La Persistencia de la Memoria

La Persistencia de la Memoria
Salvador Dalí

lunes, 14 de mayo de 2012

Apuntes sobre las Notas críticas al “Ensayo Popular de Sociología” elaboradas por Antonio Gramsci. (Séptima parte)


Por José Antonio Gómez Di Vincenzo

En esta oportunidad trataremos el modo en el que Gramsci se encarga de analizar cómo se toman como objeto las filosofías del pasado para la crítica en el Ensayo Popular y en particular, cómo se tratan conceptos filosóficos como el de inmanencia.
Gramsci sostiene que Bujarin en su manual trata toda la filosofía del pasado como un “delirio y una locura”. Esto, para el marxista italiano, constituye un grosero error, una antihistoricismo y un residuo de metafísica. Porque supone que existe un pensamiento dogmático que trasciende las épocas y que sirve de molde a partir del cual juzgar todos los sistemas filosóficos pasados. En síntesis, el antihistoricismo es una posición metafísica. El hecho de que los sistemas filosóficos pasados hayan sido superados no constituye en sí una prueba de que no hayan sido válidos en su contexto histórico. Ellos han cumplido una misión en su época. Su desbaratamiento debe ser leído en términos dialécticos e históricos. El hecho de que hayan desaparecido no puede leerse desde un juicio moral o una cuestión de “higiene de pensamiento” o perfeccionamiento del saber producido desde cierta objetividad o neutralidad.
En el Ensayo Popular se incurre en el mismo error que en toda la historiografía que juzga el pasado como “irracional y monstruoso”. Esta perspectiva, según Gramsci, no tiene ningún valor pedagógico ni puede ser tomada como eje para la formación de los militantes desde la filosofía de la praxis. En definitiva, no puede sostenerse que se es algo verdadero o válido por el sólo hecho de ser contemporáneo, por haber nacido en la época actual y no pertenecer al pasado. “Toda época ha sido un pasado y una contemporaneidad y el ser ‘contemporáneo’ sólo es un buen título para los chistes” (p. 39)
A continuación, Gramsci dice que en el Ensayo Popular se argumenta que se utiliza el término “inmanencia e inmanente” en sentido metafórico pero que nunca se da cuenta de qué significan esos conceptos desde el punto de vista metafórico precisamente
Según el marxista italiano todo el lenguaje es un ámbito en el que pueden encontrarse conceptos residuales que en el pasado tenían otros sentidos y metáforas de todo tipo. Gramsci pone como ejemplo el uso del término “desastre” muy propio de la astrología y hoy utilizado sin hacer referencia específicamente a creencias de tipo astrológico. El gran problema es que el término inmanencia tiene para el materialismo histórico un significado preciso que se oculta detrás de la metáfora y ese significado es el que no se explica en el Ensayo Popular. Para Gramsci, la filosofía de la praxis continúa y depura la filosofía de la inmanencia de todo constructo metafísico situándola en lo concreto de la historia.
Dicho esto, Gramsci dedica un espacio al tratamiento de las metáforas y el uso del lenguaje. Sostiene que el lenguaje “es metafórico respecto a los significados y al contenido ideológico que las palabras han tenido en los períodos anteriores de la civilización”. (p. 40) Gramsci marca un recorte en el sentido que no quiere que todo el lenguaje caiga dentro de la categoría de metáfora. En efecto, sostiene que tal vez no lo sea respecto a los objetos materiales o sensibles. Gramsci no quiere caer en el subjetivismo ni en una forma de relativismo. Al contrario, pretende mantener una verdad basada en la correspondencia entre lo pensado, lo dicho y la realidad, sobre todo para cuando el lenguaje se utiliza como discurso en relación con los hechos.
Gramsci cita el famoso tratado de Michel Breals para dar cuenta de cómo se dan las mutaciones semánticas en determinados grupos de palabras. Un estudio elaborado desde una mirada historicista y crítica. El marxista italiano da cuenta de los peligros que se corren si se pierden de vista ambas posturas. Uno consiste en considerar bello o bellas en sí ciertas palabras descontextualizadas en las que se ven ciertas notas esenciales.  Otro error que se desprende de la pérdida de consideración del contexto es aquel en el que cae, por ejemplo, el empirismo lógico al sostener que es posible un lenguaje unificado para las ciencias o cualquier punto de vista que mantenga una postura por el estilo en relación a la utopía de lenguas fijas y universales. Por demás, y también común a la posición del empirismo lógico en este aspecto, otro peligro tiene que ver con asumir una perspectiva como la sostenida por Pareto y los pragmatistas en relación  al tema del “lenguaje como causa de error”. (p. 41) Estos intelectuales reaccionan ante el mal uso de las palabras. Consideran que no puede seguir utilizándose nuevos términos que han adquirido dentro de su corriente un nuevo significado particular y específico con sentidos antiguos si se quiere emprender un estudio científico de la realidad. Así, militan por el uso de un diccionario propio. En rigor, los pragmatistas sostienen abstractamente que el lenguaje es causa de error.
Gramsci contrapone su posición a los puntos de vista analizados y sostiene que el lenguaje lejos de ser inmutable, de tener características esenciales, de ser ahistórico y fósil, posee la capacidad de transformarse al transformarse la civilización.
“El lenguaje se transforma al transformarse toda la civilización, al entrar nuevas clases de palabras en la cultura, al envejecer una lengua nacional la hegemonía sobre las otras, etc. y asume metafóricamente las palabras de las civilizaciones y de las culturas precedentes. Nadie piensa hoy que la palabra ‘des-astre’ está ligada a la astrología; nadie se considera inducido a error sobre las opiniones del que la usa. (…) Es probable, por ejemplo, que muchas personas sólo conozcan, comprendan y utilicen por primera vez el término de inmanencia con el nuevo significado ‘metafísico’ que le ha dado la filosofía de la praxis” (p. 41)
En el próximo encuentro nos concentraremos en las cuestiones de nomeclatura de conceptos y de contenido.

