La Persistencia de la Memoria

La Persistencia de la Memoria
Salvador Dalí

jueves, 2 de junio de 2011

Los filósofos e historiadores de la ciencia, los insectos y demás criaturas (primera parte)

Por José Antonio Gómez Di Vincenzo


Hormigas, arañas, abejas y Paolo Rossi

En 1986, Paolo Rossi (n. 1923), el genial filósofo e historiador de la ciencia italiano, publica Las arañas y las hormigas. Una apología de la historia de la ciencia. El libro, traducido al castellano, es presentado algunos años más tarde por la editorial española Crítica. Rossi estudió, a lo largo de su carrera, el período comprendido entre los siglos XVI y XVIII interesándose básicamente por indagar todas las cuestiones relativas a la revolución científica del siglo XVII e involucrándose fuertemente con el estudio de la obra de Francis Bacon. Uno de sus más importantes trabajos se denomina Francis Bacon. De la magia a la ciencia (publicado en 1957). Se destacan también entre sus más importantes aportes El filósofo y la máquina (de 1962) o el anterior Clavis Universalis (de 1960).


En Las arañas y las hormigas, Rossi nos invita a introducirnos en la reflexión meta-histórica y filosófica, a indagar y repensar la relación entre historia de la ciencia y filosofía de la ciencia. Comienza su trabajo invocando a sir Isaiah Berlin, quien en The Hedgehog and de Fox (El erizo y el zorro), clasificaba a los filósofos y escritores siguiendo el mismo criterio utilizado para distinguir erizos y zorros. Los erizos, decía Berlin, centrípetos, remiten todo a una visión central, un principio, algo según lo cual obtiene significado todo lo demás. Los zorros, por su parte, centrífugos, no hacen referencia a ningún principio y siguen fines deferentes desligados y por momentos contradictorios. El mismo Berlin había tomado como referencia de Arquíloco (680 aC. 645 aC.) el inmenso poeta lírico griego, un verso que decía: “Muchas cosas sabe el zorro, una sólo el erizo, pero grande”.


Rossi sostiene que las arañas y las hormigas, pero también las abejas, precedieron cronológicamente a los erizos y zorros de Berlin. Así como en el caso del ladrón que le roba al ladrón y tiene años de perdón, el circuito de influencias siguió su curso de Arquíloco a Berlin y de Berlin a Rossi sin perder en este último caso la astucia y genialidad a la hora de trazar las analogías.


Este ciclo de entregas busca rastrear en la historia de la historia y la filosofía de la ciencia toda referencia metafórica o analógica a las especies animales considerando que dichos procedimientos no son interesantes sólo por lo que aportan a la discusión disciplinar sino también a la meta-disciplinar. Consideré aquí que toda metáfora o analogía tiene valor cognoscitivo y que su uso más que pretender embellecer la estética de lo que se dice, busca aportar significados para la construcción de nuevos saberes en un campo disciplinar específico (puede ser ciencia, pero también filosofía e historia). Me centraré aquí en el concepto de metáfora epistémica. Siguiendo a Palma (2004), una metáfora epistémica es todo concepto, teoría, estructura, nociones, etc., que sufre un desplazamiento o traslado de un ámbito científico a otro o bien que ingresan a la ciencia desde el lenguaje y las concepciones corrientes en el contexto sociocultural y agregan conocimiento. Las metáforas en general y específicamente, las metáforas epistémicas poseen un plus de significado el cual, podemos considerar como extensión, ampliación, interacción o desviación del original del cual es tomada la metáfora. Las metáforas agregan sentidos, crean nuevos mundos. Pero no se trata sólo de una cuestión relativa a la semántica puesto que para dar cuenta de la eficacia de la metáfora debemos extendernos al ámbito de la pragmática del lenguaje. Las metáforas dicen algo del mundo, y aunque no todas las metáforas tienen valor para las ciencias, ellas no sólo tienen una función estética sino que pueden en muchos casos disputar un espacio en el ámbito cognoscitivo con expresiones de otro estilo.


En esta oportunidad abordaré sólo parte del trabajo de Rossi con el objeto de dar cuenta del uso que el filósofo e historiador italiano hace de las analogías que plantea para comparar la tarea del historiador y el filósofo de la ciencia con las características de las arañas y las hormigas. Sigo la edición de Crítica de 1990 del ya mencionado Las arañas y las hormigas.


