La Persistencia de la Memoria

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Salvador Dalí

jueves, 2 de mayo de 2013

El maridaje eugenesia y biotipología: la impronta de la Asociación Argentina de Biotipología, Eugenesia y Medicina Social en el programa eugenésico argentino (1932 – 1943)


Por José Antonio Gómez Di Vincenzo
El presente artículo reseña parte del contenido de mi último libro en el campo de la Filosofía e historia de las ciencias biomédicas: "Biotipificar al soberano" publicado por Editorial Rhesis.

Jamás aceptaría pertenecer a un club que me admitiera como socio. (Groucho Marx)

Durante las primeras décadas del XX, se fundaron en Argentina una gran cantidad de instituciones que tenían como finalidad incentivar la actividad científica y promover la comunicación de los resultados obtenidos en las investigaciones, junto a sus posibles aplicaciones prácticas. Entre ellas se destacaron algunas comprometidas con extender en el país el programa eugenésico que se desplegaba a nivel mundial y las tecnologías sociales a él asociadas.

Sin duda, es en la década del 30 del siglo pasado cuando más aceitadas se dan en Argentina las relaciones entre las ciencias biomédicas, el programa eugenésico, la prescripción de roles sociales junto a la búsqueda (en la mayoría de los casos no premeditada sino más bien impulsada por la influencia de cierto espíritu de época en los imaginarios) del reaseguro del orden social vigente. A su vez, es también cuando el proyecto adquiere su mayor potencia y persistencia a la hora de llevar a cabo sus propósitos y buscar convencer a las clases dirigentes sobre sus beneficios sociales e históricos. En el período aludido, atrajo especialmente la atención de la comunidad científica y las élites intelectuales autóctonas, el discurso emanado desde la Asociación Argentina de Biotipología, Eugenesia y Medicina Social (en adelante, AABEMS).

Sin embargo (o a pesar de tanto énfasis), la historia del movimiento eugenésico argentino es la historia de un fracaso. La historia de la eugenesia y su sociedad con la biotipología en Argentina rememora una serie de intentos de intervención sobre la reproducción y control de la población, tentativas frustradas o fallidas, habida cuenta de que nunca se logró implementar un programa que instrumentara tecnologías sociales de corte eugenésico por sobre la totalidad de la ciudadanía. Efectivamente, nunca se consiguieron aprobar leyes en tal sentido, asegurando que toda la población sea alcanzada por alguna tecnología social. El lector debe tener en cuenta que el programa eugenésico, para ser exitoso, necesita operar evolutivamente sobre toda la población, que para lograr sus fines, privilegiando la reproducción de los individuos o grupos considerados los mejores o inhibiendo la reproducción de aquellos considerados peores, requiere de políticas públicas que pongan en marcha las tecnologías sociales de corte eugenésico y su segura aplicación por medio de la coacción del Estado. Es el hecho de que estas condiciones no se hayan alcanzado a dar en la práctica lo que permite sostener que la historia de la eugenesia y la biotipología, en Argentina, en definitiva, es la historia de un rotundo fracaso. Un fiasco que comenzó siendo presentado como una panacea, como el camino a la salvación de la “especie argentina”, remedio contra su degeneración inminente promovida por la llegada de extranjeros indeseables y el aumento de los “desagradables”. Una esperanza que lentamente, fue adquiriendo las notas de una melodía melancólica que se va perdiendo en la oscuridad de los tiempos. En efecto, un conjunto de tensiones, debates, fricciones, puntos de vista encontrados en lo que hace a la política, a la episteme, a los aspectos prácticos y las prioridades a la hora de definir las acciones hizo que la asociación entre biotipología, eugenesia y medicina social se quebrara con la muerte o el distanciamiento de los principales promotores de la propuesta y la ausencia de permeabilidad en las diferentes capas de la administración pública.

