La Persistencia de la Memoria

La Persistencia de la Memoria
Salvador Dalí

lunes, 1 de agosto de 2011

Las palabras, las cosas, la epistemología, la historia y Foucault. (Tercera parte)

Por José Antonio Gómez Di Vincenzo

Nos enfocaremos ahora en el análisis del tratamiento que Foucault realiza del tema del control y las instituciones de encierro. Me concentraré básicamente en la edición de Siglo XXI del 2002 del clásico Vigilar y Castigar y me referiré también a la correspondiente al 2008 de La verdad y las formas jurídicas de Gedisa .


Foucault (2008) sostendrá que toda la penalidad del siglo XIX pasa a ser una forma de control que se da más en relación a lo que los individuos pueden llegar a hacer que uno centrado en aquello que hacen. Surge la noción de “peligrosidad”, los individuos deben ser considerados por la sociedad no por sus actos sino por sus posibilidades o virtualidades, no por sus infracciones efectivas sino por “las virtualidades de comportamiento que ellas representan”. Pero el control sobre las virtualidades no puede ejercerse desde la justicia sino desde todo una red de instituciones de vigilancia y corrección; instituciones médicas, policiales, psiquiátricas, pedagógicas, criminológicas, etc. Con el siglo XIX, tenemos “la edad de oro del control social”, la edad de la “ortopedia social”, aquella en la que Bentham (1748 – 1832)[1] institucionaliza el panóptico, un sitio con forma de anillo, en medio del cual había un patio con una torre en el centro; y en el que el anillo, dividido en celdas que daban al interior y al exterior contenía, según el caso, un niño aprendiendo, un prisionero o un obrero trabajando, permanentemente vigilados desde la torre por un observador que nunca era visto por los observados y controlados.

El panóptico es la utopía de una sociedad y un tipo de poder que es, en el fondo, la sociedad que actualmente conocemos, una utopía que efectivamente se realizó. Este tipo de poder bien puede recibir el nombre de : vivimos en una sociedad en la que reina el panoptismo.

El panoptismo es una forma de saber que se apoya ya no sobre una indagación, sino sobre algo totalmente diferente que yo llamaría . La indagación era un procedimiento por el que se procura saber lo que había ocurrido. Se trataba de reactualizar un acontecimiento pasado a través de los testimonios de personas que, por una razón u otra – por su sabiduría o por el hecho de haber presenciado el acontecimiento-, se consideraba que eran capaces de saber.


En el panóptico se producirá algo totalmente diferente: ya no hay más indagación, sino vigilancia, examen. No se trata de reconstituir un acontecimiento, sino de vigilar sin interrupción y totalmente. Vigilancia permanente sobre los individuos por alguien que ejerce sobre ellos un poder – maestro de escuela, jefe de oficina, médico, psiquiatra, director de prisión-, y que, porque ejerce ese poseer, tiene la posibilidad no sólo de vigilar, sino también de constituir un saber sobre aquellos a quienes vigila. (Foucault, 2008: 104 y ss.)

Lo que tenemos entonces, a partir del siglo XIX, es una nueva forma de saber-poder, el examen, que reemplazará a la indagación que se organizó a partir de la Edad Media. El examen es un saber de vigilancia que se organiza alrededor de la norma por el control de los individuos durante toda su existencia. Según el filósofo francés, ésta es la base del poder, la forma de saber-poder que dará lugar ya no a grandes ciencias de observación como en el caso de la indagación, sino a lo que hoy conocemos como ciencias humanas: psiquiatría, psicología, sociología, etc. (Foucault, 2008:105)


