La Persistencia de la Memoria

La Persistencia de la Memoria
Salvador Dalí

viernes, 13 de agosto de 2010

La teoría figurativa del significado de Ludwig Wittgenstein



“Todo aquello que pude ser dicho, puede decirse con claridad: y de lo que no se puede hablar, mejor es callarse”. Ludwig Wittgenstein


El Tractatus Logico-Philosophicus es el primer y único libro que vio la luz durante la corta vida de Ludwig Wittgenstein (1889 – 1951).[1] Una primera publicación de la obra se encuentra en un ejemplar de la revista alemana Annalen der Naturphilosophie de 1921 (XIV, 3-4, págs. 185-262) bajo el título Logisch-Philosophische Abhandlung. Un año más tarde, aparecería una edición bilingüe (alemán-inglés) en Londres. Dicha publicación (que aparece bajo el título en latín con el que la conocemos actualmente) cuenta con una introducción de Bertrand Russell. Allí, Russell no sólo intenta anticipar todas aquellas conclusiones a las que llegará Wittgenstein en su trabajo sino también mostrar la importancia del Tractatus en la filosofía contemporánea puesto que para el maestro, el alumno “partiendo de los principios del simbolismo y de las relaciones necesarias entre las palabras y las cosas en cualquier lenguaje, aplica el resultado de esta investigación a cualquier rama de la filosofía tradicional, mostrando en cada caso cómo la filosofía tradicional y las soluciones tradicionales proceden de la ignorancia de los principios del simbolismo y del mal empleo del lenguaje”.
El Tractatus es un texto sumamente complejo que entre otras cuestiones trata de explicar el funcionamiento de la lógica instalándola como el andamiaje o la estructura sobre la cual se levanta nuestro lenguaje descriptivo, en particular, el de las ciencias naturales, y el mundo que el lenguaje describe. La tesis fundamental del Tractatus es que existe una vinculación estructural entre el lenguaje y el mundo. Wittgenstein llevará esta relación al límite, sosteniendo que “los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”. En efecto aquello que comparten el mundo, el lenguaje y el pensamiento es la forma lógica gracias a la cual podemos hacer figuras del mundo para describirlo. Es por esto que el filósofo austríaco sostendrá que “todo aquello que pude ser dicho, puede decirse con claridad: y de lo que no se puede hablar, mejor es callarse”.
En el Tractatus, el mundo es la totalidad de los hechos. Los hechos son “estados de cosas”, objetos en cierta relación. Por ejemplo, si un hecho es que una taza de mate cocido esta sobre mi escritorio lo que este hecho muestra es que existe una relación entre la taza de mate cocido y mi escritorio. Según Wittgenstein, los hechos poseen una estructura lógica que permite la construcción de proposiciones que representen o figuren ese estado de cosas. En lógica puedo escribir T R E para dar cuenta del hecho de que la taza de mate cocido se encuentra sobre mi escritorio. Pero no vayamos tan rápido. Veamos en detalle cómo, desde esta perspectiva, Wittgenstein presenta toda su teoría de la figuración o teoría figurativa del significado.
Tanto con el lenguaje como con el pensamiento podemos, al mismo tiempo, referirnos a las cosas o decir algo acerca de ellas. Decimos entonces que nuestro lenguaje tiene dos propiedades o capacidades: la referencia y la de sentido o significado. Las proposiciones “José construyó una avión de papel” y “José estudió epistemología” tienen el mismo referente (en este caso José) pero distinto significado. La teoría figurativa del significado intenta explicar cómo es posible que con el lenguaje podamos al mismo tiempo hacer referencia a las cosas y darles sentido. Básicamente, lo que la teoría postula es que nuestro lenguaje y nuestro pensamiento tienen sentido y referencia porque son pinturas, figuras o representaciones de las cosas del mundo.
Wittgenstein sostendrá que existen hechos en el mundo, que estos hechos pueden ser afirmados o negados, que el mundo no es un mundo de objetos sino un mundo de hechos. La cuestión fundamental es comprender cómo es posible un lenguaje que pueda dar cuenta de los hechos. El hecho mínimo irreductible o no conformado por otros hechos es un hecho atómico.
Un hecho es una combinación de objetos que se realiza de un modo determinado. Este modo determinado en que se realiza la combinación de los objetos para conformar un hecho constituye la estructura del mismo. Con el lenguaje, los seres humanos nos hacemos figuras de los hechos. Veamos esto más detenidamente.
Una figura es un conjunto de elementos combinados de un modo particular. A su vez, habíamos dicho que un hecho es un conjunto de objetos combinados de un modo particular y que este modo de combinarse era su estructura. Pues bien, hechos y figuras poseen una estructura común o análoga. Dicho de otro modo, tenemos hechos atómicos conformados por objetos combinados según una estructura y tenemos figuras conformadas por elementos también combinados según una estructura. Los elementos de la figura son modelos de los objetos. Figura y hecho comparten una estructura análoga. La figura es un modelo de la realidad. Ser una figura de una situación es lo mismo que describirla o que ser un modelo de ella.