Sostiene Rossi que las arañas son solitarias, tienen poca curiosidad por la naturaleza que las rodea, leen pocos libros, tienen mentes agudas y con poco material pueden ellas por su cuenta tejer una tela de argumentaciones. Rossi dice que las arañas “gozan en adelantar sin pausa objeciones cada vez más sutiles terminan por quedar sumergidas en la madeja de hilos que han creado y se encuentran con un saber fragmentario y casi agusanado entre manos”. (p. 8) Por su parte, contrariamente a lo que pasa con las arañas, las hormigas son muy curiosas, nunca se cansan de buscar y recoger materiales, acumulan y almacenan pero sin preocuparse por la selección. Con sus antenas tantean el camino, no tienen una luz que las guíe. Rossi agrega que “a menudo se encuentran que tienen entre manos formas de saber supersticioso y oscilan de continuo, por esto mismo, entre el entusiasmo y la desazón.” (p. 8)


Hasta aquí resulta evidente que la analogía apunta a comparar el trabajo del filósofo racionalista con la tarea del empirista. Sin embargo, Rossi va a sostener que a Bacon, del mismo modo que ocurre en el caso de Berlin, la cosa se le complicó, puesto que muchos racionalistas quisieron ser considerados “industriosos experimentadores” y empiristas que no quieren caer bajo esa calificación. Habría “arañas que adoptan aires de hormigas y hormigas que adoptan aires de arañas” (p. 8)


Como es sabido, dice Rossi, Bacon buscaba una unión pacífica entre arañas y hormigas, una superación de las dicotomías. La idea era que en vez de arañas y hormigas tengamos abejas. “En las abejas se conjuga la agudeza de las arañas y la infatigabilidad de las hormigas, la curiosidad por el mundo y la capacidad de seleccionar, transformar y digerir con la mente el material recogido en el mundo de las arañas.” (p. 8)


El filósofo italiano está convencido de que si se aplica la distinción entre arañas y hormigas a la “casi secular distinción entre epistemólogos e historiadores” la misma metáfora baconiana mantiene su valor. Pero en vez de una “santa unión” entre unos y otros se ha hablado mucho de “parentesco, de convivencia, de separación entre filósofos de la ciencia e historiadores de la ciencia.” (p. 8) Para Rossi estamos lejos de la unión entre ambas prácticas intelectuales. Si bien existe conciencia tanto de parte de algunas arañas como de algunas hormigas de sus propias limitaciones no hay todavía posibilidad de establecer una unión. Peor aún… Existen arañas y hormigas que se creen abejas, que producen una miel óptima y declaran su total desinterés por la reflexión de los problemas meta-disciplinares.


Las arañas que se creen abejas consideran que lo único interesante por hacer desde el punto de vista intelectual es pasear por la historia sus modelos teóricos prefabricados. Estas arañas desprecian todo tipo de objeción fáctica relegando la historia de los documentos en algún cajón perdido de sus armarios, son ciegos ante la diversidad, no consideran que existan distintos criterios de racionalidad ni movilidad histórica de los criterios de demarcación. Jamás prestan atención a los fracasos, a los errores y a las verdades presentes en las construcciones históricas pasadas. Las hormigas que se presentan como abejas confunden frecuentemente una colección de datos con la historia. Consideran que de la mera acumulación de datos puede salir algo más interesante y profundo pero terminan coleccionando personajes, libros y anécdotas. Como de lo que se trata es de juntar todo, todo es igual de importante. Piensan que poco interesa la estructura interna de las teorías, que todo se explica como producto de una época, como respuesta a los intereses de una sociedad dada. “Consideran que la filosofía debe resolverse sin residuos en la actividad ejercida por los historiadores; están como ciegos frente a la existencia de las teorías, a la intencionalidad cognoscitiva atemporal, a la trans-historicidad y a la capacidad de autocorrección que son constitutivas del saber científico”. (p. 9)


Rossi, sin pelos en la lengua, plantea que su libro está dirigido contra las arañas epistemólogas con aires de abeja sin pretender ser una defensa de los historiadores hormigas que son recolectores de datos.


Hasta aquí el tratamiento de la analogía utilizada por el filósofo e historiador italiano. En futuras entregas rescataremos algún otro ejemplar de la producción intelectual en el campo de la filosofía o la historia de la ciencia en el que los pensadores apelen a metáforas o analogías haciendo referencia a alguna especie animal.

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