La Persistencia de la Memoria

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Salvador Dalí

viernes, 2 de enero de 2009

¿La ciencia histórica, la historia de las ciencias o una historia científica para las ciencias?

José Antonio Gómez Di Vincenzo. UNSAM

¿La ciencia histórica, la historia de las ciencias o una historia científica para las ciencias?

José Antonio Gómez Di Vincenzo. UNSAM

Introducción

La mayoría de los que hacemos historia de las ciencias desde una perspectiva más dentro de un buen número de posibles reflexiones sobre la actividad científica como la sociología de las ciencias, la retórica, la antropología, etc., es decir, los que investigamos en historia de las ciencias como un estudio que contribuye con sus descubrimientos a lo que podríamos llamar una epistemología naturalizada, a veces, perdemos de vista que lo que hacemos es ciencia y no filosofía de la historia. En todo caso, el espacio para la reflexión filosófica vendría después y tendría en cuenta los aportes de la historia, sus descubrimientos, para profundizar en los problemas filosóficos relacionados con la práctica científica.

En este sentido, cabría formular algunas preguntas clave antes de ver algunos aportes conceptuales propios de la epistemología de la historia con el fin de comenzar a discutir, y si es posible resolver, el problema del status científiico de la historia en general y de la historia de la ciencia en particular – concediendo que la historia de las ciencias es parte de lo que podríamos llamar historia general – y tratar muy sintéticamente algunas propuestas realizadas por la Escuela Histórica Alemana y Ernest Bloch.

¿Cómo construir una ciencia histórica con status científico? ¿Cómo construir una historia científica que permita dar inteligibilidad al pasado de la producción científica?¿Cómo lograr que la historia de las ciencias no se convierta en una filosofía de la historia de las ciencias?

Veremos, a continuación, algunas breves notas con el propósito de comenzar a tratar la cuestión.

La herencia de la Escuela Histórica Alemana

La Escuela Histórica Alemana aporta los principios del método histórico, rompe con la filosofía de la historia, elabora las primeras reflexiones epistemológicas sobre el status científico de la historia instalando y anticipando muchos de los conceptos y discusiones posteriores en el ámbito disciplinar y en la filosofía de la ciencia.

Estos intelectuales instalan la necesidad de reflexionar sobre el método de investigación histórica anticipando a los metodicistas. Con la necesidad de romper con la filosofía de la historia y lograr el estatus científico, necesitan defender su práctica demostrando que el tipo de conocimiento del pasado que ofrecen no puede ser alcanzado desde la filosofía. Sostendrán que la investigación empírica y el estudio crítico de las fuentes posibilitan el conocimiento histórico, no las especulaciones metafísicas sobre el sentido de la historia. Son los primeros en defender la importancia otorgada a la crítica de fuentes y la investigación empírica y un rechazo al racionalismo abstracto de la ilustración. Desde esta perspectiva, logran, entonces, establecer contra la filosofía de la historia la legitimidad de la investigación histórica empírica introduciendo una nueva codificación de las tareas prácticas realizadas por el historiador que expone lo ocurrido.

Leopold von Ranke dirá que la historia debe “mostrar lo que realmente fue”. De este modo, sostendrá que es el estudio empírico de los hechos lo que posibilita el progreso del conocimiento histórico y no la especulación filosófica y metafísica. A diferencia de lo sostenido por Hegel, no es posible ver ningún espíritu absoluto en las fuentes.

Humboldt acepta la idea de identidades colectivas pero niega su carácter metafísico o sentido finalístico. En su conferencia sobre “la tarea del historiador” sostiene que dicha tarea consiste en exponer lo ocurrido. Este texto constituye la primera exposición epistemológica de la historia en cuanto actividad práctica y codifica algunas de las reglas metodológicas vigentes actualmente. Considera que el mejor medio para acceder a lo universal es partir de sus realizaciones concretas. El oficio del historiador consiste en exponer cómo una idea tiende a hacerse efectiva en la realidad. Para llegar a la verdad histórica, es necesario recorrer dos caminos: la investigación rigurosa, imparcial y crítica de lo que sucede y la síntesis del campo explorado. El historiador completa el cuadro interpretando las partes, relacionando los fragmentos. Sólo su imaginación y creatividad permiten recomponer el pasado. Humboldt reconoce la importancia del proceder comprensivo para conocer el pasado anticipando la hermenéutica que historiadores y filósofos enriquecerán posteriormente.

Marc Bloch y su perspectiva epistemológica para la historia

Bloch va a esforzarse por justificar la legitimidad social de la historia como ciencia en Apología, texto en el que presenta el método de investigación histórica. Desde su mirada, la historia es ciencia porque posee método propio. Es un saber que debe ser aprendido, supone conocimientos especializados y la cooperación entre quienes la practican. La historia es la ciencia de los hombres en el tiempo.

Bloch explica la unidad de la disciplina desde la práctica, desde el método, centrándose más en describir lo que los historiadores hacen que en la prescripción de lo que deben hacer. Rechaza el monismo naturalista y señala que ciencias humanas no deben renunciar a su originalidad.

La historia es ciencia de los hombres porque siempre es historia social o de colectivos humanos. Su estudio no puede abordarse sin tener en cuenta las experiencias de las comunidades en su conjunto. El tiempo es duración, continuidad inescindible. El corte entre pasado y presente no está en ningún lugar sino que depende de la perspectiva analítica del historiador. Si esto es correcto, entonces, no es un punto ubicado en el tiempo lo que define un trabajo histórico sino el método que se emplea para analizarlo.

El conocimiento histórico es indirecto o “por huellas”. Si es así entonces, la historia no se distancia de otras disciplinas científicas que también construyen conocimientos indirectos. Así, Bloch defiende la cientificidad de la disciplina puesto que si otras ciencias de las que nadie duda sobre su estatus apelan al conocimiento indirecto – como la física y sus términos teóricos – entonces, por qué dudar en el caso de la historia.

Un estudio histórico es un juicio que trata de reconstruir la historia a partir de huellas testimoniales. Bloch pone énfasis en los testimonios involuntarios que son aquellos que no fueron producidos para exponerse al público. Esto concuerda con la profundización en el concepto de historia social: son los testimonios involuntarios los que permiten construir una historia de colectivos humanos. Es importante la dirección de encuesta o preguntas realizadas al documento puesto que harán posible transformar testimonios voluntarios en involuntarios y permitirán llevar a cabo la crítica constituida como examen formal y validación. Los juicios de valor dados en el análisis pueden ser estimativos si se realizan tomando en cuenta los valores contemporáneos al documento o críticos si se realizan con valores contemporáneos al historiador. Bloch insiste en que deben tomarse sólo los estimativos para no caer en juicios extemporáneos. En la síntesis, la nomenclatura busca homogeneizar los términos para permitir que la historia se desarrolle como ciencia al igual que lo ha hecho la química, construyendo su propio sistema de signos. Aquí, aparece el tema de la comunicación del hecho histórico entre investigadores.

Bloch concibe la interdisciplinaridad como colaboración entre especialistas de distintas disciplinas y como traducción al lenguaje corriente de los historiadores de las innovaciones de aquellas. Acepta la participación de los filósofos a la hora de realizar una reflexión sobre el método y de otras disciplinas, como la sociología, para ayudar al historiador a elaborar sus problemas. También incluye en su obra un lugar importante al problema de la comprensión tomando las investigaciones hermenéuticas como herramienta.

En cuanto a la aspiración de verdad, dirá que la verdad de la historia es aquella que los historiadores consideran como verdadera. Entonces, vuelve a adquirir relevancia el tema de la comunicación entre los investigadores. Pero no para unir análisis y síntesis sino para compartir problemas y soluciones. A diferencia de Langlois y Seignobos, también metodicistas, Bloch entiende que la división del trabajo no debe darse entre historiadores sino que cada investigador debe cubrir los dos aspectos.



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