Nunca se llegó a implementar el programa eugenésico como política pública, nunca las tecnologías fueron aplicadas obligatoriamente al conjunto de la población, jamás se llegó a construir el monumental Instituto de Biotipología soñado por los principales socios de la asociación. Frente a lo que se proyectaba, los apenas tenues ensayos de fichados biotipológicos resultan una leve caricatura. Más allá de las entrevistas y flirteos con el poder, a pesar del peso que la comunidad médica había logrado en la toma de decisiones políticas, la AABEMS nunca logró que sus propuestas eugenésicas pasen a mayores.
Como quiera que sea, la historia del fracaso permite extraer ciertas notas características del período tratado. Posibilita mostrar cómo se dan los solapamientos e interconexiones entre distintos saberes, cómo la racionalidad científica no opera en el vacío y de qué modo un suelo fértil sirvió de sustrato para que florezcan en el imaginario de sus principales ideólogos estrategias teóricas y vías de acción dentro de un programa eugenésico con variopintas tendencias.

El propósito de esta nota es narrar muy escuetamente la historia de la AABEMS y decir algo acerca de sus propósitos. Tal vez muchas cuestiones queden en el tintero. Lo dejado de lado será retomado en futuras entradas. Tómese éste como disparador. Queda este investigador a disposición de quienes deseen profundizar sobre estas cuestiones.[1]

La AABEMS fue fundada en 1932 en Buenos Aires por un grupo de médicos y ciudadanos preocupados por difundir los desarrollos teóricos de las tres disciplinas que le dan nombre a la institución como así también, interesados en promover la aplicación de las tecnologías asociadas a la práctica eugenésica. Fueron destacados miembros de la asociación un grupo de intelectuales cuyos apellidos pueden encontrase hoy dando nombre a hospitales y calles de Buenos Aires. Delfino, el fundador de la primera institución eugenésica argentina, la Sociedad Eugénica Argentina, participó activamente en la AABEMS, junto con el Dr. Mariano Castex, quien además fuera su primer Presidente, los Drs. Alberto Peralta Ramos y Bonorino Udaondo, quienes ocuparon en ella importantes cargos y presidieron junto a Castex, en diferentes períodos, la Academia Nacional de Medicina, el criminólogo Paz Anchorena, los biotipólogos Arturo Rossi y Octavio López y el Dr. Eugenio Galli, quien se desempeñaba en el Ejército Argentino, como médico militar. La lista de socios incluyó, también, al Ingeniero Belisario Moreno; a los pedagogos progresistas Prof. Víctor Mercante, Ernesto Nelson y al conservador Julio Picarel y al abogado Carlos Bernaldo de Quirós, quien también tuviera una destacada participación en el Museo Social y fundara en la Universidad del Museo, las carreras de Consejero Humanista Social y la Licenciatura en Eugenesia Integral y Humanismo. Además, Bernaldo de Quirós fundó en 1942 la cátedra de Derecho Eugenésico en la Facultad de Ciencias Sociales y Jurídicas de la Universidad de La Plata y en 1945, como se ha visto en la nota anterior, la Sociedad Argentina de Eugenesia siendo su primer presidente. Su impronta en el movimiento eugenésico autóctono es fundamental, siendo inspirador de un nutrido grupo de discípulos que estudiaron bajo su dirección, la carrera de Eugenistas Humanólogos en la Universidad del Museo Social Argentino. Eran también importantes miembros de la AABEMS, el arquitecto Coni Molina; el promotor de la Educación Física Prof. Enrique Romero Brest e importantes figuras de la medicina como el ya mencionado Dr. Donato Boccia, Director de la Segunda Clínica Médica del Hospital Italiano de Buenos Aires; el Dr, Aráoz Alfaro quien fuera presidente del antiguo Departamento Nacional de Higiene; Gonzalo Bosch uno de los más importantes alienistas de la época, Presidente de la Liga Argentina de Higiene Mental, profesor titular entre 1922 y 1930, de la recién creada Cátedra de Psiquiatría de la Facultad de Medicina de Rosario, director del Hospicio Nacional (en la actualidad el hospital José T. Borda) entre 1931 a 1947 y profesor titular de la Cátedra de Clínica Psiquiátrica de la Universidad de Buenos Aires, en 1943; el Dr. Nicolás Lozano que presidiera la AABEMS tras el alejamiento de Castex; el famoso médico pediatra Juan P. Garraham; y la lista de eugenistas notables continúa.

