayor, uno de los músculos que se necesitan para correr más velozmente es el más grande jamás visto por los médicos deportólogos en un atleta. Paradójicamente, a pesar de ello, una serie de cuestiones de índole psicológica le impiden ganar el oro olímpico y destacarse en carreras frente a sus principales oponentes. [6] Esto prueba que si bien el relevamiento de datos constitucionales a priori puede ser relevante para anticipar resultados deportivos, en competencia juegan otros factores acerca de los cuales es muy difícil establecer juicios definitivos, dados los sinuosos y oscuros parajes metafísicos que deben recorrerse para establecer un puente lineal y sin interrupción entre lo orgánico y lo psicológico.

Por otra parte, como hemos visto junto a Teja (2002), no puede perderse de vista el lugar que ocupaba la apelación al deporte como forma de legitimación de las políticas del período (no sólo fascistas o totalitarias), las mismas que hacían del cuerpo del ciudadano una muestra evidente del grado de desarrollo de la nación, utilizando los rendimientos en competencias como propaganda. Es allí donde la cuestión se complejiza y de la reflexión surgen todos los inconvenientes ligados a los presupuestos metafísicos, epistemológicos y metodológicos (sin contar las cuestiones éticas) que le caben a las propuestas eugenésicas ahondando aún más las dificultades a la hora de predecir resultados y fundamentar sus argumentos.

Del modo que fuese la cuestión, lo cierto es que la biotipología se ubica en un punto muy sutil cuando desea anticipar resultados deportivos; sobretodo, cuando los juicios buscan anticiparse desde un a priori a las experiencias concretas. Teniendo esto en cuenta es posible inferir - o al menos conjeturar- que es allí donde la disciplina pudo haber tenido éxito como propuesta a la hora de pronosticar roles y una puerta de entrada al mundo del deporte anticipando muchos de los estudios propios del campo de la deportología contemporánea.

Bibligrafía

Álvarez Peláez, R. (1985), Sir Francis Galton, padre de la eugenesia, Madrid: C.S.I.C.
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[1] En las últimas décadas han aparecido también numerosos estudios sobre el movimiento eugenésico en distintos países. Véase, entre otros: Álvarez Peláez (1985, 1988, 1999); Chorover (1979); Glick, Th., Puig-Samper, M. y Ruiz, R. (edit) (2001); Kevles (1995); Romeo Casabona (edit.) (1999); Stepan (1991) o Suárez y López Guazo (2005).
[2] En principio, bajo estas premisas, surgieron desde formas bastante burdas de detección de marcas en el cuerpo desde las que se relevaban datos anatómicos como la medida del ángulo facial, del foramen magnum, el volumen y peso del cerebro, el cociente intelectual, etc. Con el tiempo, las cosas fueron complejizándose.
[3] Para ampliar, ver Palma y Gómez Di Vincenzo (2011).
[4] Resaltado en el original.
[5] Para ampliar consultar Gómez Di Vincenzo, J., “Biotipología y educación en el discurso de la Asociación Argentina de Biotipología, Eugenesia y Medicina Social” en Revista ECEyM, Nº2, http://www.humanidadesdigital.unsam.edu.ar/experimental/numero2/index.htm
[6] Datos obtenidos del documental “Asafa Powell” dirigido por Wally Langul, National Film Board of Canada Para profundizar puede consultarse on line en http://www.youtube.com/watch?v=oe5DJ3BdUx0