La Persistencia de la Memoria

La Persistencia de la Memoria
Salvador Dalí

martes, 14 de junio de 2011

Red Shift. "Desplazamiento hacia el rojo"

Por José Antonio Gómez Di Vincenzo


Red Shift. Peter Hammill (1974)

En el invierno inglés de 1974, Charisma Records edita el tercer álbum solista de Peter Hammill (n. 1948), cantante y escritor inglés, líder de la no tan famosa banda de rock progresivo, Van der Graaf Generator. The Silent Corner and The Empty Stage fue grabado durante un intervalo en la labor de la banda. El disco recorre paisajes oscuros y misteriosos, junto a profundas reflexiones filosóficas acerca de las, como al mismísimo Hammill gusta llamarlas, preguntas fundamentales. Bien podría considerarse un disco más en el recorrido de la mítica banda de rock progresivo, dado que todos los integrantes del grupo participan de la grabación, con el sólo agregado del guitarrista estadounidense Randy California (n. 1951), aquel que tocara con Jimmy Hendrix (1942 – 1970) en Jimmy James and the Blue Flames y en Spirit.


Me gustaría decir por lo menos algunas palabras acerca de uno de los temas del disco, tal vez el más llamativo para el tipo de sujeto que anda por el mundo haciéndose preguntas en relación a los problemas filosóficos que rondan las cuestiones científicas. Se trata de Red Shift o en castellano, “Desplazamiento hacia el rojo”, el quinto tema del álbum. En efecto, a lo largo de la canción, Hammill, ex estudiante de ciencias se introduce de lleno en algunos de los problemas más interesantes y ríspidos de la filosofía en general y la filosofía de la ciencia en particular. No es la primera vez que el cantante inglés juega con temas relacionados con nuestra área de estudio. Ya había flirteado con sendos problemas científicos y filosóficos en sendos discos de la banda inglesa. En H to He Who am the Only One, por ejemplo, con el tremendo Pioners Over C plantea el desafío de los viajes en el espacio-tiempo. Veamos que dice la letra de Red Shift. Decidí intercalar un verso en castellano a cada uno de los originales.



Once, all the stars in the sky were bright, now, they're red and fading
Una vez, todas las estrellas en el cielo eran brillantes, ahora, son rojas y se desvanecen
And all the colours we wore, the shades that we bore have moved.
Y todos los colores que nos dieron, las sombras que nos dieron esos colores se han movido.
And the gold turns to red with no time for changes.
Y el oro se tornó rojo sin tiempo para los cambios.
Red Shift, all moving away from we.
Desplazamiento hacia el rojo, todo alejándose de nosotros.
Once, constellations were holy, now darkness pervades all the older ones
Una vez, las constelaciones fueron sagradas, ahora la oscuridad prevalece sobre todo
and in the brunt of implosion, all yesterday's golden now reddened suns...
y en el peor momento de la implosión, todos los soles ayer de oro ahora están enrojecidos... And hope is a word with no space for blame in.
Y la esperanza es una palabra sin espacio para la culpa.
Red Shift, displaced now in time and relativity;
Desplazamiento hacia el rojo, desplazado ahora en el tiempo y la relatividad
Red Shift, all moving away from we.
Desplazamiento hacia el rojo, todo alejándose de nosotros.
So here I am, though I might well be with me
Así que aquí estoy, aunque bien podría estar conmigo mismo
I'm falling down deep to the rim of the wheel.
Estoy cayendo profundo al centro de la rueda.
Is it sham?
¿Es eso falso?
Does the world have a meaning?
¿Tiene el mundo algún sentido?
The more that we know, the greater confusion grows
Más conocemos, más crece la confusión
Stars are like atoms, and atoms are patterns
Las estrellas son como átomos, y los átomos como patrones
And probably in the end
Y probablemente al final
Maybe it's all been a dream...
Tal vez todo haya sido un sueño…
Time locked in negative matter, all theories shatter beneath the weight.
Tiempo encerrado en la materia negativa, todos los añicos las teorías bajo el peso. Happy is the man who believes that the world is a dream and all reason, fate.
Feliz es el hombre que cree que el mundo es un sueño y la razón de todo, suerte. Time moves on with no time;
El tiempo pasa sin tiempo; The eye moves on with no rhyme,
El ojo se mueve sin ritmo, And I'm a song in the depth of the galaxies ---
Y yo soy una canción en la profundidad de las galaxias
Red Shift is taking away my sanity;
Desplazamiento hacia el rojo está quitando mi cordura
Red Shift, all moving away from we...
Desplazamiento hacia el rojo, todo alejándose de nosotros...





