La Persistencia de la Memoria

La Persistencia de la Memoria
Salvador Dalí

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Crítica al apriorismo en von Mises

José A. Gómez Di Vincenzo. UNSAM


En este espacio, presentaremos una reseña de la racionalidad miseana y algunas de las críticas que pueden caberle a dicho enfoque en lo metodológico. El principal aporte metodológico elaborado por Mises para la economía consiste básicamente en su fundamento apriorístico. Según este economista de la Escuela Austríaca, la praxeología - y dentro de ella la economía- es una teoría general de la acción humana cuyo objeto es elaborar las leyes específicas que rigen dichas acciones. En los fenómenos de mercado prevalece la regularidad. Esto constituye un primer paso para la elaboración de leyes praxeológicas. La praxeología es la ciencia a priori de la acción de los seres humanos y su carácter es universal. Sus enunciados no se derivan de la experiencia, no están sujetos a verificación ni a falsación puesto que son anteriores lógica y temporalmente a los hechos empíricos. Desde la óptica de Mises, la praxeología es neutral, no apunta a los fines sino a evaluar si los medios para la consecución de dichos fines son adecuados o no. No obstante, es necesario marcar el hecho de que el a priori en praxeología difiere del a priori en lógica y matemática por el hecho de que muestra conocimientos de la acción en este mundo y no en todos los mundos posibles. Por otro lado, los enunciados praxeológicos son verdaderos por auto evidencia y son captados por intuición. Según Mises, la primera verdad auto evidente es que el hombre se dirige a fines. El individuo siempre busca mejorar sus condiciones de existencia (no sólo las materiales) y cada uno sabe lo que quiere. En el método miseano, todas las conclusiones se elaboran deductivamente a partir de la categoría de la acción humana.
Estamos ya en condiciones de presentar las críticas a la posición apriorista miseana. En primer lugar, consideramos que la intuición no puede sostenerse como capacidad cognoscitiva para evaluar la verdad de los enunciados puesto que cualquier forma de intuición es subjetiva y se da en un contexto sociohistórico dado que puede modificarse con las circunstancias. Como sostenía Maquiavelo, “en un palacio no se piensa del mismo modo que en una choza”. Los frutos de la introspección dependen del individuo y difícilmente pueden cumplir con la condición de intersubjetividad.
Mises sostiene que a partir de la acción humana se deducen el resto de los principios y argumentos de la economía. Desde nuestro punto de vista, aquí incurre en un grosero error lógico puesto que resulta incorrecto deducir los enunciados a partir de un concepto. En la lógica deductiva las conclusiones, que son también enunciados o proposiciones, se deducen de otros enunciados, las premisas.
Por otro lado y suponiendo que, como decía Kant, existan los enunciados sintéticos a priori que promueven el desarrollo de las ciencias modernas, Mises no aporta ningún argumento que permita explicar todos aquellos repetitivos casos en los que la experiencia muestra lo contrario a lo que se expresa en la teoría. Mises no da cuenta de ninguna circunstancia perturbadora no tenida en cuenta como lo hacía Mill o de la introducción de una cláusula ceteris paribus; con lo cual, nos lleva a concluir que como sus principios son racionales y verdaderos, los errores surgen debido a la irracionalidad del científico que propone otra teoría basada en otros principios o del agente que no actúa según los postulados teóricos. De aquí se desprende que no exista forma de pensar el cambio teórico y el desarrollo de teorías rivales que disputen un espacio en el campo científico con la concepción meseana. La historia de la economía sería vista como una acumulación de errores ocasionados por científicos que no consiguieron por medio de la introspección alcanzar los a priori verdaderos o se empecinaron irracionalmente en ir por otra vía. Por último, las posiciones apriorísticas que se sustentan en ciertas formas de concebir la esencia humana – de larga tradición en la filosofía política- buscan legitimar y fundamentar teóricamente un statu quo y su carácter es puramente ideológico. Esto, en sí, no tiene nada de malo pero es importante tenerlo en cuenta a la hora de promover una reflexión sobre sus fundamentos epistemológicos en pos de desnaturalizar lo que se concibe como dado. Estas perspectivas no dan la posibilidad de refutar sus hipótesis alejándose de la actitud crítica racional propia de la ciencia cayendo en el dogmatismo.

martes, 3 de noviembre de 2009

Inducción y deducción en la metodología económica de Stuart Mill

José A Gómez Di Vincenzo. UNSAM

En este espacio, trataremos de describir el papel que juega la inducción y de la deducción en la metodología expuesta por de Stuart Mill y cómo se someten a prueba los axiomas o principios de la economía. En “On the Definition of Political Economy” de 1836, Stuart Mill expone rigurosamente una síntesis metodológica para la economía política. Para construir un conocimiento que aspire a diferenciarse del sentido común y lograr el estatus científico, Mill hablará de procedimientos a priori o deductivos y a posteriori o inductivos. Para este intelectual, la economía tiene un carácter especial que la hace diferente al resto de las ciencias fácticas: no puede basarse sólo en procedimientos a posteriori. Siguiendo a Mill, la economía no trabaja estrictamente con el mundo real sino por sobre un mundo idealizado. El mundo real no permite ver la esencia de las cosas y nos lleva a error. Por ende, el economista no puede partir de la realidad y la inducción. Esta postura difiere notablemente de la del empirismo lógico y en general de toda la tradición empirista más dura.[1] Lo que debe hacer es abstraer ciertas motivaciones económicas y tener en cuenta la existencia de otras motivaciones no económicas. Mill formulará una teoría del hombre ficticio basada en el principio del hommo economicus sosteniendo que el ser humano intenta adquirir la mayor cantidad de bienes y riqueza posible con el menor esfuerzo posible. Como quiera que sea y más allá de las criticas que le cupieran a este principio es a partir de esta abstracción que Stuart Mill deducirá todas sus propuestas. Lo que tenemos, entonces, es una ciencia abstracta que utiliza el método a priori. Para el economista, la evidencia empírica no sirve para validar las teorías económicas. El método a priori se contrasta con el a posteriori aunque Mill se distancia de aquellos que utilizan el concepto a priori para designar una forma de filosofar especulativa y no fundada en absoluto en la experiencia. Para Mill, el método a priori parte de hipótesis. El principio del homo economicus es una hipótesis basada sobre la experiencia vía introspección y la observación de nuestro prójimo aunque no se deriva de observaciones específicas de hechos concretos como generalización inductiva. Como la experiencia no puede validar la verdad de los principios la misma se valida por la evidencia no empírica, por la vía de la introspección por medio de la razón. Al estudiarse a uno mismo y estudiar empáticamente a sus semejantes uno ve que lo que tiene esencialmente concuerda con el homo economicus. Hay un aspecto de dicho homo economicus en cada uno de nosotros. Como la hipótesis es un supuesto, las conclusiones de la economía sólo serán ciertas en abstracto. Ahora bien, a la hora de poner a prueba los principios de la economía para el estudio de casos habrá que ponderar todas las circunstancias concretas pertinentes a dicho caso. A estas causas que pueden o no ser tenidas en cuenta Mill las denomina causas perturbadoras. Cuando éstas son conocidas, se introducirán las correcciones necesarias para tenerlas en cuenta con lo que no constituirán desviaciones respecto del método a priori. Pero no siempre puede tenerse en cuenta desde el inicio de la investigación la presencia de causas perturbadoras. Las mismas pueden surgir como consecuencia del trabajo de investigación a la hora de someter a prueba las teorías. Es allí donde el método inductivo a posteriori entra en escena ya no como un procedimiento para descubrir la verdad, sino para verificarla. Su utilización apunta a estudiar los resultados que la teoría nos permite predecir recolectando de manera fiable los hechos que han ocurrido para analizar los resultados y así poder descubrir que en la discrepancia entre la predicción y lo acontecido pudieron actuar causas perturbadoras. Como vemos, Mill no sostiene que si la teoría no se verifica en la experiencia empírica ésta deba refutarse. En efecto, la evidencia empírica no es refutatoria porque los hechos están determinados por múltiples causas. Por el contrario, Mill defiende la verdad de los principios puesto que necesita vía deducción partir de la verdad para que esta pueda transmitirse vía deductiva a las conclusiones. La experiencia no actúa como un árbitro, no sirve para probar los principios pero puede ser utilizada para reevaluar las condiciones iniciales o cláusulas ceteris paribus. Es así que Mill formulará una teoría de las tendencias para precisar el método.
[1] Veremos en el punto 4 cómo en economía debe formularse una racionalidad distinta a la que se encuentra implícita en las formulaciones del neopositivismo.

viernes, 2 de octubre de 2009

La economía neoclásica y la posición del empirismo lógico en relación a la racionalidad implícita en las teorías