Eugenesia, biotipología y medicina social constituían una mixtura de saberes claves que se articulaban con los propios de distintos ámbitos de la vida social donde llevar la luz eugenésica como la educación, el mundo del trabajo, etc. Como es sabido, la eugenesia consiste en promover la reproducción de los individuos o grupos de individuos considerados mejores e inhibir la reproducción de los considerados peores. Desde la biotipología, por otra parte, se sostiene que es posible establecer una clasificación de los seres humanos a partir de determinadas características corporales, anatómicas, manifestaciones de orden hormonal, humoral, factores genéticos, ambientales y aspectos neuropsicológicos y que existe una relación entre el biotipo obtenido y ciertos rasgos temperamentales, aptitudinales y morales del sujeto. Por su parte, la aparición de la categoría medicina social puede rastrearse en la historia de las ciencias biomédicas hacia la segunda mitad del siglo XVIII, en relación con el programa político de los “derechos ciudadanos” enarbolados por los revolucionarios franceses. Tras la Revolución Francesa, la medicina social se encuentra ligada al ideario socialista; específicamente, y sobre todo en el siglo XIX, a la denuncia y el reclamo por la situación social opresora en el marco del capitalismo, el hambre, la miseria y la enfermedad que con ella viene aparejada, produciendo el sufrimiento de los trabajadores y pobres. Desde esta perspectiva, no se entiende que la intervención clínica sobre los individuos o el colectivo social sean suficientes para resolver los problemas sanitarios producidos por la propia estructura social. Es, entonces, la sociedad la que debe cambiar para que la ciudadanía mejore sus condiciones de vida. Es así que varios facultativos médicos preocupados por los males que afectan a la sociedad se abocaron a las prácticas reformadoras o revolucionarias. No obstante, también existe una versión conservadora, higienista, que según Madel (1997), predominó históricamente sobre la reformista o revolucionaria, en la medida en que es más afín al proyecto de normalización de la razón médica. La medicina social procuró, por tanto y desde esta mirada, establecer una interacción entre los conocimientos médicos y las terapias individuales considerando los efectos a nivel poblacional. Puntualmente, la medicina social buscó integrar los conocimientos de distintas áreas con la mirada puesta prioritariamente en la totalidad y, en menor grado, en lo individual. Así pues, la medicina social tematizará sobre la normalización de grupos, instituciones y clases sociales siendo predominantes las categorías higienistas con implicaciones moralizantes y la adaptación de los individuos a las prerrogativas propias del proceso racionalizador civilizador moderno. Aunque compartirán también un espacio en el discurso las concepciones sanitaristas reformistas y las propuestas de policía médica o de reforma médico-social que eran propias de grupos progresistas más que conservadores. En efecto, varios colores del espectro político se apropiaron del concepto y lo utilizaron desde sus diferentes perspectivas y disímiles programas o estrategias.

