La Persistencia de la Memoria

La Persistencia de la Memoria
Salvador Dalí

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Conexiones: ciencia, tecnología y sociedad (segunda entrega)

Características del proceso de trabajo en las formaciones sociales precapitalistas



Antes de avanzar un poco más convendría realizar una breve digresión y argumentar a favor de nuestra toma de posición desde el punto de vista epistémico. Nosotros partimos de la fuerte convicción de que para realizar un profundo abordaje de la complejidad social es preciso estudiar el modo en que la sociedad produce y reproduce sus medios de subsistencia. Esta es una de las tantas maneras posibles de encarar el estudio de la sociedad en términos generales y de la producción científica-tecnológica en particular. Existen otros enfoques o modelos epistemológicos interesantes.[1] Sin embargo, insistimos, pensamos que la mejor manera de comprender la complejidad de lo social es estudiar el modo en que las sociedades producen sus medios de supervivencia. En efecto, estudiar cómo una sociedad determinada produce y se reproduce a sí misma, mediante el proceso de trabajo, permite comprender, a su vez, el modo en que esa sociedad organiza sus relaciones sociales y construye ideología, cultura. En toda sociedad existen individuos que para subsistir tienen que satisfacer necesidades tales como comer, vestirse, tener vivienda, etc. Para ello, los individuos se apropian de la naturaleza por medio del proceso de trabajo en cooperación con otros individuos. Además de producir bienes materiales para satisfacer sus necesidades, las sociedades producen relaciones sociales para la producción de dichos bienes y un conjunto de ideas acerca de esas relaciones y acerca de la sociedad misma. Esto es así desde tiempos inmemoriales. Imaginemos, por ejemplo, una comunidad primitiva en procura de alimento. La caza de un venado o un búfalo no puede realizarse individualmente. El peligro al que cada integrante de la comunidad estaría expuesto sería mayúsculo. En efecto, desde épocas prehistóricas, los seres humanos han tenido que pautar el proceso de trabajo en relación con otros seres humanos desarrollando no sólo los artefactos y herramientas necesarios para tal fin sino también, la manera de mantener vigentes las relaciones sociales que les permitieron reproducirse junto con la ideología que mantenía la sociedad debidamente cohesionada. La precariedad de la vida en épocas prehistóricas y el hecho de no poder generar más bienes que los que se consumirán día a día hacía que estas sociedades no tuvieran la posibilidad de desarrollar los medios que les permitieran un fuerte progreso tecnológico y cultural. Sin embargo, con el tiempo las cosas irán adquiriendo otros ribetes significativos. La dialéctica entre el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones sociales dentro de la sociedad condicionarán, como veremos más adelante, el desarrollo de nuevas formas de vida y cultura. Pero no vayamos tan rápido, aboquémonos en esta entrada a desarrollar las características que adquiere el proceso productivo en las formaciones sociales precapitalistas extrayendo las notas comunes a este gran conjunto de sociedad tan variopintas como las polis griegas, las ciudades estado de medio oriente o las sociedades feudales sin perder de vista que este desarrollo debe articularse con los objetivos que nos hemos planteado al principio de nuestro trabajo; esto es, comprender cómo la irrupción del modo de producción capitalista y los cambios acontecidos durante la modernidad modifican el modo de pruducir ciencia y tecnología al tiempo que tanto uno como otro ámbito del saber actúa como condicionante del desarrollo de la economía capitalista.
Lo primero que debemos tener en cuenta es que todas las formaciones sociales precapitalistas son sociedades divididas en clases. Si bien resulta una perogrullada decir que no son sociedades capitalistas, con estas últimas, las sociedades precapitalistas comparten el hecho de estar divididas en clases. Recordemos que en determinado momento del desarrollo histórico las sociedades antiguas fueron capaces de generar excedente en la producción. Fue entonces que parte de dicha sociedad pudo liberarse del hecho de tener que producir los medios de subsistencia surgiendo como clase dominante. Básicamente, una clase puede además constituirse como clase dominante por el hecho de ser ella misma la propietaria de los medios de producción, en el caso de las formaciones sociales precapitalistas: la tierra.[2] Dicho en otros términos, la división del trabajo implicó la liberación o emancipación de parte de la sociedad de la necesidad de trabajar produciendo los medios de subsistencia. Es en este punto cuando el trabajo de los obreros (aquellos que no han podido emanciparse del hecho de tener que trabajar produciendo los medios de subsistencia) se divide en dos partes: el trabajo necesario para su propia supervivencia y el trabajo sobrante cuyo fin es mantener viva a la clase dominante. Mandel, un excelente economista e intelectual marxista, ponía en sus clases dos ejemplos muy gráficos. En las plantaciones de distintas épocas y contextos, los dueños de esclavos no proporcionan pago en dinero o en especies a los trabajadores. Efectivamente, el dueño de esclavos ni siquiera suministra el alimento que los mantenga con vida para seguir trabajando en las plantaciones. Es el mismo esclavo quien debe producir su alimento trabajando los domingos un pedazo de tierra destinada para tal fin. El resto de los días de la semana, todos los esclavos trabajan en la plantación de su amo produciendo el excedente que es apropiado por dicho señor. Otro de los ejemplos interesantes es el de la producción de excedente en el modo de producción feudal. Las tierras, el principal medio de producción, se dividía en tres espacios: la terrenos comunales, los bosques, praderas y/o pantanos y las tierras que se van a trabajar para el señor feudal. Es en éstas últimas que el campesino o el siervo de la gleba deben trabajar una cantidad de días de la semana para producir el excedente que va a ser apropiado por el señor. Como es de notar, el vasallo realiza un trabajo gratuito, no recibe ninguna remuneración ni salario por dicha tarea. Está obligado a hacerlo. En efecto, el principal mecanismo utilizado por la clase dominante (en el caso del feudalismo, la nobleza) para mantener este orden vigente era la coacción física mediante el monopolio del poder político. Esto es así por el hecho de que los intereses de las clases son antagónicos. Dicho antagonismo se da porque los no propietarios de los medios de producción luchan por acceder a dicha propiedad o al menos por mejorar sus posiciones dentro del proceso productivo mientras que los propietarios luchan por mantener el statu quo. La clase dominante tiene el monopolio de la fuerza y el poder político.
Es preciso tener en cuenta que en las formaciones precapitalistas la mayoría de la población se dedicaba a trabajar la tierra. La vida diaria, por entonces, estaba fuertemente signada por los ciclos de la naturaleza, puntualmente, los de las cosechas.[3] Las ciudades, si bien importantes desde el punto de vista cultural y comercial, no se encontraban desarrolladas aún. El pobre desarrollo tecnológico hacía que los seres humanos sean muy vulnerables a las imposiciones naturales. La pérdida de las cosechas implicaba la hambruna y la peste.
Si bien el esclavo antiguo o el campesino feudal estaban desposeídos de la propiedad de los medios de producción ejercían un fuerte control sobre ellos. En efecto, tanto uno como el otro organizaban el trabajo siguiendo la tradición desde tiempos inmemoriales fijando los tiempos y la forma de llevar a cabo las tareas. La clase dominante por el contrario se mantenía fuera del proceso productivo siendo mal visto el hecho de que la nobleza esté involucrada realizando algún tipo de trabajo. Su rol era defender militarmente las tierras de posibles agresores externos y extraer el excedente de la producción por la vía de impuestos, servicios señoriales o tributos. Esta situación hacía que no existiera interés en las clases dominantes por mejorar o tornar más eficientes las condiciones técnicas de la producción. Como la extracción y apropiación de excedente estaba asegurada por la vía de la coacción y el trabajo era realizado de todos modos por aquellos considerados “inferiores”, “más débiles” o “lacayos” se rechazaba toda innovación técnica que promoviera el incremento de los rindes de producción. En otros términos, no interesaba aumentar la productividad. Esto es así porque el principal propósito en estas sociedades era la producción de bienes de uso[4] y no mercancías tal como veremos que ocurre en el capitalismo. En síntesis, como vemos, las características que asume el proceso productivo en las sociedades precapitalistas junto con el predominio del interés por el valor de uso más los valores culturales y la ideología que mantenía todo esto en marcha generaban un clima desfavorable para la innovación científico-tecnológica y mantenían un cierto grado de estabilidad.[5] En la próxima entrega veremos qué características adopta el proceso productivo en el capitalismo. Notaremos que es justamente a partir de aquí que puede notarse una fuerte imbricación entre la producción, la actividad científico-tecnológica y la política.
José Antonio Gómez Di Vincenzo

