La Persistencia de la Memoria

La Persistencia de la Memoria
Salvador Dalí

jueves, 16 de diciembre de 2010

El todo y la parte: Durkheim y la metáfora organicista. Última entrega

Había quedado pendiente, desde hace un tiempo, el tratamiento del problema del todo y la parte en la postura durkheimiana. Para entender cómo resuelve Émile Durkheim (1858 – 1917) la tensión entre el todo y la parte es necesario tener presente que el intelectual francés había esbozado toda su teoría de lo social marcando fuertemente la dicotomía entre el individuo y la sociedad. Durkheim tiene que defender la autonomía o el status objetivo de los hechos sociales, debe marcar una diferencia entre éstos y las acciones o conductas propias de cada individuo. En este sentido, Durkheim se distancia del individualismo metodológico en sus dos variantes, esencialista y accionalista.
Para construir la totalidad y dar cuenta del status propio del hecho social, Durkheim apela a la metáfora organicista. Se trata de una metáfora epistémica
[1] tomada de la biología. Desde esta perspectiva, la sociedad puede ser concebida como un organismo. Tal como ocurre en los seres vivos, cada parte cumple una función específica. Desde el punto de vista social, cada una puede ser un individuo o una institución. Ahora bien, cada función está puesta en relación con el todo. Es el todo social el que da sentido a cada una de las acciones llevadas a cabo por las partes individuales. Es así que los hechos sociales son manifestaciones de tal sentido y no de los deseos propios de cada integrante de la sociedad.
Durkheim, a pesar de estar fuertemente preocupado por el carácter científico de su obra y tener como referente en buena medida al positivismo comteano, nunca da cuenta empíricamente de cómo construye la totalidad o la pertinencia del uso de la metáfora organicista. Si la cuestión no pasa por la adopción de una posición instrumentalista
[2] y existe un compromiso ontológico fuerte, entonces Durkheim debe dar cuenta de la existencia de cierta continuidad entre lo biológico y lo social cosa que nunca justifica desde el plano teórico.
A partir de lo expuesto no nos queda otro camino que concluir que Durkheim hace uso de la metáfora organicista como herramienta gnoseológica pero al mismo tiempo, dejando entrever un claro posicionamiento ideológico. En efecto, la analogía con el organismo biológico disuelve la posibilidad de considerar el conflicto como inherente a la sociedad capitalista. Si existen situaciones conflictivas éstas, desde la postura durkheimiana, deben considerarse como patologías. El funcionamiento normal del organismo social sano no presentaría ningún tipo de conflicto. El conflicto sería desde la posición funcionalista, una desviación.
[1] Consideraremos una metáfora epistémica como todo concepto, teoría, estructura, nociones, etc., que sufre un desplazamiento o traslado de un ámbito científico a otro o bien que ingresan a la ciencia desde el lenguaje y las concepciones corrientes en el contexto sociocultural y agregan conocimiento. Las metáforas en general y específicamente, las metáforas epistémicas poseen un plus de significado el cual, podemos considerar como extensión, ampliación, interacción o desviación del original del cual es tomada la metáfora. Las metáforas agregan sentidos, crean nuevos mundos. Pero no se trata sólo de una cuestión relativa a la semántica puesto que para dar cuenta de la eficacia de la metáfora debemos extendernos al ámbito de la pragmática del lenguaje. Las metáforas dicen algo del mundo, y aunque no todas las metáforas tienen valor para las ciencias, ellas no sólo tienen una función estética sino que pueden en muchos casos disputar un espacio en el ámbito cognoscitivo con expresiones de otro estilo.
[2] La posición instrumentalista en filosofía es una consecuencia metodológica del fenomenalismo, una perspectiva gnoseológica que se caracteriza por negar la posibilidad de que el conocimiento trascienda los fenómenos, es decir los productos de la experiencia humana, y consiga representar la realidad. Consecuentemente, el instrumentalismo se encuentra asociado a diversas variantes de empirismo, entre ellas el positivismo y el pragmatismo. Se trata, pues, de un tipo de antirrealismo, de una posición escéptica que se opone al realismo y, en particular, al realismo metodológico.
El realismo científico es una variedad del realismo crítico. Sostiene, básicamente que:
Existe una realidad objetiva.
El objetivo primordial de la ciencia es describir y explicar (además de predecir) los hechos de la realidad.
La ciencia consigue su objetivo en cierta medida y de un modo especial, gracias a la aplicación del método científico. Entonces permite conocer la realidad
Esta es, obviamente, una caracterización bastante general y vaga. La razón de ello es que hay numerosas variedades de realismo científico, casi tantas como autores realistas científicos, los cuales hacen énfasis en diferentes características de esta concepción. Sin embargo, haciendo una caricatura de ambas posiciones para su comprensión, podemos decir que mientras el realista dice que conoce la realidad, el instrumentalista sostiene que eso que el realista dice conocer no es la realidad en sí sino como se presenta el fenómeno que el realista cree real.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Holismo simple vs totalidad compleja: los avatares de la investigación social

