La Persistencia de la Memoria

La Persistencia de la Memoria
Salvador Dalí

domingo, 15 de julio de 2012

Apuntes sobre las Notas críticas al “Ensayo Popular de Sociología” elaboradas por Antonio Gramsci. (Onceava y última parte)


Gramsci finaliza las críticas al Ensayo Popular de Bujarin tratando tres temas para nada menores: el del paso de la cantidad y a la cualidad, el de la teleología y el tratamiento sobre el arte en el manual. A continuación, veremos una reseña del tratamiento que el marxista italiano da a dichas custiones.
En relación al problema del paso de la cantidad a la cualidad, la distancia que existe entre el conjunto de individuos y el todo social, Gramsci va a decir que en el manual la cuestión se insinúa mediante la apelación a proposiciones o fórmulas tales como “que toda sociedad es algo más que la simple suma de sus componentes individuales” cosa que es cierta pero que merece ser explicada. (p. 58) Cuando se dan ejemplos empíricos se cae en una suerte de confusión barroca. Se dice, por ejemplo, que diez individuos constituyen una decena o que cien vacas juntas, un rebaño. Gramsci sostiene que de este modo un complejo problema se convierte en una simple cuestión de palabras. Por cierto, cabe agregar que no se está actuando dialécticamente sino mediante el uso de una lógica formal, definiendo conjuntos por extensión o comprensión.
Como quiera que sea, Gramsci va a sostener que la explicación teórico-práctica más concreta del problema se encuentra en el primer volumen de El Capital. Allí, Marx demuestra que en la producción fabril existe un plus que no se puede atribuir al trabajador individual sino al hombre como ser social. La sociedad se basa “en división del trabajo y en las funciones y, por consiguiente, vale más que la suma de sus componentes”. (p. 58)
En el texto de Bujarin, la ley hegeliana del paso de la cantidad a la cualidad es uno de los temas que no se desarrollan en profundidad contentándose el autor con el empleo de ejemplos mecánicos propios de las ciencias naturales. En la filosofía de la praxis, a diferencia de lo que ocurre en las ciencias naturales donde las leyes que explican los fenómenos se abstraen de la naturaleza metafóricamente (en el sentido que se plasman como modelos explicativos introducidos por el científico sin la pretensión de que dichas leyes estén en la realidad), la cualidad siempre está vinculada con la cantidad. Es de notar que el idealismo hegeliano lo que hace es reconocer este algo más, la cualidad, hipostasiándola en un ente en sí mismo, el espíritu absoluto del mismo modo que la religión lo había hecho con la divinidad. El materialismo vulgar, aún pretendiendo diferenciarse de sus oponentes idealistas incurre en el mismo tipo de errores, hipostasiando o divinizando las leyes que los mismos científicos producen.
En los idealistas contemporáneos a Gramsci, la idea de Estado parece seguir un derrotero similar al convertirse éste en algo superior a los individuos. Para mostrar lo descabellado del asunto, Gramsci apela a una analogía tomada de una historia del “Novellino”:
“El sabio Saladino dirime la disputa entre el vendedor de asados que quiere que le paguen el uso de las emanaciones aromáticas de sus manjares y el mendigo que no quiere pagar: Saladino ordena que se pague con el retintín de las monedas y dice al vendedor que se embolse el sonido, dado que el mendigo ha comido efluvios aromáticos.” (p. 59)
En el Ensayo Popular se hace una historia de la filosofía muy trivial en la que se trata a las doctrinas del pasado de un modo que el lector llega a pensar que “toda la cultura pasada ha sido una fantasmagoría de bacantes en delirio”. (p. 59) Gramsci considera que es muy fácil dar la impresión de que se ha superado una posición filosófica rebajándola o convirtiéndola en algo que dicha posición no es. Cuando se presenta la cuestión de la teleología se incurre en un tratamiento vulgar y trivial olvidando cómo autores de la talla de Kant trataron el tema y no viendo que el mismo manual está impregnado de cierta teleología inconsciente.
En el manual, Bujarin sostiene que en los trabajos sobre estética recientes (principios del siglo XX) se afirma la identidad entre la forma y el contenido, una cuestión que estaba siendo debatida por entonces. Gramsci va a decir que “esto se puede considerar como uno de los ejemplos más visibles de incapacidad crítica en el establecimiento de la historia de los conceptos y en la identificación del significado real de los conceptos mismos según las diversas teorías”. (p. 60) En realidad contenido y forma no tienen el significado que el manual de Bujarin supone.
“Que la forma y el contenido se identifiquen significa que en el arte el contenido no es el sujeto abstracto, es decir, la intriga novelesca y la masa particular de los sentimientos genérico, sino el arte mismo, una categoría filosófica, un momento distinto del espíritu, etc. Por consiguiente, la forma tampoco significa técnica, como supone el Ensayo.” (p. 60)

domingo, 1 de julio de 2012

Apuntes sobre las Notas críticas al “Ensayo Popular de Sociología” elaboradas por Antonio Gramsci. (Décima parte)