Como hemos visto, el término “Red Shift” puede traducirse al castellano como “desplazamiento hacia el rojo”. Se trata de un concepto utilizado en astrofísica para dar cuenta del tipo de movimiento de los astros en relación a la posición del observador. Como causa del denominado “Efecto Doppler-Fizeau”, las líneas espectrales de aquellos objetos que se alejan del punto de observación aparecen desplazados hacia longitudes de onda mayores, en el caso de objetos que emiten luz, hacia el rojo del espectro, hacia las longitudes de onda mayores en el intervalo del espectro visible. Una vez conocido el “Red Shift” de un astro o una galaxia, la Ley de Hubble permite calcular la distancia actual de objetos celestes y la velocidad a la cual se alejan de nosotros. Hubble demostró que la cantidad de “Red Shift” es proporcional a la distancia de la galaxia. Es más, la explicación es que las galaxias no sólo se alejan de la Tierra sino que se separan entre sí y cuanto más lejos más rápido lo hacen.


Como decía más arriba, no es la primera vez que Hammill toma elementos de la ciencia y la tecnología para plantear algunas preguntas filosóficas. En una época en la que la ciencia ficción se encontraba en pleno auge, en la que muchos músicos, además de emprender un vuelo poético en sus canciones, solían preocuparse por cuestiones sociales y políticas, desde un compromiso que lejos queda de la pose de algunas banales y livianas figuras que pueblan el mundo del espectáculo contemporáneo; desde ese lugar apelando a las ciencias, podían plantearse cuestiones existenciales, sociológicas, políticas. Una vez más, la mirada estaba puesta en los fenómenos del cielo para explicar los conflictos de la Tierra.


Ese cielo que parece inmutable a simple vista, esas estrellas fijas que incrustadas en la bóveda celeste permitieron a los antiguos trazar las constelaciones, de pronto comienzan a fugar. Y el cosmos que conocimos ya no es el mismo. Porque, en efecto, Orión ya no es Orión. Tal vez alguna de sus estrellas incluso ya no exista. Así, ningún punto de referencia permanece fijo. Todo se mueve. Y cuando ya nada permite fijar una referencia, no sabemos dónde estamos, quiénes somos, qué relación guardamos con el cosmos.


Como si esto fuese poco, la mutación ocurre sin tiempo para el cambio. Los procesos se dan a velocidades extraordinarias, tan vertiginosamente, que se hace difícil encontrar aquello que permanece en el cambio, se hace complicado abstraerse del proceso para pensar y elaborar leyes que expliquen lo mutable. Todo parece indicar que las verdades conocidas se desvanecen en el aire como los sólidos de Carl, el barbudo cabezón.
El correlato con los procesos que se dieron en el tránsito de la década del 60 del siglo XX al siglo XXI parece caer de maduro cuando se lee entrelíneas. Así la canción que parecía producto de un vuelo de ácido se torna una interpelación al sujeto. Porque en verdad, la cuestión no es dejar todo librado al azar. Porque aunque el azar impere, somos seres humanos y está en nuestra voluntad tornar ordenado lo azaroso mediante la praxis. Entonces, no hay lugar para posicionamientos relativistas. Debe haber una referencia. Y esa es precisamente la condición humana. No, la del humanismo pacato del que Sartre reía des cosquillándose. No… Se trata, más bien, de un humanismo que coloca en el centro la libertad del hombre por transformar la naturaleza y transformar las circunstancias sociales colocándose como actor central de la praxis.

Entonces, si bien por momentos parece que estamos cayendo atravesados por la vorágine, si por un segundo pareciera que la rueda del devenir nos pasa por arriba, si bien parece que el capitalismo ha adquirido una dinámica que le es inherente porque enajenados no advertimos que nosotros hicimos el capitalismo, si bien esto y mucho más, después de las preguntas por si esto tiene sentido, si la vida tiene sentido, Hammill no dejará el asunto inconcluso. En efecto, todo el disco es una búsqueda. En él encontramos, por ejemplo, la maravillosa Forsaken Gardens (Jardines Avandonados), en la que el cantante se pregunta dónde está el jardinero, puesto que un jardín andrajoso da cuenta de la existencia de un transformador de la naturaleza y a la vez, de su ausencia. Al igual que el sujeto perdido de la canción, en el jardín capitalista, el jardinero esta borrado, aniquilado, objetivado, vaciado de sentido. Red Shift es parte de dicha aventura, de dicha búsqueda por volver a encontrarnos. Una aventura que incluirá permanentes episodios en los que se rescata al sujeto revolucionario. Nadir Big Chance (La gran chance de Nadir, el alter ego de Hammill) y su desafío por romperlo todo, Lost and Found (Perdido y Encontrado) y su propio rescate del abismo, y muchas canciones más que dan cuenta de la necesidad de volver a instalarnos en el centro mientras el mundo parece disolverse en eventos y según los postmodernos quieren hacernos ver ya no hay más Sujeto. Instalarnos en el centro pero no cerrarnos sobre nosotros mismos. Porque libertad del ser social exige compromiso frente a la ignominia.


