La Persistencia de la Memoria

La Persistencia de la Memoria
Salvador Dalí

jueves, 14 de junio de 2012

Apuntes sobre las Notas críticas al “Ensayo Popular de Sociología” elaboradas por Antonio Gramsci. (Novena parte)



Por José Antonio Gómez Di Vincenzo

En esta oportunidad nos concentraremos en el análisis del tratamiento que Gramsci da a dos cuestiones relacionadas con el desarrollo científico-tecnológico: ciencia e instrumentos científicos y el instrumento técnico.
Gramsci va a cuestionar  la relación fuerte, “como causa y efecto”, entre el desarrollo de los instrumentos científicos y el progreso de la ciencia que Bujarin postula en el Ensayo Popular. Sostiene que esto se da como consecuencia lógica del modo en que en el manual se concibe la función del “instrumento de producción y de trabajo”. Dicho fundamento parte de la concepción loriana que sustituyó arbitrariamente la expresión “fuerzas productivas” o “relaciones de producción” por “instrumento técnico”.
Achille Loria (1857 – 1943) es considerado el gran teórico del socialismo agrario. El economista y sociólogo italiano estudió el problema de la distribución de la riqueza y el de la propiedad de la tierra. Loria fue uno de los mayores divulgadores de la obra marxiana en Italia. Sin embargo, como señala Gramsci, Loria incurría en un grave error a reducir toda la densidad de categorías tales como “fuerza productiva” y “relaciones sociales” a “instrumento técnico”. En su perspectiva de desvanece la compleja serie de entramados y relaciones entre las primeras dos categorías al dejar de lado el análisis dialéctico.
Como sea, Gramsci, siempre rápido y perspicaz a la hora de plantear cuestionamientos, se pregunta: “Si la historia de las ciencias puede reducirse, como afirma el Ensayo, a la historia de sus instrumentos particulares, ¿cómo se podrá construir una historia de la geología?” Ciencia que como sabemos, desde que nace, emplea siempre el mismo instrumento: el martillo. Los progresos técnicos del matillo son incomparables con los de la geología. (p. 46 y ss.)
Según el marxista italiano la historia de las ciencias no se puede documentar materialmente a partir de los desarrollos de los instrumentos de los que las mismas se valieron ni de los desarrollos de las máquinas que han surgido como aplicación del conocimiento científico porque los principales instrumentos del progreso científico son de orden intelectual e incluso político. Ahora bien, estos instrumentos intelectuales son históricos y socialmente construidos. Gramsci pone el ejemplo del descubrimiento del origen de los manantiales; descubrimiento que se da entrada la modernidad, en la época de la Enciclopedia, y gracias a la expulsión de los fundamentos teológicos y de la filosofía de Aristóteles del campo científico.
Por otra parte, Gramsci señala que si fuera cierta la tesis propuesta en el Ensayo Popular, no existiría ninguna diferencia entre la historia de la ciencia y la historia de la tecnología. Por cierto, existen y varias. Sobre todo meta-históricas que no podemos desarrollar aquí. Por demás, la tesis se desploma cuando consideramos, por ejemplo, casos como el de la matemática cuyo desarrollo no demanda de ningún instrumento técnico pero que se convierte, sobre todo a partir de la modernidad, en instrumento para el resto de las disciplinas.
Por demás, en el manual de Bujarin, existe una errónea concepción del instrumento técnico. Como decíamos ello se relaciona con la influencia de las tesis lorianas. Efectivamente, Loria reinterpreta el famoso Prólogo de 1859 de la siguiente manera:
“A un determinado estadio del instrumento productivo corresponde, y sobre él se erige, un determinado sistema de producción y, por tanto, de relaciones económicas, las cuales forjan todo el modo de ser de la sociedad. Pero la incesante evolución de los métodos productivos genera tarde o temprano una metamorfosis radical del instrumento técnico, el cual hace intolerable aquel sistema de producción y de economía, basada en el estadio anterior de la técnica. La forma económica envejecida es destruida entonces mediante una revolución social y es reemplazada por una forma económica superior, correspondiente a la nueva fase del instrumento productivo”. (Loria en La terra e il sistema sociale)
De este modo, Loria pasa de un reduccionismo economicista a un reduccionismo y determinismo tecnológico. En efecto, por el contrario una buena lectura de las tesis marxianas indica que el instrumento técnico no es la única causa del cambio social. El desarrollo o progreso es condicionado por factores materiales pero dichos factores son múltiples y se relacionan dialécticamente. Según afirma Gramsci, citando a Croce, Marx nunca se propuso indagar causas últimas, “su filosofía no era tan barata. No había coqueteado en vano con la dialéctica de Hegel para buscar después las causas últimas”. (p. 49)
En líneas generales, Gramsci reprocha a Bujarin el hecho de que en el Ensayo Popular no esté precisado el concepto de estructura, de superestructura y no se comprende con claridad qué es el instrumento técnico. Este último concepto se concibe de un modo tan general que bien puede ser aplicado a un arnés, a los instrumentos musicales o a los tubos de ensayo. Así “partiendo de este modo de pensar barroco, se plantean una serie de cuestiones barrocas: por ejemplo, las bibliotecas, ¿son estructuras o superestructuras? ¿Y los gabinetes experimentales de los científicos?” (p. 50)
Finalmente, Gramsci sentencia: “Es evidente que toda la teoría del instrumento técnico en el Ensayo no es más que un abracadabra (…) Todo esto es una desviación infantil de la filosofía de la praxis, determinada por la convicción barroca de que cuanto más se recurre a los objetos materiales más ortodoxo se es”. (p. 50)
En la que sería nuestra última entrada sobre las críticas al Ensayo Popular trataremos el tema del uso de los conceptos de ortodoxia, materia y cantidad y cualidad.