José Antonio Gómez Di Vincenzo
Continuando con la saga de entradas relacionadas con la problemática del todo y la parte en las disputas epistemológicas propias del campo de los estudios sociales introduciremos, en esta oportunidad, una descripción y análisis de dos de las respuestas más comunes a la problemática: el holismo y la totalidad compleja por otra. Anticipamos que el holismo simplificante y el holismo radical (dos de las formas en que puede presentarse la perspectiva holista) constituyen formas erróneas de plantear la solución al problema en tanto cualquiera de las dos posiciones cae en una suerte de reduccionismo que aísla o bien las partes constituyentes del todo o el todo de las partes.
¿Cómo analizar la totalidad sin perder de vista las particularidades? ¿Cómo ponderar las particularidades sin perder de vista la totalidad? Estas preguntas no hacen más que graficar el gran dilema del investigador social a la hora de comenzar sus estudios acerca de determinados fenómenos sociales. Como hemos visto dichas preguntas pueden responderse planteando que el punto de partida para la investigación social debe ser el estudio de las partes aisladas o el todo como suma de las partes.
Afirmaciones como “todo tiene que ver con todo” o “el todo es mayor a la suma de las partes” dan cuenta de una toma de posición holista que, por lo general, postula una serie de enunciados metafísicos con los cuales pretende dar cuenta de cómo emerge el todo de las partes y el papel que éstas deben cumplir en la conformación del todo.
Por otra parte, desde ciertos lugares se sostiene que la manera de complejizar los análisis consiste en agregar, adicionar datos a las cuestiones. Así para explicar determinado fenómeno, el empirista sostiene que deben relevarse la mayor cantidad de datos posibles. Mientras más datos tengamos, mientras estudiemos más a fondo cada componente del todo, mayor será nuestra capacidad de comprensión de las cuestiones. El enfoque que considera la totalidad como un complejo entramado de relaciones, como un todo estructurado pretende pararse en la vereda opuesta de esta corriente empirista. Pero no vayamos tan rápido…
Weber sabía que esta forma de empirismo no nos llevaría muy lejos en la investigación social. Sostenía que frente a una realidad que se extiende infinitamente frente al investigador con capacidades cognitivas limitadas el conocimiento es incapaz de abarcarlo todo. Desde otro lugar, un conspicuo representante de la tradición anglosajona en epistemología, Carl Popper, acordaba en que es imposible construir conocimiento acerca de una realidad ilimitada y criticando la inducción, sostenía que si queremos estudiar un fenómeno nos vemos obligados a realizar un recorte, a elegir ciertos aspectos de la cuestión para formular hipótesis y ponerlas a prueba. Ya hemos hecho referencia, en entradas anteriores, a las falencias que presenta el individualismo metodológico accionalista. Por demás, el problema que se plantea en este caso es cómo realizar dicho recorte, sobre qué base racional se asegura que algunos conocimientos son más decisivos que otros. Todo un problema que tiene que ver con la objetividad del conocimiento que Weber pretende resolver por la vía de la neutralidad valorativa y a la aplicación rigurosa del método. El lector interesado puede retomar el tratamiento a esta cuestión si lo desea. Volvamos a los problemas que presenta el holismo.
Sostener que el todo es más que la suma de las partes no agrega mucho a la cuestión. En efecto, existe una forma de holismo que cae en una suerte de simplificación, al no poder explicar la totalidad como un todo jerarquizado y estructurado y no advertir que es necesario dar cuenta de cómo se da dicha jerarquización y estructuración. El holismo simplificante no parte de un estudio de las relaciones o del modo en que se estructura el todo sino de cada elemento en sí mismo para después construir la totalidad por medio de una simple adición de partes. Esta clase de holismo no puede concebir la conjunción de lo particular y lo general, la parte y el todo. Dividiendo una sociedad en sectores y enviando a una gran cantidad de investigadores a estudiar cada uno de ellos, jamás tendremos una idea acabada de dicha sociedad, por más profundos y detallistas que sean cada uno de esos estudios. Es más, lo más probable es que tampoco tengamos un conocimiento legítimo de lo que cada parte es.
En síntesis, tanto la postura que plantea que el todo se alcanza analizando las partes aisladamente propia de la tradición empirista y el individualismo metodológico como la tradición que plantea que el todo es más que la suma de las partes sin dar cuenta empíricamente de la manera en que se relacionan los componentes del todo estructurado caen en una suerte de simplificación de la problemática.
Existe otra línea que pretende explicar cada una de las partes apelando a las propiedades del todo. Se trata de un holismo radical, una tendencia que pierde de vista que las partes también tienen sus particularidades y colaboran en la constitución de las características del todo. Así desde esta posición el todo es aislado de las partes. Esta línea de pensamiento se agrega a las anteriores como una nueva forma de simplificación de la problemática epistemológica que estamos tratando.
En una próxima entrada veremos cómo puede salirse de este embrollo. Sólo a modo de anticipo diremos que una buena manera de solucionar la cuestión consiste en pensar el todo como unidad compleja y a las partes como síntesis de múltiples determinaciones. Es la salida que instala Marx en su famosa introducción a los Grundrisse o Elementos fundamentales para la crítica de la economía política, los manuscritos de 1857.