martes, 1 de mayo de 2012

Apuntes sobre las Notas críticas al “Ensayo Popular de Sociología” elaboradas por Antonio Gramsci. (Sexta parte)



Por José Antonio Gómez Di Vincenzo
Tal como habíamos anticipado en nuestra última entrada, en esta oportunidad, veremos cómo Gramsci elabora una crítica despiadada al modo en que en el Ensayo Popular se trata el tema de la “realidad del mundo exterior”.
Desde la primera proposición, Gramsci deja sentado su desacuerdo con el modo en que se plantea el tema. “Toda la polémica contra la concepción subjetivista de la realidad, con la ‘terrible’ cuestión de la ‘realidad objetiva del mundo exterior’ se plantea mal, se lleva peor y es en gran parte fútil y ociosa.” (p. 31) Para Gramsci tanto el desarrollo del problema en el manual como en la ponencia que Bujarin realizara en el II Congreso Internacional de Historia de la Ciencia y la Tecnología de Londres, responde más a un “prurito de pedantería intelectual” que a una necesidad lógica a la hora de explicar o dar cuenta de los principales problemas del materialismo histórico. Pero más que nada, la cosa es futíl, de poca importancia, por el hecho de que ninguna persona común anda por la vida preguntándose sobre la existencia o no del mundo externo, para el lego éste es real y ya. Dicho de otro modo, desde el sentido común se cree en la objetividad del mundo exterior.
Gramsci sostiene que dicha creencia tiene su origen en la religión. Como enseñan las religiones, precisamente, el mundo, la naturaleza, el cosmos, fueron creados por dios antes de la creación del ser humano. Por lo tanto, el hombre ya encontró el mundo creado. Esta creencia ha trascendido la religión y se ha incorporado al sentido común estando presente aún cuando el sentimiento religioso ha desaparecido. Criticar el subjetivismo desde este lado implica un peligroso retorno al sentimiento cuasi-religioso. Gramsci sostiene que incluso la iglesia católica[1] en pos de criticar las posiciones idealistas subjetivistas hace uso de una crítica similar. En realidad, el subjetivismo, que Bujarin insinúa tiene un origen religioso por haber sido expuesto por el arzobispo Berkeley su primer gran exponente leyendo una relación lineal entre la función del intelectual y su obra, más que una concepción religiosa, es una forma de pensar que se encuentra lejos del dogma y es criticado por el dogma.
“El reproche que debe hacerse al Ensayo Popular es haber presentado la concepción subjetivista tal como aparece según la crítica del sentido común y haber elegido la concepción de la realidad objetiva del mundo exterior en su forma más trivial y acrítica, sin sospechar siquiera que se puede hacer a ésta la objeción de caer en el misticismo, como efectivamente se ha hecho.” (p. 34)
Para el marxista italiano el eje de la cuestión pasa por otro lado. Más bien lo que habría que preguntarse es cómo puede ser que en el sentido común la pregunta por la realidad del mundo exterior cause más que admiración por la reflexión filosófica, una carcajada o lisa y llanamente, la burla cruel. Para Gramsci, la cuestión muestra a las claras la distancia que existe entre el representante intelectual de la alta cultura y las masas populares y su saber cotidiano; del abismo que existe entre el lenguaje de la filosofía, “una suerte de jerga que produce el mismo efecto que el lenguaje de Arlequín” y el lenguaje popular. El filósofo de la praxis debe buscar el significado de esa burla, el por qué de la pregunta y la indagación de parte del intelectual y la risa de parte del lego. El subjetivismo, al sostener que el mundo es una creación del espíritu, no ve que el hombre como ser social sobre la base de las relaciones sociales de producción en pos del desarrollo de las fuerzas productivas elabora todo una súper-estructura ideológica relacionada dialécticamente con la base estructural.  La explicitación de esto de por sí anularía toda discusión sobre la inmortalidad del cangrejo o el sexo de los ángeles.
A continuación, Gramsci sostiene que no obstante lo expresado, el filósofo de la praxis debe hacerse cargo de la crítica al subjetivismo y al solipsismo apuntando a los más importantes exponentes de esta tradición a los cuales debe impugnar mediante el desarrollo de los principales aspectos de su filosofía de la praxis o al menos, tomar de su obra algunos aspectos parciales y los valores instrumentales si los hubiera. En realidad, Gramsci está pensando en Hegel. Para el marxista italiano, desde la filosofía de la praxis se debe demostrar que el subjetivismo ocupó un lugar importante en la historia de la filosofía como crítica a la filosofía de la trascendencia (aquí se rescata nuevamente el valor del hegelianismo) y la metafísica ingenua del materialismo filosófico.  
