La Persistencia de la Memoria

La Persistencia de la Memoria
Salvador Dalí

miércoles, 12 de mayo de 2010

Del “prende y apaga” al debate y la crítica en espacios abiertos para la discusión

Lic. José Antonio Gómez Di Vincenzo

En la emisión del martes 11 de mayo del hoy famoso y políticamente correcto 678, el grupo de panelistas daba cuenta y reflexionaba acerca de una serie de críticas dirigidas a cuestionar el modo en el que los periodistas del programa discuten ciertos temas de actualidad y se posicionan frente al relato del multimedio representado por el clarinetista y otros afines a los mismos intereses en franca lucha contra la política gubernamental sobre los medios y demás cuestiones de fondo. Críticas, por cierto, ya no políticamente correctas sino realizadas desde una posición particularmente sesgada y claramente construidas a la hora de defender una determinada posición en el campo en pos de seguir siendo útiles como reproductores de ideas funcionales a los intereses de ciertos sectores de poder no dispuestos a ceder espacio frente a un gobierno que, nos guste o no, ha avanzado instalando ciertas políticas poco digeribles para ciertos grupos económicos.
De entre estas críticas, se destacaba una especial, la de una periodista que parecía querer decir algo así como que los periodistas de 678 subestiman a su público dando a entender que todos aquellos que siguen el programa son unos perfectos idiotas que se creen todos los buzones que les encajan estos publicistas pagados por el gobierno.
Pues bien, al mismo tiempo que esto ocurría en la televisión pública, en la señal de cable del multimedio representado por el hombrecito que sopla y sopla el clarín, un periodista correctamente trajeado pedía a su público que “se sume al prende y apaga”, una especie de juego multimediático, cuyo fin es instalar cierto feedback entre los comunicadores y su público consumidor. Se trata de prender y apagar las luces del balcón o del living de casa mientras una de esas cámaras que todo lo ven te capta para así poder dar cuenta de que uno es un fiel seguidor del programa en cuestión. Así mientras era testigo de todo esto que describo me preguntaba:
¿Cómo se construye el vínculo entre el público y ciertas propuestas informativas en el contexto mediático actual? ¿Cómo juega la distancia que existe entre brindar información, la formación y deformación de opiniones por un lado y la apertura de espacios de debate de ideas por otro en los medios? ¿Qué significados implícitos acerca del sujeto se encuentran en cada propuesta?
A primera instancia parece no haber nada de malo en que a un conjunto de personas, tal vez algo aburridas, tal vez cansadas de haber sido objeto de multiples vejaciones durante un largo día de trabajo, tal vez ávidas de información y necesitadas de cierto reconocimiento - en términos hegelianos- se les dé por prender a apagar una y otra vez la lamparita de su casa. Ahora bien, esto se promueve desde el mismo lugar, la misma empresa multimediática, en la que la periodista lanzaba una crítica a los supuestos estupidizadores funcionales al gobierno de turno protagonistas diarios del programa 678 considerando a su seguidores como un conjunto de súbditos idiotas idiotizados.
Parece como que las cosas están un poco al revés. Uno puede hacerle todo tipo de críticas al programa del canal estatal, puede decir que agota repitiendo una y otra vez la misma temática, puede sostener que por momentos algunos de sus panelistas no van a fondo explotando todo lo que un tema puede llegar a decir de la situación actual, podría destacar ciertas contradicciones a la que son llevados sus integrantes por la necesidad de defender cueste lo que cueste el discurso oficial, etc. Lo que no puede decir es que el programa subestima a sus seguidores. Existen distintas formas de establecer cierto vínculo con la propuesta, desde la participación vía dispositivos mediáticos, hasta el correo común y corriente o el encuentro en espacios de discusión y debate. A riesgo de ser catalogado como oficialista o defensor de causas perdidas – sé que a algunos amigos los acusaron de estar pagos por el Ministerio del Interior por el sólo hecho de manifestar su adhesión a las causas del gobierno en el programa- entiendo que 678, nos guste o no, se ha instalado como referente y lugar de encuentro de muchas voces y ha promovido una movida que excede ampliamente el mero dar cuenta de que uno está allí como un número. En 678 la opinión, la argumentación, el encuentro y desencuentro, el grito y el susurro, la bronca y la alegría, la lucha; todo tiene un lugar. Me cuesta pensar que un grupo de tarados importantes se preste a ser carne de cañón de dicha propuesta. Es más, creo y espero que en algún punto, la propuesta del programa genere una serie de eventos y la construcción de ideas que de alguna manera superen lo coyuntural y permitan la instalación de nuevos problemas y temas y la construcción de nuevos espacios políticos. Habrá que estar atentos a ver qué pasa. Me parece que la gente no es boluda y espera que la propuesta crezca en los sentidos señalados puesto que si en algún momento la cosa se sacraliza y ritualiza, si en algún punto el programa se torna un producto más a la hora de colonizar las mentes, da la sensación que su público se dispersaría quedando sólo reunidos alrededor del fogón algunos cholulos, que siempre los hay, aún en 678.
Ahora bien, la construcción de nuevos significados y debates es posible aún sin estar de acuerdo con todo lo que en 678 se dice y dista mucho de un simple “prender y apagar la luz”. El que prende y apaga da una señal y en la señal uno puede leer algo como “aquí estoy, te estoy mirando, vos me mirás y ahora sabés que estoy aquí mirándote, nos encontramos mientras no dejo de tener mi dedo en la tecla de encendido de mi aparato de iluminación, porque quiero que sepas que te sigo, que estoy aquí y si es posible quiero que mis amigos sepan que te sigo como ellos te siguen mientras no dejo de tener el dedo puesto en la tecla, porque quiero que sepas que no voy a ir más allá de este lugar, que es el lugar en el que quiero estar para que me tengas en cuenta como yo te tengo en cuenta todas las noches”. ¡Eso es todo y es nada! ¿Qué tipo de significados, argumentos, criterios o ideas se necesitan para dar cuenta que uno está siguiendo el programa de noticias de TN? Nada, simplemente una emoción indescriptible, casi algo así como unas ganas locas de prender y apagar la luz. Un deseo irrefrenable de ser penetrado por la seductora y cordial voz del locutor nocturno que dice que en el balcón del edificio tal situado en la ciudad equis alguien prendió y apagó la luz. Un ritual que como cualquier otro tras la repetición sucesiva de lo mismo se vacía de contenidos reflexivos pero ancla las subjetividades.
Para ir terminando la pregunta sería: ¿quién estupidiza a quién?