José Antonio Gómez Di Vincenzo. Unsam
Nuestro propósito aquí será establecer una comparación entre la racionalidad implícita en las teorías de la elección elaboradas en el ámbito de la economía neoclásica y la que se pone en juego en las explicaciones llevadas a cabo en el campo de las ciencias naturales, desde la tradición empirista, concretamente desde la postura del neopositivismo. Reflexionar acerca de la racionalidad significa en gran medida preguntarse cómo las distintas disciplinas se las ingenian para responder a la pregunta por qué. Esta tarea se encuentra íntimamente relacionada con el estudio de los métodos apropiados para la elaboración de teorías científicas, uno de los temas más discutidos por la filosofía de la ciencia del siglo XX. En efecto, en la tradición anglosajona, tenemos una corriente fuertemente inductivista representada por el empirismo lógico o neopositivismo. Tomaremos aquí como referencia la teoría de la decisión en sus dos variantes, la elección racional en conjuntos numerables bajo certeza y bajo riesgo o incertidumbre, como ejemplos de racionalidad a priori para contrastarlas con la racionalidad a posteriori que se expone como modelo de construcción de teorías vía método inductivo para las ciencias naturales desde el neopositivismo.
El empirismo lógico postula, básicamente, siguiendo la tradición empirista, que el conocimiento surge a partir de la experiencia. En la medida en que es una postura empirista resulta natural que resuelva el problema del método inductivamente esto es, suponiendo que a partir del registro de casos particulares pueden obtenerse reglas generales o leyes. Desde esta perspectiva la investigación comienza con la acumulación de observaciones sin hipótesis previa. Posteriormente, a partir de ciertas regularidades y utilizando la estructura inferencial inductiva, se formulan leyes que pueden dar cuenta de las regularidades observadas. Recién allí estamos en condiciones de producir anticipaciones y explicaciones pero por ya no mediante la lógica inductiva sino deductiva. El empirismo radical de los exponentes de la corriente neopositivista impedía cualquier consideración de la posibilidad de una ciencia a priori. Puesto que su modelo de cientificidad en gran medida seguía siendo la física, estos intelectuales no tuvieron en cuenta las características que definen la acción humana y el hecho de que la misma no puede explicarse a posteriori sino mediante un razonamiento a priori.
La microeconomía busca elaborar una teoría sobre las causas y consecuencias de las elecciones que llevan a cabo los agentes. Los agentes eligen de manera racional. Las elecciones surgen de preferencias, expectativas y de las condiciones de escasez que llevan a restricciones. Las elecciones serán racionales si cumplen con determinadas condiciones o propiedades. En la teoría de las elecciones estándar las preferencias son racionales si son completas y transitivas. Son completas si para toda opción x e y se prefiere una de estas opciones o se es indiferente entre x e y. A su vez, son transitivas si para toda opción x, y y z se da el caso que si el agente prefiere x a y e y a z entonces, prefiere x a z. Un agente elige racionalmente si sus preferencias son racionales y no existe otra opción que prefiera más a la elegida. Las preferencias se describen como funciones de utilidad que asigna un valor numérico a cada uno de los elementos del conjunto de opciones. Esto es: si x es preferido a y se asignará un número mayor a x y si son indiferentes el mismo número. Son funciones ordinales puesto que lo que hacen es establecer un orden de preferencias. La función de utilidad conecta la preferencia con la elección y permite explicar el porqué de la decisión tomada. Es decir que las preferencias explican las acciones de los agentes. Un refinamiento de esta teoría más cercano a la realidad y que procura saldar el problema del determinismo fuerte y la falta de atención a la contingencia propia de la teoría estándar es el que brinda la teoría de la decisión bajo riesgo o incertidumbre conocida como teoría de la utilidad esperada. Los economistas aluden a riesgo cuando los resultados tienen probabilidades conocidas y de incertidumbre cuando las mismas son desconocidas. Como quiera que sea, las acciones en estos casos pueden ser tratadas como loterías y sus resultados como los premios de dichas loterías. Además de afirmar que para ser racionales las preferencias deben ser completas y transitivas se necesita un postulado de reducción para relacionar las loterías y un principio de independencia que sostiene que si dos loterías difieren en un premio entonces las preferencias entre las dos deben ser idénticas a las preferencias entre los premios de ambas. Las elecciones serán racionales si las preferencias lo son y si no se prefiere ninguna opción más que la elegida.
Como es de notar, en microeconomía lo que tenemos es un principio de racionalidad que asegura que cualquiera sea la cuestión el agente se comportará según la decisión que ha tomado y que hace coherente la relación entre lo deseado y la acción. De este modo, sabemos qué decisión y cómo se comportará el agente. El principal postulado de la teoría del valor sostiene que los individuos pueden ordenar sus preferencias en una cierta escala y que esto es lo que hacen. Este postulado es una verdad a priori a partir de la cual, por la vía deductiva, se sacan conclusiones.
Como conclusión, lo que tenemos son dos modelos distintos de racionalidad. La inducción basada en una forma de razonar a posteriori sostenida por el neopositivismo y la a priori de larga tradición en la economía desde los clásicos representada también aquí, por la corriente neoclásica. En microeconomía – y en las ciencias sociales en general- el sujeto se encuentra involucrado de un modo más fuerte en los fenómenos que se pretende explicar. Kant sostenía que podía entenderse la naturaleza en términos mecanicistas pero que al tratar sobre cuestiones humanas debía tenerse en cuenta el aspecto teleológico de las acciones de los hombres. Este problema y otras cuestiones llevaron al desarrollo de un amplio debate acerca de los métodos de las ciencias sociales y la racionalidad implícita en dichos métodos. La discusión entre naturalistas y comprensivistas, por ejemplo, retoma estas cuestiones.
El método y las explicaciones propuestas por la microeconomía se encuentran más cerca de las posturas comprensivistas en las que de lo que se trata es de comprender el sentido de las acciones individuales y del individualismo metodológico y en líneas generales, como se da también en los clásicos busca formular tendencias más que predecir hechos consumados. Más que de explicar, de lo que se trataría es de comprender e interpretar. El mundo de los seres humanos, el mundo social no puede racionalizarse mediante leyes naturales del mismo modo que el mundo físico.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

“Las raíces sociales y económicas de los Principia de Newton”: Boris Hessen y su impronta en las reflexiones sobre C T y S

José Antonio Gómez Di Vincenzo. UNSAM
¿Por qué rescatar del olvido una antigua ponencia que a primera vista nada tiene que ver con los problemas que desde la filosofía de la tecnología tenemos que resolver en el siglo XXI?
Las raíces sociales y económicas de los Principia de Newton de Boris Hessen, la más famosa de las ponencias presentadas por los historiadores soviéticos de las ciencias en el II Congreso de Historia de la Ciencia y la Tecnología de Londres anticipa muchos de los problemas tratados a lo largo del siglo XX por la tradición anglosajona en filosofía de la ciencia e introduce una serie de cuestiones centrales a la hora de emprender una reflexión acerca del cambio tecnológico. Concretamente, Hessen anticipa la discusión acerca de la relevancia epistémica del contexto de descubrimiento, el rol de la tecnología y las demandas económicas en la construcción de teorías científicas, las relaciones que pueden establecerse entre ciencia, tecnología y sociedad y fundamentalmente, el doble carácter de la ciencia, no sólo su rol como fuerza productiva sino también como parte importante de la ideología y la cultura en general mostrando así su lugar en la dialéctica entre dichos aspectos y las relaciones de producción.
En la ponencia, encontramos muchos de los temas centrales y de las problemáticas que necesariamente deben tenerse en cuenta a la hora de llevar a cabo una reflexión acerca de las vinculaciones entre ciencia, tecnología y sociedad desde una perspectiva que tome como eje para el análisis la centralidad del proceso productivo y el rol del contexto social, político y económico en la construcción de tecnologías y en la elaboración de teorías científicas.
¿Quién era Boris Hessen?
Desde muy joven se mostró interesado por el estudio de las ciencias naturales y los problemas filosóficos relacionados con el impacto de sus teorías en la sociedad. Estudió física, matemática, economía y estadística y participó en los debates relacionados con el impacto de la teoría de la relatividad y la mecánica cuántica en el campo de la epistemología y el materialismo dialéctico. La corriente del materialismo dialéctico a la cual pertenecía, el devorinismo, se mostraba a favor de las nuevas teorías físicas oponiéndose a la corriente mecanicista bolchevique que las veía como resultado de la ideología burguesa. Hessen se enfrenta concretamente con Timiarizev quien para graficar su desacuerdo con las nuevas teorías sostenía que lo mejor que podía hacerse con Einstein era darle un tiro.
En 1928, Hessen publica “Ideas fundamentales de la Teoría de la Relatividad” y muestra cómo puede comprenderse dicha teoría dentro del marco del materialismo dialéctico. Al tratar de incorporar las nuevas teorías dentro de la óptica marxista, Hessen fue permanentemente acusado por el ala bolchevique de idealista.
En 1931, Boris Hessen presenta su famosa ponencia titulada “Las raíces sociales y económicas de los Principia de Newton” en el II Congreso Internacional de Historia de la Ciencia y la Tecnología realizado en Londres. Todas las ponencias de la delegación soviética fueron publicadas posteriormente en “Ciencia en la Encrucijada” y reeditadas en 1971, al cumplirse el cuarenta aniversario de su presentación en Londres. Las raíces sociales y económicas de los Principia de Newton puede considerarse uno de los primeros estudios de historia social de la ciencia de raigambre marxista.
Boris Hessen fue detenido y acusado de trotskista en 1936. Murió ejecutado junto a otros noventa y siete filósofos marxistas de la corriente devorinista al llevarse a cabo una de las más sangrientas purgas stalinistas.
El trabajo de Hessen puede ser considerado pionero en al menos tres aspectos:
Aplica por primera vez las tesis marxistas a la historia de las ciencias.
Relaciona la revolución científica del siglo XVII con el ascenso, desarrollo y consolidación de la burguesía en el poder.
Es uno de los primeros pensadores en presentar una concepción de ciencia con un fuerte papel político y social.
Reseña de la ponencia
En la introducción, Hessen plantea el problema que va a tratar de solucionar; esto es, las posibles vinculaciones entre la teoría newtoniana y el contexto social en el cual esta se da. A su vez, Hessen presenta las tres tesis a partir de las cuales, elabora sus argumentos teóricos. Dichas tesis pueden resumirse de la siguiente manera:
El modo de producción condiciona el proceso social, político e intelectual.
Existen fuentes sociales y económicas a partir de las cuales fueron posibles los Principia de Newton.
El período en el que se da la obra de Newton concuerda con el de la revolución burguesa en Inglaterra.
De aquí que para entender la obra de Newton deba encuadrársela en el contexto sociohistórico, es decir, debe entenderse como producto de su época.
En el primer capítulo de la ponencia titulado “Economía, física y tecnología en la época de Newton”, Hessen describe el contexto social en el que el científico inglés desarrolla sus investigaciones identificando dicha época como aquella en la que se impone cierta forma de capitalismo: el capital comercial. Hessen se pregunta entonces en primer término: ¿Qué demandas económicas impone el capital comercial? ¿Qué problemas tecnológicos debe resolver y qué conocimientos físicos son necesarios para poder resolverlos?
Para poder responder a estas preguntas Hessen debe tratar diversos temas. El capítulo puede dividirse para su estudio en tres partes. En la primera de ellas, Hessen concluye que todos los problemas planteados por las demandas económicas y tecnológicas son problemas mecánicos. Los temas de la física se centrarán en resolver dichas cuestiones que a su vez, están condicionadas por los intereses económicos materiales de la clase burguesa dentro del marco del capitalismo comercial. En la segunda parte del primer capítulo, Hessen muestra cómo la ciencia oficial medieval no entendió los problemas ni las soluciones puesto que nunca fue capaz de formular dichos problemas. No había ningún interés en hacerlo puesto que no se habían desarrollado las condiciones materiales como para que surgiera la necesidad de plantearlos. Según Boris Hessen, es el desarrollo de la industria manufacturera y el comercio que comienza a darse sobre el final de la edad media y en el renacimiento el que promueve las investigaciones en mecánica. Hasta aquí, lo que tenemos es que las actividades productivas condicionan la temática de la física y dichas actividades productivas brindan tecnología que a la vez, impulsan la ciencia y hacen que la burguesía tenga en sus manos herramientas para el desarrollo de las fuerzas productivas. En la tercera sección del primer capítulo de la ponencia, como conclusión a partir de lo expuesto en las dos secciones anteriores, Hessen sostendrá que Newton, en pos de solucionar los problemas planteados por las demandas económicas y tecnológicas, tuvo que construir un sistema cosmológico que solucione todos los problemas tanto al nivel de los fenómenos terrestres como también de los celestes: la mecánica clásica.
El segundo capítulo de Las raíces sociales y económicas de los Principia de Newton se titula “La lucha de clases durante la revolución inglesa y la concepción del mundo de Newton”. Este capítulo es de vital importancia para comprender la postura de Hessen dentro de la corriente marxista. En efecto, es aquí donde Hessen se corre del reduccionismo economicista, mecanicista y determinista propio del materialismo y del marxismo bolchevique. Hessen postula la tesis de que el trabajo científico se encuentra influido no sólo por la estructura productiva, por las técnicas y las demandas de desarrollo económico sino también por las ideas, la cultura, la política y la ideología dominante. Lo que concluirá en este capítulo es que Newton para responder a los problemas planteados construye una concepción del mundo idealista. Es así que el materialismo propio de sus investigaciones científicas se mezcló con cuestiones teológicas, metafísicas y filosóficas. Hessen mostrará que la concepción mecanicista de la causalidad en Newton está empapada de idealismo y metafísica. Las tesis idealistas están conectadas en los Principia con una cosmovisión afín a los intereses de la burguesía.
Antes de pasar al tercer capítulo de la ponencia, Boris Hessen introduce una conclusión de lo hasta allí planteado. Sostiene que los Principia, al surgir de la necesidad de responder a cuestiones técnicas y económicas, está empapado de sano materialismo pero su determinismo mecanicista introduce sus propuestas en el marco de una cosmovisión idealista.
El tercer capítulo de la obra se titula “La concepción de la energía de Engels y la ausencia de la ley de conservación de la energía en Newton”. Aquí, Hessen va a sostener que para que surja una ley de conservación de la energía deber suponerse que existen distintas formas de movimiento. Por ejemplo como ocurre con la máquina de vapor en la que el movimiento térmico se traduce en movimiento mecánico. Para Hessen, existe la misma conexión entre el desarrollo de la termodinámica y la máquina de vapor que entre las necesidades técnicas y los Principia de Newton. Fue el capitalismo industrial y no el comercial el que debió enfrentar y resolver el problema y para ello debió esperar a que Sadi Carnot emprendiera sus descubrimientos. Newton no resolvió el problema no por falta de ingerio sino porque no lo vio como problema. El capitalismo comercial se basa en el intercambio de mercancías y la ganancia surge de dicha intercambio no como el resultado de la transformación de los bienes en mercancías vía industrialización.
El cuarto y último apartado de la ponencia actúa a la vez como conclusión. Su título es “Los destructores de máquinas en la época de Newton y los destructores contemporáneos de fuerzas productivas”. Hessen muestra que aún dentro del modo de producción capitalista se dan cambios en las formas en pautar la producción y el resto de las relaciones sociales y que las clases dominantes varían sus ideas sobre la ciencia y la tecnología conforme van dándose dichas transformaciones. Este argumento es de suma importancia por ejemplo para entender los cambios que se dan en nuestros días a propósito de la relevancia que están teniendo las tecnologías de la información y comunicación en un capitalismo ya no centrado en la producción sino en el consumo. Hessen a su vez se diferencia de ciertas propuestas románticas e idealistas críticas del desarrollo tecnológico que proponen volver a la naturaleza. Sostendrá que el marxismo lejos de pretender abandonar el desarrollo de las fuerzas productivas busca replantear las relaciones sociales para seguir desarrollándolas.
Algunas conclusiones en general
Hay en la conferencia dos partes o secciones. Las primera de ellas corresponde a los dos primeros capítulos y gira en torno a la cuestión internalismo-externalismo o el rol del contexto de descubrimiento a la hora de reflexionar acerca del fundamento racional de las teorías científicas. La segunda sección que incluye los dos capítulos finales trata las relaciones entre ciencia, tecnología y sociedad y sus posibles abordajes desde una historia de la ciencia de corte marxista.
En líneas generales, Hessen discutirá las posiciones mecanicistas a las cuales, acusará de deterministas y de llevar a posiciones instrumentalistas, teleológicas y teológicas alejándonos de la aspiración por conocer la verdad. Propondrá para ello, reemplazar el mecanicismo por el materialismo dialéctico.
Hessen lleva adelante dos debates. Uno externo o dirigido hacia fuera de la corriente marxista en pos de correrse de las posiciones mecanicistas en busca de una que rescate el materialismo pero que no se impregne de determinismo. Por otro lado, un debate hacia dentro mismo de la corriente marxista dada su posición deborinista no mecanicista y apoyando las nuevas teorías físicas vistas como irracionales e idealistas por el marxismo vulgar.
Hessen introduce en la critica marxista y anticipa dentro de la corriente ciertos aspectos o cuestiones centrales que serán luego retomadas por otros importantes exponentes de la corriente como por ejemplo la relación estructura-superestructura y las problemáticas a las que nos lleva el uso de dicha metáfora, la importancia de la dialéctica a la hora de analizar el rol de las fuerzas productivas y los aspectos científico, tecnológicos e ideológicos dentro del capitalismo, las relaciones entre ciencia, tecnología y sociedad en su conjunto, el rol político de la ciencia y la tecnología y la desnaturalización de relaciones sociales dentro del modo de producción capitalista.