[1] En efecto, existen otros modelos epistemológicos para las ciencias sociales: el modelo funcionalista organicista y el individualismo metódológico. Además, en términos generales, posiciones como el reduccionismo político, el reduccionismo ideológico y el reduccionismo economicista.
[2] Dentro de las relaciones sociales, junto con las de producción, tenemos las relaciones de propiedad. Ellas son muy importantes puesto que condicionan fuertemente el proceso productivo. Básicamente, las relaciones de propiedad se refieren a la propiedad de los medios de producción y los medios de subsistencia. Es la dialéctica entre las relaciones de producción, las relaciones de propiedad, el desarrollo de las fuerzas productivas y la producción de cultura e ideología la que debemos tener siempre presente para comprender lo complejo de una sociedad determinada.
[3] Es interesante el ejemplo francés. Entrada la modernidad el calendario republicano francés reproduce los ciclos naturales. Veamos sólo los meses del otoño: vendimiario que coincidía con la vendimia, brumario, el mes de la bruma y frimario el de las frimas o escarchas.
[4] Muy rápidamente, podemos sostener que todo producto del trabajo humano tiene como fin satisfacer una necesidad rindiendo una utilidad, productos destinados al consumo directo de productores y de la clase dominante. Este es el valor de uso. Dicho valor de uso se diferencia de otra categoría importante: la de valor de cambio. En efecto, con el valor de uso tenemos el valor de cambio. Un bien puede no ser producido para ser consumido inmediatamente sino para ser intercambiado en el mercado. Se trata de las mercancías destinadas para ser vendidas. Está claro que el valor de cambio implica también el de uso; es decir, toda mercancía contendrá valor de cambio y valor de uso simultáneamente. Nadie compra aquello que no sirve para nada. Esto trae algunas consecuencias interesante que veremos más adelante, por ejemplo el hecho de que es importante en la etapa actual del capitalismo crear necesidades para mantener fluido el consumo. Aquí los científicos y tecnólogos de los departamentos de ingeniería y desarrollo de las empresas tienen mucho que decir junto con los especialistas de marketing. Veremos que el principal propósito de la producción capitalista es incrementar la ganancia produciendo valor de cambio.
[5] Esto no quiere decir que no hayan existido alzamientos y en general conflictos. Podemos citar algunos ejemplos históricamente conocidos y relevantes de revueltas precapitalistas tales como el alzamiento de los esclavos en el imperio romano guiados por Espartaco y la revuelta campesina inglesa guiada por el sacerdote lolardo John Ball en 1381.

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