La Persistencia de la Memoria

La Persistencia de la Memoria
Salvador Dalí

sábado, 3 de abril de 2010

Crecimiento o desarrollo: ¿Sobre cuál de las dos opciones debe sustentarse la política económica de un gobierno burgués pero “progre”?

José Antonio Gómez Di Vincenzo. UNSAM
Este artículo rescata algunos apuntes tomados a partir de debates, conversaciones y reflexiones realizadas antes, durante y después de los acontecimientos vividos en buena parte del año pasado y el anterior mientras asistíamos por momentos astiados a las críticas al gobierno nacional esbozadas por los pacatos representantes mediáticos de los poderosos de siempre junto a la runfla impresentable de especímenes cuasipolíticos que se alinean bajo el título de "la oposición" desprestigiando la categoría.
Aproximaciones previas

Luego de la espectacular crisis sufrida por nuestro país como resultado de la aplicación sin tregua de las políticas neoliberales durante toda la década del noventa, hoy todavía, tenemos que afrontar la reconstrucción de lazos sociales desbastados por el hambre, el desempleo, el empobrecimiento y la exclusión de muchos argentinos. En este sentido, cualquier economista heterodoxo y cualquier político “progre” (una sociedad que a veces puede darse o no) sabe que es prioritario pensar acciones inclusivas que tengan un fuerte sustento en la creación de puestos de trabajo, una mejor distribución de la riqueza, la formación y capacitación de trabajadores especializados que puedan operar en empresas con un alto grado de modernización para aportar valor a los productos primarios o elaborar otros con un alto grado de desarrollo tecnológico.
Durante estos últimos años, hemos experimentado un crecimiento fenomenal de la economía dado por las ventajas externas, los elevados aprecios de los comodities y un mundo que demanda cada vez más productos primarios y alimentos. La expansión a tazas de un 8% o 9% vinieron a sustentar con un superavit de cuenta corriente importante y el aumento del gasto público para paliar, en buena medida (y a buena hora porque era preciso tomar acciones inmediatas), los efectos más preocupantes de la crisis, gracias a la implementación de planes y programas sociales de contención.
Pero, no obstante, parece que esto no alcanza para salir del chubasco. Cómo pasar de los números a los hechos y prácticas políticas es otro cantar… Es preciso comenzar a pensar en el largo plazo y construir un proyecto a futuro que permita salir de la coyuntura y construir un modelo inclusivo con justicia social (para utilizar una categoría nacional y popular) que al mismo tiempo nos lleve a un desarrollo sustentable a largo plazo. Y todo, mientras el capitalismo globalizado vive un nuevo ciclo de baja y da cuenta, una vez más, de sus contradicciones y puntos oscuros. Y todo, mientras los ganadores de siempre ponen todo tipo de trabas asegurándose de que no varíe en nada la parte más grosa de la repartija.
En efecto, la crisis que vivimos, esa que los medios ponen todos los días sobre el tapete como si hubiese venido como una plaga de no se sabe dónde, un castigo divino aplicado a todos por la desidia, la codicia y la angurria de unos pocos; esa crisis, decíamos, es endógena al sistema. Aunque la clase más revolucionaria de la historia se niegue a reconocerlo y, o bien ponga en los medios a dar explicaciones a los mismos garúes de los noventa como si nada hubiese pasado, o bien busque salidas heterodoxas a la crisis reciclando viejas recetas, mientras el proletariado compra sus espejitos de colores y sigue soñando al son de la canción de cuna ideológica que los medios (principales aparatos ideológicos burgueses) reproducen sin cesar, nosotros dejaremos un poco de lado en estas soporíferas minivacaciones (que le debemos a un carpintero crucificado hace mil y pico de años) la filosofía de las ciencias y la historia de las ciencias y nos meteremos con la economía como su supiésemos. Y prometemos no hacerlo apelando a las tan trilladas categorías tales como toma de los medios de producción, revolución, etc. Como diría un amigo del barrio, viejo militante comunista, no es el momento ni están dadas las condiciones. Por eso, nos limitaremos a un análisis desde lo coyuntural, a veces, diciendo cosas que dentro de la misma coyuntura pueden llegar a sonar radicales. Lo haremos sin negociar con el capital y dejando en claro que sus días están contados y aunque tal vez no sea esta la oportunidad en que celebremos su deceso, el fin del modo de producción capitalista llegará tarde o temprano aunque, muy a pesar de quienes queremos un mundo mejor, con él llegue también la extinción del planeta.
En el presente artículo, nos proponemos realizar un cruce entre la teoría y las distintas miradas sobre la crisis en cuestión y la situación concreta de nuestro país relevadas a partir de la lectura de un par de artículos publicados en el suplemento Economía y Negocios del diario La Nación. (Algo "viejitos" pero significativos para lo que pretendemos tratar aquí). Nos referimos, específicamente, a los artículos titulados “El desarrollo económico. Un modelo para crecer” publicado en dicho suplemento por Francisco Jueguen y “La educación, aún lejos de aportar al desarrollo” escrito por Carlos Manzoni.
Para llevar a cabo este trabajo, deberemos indagar en el marco teórico propio de la economía política y la sociología junto con los aportes de otros medios y publicaciones que nos ayuden a comprender cabalmente de qué hablamos cuando nos referimos a crecimiento, desarrollo, dos categorías centrales en el análisis actual en los medios especializados y en los discursos políticos y que debemos distinguir y puntualizar, antes de abordar alguna conclusión. Pondremos todo este marco teórico a funcionar como soporte intelectual a la hora de analizar lo expuesto en los artículos mencionados para echar luz a los planteos en ellos presentes. Discutiremos el sentido de las categorías desarrollo y crecimiento desde el punto de vista de la economía. Este análisis irremediablemente incluirá cierta aproximación desde la lógica formal marcando la diferencia a partir de categorías como las de condición necesaria y suficiente. Finalizaremos el trabajo, exponiendo algunas breves conclusiones.
En primera medida y a modo de anticipación, podemos decir que crecimiento y desarrollo son categorías distintas, que el segundo es un concepto más amplio que incluye al primero puesto que abarca además de qué y cuánto se produce, al cómo y de qué manera se distribuye la riqueza. Crecer sería entonces, una condición necesaria para el bienestar de la sociedad pero no suficiente: es preciso incorporar al análisis el cómo.

