La Persistencia de la Memoria

La Persistencia de la Memoria
Salvador Dalí

jueves, 28 de octubre de 2010

La muerte de un ex presidente no es la muerte de un proyecto

“No nos une el amor sino el espanto” (Jorge Luis Borges)

Mientras este epistemólogo devenido cronista garabatea sobre el papel un plan de escritura no puede dejar de rumiar la punta del lápiz y maldecir a la historia. Este espacio ya no es sólo el lugar para la reflexión, es un espacio de catarsis. Porque tras la muerte del expresidente Néstor Kirchner, junto al aluvión de reflexiones caídas en el lugar común, más allá de alguna que otra declaración de buen tino rescatando al hombre y su fuerte impronta en la política contemporánea, asistimos estupefactos a argumentos como los esgrimidos por Rosendo Fraga, el famoso politólogo y opinólogo mediático, en la página digital del diario La Nación. En la nota titulada “Sin Kirchner, Cristina puede asumir el poder”, Rosendo se despacha sin más que en la Argentina “Lo institucional estaba subordinado a lo político” dado que según este ilustre politólogo mediático “La falta de Kirchner deja la sensación política de que falta el Presidente y es como si se planteara el interrogante de cómo va a actuar el vicepresidente”. Más adelante proclama que “hasta el último momento él se encargó de hacer evidente que era quien ejercía realmente el poder y no su esposa”. Nuestro preocupado Rosendo, henchido de fervor democrático e institucionalidad, teme que la presidenta pierda sustento olvidando que, por un lado, dicho sustento está dado institucionalmente por la cantidad de votos cosechados en la elección que la colocó al frente del país y segundo, que Néstor, además de tener el mismo aval como diputado, tenía y tiene a sus espaldas a una inmensa cantidad de ciudadanos dispuestos a mantener vigente y profundizar el proyecto. Claro, este tipo de reflexión queda fuera del alcance de nuestro politólogo mediático dado que desde su visión, son los hombres en particular y no las construcciones colectivas las que ocupan los lugares de poder. Esta es la mirada que lleva a nuestro Rosendo a subestimar la figura de nuestra presidenta - sostiene que “ella nunca lo rechazó, nunca buscó generar un espacio propio de poder ni en lo símbólico”- e inferir que la lamentable ausencia de Néstor Kirchner repercutirá en una deflación de su poder. Rosendo incurre en dos graves errores: uno, considerar que Néstor Kirchner monopolizaba el diseño de estrategias, los hombres por sí solos no hacen la historia; dos, pierde de vista que la historia es contingente y que en una formación social como la argentina donde cierto apego a los mitos puede reforzar la praxis, más allá de la ausencia, Néstor Kirchner hoy ha pasado a convertirse en un mito y una bandera reforzando simbólicamente la posición de muchos que aún por fuera del peronismo acompañan y acompañarán el proyecto K, esos mismos que Fraga más adelante en su artículo llamará despectivamente "facción". El tiro de Rosendo le va a salir por la culata.
Pero esta profunda reflexión, elevada al plano de la filosofía política y social por el medio gráfico centenario y la osadía intelectual de nuestro Rosendo, llega al paroxismo total cuando, una vez más desde una mirada simplona pero a la vez perversa y oportunista, sostiene que La presidenta “tiene la oportunidad de modificar, rectificar, corregir, cambiar una serie de aspectos, estilos, orientaciones y políticas impuestas por su marido, que llevaron a una situación inédita, que un gobierno con la economía creciendo al 9% tenga la aprobación de sólo uno cada tres”. Dejando de lado, la dudosa legitimidad del estudio que sugiere el escaso 30% aludido de apoyo al gobierno cabe recordarle a Fraga que a veces de lo que se trata no es de pensar en los números sino en las políticas y que es justamente el persistir en ciertos aspectos, orientaciones y políticas lo que ha llevado a este gobierno a alcanzar el guarismo por él mismo reconocido en crecimiento económico, a tener el apoyo de muchos y a comenzar a recibir el de algunos que lejos de aceptar y coincidir en todo estamos dispuestos a acompañar dicho programa político unidos por el espanto de lo que puede venir.