La eugenesia, la biotipología, como decía, junto a otras disciplinas y tecnologías sociales actúan en forma coordinada, intercambiando conocimientos e instrumentando prácticas terapéuticas individuales, considerando los efectos en el nivel poblacional. No es casual que la AABEMS incluyera a la medicina social en su nombre. Desde esta perspectiva, el todo adquiere mayor relevancia que las partes. Al apuntar a la sociedad en su conjunto considerada como un organismo biológico es lógico pensar que deba darse una estrecha relación entre la medicina social y el Estado en tanto institución desde la cual, se piensan y ejecutan las políticas públicas. Estas intervenciones buscaron el logro de dos objetivos fundamentales: 1) La prevención de enfermedades por medio de la mejora de las condiciones de salubridad y el cuidado de los enfermos; 2) La profilaxis por medio de tecnologías selectivas de corte eugenésico. Pero por otra parte, la biotipología opera sobre el individuo, toma al individuo como punto de partida considerando a cada ser como un caso particular. En efecto, para el biotipólogo cada sujeto representa un corrimiento o desplazamiento respecto de un biotipo ideal.

Sea como sea, en concreto, aquello que los eugenistas pensaban que debía hacerse para contrarrestar los efectos de la vida moderna con su consecuente degeneración de la especie se traducía en el planteo de una batería de tecnologías sociales asociadas a la eugenesia, siendo las más destacadas: el certificado médico prenupcial, el control de la natalidad y el control de la inmigración, el aborto eugenésico, la esterilización de débiles mentales y/o criminales y las fichas biotipológicas y psicotécnicas de las cuales, nos ocuparemos en el presente trabajo. Cada individuo debía, siempre desde la óptica de los asociados a la AABEMS, someterse obligatoriamente dada la coacción estatal a este tipo de controles o tecnologías.
La AABEMS retoma y reformula experiencias eugenésicas que la precedieron, al tiempo que marca una diferencia con instituciones que la sucedieron. Hay que tener en cuenta que en 1918, como decía, Víctor Delfino creó la Sociedad Eugénica Argentina con el objeto de llevar adelante mecanismos de control para paliar los males que podrían traer algunas ideas foráneas infiltradas en el país de la mano de la inmigración. La Liga Argentina de Profilaxis Social, creada en 1921, cuyo primer presidente fue Alfredo Fernández Verano, continuó la obra eugenista aunque tan sólo fuera desde un plano teórico sosteniendo por ejemplo que como los ganaderos buscaban mejorar el “pedigree” de sus sementales con la raza humana había que obrar de la misma manera y dictando conferencias sobre lucha antivenérea y eugenesia con la aprobación del Ministerio de Instrucción Pública de la Nación. Al mismo tiempo, el Museo Social Argentino fundado el 23 de mayo de 1911 y dirigido por Tomás Amadeo brindó el espacio institucional para la promoción y difusión de las ideas eugénicas. En esta institución se llevaban a cabo estudios desde distintos enfoques disciplinarios sobre política general, política agraria, población, higiene, inmigración, cooperativismo, etc. Fue gracias a las Facultades de Eugenesia Integral y Humanismo y de Servicio Social que el 5 de Noviembre de 1956, en virtud del decreto-ley 6.403/55, se fundó la Universidad del Museo Social Argentino por iniciativa del Dr. Guillermo Garbarini Islas. Carlos B de Quirós, quien desempeñó cargos en la AABEMS y fue decano de la Facultad de Eugenesia Integral y Humanismo había fundado el 4 de agosto de 1945 la Sociedad Argentina de Eugenesia, institución que contó con el apoyo político y económico del Poder Ejecutivo mediante la sanción del decreto N 32.737. Sus fines eran acentuar, organizar y centralizar los estudios, investigaciones y acción social en torno a la eugenesia biológica, jurídica, económica, psicopedagógica, etc.; formar una conciencia eugénica integral, privada y pública; profundizar el conocimiento científico de las leyes que rigen la herencia, descendencia, crecimiento y evolución del individuo; establecer la talla media aritmética y caracteres del biotipo argentino; promover el mejoramiento y perfeccinamiento de la población nacional y de las generaciones futuras; procurar la adecuación de las costumbres y de las normas legales a las enseñanzas de la eugenesia y gestionar la implantación de la enseñanza de la Eugenesia en los establecimientos educacionales y la creación de cátedras en las universidades e institutos de enseñanza superior. La AABEMS no fue, entonces, la única institución promotora de las prácticas eugenésicas en nuestro país pero sí la que más insistió en el maridaje entre la eugenesia y las ciencias biomédicas, específicamente, la biotipología.
Entre los principales objetivos de la AABEMS se encontraba la realización de investigaciones en el área de la Medicina Constitucional para determinar los biotipos de la población argentina y obtener de este modo, un diagnóstico a partir del cual llevar a cabo un programa eugenésico que permitiera, como sostenían sus miembros, depurar la raza. Además, sus integrantes se proponían, entre otras cuestiones, crear organismos e instituciones para contribuir a la solución de problemas propios del campo educativo sobre bases biotipológicas, los problemas sanitarios, la educación dietética y la medicina laboral. Desde la mirada del Dr. Mariano Castex, primer presidente de la asociación, entre los principales propósitos de la asociación, se planteaba la necesidad de formar la conciencia eugenésica de las clases dirigentes de la sociedad y de todos los tramos sociales los postulados de la eugenia.
En definitiva, se trataba de lograr que la sociedad en su conjunto – pero fundamentalmente sus dirigentes, políticos y funcionarios - tome conciencia acerca de la importancia de plasmar sus propuestas eugenésicas en políticas públicas.

