La Persistencia de la Memoria

La Persistencia de la Memoria
Salvador Dalí

domingo, 1 de enero de 2012

Sobrevolando Althusser (Cuarta parte)

Por José Antonio Gómez Di Vincenzo

Habíamos notado en la entrada anterior de esta saga que un punto había quedado pendiente. Es el relacionado con la manera en que ubica el francés la filosofía marxista (según él el Materialismo Dialéctico) en relación a la filosofía y la ciencia de la historia.

Según Althusser y en sintonía con sus conceptualizaciones previas, la fundación de la ciencia, el Materialismo Histórico, dispara la fundación de la filosofía, el Materialismo Dialéctico. En consecuencia, aquí también el francés ve un retraso de la filosofía respecto a la ciencia.

Althusser no ve que, en rigor, la ciencia que da pie al nacimiento de dicha filosofía surge como consecuencia de una exploración filosófica previa emprendida por Marx desde los Manuscritos de 1844, (sólo reconoce una ruptura a partir de las Tesis sobre Feuerbach) ni advierte que toda este desarrollo surge a partir de una demanda de tipo práctico-político. Como sostiene Sánchez Vázquez (1975) es sólo ignorando años de lucha inspirada en el marxismo, una praxis social en la que se da una dialéctica entre filosofía, ciencia y política, que el francés puede ver un retraso de la filosofía marxista.

Por otra parte, para el intelectual francés el marxismo no es una nueva filosofía, una filosofía de la praxis, sino una nueva práctica de la filosofía. Asi, el Materialismo Dialéctico lejos de romper con la filosofía tradicional continúa ejerciendo la misma función de guardián epistemológico que la filosofía realizara, pero esta vez, siendo liberadora respecto a las ciencias depurando la ideología y siendo funcional a la lucha proletaria. Entonces, para Althusser, si hay una revolución filosófica en Marx esta está dada por el hecho de transformar a la filosofía en una práctica y no en una filosofía de la praxis.

¿Pero en qué radica la novedad aportada por esta práctica de la filosofía? El intelectual francés no ve que al concebir la unidad entre teoría y práctica en la praxis, Marx realiza una revolución filosófica, una revolución en el estatuto mismo de la teoría, rompiendo así con la filosofía anterior, tanto en lo que hace a la tradición idealista como a la materialista que se habían limitado a interpretar el mundo y no a transformarlo. La revolución althusseriana es procedimental y no conceptual.

Althusser realiza un desplazamiento teoricista del límite en el cual opera la ruptura marxista respecto a la filosofía tradicional. Ve en 1845 una ruptura interna en Marx dada por el abandono de la filosofía hegeliana, la fundación de una nueva ciencia de la historia, una instauración de una nueva práctica filosófica que da pie a la construcción del Materialismo Dialéctico que aportará a la transformación del mundo cumpliendo el rol de perro guardián epistemológico.

Nuestro intelectual olvida nuevamente los condicionamientos de las prácticas sociales que impulsan el desarrollo de la nueva ciencia de la historia que a su vez requiere de un nuevo modo de pensar, una forma de concebir el mundo como objeto a ser transformado. La filosofía marxista que da sustento a la ciencia de la historia tiene a la praxis como objeto y teoriza en función de la praxis misma. Es preciso tener presenta que la praxis es la categoría central de la filosofía marxiana y que el genio de Tréveris nunca dejó de ser un hegeliano desde el punto de vista lógico recuperando una y otra vez la dialéctica.

El gran intríngulis a resolver para el bueno de Althusser entonces es: ¿filosofía de la praxis o nueva práctica filosófica? En rigor, una cosa remite a la otra lo cual hace que el dilema planteado sea falso.

Todo el tiempo sobrevuela aquí una forma de ver determinada a partir de la cual Althusser concibe la filosofía de la praxis. El francés sostenía que en la tesis 11 sobre Feuerbach, parece estar presenta la postulación de una nueva filosofía, una que fuera transformadora del mundo más que una interpretación del mundo. Así es como, según nuestro genio francés, leyeron la famosa tesis, intelectuales como Labriola o Gramsci. Pero Althusser hace ver a estos marxistas la tesis 11 del mismo modo que él concibe la filosofía de la praxis, una filosofía que transforma el mundo y ya no lo interpreta.

Ahora bien, este no es el modo en el que Gramsci, por ejemplo, entiende el significado de la famosa tesis. Para el marxista sardo resultaba claro que la filosofía, las ideas por sí solas, no transforman el mundo y que la praxis revolucionaria debe propugnar por realizar los cambios estructurales necesarios como para que se dé el triunfo definitivo del proletariado.

Althusser cree poner las cosas en su lugar sosteniendo que es la ciencia de la historia la que surge como resultado de la promesa emitida en la tesis 11, ciencia que hace posible el advenimiento del Materialismo Dialéctico para despejar los espectros ideológicos e ir hacia el socialismo. El francés no ve que la filosofía de la praxis es una revolución teórica exigida por y para la revolución práctica de la sociedad burguesa.

En rigor, es la revolución filosófica la que hace posible el surgimiento de la ciencia de la historia y no alrevés. Las famosas Tesis sobre Feuerbach cumplen la función de romper con la filosofía anterior incluso la del mismo Feuerbach pero sin sacar los pies del plato de la filosofía. Promueven en Marx la reflexión y la búsqueda de una nueva forma de abordar la teoría y la práctica. Si esto no es tenido en cuenta se corre el riesgo de ver en la filosofía marxiana una variante meramente teórica más de la filosofía anterior. No hay en la filosofía de la praxis solamente una revolución teórica surgida del pensar por el pensar mismo sino una revolución filosófica para la revolución social provocada por la necesidad de luchar contra la ignominia.

Hasta aquí las críticas a las conceptualizaciones realizadas por Althusser en lo que Sánchez Vázquez (1975) denomina la segunda fase de su obra. El lector acostumbrado a leer exposiciones críticas en filosofía de las ciencias sociales sabrá que con estos apuntes, más que impugnar la tarea de un genio como el francés, de lo que se trata es de hacer honor a la exigencia crítica que los padres fundadores del socialismo científico enseñaron y solicitaron a sus continuadores respecto a las conceptualizaciones aun dentro del marxismo.

Althusser fue sin duda un intelectual de enorme talla. Su espíritu, creo, no está aún exorcizado. Su impronta en el pensamiento marxista de la década del 70 es notable y es preciso reconocer que incluso muchos intelectuales han seguido sus pasos o han rechazado de plano sus aportes. Es el caso de León Rozitchner, quien aun rechazando punto por punto la filosofía althusseriana, hace honor a su profundidad en un excelente lectura de L’avenir dure longtemps, la biografía del genio francés, en la que encuentra el lazo entre la filosofía y la tragedia althusseriana en la cuestión del sujeto. (De Ípola, 2007)

Por lo antes dicho, deberemos entonces volver a sobrevolar la obra de Althusser desde otros marcos referenciales. Pero no ahora sino en futuras entradas.

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