sábado, 2 de junio de 2012

Apuntes sobre las Notas críticas al “Ensayo Popular de Sociología” elaboradas por Antonio Gramsci. (Octava parte)


Por José Antonio Gómez Di Vincenzo

En esta ocasión nos concentraremos en el estudio del parágrafo titulado “cuestiones de nomeclatura y de contenido”. Aquí, Gramsci analiza la cuestión de los conceptos que utilizan los intelectuales para dar cuenta de sus posiciones filofóficas.
Gramsci introduce la idea de los “intelectuales como categoría social cristalizada” la que define como aquella pléyade de intelectuales que “se concibe a sí misma como una continuidad ininterrumpida en la historia y, por tanto, independiente de la lucha de los grupos, y no como expresión de un proceso dialéctico por el cual todo grupo social dominante elabora su propia categoría de intelectuales”. (p. 42) Sostiene que una de las principales características de este tipo de intelectuales es la de vincularse ideológicamente con los intelectuales que los precedieron históricamente mediante el uso de las mismas categorías conceptuales o como él las llama “nomeclatura de conceptos”. No habría pues, producción de nuevos conceptos.
Gramsci va a sostener que cada nueva superestructura presenta, como “abanderados especializados”, a un nuevo grupo de intelectuales que deben, por ser precisamente representantes surgidos de una nueva situación estructural, forjar sus propias categorías conceptuales. De no ser así, si los aparentes nuevos intelectuales se presentan como una continuidad de la “intelligentsia” anterior, lo que tenemos es un “residuo conservador y fosilizado del grupo social históricamente superado” y no nuevos intelectuales capaces de interpretar la nueva situación histórica.
A continuación, el marxista italiano, introduce un análisis más que interesante. Dice que “ninguna situación histórica nueva aunque haya sido provocada por el cambio más radical, transforma completamente el lenguaje, por lo menos en su aspecto externo, formal.” (p. 42) Se trata de una idea central. Por más revolución que se haga, existen cuestiones simbólicas que se resisten al cambio y que deben tenerse en cuenta para profundizar los cambios, para ir a fondo con las transformaciones. Por demás, sostiene Gramsci, la cuestión es sumamente compleja porque no podemos hablar de una cultura sino de varias y también, de distintos aspectos de la cultura misma. Gramsci introduce un ejemplo:
“Una clase con estratos que permanecen todavía en la concepción ptolemaica del mundo puede ser, sin embargo, la representante de una situación histórica muy avanzada; estos estratos están ideológicamente atrasados (por lo menos en algunos aspectos de la concepción del mundo, que todavía es en ellos disgregada e ingenua) pero están avanzadísimos en la práctica, es decir, como función económica y política”. (p 42 y ss.)
Con esto queda desbaratada la idea de que la historia debe ser impulsada hacia adelante por algunos iluminados.  Dicho de otro modo, se puede ser un intelectual brillante y no sentir para nada lo que un grupo social nuevo siente. El intelectual cristalizado representa a dicho pensador. Es conservador y reaccionario frente a la novedad. En cambio, una persona sin la formación intelectual de elite puede sentir junto al grupo social nuevo que es distinto a lo precedente desde el punto de vista histórico y en vez de vincularse al pasado y reproducir en el plano de las ideas aquellos componentes superestructurales propios de la etapa pasada, crear nuevos conceptos para adaptar la cultura a la función práctica.
Esto no quiere decir que deba rechazarse la herencia del pasado. Existen “valores instrumentales”, cuestiones que pueden ser resignificadas, reelaboradas. Esto implica todo un desafío intelectual porque es necesario un estudio muy fino de qué concepto puede convertirse en valor instrumental y que no. Gramsci pone los ejemplos del concepto “materialismo” que ha sido tomado con el contenido que tenía en el pasado y del concepto de “inmanencia” que ha sido rechazado de plano, como datos de un proceder que se queda a medio camino. La cuestión sería más compleja. Ni rechazar de plano, no tomar tal cual, reconceptualizar.