No obstante, es preciso destacar que, además, existía una preocupación por la salud de la población que se denota en su lucha contra la tuberculosis, las enfermedades venéreas, las endémicas, la fundación y el apoyo a instituciones benéficas ocupadas de dar tratamiento a la infancia y a la madres en situación de desamparo, la nipiología, la puericultura, la nutrición en general, etc. Cuando el investigador recorre las notas publicadas en los Anales de Biotipología, Eugenesia y Medicina Social, principal órgano de difusión de la AABEMS, encuentra artículos dedicados a la asistencia social del niño y la mujer, del desvalido, además de muchos dedicados a presentar los resultados de investigaciones en bastos campos de la medicina. En muchos casos, por demás, el fichado biotipológico contribuyó también a aportar datos para implementar acciones preventivas y terapéuticas. En efecto, muchos de los niños a quienes examinó biotipológicamente el Instituto de Biotipología fueron posteriormente enviados a recreos o “preventorios”, para su debido cuidado y educación. Uno de estos espacios destinado al cuidado de los niños y madres en situación de desamparo fue el “Gran Preventorio Parque Redolatti” situado en Tandil, provincia de Buenos Aires.

Sin duda, uno de los personajes más destacados en la saga eugenésica argentina sea el biotipólogo Dr. Arturo Rossi. Rossi es el principal representante de la corriente biotipológica argentina. Ocupó el cargo de presidente y director general de la AABEMS y fundó y dirigió los Anales de Biotipología, Eugenesia y Medicina Social. Se formó en Italia cursando estudios con el Dr. Nicola Pende en el Instituto Biotipológico Ortogenético de Génova. Allí estudió también psicotécnia bajo la dirección de la Dra. Tamburri y del Prof. Vidoni. Publicó gran cantidad de artículos en los Anales de la asociación y elaboró el diseño de una ficha biotipológica escolar que presentó en el Nº 60 de la revista. El Dr, Nicola Pende, su maestro, nació en 1880 en la comuna de Noicattaro, Bari, Italia. Se destacó en medicina como uno de los más importantes integrantes de la Escuela Italiana de Endocrinología y Patología constitucional. Fue, a lo largo de su carrera, el principal impulsor de la Biotipología en la península y uno de los artífices de la fundación de la Universidad de Bari en la cual, ejerció el rol de rector. Más tarde fundó, en la Universidad de Génova, el Instituto de Biotipológico Ortogenético. Sus vinculaciones con el régimen fascista de Benito Mussolini lo llevaron a transformarse en uno de los principales responsables del tema racial del régimen italiano. Pende ejerció en 1933, el cargo de Senador. Al finalizar su carrera médica trabajó en la Universidad de Roma y dirigió los Institutos de Patología Médica y Metodología Clínica y de Bonificación Humana y Ortogénesis. Entre sus principales trabajos encontramos un “Tratado de Biotipología Humana” publicado por Salvat Editores traducido al español por los Drs. Donato Boccia y Arturo Rossi. En 1970 falleció a la edad de noventa años.

