La Persistencia de la Memoria

La Persistencia de la Memoria
Salvador Dalí

viernes, 12 de noviembre de 2010

La tensión entre lo universal y lo particular en la epistemología de las ciencias sociales. Los aportes de Marx y Weber. (Primera parte)

José Antonio Gómez Di Vincenzo
La tensión entre lo universal y lo particular que ha llevado a la construcción de abordajes metodológicos irreconciliables en el campo de las ciencias sociales sigue representando un dolor de cabeza para todo investigador que pretenda abordar la complejidad social desde una mirada que apunte a la totalidad sin resignar o perder de vista las particularidades. Ni qué hablar si consideramos la labor del historiador para quien los hechos históricos se presentan como momentos, fotos de una gran película cuya lógica necesita conocer para dar coherencia a la inagotable sucesión de particularidades.
En esta breve entrada trataremos de exponer muy sintéticamente cómo dos de los más importantes intelectuales de la teoría social intentaron saldar la distancia entre lo universal y lo particular, entre el todo y la parte, no sólo en lo que hace a la dimensión sincrónica del problema sino también en su faceta diacrónica.
Antes de discutir las posturas de Weber y Marx debemos echar un vistazo a las posiciones que con las que estos intelectuales dialogan. La fuerte impronta del positivismo en las discusiones metodológicas del siglo XIX no puede soslayarse. Como es sabido, el positivismo comteano percibía una continuidad entre la naturaleza, la sociedad y la perspectiva histórica. De aquí que las reglas utilizadas por las ciencias sociales para la construcción de conocimiento debieran ser idénticas a las empleadas por las ciencias naturales. La “física social” de Comte tenía que buscar regularidades naturales e inmutables siguiendo el modelo de cientificidad de la física newtoniana.
Ahora bien, Weber y Marx construyen sus modelos epistemológicos, esto es, una forma de concebir el conocimiento de lo social y la manera de legitimarlo, no sólo confrontando con el positivismo sino también trabando una seria disputa tanto con el historicismo como con la filosofía especulativa.
Para Weber, las reglas para la construcción de conocimiento en las ciencias histórico-sociales son específicas y diferentes a las que emplean las ciencias naturales. A diferencia del historicismo que deshecha la idea de establecer leyes generales por considerarlas imposibles de fijar para lo social y la historia cuando la creatividad de la vida social y lo irrepetible de los hechos hacen que lo universal sea inaprensible. Esto, piensan los intelectuales inscriptos en la corriente historicista, lleva al investigador a tener que ajustarse sólo a las particularidades. Weber, por el contrario, va a tratar de fijar leyes que permitan acceder a la regularidad de lo social. Por otro lado, frente al positivismo, que pretende que las ciencias sociales se ajusten a los métodos de las ciencias naturales, el sociólogo alemán enfatizará las particularidades epistémicas de lo social. Por último, en contra de la filosofía especulativa, cuyos esquemas interpretativos universales para el abordaje histórico-social se construyen apelando a una serie de supuestos metafísicos, Weber opondrá la comprensión científica de los hechos particulares.
Weber se alza sobre los hombros de Wilhelm Dilthey quien introduce, en el debate sobre el método y alcances de las ciencias sociales que tuvo lugar en la Alemania a fines del siglo XIX y principios del XX, la distinción entre ciencias del espíritu - aquellas tienen por objetivo la comprensión de los fenómenos sociales e históricos- y las ciencias de la naturaleza – aquellas que se ocupan de explicar los fenómenos naturales apelando a leyes universales-. Las ciencias del espíritu a diferencia de las ciencias naturales que tienen un objeto externo, tienen como objeto al hombre y sus propias obras, incluso el mismo investigador forma parte del objeto que estudia. Por este motivo, el hombre puede comprender su mundo. Weber siguiendo la postura de Dilthey dirá que las ciencias histórico-sociales, en tanto se ocupan de cuestiones humanas, deben interpretar los hechos sociales y por esto permiten alcanzar los motivos de las acciones humanas. Weber concluye, de este modo, un abordaje explicativo comprensivo. Pero existe una diferencia entre la postura weberiana y la propia de Dilthey. Para Weber, a diferencia del gran filósofo alemán, no puede alcanzarse la comprensión de los social colocándola en la experiencia vivida mediante cierta actividad psicológica-hermenéutica. El riesgo de caer en el psicologismo o el subjetivismo llevan a Weber a tomar distancia de Dilthey y a postular que el conocimiento social debe construirse con una base racional, creando instrumentos metodológicos y conceptuales para captar el sentido de las acciones individuales. Nace así el comprensivismo propio del individualismo metodológico accionalista weberiano.