El italiano se preocupa por el rechazo que pueda, y de hecho le cupo, a ciertas categorías pasadas que podían haberse convertido en valores instrumentales mediante un ajuste del significado útil para expresar el nuevo contenido histórico. Y a continuación, introduce la crítica a la posición de Bujarin y la ortodoxia:
“La dificultad de adecuar la expresión literaria al contenida conceptual y la confusión de las cuestiones de terminología con las cuestiones sustanciales y viceversa son rasgos característicos del diletantismo filosófico, de la carencia de sentido histórico en la captación de los diversos momentos de un proceso de desarrollo cultural, es decir, son los rasgos característicos de una concepción antidialéctica, dogmática, prisionera de los esquemas abstractos de la lógica formal”. (p. 43)
Gramsci pasa entonces a analizar cómo el concepto “materialismo” es utilizado según sea conveniente a los fines políticos modificando su contenido. En efecto, puede expresar toda filosofía que excluya la trascendencia o a toda filosofía que excluya el espiritualismo en política. La verdadera preocupación del marxista italiano se vincula con el uso que se da al término en el materialismo histórico; o mejor dicho, la recaída en un materialismo vulgar que es propia del pensamiento dogmático que se plasma en el manual de Bujarin. La cuestión central es que ninguna nueva filosofía puede coincidir con ninguno de los sistemas del pasado y “la identidad de los términos no significa identidad conceptos”. De lo que se trata es de emprender una actividad crítica para resolver los problemas pasados elaborando nuevas categorías conceptuales. Esto es lo que no sucede cuando se recae en el uso del concepto “materialismo” tal como lo hacía la “intelligentsia” precedente.
Suele pensarse, aún desde dentro de las filas del marxismo, que el materialismo histórico no es más que un materialismo tradicional “ligeramente revisado y corregido” mediante la introducción de la dialéctica; dialéctica que asume un rol instrumental, gnoseológico, tal cual lo hace la lógica formal para las ciencias naturales. Es fundamental estudiar el contenido cultural de los conceptos porque como dice Gramsci “bajo los mismo sombreros pueden cobijarse distintas cabezas”. (p. 46) Por último, agrega que el mismísimo Marx nunca llamó materialista a su concepción ni habló de dialéctica materialista sino que utilizó la fórmula de “racional” que según el marxista italiano es un significado más preciso. (p. 46)
Una cuestión más, casi al pasar. Con estos argumentos y elaboraciones conceptuales Gramsci, en alguna medida, está abordando muchas problemáticas también tratadas al interior de la filosofía y la historia de la ciencia y en las ciencias sociales en general. En efecto, el marxista italiano nos está diciendo, nada más y nada menos, que con las transformaciones que se dan por el cambio de bloque histórico es necesario introducir nuevas categorías conceptuales y que las mismas surgen de modos distintos de pensar y hacer. Tal como el átomo de los atomistas griegos no es el mismo átomo de Niels Bohr, el materialismo de los pensadores medievales no sería el mismo que el materialismo para el positivismo, etc. Se abren pues una serie de líneas para seguir indagando. Cuestiones tales como la convivencia de categoría nuevas con perimidas en el mismo momento histórico, pensar desde dónde es posible la reconceptualización, si es necesario que esta vaya acompañada de una revolución al estilo de las kuhneanas revoluciones científicas o no y una infinidad de problemas que escapan a los límites de este trabajo.
En la próxima entrada analizaremos cómo aborda Gramsci cuestiones tales como la ciencia y la técnica y su tratamiento en el Ensayo Popular.