La Persistencia de la Memoria

La Persistencia de la Memoria
Salvador Dalí

miércoles, 18 de mayo de 2011

Notas acerca de “El Leviathan y la bomba de vacío” (Sexta parte)

Por José Antonio Gómez Di Vincenzo





Si bien tanto Hobbes como Boyle utilizan el diálogo para exponer su filosofía natural, existen diferencias muy precisas cuando se analizan los aspectos más profundos de los textos. Si tomamos, por ejemplo, Sceptical Chymist de Boyle vemos que allí dialogan cuatro personas. El diálogo se articula en torno al consenso. Cada participante contribuye de algún modo en la construcción de las conclusiones. El desenlace depende de los intercambios de información que se producen en el encuentro. En cambio, en Hobbes, los diálogos como Dialogus physicus, Problemata physica o el Decameron physiologicum se articulan siguiendo el esquema socrático tradicional. Solamente participan dos personajes: uno que representa al mismísimo Hobbes, otro a un antagonista (vacuista, experimentalista o inductivista). La verdad de las conclusiones, en vez de emerger como resultado del consenso y el intercambio, se afirmaba gracias a las deducciones que el personaje que interpreta a Hobbes construye. En los diálogos de Hobbes, el interlocutor es un destinatario del saber. Aún así, su rol no era para nada desdeñable: hacía preguntas a las que Hobbes daba siempre respuestas satisfactorias, podía enrolarse en posiciones antagónicas que el filósofo mostraba como erróneas, podía sufrir el requerimiento de definiciones o la precisión de conceptos de parte de Hobbes para luego ofrecer cierto parecer y que el mismo Hobbes corrija y aporte las definiciones adecuadas. Como se deduce fácilmente, el interlocutor de Hobbes siempre se daba por satisfecho gracias a las demostraciones y precisiones que el filósofo aportaba, cerrando de esta manera la cuestión y convirtiéndose de posible adversario o hereje en converso.


En Hobbes, el diálogo es un instrumento para dramatizar el poder del método filosófico para asegurar el asentimiento del oponente. “Los hombres pueden errar, pero la fuerza del método apropiado consiste en su capacidad de corregirlo, con seguridad y rápido, cuando la naturaleza de su error les es señalada”. (p. 207) La lógica articula la construcción de conocimiento con la comunicación del mismo. El método asegura la construcción de conocimiento genuino y su transmisión. Efectivamente, en los diálogos de Hobbes, es el método y no los hechos el que corrige y permite la construcción de conocimiento genuino. El experimento o el dato observacional están puestos sólo para graficar y no para determinar la creencia.


Así, tanto los diálogos de Boyle como los de Hobbes ponen sobre el tapete las relaciones sociales y las prácticas que se consideran adecuadas, tanto por uno como por el otro respectivamente, para la producción científica. En términos de Shapin y Schaffer: “Las diferencias en las teorías de producción y de evaluación del conocimiento se exhiben a través de distintas tecnologías literarias”. (p. 208)

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