Rossi sostuvo, a duras penas, la continuidad de la AABEMS a pesar del lento éxodo de sus principales figuras o las divergencias internas que tenía con muchos de ellos, convirtiéndose en el único referente de la apuesta. Esto se ve claramente si se analiza el derrotero de la revista Anales. Hacia los últimos años de existencia, la revista comienza a ser sostenida nada más que mediante textos escritos por el biotipólogo.  Uno de los integrantes en dejar la asociación fue su primer Presidente, el Dr. Mariano Castex, quien alegó razones profesionales. También dejaron sus cargos directivos en la misma fecha, el Dr. Bonorino Udaondo y el Dr. Peralta Ramos entre otros.  Bernaldo de Quirós no compartía la mirada de Rossi en cuanto al modo de llevar a cabo el programa eugenésico, aunque sí adhería a los lineamientos generales de la AABEMS, reconociendo los aportes de la biotipología como herramienta de diagnóstico para el tratamiento de enfermedades o para pautar la intervención sanitaria y medidas de corte higienista. Su posición se alejaba de la mirada de Rossi muy ligada a la aplicación de tecnologías asociadas con prácticas de eugenesia negativa y en relación a qué biotipo considerar como genuina expresión del argentino. Por otra parte, su liberalismo político chocaba con el autoritarismo y conservadurismo del biotipólogo. Estas diferencias terminaron por ser cruciales a la hora de decidir su permanencia en la AABEMS. La gravitación cada vez más fuerte del Dr. Rossi (había sucedido al Dr. Lozano en la presidencia de la asociación y dirigía desde antes los Anales) iba dándole al discurso un tinte cada vez más cercano a la eugenesia negativa aunque, por cierto, sin resultados concretos y con mucha resistencia. Por otro parte, el comienzo de la Segunda Guerra Mundial y las cada vez más extendidas noticias acerca de los sucesos acontecidos en Alemania relacionados con las prácticas eugenésicas en dicho país hicieron que muchos intelectuales argentinos se alejaran de las posiciones más extremas y reformularan o suavizaran sus propuestas.

Por demás debe tenerse en cuenta que el perfil totalitario o fascista de algunos de los personajes no debe confundir al historiador. Si bien es cierto que Pende militó en el fascismo y que Rossi comulgó con los casacas pardas, militando en la Liga Pro Italia y participando en actos profascistas en Buenos Aires, su accionar tratando de teñir al programa eugenésico con el tinte más duro de la propuesta encontró ciertos reparos y resistencias de parte de médicos eugenistas, docentes y militantes políticos.

La asociación continuó funcionando hasta su absorción por parte de la Secretaría de Salud de la Nación, en 1943.

Entonces, retomando y para concluir, entiendo que el recorrido realizado en el trabajo que este artículo pretende reseñar permite poner de manifiesto una serie de complejos matices y tensiones, (por cierto, no todos) propios del programa eugenésico local durante el período analizado. Es entonces cuando tenemos la más estrecha vinculación entre eugenesia y biotipología y un conjunto de acciones concretas para difundir el programa eugenésico, no sólo hacia dentro de la comunidad médica sino también, hacia otras instituciones y espacios. En efecto, principalmente en la década del 30 del siglo XX, encontramos circulando una serie de intercambios, influencias, solapamientos teóricos y prácticos tales como aquellos que lograron asignarle a la corriente eugenésica autóctona – no sin algunos vaivenes, contrariedades, luchas, discrepancias y deserciones- ese sello biológico característico. Impronta que es considerable, sobre todo si uno toma como referente el relato de la AABEMS, pero que comienza a borronearse, difuminarse y tomar otro matiz, si uno dirige su mirada hacia el contexto circundante, contemplando otros ámbitos de discusión y debate. Un peso dentro del discurso eugenésico autóctono que, en definitiva, va perdiendo impulso y se va debilitando, sobre todo con la muerte del más caro exponente de la biotipología en Argentina, el Dr. Arturo Rossi.

