La Persistencia de la Memoria

La Persistencia de la Memoria
Salvador Dalí

sábado, 2 de enero de 2010

En el nombre del gen

José Antonio Gómez Di Vincenzo. UNSAM

Consideraciones previas
Tanto desde la filosofía como más recientemente desde la biología y las ciencias biomédicas se ha intentado fundamentar o impugnar el orden social a partir del sostenimiento de una supuesta, imaginaria, o biológica naturaleza humana. Esta búsqueda de una esencia humana universal cuyo correlato sería la organización social tiene una larga historia en Occidente.
Parece extraño hablar de una historia de la naturaleza humana puesto que como tal, dicha esencia debería mantenerse invariable con el correr de los siglos y a pesar de los cambios que puedan operarse en las sociedades humanas. Sin embargo, al recorrer la historia encontramos distintas versiones acerca de la esencia humana construidas ya sea desde la filosofía, ya desde la ciencia. (Palma, 2001)
Como quiera que sea, a partir del siglo XIX, ha ocurrido un cambio fundamental en la forma de sostener lo político. Ya no será la filosofía quien tenga en sus manos la empresa; a partir de entonces, la ciencia contribuirá a la construcción del discurso político. En efecto, desde hace dos siglos, la ciencia se ha convertido uno de los referentes teóricos para la elaboración de dichos discursos político sociales y la implementación de prácticas.
La apelación a la ciencia como conocimiento objetivo a salvo de cualquier contaminación de tipo ideológico vino a legitimar el discurso de aquellos que, mostrándose a sí mismos como portadores de la verdad, buscaron sostener el lugar privilegiado que ocupaban dentro de la escala social y fundamentar el orden dado. La fuerte influencia en el mundo académico de la teoría darwiniana de la evolución, la teoría celular, la antropología y el éxito de la física newtoniana marcaron, en el siglo XIX, una fuerte impronta en las Ciencias Sociales. A partir de la segunda mitad de siglo, tenemos un importante desarrollo de teorías sociales y políticas que apelan a metáforas propias de la Biología y a la Medicina para fundamentar sus argumentos (Foucault, 2002).
La Biología vino a afirmar que tanto las normas de conducta compartidas, pero sobre todo las diferencias sociales y económicas que existen entre los individuos y los grupos de individuos, derivan de ciertas condiciones heredadas o innatas. La estructura de las relaciones sociales no hace más que reflejar este hecho biológico.
El determinismo biológico consiste en afirmar que las normas de conducta compartidas por los miembros de una sociedad y también, las diferencias socioculturales y económicas que existen entre grupos humanos o clases sociales derivan de un conjunto de condiciones heredadas o innatas. La sociedad, su estructura y las relaciones que en ella se dan, entonces, serían un reflejo de la biología y los roles socioculturales y económicos de los sujetos, un reflejo de su constitución biológica innata (Gould, 1988).
Gran parte de los trabajos realizados sobre el programa eugenésico o el determinismo biológico, en sentido amplio, se han emprendido desde la perspectiva histórica, filosófica, política y ética tomando como eje aquellas instituciones eugenésicas fundadas a lo largo de la primera mitad del siglo XX en nuestro país o en América Latina. Son conocidos, en dicho campo, los trabajos de Palma (2002), Vallejo y Miranda (2005) y (2007), Stepan (1991) y otros. Sin embargo, no encontramos mucho material en los cuales, la reflexión se centre en las teorías biológicas o biomédicas que sostienen ciertas prácticas eugénicas, discursos y saberes disciplinares y promueven el uso de tecnologías sociales asociadas. Concretamente, salvo honrosas excepciones, es muy poco lo que se ha trabajado en nuestro país sobre genética y en particular, sobre reduccionismo, determinismo genético y sociobiología.
Tal vez, esto pueda tener que ver con cierta visión hegemónica sobre la neutralidad del conocimiento científico. A pesar de todo, desde hace años la epistemología crítica y los estudios sobre las ciencias han demostrado la inocultable relación que existe entre la producción científico tecnológica y la cultura. Este imbricado conjunto de relaciones se pone de manifiesto, por ejemplo, en la biología molecular. En concreto, tanto la genética clásica como la genética molecular - una a nivel cromosómico, la otra a nivel bioquímico- vinieron a sustentar que era posible establecer relaciones directas entre lo biológico y lo psíquico y sociocultural.
En el presente trabajo, intentaremos reflexionar acerca del modo en el que desde el discurso biológico, se intentó dar cuenta de los fenómenos sociales no sólo para explicarlos sino también con la pretensión de naturalizar cierto orden y fundamentar una política determinada. En resumidas cuentas, el objetivo de este monográfico es analizar una de las principales formas que ha adquirido este procedimiento: la sociobiología.