Las relaciones entre el médico y el enfermo, el docente y el alumno, capitalista y obrero, en las que se plasma la dinámica del cuerpo social, son relaciones entre fuerzas que implican en cada momento una relación de poder. En este sentido, la biopolítica es la forma de coordinación estratégica que procura que los sujetos vivientes produzcan un rendimiento mayor. Los requerimientos de la economía política, la necesidad de lograr una administración eficiente de la fuerza de trabajo conduce a la biopolítica a perfeccionar las tecnologías de gobierno de la sociedad. Las escuelas, las fábricas, la prisión y los hospitales son los lugares donde se plasman los dispositivos de control y administración de la vida. Allí, el poder administra la vida, regula, disciplina, normaliza mediante el examen. (Foucault 2002)


Foucault (2008) sostiene que la finalidad de estas instituciones no es la de excluir al individuo sino más bien, fijarlo. Si bien es cierto que los efectos son la exclusión, su primera finalidad es fijarlos a un “aparato de normalización de los hombres”. Su objetivo, entonces, es “ligar a los individuos al proceso de producción, formación o corrección de los productores que habrá de garantizar la producción a sus ejecutores en función de una determinada norma”. (Foucault, 2008: 135)

Se trata de una “inclusión por exclusión”. Es por este motivo que Foucault (2008) prefiere hablar de instituciones de secuestro a la hora de definir el rol de inclusión y normalización de las instituciones mencionadas más arriba, cuyas funciones específicas, por otra parte, serían controlar los tiempos para ajustarlos al aparato productivo, es la dimensión temporal de la vida de los individuos; el control de los cuerpos para que estos puedan ser formados, reformados, corregidos, para que puedan adquirir aptitudes, cualidades y calificarse para el trabajo; la creación de un micropoder sobre los individuos, polimorfo y polivalente, a la vez, económico, político, judicial y epistemológico. Junto con este micropoder y saber de las instituciones de secuestro, tenemos, concretamente, un “saber de observación” que de alguna manera es un saber clínico: el de la psiquiatría, la psicología, la criminología, etc. Todas estas, disciplinas que buscan controlar y normalizar a los individuos. (Foucaut, 2008)

Lo Normal se establece como principio de coerción en la enseñanza con la instauración de una educación estandarizada y el establecimiento de las escuelas normales; se establece en el esfuerzo por organizar un cuerpo social médico y un encuadramiento hospitalario de la nación capaces de hacer funcionar unas normas generales de salubridad; se establece en la regularización de los procedimientos y de los productos industriales. Como la vigilancia, y con ella la normalización, se torna uno de los grandes instrumentos de poder al final de la época clásica. Se tiende a sustituir o al menos a agregar a las marcas que traducían los estatutos, privilegios, adscripciones, todo un juego de grados de normalidad, que son signos de adscripción a un cuerpo social homogéneo, pero que tienen en sí mismos un papel de clasificación, de jerarquización y de distribución de los rangos. En un sentido, el poder de normalización obliga a la homogeneidad; pero individualiza al permitir las desviaciones, determinar los niveles, fijar las especialidades y hacer útiles las diferencias ajustando unas a otras. Se comprende que el poder de la norma funcione fácilmente en el interior de un sistema de la igualdad formal, ya que en el interior de una homogeneidad que es la regla, introduce, como un imperativo útil y el resultado de una medida, todo el desvanecido de las diferencias individuales. (Foucault, 2002: 189)

Es importante tener en cuenta que junto a la justicia y sus proyectos de castigo modelador, la medicina y la educación con la sistematización de la enseñanza pública constituyeron formas concretas de intervención en las que el Estado, pero también las instituciones civiles, buscaron controlar, administrar y organizar las vidas de los ciudadanos y atender las diversas formas de conflictos que podían atentar contra un desarrollo normal, contra la salud de la Nación. Frente al desarrollo normal del cuerpo individual o social, la enfermedad y el conflicto fueron considerados como anormales. Al mismo tiempo, se buscó la manera más eficiente de asignar roles y con ellos establecer también un ordenamiento jerárquico. La legitimación del orden social, de las jerarquías no pasa ya por la apelación a una naturaleza humana dada desde un discurso filosófico especulativo sino por medio de un conocimiento del cuerpo, por la implementación de tecnología para encausar desvíos, por una forma específica de naturalización de las relaciones sociales, la medicalización.


