La Persistencia de la Memoria

La Persistencia de la Memoria
Salvador Dalí

viernes, 15 de octubre de 2010

El manuscrito anónimo de Constitución

El manuscrito que reproducimos a continuación fue hallado en un lúgubre baño en un burdel de Constitución. Hoy en la comunidad científica se tejen una serie de conjeturas acerca de su procedencia y datación. Hay quienes sostienen que data de la década del 80; otros historiadores aseguran que es previo al tercer gobierno de Perón. Rosendo Luxemburgo, amigo, destacado sociólogo de Pompeya devenido historiador de la ciencia sólo por breves períodos y según él mismo afirma “para pasar el rato”, sostiene - creemos que con sólidos argumentos- que se trata de un documento de no más de un año de antigüedad desvencijado por las pobres condiciones ambientales y la presencia de efluvios poco aptos para la supervivencia en condiciones del papel y la tinta. Mientras tanto, veamos qué dice el escrito a ver si es interesante:
“Como el tiempo que va y viene sobre el péndulo del viejo reloj, un millón de imágenes en cuestión de segundos, los recuerdos sombríos, helados, patéticos, caen sobre mi frente y como cadenas me atan a la historia. ¿Cómo escapar a la prisión temporal? O, en todo caso, ¿Cómo eludir el filo de aquel péndulo fatal? ¿Cómo evitarlo para no caer en el olvido sombrío? Las gotas heladas de sudor que caen sobre mi frente inundan mis ojos. No son lágrimas, no. Es que ya ni siquiera puedo llorar. Desprovisto de todo sentimiento humano, me he transformado en una máquina demencial y, enajenado, ahora soy parte de esta formidable y devastadora aplanadora corporativa, en la que todo hombre es despojado de su condición humana. Y yo, como uno más, soy parte de todo y asumo mi rol. Me doy cuenta que el bien común, la igualdad de oportunidades, la imparcial balanza de la ley ciega, el derecho a la vida, la movilidad jubilatoria no son más que meros artilugios marketineros, los cuales, aparecen en el discurso transformados en meras herramientas, un medio para llegar a un fin: acumular poder y destituir al gobierno de turno. Así, la praxis política se bastardea en pos de intereses corporativos ¿No soy acaso un mentiroso? Porque sabiendo de antemano que no cumpliré ninguna de mis propuestas, ni siquiera puedo compararme con el vendedor de ilusiones, que iluso también, hasta se engaña a sí mismo. Sí, así, obrando de esa manera, transformando la política en marketing es como bastardeo a las instituciones. Pero no hay problema… Siempre puedo hacer gala de un republicanismo febril y salvar los papeles. ¡Vamos! ¿Por qué culparme? La culpa es de los tontos ciudadanos que caen en las redes del mercado y compran cualquier cosa. Sin duda, no tienen salvación, no hay nada que hacer.
Pero, ¿qué me está pasando? ¿Cómo es que todos estos pensamientos vienen a mí justo ahora? Aunque trate de ver hacia otro lado, lo sé. Sí, efectivamente, sé que los ideales de juventud son fuertes y en el momento más iluminado de la vida, cuando la más brillante y fulgurante luz de la razón inunda la adolescencia, estos vibran y se encarnan en la fibra íntima del ser, reflejando y emanando brillo por doquier. Con el tiempo, maldito carcelero, todas nuestras manchas nos hieren, nos transforman. Pagamos el precio de vivir entregando la vida misma, engañándonos, y cediendo nuestro derecho a ser humanos en el sentido más amplio. Pero cuidado, porque al acercarse el ocaso, las sombras de nuestros ideales se estiran, y es entonces que, envolviéndonos nos atrapan, pero sólo por un momento, para luego no volver nunca más. Mientras tembloroso, a tientas me salen las palabras, ya no sé donde voy, ni sé donde estoy. No sé si estuve lúcido al comienzo, si el comienzo de mi rol fue el nido de mis principios o este ya había sido pisoteado. ¿Cómo sucedió? ¿Cuándo? O ¿Por qué? Y mi discurso es destilado, pues acosado por mi mente, ahora digo lo que siento. Sólo bastó una mirada para ver que en el espejo de la recámara, ya no estaba, no hay nadie allí. Esa vista misteriosa que me fastidia desde el cristal es sólo un tenue reflejo de un alma solitaria, cansada. Es el hombre que era y ya fue. Entonces, puedo ver que estoy lejos, fuera de cuadro. Mis memorias más dulces se disolvieron en remolinos tempestuosos detrás de las cortinas desparejas pero dejando una rendija por donde pude echar a volar mis ilusiones, anhelos, proyectos para mis hermanos. Sí, las dejé ir. Las dejé volar porque como poderosas pesadillas me