La Persistencia de la Memoria

La Persistencia de la Memoria
Salvador Dalí

domingo, 13 de marzo de 2011

Notas acerca de “El Leviathan y la bomba de vacío” (Cuarta parte)

José Antonio Gómez Di Vincenzo
En esta oportunidad nos concentraremos en las diferencias que pueden establecerse entre el pensamiento de Hobbes y el de Boyle en relación al problema del experimento. Veremos los reparos que Hobbes expresa acerca del modo en que los experimentalistas pretenden defender el carácter genuino del conocimiento alcanzado.

La Royal Society se terminó de constituir formalmente en noviembre de 1660. Hobbes no tardó en expresar su oposición desde el punto de vista intelectual a dicha sociedad. En efecto, el autor de El Leviathan no se enfrentó solamente al experimento en sí (el que se llevaba a cabo, por ejemplo, mediante la aplicación de la bomba de vacío) como medio para alcanzar un conocimiento genuino de la naturaleza sino también, al programa experimental en su conjunto.

Los experimentadores sostenían que la filosofía de la naturaleza, para fundamentar sólidamente sus descubrimientos, necesitaba estar basada en las prácticas experimentales. La respuesta de Hobbes no se hizo esperar. En 1661, el filósofo ingés publicó Dialofus physicus de natura aeris. El diálogo es la primera respuesta a la posición de Boyle y los experimentadores del Gresham College. Le seguirán Problema physica de 1662 y el Decameron physiologicum de 1678.
Las críticas de Hobbes asumen diversas formas. Sintetizaremos, a continuación, las más generales para luego, encargarnos de la posición del filósofo respecto al status del carácter público del trabajo de los experimentadores y la funcionalidad de las interpretaciones que surgen a partir del uso de la máquina de vacío.

Hobbes era escéptico acerca del alegado carácter público y testimoniado de las realizaciones experimentales llevadas a cabo en el Gresham College. Por demás, consideraba que el programa experimental era lisa y llanamente inútil. Par él, repetir experimentos era excesivo y redundante si se conocían las causas de los efectos naturales. Hobbes, como hemos visto en entradas anteriores, negaba el carácter filosófico de los resultados obtenidos por los experimentadores. Además, rechazaba el hecho de que se podía establecer una frontera clara que delimitara la observación de regularidades físicas producto de la experimentación y la identificación de causas. En otros términos, que era posible marcar fácilmente la frontera que separa los hechos de la teoría. Hobbes consideraba que las hipótesis esgrimidas por los experimentadores eran tomadas como las verdaderas causas reales de los hechos. Cualquiera fuera la causa hipotética esgrimida por Boyle siempre era posible encontrar una explicación alternativa disponible y superior que debía ser preferida. Por último, Hobbes sostenía que los experimentos realizados por Boyle involucraban supuestos tanto en la construcción como en el funcionamiento del dispositivo empleado para llevarlo a cabo y que tales presupuestos podían siempre ser desafiados. Resuenan estos últimos argumentos en los ecos de la famosa tesis Duhem-Quine referida a la imposibilidad de los experimentos cruciales.

Hobbes mostró que en los experimentos llevados a cabo por la Royal Society sólo podían participar unos pocos protagonistas autoseleccionados. Los experimentadores no ocupaban un espacio público. Más bien las prácticas experimentales se realizaban en un espacio cerrado al público en general. En los experimentos siempre estaba presente un director que decidía quién entraba y quién no. Dicho director era reconocido como una autoridad en la materia. Así, Hobbes discutía el carácter social del espacio en el que se llevaba a cabo la experimentación. Había un director, una autoridad en la constitución del conocimiento casi al estilo escolástico. De esta manera, el filósofo escocés estaba horadando las argumentaciones de los greshamitas acerca de la consistencia de sus resultados. Por demás, Hobbes consideraba que la repetición de los experimentos era inútil y poco económica. Lo que estaba cuestionando en realidad era la validez de la inducción como forma de inferencia para la construcción de conocimiento genuino.

Por otra parte, Hobbes sostuvo que la bomba de vacío no era un instrumento filosófico confiable. Lisa y llanamente, negaba la capacidad de la bomba de vacío de producir vacío. Desde otra posición estratégica intentó demostrar que podía dar cuenta de todos los fenómenos experimentados partiendo de la base de que el recipiente estaba lleno en vez de vacío.

Hobbes sostuvo que para una buena explicación de lo que ocurría con la bomba de vacío era fundamental tener,, en primer lugar, una buena ontología; antes que nada debía tenerse un buen conocimiento acerca de la naturaleza del aire. Existen tres razones según Shapin y Schaffer para ello. Primero, excluir la posibilidad de un sello absolutamente impermeable y la posibilidad de un vacío seguro. Segundo, describir el aire como una mezcla de diferentes fluidos, hacho que le permitía a Hobbes esbozar explicaciones alternativas. Tercero, Hobbes afirmaba que las permanentes escapatorias de Boyle para explicar las causas del resorte de aire y su satisfacción con mostrar que el aire poseía un resorte eran muestra de lo equivocado que estaba el experimentador respecto a la filosofía natural.

Para Hobbes, el aire contenía una parte más pura y sutil y otra parte más grosera y sólida. El aire común consiste, entonces según el filósofo inglés, en una mezcla de efluvios terrestres y acuosos con aire puro (este último a veces denominado éter). Esto fluidos son indefinidamente fluidos (su fluidez no se debe a una partícula mínima o átomo sino a la naturaleza fluida del medio). Para Hobbes, el vacío era un lugar completamente falto de materia. Así, el filósofo estableció el uso apropiado de la palabra vacío y una acerca de los componentes del aire. La primera, explicaba por qué ninguna bomba podía ser impermeable; la segunda, el resorte. Por un lado, la bomba de vacío fugaba. Eran varias las rutas por las cuales el aire, la parte sutil o éter invadía la bomba. La bomba no sellaba en forma perfecta y había un violento pasaje de aire por estas vías abiertas. Por otro lado, el resorte era producto de la entrada de “aire menos sutil”.
Como el dispositivo boyleano no sellaba perfectamente siendo más un sistema físicamente abierto que cerrado todos los hallazgos llevados a cabo por el experimentador estaban sujetos a nuevas interpretaciones por parte de Hobbes.

En gran medida, Hobbes se salió con la suya. Sus estipulaciones en relación a la naturaleza del aire y del vació fueron más que eficaces al demandar argumentos de parte de los experimentadores. En efecto, muchos de ellos tuvieron que salir a aclarar qué entendían por ambos términos. Con todo, Hobbes demostró que siempre era posible esbozar otras explicaciones a partir de sus dos hipótesis acerca de la fluidez y firmeza, en relación a la naturaleza del aire y del vacío. Demostró, también, que invocar a un vacío absoluto era totalmente innecesario. Como sostienen Shapin y Schaffer:
“Las consecuencias de su definición inicial del aire y el vacío eran, en consecuencia, considerables: la parte sutil del aire era precisamente la parte que volvía imposible el vacío, mientras que las partes más groseras eran las que explicaban los efectos que Boyle interpretaba de acuerdo con su noción de ‘resorte’. Estas dos partes de materia muchas veces se combinaban en sus efectos” (p. 179)

Continuaremos, más adelante, adentrándonos en la concepción que se tenía en la época acerca del uso de máquinas para la construcción de conocimiento y el lugar que ocupaba la metáfora mecanicista en la filosofía natural.

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