Ahora bien, si se recorre el recetario de soluciones que promueve la AABEMS centrándose en el discurso del biotipólogo, soluciones emanadas de una cantidad de estudios puestos en conocimiento al resto de la comunidad en publicaciones tales como los Anales o en ponencias presentadas en distintos ámbitos, un marcado optimismo y cierto halo exitista conquistan la escena; entonces, el historiador se siente tentado a concluir que, en Argentina, el programa eugenésico fue un éxito, una conspiración totalitaria que, lenta y meticulosamente, fue logrando imponer en diversos ámbitos sus objetivos. Sin embargo, no fue así, esto no ocurrió y el programa jamás adquirió el vuelo que sus principales actores hubieran querido imprimirle. Porque si bien en el período analizado, el discurso de la AABEMS adquiere una dimensión y alcances significativos, en la práctica, Rossi nunca pudo institucionalizar por la vía legal sus objetivos, dada una serie de cuestionamientos desde distintos sectores, debido a las dificultades técnicas de su concreción, la progresiva pérdida de apoyo por parte de algunos de sus componentes, que dedicados a sus propios proyectos, fueron distanciándose de la institución o la desaparición física de los principales impulsores y fundadores. Pero, fundamentalmente, por la resistencia de algunos sectores a la práctica biotipológica y la escasa recepción del discurso en otros y también, por discrepancias internas en cuanto al modo de poner en práctica la eugenesia. Todas estas problemáticas hicieron que el proyecto vaya languideciendo lentamente hasta perderse definitivamente entrada la década del 40, aun habiendo sido incorporada la AABEMS a la Secretaría de Salud de la Nación.

A pesar de flirtear con algunos de los sectores más importantes de la administración pública y conseguir apenas la implementación de una suerte de experiencia piloto de la ficha biotipológica en instituciones varias, la historia de la sociedad eugenesia-biotipología en nuestro país es la historia de un gran fracaso. No se institucionalizó el uso de la ficha biotipológica ni pudo construirse el grandilocuente edificio en el que funcionaría el Instituto de Biotipología, émulo del Instituto de Génova. Anales que comenzó contando con artículos de los más variados (no sólo se publicaban allí trabajos sobre biotipología sino también, se editaban sobre nipiología, nutrición, higiene mental, psicotécnia, psicopedagogía, etc.), finalizó siendo sostenido sólo por Rossi con sus publicaciones sobre biotipología, meras repeticiones de su tratado.