¿Crecer o desarrollarse?

Antes de adentrarnos en el análisis de los artículos expuestos más arriba, es necesario realizar un breve rodeo y discutir algunas cuestiones teóricas que nos ayudarán a una comprensión más profunda de los temas a tratar. En particular, intentaremos ver qué se entiende por desarrollo, qué es el desarrollismo y cómo influye esta perspectiva en el discurso económico actual.
El desarrollismo es una teoría económica nacida en seno de América Latina y hace un fuerte hincapié en el desarrollo industrial en los países para salir de la situación de pobreza a la que los llevó su desfavorable posicionamiento en el mapa mundial y la división del trabajo a nivel países. La clave, entonces, para que pueda darse un desarrollo de las economías de estos países es la industrialización.
Desde esta postura, se cuestiona la teoría clásica del comercio internacional. La misma se apoya en el principio de las ventajas comparativas. El desarrollismo muestra como se produce un fenómeno de deterioro de los términos de intercambio y las transferencias de valor a favor de los países industrializados en perjuicio de los países con economías primario-exportadoras como la de nuestro país.
Para poder superar esta situación sería necesario dar un salto cualitativo mediante una política de desarrollo e integración que ponga en un plano prioritario las inversiones en industria e infraestructura apelando a capitales nacionales e internacionales. Se busca ampliar el mercado interno para colocar la producción, incentivar las exportaciones y se piensa en un estado eficaz capaz de actuar como gestor de políticas redistributivas para conducir la política de ingresos e invertir en la infraestructura nacional. Se ve al capitalista innovador como elemento dinamizador del crecimiento. Se busca disminuir las interferencias del estado en la economía nacional pero proteger a la industria en el plano internacional.
La inflación es vista como un obstáculo para el desarrollo. Es por este motivo que debe procederse a la racionalización administrativa mediante el control del gasto para evitar el déficit fiscal. En la práctica, se promueve la cooperación entre los distintos sectores de la economía nacional en función del bien común. En esta línea, el crecimiento pasa a ser un punto de partida o condición necesaria para el desarrollo. Haciendo un resumen muy escueto, podríamos decir que el desarrollo no podría darse sin crecimiento y que el mismo implica cuestiones como la planificación, la distribución del ingreso, la innovación y el desarrollo educativo.
Desde esta perspectiva, cobra especial importancia la formación de recursos humanos capaces de llevar adelante tareas cada vez con un grado mayor de complejidad y mayor demanda de competencias específicas. En este sentido, las teorías desarrollistas se imbrican con las de capital humano las cuales, pasaremos a desarrollar a continuación. Pero cabe aquí una aclaración. La Teoría del Capital Humano surge como formando parte de un cinturón protector, en términos de Lakatos, o como teoría subsidiaria de las teorías económicas clásicas y neoclásicas o marginalistas. En rigor, la Teoría del Capital Humano, desarrollada en la década del sesenta, se inspira en las conceptualizaciones de Parson, Schultz, Mincer y Becker quienes a su vez, toman los aportes de Emile Durkheim. [1] Estos sociólogos y economistas norteamericanos toman las categorías durkheimianas para desarrollar una sociología acorde a su época y contexto sociocultural puesto que las mismas apuntan a explicar el funcionamiento cohesionado y armónico para una sociedad industrial en la que la especialización y las calificaciones van de la mano de la división del trabajo.
Durkheim sostiene que un conjunto de creencias y sentimientos constituyen un sistema. Podemos llamar a dicho sistema conciencia común. Esta conciencia es muy distinta que la conciencia particular, propia de cada individuo. Hay en cada sujeto dos conciencias: la individual y la común o social. Cuando un acto individual rompe el lazo social hiriendo esta forma de conciencia común se convierte en un acto criminal y produce lo que para el autor se denomina anomia. Hay desajuste y conflicto disfuncional.
Existe pues un tipo de solidaridad social que es consecuencia de la conciencia común y que se representa en el conjunto de normas que tienen por fin sancionar cualquier tipo de desviación. Es la solidaridad mecánica.