La solución epistemológica weberiana no reconoce la dicotomía entre lo particular y lo universal como algo irreconciliable. Weber buscará una solución a lo particular sin dejar de aspirar a la universalidad. De aquí se sigue que su postura culmine en la búsqueda de regularidades probables comprensibles por los motivos de las acciones. Una idea que, según Therborn , Weber toma de la economía marginalista, aquella que parte del actor individual que calcula cómo satisfacer sus necesidades con medios escasos al menor costo posible. La senda que seguirá Weber consistirá en la construcción de tipos ideales, los cuales permiten elaborar conceptos generales para comprender casos particulares. Los tipos ideales son tales en el sentido que son conceptuales. No porque resulten de la especulación metafísica ni porque surjan de un promedio o una estadística. En este sentido no constituyen ejemplos sino más bien, un realce de elementos que derivan del interés del investigador.
Así, en Weber lo que tenemos es la subordinación de lo general a lo individual. Cuestión claramente dada por la fuerza que lo particular tiene en el individualismo metodológico. En efecto, el motivo de las acciones es el motivo de acciones particulares, individuales. El todo es la suma de las partes individuales sin quedar claro cuál es el nexo que une lo particular a lo general, qué es lo que hace que las partes sean capaces de constituir una totalidad.
Veamos, a continuación, cómo resuelve el problema Marx y al mismo tiempo, hagamos hincapié en los puntos que lo distancian de la postura weberiana.
Para Marx las regularidades que deben establecerse desde la investigación científica de lo social son una construcción social e histórica, creadas por el hombre mismo, mutables en el tiempo y por sobre todo, capaces de ser transformadas por el mismo ser humano artífice de la sociedad y la historia. En Marx la apelación a leyes generales apunta a explicar y comprender a la vez lo particular y concreto como síntesis de múltiples determinaciones. Desde esta perspectiva, lo particular y lo general son momentos de un todo dialéctico. Es por esto que el investigador deberá emprender un camino que vaya de lo concreto a lo abstracto y de lo abstracto a lo concreto incluyendo la dimensión histórica de las categorías de estudio. No debe perderse de vista – y esto constituye un ítem central si se quiere llegar a comprender la complejidad del abordaje metodológico marxista y no caer en una suerte de reduccionismo o mecanicismo simplistas- que para Marx es central prestar atención a las particularidades y los fenómenos específicos de cada formación social en un momento determinado. Las especificidades no dejan de ser tales por pretender que cada particularidad se ajuste o entre como con palanca dentro de las leyes que explican los grandes trazos de la historia. Las especificidades de momentos o los procesos particulares son tan importantes como los grandes cambios producidos en el tránsito de un modo de producción a otro. El 18 Brumario de Luis Bonaparte, con su análisis de la situación política particular en la Francia capitalista, es un buen ejemplo de cómo el mismísimo Marx aborda un nivel diferente de análisis al que tenemos en textos como El Manifiesto Comunista o La Ideología Alemana sólo por citar trabajos en los que se dedica a los trazos más gruesos de la historia. Como quiera que sea, la centralidad de la producción, el desarrollo de fuerzas productivas y la dialéctica respecto a las relaciones sociales junto con todas las relaciones que se dan entre éstas y el nivel de la producción ideológica, cultural y política constituyen los ejes de análisis fundamentales.
En una próxima entrada trataremos algunas cuestiones que han quedado en el tintero y veremos cómo se integra en el debate el aporte de otro de los padres fundadores de la sociología clásica, Durkheim.
Para ampliar puede consultarse Therborn, G., (1980): Ciencia, clase y sociedad: sobre la formación de la sociología y del materialismo histórico. Siglo XXI. Madrid

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