Hay una excelente traducción al español de la obra de Hessen en el Libro de Pablo Huerga Melcón La ciencia en la encrucijada publicado en 1999 por Pentalfa Ediciones. Biblioteca Filosofìa en Español. Ademàs para ampliar obviamente sugerimos la lectura del texto.



Para profundizar acerca de Deborin y su corriente materialista dialéctica ligada al mencheviquismo con fuertes influencias de Pejanov puede consultarse http://symploke.trujaman.org/index.php?title=Abrah%E1m_Moiseyevich_Deborin y http://symploke.trujaman.org/index.php?title=Jorge_Val%E9ntinovich_Plejanov.
En líneas generales, la fracción menchevique se caracterizó siempre por contar con los cuadros de intelectuales marxistas más importantes de Rusia (Trotsky, Martov, Rubin, Grossmann, el propio Deborin, &c.) frente a los bolcheviques, cuyo fortaleza estribaba en sus cuadros de revolucionarios profesionales pero cuya profundidad teórica a veces dejaba que desear.
Dicha obra constituye uno de los mejores esfuerzos por divulgar la teorías de la relatividad sin desdibujar sus aspectos centrales.

lunes, 3 de agosto de 2009

Los estudios sobre las ciencias. El Programa Fuerte de Edimburgo.

Lic. José Antonio Gómez Di Vincenzo

El Programa Fuerte de Edimburgo

Como sosteníamos más arriba, uno de los más importantes intentos por dar cuenta de una nueva línea dentro de lo que conocemos como sociología del conocimiento científico fue el Strong Programme o Programa Fuerte de Edimburgo desarrollado en la década del 70 del siglo XX en la Science Unit de Edimburgo. Entre los más representativos de la corriente, encontramos a D. Bloor, B. Barnes y S. Shapin. Preocupados por dar cuenta del conocimiento en general y el conocimiento científico en particular, estos intelectuales construyeron una perspectiva sociológica que se nutre principalmente por la influencia de la obra de Thomas Kuhn y las epistemologías naturalizadas, el trabajo del segundo Wittgenstein y su concepción pragmática del lenguaje la cual habría puesto en evidencia el carácter social de seguir una regla.
El supuesto básico a partir del cual los representantes del Strong Programme construyen sus respectivas perspectivas teóricas consiste en sostener que todo conocimiento es un fenómeno social y como tal es parte de la cultura que se transmite de generación en generación, desarrollándose y transformándose activamente en respuesta a ciertas contingencias prácticas (Tozzi, 2001). Esto es así por varios motivos: porque lo que consideramos ciencia en un determinado momento histórico se encuentra mediado por la sociedad en la que dicho discurso se genera, porque la actividad científica se encuentra profesionalizada, porque los factores macrosociales influyen en la forma de organización y en el funcionamiento de la comunidad científica y porque, básicamente, los resultados del trabajo producido son productos elaborados por individuos que se encuentran en el seno de una comunidad científica con una estructura, organización y relaciones que determinan la naturaleza y la forma del conocimiento resultante.
Para dar cuenta de estos supuestos, los representantes del Strong Programme intentan demostrar empíricamente la existencia de redes de expectativas e intereses que determinan las creencias dentro de la comunidad y que a su vez, guían la observación y afectan no sólo a la generación de hipótesis o teorías sino también, la comunicación de resultados y su evaluación por parte del resto de la comunidad científica. Desde esta perspectiva, surgen dos líneas de trabajo:

- Describir cómo y por qué en distintos períodos históricos grupos distintos seleccionan distintos sectores o aspectos de la realidad para su estudio científico.
- Describir cómo se construye socialmente la observación, el registro de datos, la experimentación y las creencias dentro de la comunidad científica y sociales en general.