6 comentarios:

Jessica dijo...

Mmmm... Da para pensar che.
Es cierto que la mayoría de los rituales hoy en día se masifican y vacían de contenido, eso no es ninguna novedad. Lo que es interesante es la pregunta final: ¿Quién estupidiza a quien? La triste realidad es que, a pesar de que muchos nos creamos lúcidos, (algunos más y otros menos) todos estamos estupidizados. Como dice el querido Albert Einstein, "Hay sólo dos cosas infinitas: la magnitud del universo y la estupidez humana. Y de la primera no estoy seguro...". Pasa que en cierto modo yo creo que el argentino promedio se deja estupidizar. No quiere saber nada de lo que pasa a su alrededor entonces hace dos cosas: se queja y juega al "prende y apaga". Me parece que siempre echarle la culpa a los medios, sistema, calentamiento global y cualquier otro dolor de huevos de turno es como muy fácil, ¿no? Qué se yo...
Hay que sentarse a tomar algo y charlar laaaaargo rato porque estas cosas dan para conversaciones interesantísimas. Cada día estoy más convencida de ello.
Saludos!!!

Eva Lucero de Ortega dijo...

Jessica:
es bueno el "darse cuenta". Lo digo por lo de la estupidez humana.
Aunque a mayor grado de conciencia mayor nivel de angustia, vale la pena, porque de la angustia se sale y de la ignorancia uno zafa con la voluntad y la alegría de aprender cada día algo nuevo mirándonos en el otro.
Cordialmente.
Eva Lucero de Ortega
poeta,ensayista y periodista
P.D: lo más importante: soy alumna de Humanidades en la que tengo como profesor a un genio que escribió "El ocaso de los Dioses"... bahh... una parte porque lo hizo con Ariel Mayo.

Anónimo dijo...

Pero no pedian 678 y el gobierno que se transmita mas felicidad a la gente, que dejen de joder noc homicidios repetidos todo el dia? no es parecido o gial al "Club de la buena onda"?

Gabriela dijo...