En definitiva, se reafirma con más elocuencia lo adelantado por Di Liscia (2007): en Argentina y más allá de las contradicciones y distintos puntos de vista presentes entre los protagonistas del movimiento, la eugenesia fue preventiva y no negativa. Aun con su impronta biologicista y, a pesar de la influencia de actores totalitarios como Rossi, cuyos propósitos podrían encolumnarse con el de sectores conservadores nacionalistas y reaccionarios, la AABEMS nunca llegó a plasmar en la práctica, tecnologías asociadas con acciones eugenésicas negativas. Es más, debemos reconocer que en muchos casos, su preocupación por la puericultura y maternidad, por la salud de los niños y demás cuestiones vinculadas a la higiene constituyeron importantes aportes a la discusión de las problemáticas propias del campo de la salud. Rossi y otros representan sólo a aquellos intelectuales que radicalizaron la propuesta. Hubo pensadores críticos del ámbito de la medicina. Es el caso del Dr. Bocio quien criticara enfáticamente la propuesta de selección y orientación profesional en clave biotipológica enarbolada por Rossi y sus seguidores. Bocio sostenía que el tipo de argumentos defendidos por Rossi y sus seguidores sólo se dirigían a la clase obrera no siendo concebidas para criticar el orden social capitalista sino más bien para reproducirlo. Además, señalaba Bocio, la biotipología colocaba a todo trabajador sano bajo sospecha dada la episteme a partir de la cual se constituía la disciplina que consideraba la salud como en estado ideal inhallable en los casos particulares. Pero también hubo resistencias provenientes del terreno de la psicología, de la psicopedagogía, de la educación, por ejemplo, que criticaron las propuestas de los representantes biotipólogos y de los docentes que los acompañaron dentro de la AABEMS, como claramente ha quedado expuesto, a modo de ejemplo, cuando se analizaron las ponencias presentadas en el Congreso de Educación realizado en la Provincia de San Luis. En cierto sentido, el mismísimo Víctor Mercante, que contaba en sus manos con herramientas como la paidología y el fichado psicotécnico, y que incluso adhería a la idea de que se podía y debía implementar una prescripción de roles sociales, actuó como contrapeso al avance de los biotipólogos y su proyecto de otorgarle un rol central a la ficha biotipológica, utilizando y tratando de imponer sus propios instrumentos como elementos fundamentales para lograr los objetivos planteados.

Por todo lo antes dicho, no es posible seguir sosteniendo la idea de que lo que se da en el período, o más aún, lo que tenemos extendiéndose a lo largo del siglo XX en la historia argentina, es una suerte de conspiración de médicos influenciados por la figura del biotipólogo fascista Nicola Pende, con el objeto de poner a la medicina al servicio de un estado totalitario. Pero además, como se ha visto, en ocasiones, el fichado biotipológico contribuyó a la implementación de medidas terapéuticas. Así, el rol de la biotipología en el programa eugenésico no puede ser caracterizado, solamente, por sus ribetes negativos. Debe ser ponderando también, su carácter de instrumento de diagnóstico para la implementación de prácticas de cuidado y prevención mediante las cuales, los eugenistas se preocuparon por el bienestar de la población, haciendo explícita dicha preocupación en diversos artículos publicados en Anales.

En consecuencia, sería necesario revisar la capacidad explicativa de constructos teóricos como “coercitividad disimulada” o “eugenesia latina”. Porque el análisis de los documentos da cuenta de que los eugenistas de la AABEMS fueron muy explícitos tanto cuando pretendieron avanzar con la puesta en marcha de tecnologías sociales ligadas al programa eugenésico, como también, para dar cuenta de que les preocupaban cuestiones como el cuidado de los niños y madres desamparadas y la curación de sus males, el tratamiento de la tuberculosis y enfermedades venéreas, etc. Es más, podría afirmarse que el desarrollo de instrumentos para llevar a cabo un seguimiento y diagnóstico de la población y la constante preocupación de parte de los eugenistas de la AABEMS, entre otros actores, por la higiene y el cuidado de los ciudadanos contribuyeron a afirmar la toma de conciencia de la importancia de instrumentar una política sanitaria. Su impronta en las acciones tomadas en la década del 40 es notoria y debe tenerse en cuenta para el desarrollo de futuros abordajes a la cuestión.

Para ampliar, profundizar o encontrar otras miradas sobre la temática recomiendo la siguiente bibliografía:

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Vallejo, G., Miranda, M., (2007), Políticas del cuerpo. Estrategias de normalización del individuo y la sociedad, Buenos Aires: Siglo XXI.





[1] Y si el lector lo desea puede profundizar sobre estas cuestiones consultando Gómez Di Vincenzo, J. A., (2013), “Biotipificar al soberano” Biotipología, psicotecnia, educación y prescripción de roles sociales en Argentina (1930 – 1943). Buenos Aires: Editorial Rhesis.