De la misma manera, la regla que exige la especialización tiene la misma función e idéntico carácter. Existe otra forma de solidaridad social que presupone las diferencias que los distinguen entre sí. Durkheim interpreta las desigualdades entre los hombres desde el punto de vista de la especialización funcional. Estas desigualdades no son para el autor negativas. De la división social del trabajo, surgen las relaciones de cooperación. Hay pues una esfera de acción que es propia de su personalidad y que se desarrolla de distinta manera en cada individuo. La conciencia colectiva deja una parte a la individual para que se desarrollen las funciones especiales propias del rol que desempeñará el individuo según su iniciativa propia. Esta es la llamada solidaridad orgánica.
No es casual que Emile Durkheim haya sido uno de los fundadores de la llamada Sociología de la Educación; actividad a la que el sociólogo otorgaba una importancia fundamental en la construcción de esos significados comunes que nos identifican como sociedad y la enseñanza de esos saberes técnicos que nos posibilitan participar como miembros de la misma, cada uno desde el lugar para el que se ha especializado.
Parson, como decíamos más arriba, toma estas categorías para elaborar su teoría sociológica pero desde otro modelo epistemológico distinto al de Durkheim. Parson parte de lo individual: su modelo es el individualismo metodológico. Este modelo es compartido por la teoría económica y entra en resonancia con las posturas liberales y conservadoras. De ahí que la Teoría del Capital Humano como teoría funcional al marginalismo encuentre su base de sustento teórico en el funcionalismo parsoniano.
En rigor, la teoría desarrollada en la década del sesenta principalmente por Schultz, Mincer y Becker se caracteriza por una visión más productivista de la relación economía y educación al considerar el capital humano como toda movilización voluntaria de recursos escasos dirigidos a aumentar la capacidad productiva del individuo.
Para los autores anteriormente citados, la salud, educación y la información pueden ser estudiados más como inversiones que como consumos. En educación, específicamente, su demanda es una función de las siguientes variables: los costos individuales directos e indirectos por adquirirla y las variaciones que esta educación recibida producirá a futuro en cuanto a las oportunidades de empleo y niveles de ingresos. En síntesis, las personas invierten en sí mismas y estas inversiones son importantes para los individuos y el desarrollo de la economía; el individuo al invertir, sacrificaría recursos y satisfacciones del presente por un futuro mejor.
Desde el punto de vista neoclásico, la Teoría del Capital Humano toma a la educación como una inversión para el desarrollo de las capacidades productivas individuales. Como herramienta de análisis se plantea la utilización de la taza de rendimiento interno de la inversión educativa que se calcula igualando los costos del proceso educativo con los futuros incrementos de ingresos obtenidos por las personas que reciben un a educación adicional. Esta taza se puede comparar con inversiones de otro tipo y a nivel individual y social.
Entonces, podemos sostener a modo de resumen, que tanto desde el enfoque clásico como neoclásico, la educación es vista como impulsora del crecimiento económico puesto que aumenta la capacidad productiva de los individuos y el salario y su capacidad para redistribuir la renta debido a que si los de menor renta pueden acceder a un nivel educativo más elevado podrán aumentar los niveles de renta.
La Teoría del Capital Humano en sus versiones más neoclásicas ha sido criticada junto con la postura neoclásica en economía. No podemos extendernos aquí en la descripción detallada de dichas críticas puesto que no es este el punto que deseamos tratar en el artículo. [2]
Hasta aquí, nos hemos extendido en el desarrollo de la Teoría del Capital Humano. Veremos cómo, el desarrollismo se hace eco de esta teoría. En líneas generales y a modo de anticipo, es posible afirmar que al ponerse mayor énfasis en la educación se puede mejorar los niveles de desarrollo de la sociedad.
El desarrollismo toma esta Teoría del Capital Humano pero cambiando, nuevamente, la perspectiva y dándole un sentido más social. En vez de pensar las ventajas o beneficios desde lo individual o para el individuo aislado, el desarrollismo piensa en cómo el sujeto independiente puede educarse o ser educado para el beneficio de toda la sociedad. Vemos entonces cómo, el desarrollismo se aparta del postulado clásico y neoclásico en el cual, el mercado es el mejor asignador de recursos mediante el libre juego de la oferta y la demanda poniendo al Estado y las instituciones como actores centrales en la planificación y distribución de recursos.
Así, desde la mirada de los teóricos desarrollistas que toman elementos de la Teoría del Capital Humano, se ha destacado la importancia del desarrollo de los recursos humanos para el progreso económico de un país.