Más allá de estos desatinos propios de una mente oportunista y cruzada por una alienación que configura la consciencia, el politólogo de La Nación intenta saltar de la descripción a la prescripción y sugerirle a la presidenta correrse de la influencia del mal encarnado, por ejemplo, en la figura de Moyano o a sacarse de encima a Moreno. Nuevamente, el escriba de La Nación cae en lo simplón de pensar que las políticas cambian al remover o aislar personajes.
Después de conjeturar una serie de posibilidades Fraga deja fluir sin autocensura alguna todas sus más oscuras e íntimas impresiones ligadas a su posición de clase sosteniendo que “Si ella insiste en la línea fijada por su marido, no le será fácil gobernar” y remata la nota diciendo que “La continuidad institucional no está en riesgo en la Argentina, pero puede estarlo la gobernabilidad en el final en el tramo final del mandato de Cristina, si ella no aprovecha lo que posiblemente sea su oportunidad histórica: dejar de ser la presidenta de una facción, para pasar a serlo de todos los argentinos”.
La historia dirá si la gobernabilidad está asegurada o no. Lamentablemente después de años de democracia y al mismo tiempo afortunadamente - puesto que de una vez por todas habrá que definir hacia dónde deber transitar la historia nacional- de esto se trata la prioridad en la praxis política actual en nuestro país, de luchar por sostener el proyecto y con él no sólo la gobernabilidad sino también la vigencia de las instituciones. Porque detrás de la preocupación por la continuidad institucional y la vigencia del derecho en personajes como Fraga se esconde la voluntad o al menos el deseo del quiebre y la destitución.
No quisiéramos terminar esta crónica – el epistemólogo devenido cronista escribe en primera del plural por costumbre, aprovecha la oportunidad para hacer política y de paso pide perdón a quienes esperan de él solamente artículos vinculados a la historia y filosofía de la ciencia y la tecnología- sin decir algunas palabras acerca de las desopilantes apariciones mediáticas del momento. En efecto, mientras la noticia de la muerte de un expresidente que, más allá de la sábana de críticas que este escriba y otros tuviéramos para ofrecer al lector (críticas que aspiran a ser bastante más sutiles que aquellas que corren por izquierda al gobierno K), signó la política argentina de los últimos tiempos e hizo algo más que otros tantos por la clase trabajadora, teníamos que escuchar personajes nefastos convocados por los medios para hacer una reflexión sobre el lamentable acontecimiento. Ante la interpelación de un medio, el ex presidente de la nariz prominente corroboró una vieja teoría científica según la cual la capacidad de abstracción es directamente proporcional a la cantidad de neuronas en funcionamiento. Reflexionando sobre la triste muerte de Néstor sostuvo que el éxito del mandato K estuvo signado por el alto precio de la soja mientras que el fracaso de la Alianza, por la depresión en los valores de dicho producto. El ex presidente de la nariz prominente es historia pero la historia enseña; enseña que del rejunte de personajes variopintos armados sólo con slogans marketineros no puede salir una fuerza capaz de administrar el tránsito histórico de la nación y que por lo general, detrás de dicho combinado de actores cuya figura prominente, generalmente, es un perfecto idiota mediáticamente presentable se esconde la derecha más dura y recalcitrante.
No queda mucho por decir, sólo lamentar la muerte de un ex presidente y pensar en lo que vendrá… Kirchner ya es historia y muy probablemente mito. De lo que se trata ahora es de ver cómo se continúa y supera profundizando las políticas progresistas el proyecto político que representó y representa ahora su esposa. Por el momento, esperamos al día de mañana recordando al genial Borges quien decía que no nos une el amor sino el espanto, el espanto ante la vigencia de discursos y argumentos destituyentes funcionales a una derecha poco propensa a encausarse en el cauce democrático.
José Antonio Gómez Di Vincenzo

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