La Persistencia de la Memoria

La Persistencia de la Memoria
Salvador Dalí

lunes, 13 de septiembre de 2010

Conexiones: ciencia, tecnología y sociedad (tercera entrega)

El proceso de trabajo en el capitalismo
En esta entrada, la tercera del ciclo conexiones, pasaremos a desarrollar las características que adopta el proceso de trabajo en el capitalismo. Notaremos que es justamente a partir de aquí que puede notarse una fuerte imbricación entre la producción de mercancías y la actividad científico-tecnológica y la política. Esto se da de tal forma porque el principal propósito en la producción capitalista es el incremento de la ganancia y una de las maneras de lograr tal aumento es mejorando la productividad. Veamos esto detenidamente.
Comprender cómo funciona el modo de producción capitalista es sumamente difícil. Esto se da de este modo por el hecho de que estamos insertos en tal modo de producción. Vivimos todos los días bajo las influencias de las características que adopta la sociedad a partir de este determinado modo de pautar el proceso productivo. Tal como se dice por allí, si los peces fueran capaces de producir conocimiento de lo último que se enterarían es que viven en el agua. A tal punto olvidamos el hecho de que vivimos en el capitalismo que el término mismo parece haber caído en desuso. Hoy se habla de “economía de mercado”, “sociedad de libre cambio”, “neoliberalismo, etc. Todas formas distintas para decir lo mismo.
El capitalismo es un modo especial de pautar el proceso productivo en una sociedad dividida en clases sociales. Esto no nos lleva muy lejos porque, como hemos visto, las sociedades precapitalistas también eran sociedades divididas en clases en las cuales una, aquella constituida por los propietarios de la tierra, explotaba a la otra. Veamos cómo se organiza el proceso de trabajo en el capitalismo y echemos luz a los rasgos principales de este tipo de sociedad.
Uno de los aspectos fundamentales que debemos tener presente a la hora de abordar el estudio del proceso productivo en el capitalismo es que en dichas sociedades se da una doble liberación del trabajador. En efecto, el capitalismo rompe todos los lazos de dependencia personal. El trabajador ya no es esclavo ni siervo de la gleba; de este modo, es libre de buscar trabajo donde sea que pueda obtenerlo. En este sentido, es un sujeto de pleno derecho e igualdad jurídica respecto al capitalista. Entonces, un obrero metalúrgico, un empleado de comercio, la cajera del supermercado, un desocupado, el presidente de la nación o el dueño de una empresa multinacional son iguales ante la ley. Pero no todo son buenas noticias… La otra pata de la doble liberación a la que hacíamos referencia anteriormente está dada por el hecho de que el trabajador también es liberado del control de los medios de producción. Efectivamente, el campesino ya no tiene un espacio de tierra para producir sus propios medios de subsistencia. Tampoco el esclavo cuando es abolida la esclavitud. Con lo cual, tanto el campesino, como el esclavo, como el siervo deben recurrir a lo único que les queda de su propiedad para sobrevivir: su fuerza de trabajo. Todos se ven obligados a vender su fuerza de trabajo en el mercado y producir para el capitalista que es quien está en condiciones de comprar dicha fuerza de trabajo por un tiempo determinado.
Capitalista y proletario se encuentran en el mercado y realizan un contrato por el cual el capitalista compra por un tiempo determinado la fuerza de trabajo del proletario. A cambio de dicho trabajo el capitalista paga al obrero un salario. El capitalista, propietario de los medios de producción que a diferencia del noble se encuentra inmerso en el proceso de trabajo y controla los medios de producción, estará atento a que el obrero cumpla su parte en el contrato. De todo esto podemos ya sacar una primera conclusión. A diferencia de lo que ocurría en las formaciones sociales precapitalistas donde el excedente era apropiado por el noble gracias a su monopolio del poder político y el uso de la coacción extraeconómica, en el capitalismo, el dueño de los medios de producción se apropia del excedente por la vía de la coacción económica. La fuerza ocupa sólo un rol secundario y no puede ser utilizada permanentemente. Esto justamente se da de tal forma por el hecho de que el obrero se encuentra en plano de igualdad de derechos con el capitalista pero al no poseer los medios de producción queda obligado a tener que vender la fuerza de trabajo en el mercado sufriendo los avatares de dicho mercado y las amenazas permanentes del desempleo. Parece como si existiera una gran maquinaria cuya fuerza coactiva gobierna a las personas sin que estas lo noten. Perdemos de vista que fuimos nosotros, los hombres, quienes hicimos que las cosas sean de tal manera, quienes inventamos y engrasamos los mecanismos de dicha máquinaria.