Por otro lado, hay que conceder que de algún modo los hombres creamos el mundo pero no como sostiene el subjetivismo sino por medio de la praxis. Para Gramsci y siguiendo en esto a Engels y por supuesto a Marx lo objetivo (del mundo exterior o de cualquier otra cosa) es lo humanamente objetivo, lo cual es equivalente a históricamente subjetivo. Lo objetivo significa, desde esta perspectiva, universal subjetivo.
“El hombre conoce objetivamente en la medida en que el conocimiento es real para todo el género humano; pero este proceso de unificación histórica se produce con la desaparición de las contradicciones que constituyen la condición de la formación de los grupos y del nacimiento de las ideologías no universales concretas, pero que el origen práctico de su sustancia hace inmediatamente caducas. Existe por tanto, una lucha por la objetividad (por librarse de las ideologías parciales y falaces) y esta lucha es la misma que se libra por la unificación cultural del género humano. Lo que los idealistas [podríamos decir hegelianos, JAGD] llaman espíritu no es un punto de partida sino un punto de llegada, el conjunto de las súper-estructuras en devenir hacia la unificación concreta y objetivamente universal y no ya un presupuesto unitario…” (p. 35)
Para Gramsci, la forma de conocimiento que más ha contribuido a unificar el “espíritu” a universalizarlo es la ciencia natural de su época. “Es la subjetividad más objetivada y universalizada concretamente”. (p. 35) En esto Gramsci es, por así decirlo, muy engelsciano. El experimento científico además de iniciar una revolución en las ciencias y marcar el paso de un modelo antiguo al modelo moderno de cientificidad es un hito en la relación del hombre con la naturaleza. El experimento científico marca el comienzo en la dialéctica hombre-naturaleza y es clave para comprender cómo se da la transformación de la misma para el desarrollo de las potencialidades humanas. “El científico-experimentador es también un obrero, no un pensador puro, y su pensar es controlado continuamente por l práctica y viceversa, hasta que se forma la unidad perfecta entre la teoría y la práctica” (p. 36); esto es la praxis.
En definitiva, sólo conocemos la realidad en relación con el hombre. Realidad fuera del hombre es igual a misticismo. Por demás debe siempre ponderarse el costado histórico. Por ejemplo, los puntos cardinales no existirían de no ser por el hombre, por las convenciones culturales, esto es histórico-sociales de los seres humanos. No tiene sentido pensar en la existencia de dos puntos en el espacio si no es por la necesidad que el hombre tiene de pensarlos, necesidad que es una necesidad práctica. Es más… “sin pensar en la existencia del hombre no se puede pensar que se piensa, no se puede pensar en general en ningún hecho o en ninguna relación que sólo existan cuando existe el hombre”. (p. 37)
No se puede comprender la filosofía de la praxis sin antes comprender que la verdad y la objetividad se dan en la práctica, sin comprender rigurosamente el concepto de praxis, sin comprender las diferencias que existen entre ella y el idealismo y materialismo clásicos, algo claramente expuesto por Marx en sus dos primeras Tesis sobre Feuerbach. “No es exacto que en la filosofía de la praxis la idea hegeliana haya sido sustituida por el concepto de estructura como afirma Croce [aquí Gramsci cuestiona la idea de la inversión de la filosofía de Hegel que llevaría a cabo Marx para elaborar el materialismo histórico, JAGD]La idea hegeliana se resuelve tanto en la estructura como en las súper-estructuras y todo el modo de concebir la filosofía ha sido historificado, es decir, se ha iniciado un nuevo modo de filosofía, más concreto e histórico. (p. 38)
En la próxima oportunidad nos encargaremos del juicio de las filosofías del pasado y de la relación entre la inmanencia y la filosofía de la praxis.


[1] Gramsci dice que  es el modo de proceder de los Jesuitas, los neo-escolásticos que intentaron absorber el positivismo utilizando un razonamiento como el que sigue: “Los idealistas son los que creen que este campanario existe solamente porque tu lo piensas; si tu no pensases, el campanario dejaría de existir”.