El desarrollismo y la Teoría del Capital Humano en los diarios y en los discursos políticos

Ambas teorías vienen a plasmarse en muchos de los discursos presentes en distintas publicaciones especializadas en el análisis económico al tiempo que son tomadas como punto de apoyo para los programas de muchos políticos de distinto signo ideológico. En un artículo publicado en el diario Clarín del 10 de noviembre de 2007 titulado “La internacional socialista trajo el debate: crecer con equidad”, las categorías propias del desarrollismo y de la Teoría de Capital Humano son expuestas como propias del discurso de buena parte de la izquierda socialdemócrata. Asimismo, podemos encontrar las mismas categorías en funcionarios del gobierno o de los organismos internacionales. Algo parece estar claro. Asistimos a un reposicionamiento del discurso desarrollista aggiornado e impregnado de categorías propias de la Teoría del Capital Humano. Es por esto que nos pareció importante centrarnos un tanto en el análisis de las mismas antes de adentrarnos en la exposición de los artículos.
Antes de exponer los temas tratados en los artículos que analizaremos, queremos mostrar cómo se encuentran vigentes los discursos más arriba expuestos en las publicaciones periodísticas diarias. En una entrevista realizada a Bernardo Kosacoff, director de CEPAL y publicada en el diario Perfil del 11 de noviembre del 2007, el técnico dejó en claro su postura frente al tema inflacionario expresando que hace tiempo que se dejó de alimentar la inflación con emisión de moneda para solventar déficits fiscales y hoy, se impone analizar otras variables que juegan en la cuestión. Kosacoff habló de la necesidad de administrar eficientemente y estratégicamente el gasto público haciendo más lenta su expansión porque también el gasto es importante para financiar inversiones para mejorar la infraestructura que es necesaria para comerciar bienes y servicios. Vemos cómo, el técnico tomó distancia de aquellos discursos neoliberales que lisa y llanamente, hablan de ajustar drásticamente el gasto. A diferencia, plantea una desaceleración del mismo.
El mismo diario y el mismo día, Fernando Cardoso, ex presidente de Brasil, sostuvo en un artículo que la inflación no es un problema porque se puede controlar mediante una estudiada reducción del gasto público y de las personas aumentando su ahorro. Cuando tocó el tema de cómo se daría esa estudiada reducción del gasto, argumentó que el tema no es que se deba recortar el gasto público sino que el mismo debe apuntar a la inversión productiva que ayude a eliminar los cuellos de botella que también generan inflación. Esto no pasa con el dinero que se destina a los gastos corrientes.
Vemos cómo, el discurso económico en la región ha cambiado de signo, virando de un marcado neoliberalismo, pensamiento que había adquirido un rol hegemónico en los noventa y principios de la presente década hacia lo que muchos teóricos están comenzando a llamar un neo desarrollismo. Esto es: una postura que recoge elementos fundamentales del desarrollismo de los sesenta pero aggiornados o ajustados al contexto de la globalización y que toma como una teoría complementaria en función de lo que en términos de Lákatos podríamos llamar el cinturón protector del núcleo duro del programa de investigación, a la Teoría del Capital Humano. Esta última viene a dar sustento a la necesidad de desarrollar recursos humanos y avanzar en la investigación y desarrollo de productos con un alto valor agregado para ser vendidos en el mercado internacional con el consecuente aumento del superavit de cuenta corriente.
Ahora bien, en todos los discursos está clara o es bien marcada por los intelectuales la diferencia entre un crecimiento a secas, desordenado, con un aumento descontrolado del gasto y el consecuente déficit fiscal y por otro lado, el desarrollo ordenado con metas claras y políticas que impulsen las exportaciones de bienes con valor agregado, la inversión en bienes de capital y el uso racional del gasto para el financiamiento de obras de infraestructura.