Bloor, en su trabajo fundacional publicado en 1971 titulado Knowledge and Social Imaginary[1], expone lo que puede darse en llamar los principios programáticos del programa. Allí, dirá que la sociología del conocimiento debe ser causal, imparcial, simétrica y reflexiva.
El principio de causalidad es fundacional y marca un cambio de perspectiva radical respecto a la sociología del conocimiento al proponer que los estudios a realizarse deberían ocuparse de las condiciones que dan origen a las creencias o estados de conocimiento. Dicho principio permite atribuir causas sociales a la construcción de conocimiento científico. La sociología tiene entonces también la palabra a la hora de juzgar la verdad o falsedad de los contenidos científicos. Pero a esto se agrega el principio de imparcialidad respecto a la verdad y falsedad, la racionalidad e irracionalidad, éxito o fracaso. Todas estas dicotomías exigen explicación. La simetría hace referencia a que los mismos tipos de causas, por ejemplo, deben explicar creencias verdaderas o falsas. La reflexividad hace que las explicaciones y resultados a los que se ha arribado sean aplicables a la sociología misma. Este principio constituye un fuerte giro hacia una perspectiva naturalista que sostiene que el conocimiento científico puede ser explicado científicamente.
En líneas generales, de lo que se trata es de desocultar todos aquellos condicionantes o causas que se encuentran ocultos tras los procesos de construcción de teorías y evaluación de creencias, disputas y aceptación de conocimientos. Estas causas son materiales y a la vez, el resultado de procesos de articulación e interacción de intereses concretos. Estos intereses pueden ser instrumentales o ideológicos. Los primeros se refieren a los mecanismos de predicción y control del medio que guían los intereses cognitivos. Los segundos son relativos a los intereses sociales y a la organización de la estructura social misma. Estos intereses sociales encubiertos apuntan a la racionalización y la persuasión y son de tres tipos: profesionales, comunitarios y sociales generales.
Los intereses profesionales se relacionan con las habilidades y saberes adquiridos por los científicos en su formación académica. De este modo, surgen grupos de especialistas reconocidos que reciben los aportes de la comunidad, inversiones concretas para la investigación y además, carisma y prestigio. Estos grupos pretenden reproducir su influencia social haciendo prevalecer su lugar como poseedores de competencias técnicas y como portadores de los saberes especializados que manejan. Estos intereses creados dentro de la comunidad científica - y de la comunidad en general- se enlazan e imbrican dentro de un conjunto de disputas relacionadas con las líneas de investigación, la validación del conocimiento y métodos para obtenerlo, su estatus y su credibilidad.
Los intereses comunitarios hacen referencia a la identificación, delimitación y reconocimiento de la comunidad científica en general y de las comunidades científicas particulares dentro del entramado social. Este reconocimiento determina en gran medida la asignación de recursos y niveles de aceptación de las propuestas. Se dan clasificaciones jerárquicas de prestigio e influencia que pueden modificarse con el correr del tiempo pero que son propias del contexto en el que surgen. Pensemos, por ejemplo, en el nivel de influencia que obtuvo la comunidad médica tras la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX en lo que dio en llamarse medicalización de las relaciones sociales.[2] Los intereses comunitarios son importantes porque contribuyen a formar los acuerdos y desacuerdos entre la comunidad científica y la sociedad civil. Los intereses comunitarios conectan los intereses profesionales con instituciones sociales, con las necesidades concretas de la sociedad y a las disciplinas entre sí. De este modo, se construye todo un mecanismo burocrático de control social y regulación representado, por ejemplo, por sistemas de referato y evaluación de proyectos.
Los intereses sociales generales constituyen los determinantes macrosociales e ideológicos de producción y aceptación de teorías y creencias. Se incluyen aquí, los intereses económicos, políticos e ideológicos de la sociedad en general o de los grupos dominantes en particular y principalmente.
Los tres tipos de intereses se encuentran fuertemente relacionados entre sí actuando en forma interconectada y siendo en conjunto, determinantes de la producción científico tecnológica. Es precisamente la forma en la que se aborda el estudio de cómo se conectan entre sí, cómo se relacionan y determinan estos intereses y el nivel o potencia causal que se les asigne a cada uno la que define las distintas líneas internas o variantes que se dan dentro del mismo Strong Programme. En efecto, como anticipáramos más arriba en nuestra introducción, los distintos representantes de la corriente asumen los mismos supuestos pero con variantes y notas distintivas.
A diferencia de Bloor, Barnes construye su aporte desde una naturalización un poco más débil - por así decirlo- negando la posibilidad de construir leyes causales o teorías generales sobre las relaciones entre factores sociales y de conocimiento. En esta línea, propone realizar análisis concretos de casos con el objeto de analizar cómo se relacionan estos factores sociales y el conocimiento en cada uno. Para Barnes, los factores sociales actúan como condiciones necesarias pero no suficientes para explicar las creencias científicas. En cuanto a los intereses, para Barnes, los sociales generales actúan como marco pero ceden la prioridad explicativa a los profesionales e instrumentales. Es la acción combinada de éstos la que determina la racionalidad y objetividad de las acciones individuales. Es justamente por la complejidad de este tipo de relaciones y entramados de intereses que se haga tan difícil establecer leyes y debamos – siempre desde la perspectiva de Barnes– estudiar caso por caso sin presuponer teorías generales.
Por último, analizaremos la postura de Shapin. La misma se articula como punto arquimediano entre las propuestas de Bloor y Barnes pero encontrándose más cerca del último. Efectivamente, Shapin acuerda con Barnes en que no pueden establecerse leyes generales o causales en sentido fuerte. Por su parte, buscará asumir una serie de principios que guíen la investigación centrándose, del mismo modo que propone Barnes, en el estudio de casos particulares. Desde la mirada de Shapin, no hay predominancia causal alguna entre intereses: ni de los ideológicos por sobre los instrumentales, ni viceversa. Los intereses sociales generales guían los procesos de construcción de conocimientos científicos la racionalidad interna y las creencias pero todo esto es relativo a la manera en la que se da la interconexión de intereses en la comunidad científica y en el contexto social. Los intereses son contingencias que siempre actúan de modo subyacente a las creencias. Debe analizarse estudiando caso por caso y empíricamente cuáles son los que imperan por sobre los demás y cómo actúan.

Conclusiones

Los principios propuestos por Bloor para la sociología del conocimiento científico y específicamente, para guiar los trabajos realizados dentro del marco del Strong Programme - en particular el de simetría- pueden conducir a un relativismo metodológico puesto que tanto las creencias falsas como las verdaderas deberán explicarse causalmente por condicionantes sociales y los mismos tipos de causas explicarían las creencias favorables y las rechazadas. De aquí se desprende que el éxito de una teoría estaría ligado a la habilidad de sus partidarios por demostrar la superioridad de la misma mediante el dominio de recursos simbólicos y materiales más que por un análisis objetivo y racional. Por otra parte, la distinción misma entre ciencia y no-ciencia estaría determinada por las prácticas socioculturales independientemente de las condiciones de racionalidad interna.
No obstante, es preciso señalar que todo esto no necesariamente lleva a un convencionalismo absoluto. Aunque desde la perspectiva de Bloor lo que se entienda por ciencia deba relativizarse a los distintos grupos sociales o períodos históricos, el conocimiento científico posee un fuerte componente pragmático e instrumental pues responde a necesidades concretas de la comunidad. Como el mismo Bloor admite que pueden influir además otros tipos de causas (como pueden ser las influencias empíricas, las condiciones de operatividad y demás) no podemos caracterizar su propuesta como un determinismo fuerte o un sociologísmo extremo.
La propuesta blooriana adopta una postura naturalista de la ciencia social que implica que los estudios de las ciencias pueden ser abordada mediante los mismos métodos que las ciencias naturales. La combinación de este naturalismo y la concepción wittgensteiniana trae como consecuencia la adopción supuesta de una neutralidad valorativa. Siguiendo a Tozzi (2001), existe una suerte de incompatibilidad entre esta pretención y lo que se deduce del desarrollo argumental y la apelación al segundo Wittgenstein. El mismo Bloor reconocería el carácter interpretado de la realidad social que llevaría a que toda teoría sobre lo social sea una interpretación más de interpretaciones realizadas por los actores sociales. Esto llevaría a rever los principios de causalidad – en ciencias naturales los objetos estudiados no interactúan con los investigadores- y de imparcialidad – puesto que si las redescripciones modifican las prácticas es inevitable el potencial crítico y tranformador de las prácticas que toda redescripción conlleva.
En líneas generales, a partir de la lectura de las diferentes propuestas enmarcadas dentro del Programa Fuerte de Edimburgo, es posible sostener que las cuestiones planteadas resultarán interesantes para la filosofía de la ciencia en la medida en que la respuesta a dichos cuestionamientos asegure la relevancia epistemológica del contexto de descubrimiento a la hora de emprender una reflexión histórica y filosófica sobre el conocimiento científico. Dicho de otro modo, si se sostiene que los intereses sociales, políticos, ideológicos son fundamentales e influyen en la naturaleza de las creencias, valoraciones, construcción y evolución del conocimiento científico esto debe comprobarse empíricamente estudiando los casos puntuales para ver cómo se da dicha relación puesto que el componente relativista es en esta medida más fuerte que el causal.

Bibliografía

Barnes, B. (1977): Interest and the Growth of knowledge. Routledge, London.
Barnes, b. (1986): Kuhn y las ciencias sociales. Breviarios de Fondo de Cultura Económica, México.
Bloor, D., (1998): Conocimiento e imaginario social. Gedisa, Barcelona.
Sánchez Navarro, J., (1990): “Las sociologías del conocimiento científico”. En: Revista Española de Investigaciones Filosóficas. Madrid.
Martín, O., (2003): Sociología de las ciencias. Nueva Visión, Buenos Aires.
Shapin, S., (2000): La revolución científica. Una interpretación alternativa. Paidos, Barcelona.
Tozzi, V., (2001): “Malos entendidos en torno al Programa Fuerte”. Epistemología e Historia de la Ciencia, Volumen 7, No 7.
[1] Existe una traducción al castellano editada por Gedisa, Barcelona.
[2] El concepto hace referencia al hecho de que el médico toma la palabra para interpelar y reclamar la intervención del Estado para solucionar conflictos sociales. Ya no sólo desarrolla su tarea en la cura al enfermo sino como aspecto central en el progreso y la civilización. Su lugar en la política se ve sobredimensionado y es posible ver cómo sobre finales del siglo XIX y principios del XX, tenemos una importante cantidad de galenos ocupando cargos públicos en diferentes organismos estatales. El proceso de medicalización de las relaciones sociales puede comprobarse si se tienen en cuenta la creciente pero casi ilimitada extensión de los ámbitos de incumbencia de la medicina y los médicos en distintos ámbitos donde juega un rol central las categorías de lo normal y lo patológico y la permanente demanda y por momentos la efectiva injerencia del Estado a través de Instituciones y políticas diversas. De lo que se trata no es sólo de la cura de los individuos enfermos sino de curar a todo el organismo social. Es así cómo el médico, luego de realizar una serie de diagnósticos, demanda la intervención y el apoyo del Estado para el control y represión de tendencias que llevan a la enfermedad del cuerpo social.

jueves, 2 de julio de 2009

La sociología de la ciencia y la sociología del conocimiento científico


José Antonio Gómez Di Vincenzo. UNSAM

La sociología de la ciencia.

En su versión clásica, la sociología de la ciencia tuvo como autor más representativo a Robert Merton (1910 – 2003) y se desarrolló fundamentalmente en los EEUU, durante las décadas del 30 y 40 del siglo XX. Desde sus orígenes, esta postura teórica se centró en el estudio de la estructura social de la comunidad científica, los sistemas de creencias y las necesidades técnicas que dieron origen a la ciencia moderna. La sociología de la ciencia mertoniana mantenía la distinción tajante entre los contextos de justificación y descubrimiento, entre el conocimiento como producto de la racionalidad científica y el resto de los conocimientos y creencias que se encuentran dentro de la cultura y específicamente, dentro de la comunidad científica. Es por este motivo que, desde el punto de vista de Merton, la sociología del conocimiento no debía involucrarse con los contenidos racionales del conocimiento científico. Esta tarea quedaba reservada, tal como sostenía la tradición, a la lógica y a la filosofía analítica. Para la sociología del conocimiento propia de la tradición norteamericana, las ciencias deben considerarse autónomas respecto a las influencias de los intereses y visiones particulares surgidas como producto de las diferentes posiciones que adoptan los individuos en el entramado social y su deseo por reproducirlas o conservarlas. De todos modos, es preciso admitir que el mismo Merton no defiende estrictamente el carácter neutral de las ciencias naturales puesto que al considerar que las necesidades económicas pueden impulsar el desarrollo científico y tecnológico. A partir de lo expuesto, propone dos objetivos centrales para la sociología de la ciencia:

1 - Estudiar los diferentes modos en los que la ciencia y las instituciones dependen unas de otras considerando a la ciencia misma como una institución más.

2 - Llevar a cabo un análisis formal de esa interdependencia haciendo hincapié en las cuestiones de integración.

Esta interdependencia entre la ciencia y las demás instituciones sociales llevan a considerar cuestiones tales como las tensiones dadas entre lo político, la lealtad al Estado y el código ético de la ciencia. Según el punto de vista de Merton, existe un conjunto de normas a partir de las cuales será posible el progreso científico. Estas son:

Universalismo: la verdad debe someterse a criterios interpersonales preestablecidos.