Un poco de historia

La biología se constituyó como disciplina científica a principios del siglo XIX al darse una suerte de integración entre la taxonomía de Linneo, los estudios de Cuvier y Buffon y la concepción de la historia de las especies aportada por Lamarck. Hacia la mitad del siglo, con la Teoría Darwiniana de la Evolución y la Teoría Celular se termina de consolidar el marco teórico para la nueva ciencia de la vida.
A principios del siglo XX, a partir del rescate de un trabajo de Mendel publicado en 1865 sobre la producción de híbridos, se establecen las bases para una nueva aproximación al mundo biológico, la genética. Los primeros genetistas disputaron la hegemonía con los evolucionistas a la hora de explicar el cambio biológico intentando mostrar que la mutación en sí misma y no la selección natural era la principal promotora de las transformaciones de las especies. En la década del 40, se consolidó el neodarwinismo con la teoría sintética de la evolución, ya no disputando un lugar hegemónico sino formulando modelos poblacionales compatibles con los del darwinismo original. Es a partir de entonces que la biología, que era consideraba en el siglo XIX y todavía a principios del XX como la más blanda de las ciencias duras, comienza a cambiar de perfil, orientándose a posturas más deterministas. Físicos y químicos comienzan a tener la palabra a la hora de explicar ciertas cuestiones propias del ámbito de la biología. En efecto, en pocos años, dichos científicos se convertirán en los fundadores de la biología molecular cuyo objetivo central era proponer y revelar las bases moleculares de la vida. En 1953, aparece un modelo de estructura tridimensional de la molécula de ADN y con ella se inaugura la genética molecular.
Durante su primera etapa de investigaciones, la genética molecular expresó lo que se conoce como “el dogma central”. Se trata de una metáfora que supone un flujo lineal y unidireccional de información desde el ADN a las proteínas previo paso por el ARN. Dicho modelo recupera o recuerda, muy patentemente, las concepciones preformistas propias del siglo XVIII en las que lo biológico era resultado del despliegue de organismos diminutos contenidos dentro de otros organismos presentes desde la creación en la pareja original de cada una de las especies. (Lewontin, 1998)
Esta aproximación de la genética resultó sumamente exitosa para la comprensión de los procesos celulares, sustentando diferentes tecnologías y prácticas, como así también aplicaciones biotecnológicas. Poco a poco, el enfoque fue creciendo en popularidad, no sólo en el campo de la investigación científica sino también en el de la divulgación, reproduciendo y profundizando la metáfora de que en los genes se encuentra la clave para comprender los procesos biológicos: la información contenida en ellos. Así, se refuerza la idea de que todo lo que se espera comprender acerca de lo biológico y la salud humana está en los genes. (Fox Keller, 2000)
De este modo, comienzan a asentarse en el imaginario ideas tales como que ningún problema biológico, biomédico – pero también, psicológico o sociológico- escapa a la fuerza analítica de los genetistas. (Liascovich y Massarini, 2007: 547)
Como quiera que sea, la nueva forma de ver el mundo biológico que se dispara a partir del éxito de la genética aporta nuevas herramientas intelectuales a aquellos que pretenden tender un puente entre lo biológico y la cultura. Es en este sentido que surgen propuestas de legitimación del orden social a partir de las causas biológicas. En el próximo apartado, veremos en detalle, el caso de la sociobiología.