Lic. Es una verdadera pena haber encontrado esta nota suya en el dia de hoy. Hubiese preferido fuese antes.
Le hago una pregunta, que es preferible que nos mientan u oculten la verdad, haciendonos creer que en nuestro pais esta todo mas que bien, o que nos hagan prender y apagar las luces?
Desde mi humilde opinion considero que la mentira o el ocultamiento es peor, porque en el caso de sus comparaciones 678 nos esta informando de determinadas cosas, que son los temas a tratar en el programa. Mientras que un prende y apaga no informa, es un programa con el cual un canal perteneciente a un multimedio, intenta fidelizar a sus televidentes. Puede ser una estupides un programa asi, pero sinceramente, prefiero la estupidez a la mentira, el engaño y al querer hacernos creer que vivimos en un pais ideal.
Saludos

Lic. José A. Gómez Di Vincenzo dijo...

La verdad, es muy difícil comenzar a darse cuenta que uno es un engranaje de una máquina infernal de la que ni siquiera conoce su funcionamiento. Empezar a darse cuenta que no está aislado, que hay otros engranajes como uno, tan infelices y explotados, tan dormidos y enajenados y que hay algunos pocos vivos que se aprovechan del estado de ensueño en el que se está. Es muy jodido comenzar a sufrir las consecuencias anímicas, psicológicas que emergen como síntomas del darse cuenta, del saberse deshumanizado, explotado.
En este pandemonio, se opina, se elige, putea, en fin se vive. Sin embargo, habría que discutir qué tan libre es uno cuando está siendo todo el tiempo adoctrinado, mal informado, engañado y subestimado por los magos y brujos mediáticos del sistema.
En principio, creo que al menos es preferible, dentro de una coyuntura como la que vivimos actualmente, comenzar a discutir, debatir ciertas cuestiones hasta ahora no tratadas, borradas de la agenda, cayadas no sin interés por ciertos grupos de poder (me refiero a temas muy concretos como la asignación universal por hijo, el matrimonio igualitario, las fuentes de financiamiento de ciertos grupos o instituciones de la sociedad por favorecidos en otra hora por el poder de turno, etc.) que ser tratado como un autómata que prende y apaga luces.
Volviendo al principio, reconozco que es difícil y traumático comenzar a darse cuenta. Ya Platón planteaba la cuestión en su famosa Aporía de la Caverna cuando mostraba cómo la luz del saber en principio enceguece y lo dificultoso que es la salida del mundo de las sombras. Sin embargo, comenzar a recorrer el camino vale la pena.
Si no, uno puede creerse libre y hacer como ese sujeto de la primera de las versiones de Matrix que conociendo cómo era la miserable realidad en la que vivía, prefirió rendirse a los placeres de la matriz y morfando un bife y chupándose un tinto de primera traicionó a sus pares. Prefirió vivir como un sonámbulo al esfuerzo por conocer.

Maximiliano dijo...

Coincido con lo dicho en el artículo. Cuando vi que existía el "Prende y apaga" no podía creerlo. En su genial "Hombre Unidimensional", Marcusse sostenía que en las sociedades industriales avanzadas se daba el fenómeno que, a diferencia del descrito por Marx a mediados del siglo XX, el hombre alienado sentía que se realizaba en su alienación. Sin embargo, no creo que se haya imaginado algo como esto. Es decir, que un hombre sienta que realiza su "humanidad" prendiendo y apagando las luces según lo dictaminase un conductor televisivo con cara de imbecil.

Sin lugar a dudas, el desarrollo tecnológico que permitío el despliegue anteriormente impensado de los medios de comunicación, bajo el sistema capitalista ha representado la consolidación de nuevas formas de dominación que logran penetrar y quebrar las capas más profundas de la subjetividad. El individuo (esa abstracción fruto de la alienación, tal cual como la describieran Hegel, Marx y Sartre)se convierte en una mero receptaculo pasivo de la voluntad de las corporaciones mediáticas. Es la sumisión absoluta del esclavo frente a la voz del amo.

La opción, proclamada con orgullo, por la estupidización, frente al aparente dilema de que "me mienta 6-7-8" o "me estupidice TN", no hace más que confirmar lo dicho. De por sí, el planteo de la cuestión en estos términos, demuestra que el "seguidor" de TN se piensa en su relación con respecto a los medios como una pura pasividad. Que "me mientan o me estupidicen", en ninguna de las dos opciones se concibe a sí mismo como una subjetividad dotada con el poder de la crítica.