Un modelo para armar

En su artículo denominado “El desarrollo económico. Un modelo para armar”, Francisco Jueguen expone las diferencias sustanciales que existen entre crecimiento y desarrollo. Al primer concepto, lo ve como condición necesaria pero no suficiente para que se dé el segundo. El crecimiento económico se refiere al aumento o la expansión de la producción.
El crecimiento que estuvo experimentando nuestro país, del orden de un 8% a 9% es importante pero debe tomarse como punto de partida para el planteo de políticas y mediadas económicas que tiendan al desarrollo sostenido y sustentable. De no ser así, el crecimiento para este periodista, lleva a pensar en el corto plazo y ni siquiera sirve para que los sujetos puedan gozar de los beneficios en lo inmediato puesto que, según sostiene Jueguen, no se vio una mejora del ingreso ni se optimizó la asignación de recursos por parte del Estado.
Jueguen sostiene fuertemente en que el desarrollo, por el contrario, es un concepto más amplio que el crecimiento e implica una visión a largo plazo.
El autor del artículo desea dar cuenta de la diferencia entre ambas categorías, crecimiento y desarrollo. Es oportuno recordar que el desarrollo se diferencia de crecimiento porque no hace referencia al qué o cuánto sino también al cómo y de qué manera se distribuyen los beneficios y perjuicios dada la capacidad productiva y qué oportunidades sociales se generan para las personas. Cobran importancia entonces, categorías como equidad, políticas públicas redistributivas, y transferencias.
Adquiere, aquí, central importancia apostar a la educación para la formación de recursos humanos y la calidad institucional entendida como pautas o reglas claras para el juego económico. De darse esta ecuación, el autor de la nota sostiene que iríamos hacia una convergencia entre ingreso y desarrollo social.
Hacer hincapié en medidas “desarrollistas” nos llevaría a corregir problemáticas dadas por los desórdenes fiscales, el mal uso de capitales externos y condiciones internas y las restricciones a las cuentas externas. Es necesario entonces pensar en un estado eficaz en la gestión y en la modernización de sus funciones. Jueguen insiste en que crecer mucho no es una política de desarrollo; hace falta pensar en un plan a largo plazo.
Como anticipáramos más arriba, el artículo hace especial hincapié en la previsibilidad institucional; esto es: el buen funcionamiento de las instituciones y la seguridad jurídica. También se pone especial énfasis en la innovación tecnológica dada por el desarrollo de las investigaciones en el campo científico, tecnológico y la necesaria puesta en marcha de medidas para mejorar la educación en general. En este sentido, Carlos Manzoni en su artículo titulado “La educación, aún lejos de aportar al desarrollo”, profundiza lo expuesto por Jueguen. Desde su punto de vista, es necesario realizar más, y específicamente, se refiere a mejores inversiones en el área educativa dado que aún está pendiente el logro de una mayor calidad e equidad.
Para este periodista, el sistema educativo todavía no ha logrado achicar la brecha entre ricos y pobres y el sector privado se encuentra en ventaja con el público dadas una serie de cuestiones que benefician la gestión educativa en este ámbito. El autor plantea la necesidad de tomar medidas de fondo para mejorar las propuestas educativas públicas dado que la Ley de Educación Nacional presenta algunos flancos débiles puesto que no plantea prioridades claras y eficaces para los más necesitados, no fija la meta de los 200 días de clases y no crea un organismo estatal para fiscalizar la calidad.
Cómo vemos, en ambos artículos se encuentra presente una marcada política desarrollista que se aúna con la Teoría de Capital Humano para plantear la importancia del desarrollo a largo plazo y la necesidad de recursos humanos preparados para el desempeño de tareas que demandan cada vez competencias más complejas en el marco de nuevas formas de organización del trabajo.