Desinterés: no debe seguirse una investigación persiguiendo fines personales.

Comunitarismo: los logros de la ciencia son logros de y para la comunidad humana y por lo tanto, propiedad común a todos los seres humanos.

Escepticismo: todos los resultados se consideran revisables por la ciencia misma.

Este código ético o ethos propuesto por Merton difícilmente se cumpla aunque sea preciso considerar como atenuante que toda normativa que se construye a partir de una deber ser no tiene por qué derivar su legitimidad a partir del nivel de cumplimiento efectivo.

Como quiera que sea, lo que nos interesa destacar aquí es que la sociología de la ciencia mertoniana no tiene en cuenta la relevancia epistémica del contexto de descubrimiento y mantiene la distinción tajante entre el mismo y el de justificación. En efecto, al considerar sólo el contexto de descubrimiento, el modo de justificación y validación del conocimiento científico se funda en procedimientos considerados objetivos e independientes de los factores sociohistóricos, económicos o políticos. Por otra parte, los análisis que se dan dentro de esta perspectiva son análisis estáticos puesto que se desatienden del desarrollo histórico de la ciencia. Además, no se tienen en cuenta los procesos de formación de ideas, creencias y valores de la comunidad científica. En definitiva, los contenidos más interesantes de la ciencia quedan encerrados en lo que podríamos llamar una “caja negra” a la cual, el análisis sociológico renunciaría a acceder.

Esta sociología de la ciencia fue modificando sus supuestos teóricos a partir de la década del 60 cuando las críticas a los principios expuestos por la Concepción Heredada comenzaron a socavarse. Es durante estos años que comienzan a desarrollarse estudios en lo que se ha dado en llamar la sociología del conocimiento científico cuya meta es precisamente, abrir la caja negra para analizar el conocimiento científico mismo. Veremos, a continuación, algunas notas características de esta disciplina sociológica desarrollada en Europa que agrega la distinción “del conocimiento científico” precisamente para destacar el cambio de perspectiva y diferenciarse de la sociología de la ciencia estadounidense.


La sociología del conocimiento científico.


Distintas son las versiones que a partir de la oposición a la sociología de la ciencia de raigambre mertoniana se desarrollaron fundamentalmente en Europa en gran parte como consecuencia de la lectura de la obra de Kuhn y caracterizadas por considerar a la ciencia como un producto del entorno social tratarán de aplicar a las actividades, procesos, prácticas e instituciones científicas los mismos métodos que la sociología aplica en la investigación de los grupos sociales.

Como consecuencia o resultado de las discusiones planteadas por aquel entonces se instalan una serie de trabajos sociológicos heterogéneos pero que mantienen ciertos parecidos de familia. Desde el punto de vista de Sánchez Navarro (1990) podemos citar cinco principios básicos como características de todos estos estudios:

Naturalización: se anula la distinción tajante entre contextos de descubrimiento y justificación. A partir de lo cual, el proceso de producción de conocimiento científico adquiere valor epistémico y pasa a ser relevante. Esto lleva a la filosofía de la ciencia a plantear análisis más descriptivos que prescriptivos.

Relativismo: se desconfía de la existencia de criterios absolutos de validación o garantía de verdad o racionalidad. Tanto la noción de verdad, como las de racionalidad, objetividad y progreso pueden ser revisadas y relativas a un contexto histórico o cultural. De aquí, que lo que se entienda por ciencia o se utilice como criterio de demarcación al igual que los métodos y criterios de validación son relativos.

Causa social: la actividad científica, la investigación y la puesta en conocimiento de los descubrimientos son actividades desarrolladas por comunidades concretas y no por sujetos aislados. A partir de lo expuesto, podría sostenerse que el conocimiento que producen en buena medida está influenciado por la forma de organización de las comunidades en las que se hallan insertos.

Constructivismo: los productos científicos no surgen como copias de la realidad ni como reflejo de la misma. La experiencia no es neutral sino guiada por la teoría. Esto hace que no pueda esperarse la misma interpretación a partir de la misma experiencia. Ésta depende del contexto, de la formación del científico, de esquemas y valores compartidos por la comunidad y de las características de los procesos de comunicación e intercambios.

Instrumentalidad: el conocimiento científico se diferencia de otros modos del saber por su utilidad y efectividad instrumental y pragmática puesto que de él, más que de ningún otro, se espera conseguir la consecución de ciertos fines o intereses concretos.

En la próxima entrada, el mes que viene, nos dedicaremos a presentar el Strong Programme o Programa Fuerte de Edimburgo, una de las líneas de investigación más influyente dentro de la sociología del conocimiento científico.

martes, 9 de junio de 2009

Algo sobre teoría y método marxista

Las premisas ontológicas desde las que parte Marx para elaborar el método ya habían sido expuestas en otro de los textos manuscritos conocidos con posterioridad a su muerte. Se trata de las famosas “Tesis sobre Feuerbach” (redactadas por Marx en Bruselas hacia marzo de 1845, y publicadas por primera vez por Engels en 1888, en su trabajo Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana).

La primera de estas premisas ontológicas sostiene que la realidad, las cosas, lo concreto real, tiene una existencia anterior a la captación conciente y a la práctica del ser humano. En rigor, se trata del principio materialista. Sin embargo, es importante tener presente que no se trata del viejo materialismo, basado en la pasividad del sujeto y en la negación del papel de la práctica. En este sentido, es significativo que el “materialista” Marx rescate en las tesis el aspecto positivo del idealismo, es decir, el énfasis en el rol activo del sujeto (aunque considere que enfoca la cuestión de manera abstracta, unilateral).

En la introducción a Los Grundrisse, Marx realiza un comentario acerca de la posición adoptada por Hegel y da cuenta de su propio punto de vista. Mientras que para Hegel la realidad es puesta por el concepto, para Marx el concepto surge de la realidad. El pensamiento del ser humano actúa como mediador entre el objeto y el concepto. Hegel piensa la totalidad concreta “como producto del concepto que piensa y se engendra a sí mismo, al margen de y por encima de la intuición y de la representación”. Marx nos dice que “lo concreto es concreto porque es la síntesis de múltiples determinaciones, porque es, por lo tanto, unidad de lo múltiple. En el pensamiento lo concreto aparece, consiguientemente, como proceso de síntesis, como resultado, y no como punto de partida, a pesar de que es el punto de partida real y, en consecuencia, también el punto de partida de la intuición y la representación.” Vemos entonces que, mientras para Hegel existe una idea que se encarna en lo concreto, en Marx lo que tenemos como punto de partida es la realidad concreta como síntesis de múltiples determinaciones a las que el pensamiento mediante un proceso de síntesis nos permite tener acceso.

La segunda premisa ontológica, que también podemos encontrar desarrolla da en las Tesis sobre Feuerbach, en particular en la segunda tesis es la de la primacía que debe tener la producción en la reflexión sobre la sociedad. Es mediante la actividad práctica que los hombres logran construir una nueva realidad: la realidad social. Por otro lado, como ya se había expresado en la segunda tesis es la práctica la que aporta los criterios de verdad sobre el pensamiento humano.

Entonces, a la hora de comenzar cualquier análisis será fundamental comprender cómo se da el proceso productivo en una sociedad. Cuando hacemos referencia a la centralidad de la producción nos referimos a la producción en sentido amplio: ideológica, cultural, material.

La clasificación apelando al modelo explicativo de la metáfora del edificio se da desplegada para el análisis. Es preciso tener en cuenta que en la realidad concreta esto no opera tan claramente y es mucho más complejo. Por ejemplo: el currículum escolar es a la vez una fuerza productiva en la que se expresan las relaciones de producción y como construcción política, jurídica y fundamentalmente ideológica forma parte de la superestructura.

Toda formación social tiene una estructura que indica el modo en el que los sujetos se relacionan entre sí. Estas relaciones operan imbricándose unas con otras. Si bien para su estudio las aislamos analíticamente, es preciso tener en cuenta que en la realidad concreta se encuentran en permanente relación dialéctica. La estructura de la sociedad representa al ser social. En cuanto a la superestructura también ésta es una categoría analítica. La superestructura representa la conciencia social, es el modo en el que la sociedad se representa a sí misma. Marx va a decir que no es la conciencia social la que determina al ser social sino el ser social el que condiciona la conciencia social. La estructura de la sociedad adquiere de este modo un privilegio epistemológico. Esto surge como consecuencia de haber fijado las premisas ontológicas que desarrollamos antes.

Las formas de conciencia social son entonces una forma de expresión del ser social. El idealismo presentará siempre la conciencia social naturalizada. Desde el materialismo histórico, es en la estructura donde debe buscarse la verdad objetiva puesto que la conciencia social oculta la verdadera naturaleza de las relaciones sociales.

Hasta aquí hemos realizado un análisis sincrónico. Veamos cómo funciona esto en movimiento. Para ello debe tener en cuenta cómo se mueve la estructura social. Ella lo hace en función de la dialéctica entre fuerzas productivas y relaciones sociales. En la obra marxiana, se privilegia el desarrollo de las fuerzas productivas materiales por sobre las relaciones de producción. Este es nuevamente un privilegio epistémico que surgen en la obra de Marx como consecuencia de sus premisas ontológicas.

Hay relaciones sociales que no promueven el desarrollo de las fuerzas productivas materiales. Por ejemplo: en el esclavismo el molino de viento si bien era conocido y podía construirse no se extendió su utilización puesto que siempre era posible disponer de mano de obra esclava para hacer girar la piedra.

Hay en cambio relaciones sociales que sí promueven el desarrollo de las fuerzas productivas. Por ejemplo: en el feudalismo el molino de viento reemplaza la mano de obra esclava. Ni que hablar el capitalismo que al decir de Marx en el manifiesto puede hacer en cuarenta años lo que la humanidad hacía en cuatrocientos.

Nos concentraremos en los casos en que surgen nuevas relaciones sociales que promueven el desarrollo de las fuerzas productivas materiales. Cuando aparecen estas nuevas relaciones sociales se inicia un período de revolución, un proceso dialéctico que termina por hacer saltar las formas de relaciones que obstaculizaban el desarrollo de las fuerzas productivas. Las nuevas formas de relaciones se institucionalizarán jurídicamente y surgirán a partir del desarrollo de las fuerzas productivas materiales.

La burguesía es la negación del feudalismo en tanto relaciones de producción, es la conservación del desarrollo de la producción y es la superación del feudalismo en dos sentidos: como clase revolucionaria y como forma de conciencia política más alta (Ej: mayor libertad individual)

¿Por qué cuando chocan las relaciones anteriores con las nuevas gana el desarrollo de las fuerzas productivas? Porque aquello que nos distingue como sujetos del resto de la naturaleza es la producción social que nos permite desarrollar nuestra esencia como sujetos productores.

Apropiación del excedente en el capitalismo

El excedente es apropiado por el capitalista como plusvalía.