La sociobiología como herramienta de legitimación del orden social

Actualmente, tenemos una fuerte tendencia a creer en cierta omnipotencia del conocimiento genético. Dicha creencia consiste en la esperanza de que con el desciframiento de los códigos genéticos tendremos la oportunidad de dar a la humanidad el conocimiento de las causas de todos nuestros rasgos psicológicos y el control tecnológico suficiente para modificar las conductas no deseadas. Esta creencia, reforzada por algunos logros parciales en diversas áreas y alimentada en buena medida desde medios de comunicación y de divulgación, puede ser denominada “determinismo genético”. (Palma, 2002)
Entendemos que las fórmulas "todo lo que somos y seremos ya está previsto en nuestros genes" o “en el nombre del gen” resumen en gran medida la idea determinista y reduccionista a partir de las cuales, se tejen los discursos que buscan saldar la distancia entre lo biológico, lo ambiental y la cultura.
Si bien existen enormes diferencias entre el discurso de la genética moderna y la filosofía clásica, como anticipáramos en la introducción a este monográfico, a partir de ambas, se intentado constuir la misma estructura argumental apuntando a la consecución de los mismos fines; esto es: indagar en una determinada forma de naturaleza humana las causas de lo social y cultural.
Los aportes de la genética clásica y la genética molecular luego, el neodarwinismo y la teoría sintética fueron modificando – y al mismo tiempo, reforzando- el darwinismo inicial aportando nuevos argumentos a las causas deterministas. De entre un conjunto de prácticas enmarcadas dentro de lo que hemos denominado “determinismo biológico” (la frenología, la antropología criminal, las tecnologías sociales asociadas a la eugenesia, la eugenesia misma son algunas de ellas) surge en el siglo XX, la sociobiología como una forma más de explicar las conductas y jerarquías sociales sobre la base de diferencias biológicas.
En rigor, la sociobiología es la última versión del determinismo construida desde la biología por lo que puede sostenerse que es una forma de determinismo biológico. Sin embargo, desarrollada a partir de la década del 70, esta disciplina debería encuadrarse desde nuestro punto de vista, específicamente, dentro del “determinismo genético” puesto que, como afirmábamos más arriba, se basa en los éxitos de la genética y la biología molecular.
El libro de E. O. Wilson, Sociobiology: the new Synthesis, publicado en 1975, es considerado el puntapié inicial de la sociobiología moderna. En el último capítulo del libro, Wilson expone una serie de tesis e ideas acerca de la aplicación de la sociobiología al estudio de la mente y la cultura.
Pero… ¿Qué es concretamente la sociobiología? ¿Cómo opera para fundamentar sus argumentos?
Como sostiene Sober (1996), se trata de un programa de investigación que pretende utilizar argumentos tomados de la teoría de la evolución para explicar ciertas características significativas del campo de lo social, cultural y del comportamiento en distintas especies. Es un discurso teórico acerca del origen y la conservación de las conductas adaptativas por selección natural. No es sólo un programa de investigación centrado en la conducta sino también un programa que se caracteriza fundamentalmente por el adaptacionismo, con un fuerte énfasis en la hipótesis de la adaptación individual.
La sociobiología intenta profundizar en las bases biológicas del comportamiento social partiendo de la selección natural y del concepto de eficacia inclusiva. La hipótesis central es que el comportamiento social de cualquier animal, incluido el hombre, expresa la tendencia a maximizar dicha eficacia; es decir, a dejar el máximo número posible de descendientes, tomando en consideración las alternativas que ofrece la situación y los costos a afrontar. Como la selección natural no puede funcionar si no hay variación genética, entonces estas conductas sociales deben tener alguna base genética. Resulta significativo el parentesco que se da en el uso de algunos términos con categorías empleadas en el campo de la teoría marginalista en economía. Lamentablemente, en este trabajo no tenemos espacio para indagar acerca de cómo en la construcción de la racionalidad misma de las teorías se da un tráfico de metáforas y una influencia del contexto de descubrimiento y el espíritu de época.