En esta entrada, la décima referida a las críticas de Gramsci al Ensayo Popular de Bujarin, veremos el rol que para el marxista italiano juega o debería jugar el concepto de “ortodoxia” en el materialismo histórico y haremos referencia, muy brevemente, al uso del de “materia”.
Según Gramsci, el concepto de ortodoxia debe renovarse y volverse a referir a sus fuentes originales. En vez de buscarse la ortodoxia en tal o cual marxista o en tal o cual tendencia ligadas a corrientes extrañas al materialismo histórico , ésta debe sondearse “en el concepto fundamental de que la filosofía de la praxis se basta a sí misma, contiene en sí misma todos los elementos fundamentales para construir no sólo una concepción del mundo total e integral, una filosofía y una teoría totales de las ciencias naturales, sino también para vivificar una organización práctica integral de la sociedad”. (p. 51)
Así, “ortodoxia” se asocia mejor al concepto de “revolucionario” que al de “conservadurismo dogmático”. Para Gramsci, una teoría es revolucionaria si permite una separación y distinción consciente de dos campos, siendo inaccesible para un adversario. Si se considera que la filosofía de la praxis (recordemos que con estas palabras Gramsci designaba al materialismo histórico) no es autónoma de otras filosofías o religiones tradicionales no se ha roto entonces los lazos con el viejo mundo o se ha capitulado. La filosofía de la praxis no necesita apoyos externos.
Gramsci sostiene que en el manual de Bujarin, la filosofía de la praxis queda subordinada al materialismo vulgar del mismo modo que otros intelectuales la subordinan al idealismo clásico. Para el marxista italiano el error se da porque se confunde la cultura filosófica personal de Marx con los orígenes y las partes constitutivas de la filosofía de la praxis. Si bien el estudio de la cultura filosófica de Marx es interesante no debe olvidarse que dicho estudio forma parte de la reconstrucción de su biografía intelectual en los que elementos del spinozismo, feuerbachismo, hegelianismo y demás no son esenciales de su propia posición filosófica ni el materialismo histórico puede reducirse a aquellas influencias. En palabras de Gramsci: “La filosofía de la praxis no se confunde con, ni se reduce a ninguna otra filosofía: no sólo es original, por cuanto supera las filosofías precedentes, sino especialmente por cuanto abre una vía completamente nueva, es decir, renueva totalmente el modo de concebir la filosofía misma”. (p. 53)
Según el marxista italiano, a la hora de evaluar la filosofía de la praxis, debe cargarse las tintas en el término histórico más que en materialismo. “La filosofía de la praxis es el historicismo absoluto, la mundanización y la terrenalidad absoluta del pensamiento, un humanismo absoluto de la historia.” Es por este camino que debe profundizarse en el materialismo histórico. (p. 54)
A continuación, Gramsci trata de entender cómo se utiliza el término “materia” en el Ensayo Popular. Se preocupa por la falta de rigurosidad a la hora de precisar el término. Resulta claro que en el materialismo histórico, materia no debe entenderse como se entiende en las ciencias naturales ni en el sentido que utiliza el término la metafísica materialista clásica. Desde la mirada tradicional las propiedades de la materia son consideradas sólo en la medida en que se convierten en un producto económico. Por el contrario, la materia debe considerarse como un producto social e histórico. La ciencia natural es un producto histórico también, una relación humana. En efecto, las propiedades que la ciencia ve en la materia van apareciendo y cambiando según los requerimientos del proceso de producción y del tipo de relaciones sociales históricamente dadas. En este sentido, es más preciso hablar de creaciones humanas que de descubrimientos de propiedades preexistentes en la materia. Las propiedades mecánicas del vapor no preexistieron a la máquina de vapor. A partir de la praxis históricamente determinada fue que por ejemplo, la electricidad pasó de ser una fuerza natural abstracta a convertirse en una fuerza productiva  y a operar en la historia.
“En realidad, la filosofía de la praxis no estudia una máquina para conocer y establecer la estructura atómica de su material, las propiedades físico-químico-mecánicas de sus componentes naturales (objeto de estudio de las ciencias exactas y de la tecnología) sino que loa estudia como momento de las fuerzas materiales de producción, como objeto de propiedad de determinadas fuerzas sociales, como expresión de una relación social que corresponde a un determinado período histórico.” (p. 55)
Gramsci utiliza para la crítica el ejemplo de cómo se da tratamiento a la física atómica en el Ensayo Popular. Allí, Bujarin sostiene que la nueva teoría atómica destruye el individualismo. Según el marxista italiano proceder argumentalmente de ese modo lleva a un “idealismo abstracto”. Gramsci se pregunta cómo es que la realidad atómica no ha operado siempre aún durante el auge del individualismo y en cambio tuvo que esperar a que los hombres descubran las leyes y teorías del átomo para ejercer su influencia destructora. Cabría sostener que los hombres se dejan influenciar u obedecen las leyes naturales que conocen como se muestran  sumisos frente a las sancionadas por el parlamento y publicadas en el boletín oficial. Cualquier ignorante de las leyes de gravitación estaría a salvo si tomara la decisión de tirarse de un décimo piso.
En rigor, según Gramsci, “este no es más que uno de tantos elementos del Ensayo popular  que demuestran la superficialidad del planteamiento del problema de la filosofía de la praxis y que demuestran también que no se ha sabido dar a esta concepción del mundo su autonomía científica y la posición que le corresponde frente a las ciencias naturales o, peor aún, ante el vago concepto de ciencia en general propio de la concepción vulgar del pueblo”. (p. 57)
Ahora bien, hay algo más aun… ¿Cómo es posible que una ley natural que por su propio carácter es inmutable como reflejo de una realidad natural de cuenta de aquello que sucede en la sociedad humana históricamente cambiante? Parece que lo que Bujarin pretende es que o bien las revoluciones sociales tales como el paso del corporativismo medieval al individualismo capitalista son anticientíficas o abortos de la naturaleza. En la historia natural opera una lógica diferente que en la historia de las sociedades humanas. La historia de las sociedades deber abordarse dialécticamente. No es la teoría atómica, ni ninguna teoría científica, la que explica la historia humana sino precisamente al revés, es la historia la que condiciona las teorías científicas.