La Persistencia de la Memoria

La Persistencia de la Memoria
Salvador Dalí

miércoles, 25 de agosto de 2010

Los estúpidos funcionales y los funcionales estúpidos: un safari por la selva gorila

Este breve artículo nos alejará por un momento de la historia y la filosofía de las ciencias con el objeto de promover una reflexión. Si se me permite, quisiera plantear algunas críticas que surgen de la indignación. Porque la política es cosa seria y porque el bastardeo a que viene siendo sometida no sólo impide teorizar una perspectiva mejor en cuanto a las estrategias a seguir para mejorar las circunstancias sino también clausura toda posibilidad de emprender una praxis transformadora que supere lo dado y nos lleve hacia una sociedad más justa.
De un tiempo a esta parte, una serie de medidas puestas en marcha por el Gobierno Nacional vienen promoviendo la reacción de las corporaciones; reacción que toma cuerpo en el discurso de un grupo de funcionarios e íconos mediáticos poco proclives a razonar y entender la lógica de las medidas tomadas y muy atentos a defender los intereses corporativos, intereses de clase, posiciones ideológicas y rezongos paranoicos. El envío al Congreso del proyecto de ley que procura dar un marco legal a la cuestión del papel prensa, la presentación judicial realizada por el Poder Ejecutivo relacionada con la modalidad en que se realizó la compra de acciones de la empresa en cuestión anunciada por la Presidenta de la Nación con la anterior medida mencionada, junto con la cuestión de Fibertel produjeron la reacción automática de un grupo de legisladores que sobresaltados por tal jugada del gobierno salieron automáticamente a defender “su posición”.
Junto a los habituales discursos demonizadores, las frecuentes invocaciones al más allá, apelaciones al temor por la falta de institucionalidad o rezongos y caprichos provocados por la modalidad de presentar las propuestas de parte del gobierno, la “oposición” da cuenta de un marcado ensimismamiento y cerrazón claramente justificada por la falta de una capacidad de análisis, cuestión que deja ver claramente cómo de lo que se trata es simple y jodidamente de destituir y conseguir poder. La oposición tiene una y sólo una posición tomada: destruir toda iniciativa política tendiente a proteger los intereses del Estado para defender los intereses particulares de las corporaciones. Lamentablemente, hoy, no contamos con una oposición que critique con fundamento el rol del gobierno y esté pensando en propuestas superadoras.
De frente a la jauría de predicadores de la verdad ningún periodista atinó a decir algo como: “señores diputados, ¿acaso no se dan cuenta que la estrategia del Poder Ejecutivo fue justamente jugar con los dos poderes restantes del Estado y que no pueden ir otra vez por el lado de la acusación de autoritarismo y avance sobre los poderes públicos?” En fin… Un solo discurso y ninguna pregunta. La cosa queda cerrada. Nada más lejano a la política.
La jugada del Gobierno Nacional es inteligente, deja una vez más a los representantes políticos del poder económico sin otra alternativa que dar cuenta de su idiotez, falta de iniciativa, esclerosis intelectual e incapacidad para hacerse cargo de la toma de medidas que busquen fijar políticas en pos del bien común, dando cuenta de ser una alternativa mejor a la que hoy lleva las riendas del poder del Estado. Los adalides de la institucionalidad olvidan qué rol juegan las instituciones democráticas en el juego y éticamente hacen agua cuando en su praxis defienden intereses particulares que atentan contra el bien común.
En el marco del capitalismo las reglas del juego tiende a ponerlas el mercado. Eso es tan claro que no vamos a extendernos aquí para plantear una crítica al sistema, cuestión de más justificada y necesaria pero que nos apartaría del análisis de la coyuntura que tenemos. El gobierno no hace más que tratar de jugar con las estrategias que tiene a mano (siempre en el marco de las instituciones democráticas) buscando poner límites a las corporaciones económicas. A veces, da en el clavo y lo hace para defender los intereses del Estado. Pues bien, que eso sea posible sin cambiar la estructura de la producción es otro cantar. Esta claro que este no es un gobierno ni totalitario ni revolucionario. El problema es que apenas es posible introducir ciertas políticas en procura de la tan apreciada justicia social justicialista haciendo uso de cierta racionalidad con los instrumentos que el sistema brinda. Enseguida los funcionarios estúpidos bajan de los árboles y se deslizan por las lianas de la selva gorila para salir al paso y reclamar la palabra. Uso de la palabra que los monopolios aseguran, voces que no callan ni siquiera para dejar paso a la reflexión. A esta altura está claro que de lo que se trata es de defender intereses corporativos más que de gobernar respondiendo al mandato cívico.