La capacidad de trabajo es la cantidad de trabajo que un individuo realiza en un tiempo de terminado. La fuerza de trabajo es el valor que dicho trabajo tiene en el mercado. El trabajo es una mercancía más en el capitalismo. El proletario debe acudir al mercado para vender su fuerza de trabajo. Pero la capacidad de trabajo y la fuerza de trabajo son magnitudes diferentes. La capacidad de trabajo depende de la productividad. Ejemplo: si con una fotocopiadora modelo setenta realizo n cantidad de fotocopias. Si me dan una actual puedo aumentar la cantidad de copias realizadas n veces con lo cual, aumenta la capacidad de trabajo. La fuerza de trabajo en cambio pudo haberse mantenido puesto que esta depende del mercado. Marx muestra así que son categorías distintas. Dice que la noción que se tiene del salario distorsiona la realidad porque el capitalismo hace creer que paga la capacidad de trabajo cuando en realidad lo que hace es pagar la fuerza de trabajo. La mala noticia es que la capacidad de trabajo es siempre mayor que la fuerza de trabajo. El plusvalor es el resultado de la diferencia de ambas categorías. El capitalista paga al obrero sólo la cantidad de dinero necesaria para que pueda reproducir su fuerza de trabajo.

Esto se sostiene por la estructura de propiedad, esto es por la forma que adquieren en el capitalismo las relaciones de propiedad. Es preciso notar que los medios de producción son propiedad de la clase burguesa. Hay dos momento en el proceso: la generación y la apropiación del excedente. A la vez debe darse la realización del plusvalor en capital. Para apropiarse del plusvalor el capitalista debe transformarlo en capital reinvirtiéndolo ya sea comprando más fuerza de trabajo o máquinas o materia prima. El proceso es contradictorio puesto que para producir el excedente el capitalista necesita desarrollar la capacidad de trabajo con innovación tecnológica y por otro lado necesita gente que compre sus mercancías. Por un lado expulsa trabajadores y por el otro los necesita para comprar las mercancías. La variación de estos índices y las tensiones que se producen marcan los ciclos y las crisis de producción.

Distintas soluciones teóricas y políticas que revisan cuánto debe mantenerse del marxismo original expuesto por el manifiesto. La ortodoxia mantiene la idea de que las previsiones del manifiesto son válidas. La clase dominada tenderá a homogeneizarse y esta fragmentación es sólo contingente. El para sí de la clase es el resultado del en sí de la clase o dicho de otra manera la conciencia de clase es el resultado de la materialidad de la existencia. La fragmentación que experimenta la clase obrera es meramente coyuntural.

Para la heterodoxia, la política no se infiere de la estructura. Kausky sostiene que la fragmentación es contingente y que las leyes históricas van a homogeneizar a la clase trabajadora. Formulará la teoría de la vanguardia. La socialdemocracia funciona como el para sí de la clase trabajadora y como reservorio. La socialdemocracia tiene que esperar que esten dadas las condiciones materiales para la revolución. Sin enbargo esto lleva a la inacción política. Marx tenía claro que se necesitaba accionar políticamente para llevar a cabo la revolución proletaria. Para el la revolución era inevitable pero no mecánica. Kautsky es ortodoxo al mantener la contingencia y no ortodoxo porque su concepción es mecanicista a diferencia de la de Marx.

La solución de la ortodoxia abierta sostiene la contingencia pero es abierta porque introduce una serie de mediaciones que constituyen un esfuerzo por pensar la política y su lugar dentro del modelo marxista. Labriola elabora la “previsión morfológica” para dar cuenta de la cuestión. El manifiesto se;ala la forma que adoptará el proceso a futuro. El manifiesto establece una previsión morfológica pero no hace alusión al contenido concreto de la revolución. El problema del contenido y la forma es cómo se sostiene la diferencia. Trotsky dirá que una cosa es delinear el proceso y otra es describirlo. La teoría de pensar el contenido. Donde queda más claro que hay que hacer compatibles la teoría y la práctica política es en el austromarxismo del imperio autrohungaro. Para la socialdemocracia austríaca era todo un tema la cuestión de las nacionalidades. Sostendrán que el manifiesto es correcto pero no especificó formas concretas de construcción política. El problema es cómo articulo las dos dimensiones la del contenido y la de la forma en una práctica revolucionaria.

La heterodoxia pensó como no contingente la fragmentación de la clase trabajadora. Si en el en sí de la clase ocurre la transformación se me dificulta pensar la unidad en el para sí. Si es la estructura es la que provoca la fragmentación del proletariado: lo que implica esto es que debe revisarse el modelo marxista. Berstein es un revisionista. El problema que tiene que afrontar es que la participación en elecciones es que eso va a permitir seguir manteniendo la presencia del partido en la clase trabajadora. Berstein dice que hay que revisar que las formas de conciencia política son imagen reflejo de la estructura. Hay que cortar el lazo entre el en sí y el para sí. Cómo se logra la unidad política? Berstein va a decir que si bien el manifiesto debe revisarse es una forma de discurso superior a otros. Retiene la idea del materialismo y de la ley del progreso. Detrás del discurso de Marx hay una ley del progreso que se plasma en la “eficacia ética” más que en el desarrollo material. El materialismo histórico tiene la capacidad de interpelar a los trabajadores a partir de un discurso ético. El problema es que si el para sí se construye desde la ética e interpela ciudadanos, ¿qué es lo que me asegura que el para sí va a ser socialista? Sorel en su segunda época dice que para el análisis político las relaciones sociales son opacas, una melange respecto de la construcción de un sujeto político. En el en sí tengo una melange de relaciones sociales en el para sí tengo un mito, una pura construcción política que son inventadas. Sorel corta definitivamente el lazo entre la estructura y la superestructura. Entonces, si el para sí es un mito la característica es que ese mito define al actor político por oposición. El actor de define por lo que no es. Como Sorel cortó el lazo debe sostener que el actor se construye ya no positivamente como en relación a relaciones sociales sino negativamente porque es todo lo que no es. La eficacia del mito es la de construir un ellos distinto al nosotros. Esto llevó a Sorel al fascismo italiano.

El surgimiento del concepto de hegemonía está ligado con la experiencia de Lenin en Rusia y de Gramsci en Italia.

En Lenin, el concepto nace ligado a las condiciones históricas especiales que se dan en la Rusia sarista. El problema podía expresarse de la siguiente manera: ¿Cómo sería posible llevar a cabo una revolución proletaria en Rusia cuando esta no había tenido aún su revolución burguesa vivía aún sumida en un orden feudal?

Lenin va a proponer la formación de un partido de cuadros como vanguardia y una alianza de clases que opere en la clandestinidad y luche contra el estado zarista, la autocracia feudal.

¿Cómo un partido de cuadros y una alianza de clases debe hegemonizar al campesinado y cumplir tareas democrático burguesas?

Lenin intenta ampliar el modelo marxista pensando una alianza política en la que la social democracia debe construir liderazgo político sobre los campesinos pero adoptando sus demandas. Lenin observa que este es un momento coyuntural en el que las estratégicas alianzas no deben implicar el olvido de las metas planteadas. Se trata de un movimiento táctico para llevar a cabo la revolución.

En Lenin, entonces, la hegemonía es una forma de pensar a un agente asumiendo tareas que no les son propias pero que son tácticas.

El concepto adquiere mayor complejidad en Gramsci quie se planteaba si es posible una experiencia como la bolchevique en Italia.

El estado no constituye solamente un aparato sino una relación de dominación y se encuentra distribuido en la sociedad civil a por medio de instituciones tales como la escuela, la administración pública, etc. Estos son campos en los que debe darse una verdadera guerra de posiciones. Para esto es preciso crear una contrahegemonía a la hegemonía que el estado burgués construye en la sociedad civil. El estado construye hegemonia por coacción pero principalmente por consenso. El estado zarista coaccionaba pero no generaba consenso. El estado burgués italiano por el contrario hegemonizaba. Hay trincheras que son claves como la educación y la extraordinaria eficacia de la iglesia católica. Igualmente la guerra de maniobras es el último momento de la de posiciones. El partido debe hegemonizar en conjunto porque las fronteras políticas se recortan como sostenía Sorel. La construcción del para sí es parcialmente independiente del en sí.

“El problema de si el pensamiento al humano se le puede atribuir una verdad objetiva, no es un problema teórico sino un problema práctico. Es en la práctica donde el hombre tiene que demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poderío, la terrenalidad de su pensamiento. El litigio sobre la realidad o irrealidad de un pensamiento que se aísla de la práctica, es un problema puramente escolástico.”

Posteriormente, en el Libro I de El Capital (1867), Marx desarrollará esta tesis acerca de la primacía de la práctica, al analizar el proceso de trabajo (que constituía para Marx la forma principal de práctica) en el capítulo 5.

viernes, 1 de mayo de 2009

Los Grundrisse: el laboratorio de escritura de El Capital.

Lic. José Antonio Gómez Di Vincenzo. UNSAM

Lic. Ariel Mayo. UNSAM

Algunas cuestiones previas

En el 2008, se cumplió el 150º aniversario de la finalización de la redacción de los Grundrisse der kritik der politischen ökonomie, también conocidos como los Manuscritos de 1857/58 o simplemente, Los Grundrisse. Esta obra es, en rigor, la primera redacción sistemática de El Capital y constituye, a pesar de su carácter de manuscrito no preparado para la publicación, uno de los textos fundamentales de Marx.

Sin embargo y a pesar de que las ciencias sociales modernas se han construido en un diálogo permanente con la obra de Marx, no recordamos haber escuchado referencias ni leído artículos o notas realizadas para dar cuenta de semejante aniversario. Esto no quiere decir que no se hayan escrito o se vayan a escribir algunos textos dedicados a conmemorar el aniversario. ¿Cómo saberlo? Pero, en conjunto, la cuestión pasó y pasará casi desapercibida. Creemos que esto no es casualidad, y que refleja con exactitud el estado de la teoría social contemporánea, marcada por la aceptación del orden existente y una obsesiva vocación ahistórica. En este marco, resulta casi impensable que se reconozcan los méritos de una obra tan revolucionaria como los Grundrisse.

¿En qué consiste el carácter revolucionario de la obra? En la introducción de 1857 encontramos expuesto el método mediante el cual, Marx emprenderá el estudio de la sociedad capitalista. Se trata de uno de los poquísimos textos en los que Marx se refiere directamente al método (un antecedente se encuentra en Miseria de la Filosofía).

Coincidiendo con Vargas Lozano (2008), sostenemos que las tesis expuestas no pueden tomarse en forma aislada sino que deben ponerse en contexto y articularse con las obras publicadas. Los pasajes metodológicos de la Introducción de 1857 clarifican el método seguido por Marx en su crítica de la economía política. Con estos textos inconclusos, más la correspondencia de Marx y Engels, es posible adquirir una visión más acabada del conjunto de la teoría de Marx. Esta aparece alejada de la imagen de dogmatismo y de determinismo económico que construyó el marxismo de la II Internacional (1889-1914) y que luego, fuera retomada por los partidos comunistas del período estalinista.

