La Persistencia de la Memoria

La Persistencia de la Memoria
Salvador Dalí

lunes, 1 de septiembre de 2008

Aporte para la crítica al relato del fin de la historia



José Antonio Gómez Di Vincenzo
UNSAM

De un tiempo a esta parte, han proliferado una serie de relatos acerca del fin: el fin de las ideologías, el fin de la ciencia, de la modernidad, de la Filosofía. El anuncio sobre el fin de la historia es uno de ellos y llegó de la mano de F. Fukuyama quien se explayó sobre el tema en un libro titulado “El fin de la historia y el último hombre”; texto de culto para todo el “lumpen empresariado burgués” de la década de los noventa.

Junto con el fin de los metarelatos y de muchas cosas más, los intelectuales “post” nos sugieren que nos ha tocado vivir nuevos tiempos gloriosos, tiempos que suelen llamar con el nombre de posmodernidad o posmodernismo. Pero a las buenas noticias les siguen las malas, puesto que parece que con la nueva era, la nueva Jerusalén y demás pinturas idílicas del panorama actual, hay algo que se conservará a pesar de todo por los siglos de los siglos: la democracia liberal capitalista o más precisamente, el neoliberalismo.

Es curioso porque se postula el fin de muchas cosas, menos el fin del neoliberalismo y su alianza con el conservadurismo para conformar la nueva derecha. Desde la mirada de estos agoreros del Apocalipsis, la historia ha llegado a su fin porque jamás hemos de superar el neoliberalismo puesto que el capitalismo es más atractivo que el socialismo y es el resultado de un proceso tecnológico lineal y progresivo que nos llevó al modelo vigente.

Como expresáramos más arriba, es Fukuyama el paladín del discurso sobre el fin de la historia. El argumento central de “El fin de la historia y el último hombre” se estructura exponiendo una tesis principal justificada por un razonamiento general que a su vez, esta sustentado por tres premisas.

La tesis principal dice que la sociedad capitalista democrática y liberal contemporánea constituye el fin de la historia. Esto es así porque esta sociedad es el resultado de un proceso progresivo y necesario en tanto responde a la naturaleza del ser humano. Para justificar todo esto, Fukuyama expone tres premisas:

a- El fracaso del comunismo y de otros totalitarismos muestran que el capitalismo es más atractivo.

b- El capitalismo es el resultado de un proceso tecnológico lineal y progresivo.

c- La búsqueda de reconocimiento es el motor de la historia humana y la democracia liberal capitalista es la que ofrece mayores posibilidades para lograrlo.

En este trabajo, nos concentraremos en la tercera premisa para mostrar cómo un conjunto de falacias argumentativas hacen del razonamiento de Fukuyama un intento inverosímil por sostener, apelando muchas veces a lecturas sesgadas o erróneas de otros intelectuales, un discurso ideológico legitimador del statu quo.

Fukuyama tiene que apelar a la tercera premisa porque necesita sostener la asociación democracia-neoliberalismo dado que existieron en el mundo experimentos neoliberales en países totalitarios o gobernados por dictaduras militares como el nuestro lo cual, contradice las premisas anteriores.

Lo que tenemos en esta tercera premisa es una apelación a un Hegel distorsionado. La democracia neoliberal constituye para el autor una superación del liberalismo moderno al estilo del que presentaran Hobbes o Locke en los que el individuo es un ser egoísta gobernado por sus deseos materiales y su instinto de autoconservación. Fukuyama incluye, para dar cuenta de esto, la noción hegeliana del deseo individual de reconocimiento. Es la lucha por el reconocimiento lo que arrastra a la historia hacia delante. Según Fukuyama, la democracia neoliberal es capaz de hacer realidad el reconocimiento en sus dos formas posibles. Ella satisface el deseo de ser igual porque está construida sobre el principio de igualdad y dignidad de los individuos y además, cumple el deseo de ser superior porque da la oportunidad de sobresalir.

En principio, Fukuyama parece olvidar que en la economía de mercado la competencia entre individuos genera siempre perdedores. Habría que preguntarse si dichos perdedores pueden sentir su deseo de reconocimiento y reconocidos. Pero además, hay un uso ambiguo del término democracia para incluir dentro de esta categoría a países como Corea del Sur o Singapur. El problema es que Fukuyama no se da cuenta que, según su definición, países como Cuba o Corea del Norte también entrarían en la categoría, cosa que no creemos estuviera dispuesto a sostener. Por supuesto que como buen burgués, Fukuyama no tiene en cuenta, en ningún momento, la dimensión social del reconocimiento puesto que parte de una concepción individualista en la que el mismo es privativo de cada sujeto y no de comunidades o grupos. Si fuera este último el tipo de reconocimiento a tener en cuenta, esta claro que la historia no ha llegado todavía a su fin cosa que contradice es esquema presentado por Fukuyama.

Por otro lado, Fukuyama interpreta el Estado dando reconocimiento a todos lo ciudadanos por igual por el sólo echo de ser seres humanos y no por pertenecer a una clase social o grupo étnico. No ve contradicciones ni antagonismos de clase que pudieran, por la vía del conflicto, arrastrar la historia hacia delante. Como buen burgués necesita paralizar la historia apelando el viejo argumento hegeliano - pero distorsionado - de que la democracia neoliberal representa esa forma de Estado en la que las contradicciones son anuladas y todos los ciudadanos son reconocidos. Claro que Hegel nunca sostuvo la idea de que el fin de la historia llegaría de la mano de un Estado democrático. Él creía en un Estado moderno que debía reconocer los derechos individuales siempre y cuando no entraran en conflicto con los intereses más altos y sostenía que la democracia no era apropiada para un Estado moderno puesto que dividía el estado en facciones particulares llevándolo al resquebrajamiento. Más bien, Hegel pensaba un modelo de Estado fuerte al estilo del Estado prusiano y argumentó a favor de la monarquía hereditaria.

1 comentario:

Lautreamont dijo...

Licenciado usted a tirado una bomba al centro del sistema educativo pero nadie se dio cuenta todavia, pero bueno licenciado para su tranquilidad todo es politica