Pues bien, esto es grave y en tanto no se democratice la comunicación tendremos que seguir soportando el monopolio de la boludez, escuchando los discursos desprovistos de sentido de una runfla de políticos que ni siquiera se detiene a reflexionar acerca del carácter de las medidas tomadas por el Ejecutivo. Mientras, el grupo político en el poder (no sé si llamarlo partido) da cuenta de una gran inteligencia para armar, construir y manejar parte del aparato (esto que se relaciona con la modalidad de construcción de poder en el corto plazo puede y debe discutirse en otro lugar) cosa que no alcanza para doblegar una estupidez peor a la de los políticos agentes del poder económico (en última instancia son libres de dilapidar lo poco que les queda de credibilidad para defender intereses particularísimos). En efecto, una fauna de idiotas funcionales a los intereses del poder económico también acapara gran parte de la comunicación en los medios. Digo estúpidos e idiotas porque no se dan cuenta a quiénes son funcionales ni tampoco cómo desde sus discursos alimentan prácticas que en definitiva los perjudican a ellos mismos. No son ya políticos profesionales sino panelistas de programas, mortales que llegan a los medios en procura de unos minutos de fama (llamados mediáticos) bobos opinadores con escasa formación y responsabilidad civil, etc. que desde la impunidad que da la ignorancia reproducen defensas a la corporación y machacan desde el prejuicio enunciados tales como que la Presidenta es autoritaria, soberbia y cosas por el estilo. Por supuesto tenemos también los opinadores pagos pero de ellos ya se han encargado otros espacios. Esta manada de rezongadores mediáticos antes mencionada, lejos de plantear en sus discursos los típicos reclamos típicos de la clase de la que forman parte y dar cuenta de la ideología propia, parece necesitar urgentemente un analista.
Es que la cosa se está poniendo fea para el pequeño burgués y el burgués preocupado por mantener cierto statu quo. La política empieza a salir de las alcantarillas en las que había caído después de la década del 90. Empieza a practicarse, a tomar cuerpo, a utilizarse como instrumento en procura del cambio. Esto altera a quienes prefieren seguir manteniendo vigente la idea de la política como demonio, como cosa sucia, como cosa de unos pocos “profesionales de la política” (justamente aquellos que fácilmente pueden ser comprados) en fin como algo muy lejano a lo que puede hacerse todos los días, en los puestos de trabajo, en las universidades, en los barrios, etc. El burguesito prefiere ser tratado como cliente y desde esa lógica plantear sus necesidades y rezongos a convertirse en ciudadano.
Puntualmente, una cuestión vino a sumarse a las medidas expuestas en la primera parte del artículo y tiene que ver con la toma de escuelas en la CABA. Furiosos los estúpidos funcionales salieron a sostener que “los pibes deberían preocuparse por estudiar”, por “estar en la escuela” en vez de “perder el tiempo haciendo política” y cosas por el estilo a la que nos tiene acostumbrados el discurso de la derecha conservadora. Difícil la cosa cuando, además de tener que lidiar con los intereses de las corporaciones, hay que enfrentar la estupidez y falta de reflexión de la gente enajenada. Algún problema debe haber en el orden psicológico (tema que habría que abordar desde la psicología social) que impide a estos sujetos realizar análisis tan simples como el de entender que con las escuelas deterioradas, sin materiales de estudio, con docentes mal pagos y una financiación que se viene a pique no se puede estudiar ni acá ni en la China. O tal vez este siendo muy rebuscado y la cosa sea simplemente producto de la imposibilidad de llevar a cabo un análisis más profundo.
Estupidos funcionales y funcionarios estúpidos cierran la posibilidad de hacer crecer la política. Unos la bastardean en pos de la defensa de sus amos otros la convierten en una relación comercial, enaltecen figuras como la del jefe de gobierno - digno representante del empresariado berreta- y son incapaces de ver que existe una diferencia fundamental entre la política y los intereses clientelares. Paradójicamente, son estos últimos los primeros en quejarse cuando la práctica política se realiza apelando al intercambio de favores, mediante la entrega de chapas y choripanes. Claro está, desde su mirada eso es soez propio de las clases populares poco refinadas e incapaces de valorar una conexión por banda ancha a internet.
José Antonio Gómez Di Vincenzo. 25/8/10

1 comentario:

Maximiliano dijo...

José

Excelente artículo. Parece increible pero la oposición continua dejando cada vez más en claro que representa pura y exclusivamente a los intereses corporativos. Digo lo de "parece increible" porque en cada acción que llevan a cabo la manera en que evidencian quienes son (como vos bien decís) sus amos parece insuperable, pero a la acción siguiente logran superarse. No me quedan dudas de que están muy comprometidos con su proyecto, no sólo político, sino también existencial: ser lacayos del poder económico.

Nos estamos viendo.

Saludos.