La Persistencia de la Memoria

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Salvador Dalí

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Holismo simple vs totalidad compleja: los avatares de la investigación social

José Antonio Gómez Di Vincenzo
Continuando con la saga de entradas relacionadas con la problemática del todo y la parte en las disputas epistemológicas propias del campo de los estudios sociales introduciremos, en esta oportunidad, una descripción y análisis de dos de las respuestas más comunes a la problemática: el holismo y la totalidad compleja por otra. Anticipamos que el holismo simplificante y el holismo radical (dos de las formas en que puede presentarse la perspectiva holista) constituyen formas erróneas de plantear la solución al problema en tanto cualquiera de las dos posiciones cae en una suerte de reduccionismo que aísla o bien las partes constituyentes del todo o el todo de las partes.
¿Cómo analizar la totalidad sin perder de vista las particularidades? ¿Cómo ponderar las particularidades sin perder de vista la totalidad? Estas preguntas no hacen más que graficar el gran dilema del investigador social a la hora de comenzar sus estudios acerca de determinados fenómenos sociales. Como hemos visto dichas preguntas pueden responderse planteando que el punto de partida para la investigación social debe ser el estudio de las partes aisladas o el todo como suma de las partes.
Afirmaciones como “todo tiene que ver con todo” o “el todo es mayor a la suma de las partes” dan cuenta de una toma de posición holista que, por lo general, postula una serie de enunciados metafísicos con los cuales pretende dar cuenta de cómo emerge el todo de las partes y el papel que éstas deben cumplir en la conformación del todo.
Por otra parte, desde ciertos lugares se sostiene que la manera de complejizar los análisis consiste en agregar, adicionar datos a las cuestiones. Así para explicar determinado fenómeno, el empirista sostiene que deben relevarse la mayor cantidad de datos posibles. Mientras más datos tengamos, mientras estudiemos más a fondo cada componente del todo, mayor será nuestra capacidad de comprensión de las cuestiones. El enfoque que considera la totalidad como un complejo entramado de relaciones, como un todo estructurado pretende pararse en la vereda opuesta de esta corriente empirista. Pero no vayamos tan rápido…
Weber sabía que esta forma de empirismo no nos llevaría muy lejos en la investigación social. Sostenía que frente a una realidad que se extiende infinitamente frente al investigador con capacidades cognitivas limitadas el conocimiento es incapaz de abarcarlo todo. Desde otro lugar, un conspicuo representante de la tradición anglosajona en epistemología, Carl Popper, acordaba en que es imposible construir conocimiento acerca de una realidad ilimitada y criticando la inducción, sostenía que si queremos estudiar un fenómeno nos vemos obligados a realizar un recorte, a elegir ciertos aspectos de la cuestión para formular hipótesis y ponerlas a prueba. Ya hemos hecho referencia, en entradas anteriores, a las falencias que presenta el individualismo metodológico accionalista. Por demás, el problema que se plantea en este caso es cómo realizar dicho recorte, sobre qué base racional se asegura que algunos conocimientos son más decisivos que otros. Todo un problema que tiene que ver con la objetividad del conocimiento que Weber pretende resolver por la vía de la neutralidad valorativa y a la aplicación rigurosa del método. El lector interesado puede retomar el tratamiento a esta cuestión si lo desea. Volvamos a los problemas que presenta el holismo.
Sostener que el todo es más que la suma de las partes no agrega mucho a la cuestión. En efecto, existe una forma de holismo que cae en una suerte de simplificación, al no poder explicar la totalidad como un todo jerarquizado y estructurado y no advertir que es necesario dar cuenta de cómo se da dicha jerarquización y estructuración. El holismo simplificante no parte de un estudio de las relaciones o del modo en que se estructura el todo sino de cada elemento en sí mismo para después construir la totalidad por medio de una simple adición de partes. Esta clase de holismo no puede concebir la conjunción de lo particular y lo general, la parte y el todo. Dividiendo una sociedad en sectores y enviando a una gran cantidad de investigadores a estudiar cada uno de ellos, jamás tendremos una idea acabada de dicha sociedad, por más profundos y detallistas que sean cada uno de esos estudios. Es más, lo más probable es que tampoco tengamos un conocimiento legítimo de lo que cada parte es.
En síntesis, tanto la postura que plantea que el todo se alcanza analizando las partes aisladamente propia de la tradición empirista y el individualismo metodológico como la tradición que plantea que el todo es más que la suma de las partes sin dar cuenta empíricamente de la manera en que se relacionan los componentes del todo estructurado caen en una suerte de simplificación de la problemática.
Existe otra línea que pretende explicar cada una de las partes apelando a las propiedades del todo. Se trata de un holismo radical, una tendencia que pierde de vista que las partes también tienen sus particularidades y colaboran en la constitución de las características del todo. Así desde esta posición el todo es aislado de las partes. Esta línea de pensamiento se agrega a las anteriores como una nueva forma de simplificación de la problemática epistemológica que estamos tratando.
En una próxima entrada veremos cómo puede salirse de este embrollo. Sólo a modo de anticipo diremos que una buena manera de solucionar la cuestión consiste en pensar el todo como unidad compleja y a las partes como síntesis de múltiples determinaciones. Es la salida que instala Marx en su famosa introducción a los Grundrisse o Elementos fundamentales para la crítica de la economía política, los manuscritos de 1857.

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