La Persistencia de la Memoria

La Persistencia de la Memoria
Salvador Dalí

miércoles, 2 de octubre de 2013

Del engañoso mundo de la experiencia y la traición de los sentidos a la razón como camino al conocimiento legítimo



Por José Antonio Gómez Di Vincenzo

Galileo había distinguido con suma claridad aquello que en el mundo era mutable, relativo, subjetivo y sensible de lo que era absoluto, objetivo, inmutable y matemático. Lo primero es ilusión, lo segundo, divino y humano. Las cualidades reales de las cosas son las primarias: el número, la figura, la magnitud, posición y movimiento. Estas cualidades pueden expresarse matemáticamente, pueden abordarse gracias a la razón. Por su parte, las denominadas cualidades secundarias son, siempre desde la mirada galileana, subjetivas. De allí concluyó el gran astrónomo que para conseguir el conocimiento legítimo de las cosas sea necesario matematizar el mundo de los objetos sensibles.
Galileo siguió de cerca la posición platónica de la división entre lo cambiante del reino sensible y lo inmutable del mundo de las ideas, heredando, también, la perspectiva atomista, considerando que la materia se resuelve en átomos indivisibles e infinitamente pequeños. Creyó que los elementos confusos propios de la imagen sensible del mundo natural resultaban como efecto de los sentidos mismos. Por lo tanto, la experiencia poseía rasgos confusos tras haber pasado a través de los sentidos humanos. Lo real era ofrecido a la mente gracias al abordaje de las cualidades primarias. En resumen: el conocimiento falaz del mundo (pensar que la Tierra no se mueve y ocupa el centro del cosmos) se da porque el abordaje de los hechos está mediado por los sentidos y ocurre un engaño propio del acceso a las cualidades secundarias. El calor de un cuerpo es mera ilusión y no una cualidad verdadera que se encuentra realmente presente en el objeto caliente. Calor, color, gusto de las cosas son simples nombres, cualidades secundarias de las cosas.
El atomismo permitió a Galileo mostrar como todas las cualidades secundarias que perturban nuestro acceso a un conocimiento legítimo del universo se dan por obra del movimiento y el obrar sobre los sentidos de los átomos que constituyen la materia y que sólo poseen cualidades primarias.[1]
Toda esta extensa introducción acerca del tratamiento que Galileo da a la distinción entre cualidades primarias y secundarias cumple el propósito de acercar al lector tal distinción y mostrar cómo el astrónomo italiano influenció en el pensamiento moderno.
Al introducir la distinción entre las cualidades y sugerir que la verdadera interpretación de la naturaleza debía ser matemática, Galileo marca una clara diferencia entre reino primario y reino secundario. La vida del hombre está hecha de sensaciones, colores, sonidos, aromas. Lo único común entre el mundo real de las cualidades primarias y el mundo cambiante y engañoso de los hombres era su capacidad de descubrir el primero por la matematización de la naturaleza. El hombre es concebido pues como un haz de cualidades secundarias que puede acceder a lo real si utiliza la razón. Deviene así en mero observador e intérprete del gran sistema matemático que constituye la sustancia de la realidad. Esto anticipa el dualismo cartesiano, el reino de lo matemático y el reino humano.
En una próxima entrada reseñaremos cómo retoma Descartes este pensamiento para terminar de cerrar el círculo racionalista. En efecto, en Galileo la imbricación entre matematización y experimentalismo habían dejado a los sentidos en una posición poco clara. Los sentidos nos permiten comprobar aquello que se da como resultado del uso de la razón y  sin embargo, ellos nos engañan mostrándonos propiedades secundarias de las cosas, propiedades tramposas, engañosas. Por demás, en ciertos casos es fundamental rechazar el dictado de los sentidos, cuestión fácilmente constatable al hacer astronomía: según los sentidos, la Tierra permanece inmóvil en el centro de todo. Lo que Descartes buscará responder, entonces, es qué lugar deben ocupar los sentidos y cómo ordenar las cualidades secundarias.


[1] Sobre el atomismo en Galileo hay todo una biblioteca de debates que no podemos reproducir aquí por una cuestión de espacio. Lo cierto es que dicho atomismo no jugó un papel central en su obra. Para ampliar el lector puede consultar el clásico texto de Lövenheim, Der Einfluss Demokrits auf Galilei, un clásico de 1894.

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