Tal vez, mirando a las estrellas, uno pueda escapar, dejarse llevar, irse lejos, muy lejos, volar como en un sueño de ácido. Tal vez pueda uno encontrar un refugio para pensar. O tal vez, pueda escapar a la locura para volver a la Tierra centrado, equilibrado, consciente de que todo es cambio pero que en ese cambio hay un protagonista, el sujeto de la praxis que ordena el cambio y realiza las transformaciones necesarias en pos de un mundo más justo.

jueves, 2 de junio de 2011

Los filósofos e historiadores de la ciencia, los insectos y demás criaturas (primera parte)

Por José Antonio Gómez Di Vincenzo


Hormigas, arañas, abejas y Paolo Rossi

En 1986, Paolo Rossi (n. 1923), el genial filósofo e historiador de la ciencia italiano, publica Las arañas y las hormigas. Una apología de la historia de la ciencia. El libro, traducido al castellano, es presentado algunos años más tarde por la editorial española Crítica. Rossi estudió, a lo largo de su carrera, el período comprendido entre los siglos XVI y XVIII interesándose básicamente por indagar todas las cuestiones relativas a la revolución científica del siglo XVII e involucrándose fuertemente con el estudio de la obra de Francis Bacon. Uno de sus más importantes trabajos se denomina Francis Bacon. De la magia a la ciencia (publicado en 1957). Se destacan también entre sus más importantes aportes El filósofo y la máquina (de 1962) o el anterior Clavis Universalis (de 1960).


En Las arañas y las hormigas, Rossi nos invita a introducirnos en la reflexión meta-histórica y filosófica, a indagar y repensar la relación entre historia de la ciencia y filosofía de la ciencia. Comienza su trabajo invocando a sir Isaiah Berlin, quien en The Hedgehog and de Fox (El erizo y el zorro), clasificaba a los filósofos y escritores siguiendo el mismo criterio utilizado para distinguir erizos y zorros. Los erizos, decía Berlin, centrípetos, remiten todo a una visión central, un principio, algo según lo cual obtiene significado todo lo demás. Los zorros, por su parte, centrífugos, no hacen referencia a ningún principio y siguen fines deferentes desligados y por momentos contradictorios. El mismo Berlin había tomado como referencia de Arquíloco (680 aC. 645 aC.) el inmenso poeta lírico griego, un verso que decía: “Muchas cosas sabe el zorro, una sólo el erizo, pero grande”.


Rossi sostiene que las arañas y las hormigas, pero también las abejas, precedieron cronológicamente a los erizos y zorros de Berlin. Así como en el caso del ladrón que le roba al ladrón y tiene años de perdón, el circuito de influencias siguió su curso de Arquíloco a Berlin y de Berlin a Rossi sin perder en este último caso la astucia y genialidad a la hora de trazar las analogías.


Este ciclo de entregas busca rastrear en la historia de la historia y la filosofía de la ciencia toda referencia metafórica o analógica a las especies animales considerando que dichos procedimientos no son interesantes sólo por lo que aportan a la discusión disciplinar sino también a la meta-disciplinar. Consideré aquí que toda metáfora o analogía tiene valor cognoscitivo y que su uso más que pretender embellecer la estética de lo que se dice, busca aportar significados para la construcción de nuevos saberes en un campo disciplinar específico (puede ser ciencia, pero también filosofía e historia). Me centraré aquí en el concepto de metáfora epistémica. Siguiendo a Palma (2004), una metáfora epistémica es todo concepto, teoría, estructura, nociones, etc., que sufre un desplazamiento o traslado de un ámbito científico a otro o bien que ingresan a la ciencia desde el lenguaje y las concepciones corrientes en el contexto sociocultural y agregan conocimiento. Las metáforas en general y específicamente, las metáforas epistémicas poseen un plus de significado el cual, podemos considerar como extensión, ampliación, interacción o desviación del original del cual es tomada la metáfora. Las metáforas agregan sentidos, crean nuevos mundos. Pero no se trata sólo de una cuestión relativa a la semántica puesto que para dar cuenta de la eficacia de la metáfora debemos extendernos al ámbito de la pragmática del lenguaje. Las metáforas dicen algo del mundo, y aunque no todas las metáforas tienen valor para las ciencias, ellas no sólo tienen una función estética sino que pueden en muchos casos disputar un espacio en el ámbito cognoscitivo con expresiones de otro estilo.