Conclusiones
Hasta aquí, hemos visto cómo el desarrollismo y la Teoría del Capital Humano han cobrado vigencia en los discursos teóricos esgrimidos por periodistas especializados, economistas y políticos latinoamericanos actualmente.
Desde nuestro punto de vista, todos estos discursos se encuentran en sintonía con la política del gobierno nacional que, a pesar de las presiones llevadas adelante desde distintos sectores, ha considerado la importancia de llevar a cabo una política económica que haga especial hincapié en la acción del Estado como asignador de recursos y la redistribución del ingreso mediante transferencias monetarias o subsidios. Al menos en el discurso y en algunas cuestiones prácticas este esbozo de buenas intenciones superó con creces la política concreta de los noventa de neto corte neoliberal y todos sus desastres.
La cuestión sobre la que muchos teóricos están haciendo referencia repetidamente está relacionada con el uso del superavit (olgado pocos años atrás, más humilde este que pasó) tanto de la cuenta corriente como fiscal para financiar el gasto público y la preocupación por la inflación. En este sentido, todos concuerdan en que se hace necesario desacelerar el gasto público y destinar los fondos al financiamiento de obras públicas para el mejoramiento de la infraestructura y la educación. Esto no estaría mal siempre y cuando el Estado ponga los huevos en la canasta de los que siempre perdieron, que la educación sea una herramienta no sólo para la adquisición de saberes útiles al mercado laboral sino también que apunte a la formación integral de un sujeto crítico y transformador y que las inversiones productivas realizadas por parte del Estado se realicen en función de un plan estratégico que no contemple sólo la viabilidad económica en términos de ganancia sino también, y sobre todo, en términos de independencia tecnológica.
A nuestro entender, el Estado no puede dejar de llevar adelante subsidios y programas para la contención de una gran cantidad de sectores tremendamente afectados por las crisis sociales. Es necesario entonces, priorizar la atención de muchos que se han quedado en el camino y hoy, se encuentran en situaciones muy complejas en las que la miseria y las enfermedades, no dan tregua e impiden cualquier tipo de acción futura. Para estos sujetos, el Estado debe dar respuestas en lo inmediato siendo la formación laboral remunerada en el puesto de trabajo, un medio en el mediano plazo pero no una salida inmediata a la situación por la que están atravesando quienes están por debajo de la línea de pobreza. Si bien es cierto que la capacitación laboral y la formación profesional es una buena herramienta para la inclusión, muy difícilmente pueda concurrir a un centro de formación quien no come todos los días. Es por esto que hablamos de formación rentada en el puesto de trabajo. Porque cualquier político “progre” debería saber que es el trabajo el que dignifica, el trabajo pago. Al menos en la coyuntura actual una revolución proletaria es demasiado pedir y mejorar las condiciones laborales para los trabajos y crear fuentes de trabajo para aquellos que no tienen trabajo consigan formarse en el empleo es fundamental, justo y necesario dadas las circunstancias. Esta es una problemática que el Estado no puede dejar de lado y desde nuestro punto de vista, además, el dinero gastado del heraldo público destinado en salud y alimentación de esta franja poblacional es un dinero bien gastado. Como puede apreciarse, el tema es cómo distribuir la plata, qué modelo de Estado debemos considerar para hacer efectiva una política redistributiva. Si el Estado toma la forma del Estado liberal burgués capitalista utilizará los fondos públicos para salvar a los libres empresarios. Ac á y en la China esto se ha dado siempre de este modo. Así, estos arriesgados hombres de empresa, individualistas en la ganancia socializaran la pérdida. Nuestra historia reciente da cuenta de hechos que grafican lo expresado no sólo en cuanto a lo que pasó sino también en cuanto a las expresiones de deseo de una buena parte de los miembros de esta clase. Pero si el Estado va tomando medidas para la redistribución de ingresos hacia la clase postergada, una de esas, a pesar de los límites que impone la cuestión estructural, pueden empezar a lograrse posiciones en pos de las reivindicaciones proletarias. Claro que esto será posible si el gobierno tiene la fortaleza suficiente como para enfrentar ciertos intereses.
Ahora bien, también es cierto que el país necesita de mediadas a largo plazo. Es entonces, en este punto, y siempre teniendo en cuenta que no es el momento de plantear grandes cambios estructurales, que cobran importancia los planteos desarrollistas puesto que desde todo punto de vista, son aportes y planteos superadores de aquellas políticas que nos llevaron a este punto impidiendo una distribución más justa de la riqueza. Recordemos que durante la década del noventa cobraron auge las versiones de la Teoría del Capital Humano más cercanas a la postura neoclásica a su vez, funcionales al discurso neoliberal de flexibilización, competencia por el puesto de trabajo y el mercado como asignador de recursos. Queda mucho por hacer, una batalla ganada no es la guerra. Así deben entenderse los cambios dados en los últimos años: como un proceso a largo plazo, no como el triunfo definitivo de los trabajadores.
Es importante aclarar que para que políticas más progresistas puedan darse, es necesario un Estado muy fuerte capaz de llevar hasta el fondo estas políticas transformadoras y en la necesidad de perseguir sus fines, que pueda ver cuáles son las necesidades y pueda establecer prioridades. De no ser así, de no poder ser el Estado un actor eficiente en la regulación de las fuerzas del mercado, estaremos sujetos a intereses particulares que ponen en primer plano la concreción de pingües ganancias y no el bien común. Por ahora, es la hora de la política y si bien es cierto que frente a las tremendas fuerzas económicas y las presiones de los grupos, a esta altura, después de años de destrucción del Estado, este no es un jugador fuerte que pueda torcerle el brazo al capitalismo pero es lo que hay y hay que apoyar cualquier intento de llevar a cabo desde el gobierno algún tipo de reasignación de recursos hacia los más débiles. Porque las fuerzas de la burguesía siguen siendo fuertes. Y si no recapitulemos unos meses y veamos qué nos pasó con el tema de las retenciones a las exportaciones de granos.