Como quiera que sea, desde la sociobiología se señalan ciertas similitudes y continuidades entre la conducta animal y la conducta humana. Muchas veces, se lo hace antropomorfizando las conductas animales. Sober (1996) en el capítulo 7 de Filosofía de la Biología, da cuenta del ejemplo de la utilización del término “violación” que diseñado para aplicarse a conductas humanas se extiende a otras especies.
La evolución por selección natural necesita que las diferencias fenotípicas sean heredables a las futuras generaciones. Por ejemplo, la selección de cierto rasgo que evite ser cazado por el depredador. La teoría de la evolución sostiene que las diferencias genéticas entre los progenitores explican las diferencias de los descendientes en la medida en que éstos heredan los genes de aquellos. Como sostiene Palma (2002), la cuestión es que este esquema básico se mantiene cuando la sociobiología intenta explicar alguna característica más compleja como por ejemplo, el odio, la infidelidad, la xenofobia, la homosexualidad, etc.
No todos los sociobiólogos comparten los mismos puntos de vista. Existen diferentes matices a la hora de exponer sus fundamentos. Algunos sociobiólogos, por un lado, sostienen que existen genes individuales o grupos de genes responsables de ciertos comportamientos sociales. Despectivamente se llama “genética de saco de judías” a esta manera de pensar. Para muchos científicos incluido Gould, por ejemplo, por citar una figura pominente del campo de la paleontología y el darwinismo, la correspondencia uno a uno entre genes y fenotipo es falsa.
Esta es la postura que mayor fuerza ha tomado en los medios de divulgación. Dentro de este esquema, dado que la sociobiología pretende basarse en la teoría sintética que considera que la variación genotípica está en relación con la fenotípica encontramos a quienes sostienen que las variaciones culturales son una función de la variación que encontramos en la distribución de genotipos.
Wilson definía a la sociobiología como “(…) el estudio de la base biológica del comportamiento social (…) que lleva la teoría de la evolución al campo antes no darwinizado de la psicología y las ciencias sociales”. La definición da cuenta del sentido reduccionista de la propuesta. En efecto, se trata de una tesis profundamente reduccionista que da pie a toda suerte de práctica o planteamientos racistas. Si bien Wilson reconocía la complejidad de la mente humana y la diversidad producto de la cultura, al mismo tiempo sostuvo tesis fuertemente reduccionistas argumentando que “todos los dominios de la mente humana, incluso la ética, tienen una base física en el cerebro y forma parte de la biología humana” y por lo tanto, “ninguno está exento de análisis al modo de las ciencias naturales”. (Wilson y Lumsden, 1975: 235)
Por otro lado, tenemos también en el campo mismo de la sociobiología, posiciones interaccionistas desde las cuales, se sostiene que los comportamientos humanos son una respuesta diferenciada a presiones tanto genéticas como ambientales. Desde esta perspectiva, el trabajo de la sociobiología y lo que ésta pueda decir adquiere una posición más débil que la anteriormente citada.
Por último, tenemos aquellos que sostienen que la maximización de la eficacia inclusiva (dejar mayor número de descendientes) no se vincula con comportamientos concretos determinados o controlados por genes sino con la capacidad de los seres humanos de elaborar herramientas culturales. Esto es así debido al desarrollo que ha adquirido el cerebro humano a lo largo de la filogénesis dadas las ventajas diferenciales que este hecho brindaba. Desde esta perspectiva, los genes no serían los encargados de producir comportamientos que aseguren su duplicación sino un potencial susceptible de utilizar cualquier material para lograr dicho resultado. Se trata de una corriente radicalmente opuesta a la primera.