torturaban. En la comparación surge la desigualdad. ¡Cómo he cambiado! Sólo, conmigo mismo, ya no tengo a nadie, no confío en nadie. Ahora, más tenues las sombras de mis ideales comienzan a disiparse y como un vapor fulgurante, desaparecen. Maldito soy porque altruista fui y por voluntad propia dejé de serlo. ¡Qué espíritu maldito! ¡Qué implacable juez es el pasado de un hombre! Bueno, tengo que exorcizarlo, ya no debe atormentarme. Debo salir y caminar como un ciudadano más, pero sólo por hoy. Este atuendo informal, con el que acabo de vestirme, ayudará a que me vean como a un ser sencillo pero no miserable. Tal vez tome el subte, eso no está mal. Saludaré con mi mejor sonrisa de mamarracho en la más dulce e inexpresiva cara de feliz cumpleaños. Los flashes me recibirán, y ante esa encantadora música de clics fotográficos, danzaré en sumisión. Una vez más y hasta el cansancio repetiré el mismo chi-chi-chi chu-chu-chu sin sentido pero que siempre suena bien. Denostaré todo proyecto del gobierno anterior aunque crea firmemente su bondad y hasta envidie la ocurrencia. Algún chiste alegórico, no quedará mal. Echaré mano de alguno de esos, que mis asesores me han preparado. Quizás, hasta cante un tango. Si, Cambalache estará bien y servirá para mofarme hasta del mismo Discépolo. Todo pasará de repente y sin darme cuenta estaré allí, una escuela primaria creo que es, para llevar a cabo el más solemne acto republicano.
Entró un frío vacío y llenó el cuarto oscuro. Aquí estoy, el momento llegó. La caja silenciosa, una vez más allí afuera, era testigo de mi espera. ¿Cómo puede mi decisión influir el destino de mis conciudadanos? Luces y sombras se enredan en este escenario quebrando y esfumando mis más felices pensamientos. Malditos remordimientos que vuelven implacables, ¿es que no hay conjuro que los espante? ¿Puede el destino ser prefijado? ¿Cuál es la naturaleza de su fuerza vil? Y de ser así, debo temer algún reproche. ¿Por qué torcer la sobrenatural ruta marcada divinamente si como simple humano me es imposible? La oportunidad se me presenta, puedo hacerlo, puedo actuar en potencia. Pero inmediatamente se extingue como el fósforo, y cedo ante el tirano que hay en mí. Como todo presente ya es pasado ¿Qué debo hacer? ¿Me quedo? ¿Huyo? Todo se transforma en un problema de anticipación. Y debo calcular el costo. Es esto o es aquello. Y toda lógica explota en miles de fibras cerebrales. ¿Será posible que al final exista la redención? O, seré fagocitado por las masas. ¿Cuál es la naturaleza que regula mis sentidos? ¿Puedo ver lo que veo sin alucinar? ¿Puedo ser objetivo sin traicionar mi subconsciente? Puedo ser lo que no soy y eso me aterroriza. ¿Puedo ser parte del gobierno y al mismo tiempo oficiar de opositor encarnizado? ¿Puedo ser traidor y candidato? Debo dejar que mi mente sea mi propio fantasma y continuar con la actuación. Estoy aún más cerca y mi papel es sencillamente genial. A la hora señalada, palidecerán y morirán los proyectos. Tengo la voluntad de muchos en la palma de mi mano. ¿Cuál es mi límite? ¿Dónde comienza la traición? La seducción es más fuerte que el convencimiento y la razón. Como moscas, caen rendidos a mis pies. Cuando la hipocresía comience su danza, aparecerán millones, millones de razonamientos sin contenido para justificar mis tristes aspiraciones. Sí, así será. Lo sé y eso me tranquiliza. Pero, ¿puedo engañarme a mí mismo? Tal vez el infierno no sea otra cosa que el paraíso de los auto engañados. De alguna manera, el engaño es vil y endemoniado y su sometimiento, se redime solo con el darse cuenta. Pero basta, ya no hay tiempo para pensar. Los pactos están sellados. Soy el engranaje que hace funcionar la máquina, soy un actor central en la tragedia. Soy aquel que viene a encarnar la voluntad del poder económico ¿Cómo se me puede ocurrir improvisar? No, mis palabras no deben ser mías. Como pieza de ajedrez mis movimientos están dictados. Tendré que vivir la pesadilla que yo mismo he creado, esta vida falsa que ahora es mi prisión. Debo votar para que la máquina siga triturando. Pero ahora que el momento llegó, sé que no puedo más con mi propia historia, no puedo ser candidato. Es la maldita sentencia de mi verdadero ser. A lo mejor, votando a mi contrincante vote a conciencia. Él no es mejor que yo, pero ciertamente no es igual. Tal vez, con esa simple y pura acción, me redima. Tal vez, en esta última traición esté mi salvación.”

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