Bibliografía


· “Desacelerar el gasto público no es lo mismo que hacer un ajuste”. Entrevista a Bernardo Kosacoff. Perfil, 11 de noviembre de 2007.
· Durkheim, E. La división del trabajo social. México, Colofón.
· Jueguen, F. “El desarrollo económico. Un modelo para armar”. Nación, Economía y negocios, 28 de octubre de 2007.
· Manzoni, C. “La educación, aún lejos de aportar al desarrollo”: Nación, Economía y negocios, 28 de octubre de 2007.
· “Críticas al control de precios”. Perfil, Gobierno y empresas, 11 de noviembre de 2007.
· Vercesi, A. La doctrina y la política económica del desarrollismo en la Argentina. Bahía Blanca, UNS.

[1] Aunque es pertinente aclarar que sus antecedentes pueden rastrearse hasta el S XVII y XVIII siendo William Petty y Adam Smith dos exponentes importantes de esta forma de pensar. Ambos sostenían que la riqueza humana era más importante que los recursos naturales o el stock de capital fijo.
[2] En rigor podemos citar la Teoría de Filtro, que ve a la educación como filtro para la selección de personal; la competencia por los puestos de trabajo y el mercado interno y la dualización del mercado de trabajo puesto que el mercado no se comporta como proponía la Teoría del Capital Humano. A todas estas críticas se agrega la proveniente de la corriente marxista de la mano de Bowles y Gintis para quienes el trabajo no puede ser tratado como mercancía.