La Persistencia de la Memoria

La Persistencia de la Memoria
Salvador Dalí

viernes, 1 de abril de 2011

Notas acerca de “El Leviathan y la bomba de vacío” (Quinta parte)

En esta oportunidad estudiaremos la discusión acerca del uso de máquinas para la construcción de conocimiento a partir de la realización de experimentos. Veremos que este debate se encuentra íntimamente relacionado con el tipo de relaciones sociales y acuerdos que se requieren para la construcción y fundamentación del conocimiento en la práctica experimental y cómo éstas se diferencian del conocimiento elaborado gracias al filosofar.

Como sugieren Shapin y Schaffer, algunos historiadores de la ciencia han caído en el lugar común de quitarle valor a las críticas que Hobbes realizara a los experimentos llevados a cabo por Boyle, basándose en el hecho de que el mismísimo Hobbes nunca realizaba experimentos ni se tomaba el trabajo de reproducir las experiencias llevadas a cabo en la Royal Society por los greshamitas. No es ni más ni menos que una repetición en el campo historiográfico de los argumentos esgrimidos por el propio Boyle en el contexto mismo del debate para denostar a su interlocutor. Como sea, esta cuestión nos lleva a tener que revisar cuál era en rigor la opinión de Hobbes sobre el tema. Veremos que, en realidad, aprobó la experimentación y le dio un lugar central en la filosofía natural pero con reparos acerca del peso que le cabía respecto al filosofar.

Shapin y Schaffer citan el famoso trabajo de Watkins, Hobbes ‘s system of ideas, donde el autor intenta refutar el argumento según el cual el filósofo desdeñaba el experimento. En rigor, Watkins sostiene que Hobbes sólo desdeñaba la experimentación azarosa. Según Watkins, el mismísimo Hobbes de puño y letra escribió en el Decameron Physiologicum que al estudiar hipótesis físicas “debe usted realizar la mayor cantidad de experimentos.”[1] Watkins da cuenta de otros lugares en los que Hobbes se expide a favor de la experiencia sistemática. En esto también Hobbes era tan moderno como Boyle y los experimentadores. Por demás, él mismo, en oportunas ocasiones, había denostado el modo de proceder antiguo, propio del accionar escolástico que no iba a los hechos.

Al hacer referencia a la experiencia de Harvey, Hobbes sostenía que el fisiólogo “había utilizado métodos filosóficos correctos y no la experiencia personal para convencer a los hombres del movimiento de la sangre”. Hobbes opone, entonces, filosofía correcta o experimento sistemático y deducción, a experimentación azarosa y discurso para convencer. Hobbes toma el caso de Harvey para asestar un golpe certero contra los greshamitas, para quienes el fisiólogo es un referente. Al mostrar que procede del mismo modo, los obligaba a aceptar que tenía razón desde un principio.

Hobbes marcaba una diferencia entre la experiencia individual, que no puede de ningún modo llevar a la certeza general, y la filosofía, que sí lleva a la certeza colectiva. Para el filósofo inglés no alcanza con tener dinero y gastárselo en aparatos complejos para producir fenómenos. Por el contrario, desde su punto de vista, de lo que se trata es de hacer verdadera filosofía. En esta línea, argumentó en Mathematicae hodiernae que “si se dijera de las ciencias que son experimentos de las cosas naturales, entonces los mejores de los físicos son los charlatanes.”[2] En otras palabras, la experimentación aún sistemática no puede compararse con el filosofar.

Hobbes iba justo al centro de la cuestión, pensaba que la práctica experimental y la filosofía se diferenciaban en la capacidad para garantizar el consenso entre los intelectuales y la paz política. La práctica experimental transformaba a los físicos en “charlatanes” porque los acercaba a quienes pretenden construir verdad basados en la coherencia de los argumentos y no en un sólido andamiaje deductivo. Una práctica más cercana al parlamentarismo y la moderna democracia que al estado absolutista que él pretendía legitimar desde el punto de vista político. En rigor, hay entre los experimentadores y los filósofos dos formas o mecanismos de pensamiento diferentes.

Por otra parte, Hobbes identificaba el conocimiento surgido gracias al empleo de experimentos con un conocimiento práctico inferior típico de los procesos intelectuales de artesanos y mecánicos. Según afirma el mismo Hobbes en Dialogus physicus, el del filósofo no es un “espíritu ordinario”.[3] Lo que los experimentadores rescataban como un valor, el hecho de considerarse trabajadores, humildes artesanos de la ciencia, Hobbes lo denostaba sosteniendo que en realidad, lo que hacían era una filosofía innoble. Para Boyle y sus colegas, el conocimiento surgido a partir del uso de máquinas experimentales por parte de trabajadores humildes de la ciencia era ingenioso y valioso. No obstante, cabe aclarar que ni Boyle ni sus colegas greshamitas eran sujetos humildes y que sus artilugios mecánicos eran encargados a talleres en los que trabajaban hombres tal vez en paupérrimas condiciones.

Más adelante, veremos el contraste que existe entre las formas literarias adoptadas por Hobbes y Boyle para sostener sus argumentos.


Por José Antonio Gómez Di Vincenzo

[1] Tomo la cita textual de El Leviathan y la bomba de vacío de Shapin y Schaffer en la página 183 de la edición que sigo de la cual ya di cuenta en entradas anteriores. [2] Tomo también esta cita del trabajo de Shapin y Schaffer, página 186. [3] Tomo también esta cita del trabajo de Shapin y Schaffer, página 188.

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