Sober (1996) considera que la sociobiología es un programa que todavía puede desarrollarse aunque aún no exista evidencia empírica que lo sostenga. Como sostiene el autor, lo cierto es que algunas formulaciones populares de las ideas sociobiológicas han llegado a grandiosas conclusiones a partir de pruebas muy débiles. Se trata de las posiciones anteriormente mencionadas. Aún así, según el autor, debe darse una oportunidad al programa pues algunas posiciones debilitadas de la sociobiología - aquellas en las que tienen en cuenta los caracteres genotípicos tanto como los ambientales y se evalúa en qué medida están presentes en determinadas situaciones- pueden prosperar, rendir sus frutos y ampliar nuestros conocimientos.
Más allá de las discrepancias que puedan tenerse respecto a la perspectiva epistemológica de Sober en lo que se refiere a la utilización, para nada ingenua, de la categoría lakatosiana de programa de investigación, lo cierto es que aún cuando reconozcamos que ciertas versiones debilitadas de la sociobiología puedan obtener algunos éxitos o impulsar estudios novedosos, existen consecuencias prácticas de sus desarrollos por fuera de la racionalidad misma de la ciencia, a nivel social e ideológico. Las posibles repercusiones en el imaginario social pueden fomentar ciertas prácticas fundadas en el determinismo genético.
A propósito de este último punto, hay una cuestión formal que debería aclararse. El procedimiento por el cual, se pretende concluir lo que debe ser (el mundo propiamente humano, ético y social) a partir de lo que es (el mundo natural) está viciado de un error lógico, falacia ya señalada claramente por David Hume en el siglo XVIII y retomada por el mismo Sober, en Filosofía de la Biología. (Sober, 1996) Como la diversidad (genética o fenotípica) es asunto biológico y la desigualdad es asunto ético-político, se trata de ámbitos inconmensurables. Caen en la falacia, no siempre ingenuamente, tanto aquellos que defienden la desigualdad sobre la base de la diversidad biológica como así también los que intentan, forzando las cosas, desconocer la diversidad para fundar la igualdad. Aún así, parece que en la vertiginosidad de la praxis no hay tiempo para la reflexión formal basada en la lógica. En efecto, esta notable crítica no ha evitado que se cometiera la falacia sino que por el contrario, la historia nos muestra que en repetidas oportunidades se ha operado para la legitimación del orden social a través de la apelación a la naturaleza humana.
Muchos intelectuales se han planteado el tema de la función ideológica en la sociobiología. De hecho, la cuestión que ronda las críticas es, lisa y llanamente, si la sociobiología es una ideología. Sober (1996) trata la cuestión con gran profundidad y rigurosidad, así que no nos detendremos demasiado en el desarrollo de sus puntos de vista. Diremos, solamente, que para el autor es necesario mostrar pruebas empíricas que demuestren que existe cierto sesgo en alguna parte del proceso de producción, difusión y aceptación de las teorías sociobiológicas. En este sentido, Sober sostiene - cosa que compartimos- que puede haber razones ideológicas en la persistencia del programa como también científicas.
Como quiera que sea, lo cierto es que la complejidad que se presenta a la hora de abordar los intercambios de significados entre el contexto de justificación y de descubrimiento hace que debamos ser cautos a la hora de extraer conclusiones. Ni todo es ideología, ni nada lo es. Sería mucho más interesante poner las cosas en términos complejos y ver qué parte de la racionalidad misma de las teorías sociobiológicas se nutre de significados provenientes del contexto de descubrimiento, que parte de dicho contexto resuena gracias a los aportes objetivos de la biología y promueve el desarrollo del programa no sólo desde el punto de vista racional sino también económico. Se trata de una tarea arto compleja que no podemos emprender en este monográfico.