Aun nos queda un punto por resolver. Tenemos que explicar cómo el capitalista se apropia del plustrabajo de los obreros. A diferencia de lo que ocurría en las formaciones precapitalistas en las cuales el excedente producido por el plustrabajo de los campesinos se generaba por el hecho de que estos eran obligados a trabajar una cantidad de días en las tierras del señor, en el capitalismo el plustrabajo genera plusvalor. Veamos cómo es esto.
La relación que se establece entre el capitalista y el proletario, cuando ambos se encuentran en el mercado a negociar las condiciones en las cuales se va a realizar el contrato entre ambos, es asimétrica. Esto es así por el hecho de que el primero, al ser propietario de los medios de producción, se encuentra en mejores condiciones por imponer a los trabajadores por la vía de la coerción extraeconómica una serie de condiciones referidas a la modalidad en la que se va a llevar a cabo la tarea de producción de mercancías. Si bien todo capitalista está perdido sin los obreros que realicen los trabajos[1], este puede básicamente imponer las condiciones bajo las cuales el proceso de trabajo se llevará a cabo jugando con uno, o más bien varios, ases bajo la manga; como por ejemplo, la solapada pero siempre presente amenaza de la pérdida de las fuentes de trabajo, el crecimiento de la desocupación por la depresión y demás temores que aquejan a la masa obrera y hace que ésta se vea obligada a aceptar concisiones tales como la duración de la jornada laboral de 9, 10 y tal vez más horas, con francos móviles, etc.
Como quiera que sea, lo que debemos explicar a continuación (y lo anterior no es más que una simple introducción) es cómo el capitalista obtiene el plustrabajo de los obreros y qué es específicamente el plustrabajo. Hasta aquí hemos visto que capitalista y proletario son personas libres e iguales que se encuentran en el mercado a negociar las condiciones en que el obrero trabajará y que a la igualdad de derecho se contrapone el hecho de que el capitalista es propietario de los medios de producción y el proletario no lo es. Con lo cual, lo que tenemos es que el obrero debe vender su fuerza de trabajo al capitalista, quien la compra en el mercado por un tiempo determinado; esto es, la duración de la jornada laboral. Esto es posible porque el obrero posee una mercancía de vital importancia para el capitalista: su fuerza de trabajo. Decimos que es fundamental puesto que es lo única capaz de generar valor en el proceso de trabajo. Veamos un ejemplo:
Comencemos por una simple cuestión hogareña. Imaginemos que tenemos que cocinar algo tan sencillo como una pizza de mozzarella. Colocando harina, agua, levadura, tomate, ajo, orégano, mozzarella y aceitunas en una pizzera y colocando todos esos ingredientes en el horno, no obtendremos como resultado una pizza. Para que dicha maravilla de la cocina occidental sea posible es necesario que alguien sepa de qué modo deben mezclarse los elementos, los tiempos de cocción, etc. Dicho en otros términos, es necesario el trabajo del cocinero. Corrámonos ahora del ámbito hogareño y pasemos al maravilloso mundo de los negocios, tomemos una cadena de pizzerías y visitemos uno de sus muchos puntos de venta. Los ingredientes y gastos de energía necesarios (electricidad, gas) para hacer pizzas, junto con el salario del maestro pizzero constituyen una magnitud dada por el hecho de que antes de abrir el negocio el capitalista sabe cuánto tiene que gastar en estos insumos básicos. Dichas magnitudes reaparecerán en el precio final de la pizza. Ahora bien, si el valor de los ingredientes y costos de servicios necesarios para hacer una pizza representan, supongamos, 15 y 5 pesos respectivamente, ¿Cómo puede ser que la pizza valga 25? ¿De dónde surgen los 10 pesos de diferencia? En definitiva, ¿de dónde surge ese nuevo valor? Dicho valor, que constituye la ganancia del dueño de la pizzería, es generado durante el proceso de trabajo.[2] Es de notar que ni el costo de insumos, ni el salario del maestro pizzero representan o equivalen al valor de la pizza terminada. En síntesis, ese nuevo valor, que llamaremos plusvalor, se produce en el proceso de trabajo y es, como habíamos visto, producto del trabajo del pizzero.
