La Persistencia de la Memoria

La Persistencia de la Memoria
Salvador Dalí

domingo, 19 de septiembre de 2010

Algo más que una buena meada

Una vez más la urgencia de la política y la necesidad de opinar nos obligan a abandonar por un momento la filosofía de las ciencias y demás. Concédasenos dejar de lado sólo por un instante nuestra acostumbrada frialdad académica para meternos un poco en el barro político. Más allá de los certeros y sagaces artículos publicados estos últimos días en blogs amigos, criticando la manera en que los medios pro establishment trataron el reclamo estudiantil, puntualmente, tomando las pintadas al edificio del Gobierno de la CABA como un acto de vandalismo, nos gustaría rescatar un hecho más del cual también los periodistas pro preocupados se encargaron con el mismo objetivo pero que resulta un poco más pintoresco, a la vez que dispara algunas reflexiones. En efecto, mientras se llevaban a cabo las pintadas, un desaforado vejete, que aparentemente nada tenía que ver con la revuelta de mocosos impertinentes apañados por docentes zurditos y padres poco propensos al uso del cinturón para aplicar un buen correctivo, desenfundó su máquina frente a la citada puerta del palacio de gobierno de la ciudad y la meo con ganas. Todo un símbolo: mear la puerta. Un finado amigo que trabajaba en el gremio de los metalúrgicos, se jactaba de mearles la puerta de la fábrica a cada uno de los capitalistas que le pagaba salarios bajos y lo tenían laburando como un buey para luego irse a trabajar a otro taller. Claro está eran épocas mejores para los proletarios, pequeños remansos en el tempestuoso río del capitalismo, momentos en que los trabajadores podían elegir negociar mejores condiciones laborales con otros capitalistas ávidos de fuerza de trabajo. Así pues la meada era algo más que un placer animalesco, era un símbolo, un guiño, algo así como torcerle el brazo por un momento al capital. Pues bien, el otro día, el joven viejito, cubierto de gloria, le meo la puerta a Macri y todos sus gerentitos. Y la meada evocó aquellas viejas meadas gloriosas… Por supuesto, como bien dice nuestro buen Mayo en la nota publicada en su blog, "Miseria de la Sociología", inmediatamente la imagen del meador surcó el éter para dar cuenta de lo desaforado del reclamo estudiantil, de la mala educación, de la falta de respeto a las instituciones y vaya a saber qué otras barbaridades. Como sea, la imponente puerta del edificio que alberga todos los días al equipo gerencial que decide los destinos de la cosa pública en la ciudad por un momento (tal vez una noche entera) pareció un baño horrible de escuela pública olvidada. Hay meadas y meadas. Mi finado amigo meaba la puerta de las fábricas gobernadas por capitalistas atentos a incrementar sus ganancias (cuestión privada), el vejete copado meaba la puerta de un edificio en el cual funciona el gobierno que tiene que velar por el interés de todos (lo público) pero que lejos de hacerlo pretende pensar e implementar políticas públicas desde la racionalidad empresarial para favorecer al sector privado. Pero también, y esto hay que decirlo, hay grandes cagadas. Entre las cagadas más graves, las que se mandan aquellos gerentitos que destruyen la educación pública.

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