En esta oportunidad abordaré sólo parte del trabajo de Rossi con el objeto de dar cuenta del uso que el filósofo e historiador italiano hace de las analogías que plantea para comparar la tarea del historiador y el filósofo de la ciencia con las características de las arañas y las hormigas. Sigo la edición de Crítica de 1990 del ya mencionado Las arañas y las hormigas.


Sostiene Rossi que las arañas son solitarias, tienen poca curiosidad por la naturaleza que las rodea, leen pocos libros, tienen mentes agudas y con poco material pueden ellas por su cuenta tejer una tela de argumentaciones. Rossi dice que las arañas “gozan en adelantar sin pausa objeciones cada vez más sutiles terminan por quedar sumergidas en la madeja de hilos que han creado y se encuentran con un saber fragmentario y casi agusanado entre manos”. (p. 8) Por su parte, contrariamente a lo que pasa con las arañas, las hormigas son muy curiosas, nunca se cansan de buscar y recoger materiales, acumulan y almacenan pero sin preocuparse por la selección. Con sus antenas tantean el camino, no tienen una luz que las guíe. Rossi agrega que “a menudo se encuentran que tienen entre manos formas de saber supersticioso y oscilan de continuo, por esto mismo, entre el entusiasmo y la desazón.” (p. 8)


Hasta aquí resulta evidente que la analogía apunta a comparar el trabajo del filósofo racionalista con la tarea del empirista. Sin embargo, Rossi va a sostener que a Bacon, del mismo modo que ocurre en el caso de Berlin, la cosa se le complicó, puesto que muchos racionalistas quisieron ser considerados “industriosos experimentadores” y empiristas que no quieren caer bajo esa calificación. Habría “arañas que adoptan aires de hormigas y hormigas que adoptan aires de arañas” (p. 8)


Como es sabido, dice Rossi, Bacon buscaba una unión pacífica entre arañas y hormigas, una superación de las dicotomías. La idea era que en vez de arañas y hormigas tengamos abejas. “En las abejas se conjuga la agudeza de las arañas y la infatigabilidad de las hormigas, la curiosidad por el mundo y la capacidad de seleccionar, transformar y digerir con la mente el material recogido en el mundo de las arañas.” (p. 8)


El filósofo italiano está convencido de que si se aplica la distinción entre arañas y hormigas a la “casi secular distinción entre epistemólogos e historiadores” la misma metáfora baconiana mantiene su valor. Pero en vez de una “santa unión” entre unos y otros se ha hablado mucho de “parentesco, de convivencia, de separación entre filósofos de la ciencia e historiadores de la ciencia.” (p. 8) Para Rossi estamos lejos de la unión entre ambas prácticas intelectuales. Si bien existe conciencia tanto de parte de algunas arañas como de algunas hormigas de sus propias limitaciones no hay todavía posibilidad de establecer una unión. Peor aún… Existen arañas y hormigas que se creen abejas, que producen una miel óptima y declaran su total desinterés por la reflexión de los problemas meta-disciplinares.


Las arañas que se creen abejas consideran que lo único interesante por hacer desde el punto de vista intelectual es pasear por la historia sus modelos teóricos prefabricados. Estas arañas desprecian todo tipo de objeción fáctica relegando la historia de los documentos en algún cajón perdido de sus armarios, son ciegos ante la diversidad, no consideran que existan distintos criterios de racionalidad ni movilidad histórica de los criterios de demarcación. Jamás prestan atención a los fracasos, a los errores y a las verdades presentes en las construcciones históricas pasadas. Las hormigas que se presentan como abejas confunden frecuentemente una colección de datos con la historia. Consideran que de la mera acumulación de datos puede salir algo más interesante y profundo pero terminan coleccionando personajes, libros y anécdotas. Como de lo que se trata es de juntar todo, todo es igual de importante. Piensan que poco interesa la estructura interna de las teorías, que todo se explica como producto de una época, como respuesta a los intereses de una sociedad dada. “Consideran que la filosofía debe resolverse sin residuos en la actividad ejercida por los historiadores; están como ciegos frente a la existencia de las teorías, a la intencionalidad cognoscitiva atemporal, a la trans-historicidad y a la capacidad de autocorrección que son constitutivas del saber científico”. (p. 9)


Rossi, sin pelos en la lengua, plantea que su libro está dirigido contra las arañas epistemólogas con aires de abeja sin pretender ser una defensa de los historiadores hormigas que son recolectores de datos.


Hasta aquí el tratamiento de la analogía utilizada por el filósofo e historiador italiano. En futuras entregas rescataremos algún otro ejemplar de la producción intelectual en el campo de la filosofía o la historia de la ciencia en el que los pensadores apelen a metáforas o analogías haciendo referencia a alguna especie animal.