La estructura puede formarse o no. Si la estructura puede formarse, entonces es posible. Esto se denomina forma de figuración. Si no puede formarse es imposible. Decimos entonces que la forma de figuración, al pertenecer tanto al hecho como a la figura, los liga y relaciona mutuamente. Esto tiene una importante implicancia gnoseológica: sabemos de los hechos a través de las figuras, tenemos la capacidad de hacernos figuras de los hechos.
Existen distintos tipos de formas de figuración. Las tenemos presentes, por ejemplo, en las partituras musicales, en las obras pictóricas, en las esculturas, en las maquetas, en el pensamiento y en el lenguaje.
Las figuras son representaciones, nos sirven para representar algo distinto a ellas mismas, están en lugar de otras cosas y además son representaciones isomórficas. [2] Sus características son las siguientes:
Están constituidas por elementos.
Cada elemento representado corresponde un elemento en la representación.
A las relaciones que hay entre los elementos del hecho corresponden relaciones entre los elementos de la representación.
En toda representación isomórfica, Wittgenstein distingue dos aspectos: la forma y la relación figurativa. La forma de representación es el modo que tiene una figura de representar la realidad. Por ejemplo una maqueta tiene un modo de representar la realidad distinta que una pintura o una partitura. Y en función de la forma de representación la figura podrá expresar o reflejar distintos aspectos de la realidad. Una foto de una galaxia representa un aspecto distinto que una imagen de los rayos gama que emana la misma. La relación figurativa da cuenta del modo en que la figuras están vinculadas con la realidad a la que sustituyen.
Todas las formas de figuración son lógicas. No hay figuras ilógicas. El lenguaje es una figura del mundo o no tiene nada que ver con él. Dependerá de la forma de figuración con la que se construye. Es por esto que la lógica constituye un andamiaje a partir del cual podemos describir el mundo y otorgarle sentido.
El pensamiento es una figura lógica de los hechos. Lo pensable es entonces lo posible. El pensamiento se expresa en proposiciones. Una proposición está compuesta por “signos simples” (las palabras) y una estructura denominada “articulación”. Tal como habíamos visto hay una analogía entre los hechos y las figuras. Pues bien, también la hay entre ambos y la proposición. La proposición es una figura con sentido. Este sentido está dado por su capacidad de bosquejar y diseñar el mundo más que por ser una copia del mundo. El lenguaje es para Wittgenstein la totalidad de las proposiciones.
A partir de lo expuesto surgen dos cuestiones: una ontológica y otra gnoseológica. El mundo puede ser representado y el lenguaje puede representarlo. La proposición representa el mundo según la lógica, lo reproduce a partir de su forma lógica de figuración. Si la proposición es una figura del mundo entonces el mundo puede ser descrito por proposiciones verdaderas. Tal es la función de las ciencias empíricas.
A partir de lo expuesto y siempre siguiendo al Wittgenstein del Tractatus, lo que tenemos es que existen proposiciones con sentido, proposiciones que si bien no son sinsentidos, carecen de sentido como las de la lógica y las matemáticas y por último, pseudoproposiciones. Veamos algunos ejemplos:
Proposiciones con sentido:
La pared es roja.
Marte es el cuarto planeta del sistema solar.
El oro se dilata con el calor.
Proposiciones que carecen de sentido tales como las tautologías y las contradicciones en lógica y las proposiciones matemáticas:
p o no p
no (p y no p)
La suma de los ángulos interiores de un cuadrilatero es igual a dos llanos o cuatro rectos.
Proposiciones sinsentido:
La nada nadea
Mi taza de mate cocido está encima del número pi.
Hay un genio maligno en mi cabeza que me hace pensar que todo esto tiene sentido.
La fuerte influencia de la teoría figurativa del significado de Wittgenstein en el pensamiento de los principales miembros del Circulo de Viena permite comprender las principales características del empirismo lógico como perspectiva epistemológica fuertemente prescriptiva y fundacionalista.

Bibliografía


Wittgenstein. L., (1980): Tractatus Lógico-Filosophicus. Alianza, Madrid.



[1] Las tesis planteadas en el Tractatus fueron retomadas y criticadas por el propio Wittgenstein en Los cuadernos azul y marrón y en sus Investigaciones filosóficas, ambas obras publicadas tras la muerte de su autor.
[2] Es decir: representaciones que tienen la misma forma que lo representado.