Conclusiones

Si bien los sociobiólogos enrolados en las tendencias más fuertes nunca aceptaron compartir la idea de un gen un comportamiento, en el fondo de la cuestión, parece haber un pensamiento que reproduce la idea de que existen genes específicos. El proceder reduccionista opera epistémicamente como punta de lanza como marco desde el cual, apelando a la objetividad de las ciencias, se construye un discurso determinista desde el que se procuran establecer los ejes desde los cuales debe explicarse lo social y cultural.
Sea como sea, esta es la posición que mayor influencia y mayor efecto ha provocado en el resbaloso ámbito de la divulgación científica reproduciendo una mirada, por lo menos, poco seria y para nada rigurosa de lo que la ciencia y, específicamente, la genética molecular pueden aportar al conocimiento humano. Volveremos luego sobre el tema de la divulgación.
No nos detendremos demasiado en las críticas que le caben a la posición más fuerte dentro del campo de la sociobiología. El tema está más que trillado y a esta altura, consideramos que continuar apuntado las flechas hacia estas perspectivas no resulta tan interesante y fecundo como dedicarse a reflexionar acerca del impacto que otros discursos más sutiles puedan tener.
Como expresábamos en el punto anterior, la posición extrema, profundamente reduccionista, ha caído en desgracia tras un sinnúmero de críticas. Por otra parte, la tercera postura, aquella desde la cual, se sostiene que la maximización de la eficacia inclusiva no está vinculada con comportamientos concretos controlados por genes sino con la capacidad de los seres humanos de generar cultura, deja a los genetistas con un margen acotado como para decir algo desde la biología en sí misma y sus aportes se desplegarían sólo en el plano de las metáforas. Nos interesan más las posturas interaccionistas que sostienen que el comportamiento humano representa una respuesta diferenciadas a las presiones tanto del genotipo como del ambiente y el análisis de las posibles repercusiones en el ámbito de la divulgación.
Si bien las posturas interaccionistas que buscarían determinar las predisposiciones adquiridas a través de la evolución teniendo en cuenta la carga genética y la influencia del ambiente – esto es: que el mismo genotipo provocaría conductas diferentes en ambientes diferentes o genotipos diferentes podrían generarse por comportamientos semejantes a causa de presiones ambientales similares- debilitan las tesis más exageradas de la sociobiología, entendemos que no cuentan con una herramienta teórica potente para establecer dónde se encuentran, exactamente, los límites de incumbencia entre lo genético y lo ambiental. Así, decir que cierto rasgo está determinado en un tanto por ciento por la carga genética y otro tanto, por el ambiente no agrega mucho a lo que ya sabemos. Por otra parte, si llegara a poder anticiparse a partir de un genotipo, un determinado comportamiento o característica sociocultural en un ambiente específico, esto no implica que el genotipo sea el causante del fenotipo o que el medio lo sea en una proporción X. Además de la dificultad de precisar esa X tenemos un conjunto de problemas relacionados a la complejidad de los fenómenos que pretenden explicarse. A pesar de permitir al ambiente jugar un rol importante, los interaccionistas siguen teniendo el problema de la causación a la hora de demostrar cómo puede una determinada carga genética influir en un comportamiento social o cómo un ambiente determinado puede modificar la genética. La complejidad de los fenómenos y la dificultad de aislar o recortar casos de estudio en los que sólo jueguen algunos factores y no otros, hacen que sea muy difícil extraer conclusiones precisas acerca de qué grado de implicancia le corresponde tanto al gen como al ambiente.
Para ir finalizando, nos parece interesante ahora sí retomar la idea del “peligro” que se encuentra inmerso cuando el flujo de información escapa del contexto interno de la ciencia al externo tomando la forma de divulgación, reproduciendo ciertas metáforas o representaciones, muchas veces, sin que medie una evaluación crítica. La semilla puede caer en tierra fértil y brotar en la forma determinista haciendo que se reproduzcan discursos sesgados. Cuando en los diarios se publican artículos acerca del “gen de la fidelidad” o el “gen de la infidelidad” (hay para todos los gustos), se reproduce la idea de que existe un gen para un comportamiento. En el imaginario y en el sentido común, se instala la idea de que también existirán genes para la violencia, la inteligencia, profundizándose así la mirada reduccionista y determinista y reforzando una construcción social de la mirada acerca del ser humano mismo, representaciones acerca de la salud y la enfermedad, lo normal y lo anormal, que pueden llevar a la reinstalación de prácticas eugenésicas en la forma de los ya tristemente conocidos “programas de mejoramiento genético”.
En correspondencia con la preponderancia de la lógica neoliberal, el modelo reduccionista y determinista de la sociobiología puede promover ya no medidas para la puesta en marcha de tecnologías sociales asociadas a la eugenesia tomadas por parte del Estado como ocurrió en la primera mitad del siglo XX sino lo que Cabral y otros (2003) llama una “neoeugenesia de mercado” en la que sobre la base de la información genética obtenida por cualquier individuo con los recursos económicos apropiados y la mediación del especialista se tomarían decisiones respecto a la descendencia. Por supuesto, esto dejaría excluida a la mayor parte de la población la cual, podría verse afectada por el manejo discrecional de la información por parte de los grupos de poder.
Como quiera que sea, el llamado de atención viene dado por el hecho de que con la divulgación, dado el escaso nivel de crítica, se dan por sentadas ciertas cuestiones y así “en el nombre del gen”, puede sostenerse livianamente una vez más que los actos y conductas, las diferencias sociales y culturales lejos de estar dadas por cuestiones políticas y económicas surgen a partir de determinados caracteres genéticos.
Finalmente, una cuestión que no debemos perder de vista. Tal vez, la evolución biológica haya hecho que determinadas cuestiones orgánicas promovieran en los seres humanos el desarrollo de la mente y la cultura pero una vez logrado ese salto la filogenia transita nuevos rumbos inconmensurables con los derroteros genéticos y biológicos en general.

Bibliografía

Cabral de Almeida Cardoso, M., y otros (2003): “Saúde coletiva, nova genética e a Eugenia de Mercado” En Cuadernos de Saúde Pública, N 19, Vol. 2, pp 653-662.
Foucault, M., (2002) Historia de la sexualidad 1 – La Voluntad del saber. Siglo XXI, Buenos Aires.
Fox Keller, E., (2000): Lenguaje y vida. Metáforas de la biología en el siglo XX. Manantial. Buenos Aires.
Fox Keller, E., (2002): El siglo del gen. Cien años de pensamiento genético. Ediciones Península. Barcelona.
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Lewontin, R., (1998): Genes, organismo y ambiente. Las relaciones de causa y efecto en biología. Gedisa. México.
Liascovich y Massarini (2007): Determinismo genético y salud pública: la genetización de la epidemiología. En Vallejo, G., Miranda, M., (2007) comps.
Miranda, M., y Vallejo, G., (2005): Darwinismo social y eugenesia en el mundo latino. Siglo XXI. Buenos Aires
Palma, H., (2001): Conexiones: “Ciencia, política y orden social”. Proyecto Editorial, Buenos Aires.
Palma, H., (2002): “Gobernar es seleccionar”. Baudino Ediciones. Buenos Aires.
Sober, E., (1996): Filosofía de la Biología. Alianza Editorial. Buenos Aires.
Stepan, N., (1991): The hour of eugenics: race, gender, and nation in Latin American. Cornell University Press. Ithaca.
Vallejo, G., Miranda, M., (2007): Políticas del cuerpo. Estrategias de normalización del individuo y la sociedad. Siglo XXI. Buenos Aires.
Wilson, E., y Lumsden, C., (1975): El fuego de Prometeo. Fondo de Cultura Económica. México.

1 comentario:

Goliardo dijo...

José, gracias a que ustedes nos enseñaron quién era Lombroso, ahora sabemos quienes son los lombrosianos. Mira este video de tn:

http://www.youtube.com/watch?v=XQJ6iyt2tfA&feature=player_embedded