En opinión de Vargas Lozano (2008), Los Grundrisse (particularmente, su introducción) contienen explicaciones, aclaraciones y profundizaciones en torno a los aspectos metodológicos mediante los cuales, Marx emprendió el estudio de la economía política capitalista; análisis que se plasmó en su obra cumbre, “El Capital”. Es por esto que debemos tener en cuenta el estudio de los manuscritos de 1857/58, considerándolos como un aporte sustancial para la comprensión de los principales conceptos y principios metodológicos del materialismo histórico.

Pero la enorme riqueza de los Grundrisse no se agota en la Introducción. También se encuentran en ellos:

El célebre análisis de las formaciones sociales precapitalistas (publicado en volumen aparte por el historiador británico Eric Hobsbawm).

La exposición de la categoría de enajenación que había sido abandonada, luego de ser presentada en los Manuscritos de 1844 y que es reformulada en “El Capital” en el capítulo sobre El fetichismo de la mercancía.

El primer desarrollo de la categoría de plusvalor (a punto tal que puede decirse que los Grundrisse constituyen un punto de llegada en la crítica de la economía política emprendida por Marx en la década de 1840)

Lamentablemente, no contamos con el espacio suficiente para tratar todos estos puntos. En el presente artículo, nos proponemos, específicamente, analizar la Introducción de 1857 a Los Grundrisse. El abordaje de la misma permite tratar temas fundamentales para la comprensión de la teoría de Marx. Comenzaremos con las premisas ontológicas desde las cuales, parte la elaboración metodológica. Posteriormente, veremos la relación estructura – superestructura y el lugar central que ocupa el proceso de producción. Trataremos de exponer el problema del determinismo o la autonomía relativa de la superestructura, planteando una crítica de la metáfora espacial de la base – superestructura, para pasar a analizar luego, las diferencias entre las determinaciones generales abstractas y las determinaciones dialécticas. Veremos la dialéctica de las categorías y el movimiento histórico de las mismas. Finalmente, procuraremos realizar una síntesis que de cuenta de aquellos aspectos que consideramos centrales para la comprensión del método marxiano.

Los principios ontológicos

Las premisas ontológicas desde las que parte Marx para elaborar el método ya habían sido expuestas en otro de los textos manuscritos conocidos con posterioridad a su muerte. Se trata de las famosas “Tesis sobre Feuerbach” (redactadas por Marx en Bruselas hacia marzo de 1845, y publicadas por primera vez por Engels en 1888, en su trabajo Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana).

La primera de estas premisas ontológicas sostiene que la realidad, las cosas, lo concreto real, tiene una existencia anterior a la captación conciente y a la práctica del ser humano. En rigor, se trata del principio materialista. Sin embargo, es importante tener presente que no se trata del viejo materialismo, basado en la pasividad del sujeto y en la negación del papel de la práctica. En este sentido, es significativo que el “materialista” Marx rescate en las tesis el aspecto positivo del idealismo, es decir, el énfasis en el rol activo del sujeto (aunque considere que enfoca la cuestión de manera abstracta, unilateral).

En la introducción a Los Grundrisse, Marx realiza un comentario acerca de la posición adoptada por Hegel y da cuenta de su propio punto de vista. Mientras que para Hegel la realidad es puesta por el concepto, para Marx el concepto surge de la realidad. El pensamiento del ser humano actúa como mediador entre el objeto y el concepto. Hegel piensa la totalidad concreta “como producto del concepto que piensa y se engendra a sí mismo, al margen de y por encima de la intuición y de la representación”. Marx nos dice que “lo concreto es concreto porque es la síntesis de múltiples determinaciones, porque es, por lo tanto, unidad de lo múltiple. En el pensamiento lo concreto aparece, consiguientemente, como proceso de síntesis, como resultado, y no como punto de partida, a pesar de que es el punto de partida real y, en consecuencia, también el punto de partida de la intuición y la representación.” Vemos entonces que, mientras para Hegel existe una idea que se encarna en lo concreto, en Marx lo que tenemos como punto de partida es la realidad concreta como síntesis de múltiples determinaciones a las que el pensamiento mediante un proceso de síntesis nos permite tener acceso.

La dialéctica marxista implica la unidad de dos procesos: uno que va desde lo abstracto a lo concreto, otro que se dirige de lo concreto a lo abstracto. El resultado abstracto solo puede ser considerado verdadero si se reproduce la unidad de lo diverso, la síntesis de las múltiples determinaciones que se encuentra en lo concreto. Como sostuviera Lenin, la dialéctica en Marx consiste en un doble análisis deductivo e inductivo, lógico e histórico. La dialéctica integra y explica la relación entre la esencia del fenómeno y la apariencia. En términos de Kosik (1976) ésta se plasma como el proceso que va de la parte al todo y del todo a la parte; del fenómeno a la esencia y de la esencia al fenómeno; de la realidad a la contradicción y de la contradicción a la realidad y del objeto al sujeto y del sujeto al objeto.

La segunda premisa ontológica, que también podemos encontrar desarrolla da en las Tesis sobre Feuerbach, en particular en la segunda tesis, es la de la primacía que debe tener la actividad práctica en la reflexión sobre la sociedad. Es mediante la actividad práctica que los hombres logran construir una nueva realidad: la realidad social. Por otro lado, como ya se había expresado en la segunda tesis es la práctica la que aporta los criterios de verdad sobre el pensamiento humano.

Es a partir de estas premisas que Marx elaborará su método de investigación. Mandel (1979) realiza una excelente descripción del mismo al sugerir una articulación de seis procesos que darían cuerpo a la dialéctica marxista. Estos podrían enumerarse de la siguiente manera:

La apropiación abarcadora del material empírico y un dominio de este material en todas sus determinaciones históricas pertinentes.

Progresión de lo concreto a lo abstracto que consistiría en la división analítica del material para obtener sus elementos abstractos constituyentes.

Exploración de las conexiones entre estos elementos abstractos constituyentes que expliquen su esencia.

Progresión de lo abstracto a lo concreto o reproducción de lo concreto en el pensamiento como síntesis de múltiples determinaciones. El descubrimiento de los vínculos intermedios que efectúan la mediación entre la esencia y las apariencias superficiales del material.

Verificación empírica de los pasos 2,3 y 4 en la historia concreta.

Descubrimiento de datos nuevos y pertinentes empíricamente y de nuevas conexiones a través de la aplicación de los resultados en la práctica transformadora.

La relación estructura – superestructura. Centralidad de la producción

Tal vez la mejor forma de comprender la importancia de los Grundrisse consista en comparar la concepción de la totalidad social que se encuentra en su introducción, con la concepción expuesta en el prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economía Política (1859). En un pasaje famoso, Marx presenta a la sociedad como una estructura, un todo organizado, formada por un conjunto de relaciones complejas que se subordinan o determinan entre sí: “en la producción social de su existencia, los hombres entran en relaciones determinadas, necesarias, independientes de su voluntad; estas relaciones de producción corresponden a un determinado grado de desarrollo de su fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción constituyen la estructura económica de la sociedad, la base real, sobre la que se eleva una superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social.” Para poder describir esta estructura, Marx apela a la metáfora del edificio (base-superestructura). Esta metáfora posee un indudable valor didáctico, pues enfoca la atención hacia el proceso de producción, tradicionalmente ignorado por la mayoría de los teóricos sociales. También es cierto que, hacia 1859, Marx era casi un desconocido en el plano de las ciencias sociales puesto que sus escritos principales o bien eran manuscritos o bien eran textos que no habían sido vueltos a editar (sólo a partir de la décadas de 1870 y 1880 se produjo una difusión masiva de las principales obras de Marx – no así de los manuscritos -). De ahí, que al publicar la Contribución, se propusiera exponer en su prólogo las principales tesis de su teoría de la sociedad.

Sin dejar de tener en cuenta lo anterior, hay que decir que la metáfora del edificio deja de lado buena parte de la riqueza del análisis marxista de la sociedad, pues contiene en sí misma la tendencia a presentar la relación entre base y superestructura como una relación de determinación unilateral, donde las modificaciones en la base se traducen automáticamente en cambios en la superestructura. Es en este sentido que puede decirse que la metáfora del edificio opera como una metáfora epistémica, en la que el tipo de imagen presentada conlleva una forma particular de concebir la realidad. Es decir, no se trata sólo del uso de una metáfora sino de toda una forma de pensar la totalidad social. Así, en el pasaje citado del prólogo de 1859, vemos que en la base se desarrolla la contradicción entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción y que esta contradicción determina el movimiento y la dirección de la superestructura. Aquí, Marx percibe el sesgo determinista de esta afirmación y aclara que la dialéctica social se reproduce en todos los niveles y que en muchos casos, las cuestiones superestructurales condicionan parcialmente los movimientos de la base. Más adelante, volveremos sobre este punto.

En la introducción a los Grundrisse (1857), Marx desarrolla una concepción más rica y compleja de la totalidad social, que permite eludir los riesgos del determinismo. Así, las relaciones que se dan en el marco de la estructura social son concebidas condicionándose mutuamente en forma dialéctica. En la introducción de 1857, Marx explica cómo se dan las relaciones entre la producción, distribución, intercambio y consumo en la sociedad capitalista y llega a la conclusión de que estos cuatro procesos se condicionan dialécticamente dentro del todo de sus relaciones.

Esto no quiere decir que Marx supere el determinismo para caer en el relativismo. En la introducción de 1857, Marx no pierde de vista la preponderancia lógica y ontológica de la producción social por sobre los demás elementos y relaciones: “En todas las formas de sociedad hay una producción determinada que asigna a todas las demás su rango e influencia. Es una iluminación general en la que se sumergen todos los demás colores y que los modifica en su particularidad.” Con esto, Marx quiere decirnos que la producción trasciende a todos los demás elementos e imprime en ellos características especiales. Este hecho no puede soslayarse a la hora de realizar un análisis complejo de las formaciones sociales. Para entender claramente este punto, hay que tener en cuenta que Marx define a la producción de una manera ampliada; es decir, que la producción implica tanto producción de bienes y servicios, como producción de relaciones sociales e ideología.

Veremos, a continuación, cómo una lectura detallada de la introducción de los Grundrisse nos permite entender la complejidad de esta cuestión, puesto que para no caer en el determinismo economicista, debemos reconocer cierta autonomía relativa a nivel superestructural y estudiar qué consecuencias trae aparejadas metodológicamente a la hora de abordar el estudio del capitalismo

Determinismo o autonomía relativa de la superestructura

Ahora bien, retomaremos esta idea claramente expresada en la introducción de 1857 acerca de la autonomía relativa de la superestructura. Tal vez, sea esta una de las cuestiones poco aclaradas en el trabajo de 1859 y que debe tenerse en cuenta puesto que no existe desde la óptica de Marx, un determinismo o una formulación simple de la causalidad en la influencia que recibe la superestructura social de parte de la estructura.