Pero hay todavía una cuestión más que analizar. Supongamos que el capitalista negocia la compra de la fuerza de trabajo del maestro pizzero por una jornada laboral de 8 hs. Y supongamos que a cambio de esas 8 hs. de trabajo le paga un salario de 5 pesos. Lo que está ocurriendo en realidad es que el capitalista compra la fuerza de trabajo y paga un salario para que el pizzero pueda reproducir su subsistencia hasta el día siguiente. [3] Pero esos 5 pesos en realidad corresponden al trabajo que el pizzero realiza en 4 de las 8hs. que está en la pizzería. En efecto, el pizzero en 4 hs. produce lo necesario para que el capitalista pague su salario del día. Si el trabajador fuera dueño de sus actos, a las 4hs. se iría a su casa. Pero en el capitalismo, ocurre que el capitalista, dueño de los medios de producción, luego de haber pagado la fuerza de trabajo y cerrado el contrato que lo relaciona comercialmente con el trabajador, tiene todo el derecho de demandar al obrero, llevarlo a los tribunales de trabajo o despedirlo lisa y llanamente. De este modo, en definitiva, la jornada laboral se prolonga por sobre la cantidad de horas necesarias para generar el salario. Durante esas horas de plustrabajo, el trabajador produce la plusvalía. Es de notar que todo este mecanismo es posible y se reproduce aceitadamente en la sociedad capitalista gracias, entre otras cuestiones que no desarrollaremos aquí, a la coerción de tipo extraeconómico.
De lo dicho podemos extraer algunas conclusiones interesantes para tener en cuenta a lo largo de nuestra próxima clase. El objetivo principal en el capitalismo es la producción de plusvalor. Para lograr el incremento de dicho valor el capitalista puede ir por tres caminos diferentes: O bien reduce el salario del trabajador, o bien aumenta la duración de la jornada laboral, o bien procura el aumento de la productividad; esto es, que en la misma cantidad de horas de trabajo, el obrero produzca mayor cantidad de mercancías. De las tres vías, nos va a interesar destacar la última. Efectivamente, el aumento de la productividad es posible gracias al desarrollo de las ciencias naturales y la tecnología. Ambas toman la palabra a la hora de procurar mejorar los procesos de fabricación mediante la innovación y el desarrollo de nuevas y más eficientes máquinas, herramientas y procesos industriales. Por otra parte, y esta sería una consecuencia más del hecho de que en la sociedad capitalista el eje esté centrado en la producción de plusvalor, en dicha sociedad no importa lo que se produzca, siempre y cuando sea vendible, dado que para que el plusvalor se concrete es necesario que se venda la mercancía. En efecto, ningún capitalistas quiere que sus mercancías estén acumulándose en un depósito. De aquí la importancia que adquieren, en la fase actual del capitalismo, disciplinas como el marketing o la publicidad. De lo que se trata es de generar nuevas necesidades y de lograr un flujo permanente de mercancías. En vez de fabricar bienes durables, va a interesar hacer cosas poco durables o modificar los diseños permanentemente instalando o reforzando y reproduciendo hasta el hartazgo la idea de que lo nuevo es lo mejor. En otras palabras, será fundamental el desarrollo de nuevas tecnologías que hagan que las que tenemos se tornen rápidamente obsoletas.
Hasta aquí el desarrollo de las características del proceso de trabajo en el capitalismo que se complementa con las dos entradas anteriores del ciclo. En una muy apretada síntesis hemos visto las características que adopta el proceso de trabajo en las sociedades precapitalistas y las diferencias que el mismo adquiere en el capitalismo. Esto nos ha permitido mostrar cómo en las sociedades precapitalistas el modo de producción trababa el desarrollo científico-tecnológico mientras que en el capitalismo, por el contrario, dicho desarrollo adquiere un rol fundamental a la hora de aumentar la productividad para así obtener mayores ganancias. En el próximo encuentro de este ciclo de conexiones entre ciencia, tecnología y sociedad estudiaremos cómo a partir de la llamada Revolución Científica del siglo XVII comienzan a aceitarse las conexiones entre ciencia, tecnología y orden social. Mostraremos que es allí cuando surge la ciencia moderna, conocimiento que permite un mayor y más acelerado desarrollo de la técnica para la transformación de la naturaleza. Finalmente, si todo sale bien, estaremos en condiciones de elaborar algunas conclusiones que nos permitan esclarecer con más elementos conceptuales algunos de los problemas más frecuentes que tenemos presentes en las formulaciones de políticas de investigación y desarrollo.
[1] El proceso de trabajo implica fundamentalmente la existencia de quien ejecute las tareas de producción.
[2] A lo largo de todo nuestro análisis tomaremos un día como unidad de tiempo.
[3] Recuerden que utilizamos el día como unidad de tiempo.
José Antonio Gómez Di Vincenzo

No hay comentarios: