La Persistencia de la Memoria

La Persistencia de la Memoria
Salvador Dalí

martes, 3 de noviembre de 2009

Inducción y deducción en la metodología económica de Stuart Mill

José A Gómez Di Vincenzo. UNSAM

En este espacio, trataremos de describir el papel que juega la inducción y de la deducción en la metodología expuesta por de Stuart Mill y cómo se someten a prueba los axiomas o principios de la economía. En “On the Definition of Political Economy” de 1836, Stuart Mill expone rigurosamente una síntesis metodológica para la economía política. Para construir un conocimiento que aspire a diferenciarse del sentido común y lograr el estatus científico, Mill hablará de procedimientos a priori o deductivos y a posteriori o inductivos. Para este intelectual, la economía tiene un carácter especial que la hace diferente al resto de las ciencias fácticas: no puede basarse sólo en procedimientos a posteriori. Siguiendo a Mill, la economía no trabaja estrictamente con el mundo real sino por sobre un mundo idealizado. El mundo real no permite ver la esencia de las cosas y nos lleva a error. Por ende, el economista no puede partir de la realidad y la inducción. Esta postura difiere notablemente de la del empirismo lógico y en general de toda la tradición empirista más dura.[1] Lo que debe hacer es abstraer ciertas motivaciones económicas y tener en cuenta la existencia de otras motivaciones no económicas. Mill formulará una teoría del hombre ficticio basada en el principio del hommo economicus sosteniendo que el ser humano intenta adquirir la mayor cantidad de bienes y riqueza posible con el menor esfuerzo posible. Como quiera que sea y más allá de las criticas que le cupieran a este principio es a partir de esta abstracción que Stuart Mill deducirá todas sus propuestas. Lo que tenemos, entonces, es una ciencia abstracta que utiliza el método a priori. Para el economista, la evidencia empírica no sirve para validar las teorías económicas. El método a priori se contrasta con el a posteriori aunque Mill se distancia de aquellos que utilizan el concepto a priori para designar una forma de filosofar especulativa y no fundada en absoluto en la experiencia. Para Mill, el método a priori parte de hipótesis. El principio del homo economicus es una hipótesis basada sobre la experiencia vía introspección y la observación de nuestro prójimo aunque no se deriva de observaciones específicas de hechos concretos como generalización inductiva. Como la experiencia no puede validar la verdad de los principios la misma se valida por la evidencia no empírica, por la vía de la introspección por medio de la razón. Al estudiarse a uno mismo y estudiar empáticamente a sus semejantes uno ve que lo que tiene esencialmente concuerda con el homo economicus. Hay un aspecto de dicho homo economicus en cada uno de nosotros. Como la hipótesis es un supuesto, las conclusiones de la economía sólo serán ciertas en abstracto. Ahora bien, a la hora de poner a prueba los principios de la economía para el estudio de casos habrá que ponderar todas las circunstancias concretas pertinentes a dicho caso. A estas causas que pueden o no ser tenidas en cuenta Mill las denomina causas perturbadoras. Cuando éstas son conocidas, se introducirán las correcciones necesarias para tenerlas en cuenta con lo que no constituirán desviaciones respecto del método a priori. Pero no siempre puede tenerse en cuenta desde el inicio de la investigación la presencia de causas perturbadoras. Las mismas pueden surgir como consecuencia del trabajo de investigación a la hora de someter a prueba las teorías. Es allí donde el método inductivo a posteriori entra en escena ya no como un procedimiento para descubrir la verdad, sino para verificarla. Su utilización apunta a estudiar los resultados que la teoría nos permite predecir recolectando de manera fiable los hechos que han ocurrido para analizar los resultados y así poder descubrir que en la discrepancia entre la predicción y lo acontecido pudieron actuar causas perturbadoras. Como vemos, Mill no sostiene que si la teoría no se verifica en la experiencia empírica ésta deba refutarse. En efecto, la evidencia empírica no es refutatoria porque los hechos están determinados por múltiples causas. Por el contrario, Mill defiende la verdad de los principios puesto que necesita vía deducción partir de la verdad para que esta pueda transmitirse vía deductiva a las conclusiones. La experiencia no actúa como un árbitro, no sirve para probar los principios pero puede ser utilizada para reevaluar las condiciones iniciales o cláusulas ceteris paribus. Es así que Mill formulará una teoría de las tendencias para precisar el método.
[1] Veremos en el punto 4 cómo en economía debe formularse una racionalidad distinta a la que se encuentra implícita en las formulaciones del neopositivismo.