En la introducción Marx nos da el ejemplo del arte griego: “Es sabido, por lo que al arte se refiere, que determinadas épocas de florecimiento del mismo no están en modo alguno en relación con el desarrollo general de la sociedad, y, por lo tanto, tampoco con el fundamento material, con el esqueleto de su organización. [...] Es sabido que la mitología griega no sólo era el arsenal del arte griego, sino además el terreno del que se alimentaba. ¿Es posible la intuición de la naturaleza y de las relaciones sociales que sirve de base a la fantasía griega y, por lo tanto, a la mitología griega, con las máquinas de hilar automáticas, con los ferrocarriles y locomotoras y con los telégrafos eléctricos?”

Si bien todo arte se construye, por así decirlo, a partir de la influencia de las condiciones materiales dadas en la estructura social propia de su época; esta influencia no es absolutamente determinante pero además, trasciende su tiempo para conformar valores permanentes. Esto puede darse también de esta manera si tomamos otros modos del saber tales como por ejemplo: la filosofía, la ciencia, etc. De allí, que la metáfora del edificio nos parece insuficiente para describir la concepción de la sociedad de Marx. En todo caso, para poder avanzar en la comprensión de esta última, hay que partir de un concepción ampliada del proceso de trabajo, del papel de las relaciones sociales y de la caracterización de la política como una lucha de resultados indeterminados (en la que el resultado no se conoce de antemano, es el producto de la lucha de clases). En este trabajo, sólo podemos limitarnos a apuntar estos elementos.

Determinaciones generales abstractas y las determinaciones dialécticas

A continuación, y una vez planteado ya el problema del efecto no determinante (en sentido fuerte) de la producción sobre la superestructura (y esto sin perjuicio de reconocer el carácter central del proceso de trabajo), sino el carácter relativamente autónomo de esta superestructura por sobre las condiciones materiales, estamos en condiciones de avanzar en el tratamiento de otro de los problemas que Marx debe resolver para dar forma al método que le permitirá construir todas sus conceptualizaciones sobre la sociedad capitalista. Se trata del problema del tránsito de las determinaciones particulares, que son válidas para un solo momento histórico, y las generales abstractas, válidas para todo momento o época histórica.

Aquí, es importante detenernos un poco para realizar un rodeo. Marx quiere fundamentar su método de tal manera que quede claro que lo que está construyendo es ciencia en sentido fuerte. Las discusiones sobre el status científico de la historia están presentes en el ámbito académico desde fines del S XVIII. Por una cuestión de espacio, no desarrollaremos una descripción y análisis de cada postura pero sí es preciso destacar que Hegel, por ejemplo, subordinaba la historia a una filosofía de la historia que permitía al investigador volver inteligible los hechos y datos históricos permitiéndole ver cómo el espíritu absoluto se encarnaba en ellos. Lo que se discutía desde el punto de vista epistemológico era la transhistoricidad de las categorías y la autonomía de la historia como ciencia. Marx apunta justo al centro de la discusión aportando un método que permite precisamente estudiar las categorías desde una postura autónoma: el materialismo histórico.

Marx plantea el problema de las determinaciones generales abstractas utilizadas por la economía burguesa clásica y nos dice que debemos tener mucho cuidado a la hora de comenzar el estudio de la economía política en general. El ejemplo de la población es bastante gráfico: “Parece correcto empezar por lo real y concreto, con el presupuesto efectivo; y en consecuencia, empezar, por ejemplo en la economía con la población, que es el fundamento y sujeto de todo acto de producción social. Sin embargo, […] esto se manifiesta como falso. La población es una abstracción, si dejo, por ejemplo, de lado las clases de las que se compone...”

Para Marx, la generalidad población debe ser abordada teniendo en cuenta todas sus determinaciones las cuales, pueden pertenecer sólo a algunas épocas históricas o por el contrario, a todas ellas.

Siguiendo a Vargas Lozano (2008), aquí tenemos definida claramente la diferencia entre el método de la Economía Política Clásica y el que construye Marx para su análisis: “Mientras la economía Política inglesa hace uso de las abstracciones generales como un apoyo ideológico a su teoría al hipostasiar las relaciones sociales burguesas, Marx, por el contrario, utiliza las generalidades siempre sometidas a los procesos materiales específicos y determinadas por la historia tanto en sus alcances como en sus limitaciones.”

En la introducción de 1857, Marx nos dice que el método de “elevarse de lo abstracto a lo concreto” es el verdadero método científico para apropiarse de lo concreto tal como se nos aparece. En este sentido, al comenzar por la población debe prestarse atención a las determinaciones más simples que la componen. Si por el contrario, avanzamos pasando por alto este proceso reproduciendo una imagen ideal difusa llegaremos solo a confusiones.

Entonces, vemos que en el plan de trabajo siempre esta presente la idea de elevarse de lo abstracto hacia lo concreto. Se trata de tener siempre en cuenta las relaciones del todo con las partes, de lo universal sometido a las determinaciones y de las determinaciones sometidas a la influencia de lo universal. Marx considera a la economía como una totalidad, como un todo organizado.

Por medio del pensamiento es posible partir de lo concreto real (población) para llegar a las determinaciones simples que la componen. Pero es fundamental también tener en cuenta que las determinaciones no son mentales e independientes de la realidad sino que se configuran en la conciencia a partir de las relaciones reales que se dan en el marco de la estructura social.

Una vez llevado a cabo el primer paso del análisis, Marx nos propone volver a emprender el camino de regreso hasta llegar nuevamente a la población sólo que esta vez, esta no será una representación caótica de la realidad sino “una totalidad rica de múltiples determinaciones y relaciones”.

En resumen, Marx propone partir de lo concreto teniendo en cuenta que lo concreto es síntesis de múltiples determinaciones, unidad de lo múltiple. Como esto se hace visible a través de un proceso de síntesis o la reconstrucción de lo concreto a partir de sus determinaciones abstractas simples, lo concreto parece el punto de llegada aunque en realidad, a la hora de realizar el trabajo teórico, sea el punto de partida.

El orden histórico de las categorías

Queda aún un tema por resolver. En efecto, hay que distinguir la diferencia que existe entre la forma en la que se organizan las categorías en la realidad y la manera en que las mismas aparecen históricamente.

“La categoría más simple puede expresar las relaciones dominantes de un todo no desarrollado, relaciones que existían ya históricamente antes de que se desarrollaran en el sentido expresado por la categoría más concreta.” Con estas palabras, Marx nos quiere decir que debemos tener en cuenta que ciertas categorías, como por ejemplo el dinero, ya existían como categorías simples en sociedades anteriores y antes de ocupar su posición como mediador universal de mercancías en la sociedad capitalista. Pero también, debemos advertir que existen formas sociales y categorías muy desarrolladas en sociedades históricamente no desarrolladas, como por ejemplo, la cooperación y la división del trabajo en sociedades asiáticas. En palabras de Marx: “Así, a pesar de que la categoría más simple puede haber existido históricamente antes que la más concreta, en su pleno desarrollo intensivo y extensivo, sin embargo puede pertenecer precisamente a una forma de sociedad compleja, mientras que la categoría más concreta estaba ya plenamente desarrollada en una forma de sociedad menos desarrollada.”

Por lo tanto, sería incorrecto tomar las categorías en el orden en que fueron históricamente determinantes. Marx expresa, claramente, que “su orden de sucesión está más bien determinado por la relación que tienen entre sí en la moderna sociedad burguesa, y que es exactamente el inverso del que se presenta como natural o que corresponde al orden de [sucesión en el: JAGD] desarrollo histórico.” Es preciso, entonces, tener en cuenta desde el principio, cómo se articulan y determinan las categorías en la sociedad burguesa.

La sociedad burguesa capitalista es la sociedad más desarrollada y compleja en cuanto al proceso de producción. La comprensión de las categorías que expresan sus relaciones proporciona la manera de estudiar al resto de las sociedades pasadas, sus relaciones de producción, sus formas de organización. Marx lo expresa de este modo: “la economía burguesa suministra, por lo tanto, la clave de la economía antigua, etc. Pero, en modo alguno, de la forma en que proceden los economistas, que cancelan todas las diferencias históricas y ven en todas las formas de sociedad la forma burguesa. Se puede comprender el tributo, el diezmo, etc., cuando se conoce la renta de la tierra. Pero hay que no identificarlas. (...) Marx marca la diferencia con el abordaje estándar: “El llamado desarrollo histórico descansa en general en el hecho de que la última forma considera a las formas pasadas como estadios que conducen a ella misma; y, puesto que ella rara vez y sólo en condiciones completamente determinadas es capaz de criticarse a sí misma (...) las concibe siempre de forma unilateral.

El ejemplo de la categoría trabajo es interesante. Marx nos demuestra que el trabajo como una categoría simple ha existido en toda época. Pero tomarlo de este modo consistiría en una verdad a medias del tipo de las generalidades abstractas. Se hace necesario entonces, tener en cuenta el proceso dialéctico e histórico de su constitución como categoría compleja.

La generalización de la categoría trabajo es posible sólo en la sociedad capitalista: sociedad en la cual, la categoría trabajo ha llegado a un nivel de generalidad que trasciende la distinción entre distintos tipos de trabajo. Marx sostiene que “la abstracción más simple de la economía moderna coloca en la cúspide, y que expresa una relación antiquísima y válida para todas las formas de sociedad, se presenta, sin embargo, en esta abstracción, como verdadera en la práctica sólo en cuanto categoría de la sociedad más moderna.” Vemos, entonces, que la categoría más abstracta es producto de determinadas condiciones históricas.

Bibliografía

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Directorio de sitios de internet. (Acceso: 05 de abril de 2008) http://148.206.53.230/revistasuam/dialectica/include/getdoc.php?id=10&article=11&mode=pdf.

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Zeleny, J., (1974): La estructura lógica de El Capital. En Teoría y Realidad, Num. 5, Pp 11Ediciones Grijalbo, Barcelona.



“El problema de si el pensamiento al humano se le puede atribuir una verdad objetiva, no es un problema teórico sino un problema práctico. Es en la práctica donde el hombre tiene que demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poderío, la terrenalidad de su pensamiento. El litigio sobre la realidad o irrealidad de un pensamiento que se aísla de la práctica, es un problema puramente escolástico.”

Posteriormente, en el Libro I de El Capital (1867), Marx desarrollará esta tesis acerca de la primacía de la práctica, al analizar el proceso de trabajo (que constituía para Marx la forma principal de práctica) en el capítulo 5.

Nótese que a pesar de las críticas formuladas a la metáfora del edificio, seguimos moviéndonos en el terreno marcado por esta, pues al hablar de autonomía relativa de la superestructura estamos aceptando implícitamente el valor descriptivo de la metáfora. Somos concientes de esta situación pero por el momento, no encontramos mejores conceptos para elaborar la cuestión. Es por ello que corresponde apuntar que se trata de un problema no resuelto.