Como fuerza de producción, el cuerpo se encuentra inserto en las relaciones de dominación. Pero como fuerza de trabajo formada, disciplinada, adaptada debe necesariamente estar atada a un sistema de sujeción. El cuerpo se convierte en cuerpo útil para la economía cuando es, a la vez, productivo y sometido. (Foucault, 2002)

Pero el cuerpo está también directamente inmerso en un campo político; lo cercan, lo marcan, lo doman, lo someten a suplicio, lo fuerzan a unos trabajos, lo obligan a unas ceremonias, exigen de él unos signos. Este cerco político del cuerpo va unido, de acuerdo con unas relaciones complejas y recíprocas, a la utilización económica del cuerpo; el cuerpo, en una buena parte, está imbuido de relaciones de poder y de dominación, como fuerza de producción; pero en cambio su constitución como fuerza de trabajo sólo es posible si se halla prendido en un sistema de sujeción (en el que la necesidad es también un instrumento político cuidadosamente dispuesto, calculado y utilizado). El cuerpo sólo se convierte en fuerza útil cuando es la vez cuerpo productivo y cuerpo sometido. (Foucault, 2002: 32 y ss.)

Siempre siguiendo a Foucault, podemos sostener que este sometimiento no se implementa solamente por la fuerza, por la violencia física o la ideología sino que puede ser no violento, calculado, organizado, reflexivo desde un punto de vista tecnológico, sutil sin hacer uso de las armas y sin embargo, permanecer dentro del orden físico. Desde la perspectiva del filósofo francés, existe un saber sobre el cuerpo distinto del saber biológico, distinto del construido por las ciencias que estudian su funcionamiento a la que llama tecnología política del cuerpo. (Foucault 2002)

Indudablemente, esta tecnología es difusa, rara vez formulada en discursos continuos y sistemáticos; se compone a menudo de elementos y de fragmentos, y utiliza unas herramientas o unos procedimientos inconexos. A pesar de la coherencia de sus resultados, no es posible localizarla ni en un tipo definido de institución, ni en un aparato estatal. Éstos recurren a ella; utilizan, valorizan e imponen algunos de sus procedimientos. Pero ella misma en sus mecanismos y sus efectos se sitúa a un nivel muy distinto. Se trata en cierto modo de una microfísica del poder que los aparatos y las instituciones ponen en juego, pero cuyo campo de validez se sitúa en cierto modo entro esos grandes funcionamientos y los propios cuerpos con su materialidad y sus fuerzas. (Foucault, 2002: 33)

Desde la microfísica, el poder no se concibe como una propiedad sino como una estrategia, como disposiciones, maniobras, tácticas en una red de relaciones. El poder no se posee sino que se lo ejerce. Desde la mirada de Foucault, las sociedades modernas son sociedades de disciplinamiento y normalización de los individuos y la población en general. (Foucault, 2002)

Más adelante, retomaremos el tratamiento de los aportes foucaultianos y emprenderemos algunas críticas.

[1] Bentham es considerado uno de los padres fundadores del utilitarismo. Estudió en la Universidad de Oxford y ejerció la abogacía desde los 19 años. En su obra Introducción a los principios de moral y legislación publicada en 1789 introduce sus ideas utilitaristas. Bentham sostenía allí que todo acto humano, norma o institución, deben ser juzgados según la utilidad que tienen, esto es, según el placer o el sufrimiento que producen en las personas. El intelectual inglés proponía formalizar el análisis de las cuestiones políticas, sociales y económicas, sobre la base de medir la utilidad de cada acción o decisión. Desde esta perspectiva, Bentham buscaba formalizar una nueva ética, basada en el goce de la vida y no en el sacrificio ni el sufrimiento. Benthem estudió el tema de la reforma penitenciaria, elaborando por encargo de Jorge III un modelo de cárcel, el famoso panóptico, por el que ambos entraron en conflicto.

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